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LECCIÓN 9 16/17, Apuntes de Historia del Derecho

Asignatura: Historia del Derecho, Profesor: Patricia Zambrana, Carrera: Derecho, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 19/03/2017

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helena099 🇪🇸

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LECCIÓN 9: INSTITUCIONES POLÍTICO
ADMINISTRATIVAS DE LA ESPAÑA MUSULMANA
1. EL ESTADO ISLÁMICO DE AL-ÁNDALUS. ÓRGANOS CENTRALES
DE GOBIERNO. LA CORTE. EL HACHIB. LOS VISIRES.
A. Características generales
Desde la llegada de los musulmanes hasta mediados del s VIII, Al-Ándalus formó parte
del Imperio Islámico con capital en Damasco. Administrativamente dependió de a provincia
del Magreb. El califa o las autoridades de la provincia africana designaron a los sucesivos
gobernadores o valíes, quienes incluso fueron elegidos por los invasores algunas veces.
Desde una perspectiva política hay que destacar lo efímero de su gestión, su carácter
dominante de jefes militares y la dependencia ostensible con respecto a la gran
construcción imperial del califato Omeya.
La gran crisis del año 750, cuando es asesinado el último califa de Damasco, provoca
graves consecuencias para el mundo musulmán en general y para Al-Ándalus. Un omeya,
Abd-al-Rahmán I logra huir y seis años después convierte Al-Ándalus en un emirato. Él y
sus sucesores son soberanos independientes y mantienen una ficticia supeditación a la
supremacía religiosa del califa. Con Abd-al-Rahmán II, Al-Ándalus se convierte en emirato
independiente y el monarca es el eje de todo el sistema político, estableciendo la jerarquía
de las magistraturas de gobierno, y centraliza la administración y fortalece el ejército.
B. Órgano central de Gobierno: La Corte.
-Designación y juramento: En el Estado Islámico, la sucesión al trono aparece
regulada mediante una ambigua síntesis de principios electivos y hereditarios. En la
práctica, predominó en la monarquía omeya el sistema hereditario, con lo que emires y
califas nombraron en vida a aquéllos que habían de sucederles. Los altos dignatarios de la
corte se limitarían al reconocimiento formal del heredero. En algunas ocasiones, sin
embargo, esos personajes eligen al monarca en razón de acuerdos políticos o por medio
de intrigas palaciegas.
La primogenitura no se respetó entre los omeyas ni en los reinos de taifas, y sí en el
gobierno de almorávides y almohades. La sucesión al trono no fue irregular en la
monarquía nazarí de Granada, donde adolescentes e incluso niños (Muhammad IV)
obtuvieron la dignidad regia.
Tras la proclamación del emir o califa, tiene lugar el solemne juramento de fidelidad.
Siguiendo ritos orientales, quien jura coloca su mano sobre la del receptor y pronuncia
unas palabras cargadas de sentido religioso, alabando a Alá y Mahoma y evocando a
algunos casos la lealtad y obediencia que dispensaron al Profeta sus propios compañeros.
-Poder Supremo: El príncipe es un monarca autócrata que goza de plenos poderes. Es
el supremo magistrado político, jefe del ejército, máxima autoridad financiera, última
instancia judicial y, en caso de los califas, líder espiritual de la comunidad creyente. No
existen normas o instituciones limitadores de ese poder absoluto. El príncipe islámico
dirige en consecuencia la vida política, nombra embajadores y recibe altos legatarios
extranjeros, designa y separa a los miembros de la administración, manda los ejércitos a la
guerra, proclama sentencias inapelables, acuña moneda y administra finanzas públicas.
Es el máximo jefe espiritual y temporal.
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LECCIÓN 9: INSTITUCIONES POLÍTICO

ADMINISTRATIVAS DE LA ESPAÑA MUSULMANA

1. EL ESTADO ISLÁMICO DE AL-ÁNDALUS. ÓRGANOS CENTRALES

DE GOBIERNO. LA CORTE. EL HACHIB. LOS VISIRES.

A. Características generales

Desde la llegada de los musulmanes hasta mediados del s VIII, Al-Ándalus formó parte del Imperio Islámico con capital en Damasco. Administrativamente dependió de a provincia del Magreb. El califa o las autoridades de la provincia africana designaron a los sucesivos gobernadores o valíes, quienes incluso fueron elegidos por los invasores algunas veces. Desde una perspectiva política hay que destacar lo efímero de su gestión, su carácter dominante de jefes militares y la dependencia ostensible con respecto a la gran construcción imperial del califato Omeya. La gran crisis del año 750, cuando es asesinado el último califa de Damasco, provoca graves consecuencias para el mundo musulmán en general y para Al-Ándalus. Un omeya, Abd-al-Rahmán I logra huir y seis años después convierte Al-Ándalus en un emirato. Él y sus sucesores son soberanos independientes y mantienen una ficticia supeditación a la supremacía religiosa del califa. Con Abd-al-Rahmán II, Al-Ándalus se convierte en emirato independiente y el monarca es el eje de todo el sistema político, estableciendo la jerarquía de las magistraturas de gobierno, y centraliza la administración y fortalece el ejército.

B. Órgano central de Gobierno: La Corte.

-Designación y juramento: En el Estado Islámico, la sucesión al trono aparece regulada mediante una ambigua síntesis de principios electivos y hereditarios. En la práctica, predominó en la monarquía omeya el sistema hereditario, con lo que emires y califas nombraron en vida a aquéllos que habían de sucederles. Los altos dignatarios de la corte se limitarían al reconocimiento formal del heredero. En algunas ocasiones, sin embargo, esos personajes eligen al monarca en razón de acuerdos políticos o por medio de intrigas palaciegas. La primogenitura no se respetó entre los omeyas ni en los reinos de taifas, y sí en el gobierno de almorávides y almohades. La sucesión al trono no fue irregular en la monarquía nazarí de Granada, donde adolescentes e incluso niños (Muhammad IV) obtuvieron la dignidad regia. Tras la proclamación del emir o califa, tiene lugar el solemne juramento de fidelidad. Siguiendo ritos orientales, quien jura coloca su mano sobre la del receptor y pronuncia unas palabras cargadas de sentido religioso, alabando a Alá y Mahoma y evocando a algunos casos la lealtad y obediencia que dispensaron al Profeta sus propios compañeros.

-Poder Supremo: El príncipe es un monarca autócrata que goza de plenos poderes. Es el supremo magistrado político, jefe del ejército, máxima autoridad financiera, última instancia judicial y, en caso de los califas, líder espiritual de la comunidad creyente. No existen normas o instituciones limitadores de ese poder absoluto. El príncipe islámico dirige en consecuencia la vida política, nombra embajadores y recibe altos legatarios extranjeros, designa y separa a los miembros de la administración, manda los ejércitos a la guerra, proclama sentencias inapelables, acuña moneda y administra finanzas públicas. Es el máximo jefe espiritual y temporal.

Tales prerrogativas y facultades fueron ejercidas de ordinario en toda su amplitud.

  • Conducta y símbolos regios: El emir o califa es un personaje inaccesible, que de ordinario no debe ser visto. El estilo cambió en el reino nazarí, cuyos soberanos se mostraron asequibles al pueblo, paseando incluso algunos de ellos, a pie o a caballo por las calles de Granada. La insignia más significativa fue el llamado “sello real”, o anillo de oro, con el lema del monarca. Esa leyenda de Alá también figuró en estandartes militares y en las telas de talleres regios. No se usó corona, pero sí turbante. Otro signo de realeza es el empleo de parasoles, de colores blancos para los omeyas y rojos con los nazaríes granadinos. Hasta Abd-al-Rahmán III, los soberanos musulmanes celebraron audiencias recostados. Cambió por su sucesor, quien ya recibía sentado en el trono.

C. Órgano central de Gobierno: Hachib y Visires.

Abd-al-Rahmán II fue el gran organizador del Estado musulmán; de acusado corte centralista al estilo de las monarquías orientales. La administración quedó reglada bajo principios rígidamente jerárquicos, con un gran número de funcionarios elegidos al arbitrio del soberano. Emires y califas, o reyes de taifas, encabezaron una compleja estructura administrativa, dirigida por ellos mismos o por el primer ministro cuando lo hubo. Los servicios centrales de la administración radican en el palacio o residencia real, y se componen de un conjunto de organismos y dependencias denominado diwan. Los oficios fueron desempeñados por altos dignatarios, agrupados por orden de gradación e importancia en la nómina de cargos conocida como jutta.

Los visire y el Hachib: Los grandes magnates cortesanos recibieron el título de visir. El tratamiento no constituía de por sí un oficio o un cargo autónomo, sino que era una dignidad sobreañadida a altos empleos civiles o militares, lo que significó que quienes recibían tal título no abandonaran de ordinario su puesto, aunque ascendían en la jerarquía social y mejoraban su situación económica. Avanzado el s XI, el título de visir perdió importancia debido a la excesiva frecuencia con que fue otorgado. Se fortaleció en cambio en los reinos de taifas, cobrando relieve:

Visirato de espada , concedido a destacados jefes militares. Se encarga de transmitir órdenes del monarca y cuidar de su observancia, distribuir los asuntos entre los funcionarios en razón de su competencia, o llevar a cabo misiones bélicas al frente de unidades diversas. >Visirato de pluma, que distinguía a poetas, escritores y hombres de letras. Las funciones del visir se proyectan en una triple vertiente de carácter administrativo, político y militar. Reelaboran en buen estilo literario las peticiones que los súbditos dirigen al soberano, y sobre todo redactan los diplomas reales y la correspondencia del monarca.

Sin embargo, el más importante de los visires fue el Hachib , o jefe de la casa civil del emir o califa, el cual en la época de Abd-al-Rahmán II aparecen como un auténtico primer ministro. El Hachib está directamente al frente de toda la administración, sustituye al soberano en las más altas cuestiones y despacha a diario con él. El nombramiento de hachib tuvo lugar entre los que ostentaron título de visires. Si el soberano quería designar primer ministro a cualquier otra persona, podía de hecho hacerlo elevándole antes la dignidad del visirato. Al disponer el hachib de una pléyabe de agentes y espías, pudo dominar la vida política del reino y en la práctica incluso suplantar ocasionalmente al monarca.

-La primera etapa, en la que España dependiente del califato de Damasco , denominado Valiato (711-756). Tenía su sede en Siria y estaba vinculado a la familia de los Omeyas. En cuanto a territorio musulmán, España es una provincia islámica, gobernada por un valí (delegado del califa, que se encuentra al frente de la justicia, del gobierno, de la hacienda y del ejército). Sin embargo, los vínculos que van a unir esta nueva provincia islámica con la autoridad de Damasco, fueron muy débiles, de forma que los delegados del califa en España tuvieron una gran autonomía

-La segunda etapa es la etapa del Emirato (756-914). En torno al año 750, la sede del Califato había pasado de Siria a Irak, y la familia de los Omeyas es suplantada por la de los Abbasíes, ya que hay una terrible matanza en la que matan a todos los Omeyas, menos al príncipe Abd-al-Rahman, que logra escapar y se proclama Emir en Córdoba en el 756. Este funda un Estado musulmán con una estructura político-administrativa inspirada en el antiguo Califato de Damasco. Al-Andalus se constituye en un Estado independiente y el único vínculo que mantiene con el Estado Islámico es un cierto reconocimiento de una autoridad religiosa. A Abd-al-Rahman II, sucesor de Abd-al-Rahman I, se mantiene el mismo sistema político.

-La tercera etapa es la del Califato Omeya de Occidente con sede en Córdoba (914-1031), fundado por Abd-al-Rahman III. Este rompe los vínculos que unían el Estado Cordobés con el Oriente Islámico y en lo sucesivo se hace llamar Califa y Príncipe de los Creyentes, fundando en Córdoba el Califato Omeya de Occidente.

-La última etapa es la de los Reinos de Taifas , a partir del 1031, en el que se produce la desmembración del Estado Cordobés. Este Estado, que era una unidad, queda desmembrado en múltiples facciones llamadas Taifas e incluso impropiamente, se conocen como Reinos. Eran unidades políticas independientes a cuyo frente había unas autoridades que en un principio adoptan el título de Hachib, apareciendo desde el punto de vista jurídico como representantes del Califa.

Causas de la aparición:

1. Debilidad de la institución califal, y una cierta reacción popular contra ella.

2. Desgaste militar provocado en parte por la inclusión en el ejército de

mercenarios.

3. Lucha por evitar el pago de los impuestos debidos al califato, lo que ocasionó

revueltas populares e incluso de algunos sectores de la aristocracia.

4. Luchas de grupos y partidos políticos por el poder

5. Falta de vínculos comunes lo bastante sólidos como para unir a toda la

comunidad islámica (falta de sentimiento de unidad).

6. Falta de adaptación de las ideas islámicas a los nuevos tiempos.

7. Fuerza creciente de los nuevos reinos cristianos que se iban formando tras la

Reconquista.

Etapas de los Reinos de Taifas:

1.Primeras taifas: Dominación Almorávide (1086). Los almorávides eran un pueblo africano y desembarcan en la Península en el 1086, llamados por los Reyes de Taifas para que les ayudasen a detener el avance cristiano; sin embargo éstos, una vez en España,

suplantaron a las autoridades de los Taifas adquiriendo el dominio político, de forma que en torno al año 1094, tenían unificado todo el sur de la península bajo la autoridad del Emir de los almorávides que residía en Marruecos, el cual va a nombrar un valir en España al que se subordinan los gobernadores de las principales ciudades.

2.Segundas taifas: Dominación almohade (1146-1212, Batalla de las Navas de Tolosa). A mediados del s XII, los hispano-musulmanes se revelan y sustituyen el gobierno de los almorávides por el de reyes de nuevos territorios independientes que se conocen como Segundas Taifas. Los almohades habían desembarcado en la Península en el 1146 para combatir a los almorávides y acaban imponiéndose. En el año 1212, la derrota de los almohades en la Batalla de las Navas de Tolosa, supone el inicio de la crisis del dominio almohade, que culmina en torno al 1229.

3.Terceras Taifas (1229). En diversas ciudades, muchos señores hispano-musulmanes, constituyen las Terceras Taifas; sin embargo, estos señores reconocen la autoridad del Señor de Murcia, Ibn Hud, quien expulsa de manera definitiva a todos los almohades en el

  1. Un año más tarde, un árabe del linaje de los nazaríes, se alza contra el Señor de Murcia y funda una nueva taifa en Jaén, que más tarde se traslada a Granada. En 1236 se había conquistado Córdoba por Fernando III de Castilla, y en el 1238 se conquistó Valencia por Jaime I de Aragón; tras estas conquistas, las Terceras Taifas quedan reducidas a Sevilla, Málaga, Granada y Jaén, que se encuentran bajo el señorío nazarí de Muhammad ben al-Ahmar.

4.Este sería obligado en el 1246 a entregar Jaén a Castilla por un convenio mediante el cual se veía obligado a prestar vasallaje al monarca castellano a cambio de consolidar su dominio en Granada, constituyéndose a partir de ese año el Reino Nazarí de Granada , que se mantiene como Estado independiente hasta la conquista por los Reyes Católicos en 1492, que sería la última etapa de los Reinos de Taifas.

Constitución político-administrativa de los reinos de Taifas.

Se fundamenta en la autoridad de los que se encontraban al frente de cada taifa, los cuales sustentaban su poder en el apoyo de mercenarios y económicamente en impuestos que no estaban previstos ni por el Corán ni por la tradición. En un principio van a mantener una ficción de dependencia del Califa, y se hacen llamar Hachib , Sin embargo, con el tiempo fueron consolidando su poder y toman el título de Emir, Rey o Sultán. La organización de los primeros reinos de Taifas se inspira en el modelo del estado cordobés. La llegada de los almorávides supuso la incorporación de la España islámica al Imperio marroquí, quedando Al-Ándalus bajo el gobierno de un valir. Este mismo régimen se mantiene con los almohades y las terceras taifas vuelven al modelo de estado cordobés pero adaptado a las nuevas circunstancias. El Reino Nazarí de Granada se constituyó como estado vasallo del rey castellano, aunque sus autoridades no siempre respetaron este vasallaje.

Importancia cultural de las Taifas.

Hay que señalar que, en el campo cultural, las taifas tuvieron gran importancia siendo protectoras de las artes, las letras y las ciencias, a pesar de tratarse de una época de profunda decadencia política islámica.