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Historia tema 2 de publicidad y rrpp ua
Tipo: Apuntes
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Tras la una primera fase de industrialización iniciada en Inglaterra (a la que se sumaron otros países), a partir de 1875 el proceso se intensifica, lo que ha llevado a los historiadores a hablar de una "Segunda Revolución Industrial". Esta etapa durará hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Varios rasgos caracterizaron esta etapa:
La segunda industrialización es el resultado de la evolución hacia un nuevo modelo de crecimiento económico diferente al de la primera industrialización. Los rasgos característicos de esta Segunda Revolución Tecnológica se consolidaron a partir de 1870 y afectaron tanto a las economías nacionales como a las relaciones internacionales. Entre los cambios en el interior de las naciones industrializadas destacan:
gobiernos para que protegieran sus economías de la competencia exterior. Las tensiones entre las principales potencias industriales (Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Japón, Italia y Rusia), manifestadas en conflictos locales, finalmente desencadenarían la Primera Guerra Mundial después de una etapa de creciente militarización. 2.2. Proceso de convergencia y revolución de los transportes El período 1870-1913 se caracterizó por la intensificación de la convergencia de las economías atlánticas, causada por la integración de los mercados de productos y de factores (trabajo y capital), acompañada de un retroceso del librecambismo que se había extendido por iniciativa británica a partir de 1850. La convergencia se reflejó en la reducción de las diferencias de los precios agrarios e industriales entre América y Europa y, también, en la aproximación de los bajos salarios europeos (Europa era abundante en factor trabajo) a los más elevados de América. Aunque no llegaron a igualarse, en 1913 la diferencia entre los salarios reales de Estados Unidos y Gran Bretaña era de un 70 por ciento, una diferencia que sin las fuertes migraciones hubiera sido mucho mayor. Con otras variables, como el PIB per cápita o la producción por trabajador, también se observa una convergencia, pero más lenta. La convergencia también tuvo lugar en Europa , donde los países atrasados se acercaban a los líderes industriales, pero fue un fenómeno muy modesto. Se mantuvo la distinción entre un área central (Gran Bretaña, Bélgica, Francia y Alemania) y una periferia menos desarrollada, pero con evoluciones diferenciadas: los países del sur y del este del continente apenas recuperaron terreno y profundizaron su atraso, mientras que los países escandinavos experimentaron un notable crecimiento económico. La convergencia de precios igualmente se dio entre Europa y Asia , formándose un mercado mundial de cereales (trigo y arroz). Un hecho diferencial de la primera globalización, posterior a 1870, fue que la integración de los mercados se debió al progreso en los transportes. El descenso del coste del transporte acabaría provocando un aumento de la protección arancelaria, como respuesta defensiva de los agricultores europeos y de los industriales norteamericanos. La revolución de los transportes y de las comunicaciones explica el crecimiento del comercio internacional y las migraciones masivas de personas y capital.
En el transporte terrestre la extensión de las redes ferroviarias unificó los mercados nacionales y permitió trasladar mercancías pesadas y voluminosas hacia las costas para su exportación. El descenso de los costes de transporte entre el Medio Oeste y la Costa Este de Estados Unidos fue más determinante que la caída de los fletes marítimos para determinar las diferencias de precios entre los mercados productores norteamericanos y los consumidores europeos de trigo. En Europa también se redujeron los costes del transporte y se impulsó la formación de los mercados nacionales, antes que los internacionales, porque los costes del transporte terrestre descendieron más que los marítimos. Esto fue posible, además de por la extensión de las redes ferroviarias, a la desaparición de las barreras arancelarias interiores gracias a la unificación política (Alemania, Italia, Imperio Austro-Húngaro) y a la aplicación de políticas integradoras después del triunfo de las revoluciones liberales. En cuanto al transporte marítimo , desde 1865 los buques de vapor monopolizaron el transporte de personas y mercancías valiosas. La navegación marítima se benefició de la competencia entre los barcos de vela (clippers) y los buques de vapor. Estos se impusieron por dos motivos: a) la apertura del canal de Suez en 1869, que acortó el trayecto desde Europa hasta Asia y Oceanía y restó importancia al factor viento; y b) las innovaciones industriales que permitieron, por ejemplo, la sustitución de los cascos de madera por los de hierro o acero y el desarrollo de motores más potentes. Finalmente, innovaciones como la refrigeración permitieron desde la década de 1870 transportar carne y otros productos perecederos, abriendo a estos productos nuevos mercados antes inaccesibles. Gran Bretaña mantuvo el liderazgo en el transporte marítimo y en la industria de construcción naval. Las nuevas necesidades del transporte marítimo obligaron a los gobiernos a realizar fuertes inversiones en la adaptación y modernización de los puertos para acoger el nuevo modelo de tráfico (muelles más grandes…). 2.3. Las transformaciones en el comercio internacional. Del mercantilismo al librecambismo. Hasta 1846 en Europa predominaba la política mercantilista. Adam Smith y David Ricardo creían que el librecambio favorecía la mejora del comercio, la especialización y potenciaba el crecimiento. El librecambismo se vio en Gran Bretaña beneficiado por los siguientes cambios:
Las causas del auge del comercio internacional:
(emigraciones de chinos e indios), con el resultado de bajos salarios. Además, algunos de esos países exportadores se vieron perjudicados cuando los países europeos y de reciente colonización comenzaron a producir y exportar esos mismos productos o sus sustitutos artificiales: Estados Unidos fue el principal productor de algodón y tabaco; Japón también exportó seda y té; los tintes sintéticos colapsaron las exportaciones de índigo y otros colorantes de la India. El resultado fue que los países tropicales que se especializaron en productos agrarios vieron como sus exportaciones tendieron a disminuir en un contexto de caída de precios. También cambiaron las ventajas comparativas de las manufacturas. En 1870 Gran Bretaña era el principal productor mundial de bienes industriales, pero en 1913 ya había sido sobrepasado por Estados Unidos y, en menor medida, por Alemania en los sectores característicos de la Segunda Revolución Industrial: siderúrgico, químico y eléctrico. A pesar de lo anterior, Gran Bretaña era todavía un país más industrializado que Alemania en términos de población activa. Por su parte, Estados Unidos exportaba grandes cantidades de trigo, carne y materias primas (algodón y tabaco). El país ascendió al liderazgo económico mundial sobre la base de una abundante dotación de recursos naturales y un marco institucional de corte liberal favorable al crecimiento. La s causas de la decadencia británica a partir de 1870 están en el incremento de la competencia mundial derivada de la difusión de la industrialización y en el auge del proteccionismo , que dificultaron las exportaciones británicas. Además, la economía británica adoptó con timidez las nuevas tecnologías y procedimientos propios de la segunda industrialización, lo que se tradujo en pérdida de competitividad y en menor crecimiento. Se mantuvo aferrada a los métodos productivos y las antiguas tecnologías e infraestructuras propias de la Primera Revolución Industrial; a la obsolescencia técnica se sumó el atraso institucional en el sistema financiero, en la organización empresarial (basada todavía en el capitalismo personal) y en las políticas económicas (escasa intervención estatal). Otro factor que se ha mencionado es el de los costes de mantener un vasto imperio y el liderazgo internacional, lo que la obligaba a grandes gastos en defensa. La exclusividad en el acceso a los mercados coloniales facilitó la supervivencia de una industria menos competitiva y retrasó la reconversión de la industria británica hacia los sectores y las prácticas de la Segunda Revolución Tecnológica. 2.4. Las migraciones transoceánicas de trabajadores
2.5.1. El destino de las inversiones europeas El capital procedía de Europa occidental: Reino Unido principalmente, pero también Francia y Alemania. Londres era el centro del mercado internacional de capitales. La transferencia de capitales se justificaba por los mayores rendimientos que se obtenían en el extranjero por la alta demanda de inversión, exigida por los ingentes recursos empleados (tecnología y trabajo) en la explotación de nuevas tierras, como ocurrió en el caso de los Estados Unidos con la colonización de la “frontera”. Entre 1870 y 1913 Los capitales europeos se dirigieron a países con abundantes recursos naturales y escasez de factor trabajo, y NO a las zonas más pobres de Europa, las colonias africanas y los países asiáticos, que tenían trabajo abundante y salarios bajos debido a la menor productividad de los trabajadores por las cuestiones culturales, los factores ambientales y el deficiente entorno institucional. En el caso europeo, las inversiones extranjeras en los países escandinavos impulsaron su desarrollo y convergencia con las naciones industrializadas, mientras que países como Italia y España eran exportadores netos de capital, lo que contribuyó a su divergencia. La dependencia del capital exterior era muy alta entre los países receptores. Los flujos de capital se materializaron en inversiones en cartera, es decir, en la compra de deuda emitida por instituciones públicas y empresas privadas. Los británicos adquirían acciones y, principalmente, bonos emitidos en la City londinense por emisores extranjeros, generalmente gobiernos. Estos fondos se destinaron a inversiones en capital social fijo: ferrocarriles, puertos, servicios municipales y teléfonos. Las inversiones destinadas a actividades coloniales (caucho, té, café) fueron muy inferiores. 2.5.2. La inversión extranjera y el entorno institucional La inversión internacional acudía a los países con instituciones similares a las europeas porque previamente habían sido colonias suyas. En los restantes países los acreedores se encontraban con mayores riesgos y exigieron con frecuencia la intervención de los gobiernos europeos. En el caso de Estados Unidos, aunque había recibido cuantiosos capitales de Europa, había invertido en el Caribe y América Latina estableciendo monopolios de explotación de ciertas zonas para empresas norteamericanas a cambio de que éstas concedieran empréstitos a los gobiernos, estableciendo de hecho un área de influencia económica y política. Japón, por su parte, aprovechó las inversiones extranjeras para fomentar el crecimiento económico sin perder el control de los recursos nacionales. 2.5.3. Las inversiones directas y las primeras multinacionales
La primera expansión de las empresas multinacionales fue meramente comercial, estableciendo sucursales de venta. Luego se instalaron filiales y fábricas para sortear las barreras arancelarias, reducir los costes de transporte y facilitar la distribución, aprovechando las ventajas de los modernos sistemas de comunicación que permitían el control a distancia de las filiales. Estas compañías dependían de su reputación comercial y preferían fabricar directamente sus productos, ya que no confiaban en contratistas locales. Las multinacionales norteamericanas salieron al exterior cuando tenían ya un gran tamaño gracias a la integración del mercado nacional, basada en el ferrocarril y el telégrafo. Algunas como Coca-Cola, Ford, General Electric o Singer establecieron fábricas en el extranjero entre 1890 y 1913, especialmente en Gran Bretaña, Canadá y Alemania. También surgieron grandes empresas en Gran Bretaña, Alemania (Bayer, Siemens, etc.), Francia (Michelin), Suiza (Nestlé), Suecia, Italia (Fiat) y Holanda (Philips).
El patrón oro conoció su etapa de apogeo a partir de 1872, cuando las principales potencias europeas siguieron a Gran Bretaña e incorporaron el oro como base de su masa monetaria. La mayor parte de los países atrasados mantuvieron, sin embargo, el patrón plata. El patrón oro era un sistema de cambios fijos que establecía una paridades oficiales de las divisas frente al oro. Exigía la convertibilidad de los billetes en oro a la paridad oficial, el mantenimiento de un encaje de oro en el banco central proporcional a los billetes emitidos, y la libertad para fundir, importar y exportar el metal en barras o en monedas. El oro debía tener el mismo valor en todos los países del club del oro (con las diferencias del precio del transporte y seguros) y la oferta mundial de oro debía determinar la oferta monetaria y los precios mundiales. A finales del siglo XIX se descubrieron nuevos yacimientos (Sudáfrica, Alaska) que aumentaron la disponibilidad de metal y, por tanto, la oferta monetaria, lo que arrastró los precios al alza. Esto avala la teoría cuantitativa del dinero, aunque en la subida de precios también influyeron otros factores como el proteccionismo o el control de los mercados ejercido por los cárteles. El patrón oro facilitó los movimientos internacionales de capital al reducir el riesgo de cambio y porque imponía rigurosas políticas fiscales y monetarias para mantener la paridad, objetivo básico del sistema. Los gobiernos perdían la autonomía en su política monetaria y el control de los tipos de interés. Además no se podían ajustar las crisis económicas recurriendo a las devaluaciones sino aumentando los tipos de interés, lo que se traducía en disminuciones de la renta y el empleo. La teoría del patrón oro señalaba que un superávit en la balanza de pagos implicaba un aumento de las reservas de oro del país y requería que el banco
En todo caso, la globalización tuvo indiscutibles beneficios (creció la riqueza de forma general), pero también generó sectores perjudicados. Los grupos sociales cuyos ingresos disminuyeron por el nuevo marco de competencia mundial se defendieron políticamente. Hubo tres desencadenantes de la reacción contra los efectos de la globalización: a) La “ gran depresión agraria ” europea, provocada por la llegada de cereales baratos de América y Ucrania, que redujo la renta de los propietarios y los ingresos de los campesinos b) La inmigración masiva que redujo los niveles de vida en el Nuevo Mundo c) Las exportaciones de manufacturas europeas que impedían el desarrollo de las industrias nacientes en América La reacción generalizada fue una vuelta al proteccionismo (excepto Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca, que mantuvieron el librecambismo) y el establecimiento de restricciones a la inmigración en los países de América. Los gobiernos de las naciones industrializadas siguieron políticas intervencionistas dirigidas a fomentar el crecimiento de sus sectores secundarios, mediante la aplicación de altos aranceles, subvenciones a las exportaciones y las inversiones en infraestructuras y en desarrollo industrial. 2.6.1. La política proteccionista e industrialista Tiene una base teórica en List “Las industrias nacientes” dice que en la fase inicial una industria necesita proteccionismo para poder crecer. Gran Bretaña: Dada su supremacía mundial, obtenida gracias a su competitividad industrial, Gran Bretaña estableció el librecambio en 1846 y lo consolidó en 1860 con el tratado comercial Cobden-Chevalier, firmado con Francia. Este giro suponía el triunfo de los economistas clásicos frente a los mercantilistas. Pero cuando la ventaja competitiva de la industria británica comenzó a ser amenazada por Estados Unidos y Alemania, a partir de 1880, los industriales empezaron a pedir la vuelta del proteccionismo, produciéndose un debate virulento a principios del siglo XX. Gran Bretaña trató de impedir el desarrollo de las manufacturas en los países dependientes a través de los tratados desiguales que imponían unos topes arancelarios del 5 por ciento privándoles de soberanía arancelaria y obligándoles, de hecho, a ser librecambistas. A mediados del siglo XIX, estos tratados se extendieron por Asia (China, Japón, Tailandia, Corea e India), y por Oriente
Próximo (Persia y Turquía). Estos países sólo pudieron recuperar su soberanía arancelaria e industrialista en general después de 1913. Alemania : Desde su unificación política y durante el Segundo Imperio (1871-1914) la política industrial alemana se centró en los aranceles, el apoyo estatal a la iniciativa privada y la legalización de los cárteles industriales (desde 1890). Además aplicó una política de protección social que contuvo las reivindicaciones de los trabajadores. En Alemania desempeñaron un papel importante los bancos mixtos que desarrollaron conjuntamente la banca comercial (créditos a corto plazo) y la banca industrial (financiación a largo plazo a las empresas), contribuyendo a la creación y gestión de empresas, pues eran accionistas y tenían representación en los consejos de administración, y a la formación de cárteles. Asimismo el Banco Central (Reichsbank) fue más intervencionista que otros de su clase actuando como prestamista en última instancia en las crisis bancarias. Este conglomerado institucional llevó a Alemania a un capitalismo cooperativo y organizado frente al modelo inglés, más personal y competitivo. Bancos y cárteles fueron fundamentales para el nacimiento de los grandes emporios industriales característicos de la segunda revolución industrial. Estados Unidos: La política de protección a la industria naciente se utilizó intensamente en este país, donde surgió el proteccionismo moderno de la mano de Alexander Hamilton. El proteccionismo permitió el desarrollo de la industria textil y siderúrgica favoreciendo el intenso crecimiento económico entre 1870 y 1910, también propiciado por otras políticas estatales como el apoyo a la investigación agrícola, el gasto público en educación y las subvenciones a las compañías ferroviarias. De hecho la gran empresa industrial moderna nació en Estados Unidos durante la construcción de las grandes líneas ferroviarias de 1850 a 1870, ya que las compañías constructoras del ferrocarril exigían unos niveles de financiación, coordinación y planificación de dimensiones desconocidas hasta entonces. Desde 1870 se difundieron los métodos de producción en masa, con la estandarización de las piezas, fundamentalmente en la industria de las armas, de maquinaria agrícola y de máquinas de coser. En los años ochenta surgieron las grandes empresas en los sectores líderes de la segunda industrialización: telégrafos y teléfonos, acero, electricidad, química y automóvil ( Ford). Este último sector fue el más innovador en cuanto a la organización de la producción, ya en 1913 introdujo la cadena de montaje que redujo los costes de producción y los precios de los automóviles, generalizando su uso entre la población. La importancia de la gran empresa condicionó el desarrollo de la banca y el Estado. Presionado por las grandes
Los países más desarrollados iniciaron una política colonizadora muy agresiva en África, Asia y Oceanía, con el objetivo de explotar los recursos naturales de los territorios que aún permanecían sin ocupar. La causa era la necesidad de materias primas de una industria en transformación, además del prestigio que aportaba la posesión de un imperio colonial. Fueron mucho menos importantes las colonias como mercado consumidor de manufacturas o como destino de colonos. 2.7. Las lentas mejoras del marco institucional Las relaciones entre la industrialización y las instituciones quedan claras en los países que llevaron a cabo este proceso en el período 1870-1913. Nos detendremos en las siguientes cuestiones institucionales:
las economías crecientes de escala tendían a reducir o incluso a eliminar la competencia (caso de Alfred Nobel y la dinamita). La integración podía ser horizontal o vertical. El modelo horizontal, o cártel, era más característico de Europa (en especial de Alemania) y se extendió en sectores como el carbón, la química, la electricidad y la metalurgia. El modelo vertical, o trust, era más propio de Estados Unidos, donde se establecieron medidas antitrust desde 1890, aunque con escasa efectividad dado el enorme poder de las grandes corporaciones que había detrás de los trusts y de su política de fusiones. 4. El nuevo papel del Estado El patrón oro y el equilibrio presupuestario fueron los dos pilares de la política económica del período que se reforzaron mutuamente. El mayor intervencionismo del Estado implicó, en algunos países, un mayor volumen de gasto público en relación al PIB. A finales de siglo se empezaron a poner los cimientos del futuro Estado del Bienestar con el surgimiento de los seguros sociales. La falta de sistemas de seguridad social había agravado las tensiones sociales y radicalizado las reivindicaciones del movimiento obrero. Hasta entonces sólo se habían establecido instituciones de beneficencia, cajas de ahorros, montes de piedad y mutuas obreras, que facilitaban ayudas a las clases trabajadoras pero que solo cubrían ciertos riesgos y no estaban bien gestionadas. Las instituciones de beneficencia sólo atendían a los incapacitados (por accidentes de trabajo o por edad) y, en algunos países, el internamiento en estos centros los estigmatizaba, e incluso suponía la pérdida del derecho al voto. Las instituciones del Estado del Bienestar surgieron por la presión de los sindicatos obreros ante la indefensión y explotación laboral de los trabajadores. También contribuyó el establecimiento del sufragio universal masculino, que abría las posibilidades electorales a los partidos socialistas gracias al voto de los obreros. Los primeros seguros sociales fueron creados por Bismarck con dos objetivos: legitimar al Reich alemán y frenar el avance del partido socialista. Alemania fue el primer país en establecer el seguro de accidentes de trabajo en la industria (1871) y el seguro sanitario (1883). Francia fue el primer país en introducir el seguro de desempleo (1905). Reino Unido estableció en 1908 los seguros de desempleo y jubilación; en 1909 el salario mínimo en la industria; y en 1911 el seguro de enfermedad. Otro de los aspectos que definieron el nuevo papel adoptado por el Estado en este período fue la regulación del mercado de trabajo debido a las reivindicaciones de los sindicatos. La Ley de Fábricas inglesa de 1833 prohibía el trabajo de menores. La Ley de Talleres y Fábricas de 1878 limitó el trabajo de los niños mayores de 10 años a 30 horas semanales en las fábricas textiles. Por otra parte, las jornadas laborales excedían habitualmente las doce horas. La Ley de Fábricas de 1844, inglesa, fue la primera que reguló el trabajo de los adultos: redujo la jornada de las mujeres de 18 a 12 horas y prohibía su trabajo nocturno.