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Islam político texto práctica, Ejercicios de Relaciones Internacionales

Asignatura: Historia Política del Mundo Actual, Profesor: Fernando del Rey Reguillo, Carrera: Relaciones Internacionales, Universidad: UCM

Tipo: Ejercicios

2016/2017

Subido el 28/01/2017

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2449381190 SUOIDIPe t10119H BUY 9P BOTOMMPEIL sexmdo: Á UQTOIPe.H “SeJIOO y 0911/0d WE[S] 14 OUV 104 $ SNOJTY IqQnuÁy UIZEN 40d DPIS1Mp 191922]0) 2. De acuerdo con Jomeini, «el imarn licne un estatus laudable, un rango supremo, y un poder existencial Jilafa takwiniyya) al cual se hallan subyuga- dos la sutcla y dominación de lodos los fomos de ese universo» (Joruecin 13. Debería recordarse que los pensadores más influyentes con respecto a la dociriza det Islam político en las sociedades sianíes han sido lateos, 10 . Esto se aplica a Mawdudi, al-Banna y Quib así como a la mayoría de los ideólogos de los movimientos neofundamentalistas. SN] N] y] 7 El islam político: bases socioeconómicas Nuestros estudios de países así como nuestro análisis de las fuentes intelectuales del Islam polílico y su contexto social deberían haber dejado claro que el así llamado «renacimiento islámico» es un fenómeno con varias capas superpuestas. Par- te de la confusión que restringe muestro entendimiento del fenómeno se debe al hecho de que muchos observadores sim- plemente agrupan tales manifestaciones sin ningún análisis de sus bases sociales. Mientras una de las «funciones» de la ideología es a menudo enmascarar diferencias y conciliar con- tradicciones, es una tarea del científico social rastrear las va- rias manifestaciones ideológico-culturales hasta sus raíces s0- ciales, Deberíamos recalcar que mientras los signos de religiosi- dad general y de simpatica a la causa islamista se pueden ob- servar en una gran base social interclasista, los militantes isía- mistas representan un grupo social mucho más definido. Naturalmente, el uso de la misma lerminología moralista per- mite a los islamistas radicales converger con un renacimiento islámico de base mucho más amplia, que puede ser contem- plado como una especie de ascendente «nacionalismo culta- ral» cuyo principal impulso es la búsqueda de la «autentici- dad». La actitud antiestatalista de los militantes islá slámicos puede también provocar un sentimiento de simpatía en diver- $0s grapos sociales que, por una variedad de razones, temen y/o desprecian al estado, Aunque en muchos aspectos la pro- 224 agrícolas capitalizadas) las «buevas» clases medias (couches moyennes) han continuado siendo bastante amplias, y el sub- proletariado y lumpenproletariado han aumentado muy nota- blemente, posiblemente reduciendo comparativamente a la clase trabajadora propiamente dicha (el proletariado). Este pro- ceso ha sido documentado en Egipto, Marruecos, Irak y Su- dán, y hay indicaciones de que también so ha dado va países como Siria, Túnez, Argelia y otros (cf. Abd al-Fadil, 1988: 11-13. Dados los datos disponibles, es difíci) contemplar tales cla- ses «intermedias» como si fueran de importancia secundaria o insignificantes dentro de fa estructura social de las sociedades árabes contemporáneas, Sin embargo, algunas de estas clases. estratos y fracciones son de tran: Fluidos y/o heterogé- neos, y algunos de cllos representan grupos «intermedios» que están «atrapados entre clases». Por ejemplo. no es fácil siempre delimitar las fronteras entre la pequeña burguesía y las couches moyennes, o entre artesanos y obreros. Muchos miembros del proletariado y del campesinado también se han «capitalizado» en años recientes (a través del empleo en los países exportadores de petróleo) y su identidad de clase y au- toconciencia debe de ser bastante ambivalente. El surgimiento general de las formulaciones ideológicas istamistas es en al- guna medida un reflejo de este fluido mapa de clases, ya que tales formulaciones tienden a tener mejor lortuna al recalcar la «identidad» cultural y en buscar la independencia del esta- do, que al explicar detalladamente objetivas sociales y cco- nómicos específicos de clase. Leonard Binder ha expresado este proceso muy concisamente en estos párrafos: La burguesía musulmana, en gran medida, ha abandonado €l nacionalismo en su forma primitiva. El estado burocrático- autoritario. identificado con cl Baas, Nasser, Ataturk, el sha e Irán y Bumedian, transformó el pacionalismo liberal y lo usó para fortalecer el estado. Pero la inadecuación de la capacidad y los recursos del estado nacional, su alteridad cultural y su excesiva extensión en asuatos internacionales condujeron a unos logros limitados y creciente oposición. Á su vez, esta oposición fue sostenida por una coalición de regímenes tradi 006 cionales (dirigidos por Arahía Sandi) y algunos poderes ocei dentales (orientados por los Estados Unidos). En algún sentido, el surgimietno del istanismo es una di- mensión ideológica del movimiento para restringir el poder del estado... un movimiento constituido por una libre coalición de fracciones burguesas, algunos capitalistas rurales agrarios, no tables y propietarios de tierras, y los virtualmente proletariza- dos miembros de la pequeña burguesía funcionarial, la imtelli- genisia subempleada, y la gran población de estudiantes. Los intereses que estos segmentos parecen tener en el debilitamien- to del aparato del estado, o en ganar una cuota más grande de influencia dentro de él, no son compatibles, así que uno de los propósitos del proceso ideológico contemporáneo es enmasca- rar la divergencia de estos intereses, Esta puedo ser una de las funciones de las nuevas formulaciones islámicas (Binder, 1988: 16-17). Dentro de esta «libre coalición», hay pocas dudas de que los «virtualmente prolerarizados miembros de la pequeña hut- guesía funcionarial, la intelligentsia subempleada y la gran población de estudiantes» son los principales patrocinadores de Jas tendencias islámicas más militantes que tienen ahora como único objetivo la derrota del estado y el desmantela- miento del actual orden social en el que está basado. El idus- trado escritor islamista Fahmi Huwaidi se ha preguntado por qué el pensamiento jaríyf tiene popularidad en estos tiempos. Dice que debido a sus escritos islámicos le llegan muchas car- tas de personas jóvenes y educadas que condenan a la socie- dad contemporánea entera, especialmente su corrupción eco- nómica y moral, y que se adhieren a la tesis de la «jahiliyya contemporánea». Escribe lo siguiente He recibido muchas cartas que están de acuerdo con la idea de condenar a la sociedad como jahiliyya y que se concentran en dos temas: corrupción moral y corrupción económica. He notado que estas cartas lanzan un fuerte ataque contra la socie: dad, y mi atención se dirige al hecho de que un alto porcentaje de los que escriben cartas son de a generación más joven: dd- gunos son estudiantes universitarios y otros recién licenciados en Derecho, medicina, contabilidad, ere... Vino de ellos me 5001 087 "IVIOE si S 0 3P SP ¿Or 0€ 0-15 “OL 96! vez Sel 60 07 3p SOU 0% LSUN PopG TS 087 “IVLOL 2 saronauivy. + SAJO NIH Á SUYONOg St LIPUOIUDY 91 NOJURIOIILLO) 0% sopeaduresog S€ SO[CUOIS2JOsJ 154 saropeiequiL €z1 SOUEIPSsg ua DLSMIN CN pepa 4 oro -edmoo 30d SOPesnoaR PDALL [ep SOXQUISTL $0] SP UQIONQENSE(] “Y PIGUL "OPRADO SRL OSAJOLL 27094404 -o1040do4d $3 pies Jop sawuear ru ap ofeguaniod ja “ord187 07 -—» Top Ugtor]god e] 3p a1qop fep razas suo yd ofeg (o onb OPed "GEL-O£L :V8861 'PRUIY-PIAtS J9A) (ojuaro Jod /) 61 opos uo) ojd13 oleq ya Á (ojuaro 10d ¿TEp) L11 00D (PDS 19) o1d133 oye qa 03an] 'sopindastad sOUpIATpur Soy ap (ojuata Jod 78 '6v) SET Pp uSSuO qe 10Jany (OTE UBID fo “1D9p Sa) sy -UnÍ 8zI0) Á OJTEO [A Sp SPTDUTADIA SET OUMULILITOSO “SOM -DEMJUÑIS PTARPO1 205 nopond “sopr tu] onbuer so¡qruodsip SOJEP SO] 0194 “(IOXOLIALI O UOISÁNI [E SOMIBISGA SOT) AJUSTE 23 sopeizaf 60198] 747 *SO]IO DP “0MIANG [LOST [Ip SOPesnor 9P 1ISY Y] U0 ULQEISO SOJ[O DP TOS OJOS (pes ap omusase ¡ep sandsop) 1861 3p asqujoo £ alquiandas 12 SOPEISAJIP UOL -307 SEASFUIE[ST Q00'S SP 20329 onbune anbiod ojojduroo 07en 22 un sourstta] ou onb mo] aomtid 00 “OSILASOSQO Yo “U9raRaS “HU? 9p [e “osodaldd oyoro en 10d sopiua ajuaweooqueis £ 291 $0P $0] ““OMED [9] Sp tuazued e] Á o3dréq OY [a :Sejur] “QT Ss Op vard Jima Je ngry ouroo «sojordso» SOPp 3JU3UL -ererpotur usooJede “oJd137 9P SODIWIRIST SOJLIIPEE SOJUSTIN TAO $O0[ 3p peroos Á rOprriñooÍ erouopasod Y; tJapisuoo oun ES “(y apmides U9Tquuiel 194) 010137 9p OSto [o aJ1ejap SPUL OO SOUISJIPISUOS “OJLSTURTOZRE OSONA PAR 'openerajorduedun] 19 109 OSAJOUL O “Oregun opuriejorordgns [2 10) asirapos Á pep. od URIS ua HALA E Opnaora e sepeBiqo usa as aah vá su) “8199 NS IP SJUALASUO) O1ad SEPRALMIOS IPLOUEIOOUCUL seleg Seipowr sosepo se] eaud oSOJ0]0P SPUL OBÓNUT DOY as 0184 “sep HUDIAJA $] ap Opejsa osozuedsa 1 Á OAISOIXO OJUSIMIBULITY Jo OSISUOO PAd] 30D UOTDEPEIÑIP E] USIQUER) OTIS “OJLUInIGUe qa Á PPRunariosipar epozamr ey ojqisod aoey Sub ¡uJ1001 pepirigel -3UNA E] OJOS 59 OU Opnuatl e vorango anb 07 "SOUOIOP[eIsuor sarofaw Á sapeprumtodo sojofom op eparbsag us pepnto ep Y ULPeÍsen as Ser]pure, Á SONPIAIPU] “UOTOYZT0RGIN ap epridumo -0) esontozd 2] $0 UQIDESISTIL DP AUSNI ULIS PPuUN Zas vu] *(sope3ed peu A) sopes¡duro que o “sopeopdursap uequor anbiod sorgo 04 01ad ajsous 05 aofoer voroeo eno +] snb opuesadso (Cg6f TIEPAV :8L61 “quéy 134 “0101871 31908 So[p3op spa red) upisuedxo URI U9 SOPRpIsioa fa sep op eun us Jofowr uprronpa eun amnbpe sauaagl so] e Ieuad vsed Sorrgroes sopuatiaa lod uesed Ser rurez Á SONPrAIPu] UDDESNPO E 9p epi dumon] esaulold Rs 2.ssnuj Sp aJusnj uei3 eun enb Joa souropod Is y “(OT Sa OPeÁvIqns Ta RETALOTLRGT PIES) ¡sopeoriqod soseo 269 p 0prRoDa7 Pg “By vá sejeno soy ap! “somporied so] ua vepoozede 90D vprodra 09 81 9p sojoadsk SO] SOPO] Ap 13SI[ PUR TOfIdmos e Á Brea —npaome ey e opueorpop guisa os ojury sod onh K 0400 1IS09 OLOGDAL OPDLUODIS DIQUY CUE SOJUD SOUD OLJONO OIOIBUOS 12 OPDI9UDM] DIGDY 95 20h CUOTOLDUL JOILOSO [9 ELLO E] Sp 41807) SRUNT[O SP] UG “O4aJua [RUDY MAPIO [S PAULO) SOUOTOES -098 epor (e4s sub) oseurird sed] Ooto Sp BL) Ban opuvur T] U9 SOJUeIsaJOJd SOUTILISTEE SOJSUOTSTUL SO] 3p OÍMTE ura un 0qny oporiad 980 uy “SOJDUOISIUL $0| VLIOS PEPIUNUILOS NS OJUEJ opusuqe rrequaisa onb sejanoso SUASny Se] E SOPeTasersn7ao soÑiy £ns e ueqerano anb Á se1190 1E1dIoS ESLQuae] uezpod xx o[B1s [2P soperpata 9p saÁo] seaanu ser ofeg “esoye anb “(sted pop 01 [e sue e 119 MÁs y ap epuraozd ey ua sojdos ap afejusaaod 0) soJdos UBIS SOJIBEOTALIOS SO] AP AlEILRIIOA VAYEITLUSTS UY] *BUB[ IP SEJQUIOS|Y DP opilo] Á SIQUIE 3P SA[QONUL SP UQIODAUO) PIPE DP “Praerr 3P OP?) :O]ROWIOAUIOS OMIOO SLUBSIIL SELISAPUL VOJOLOAJOL U9IQUIEL "UPpuS ap seradsa Á SOJPP “Sajes1a) un) Á So—ppouro sardosd so] 109 equiorowos onb asejo esedsoxd eun peparo ey ue 9poxmesap 3s Á más y 10d egesed UPpas apsap so[Joureo ap nz jrdiouuid 17 esosted sOp SO] 019OS DIUSLEJO Pau BLIpuoduIr as 3ND OMPI OUISIQO3 Ja 10d OPeigroe] ugpas Á o1d137 anua RJROSA UBIÁ Y ODISIOO Ta Un epednso SJUDUIBADI? 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SOTUOMJE(AO SO] DP TLIOÁBUL e] anb op 04o0y 13 [ ciudad de Asyut y de los católicos en la ciudad de Tahta, hasta tal extremo que alarmaron seriamente al patriarca ortodoxo copto. Los coptos también extendieron sus actividades comer- ciales por todo el país, usando su red de emigrantes coptos per- manentes y temporales a otras ciudades egipcias (especialmen- te El Cairo, Alejandría y Suez) donde estaban introducidos en el comercio de oro, cereales, alfombras, comestibles y frutas, y también algunos cu el préstamo de dinero. Como resultado de tales avances, la antigua red de relaciones sociales estaba cambiando rápidamente y se vio sometida a tre- mendas presiones. Las comunidades extranjeras de comercian- tes (especialmente griegos) aumentaron también cu las cimas des del Alto Egipto, dedicándose sobre todo al comercio y la exportación de algodón al por mayor, y llevando con cllos su propia forma de vida, que incluía restaurantes, cafés y bares. Se establecieron consulados europeos en Ásyut y los bombres de negocios europeos así como los comerciantes griegos tendie- ron a preferir tratar con los coptos, que eran más adaptables y conocedores de lenguas extranjeras, Algunos de los comercian- tes coptos actuaban como agentes consulares y representantes de los intereses comerciales europeos en el alto Egipto, del cual Asyut era considerada capital regional (Walz, 1978: 113-123) La polvorienta, parda ciudad de Asyut empezó entonces a pose- er magníficos palacios barrocos y confortables áreas residen- ciales que albergaban a las emergentes clases de propietariós. semifeudales y prósperos comerciales cosmopolitas. La ciudad estaba cambiando radicalmente y deprisa, y la antigua clasifica ción de estatus estaba siendo desarticulada: ser «árabe» (0 sea, beduino) ya no era prestigioso; incluso el sentimiento de supe- rioridad de ser musulmán ya no contaba mucho. La situación económica no cambió significativamente des- pués de la revolución de 1952, ya que en Asyut se había produ- cido escasa industrialización, pero se construyó una universidad en 1957-58 en la cual la admisión, igual que para otras en todo el país, era por clases. La presencia del estado se hizo más obvia cuando, por ejemplo, los antiguos palacios «feudales» fueron re- quisados y convertidos en departamentos y sodes del gobierno de la Unión Arabe Socialista. Pero como no hubo ninguna ex- 234 pansión industrial, y como el antiguo papel comercial de Asyut estaba disminuyendo (siguiendo al declive del comercio tradi- cional egipcio-sudanés), la juventud musulmana recientemente trasladada debió de haber sentido que sus aspiraciones para la promoción social estaban severamente bloqueadas. mientras que muchos coptos debieron sentir que sus privilegios se erusiona- ban gradualnente. A finales de los sesenta, debió de haber por lo tanto un número bastante elevado de personas airadas en la provincia de Asyut que, dada su actitud cultural «seminómada», también estaban inclinados habitualmente a actuar de forma im: pulsiva y violenta ante los agravios recibidos. Y es comprensi- ble que la mayoría de la rabia fuera dirigida al estado... el estado que la subculipra del Alto Egipto tradicionalmente despreciaba, y el estado que, a pesar de sus consignas revolucionarias y mo- dernizadoras, había fracasado señaladamente en sus intentos de desarrollar la región. El nombramiento por Sadat como gobernador de Asyut de Muhammad Uthman Ismail, que era conocido por sus simpatías fundamentalistas y prejuicios anticristianos, no mejoró las co- sas. Ismail permaneció en este puesto tan delicado durante un período inusualmente largo (desde 1973 a 1982), y llegado a este punto fue destituido por el presidente Mubarak. De acuerdo con el relato de un simpatizante islámico, jugó durante ese tiempo un no disimulado papel de empujar u los grupos islámicos y los movimientos clandestinos hacia la expansión y la hegemonía, hasta que parecieran en un momento dererminado ser más gran» des que cl propio régimen. También jugó el papel más perverso que un musulmán en Egipto podría jugar, que es manipular el enfrentamiento sectario hasta que alcanzó el borde de una guerra civil (Mabfuz, 1988: 169-170) Por lo tanto, ¿es una simple coincidencia que Sayyid Qutb y Chukri Mustafa, así como un alto porcentaje de miembros de los grupos islámicos militantes, procedieran originalmente de la provincia de AsyutY Aunque, para muchos militanlos , el hecho de ser originarios del Alto Egipto es relevante por sí mismo, su im- nería y metales, mecánicos de automóviles. porteros, servicio doméstico y guardas en vlicinas 2uhernamentales, fábricas y ca sas. Sus mujeres podrían trabajar como empleadas domésticas, lavanderas. vendedoras de vegetales o de vísceras. Estas son bá- sicamente ocupaciones del subproletariado urbano, una clase que está representada en pequeña escala entre los militantes islá- micos. Aunque sus ingresos moy limitados pueden obligar a miembros del subproletariado a sobrevivir físicamente muay cer- ca de elementos del Jumpenproletariado (cf, Hanna, 1988: 50- 51), estas dos categorías sociales deberían ser cuidadosamente distinguidas una de la otra. Tal «cohabitación» se daba, por ejemplo, en el área de Qulali-Turgumau. En las chabolas de Ishash al-Turguman alrededor del 80 por ciento de las familias vivían en casas compartidas, y algunos de cllos tienen la reputa- ción de estar implicados en actividades como ta venta de drogas, amaestrar monos, robo y carterismo, apuestas profesionales y prostitución masculina y femenina, Sigmificativamente, la ma- yoría de los habitantes de esta ciudad de chabolas fueron eva- cuados por el gobíerno en 1979 y reubicados en el ya abarrotado y rápidamente creciente barrio inmigrante de al-Zawiya al-Hlam- ra, donde albergaron amargos sentimientos de desarraigo y su- frieron conflictos con los habitantes anteriores, que finalmente condujeron al estallido del feo enfrentamiento sectario cristiano» mwuselmán en verano de 1981 (cf. Ansari, 1984B: 408-409), > El lumpenproletariado viene de los sectores de la sociedad: que, económicatnente hablando, están profundamente desposef- dos. A causa del colapso de su sistema de apoyo familiar y la falta de papel productivo en la sociedad, tienen poco auto res- peto o identidad social o de clase, y se ven empújados 4 una vi da de ignorancia, corrupción y degradación, Son los tipos que generan las bandas violentas y los baudidos urbanos, provocan fumultos y escaramuzas, caen en las drogas, alcohol y conduc- tas sexuales desviadas y usan un árgol «vulgar» de insultos y contenido sexual. Aunque pueden unirse a los levantamientos de masas, como los tumultos por la comida en 1977, no fienen conciencia social y se inclinan a recurrir a Ja violencia destruc- liva y el pillaje, y pueden ser Fácilmente manipulados por fuer- Zas gubernamentales y/o de tipo fascista (comparar con Irán en Jazani, 1980: 141-143). Así, aunque el lumpenproletariado no de-haya unido a los movimientos islámicos, se hallan prodis- ¿puestos a participar cn cualquier levantamiento de ese signo a gran escala una vez esté en marcha. . “Por contraste, las ocupaciones lípicas entre los habitantes de «Jos. nuevos barrios esporádicos serían: funcionarios menores y burócratas, oficinistas. mecanógralos y contables de bajo nivel, Púlicías y soldados, profesores y clérigos, mecánico . electr tistas y técnicos de metales, conductores de taxis y camiones, vendedores de comustibles y trabajadores cualificados, Nor- ¡Malmente tienen mujeres que no trabajan y varios hijos que son Estudiantes de escuela o universidad, o desempleados recién (o segotan recién) licenciados. Es una población de clase media tí- pica conservadora, que lucha desesperadamente por un ascenso «Secial o enormemente asustados de un descenso (como en el taso de los funcionarios menores, oficinistas y algunos comer- « Clantes). Milad Hanna observó que tales nuevos barrios esporá- dicos albergan una extraña mezcla de gente de varias profesio- es y clases (muchos de ellos recién iumigrados), incluyendo incionarios menores, artesanos-técnicos, recién casados rus ficenciados, así como unos pucos vendedores ambulantes. Vio éxellos una mezcla extrañamente heterogénea de influencias ¿brales y urbanas, un entorno natural para nutrir el extremismo bitelectual y relígioso, y la fuente de una potencial amenaza isxpaz sociab» en el país (Hanna, 1988: 59-62). En realidad, tal Como hemos visto ya, éste es precisamente el entorno en el que Jos militantes islamistas han surgido en mayor número (cf. cap. dotambién Kepel, 1985: 216-217; Ansari, 1984A: 130-130), idoprando en el proceso los conceptos recogidos del repertorio delos jariyícs y de Ibn Taymiyva. Ñ Una de las características del tardía, irregular y dependiente «lesarcollo» capistalista es que las tasas de crecimiento en urba- Hización, educación y burocratización nunca son correspondidas ortasas similares de crecimiento en industrialización. Las rela- ¿tones capitalistas de intercambio y la cultura capital La de con- 'Súmismo y fetichismo envuelve « las economías periféricas con £iucha mayor facilidad y rapidez que el ritmo al cual tiene lugar Jásacumulación capitalista. En las ciudades se crea una clase 239 1174 -Jed e] 007 sesta dos qe *oresgepideo Je anbejz ns Ñ sados sol utojeniodos P.oÍuen xo prpordosd >p suso wo NN Mn owisyuardeo qe tod sopiaouiald Leza ar ¿quas c1SHET pre Á SAJOJeA so] t uejuodo as pra a el Y JEOPIATPUE OYDAJAp ¡9 ueqeáode SOURuLÓy $01 anbum e : C6LE-BLE ELE LE “UPPIQL) UEIDAJO as 3 osode ap sodn somo £ ¡euosiod prpLieo e] el Bel od Dd -108 Y] IROSOUE BIPOd 9$ TERO Y] DP SALI E á ol caen as s mus Ñ onb SOAQUIATE SO] Y SOJa ¡duros sopepes uequárd as > p ” A RUI [Je P1qntyy Bs o9]diuasep ap OJA3as AP BULA] BUT aa el HOJOIDA[QUISA SOUBULIDH SO] "SOSPO AP OJOHJUOO tlgeu : Ma -9s80) AUSWEIEAÍ COUILS, peparoos eun uo onb ap sor mor $0] ap Yap: ef Hrasonos mua] ep rqesoldxo as JS sopas ima Á sosopefegen enus OJopguos Ja seuruo tard mes A so “soueuasni sested soso Leur $0] US ejuSzeno SOL 0D SOLES) SOJUDIMITAGU SO] «SUISTADRIOCIOD> A «selstind -0d> SELUAPUA SRLLA JOd sepejuosardor “eoHITOd UYIO9t e] reed Sejooppold sejaunios sena OpezouoS 7y UorLMapoxd ap sopour Sor sp [euorisuen efepdiros voloejasgar sp UOTSBAJIS TEL “edioud Song ns red Unuloo Á oJago oarisfqo un sauoro “DEL Á SISMO SUSIDAIP Se] e ouotmodazd upiqure; oponad aso 5) TeruoJooae tjstiruota eyon| e] “(ojadruos x0d oproamedesap UBIGUy ezo eunSur op onb oxod “Opurano¡suta A Opuerigop Uegriso as sAb) sovesaje 9p sora 301 Á [euormpen UDIdRJUSnIO 0 S9nzeg sep 109 feiared uproeiDose eun ap SPAYI, e Á sorjne SSUSpIO SE] 19 UONEIÍAEL NS AUETPA sepesyau tos uerpod sop O Y] ose Jolo ul ug "UURE S3.10108J SOI) "(USSOd 19 687 286] “us MO OTISETC6L6T JOJAR], 39) OWXQIJ JUINO eyed somymadso sourmi193 ua omoo S3JMI0U93 SOULS US JUE OJIOTO So 0)54 'SP01g Seno uo apuon xa SE] “OÑJEQUIa US PIQUE) “Seare Seuoto 119 SOJPIDI2UIO) SAPYp TATIOE SET Á SPresaLe SPLoSnpur se O8unnsor e1s:Jendeo ou 121008 UPIÓBULIO) el ap Jupotur esendes voroenoued *] onbuue “onb e4 Tupisuedxa ap marpoj senedeo uexo SOUBSALIE SOJOJOSS Á SOTOTA 308 SOT Á *efeq ojuoturanereduroo PJAepo] paa DOOR ap esto Pp “ase eso 119 O10g “eUaIEnO Á ejoran “OJUESA SOME $0] U8 pepnio PY SAURU Sp prporea eun vfapold owsteydeo fo trorg UPIOFSUMS) SP OPPUOISIOISIP OsaD01d 9150 ap eueidwa, 3sej y] "so]qond sas ap tx907 sofa sp soyona e eselxa ejooniBe 103998 [9P UOTOBZTIOLamIOS Á OUISEEJDUOUE aJuardozo Pam e 0pigop Sou ]ersdsa saptpnto se; troy sapesns S3PPPIURLIO) SE] SPSap seuosiad 2p Olouna aqueroszo ua e “oñrequio tus “uzfadura sa] RILOJUE $3101908 SO] U0 $ SOTOTAJOS SO] AP 10]095 Jo US sarezoua] -od seprpramodo 887] "e3srusasuos 201098 [SP SOYaos3p so] uo op "eosngar orde ajueisey openmorordusdia un Á sotor41os sol 19 opednoo openmajodgns oydwue NUSMRA ness Y ou —[euou se oyundenuos ono “egonbad SUSURARETO! 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Sin embargo, el mismo paradigma de «expectativas frustradas» que explica. la revolución iraní podría también explicar, aunque en una escala más pequeña, el reclutamiento en organizaciones militantes del Isiam político. Aunque la ivayoría de los países árabes que son testigos de un serio resurgimeinto islámico no han disfrutado de ningún boom del petróleo, ca gescral han experi mentado un importante desarrollo en las áreas de la educación, urbanización e industrialización. Este desarrollo fue acompañado Lambién, y esto es muy importante, por grandes esperanzas y as- piraciones entre muchos sectores de la población, especialmente de las clases medias, Hacia los setenta, sin embargo, se hizo cla- ro que los estados «modernizados» no podrían cumplir sus pro- mesas. Derrotados militarmente y/o exhaustos financieramente, estos estados se han vuelto demasiado pobres e ineficaces para ofrecer puestos de trabajo y viviendas a los jóvenes, y están de- masiado asustados y faltos de confianza para permitirles la parti- cipación política. Es precisamente una juventud semejante, que alimentó y luego vio destruidas sus expectativas, la que forma el soporte principal de los movimientos militantes islámicos en los países árabes (ef. Joury, 1988: 213-234). Á pesar de las peculiaridades específicas de cada país, hay condiciones socioeconómicas similares bajo las cuales funcionan todos los movimientos radicales islámicos; en cierto sentido, to- dos son una manifestación y una reacción contra la crisis de de- sarrollo en la parte musulmana del Tercer Mundo. Han aparecido todos en un entorno de expectativas crecientes, pobres logros y esperanzas frustradas. Son casi todos movimientos de la juven- tud socialmente ascendente, formalmente educada y reciente- mente urbanizada; unos jóvenes que fucron «liberados», luego 246 movilizados, pero no completamente asimilados y recompensa dos por el estado nacional, a causa de una incompleta indust ali- zación y una modernización no cumplida. Su sentido de «relativa privación» (cf. Runciman, 1989: 36) puede explicar por lo tanto mucha de su ansiedad general y la adopción de la religión como reemplazo de objetivos. En sí, estos movimientos no han surgido realmente como ex- presión de ultraje moral contra una modernización que estaba yendo «demasiado lejos», sino más bien como reacción a un proceso de desarrollo que no estaba yendo lo bastante rápido. Los militantes islamistas no son rebeldes porque se opongan al desarrollo to incluso, hasta cierto punto, a la modernización), sino más bien porque la descaban con mucha fuerza y todavía no han podido conseguirla. El suyo es el caso proverbial de las «uvas verdes»: ¡odian la modernidad porque no han podido conseguirla! Los islamistas no están furiosos porque cl avión haya reemplazado al camello; están furiosos porque ellos no pudieron subirse al avión, No me queda duda de que si el nas- serismo (y otros proyectos de desarrollo similares) hubiera da do frutos» en los sesenta, no estaríamos presenciando el mismo resurgimiento político del Islam que vemos hoy en día. Notas 1. Desgraciadamente, no hay ningún estudio global disponible que trace los cambios en las inclinaciones ideológicas y políficas de la juventud isla- wista segón van riadurando en edad. Un estudio hecho ea Marruesos sugiere que los miembros de los grupos «secsetos» islámicos en Casabianca son casi todos estudiantes en el grupo de edad de los 17 a lo» 24 años, y que la mayo- ría de ellos cortan sus relaciones con tales movimientos cuando llegan 4 la edad de 23 años niás o menos y acceden al empleo y otras actividades públi- cas. Debemos observar, sin embargo, que el movimiento islámico de Marrue cos, sal como en algunas otras monarquías «tradicionales», es relativamente pequeño y se halla bustante integrado en cl régimen. y que tiendo a dirigir la mayoría de sus actividades samilitavtes» coma la oposición izquierdista más que contra el estado como tal (of, al-Jabiri, 1987: 227-235). 2. Fate informe del alto Egipto está hasado en experiencias personales y el ¡coniones, complementados con lecturas históricas y sociológicas. So puede eucontrae también alguna discusión sobre el caso de Asyut en Manfuz (1988: 85-97 es passinn), Huwaidi (1987: 212-227) y Hammnuda (19874: 197-139), 247