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La primera globalización, Apuntes de Historia Contemporánea

Historia tema 2 de publicidad y rrpp ua

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 12/11/2018

Erikaruiz
Erikaruiz 🇪🇸

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TEMA 2. LA PRIMERA GLOBALIZACIÓN
Tras la una primera fase de industrialización iniciada en Inglaterra (a la que se
sumaron otros países), a partir de 1875 el proceso se intensifica, lo que ha llevado a
los historiadores a hablar de una "Segunda Revolución Industrial". Esta etapa durará
hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.
Varios rasgos caracterizaron esta etapa:
- Se emplearon nuevas fuentes de energía que
sustituyeron al vapor: petróleo (fundamental para la automoción) y electricidad.
- La industria textil fue desbancada por otras, como la química o la alimentaria. El
ferrocarril siguió estimulando la siderurgia.
- La organización del trabajo en la fábrica cambió, surgiendo la producción en cadena
(fordismo) y la máxima especialización.
- Surgieron enormes corporaciones empresariales. - Las relaciones económicas se
globalizaron.
Tras una primera fase, a partir de 1875, el proceso de industrialización entró en una
nueva etapa que duraría hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Es lo que
los historiadores denominan Segunda Revolución Industrial.
Durante esta etapa se consolidaron nuevas potencias industriales, Inglaterra, aunque
siguió en la vanguardia del desarrollo, fue desbancada en el
liderazgo que hasta entonces había
mantenido. Las economías ascendentes, Alemania, Estados Unidos y Japón
desarrollaron una gran vitalidad.
Algunos rasgos de esta etapa fueron:
1. EL EMPLEO DE NUEVAS FUENTES DE ENERGÍA que se unieron a las ya
utilizadas durante la primera fase. El vapor siguió utilizando profusamente, pero cada
vez más el petróleo y la electricidad. El desarrollo del motor de explosión aplicado a
la automoción desarrolló la industria petrolífera que se concentró en grandes
empresas. La electricidad permitió la mejora de la iluminación doméstica y urbana,
así como el nacimiento de las telecomunicaciones (teléfono, telégrafo, etc.).
2. EL DESARROLLO DE NUEVOS SECTORES PRODUCTIVOS. Destacó el
químico, gracias al cual se obtuvieron productos como el caucho, colorantes
sintéticos, explosivos (dinamita) o fibras artificiales como el nailon. Otro relevante
sector puntero fue el
alimentario (latas de conserva, frigoríficos industriales, etc.). El sector siderúrgico
siguió conservando su importancia. El ferrocarril demandaba gran cantidad de
componentes industriales. El Convertidor Bessemer permitió la elaboración de acero
de calidad. La industria de armamentos creció significativamente.
3. ELPROCESO DE TRABAJO SE ORGANIZÓ CIENTÍFICAMENTE gracias al
taylorismo y al fordismo. Taylor organizó científicamente el trabajo con
objeto de optimizar los rendimientos. Los productos se
estandarizaron y se separó claramente el trabajo intelectual del
manual. Ford fue el creador del montaje en cadena. Lo aplicó a sus factorías de
automóviles, consiguiendo fabricar masivamente coches que llegaron a un amplio
segmento de consumidores. El trabajo artesano fue abandonado en aras de la
especialización y la producción masiva.
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TEMA 2. LA PRIMERA GLOBALIZACIÓN

Tras la una primera fase de industrialización iniciada en Inglaterra (a la que se sumaron otros países), a partir de 1875 el proceso se intensifica, lo que ha llevado a los historiadores a hablar de una "Segunda Revolución Industrial". Esta etapa durará hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Varios rasgos caracterizaron esta etapa:

  • Se emplearon nuevas fuentes de energía que sustituyeron al vapor: petróleo (fundamental para la automoción) y electricidad.
  • La industria textil fue desbancada por otras, como la química o la alimentaria. El ferrocarril siguió estimulando la siderurgia.
  • La organización del trabajo en la fábrica cambió, surgiendo la producción en cadena (fordismo) y la máxima especialización.
  • Surgieron enormes corporaciones empresariales. - Las relaciones económicas se globalizaron. Tras una primera fase, a partir de 1875, el proceso de industrialización entró en una nueva etapa que duraría hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Es lo que los historiadores denominan Segunda Revolución Industrial. Durante esta etapa se consolidaron nuevas potencias industriales, Inglaterra, aunque siguió en la vanguardia del desarrollo, fue desbancada en el liderazgo que hasta entonces había mantenido. Las economías ascendentes, Alemania, Estados Unidos y Japón desarrollaron una gran vitalidad. Algunos rasgos de esta etapa fueron:
  1. EL EMPLEO DE NUEVAS FUENTES DE ENERGÍA que se unieron a las ya utilizadas durante la primera fase. El vapor siguió utilizando profusamente, pero cada vez más el petróleo y la electricidad. El desarrollo del motor de explosión aplicado a la automoción desarrolló la industria petrolífera que se concentró en grandes empresas. La electricidad permitió la mejora de la iluminación doméstica y urbana, así como el nacimiento de las telecomunicaciones (teléfono, telégrafo, etc.).
  2. EL DESARROLLO DE NUEVOS SECTORES PRODUCTIVOS. Destacó el químico, gracias al cual se obtuvieron productos como el caucho, colorantes sintéticos, explosivos (dinamita) o fibras artificiales como el nailon. Otro relevante sector puntero fue el alimentario (latas de conserva, frigoríficos industriales, etc.). El sector siderúrgico siguió conservando su importancia. El ferrocarril demandaba gran cantidad de componentes industriales. El Convertidor Bessemer permitió la elaboración de acero de calidad. La industria de armamentos creció significativamente.
  3. ELPROCESO DE TRABAJO SE ORGANIZÓ CIENTÍFICAMENTE gracias al taylorismo y al fordismo. Taylor organizó científicamente el trabajo con objeto de optimizar los rendimientos. Los productos se estandarizaron y se separó claramente el trabajo intelectual del manual. Ford fue el creador del montaje en cadena. Lo aplicó a sus factorías de automóviles, consiguiendo fabricar masivamente coches que llegaron a un amplio segmento de consumidores. El trabajo artesano fue abandonado en aras de la especialización y la producción masiva.
  1. EL CAPITALISMO TUVO IMPORTANTES TRANSFORMACIONES. Las empresas familiares de la primera fase de la industrialización cedieron el paso a las grandes empresas originadas mediante la fusión. La Banca jugó un papel decisivo en la financiación, mientras que en la Bolsa de Valores se invertía y se negociaban las acciones de las sociedades anónimas. La concentración empresarial tendió al monopolio, es decir, al intento de eliminar la competencia por parte de las empresas.
  2. LA ECONOMÍA SE GLOBALIZÓ. La necesidad de materias primas hizo que los países buscaran apoderarse de territorios con objeto de conseguirlas lo más baratas posibles, dando lugar al fenómeno del imperialismo. Por otro lado, en su deseo de vender sus productos manufacturados, entraron en competencia con otras potencias, originando tensiones políticas y militares que desembocaron en la Primera Guerra Mundial.

La Segunda Industrialización en el marco de la Primera

Globalización: 1870-

Las diferencias con la primera industrialización

La segunda industrialización es el resultado de la evolución hacia un nuevo modelo de crecimiento económico diferente al de la primera industrialización. Los rasgos característicos de esta Segunda Revolución Tecnológica se consolidaron a partir de 1870 y afectaron tanto a las economías nacionales como a las relaciones internacionales. Entre los cambios en el interior de las naciones industrializadas destacan:

  • Las innovaciones tecnológicas , que al tener mayor base científica requirieron mayores dotaciones de capital humano, de educación e investigación y se aplicaron al transporte marítimo y terrestre y a las comunicaciones (telégrafo, teléfono). La revolución en estos sectores fue clave para el crecimiento económico. Las nuevas tecnologías explican que la industria básica (acero, química) adquiriese el protagonismo del crecimiento industrial. Se utilizaron de forma creciente materiales nuevos y más baratos (aluminio, cromo, tungsteno, etc.) y se generalizó la estandarización de las piezas. En cuanto al sector químico, los avances científicos permitieron el desarrollo de nuevos productos con menores costes (medicamentos, fertilizantes, tintes sintéticos, fibras textiles artificiales, cementos, explosivos, plásticos, etc.). Por otra parte, aparecieron nuevas fuentes energéticas que comenzaron a desplazar al carbón y el vapor, como el petróleo y la electricidad. El petróleo, además de materia prima para la industria química, posee un mayor poder calorífico que el carbón y es, por tanto, más eficiente. El desarrollo de motores de combustión interna a finales del siglo XIX permitió su adaptación al transporte terrestre, marítimo y, poco después, a la naciente aeronáutica. Por su parte, la electricidad aportaba grandes ventajas, sobre todo cuando se resolvió el problema de su transporte a largas distancias con pérdidas limitadas. La energía eléctrica podía ser de origen térmico (a partir del carbón o del petróleo) o hidroeléctrico (aprovechando la fuerza del agua mediante turbinas). Su aplicación a la industria, a partir del desarrollo de los motores eléctricos, posibilitó el ahorro de espacio y de costes frente al vapor. Además, gracias a su flexibilidad, hizo posible la mecanización de la práctica totalidad de los procesos productivos, aportando grandes ganancias de productividad.

gobiernos para que protegieran sus economías de la competencia exterior. Las tensiones entre las principales potencias industriales (Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Japón, Italia y Rusia), manifestadas en conflictos locales, finalmente desencadenarían la Primera Guerra Mundial después de una etapa de creciente militarización. 2.2. Proceso de convergencia y revolución de los transportes El período 1870-1913 se caracterizó por la intensificación de la convergencia de las economías atlánticas, causada por la integración de los mercados de productos y de factores (trabajo y capital), acompañada de un retroceso del librecambismo que se había extendido por iniciativa británica a partir de 1850. La convergencia se reflejó en la reducción de las diferencias de los precios agrarios e industriales entre América y Europa y, también, en la aproximación de los bajos salarios europeos (Europa era abundante en factor trabajo) a los más elevados de América. Aunque no llegaron a igualarse, en 1913 la diferencia entre los salarios reales de Estados Unidos y Gran Bretaña era de un 70 por ciento, una diferencia que sin las fuertes migraciones hubiera sido mucho mayor. Con otras variables, como el PIB per cápita o la producción por trabajador, también se observa una convergencia, pero más lenta. La convergencia también tuvo lugar en Europa , donde los países atrasados se acercaban a los líderes industriales, pero fue un fenómeno muy modesto. Se mantuvo la distinción entre un área central (Gran Bretaña, Bélgica, Francia y Alemania) y una periferia menos desarrollada, pero con evoluciones diferenciadas: los países del sur y del este del continente apenas recuperaron terreno y profundizaron su atraso, mientras que los países escandinavos experimentaron un notable crecimiento económico. La convergencia de precios igualmente se dio entre Europa y Asia , formándose un mercado mundial de cereales (trigo y arroz). Un hecho diferencial de la primera globalización, posterior a 1870, fue que la integración de los mercados se debió al progreso en los transportes. El descenso del coste del transporte acabaría provocando un aumento de la protección arancelaria, como respuesta defensiva de los agricultores europeos y de los industriales norteamericanos. La revolución de los transportes y de las comunicaciones explica el crecimiento del comercio internacional y las migraciones masivas de personas y capital.

En el transporte terrestre la extensión de las redes ferroviarias unificó los mercados nacionales y permitió trasladar mercancías pesadas y voluminosas hacia las costas para su exportación. El descenso de los costes de transporte entre el Medio Oeste y la Costa Este de Estados Unidos fue más determinante que la caída de los fletes marítimos para determinar las diferencias de precios entre los mercados productores norteamericanos y los consumidores europeos de trigo. En Europa también se redujeron los costes del transporte y se impulsó la formación de los mercados nacionales, antes que los internacionales, porque los costes del transporte terrestre descendieron más que los marítimos. Esto fue posible, además de por la extensión de las redes ferroviarias, a la desaparición de las barreras arancelarias interiores gracias a la unificación política (Alemania, Italia, Imperio Austro-Húngaro) y a la aplicación de políticas integradoras después del triunfo de las revoluciones liberales. En cuanto al transporte marítimo , desde 1865 los buques de vapor monopolizaron el transporte de personas y mercancías valiosas. La navegación marítima se benefició de la competencia entre los barcos de vela (clippers) y los buques de vapor. Estos se impusieron por dos motivos: a) la apertura del canal de Suez en 1869, que acortó el trayecto desde Europa hasta Asia y Oceanía y restó importancia al factor viento; y b) las innovaciones industriales que permitieron, por ejemplo, la sustitución de los cascos de madera por los de hierro o acero y el desarrollo de motores más potentes. Finalmente, innovaciones como la refrigeración permitieron desde la década de 1870 transportar carne y otros productos perecederos, abriendo a estos productos nuevos mercados antes inaccesibles. Gran Bretaña mantuvo el liderazgo en el transporte marítimo y en la industria de construcción naval. Las nuevas necesidades del transporte marítimo obligaron a los gobiernos a realizar fuertes inversiones en la adaptación y modernización de los puertos para acoger el nuevo modelo de tráfico (muelles más grandes…). 2.3. Las transformaciones en el comercio internacional. Del mercantilismo al librecambismo. Hasta 1846 en Europa predominaba la política mercantilista. Adam Smith y David Ricardo creían que el librecambio favorecía la mejora del comercio, la especialización y potenciaba el crecimiento. El librecambismo se vio en Gran Bretaña beneficiado por los siguientes cambios:

  • (^) La abolición de las Corn Laws (1846)
  • (^) Tratado comercial anglo-francés
  • (^) Clausula de nación más favorecida
  • (^) La reducción del proteccionismo

Las causas del auge del comercio internacional:

  • el crecimiento de la población
    • mejora del poder adquisitivo, que estimularon el incremento de la demanda de alimentos, materias primas y manufacturas.
  • La puesta en explotación de grandes superficies de tierra en América, Asia y Oceanía y los hallazgos de nuevos yacimientos de minerales facilitó la mayor producción de bienes y alimentos.
  • La reducción de los costes de transporte
  • la facilidad de los medios de pago (difusión del patrón oro ) Durante este periodo se intensificó el proceso de urbanización por la emigración rural a las ciudades industriales y se profundizó en el proceso de cambio estructural. Aún así, antes de la I Guerra Mundial el medio rural seguía predominando en el mundo, con la única excepción de Gran Bretaña. Los cambios en la agricultura también fueron importantes, gracias al crecimiento de la producción y de la productividad por el uso de maquinaria y abonos artificiales. En Europa se produjo “ la gran depresión agraria ” de 1877-1896, que castigó especialmente a los cereales, sobre todo al trigo, por la competencia de nuevos productores. Las exportaciones de países del Nuevo Mundo, de clima templado, invadieron el mercado europeo. Norteamérica producía el trigo tan barato que podía venderse en Europa por debajo de los precios de producción europeos. En consecuencia, los precios del trigo y su producción disminuyeron en Europa generando una depresión profunda en el sector agrario. El 80% de las importaciones europeas de trigo procedían de los Estados Unidos. La abundancia de recursos naturales y las posibilidades de exportación atrajeron grandes cantidades de trabajadores y de capitales europeos porque obtenían mayores salarios y más rendimientos. De hecho, los países de clima templado colonizados por europeos (Australia, Estados Unidos, Canadá) tenían las mayores rentas per cápita del mundo. Estas economías crecieron gracias a las exportaciones, pero sobre todo por el incremento de la demanda interior. Por otro lado, el comercio internacional de productos tropicales y de origen extraeuropeo (té, cacao, café, caucho, azúcar de caña, seda) también aumentó considerablemente en este periodo: en 1913 los alimentos y las materias primas suponían el 89 por ciento del total de las exportaciones de Asia, América Latina y Oceanía. Las exportaciones de estos productos, provenientes de Brasil, Méjico, India, China, Indonesia, Filipinas o Tailandia, apenas indujeron el crecimiento de las economías de estos países, que no convergieron con las más desarrolladas, porque representaban un porcentaje pequeño del PIB y por la baja productividad de esos sectores exportadores: ilimitada oferta de tierras y de trabajadores

(emigraciones de chinos e indios), con el resultado de bajos salarios. Además, algunos de esos países exportadores se vieron perjudicados cuando los países europeos y de reciente colonización comenzaron a producir y exportar esos mismos productos o sus sustitutos artificiales: Estados Unidos fue el principal productor de algodón y tabaco; Japón también exportó seda y té; los tintes sintéticos colapsaron las exportaciones de índigo y otros colorantes de la India. El resultado fue que los países tropicales que se especializaron en productos agrarios vieron como sus exportaciones tendieron a disminuir en un contexto de caída de precios. También cambiaron las ventajas comparativas de las manufacturas. En 1870 Gran Bretaña era el principal productor mundial de bienes industriales, pero en 1913 ya había sido sobrepasado por Estados Unidos y, en menor medida, por Alemania en los sectores característicos de la Segunda Revolución Industrial: siderúrgico, químico y eléctrico. A pesar de lo anterior, Gran Bretaña era todavía un país más industrializado que Alemania en términos de población activa. Por su parte, Estados Unidos exportaba grandes cantidades de trigo, carne y materias primas (algodón y tabaco). El país ascendió al liderazgo económico mundial sobre la base de una abundante dotación de recursos naturales y un marco institucional de corte liberal favorable al crecimiento. La s causas de la decadencia británica a partir de 1870 están en el incremento de la competencia mundial derivada de la difusión de la industrialización y en el auge del proteccionismo , que dificultaron las exportaciones británicas. Además, la economía británica adoptó con timidez las nuevas tecnologías y procedimientos propios de la segunda industrialización, lo que se tradujo en pérdida de competitividad y en menor crecimiento. Se mantuvo aferrada a los métodos productivos y las antiguas tecnologías e infraestructuras propias de la Primera Revolución Industrial; a la obsolescencia técnica se sumó el atraso institucional en el sistema financiero, en la organización empresarial (basada todavía en el capitalismo personal) y en las políticas económicas (escasa intervención estatal). Otro factor que se ha mencionado es el de los costes de mantener un vasto imperio y el liderazgo internacional, lo que la obligaba a grandes gastos en defensa. La exclusividad en el acceso a los mercados coloniales facilitó la supervivencia de una industria menos competitiva y retrasó la reconversión de la industria británica hacia los sectores y las prácticas de la Segunda Revolución Tecnológica. 2.4. Las migraciones transoceánicas de trabajadores

2.5.1. El destino de las inversiones europeas El capital procedía de Europa occidental: Reino Unido principalmente, pero también Francia y Alemania. Londres era el centro del mercado internacional de capitales. La transferencia de capitales se justificaba por los mayores rendimientos que se obtenían en el extranjero por la alta demanda de inversión, exigida por los ingentes recursos empleados (tecnología y trabajo) en la explotación de nuevas tierras, como ocurrió en el caso de los Estados Unidos con la colonización de la “frontera”. Entre 1870 y 1913 Los capitales europeos se dirigieron a países con abundantes recursos naturales y escasez de factor trabajo, y NO a las zonas más pobres de Europa, las colonias africanas y los países asiáticos, que tenían trabajo abundante y salarios bajos debido a la menor productividad de los trabajadores por las cuestiones culturales, los factores ambientales y el deficiente entorno institucional. En el caso europeo, las inversiones extranjeras en los países escandinavos impulsaron su desarrollo y convergencia con las naciones industrializadas, mientras que países como Italia y España eran exportadores netos de capital, lo que contribuyó a su divergencia. La dependencia del capital exterior era muy alta entre los países receptores. Los flujos de capital se materializaron en inversiones en cartera, es decir, en la compra de deuda emitida por instituciones públicas y empresas privadas. Los británicos adquirían acciones y, principalmente, bonos emitidos en la City londinense por emisores extranjeros, generalmente gobiernos. Estos fondos se destinaron a inversiones en capital social fijo: ferrocarriles, puertos, servicios municipales y teléfonos. Las inversiones destinadas a actividades coloniales (caucho, té, café) fueron muy inferiores. 2.5.2. La inversión extranjera y el entorno institucional La inversión internacional acudía a los países con instituciones similares a las europeas porque previamente habían sido colonias suyas. En los restantes países los acreedores se encontraban con mayores riesgos y exigieron con frecuencia la intervención de los gobiernos europeos. En el caso de Estados Unidos, aunque había recibido cuantiosos capitales de Europa, había invertido en el Caribe y América Latina estableciendo monopolios de explotación de ciertas zonas para empresas norteamericanas a cambio de que éstas concedieran empréstitos a los gobiernos, estableciendo de hecho un área de influencia económica y política. Japón, por su parte, aprovechó las inversiones extranjeras para fomentar el crecimiento económico sin perder el control de los recursos nacionales. 2.5.3. Las inversiones directas y las primeras multinacionales

La primera expansión de las empresas multinacionales fue meramente comercial, estableciendo sucursales de venta. Luego se instalaron filiales y fábricas para sortear las barreras arancelarias, reducir los costes de transporte y facilitar la distribución, aprovechando las ventajas de los modernos sistemas de comunicación que permitían el control a distancia de las filiales. Estas compañías dependían de su reputación comercial y preferían fabricar directamente sus productos, ya que no confiaban en contratistas locales. Las multinacionales norteamericanas salieron al exterior cuando tenían ya un gran tamaño gracias a la integración del mercado nacional, basada en el ferrocarril y el telégrafo. Algunas como Coca-Cola, Ford, General Electric o Singer establecieron fábricas en el extranjero entre 1890 y 1913, especialmente en Gran Bretaña, Canadá y Alemania. También surgieron grandes empresas en Gran Bretaña, Alemania (Bayer, Siemens, etc.), Francia (Michelin), Suiza (Nestlé), Suecia, Italia (Fiat) y Holanda (Philips).

El apogeo del patrón oro

El patrón oro conoció su etapa de apogeo a partir de 1872, cuando las principales potencias europeas siguieron a Gran Bretaña e incorporaron el oro como base de su masa monetaria. La mayor parte de los países atrasados mantuvieron, sin embargo, el patrón plata. El patrón oro era un sistema de cambios fijos que establecía una paridades oficiales de las divisas frente al oro. Exigía la convertibilidad de los billetes en oro a la paridad oficial, el mantenimiento de un encaje de oro en el banco central proporcional a los billetes emitidos, y la libertad para fundir, importar y exportar el metal en barras o en monedas. El oro debía tener el mismo valor en todos los países del club del oro (con las diferencias del precio del transporte y seguros) y la oferta mundial de oro debía determinar la oferta monetaria y los precios mundiales. A finales del siglo XIX se descubrieron nuevos yacimientos (Sudáfrica, Alaska) que aumentaron la disponibilidad de metal y, por tanto, la oferta monetaria, lo que arrastró los precios al alza. Esto avala la teoría cuantitativa del dinero, aunque en la subida de precios también influyeron otros factores como el proteccionismo o el control de los mercados ejercido por los cárteles. El patrón oro facilitó los movimientos internacionales de capital al reducir el riesgo de cambio y porque imponía rigurosas políticas fiscales y monetarias para mantener la paridad, objetivo básico del sistema. Los gobiernos perdían la autonomía en su política monetaria y el control de los tipos de interés. Además no se podían ajustar las crisis económicas recurriendo a las devaluaciones sino aumentando los tipos de interés, lo que se traducía en disminuciones de la renta y el empleo. La teoría del patrón oro señalaba que un superávit en la balanza de pagos implicaba un aumento de las reservas de oro del país y requería que el banco

En todo caso, la globalización tuvo indiscutibles beneficios (creció la riqueza de forma general), pero también generó sectores perjudicados. Los grupos sociales cuyos ingresos disminuyeron por el nuevo marco de competencia mundial se defendieron políticamente. Hubo tres desencadenantes de la reacción contra los efectos de la globalización: a) La “ gran depresión agraria ” europea, provocada por la llegada de cereales baratos de América y Ucrania, que redujo la renta de los propietarios y los ingresos de los campesinos b) La inmigración masiva que redujo los niveles de vida en el Nuevo Mundo c) Las exportaciones de manufacturas europeas que impedían el desarrollo de las industrias nacientes en América La reacción generalizada fue una vuelta al proteccionismo (excepto Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca, que mantuvieron el librecambismo) y el establecimiento de restricciones a la inmigración en los países de América. Los gobiernos de las naciones industrializadas siguieron políticas intervencionistas dirigidas a fomentar el crecimiento de sus sectores secundarios, mediante la aplicación de altos aranceles, subvenciones a las exportaciones y las inversiones en infraestructuras y en desarrollo industrial. 2.6.1. La política proteccionista e industrialista Tiene una base teórica en List “Las industrias nacientes” dice que en la fase inicial una industria necesita proteccionismo para poder crecer. Gran Bretaña: Dada su supremacía mundial, obtenida gracias a su competitividad industrial, Gran Bretaña estableció el librecambio en 1846 y lo consolidó en 1860 con el tratado comercial Cobden-Chevalier, firmado con Francia. Este giro suponía el triunfo de los economistas clásicos frente a los mercantilistas. Pero cuando la ventaja competitiva de la industria británica comenzó a ser amenazada por Estados Unidos y Alemania, a partir de 1880, los industriales empezaron a pedir la vuelta del proteccionismo, produciéndose un debate virulento a principios del siglo XX. Gran Bretaña trató de impedir el desarrollo de las manufacturas en los países dependientes a través de los tratados desiguales que imponían unos topes arancelarios del 5 por ciento privándoles de soberanía arancelaria y obligándoles, de hecho, a ser librecambistas. A mediados del siglo XIX, estos tratados se extendieron por Asia (China, Japón, Tailandia, Corea e India), y por Oriente

Próximo (Persia y Turquía). Estos países sólo pudieron recuperar su soberanía arancelaria e industrialista en general después de 1913. Alemania : Desde su unificación política y durante el Segundo Imperio (1871-1914) la política industrial alemana se centró en los aranceles, el apoyo estatal a la iniciativa privada y la legalización de los cárteles industriales (desde 1890). Además aplicó una política de protección social que contuvo las reivindicaciones de los trabajadores. En Alemania desempeñaron un papel importante los bancos mixtos que desarrollaron conjuntamente la banca comercial (créditos a corto plazo) y la banca industrial (financiación a largo plazo a las empresas), contribuyendo a la creación y gestión de empresas, pues eran accionistas y tenían representación en los consejos de administración, y a la formación de cárteles. Asimismo el Banco Central (Reichsbank) fue más intervencionista que otros de su clase actuando como prestamista en última instancia en las crisis bancarias. Este conglomerado institucional llevó a Alemania a un capitalismo cooperativo y organizado frente al modelo inglés, más personal y competitivo. Bancos y cárteles fueron fundamentales para el nacimiento de los grandes emporios industriales característicos de la segunda revolución industrial. Estados Unidos: La política de protección a la industria naciente se utilizó intensamente en este país, donde surgió el proteccionismo moderno de la mano de Alexander Hamilton. El proteccionismo permitió el desarrollo de la industria textil y siderúrgica favoreciendo el intenso crecimiento económico entre 1870 y 1910, también propiciado por otras políticas estatales como el apoyo a la investigación agrícola, el gasto público en educación y las subvenciones a las compañías ferroviarias. De hecho la gran empresa industrial moderna nació en Estados Unidos durante la construcción de las grandes líneas ferroviarias de 1850 a 1870, ya que las compañías constructoras del ferrocarril exigían unos niveles de financiación, coordinación y planificación de dimensiones desconocidas hasta entonces. Desde 1870 se difundieron los métodos de producción en masa, con la estandarización de las piezas, fundamentalmente en la industria de las armas, de maquinaria agrícola y de máquinas de coser. En los años ochenta surgieron las grandes empresas en los sectores líderes de la segunda industrialización: telégrafos y teléfonos, acero, electricidad, química y automóvil ( Ford). Este último sector fue el más innovador en cuanto a la organización de la producción, ya en 1913 introdujo la cadena de montaje que redujo los costes de producción y los precios de los automóviles, generalizando su uso entre la población. La importancia de la gran empresa condicionó el desarrollo de la banca y el Estado. Presionado por las grandes

Los países más desarrollados iniciaron una política colonizadora muy agresiva en África, Asia y Oceanía, con el objetivo de explotar los recursos naturales de los territorios que aún permanecían sin ocupar. La causa era la necesidad de materias primas de una industria en transformación, además del prestigio que aportaba la posesión de un imperio colonial. Fueron mucho menos importantes las colonias como mercado consumidor de manufacturas o como destino de colonos. 2.7. Las lentas mejoras del marco institucional Las relaciones entre la industrialización y las instituciones quedan claras en los países que llevaron a cabo este proceso en el período 1870-1913. Nos detendremos en las siguientes cuestiones institucionales:

  1. La extensión de los sistemas parlamentarios y la burocracia moderna La extensión del modelo parlamentario, inspirado en el liberalismo inglés, no significó una democratización política. Había una efectiva discriminación por sexo, patrimonio, alfabetización y raza. Además, los procesos electorales estaban sujetos a la corrupción política, los sistemas caciquiles y el fraude (compra de votos), hechos que reducían aún más la representatividad de los regímenes parlamentarios y evidenciaban su realidad escasamente democrática. En este período se fue implantando la burocracia moderna.
  2. Los derechos de propiedad intelectual Los derechos de propiedad privada y la liberalización de los mercados interiores se habían establecido ya al principio de este periodo. Asimismo, la difusión de los códigos napoleónicos había ayudado a definir los contratos mercantiles. Pero los derechos de propiedad intelectual todavía estaban definidos muy deficientemente. Excepto en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde la mejor definición legal de los contratos y las patentes garantizaba su cumplimiento, en los demás países la autoría de patentes y de ciertas invenciones estaba desprotegida. Gran Bretaña, de hecho, había prohibido la exportación de tecnología y de técnicos hasta mediados del XIX.
  3. El nuevo marco institucional de las empresas La creación de sociedades anónimas se generalizó desde mediados del XIX. Esto impulsó el desarrollo de las grandes empresas industriales, que vieron definido su marco legal gracias a la paulatina aprobación de leyes de sociedades, de quiebras y de publicidad de cuentas. Por otra parte, los cambios tecnológicos necesitaban un personal cada vez más cualificado lo que animó a la inversión en capital humano. Uso masivo de tecnología, concentración de capital y nuevas fuentes de energía supusieron cambios en la estructura de los modelos productivos y organizaciones empresariales: se inicia la producción en masa (organización científica del trabajo o sistema fordista), con firmas de grandes dimensiones, intensivas en tecnología y capital fijo. Esto implicaba elevadas barreras de entrada y establecimiento de oligopolios y acuerdos de control de precios, ya que unas pocas grandes empresas controlaban la oferta de sus respectivos sectores porque

las economías crecientes de escala tendían a reducir o incluso a eliminar la competencia (caso de Alfred Nobel y la dinamita). La integración podía ser horizontal o vertical. El modelo horizontal, o cártel, era más característico de Europa (en especial de Alemania) y se extendió en sectores como el carbón, la química, la electricidad y la metalurgia. El modelo vertical, o trust, era más propio de Estados Unidos, donde se establecieron medidas antitrust desde 1890, aunque con escasa efectividad dado el enorme poder de las grandes corporaciones que había detrás de los trusts y de su política de fusiones. 4. El nuevo papel del Estado El patrón oro y el equilibrio presupuestario fueron los dos pilares de la política económica del período que se reforzaron mutuamente. El mayor intervencionismo del Estado implicó, en algunos países, un mayor volumen de gasto público en relación al PIB. A finales de siglo se empezaron a poner los cimientos del futuro Estado del Bienestar con el surgimiento de los seguros sociales. La falta de sistemas de seguridad social había agravado las tensiones sociales y radicalizado las reivindicaciones del movimiento obrero. Hasta entonces sólo se habían establecido instituciones de beneficencia, cajas de ahorros, montes de piedad y mutuas obreras, que facilitaban ayudas a las clases trabajadoras pero que solo cubrían ciertos riesgos y no estaban bien gestionadas. Las instituciones de beneficencia sólo atendían a los incapacitados (por accidentes de trabajo o por edad) y, en algunos países, el internamiento en estos centros los estigmatizaba, e incluso suponía la pérdida del derecho al voto. Las instituciones del Estado del Bienestar surgieron por la presión de los sindicatos obreros ante la indefensión y explotación laboral de los trabajadores. También contribuyó el establecimiento del sufragio universal masculino, que abría las posibilidades electorales a los partidos socialistas gracias al voto de los obreros. Los primeros seguros sociales fueron creados por Bismarck con dos objetivos: legitimar al Reich alemán y frenar el avance del partido socialista. Alemania fue el primer país en establecer el seguro de accidentes de trabajo en la industria (1871) y el seguro sanitario (1883). Francia fue el primer país en introducir el seguro de desempleo (1905). Reino Unido estableció en 1908 los seguros de desempleo y jubilación; en 1909 el salario mínimo en la industria; y en 1911 el seguro de enfermedad. Otro de los aspectos que definieron el nuevo papel adoptado por el Estado en este período fue la regulación del mercado de trabajo debido a las reivindicaciones de los sindicatos. La Ley de Fábricas inglesa de 1833 prohibía el trabajo de menores. La Ley de Talleres y Fábricas de 1878 limitó el trabajo de los niños mayores de 10 años a 30 horas semanales en las fábricas textiles. Por otra parte, las jornadas laborales excedían habitualmente las doce horas. La Ley de Fábricas de 1844, inglesa, fue la primera que reguló el trabajo de los adultos: redujo la jornada de las mujeres de 18 a 12 horas y prohibía su trabajo nocturno.