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Asignatura: Psicología del Lenguaje, Profesor: David del Rio, Carrera: Psicología, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Carroll, D. W. (2006). Psicología del lenguaje (pp. 3-35; 375-476). Madrid: Thomson (4ª Ed).
CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN ASPECTOS DE LA PSICOLINGÜÍSTICA
El estudio psicológico del lenguaje se llama psicolingüística, y esta, forma parte de la ciencia cognitiva, una ciencia que estudia la mente y los procesos mentales. La psicolingüística es la integración de los campos de la psicología y la lingüística. La lingüística estudia el origen, estructura y utilización del lenguaje.
La psicolingüística se plantea dos cuestiones. La primera: ¿qué conocimientos lingüísticos debemos poseer para usar el lenguaje? Debemos establecer una distinción entre:
El estudio de las relaciones entre lenguaje y comportamiento social se llama sociolingüística.
Desde 1879, hasta principios del siglo XX, la psicología se definía como la ciencia de la vida mental. Contribuciones de WUNDT: Teoría sobre la producción lingüística: la oración es la principal unidad del lenguaje, y la producción del habla es la transformación de un proceso de pensamiento completo en segmentos de habla organizados de forma secuencial. HUEY: estudió el acto de la lectura desde la perspectiva de las capacidades perceptivas del ser humano. Estudios del lapso ojo-voz (espacio entre la posición del ojo y la voz cuando se lee en voz alta, unas seis o siete palabras) y del taquistoscopio (presenta EE visuales durante periodos de tiempo muy breves).
2.1. El conductismo y el comportamiento verbal
Primeras décadas siglo XX, oposición por la vida mental. 1920 El conductismo se convirtió en corriente dominante. Defendían el estudio del comportamiento objetivo, en animales de laboratorio, frente al estudio de los procesos mentales. Creían en la importancia de la experiencia a la hora de conformar la conducta. De los años 1920-1950, se mostró un mínimo interés por el lenguaje, los conductistas preferían hablar de comportamiento verbal. Sobre 1957, OSGOOD, desarrolló el diferencial semántico, medía los significados asociativos de las palabras pidiendo a varias personas que evaluaran palabras basándose en criterios como bueno/malo y fuerte/débil. L. BLOOMFIELD (discípulo de Wudt), publicó en 1933 una obra alejada de las teorías de Wundt y de la psicología. A partir de aquí la psicología y la lingüística se separaron.
2.2. Psicolingüística moderna
Principios de los años 50, psicólogos y lingüistas vuelven a intercambiar ideas. CHOMSKY se convierte en la figura más influyente de la lingüística del siglo XX. Jugó un papel esencial en la percepción del lenguaje desde el punto de vista psicológico, al afirmar que los principios conductistas relativos al lenguaje eran inapropiados. Argumentos:
Los análisis teóricos sobre el desarrollo del lenguaje hacían hincapié en el papel de los factores innatos. REBER habla de que los dos campos se diferencian por sus metodologías:
Las reglas de inserción léxica, permiten colocar palabras en la estructura que se ha creado. Toda la secuencia de reglas producida por la oración se conoce como derivación. Las reglas de la estructura sintagmática sirven para explicar un tipo de ambigüedad de oraciones llamada ambigüedad sintagmática.
No hay límites en el número de oraciones existentes en una lengua. Es la capacidad de crear y comprender emisiones nuevas. La mayoría de las teorías psicolingüísticas de la actualidad afirman que, en lugar de almacenar oraciones, guardamos reglas para crear oraciones. El número de reglas necesarias es finito, pero esas normas pueden combinarse de múltiples modos para formar un número ilimitado de oraciones. Reglas de recursividad: Relacionadas con la productividad, es una propiedad flexible del uso humano del lenguaje.
No todos los aspectos del lenguaje son productivos; algunos no se rigen por reglas, sino por, memorización.
El Lenguaje de Signos Americano (LSA) a diferencia del habla, se expresa de forma visual o espacial.
Algunas de las teorías se basan en personas que han sufrido lesiones en zonas de las regiones cerebrales asociadas a las funciones del lenguaje. Muestran patrones irregulares de conducta lingüística. Uno de los trastornos del lenguaje debidos a lesiones cerebrales se conoce como afasia.
Tendencia de una determinada función psicológica a surgir de un hemisferio, siendo el otro hemisferio incapaza o menos capaz de realizar esa función.
Las deficiencias lingüísticas están relacionadas con las lesiones del hemisferio cerebral izquierdo en mayor medida que con las del hemisferio derecho. La comunicación entre ambos hemisferios puede verse afectada tras la escisión del cuerpo calloso. La división del cerebro consistía en seccionar el cuerpo calloso de los pacientes humanos con el fin de impedir la propagación de la epilepsia de un lado del cerebro al otro. El comportamiento de los pacientes apenas se veía afectado. Los sistemas auditivos y táctil presentan un funcionamiento similar: el SN del ser humano es predominantemente contralatera l; una mitad del cerebro controla la mitad opuesta. El objetivo era ver qué capacidades están laterizadas a uno u otro lado del cerebro. El hemisferio derecho está más limitado a la hora de realizar tareas lingüísticas, pero, sí está capacitado para llevar a cabo actividades que requieren un análisis espacial. Tiene mecanismos semánticos muy rudimentarios, pero los mecanismos necesarios para extraer palabras sueltas de la memoria semántica están mucho más desarrollados. Además presenta deficiencias fonéticas. El hemisferio derecho es débil en cuanto a habilidades sintácticas y expresivas, pero está más capacitado en cuanto a procesos semánticos y de comprensión.
La tarea de escucha dicótica, consiste en la presentación simultánea de diferentes EE a los dos oídos. Desarrollada por BROADBENT para estudiar la atención, fue usada por primera vez por KIMURA para examinar las diferencias entre oídos y hemisferios. Descubrió que la memorización de materiales presentados verbalmente (dígitos) era superior en el oído derecho, y el reconocimiento de EE no verbales (melodías) era mejor el oído izquierdo. La información entrante en el oído derecho no sólo se proyecta al hemisferio izquierdo (vía contralateral), sino también al hemisferio derecho (vía ipsilateral). Las vías contralaterales, en presentaciones de tipo dicótico, bloquean a las ipsilaterales. En estudios aplicados a pacientes con cerebro dividido, existe una ventaja mayor del oído derecho con los EE del habla: resultados normales del oído derecho y aleatorios en caso del oído izquierdo. Sin embargo, la distinción entre EE lingüísticos y no verbales no permite predecir qué hemisferio controla el procesamiento en cada caso. El significado no es necesario para que el hemisferio izquierdo procese los EE del habla. BEVER afirmó que el hemisferio izquierdo prefiere procesar la información de forma relacional (activación de al menos dos representaciones distintas junto con cierta relación entre ambas), y el derecho usa un modo holístico (consiste en la activación de una sola representación mental de un E) de procesamiento.
Los sujetos normales usan las capacidades de ambos hemisferios para comprender y producir el lenguaje. El hemisferio derecho está mejor preparado para la pragmática del lenguaje. Detecta mejor el factor sorpresa, mientras que el izquierdo destaca a la hora de preservar la coherencia. Por tanto, la apreciación del humor depende de ambos hemisferios. Consideramos brevemente todos los significados de una palabra ambigua, pero suprimimos los significados inapropiados con rapidez. Esto es característico del hemisferio izquierdo. La activación expandida automática se produce en ambos hemisferios, pero sólo el hemisferio izquierdo realiza un procesamiento controlado (suprime los significados inapropiados). Según CHIARELLO tenemos dos sistemas semánticos, uno en cada hemisferio, que usamos para interpretar el significado lingüístico. El izquierdo se decanta por un significado, mientras que el derecho
mantiene significados alternativos durante un periodo de tiempo más prolongado. La eficacia del hemisferio izquierdo puede servir de gran utilidad, pero cuando se ha seleccionado el significado erróneo, el hemisferio derecho puede tener más facilidad para acceder al significado correcto.
LENNEBERG afirma que las diferencias se desarrollan a lo largo de la infancia y alcanzan sus características adultas en la pubertad. El hemisferio derecho puede compensar las lesiones del hemisferio izquierdo antes de la pubertad, pero no después.
Los resultados de los estudios indican que la lateralidad es congénita. La asimetría hemisférica está presente al nacer. Es posible que la capacidad cerebral de reorganización disminuya con el tiempo.
Existen multitud de especulaciones acerca de los orígenes del lenguaje. Por ello, la Sociedad Lingüística de París, censuró los estudios acerca del origen del lenguaje. La rama de especies que llego hasta los seres humanos es la de los homínidos, pertenecemos al orden de los primates. La teoría darwiniana afirma que las especies desarrollan comportamientos y estructuras físicas que aumentan su capacidad de adaptación. Los estudios de campo sobre el comportamiento comunicativo animal indican que nuestros “vecinos” evolutivos carecen de cualquier sistema parecido a un lenguaje en su hábitat natural.
Puede dividirse en tres grupos. El primero de ellos comprende los intentos de enseñar el habla a los chimpancés. El aparato vocal de los chimpancés no está preparado para producir sonidos del habla, por lo que no tuvieron éxito. El segundo grupo está formado por programas en los que el sistema de comunicación no estaba claramente definido desde el punto de vista de la lingüística. PREMACK, empleó fichas con símbolos para enseñar a un chimpancé una serie de conceptos lógicos. Un tercer grupo sería la destreza manual de estos animales para enseñarles el LSA.
de edad los bebés ya han empezado a clasificar los sonidos de su propio idioma, de forma parecida a como lo hacen los adultos. A los once meses, comprenden 50 o más palabras.
A mediados de su primer año de vida, los bebés empiezan a balbucear. A principios de su segundo año de vida, el balbuceo prelingüístico da paso a las palabras. Hay distintas restricciones que influyen sobre la comprensión y la producción de una forma particular.
La forma en que las personas relacionan las palabras con sus referentes y sus significados es objeto de estudio del desarrollo semántico. Existen límites a los tipos de significados de las primeras palabras, su vocabulario refleja su vida cotidiana. Cuando llegan a la edad escolar, las palabras de los niños se van haciendo cada vez más complejas e interconectadas, y los niños obtienen un nuevo tipo de conocimiento: la conciencia metalingüística. Esta capacidad hace que sea posible que puedan pensar sobre su idioma.
En el transcurso de su segundo año de vida, la mayoría de los niños avanzan a una fase de combinaciones de dos palabras. Las palabras que decían en la fase de una sola palabra se combinan ahora en expresiones telegráficas, sin artículos, preposiciones, flexiones. En todas partes del mundo los niños de esta edad expresan el mismo tipo de pensamientos e intenciones con el mismo tipo de expresiones. El lenguaje de los niños pequeños se centran en el aquí y ahora. Cuando han aprendido los plurales y pasados regulares. Se inventan algunas formas sobrerregularizadas.
El desarrollo del lenguaje comporta la adquisición de la capacidad de usar correctamente el lenguaje en múltiples situaciones sociales. El sistema de reglas que dicta la forma en que se utiliza el lenguaje para lograr fines sociales se conoce como pragmática. Un individuo que adquiere la fonología, morfología, sintaxis y semántica de un idioma ha adquirido una competencia lingüística. Los hablantes también deben adquirir una competencia comunicativa que abarca la capacidad de utilizar correctamente el lenguaje en diversas situaciones. Durante los años preescolares, aprenden a realizar una serie de actos del habla.
Existen tres perspectivas interaccionistas sobre cómo adquieren el lenguaje:
Se han encontrado diferencias individuales en casi todas las facetas. En la adquisición de la fonología algunos niños son conservadores y evitan las palabras cuya pronunciación les resulta difícil; otros están dispuestos a arriesgarse. También existen diferencias en el inicio del habla, el ritmo al que se desarrolla el lenguaje y el estilo de lenguaje usado por el niño. Los bebés tienen distinto carácter y distinto estilo cognitivo.
Hay circunstancias que pueden provocar un desarrollo atípico del lenguaje; por ejemplo, problemas sensoriales como la sordera, los niños con autismo…etc. Otros tienen problemas para producir el habla, a pesar de que su representación interna esté intacta.
El habla con los compañeros es distinta del habla con los padres, y suele ser humorística e inventiva. Los nuevos logros cognitivos en los años escolares posibilitan que los niños hablen de formas que no podían haber utilizado cuando estaban en edad preescolar. Para tener éxito en el colegio, los niños tienen que aprender a usar un lenguaje descontextualizado: un lenguaje que no está vinculado al aquí y al ahora. La alfabetización marca un importante hito en el desarrollo de los niños y requiere tanto sus capacidades metalingüísticas como sus nuevas habilidades para utilizar el lenguaje descontextualizado.
Una de las principales tareas de los jóvenes es la creación de una identidad: hacerse una idea de quiénes son. Otros objetivos psicológicos que requieren tanto habilidades lingüísticas nuevas o ampliadas incluyen tanto la incorporación al mundo laboral como la creación de relaciones íntimas con otros adultos. Con el avance de la edad se producen cambios lingüísticos. Es inevitable que se produzcan ciertas dificultades para encontrar las palabras; la incapacidad de producir un nombre que tenemos en la punta de la lengua es un fenómeno que se hace cada vez más familiar a medida que se acerca la edad de jubilación. El vocabulario aumenta y la habilidad narrativa. El deterioro del lenguaje es grave en algunos casos, y se puede perder tanto la comprensión como el habla voluntaria.
Es difícil decidir si determinadas conductas son una comunicación intencional o no. Hay una serie de criterios para decidir si un bebé está realizando una comunicación intencional:
El bebé tiene la capacidad biológica de mostrar conductas y de desarrollar ciertas habilidades. Esta capacidad no se desarrollará plenamente sin determinados tipos de apoyos sociales.
El habla dirigida a los bebés suele ser bastante distinta a la dirigida a los adultos. Hay muchos aspectos que modificamos cuando se habla a los bebés y a los niños sin darnos cuenta. Una de las características más llamativas del habla dirigida a los bebés son los aspectos prosódicos, como hablar en un tono más agudo y más variable, y con una acentuación exagerada. Algunos investigadores han sugerido que estos patrones pueden ser una característica universal de la forma de hablar a los bebés. También hay diferencias del habla de bebé en las distintas culturas. Si los bebés responden de forma natural al habla que presenta determinadas características, es posible que los adultos utilicen estas características porque han descubierto, o saben de forma intuitiva, que los bebés les prestan más atención cuando lo hacen. Al atraer la atención del bebé, el adulto facilita el vínculo emocional entre cuidador y bebé. Cuando el bebé presta atención al sonido del habla de su cuidador, surgen oportunidades para procesar y comprender algunas facetas del habla muy anteriores a la aparición de las primeras palabras.
Los cuidadores hablan a sus bebés animándoles a participar. El principal objetivo de una madre al hablar con su bebé es tener una conversación con él. Incluso cuando el adulto sabe que el bebé todavía no comprende el lenguaje, se comporta como si la respuesta del bebé fuera un turno en la conversación. A los siete meses, cuando los bebés habían empezado a ser interlocutores más activos en las interacciones, las madres solo respondían a vocalizaciones de mayor calidad, como un balbuceo y no a los sonidos de un eructo. La interpretación que hace el adulto de las vocalizaciones del bebé puede ayudar a que este comprenda que la comunicación es posible. Los adultos interpretan las conductas de los bebés como conductas comunicativas mucho antes de que los niños tengan ninguna intención de comunicarse. La utilización del lenguaje de los cuidadores afecta, al ritmo de aprendizaje del lenguaje.
A los seis meses los bebés empiezan a mostrar interés por los objetos. A los más pequeños les atraen las interacciones cara a cara, pero al crecer se ven impulsados a investigar lo que les rodea. En este momento, los cuidadores cambian la estrategia de interacción con sus bebés, promoviendo el interés por los objetos al tiempo que mantienen las relaciones interpersonales explorando conjuntamente los objetos y sus posibilidades. A los nueve meses se produce un cambio en la cognición social de los bebés, empiezan a comprender que los demás son seres con intenciones, que tienen pensamientos y metas, y que se puede compartir la misma idea. Los hijos de las madres que fomentan la atención conjunta a los objetos y proporcionan los nombres de los mismos muestran un incremento de su vocabulario más rápidamente en el primer periodo de adquisición del lenguaje. Una mayor utilización de comentarios contingentes (comentarios realizados cuando la madre analizaba un objeto con un centro de atención conjunto) permite predecir mejor las habilidades lingüísticas a los doce, dieciocho y treinta meses. Cuando el cuidador utiliza comentarios contingentes, está iniciando un estilo interactivo verbalmente estimulante o sensible.
Pueden existir diferencias culturales en el patrón de atención conjunta a los objetos. Para la mayoría de los niños, la primera prueba de que se comprenden las palabras se da entre los ocho y los diez meses.
Los juegos y las rutinas pueden proporcionar formatos para el desarrollo de primeras señales de comunicación. Pueden ayudar al niño a hacer una idea de que es posible comunicarse y, a saber lo que se dice en determinadas situaciones de comunicación. Todas las culturas tienen formatos que facilitan la adquisición del lenguaje y la cultura. Otra situación muy estructurada es la lectura de libros con dibujos. La lectura del mismo libro una y otra y otra vez resulta útil porque, el niño aprende de las rutinas. Lo que el niño necesita es una situación estructurada con elementos repetidos.
El significado de una palabra se encuentra en los hablantes de un idioma común, y no en el mundo de los objetos. La palabra es un signo que remite a un referente, pero el referente no es el significado de la palabra. La relación entre el nombre del objeto es arbitraria. La relación arbitraria entre referente y el signo que lo representa es simbólica. En el caso de unas pocas palabras, la relación entre la palabra y el referente no es arbitraria, puesto que la palabra se parece al sonido. Es más fácil para los niños aprender una palabra que está relacionada con su referente que otra que es totalmente arbitraria y simbólica, y los niños pequeños creen que el nombre y el referente están intrínsecamente relacionados entre sí. Por ejemplo, si llamamos vaca a un perro, empezaría a mugir.
Aunque el significado es una representación mental, eso no implica que el significado sea una imagen mental. Muchas palabras, no tienen referentes imaginables y, aun así, conocemos su significado. Las personas que comparten un significado pueden tener imágenes internas muy distintas. El significado debe ser compartido por la comunidad. El significado es un constructo social.
Una de las primeras tareas del niño en el desarrollo semántico consiste en adquirir conceptos categóricos (por ejemplo, aprender que la palabra perro hacer referencia a toda una categoría de animales) y ser capaz de ampliar la palabra a nuevos casos adecuados de esa categoría. Los teóricos difieren en la adquisición de los conceptos categóricos, hay varios enfoques:
ejemplo, es posible que aprendan la palabra pelaje cuando la oyen utilizar junto a un objeto que conocen y marcada con una sintaxis posesiva: ¡Fíjate en el pelaje ese perro! Usan lo que oyen de los adultos y la información que estos les dan sobre su conducta para comprobar y revisar sus correspondencias entre nombre y referente.
A los dieciocho meses pueden establecer la correspondencia inicial entre la palabra y el referente tan solo tras unas pocas exposiciones a una nueva palabra, y a menudo sin una instrucción explícita por parte del adulto. Esto se conoce como emparejamiento rápido. A los dos años, pueden aprender los nombres con la misma eficacia mediante un aprendizaje accidental que por medio de la ostensión (se da explícitamente el nombre del objeto). Una teoría que explica esto es que, a falta de una denominación por parte de los adultos, pueden prestar más atención a la información semántica y gramatical incluida en lo que oyen.
Para poder determinar lo que sabe un niño de las reglas sintácticas en cierta fase, el investigador debe analizar todo el corpus de su habla buscando patrones y regularidades, y contrastar el lenguaje de esta fase con lo que hubo antes y lo que vendrá después. Los datos del habla espontánea son una fuente de información importante sobre los tipos de errores que cometen en las distintas fases del desarrollo gramatical; estos errores suelen ser los indicios más interesantes del conocimiento lingüístico subyacente del niño. Los estudios sobre el habla espontánea no revelan gran cosa sobre lo que el niño comprende o no.
Uno de los problemas más complejos de la adquisición del lenguaje es cómo descifrar el sistema. Una hipótesis importante es, si los adultos proporcionaran a los niños información en su forma de hablar sobre dónde se encuentran las fronteras, no solo entre las palabras, también entre los sintagmas, la tarea de adquirir el lenguaje quedaría simplificada. Las madres y padres proporcionan claves prosódicas sobre las fronteras entre palabras y sintagmas. Los bebés son sensibles a la prominencia de la información transmitida en las pausas. Cuando el niño ha dividido el flujo del habla en palabras, puede usar otras ayudas para acceder al sistema sintáctico. Algunos investigadores sugieren que la pragmática proporciona la principal ruta hacia el sistema gramatical abstracto. Otros, dicen que la semántica. Y por último una tercera alternativa es que la gramática proporciona su propio sistema de acceso, actúa como sistema cognitivo independiente.
A medida que van creciendo sus frases se van haciendo más largas. Existe una variabilidad en el comienzo del lenguaje combinatorio. La media está en los dieciocho meses. Cuando cumplen los dos años están produciendo algunas combinaciones de palabras. La edad no es el mejor predictor del desarrollo del lenguaje, la longitud de la frase de un niño es un excelente indicador de su desarrollo sintáctico. La longitud media de la emisión (LME), ha sido muy utilizada como índice del desarrollo sintáctico en la primera infancia. La LME se basa en la longitud media de las frases que produce un niño puntuadas según las transcripciones de su habla espontánea. La longitud se determina en función del número de unidades significativas, más que en función del número de palabras.
Para calcular la LME es necesario disponer de una transcripción de una conversación de media hora. Hay que dividir el lenguaje del niño en emisiones independientes y dividir estas expresiones en morfemas. El periodo de crecimiento sintáctico se divide en cinco fases, partiendo de la fase I. Por otra parte, se han desarrollado indicadores distintos, por ejemplo, el índice de sintaxis productiva (ISP). Para calcularlo, se necesita una transcripción de cien emisiones espontáneas de un niño. El investigador anota la utilización, hasta un máximo de dos aplicaciones muy distintas, de diversas estructuras en cuatro categorías: sintagmas nominales, sintagmas verbales, preguntas y formas negativas y estructura de la oración. La puntuación obtenida es la suma del número total de puntos, otorgándose puntos por cada estructura utilizada.
La primera fase es la etapa en la que los niños intentan producir emisiones con múltiples palabras (fase I de la LME). La mayoría de las frases tienen una longitud de dos palabras, aunque unas pocas pueden tener hasta tres e incluso cuatro palabras. Desde el principio el lenguaje de los niños es creativo. Las combinaciones de palabras de los niños en la fase I son singulares y novedosas, más que meras imitaciones de frases de los adultos. Las primeras expresiones se construyen en torno a esquemas en los que muchos elementos de la frase están fijos y sólo varían una o dos palabras. Estas frases son sencillas y se manifiestan de forma sistemática. Las palabras de contenido o de clase abierta, dominan el lenguaje de los niños. Admiten nuevos elementos y abandonan los antiguos a medida que va evolucionando el lenguaje. Por el contrario, las palabras funcionales o de clase cerrada no suelen aparecer en esta fase del desarrollo. Son más pequeñas y no cambian fácilmente su composición.
Una primera caracterización del lenguaje de la fase I se centra en el contraste entre las palabras de clase abierta y las de clase cerrada. Estas emisiones de dos palabras se denominaron habla telegráfica, porque la omisión de las palabras de clase cerrada hace que parezcan telegramas. Los niños aprenden las palabras de clase abierta y de clase cerrada de forma independiente. La primera adquisición de las palabras de clase abierta se basa en su prominencia perceptiva.
En la fase I el lenguaje de los niños solo expresa un reducido número de significados o relaciones semánticas.
El orden estable de las palabras es otra característica importante de las emisiones de dos palabras. Esta primera combinación de dos palabras tiene un alcance más limitado del léxico que el que habían propuesto anteriormente, lo que denominó fórmula de alcance limitado. Los niños utilizan la semántica como instrumento fundamental de acceso al sistema lingüístico. RADFORD, afirma que gran parte del sistema lingüístico es inexistente en la fase I y que lo que el niño tiene en esta fase es un lexicón y un conjunto limitado de reglas de estructura sintagmática en la estructura-d.
Entre los distintos métodos que se han usado para evaluar la comprensión hay que destacar los estudios con diarios, tareas de escenificación.
de nombres podrían provocar desventajas para los niños provenientes de familias con un bajo estatus socioeconómico en indicadores del desarrollo del vocabulario y en el posterior éxito en tareas académicas que depende de esta habilidad.
Cada idioma explota en su propia forma particular, las capacidades de elaboración, generalización y aprendizaje de reglas que tienen los seres humanos. Estos patrones son aún más complejos por su carácter sintético. Muchas lenguas utilizan la entonación para indicar diferencias de significado. Los idiomas también difieren en la facilidad con la que los niños pueden extraer categorías gramaticales específicas, como nombres o verbos.
El reto del investigador consiste en comprender cómo interactúan los mecanismos de aprendizaje disponibles con los apoyos del entorno. Un enfoque consiste en pensar que el lenguaje se aprende y se utiliza en función de la variedad de contextos que constituyen la vida diría de los niños y de sus interlocutores. Por ejemplo, la lectura de libros puede ser un contexto eficaz para adquirir nombres de objetos. Cada contexto proporciona una oportunidad única para aprender algún aspecto del lenguaje. En la medida que varíe el rango de contextos, las oportunidades para aprender el lenguaje diferirán para cada niño en particular. Tanto los intereses del niño como los del cuidador tienen que influir sobre los tipos de contextos que constituyen los acontecimientos y rutinas cotidianas.
Las diferencias individuales nos pueden revelar muchas cosas sobre los procesos por los que los niños extraen información de las interacciones lingüísticas en las que participan. Los contextos no ostensivos facilitan la adquisición de los verbos. Los modelos conexionistas han diseñado redes neuronales que segmentan unidades más largas que palabras únicas a partir del “habla” continua. Se han desarrollado métodos para recopilar datos sobre la adquisición del lenguaje partiendo del supuesto de que todos los niños lo adquieren de forma muy parecida. Las distintas culturas varían en cuanto al grado en que promueven y apoyan las distintas tendencias de los niños. La existencia de variaciones culturales en el entorno de aprendizaje del lenguaje ha sido propuesta por muchos como un argumento en contra de una fuerte influencia del entorno sobre la adquisición del lenguaje; por el contrario, la variación debe ser considerada como prueba de que los niños disponen de muchos mecanismos para adquirir el lenguaje que se explotan de manera diferente en los distintos contextos lingüísticos y culturales.
Rondal, J. A. (2007). Teoría de la Mente y Lenguaje. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología, Vol. 27. No. 2, 51-55.
TEORÍA DE LA MENTE Y LENGUAJE:
El ser humano dispone de intersubjetividad: capacidad de intuir en el estado mental de un semejante basándose en el contexto, infiriendo a partir de la propia mente y de las experiencias de la vida. La base neurológica primaria de esto podrían ser las neuronas-espejo (corteza pre-motora y lóbulo parietal). Estas neuronas responden cuando una persona lleva a cabo una acción y cuando se observa otra persona llevando a cabo la misma acción. Procuran una comprensión intuitiva de las acciones y emociones del alter ego (el otro sí mismo), también constituyen la base de la imitación y por tanto de la capacidad de aprendizaje por observación.
Semejanzas y diferencias entre los 3:
El desarrollo de la intersubjetividad interviene a tres niveles jerarquizables:
Es posible secundariamente movilizar los recursos cognitivos para compensar al menos en parte los déficit de la propia teoría de la mente. En el caso de Asperger se puede observar la construcción de una especia de teoría de la mente artificial o explícita. Por último se ha observado que las intervenciones de los adultos no crean propiamente la teoría de la mente en los niños, serian eficientes solo si los niños cuentan con la base para una teoría de la mente