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Asignatura: Cervantes, Profesor: , Carrera: Filología hispánica, Universidad: US
Tipo: Resúmenes
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La Numancia es una tragedia renacentista escrita hacia 1585 por Miguel de
Cervantes inspirada en la derrota de Numancia de las guerras celtíberas a manos del
poder romano en el siglo II a. C.
Como en toda tragedia, el argumento de La Numancia debe ser desvelado desde el principio, y este es un factor fundamental en el género. La irremediable fatalidad a que se ven abocados los numantinos desde el comienzo es parte consustancial al mantenimiento de la tensión dramática en la tragedia y a lograr una efectiva catarsis final.
Numancia, una ciudad celtibérica, resiste desde hace años a las tropas del general romano Escipión, cuyas tropas han relajado sus costumbres. El general arenga a sus tropas y decide que caven un foso para tomar por inanición la plaza.
Dos embajadores numantinos, Caravino y Teógenes, ofrecen firmar una paz, pero Escipión la rechaza: solo queda vencer o morir. Dos figuras alegóricas que representan a España y al Duero profetizan la caída de la ciudad, pero también las glorias que cosechará España con Felipe II, es decir, la época contemporánea a la escritura de la obra.
En Numancia, mientras tanto, los augures, mediante sacrificios a Júpiter, y el hechicero, que resucita a un cadáver, prevén la destrucción de la ciudad. Sin embargo, y sin perder nunca la esperanza, los jefes arévacos proponen un combate singular (un numantino contra un romano) para decidir la suerte de la guerra. Escipión, que confía en rendir la fortaleza por el hambre, no acepta la propuesta.
Extenuados ya los habitantes de la ciudad, se aprestan a una salida desesperada, pero las mujeres, que temen quedarse tras la probable derrota a merced de los romanos, les piden que destruyan los bienes materiales de la ciudad, consuman la carne de los pocos prisioneros romanos y les den muerte antes de sufrir la indignidad de ser ultrajadas por el ejército de Escipión. Posteriormente, se dan muerte unos a otros. Los romanos entran en una ciudad inerte cuando ven al último de los habitantes de Numancia arrojarse al vacío desde una torre para evitar que ningún numantino tenga que pasear como trofeo de guerra en el desfile victorioso de Roma.
Numancia está sitiada por los romanos, embebidos en la lascivia tras varios años
de guerra. Cipión (Escipión) llega al campamento con la intención de corregir la
flojedad de sus tropas y de no acepta negociar la paz con los embajadores numantinos.
Levanta pues un foso para forzar la rendición de la plaza por hambre. Aparece entonces
una alegoría de España que predice la ruina de Numancia y llama en su ayuda al río
Duero. Este no da ninguna esperanza, pero predice que en el futuro Atila, los godos y el
duque de Alba vengarán a los numantinos y que Felipe II será el soberano de toda la
Península.
Los gobernadores de Numancia se reúnen en consejo y deciden morir luchando. Se dan a conocer los amores del joven soldado Marandro con Lira. Durante un sacrificio a Júpiter, el hechicero Marquino resucita el cuerpo de un soldado muerto en batalla para saber el designio de dioses. El cadáver profetiza el fin inevitable de Numancia y Marquino de suicida para no ser testigo de tal desventura.
Cipión rechaza terminar la guerra con un combate singular. Las mujeres impiden
que los hombres hagan una salida y las abandonen a su suerte. Desesperados, los
numantinos comen la carne de los prisioneros romanos antes de encender una hoguera
en la que harán arder todas sus riquezas y a ellos mismos. Salida de Marandro al
campamento romano en busca de comida para Lira. Leonicio lo acompaña. Mientras
que los numantinos queman sus pertenencias, una madre trata de consolar a su hijo
hambriento.
Leonicio ha muerto y Marandro vuelve malherido y muere en brazos de su amada Lira. Los numantinos se arrojan a la hoguera o se matan entre ellos. La Guerra, la Enfermedad y el Hambre dan la victoria a los romanos. El joven Viriato, único superviviente, permanece escondido en una torre con las llaves de la ciudad. Pese a los ruegos de Cipión, Viriato se arroja de la torre para privarle de una victoria honorable. Aparece entonces la Fama y promete que el mundo entero conocerá la gesta de los numantinos y la bravura de los españoles, sus sucesores.
Los esfuerzos infructuosos de los defensores para conjurar su destrucción se acerca a la esencia de la tragedia clásica cuando los numantinos, desbaratando los planes de los romanos, deciden asumir su destino y eligen la vía del sacrificio. Las alegorías del Duero y de la Fama dan a este acto desesperado un sentido histórico.
Esta obra pertenece al género de la tragedia pero con características que lo separan de la Poética aristotélica. Por un lado, no parece existir hibris (equivocación moral) que justifique que el héroe (en este caso colectivo: el pueblo numantino, y de extracción social humilde) pueda pasar de la dicha a la desgracia sin repugnancia, como estipulaba la preceptiva acerca de la poesía dramática. La única «culpa» puede ser el paganismo de los numantinos, pues los dioses de la obra (en este caso figuras alegóricas: España y el Duero) profetizan victorias españolas en el futuro católico de Felipe II, pero este extremo no se hace explícito en la obra.
El tema principal es la esperanza y, una vez perdida en la victoria, depositarla en el ejercicio de la libertad del hombre aún en las condiciones más restrictivas a dicha