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CaPÍTULO 1 ¿Qué es saber hablar? La comunicación lingúística es el motor de las relaciones inter- personales, sociales, económicas y profesionales. Sin duda, del buen o mal uso del lenguaje dependen muchos éxitos o fracasos en todos esos ámbitos. Y actualmente más que nunca, en este tiempo de la comunicación y del conocimiento globales, favorecido por el de- sarrollo científico y tecnológico, los grandes movimientos migra- torios, la internacionalización de las relaciones entre los pueblos y de todas las organizaciones económicas, profesionales, cultura- les, educativas, se impone el dominio de la palabra. El saber hablar siempre se ha entendido como un elemento diferenciador de clases, una señal de poder socioeconómico, de prestigio sociocultural, de huena educación, cuando no de tole- rancia, como uno de los aspectos fundamentales de eso que lla- mamos saber estar y, sobre todo, somos conscientes de que quien sabc hablar obtiene, además de reconocimiento social, otro tipo de beneficios. Adernás, ante la extrema profesionalización del mer- cado de trabajo, cl uso del lenguaje, el modo de hablar es una vara de medir la profesionalidad del individuo en su actividad laboral. Y esta capacitación lingúiéstica bu de ser también intercultural, El hombre actual ha de integrarse en un mundo cada vez más interde- pendiente, las relaciones con otros individuos, grupos y organi- zacionts se hacen cada vez más complejas y, en gran medida, la efi- ciencia en el uso del lenguaje puede facilitarle dicha integración. Si nos vemos obligados a comunicarnos globalmente a pesar de la di- versidad cultural, se entonderá la importancia que el conocimiento de dicha diversidad tiene también para el éxito de la comunicación. La capacitación o competencia comunicativa es la base para saber ba- blar bien en este universo global. Y esta competencia consiste: 19 SABER HABLAR —- par un lado, en el conocimiento preciso de la intención comuni- cativa y de la situación en que se desarrolla la comunicación (ca- racterísticas de los interlocutores, relaciones sociales, relación de más o menos proximidad vivencial entre éstos, mundo refe- rencial y saber compartido, temática, espacio y tiempo de la in- teracción, etcétera) — por otro lado, en el aprendizaje del uso correcto de la lengua, esto es, el aprendizaje de habilidades fónicas, morfosintácticas y léxico-semánticas (pronunciación adecuada, sintaxis cuidada, riqueza léxica, etcétera) o, lo que os lo mismo, la competencia ln gúistica; —* finalmente, en la capacidad de integrar los dos conocimientos anteriores, lo que se llama comúnmente la comipeteria pragmá- Gica, el uso adecuado de ese lenguaje aprendido según el propó- sita u objetivo y la siruación en que el acto de comunicación tie- ne lugar; por ejemplo el grado o tono de formalidad exigido por dicha situación, Solo cuando el hombre logra esta competencia comunicativa es capaz de comunicarse óptimamente. Saber hablar no es un don no proviene de ninguna cualidad innata; para hablar bien se nece- sita un entrenamiento y un ensayo continuos. 1.1. ¿QUÉ ES SABER HABLAR Y, SOBRE “TODO, QUÉ ES SABER HABLAR BIENF En la Antigúedad clásica el arte de persuadir, esto es, de presentar los argumentos necesarios para debatir y convenecr a otros de la vali- dez de un hecho o de un punto de vista, así como el arte de embe- llecer el babla, del decir bien, mediante una serie de figuras crcati- vas, eran los vbjetivos retóricos. Estos principios retéricos son una Parte también de lo que hoy se entiende por saber hablar en pú- blico, la tarea de una persona que se presenta y utiliza cl lenguaje ánte otro u otros individuos con un fin determinado. o Los sofistas fueron acusados por Sócrates de enseñar 2 los Jóvenes atenienses malas artes argumentativas para vonvéncer y per- suadir al otro, esto es, el arte del engaíio, de hacer verdad lo que nu lo es a través de procedimientos llamados retóricos. No enten- deremos aquí la retórica o la oratoria de este modo peyorativo, ¿QUÉ ES SADER HABLAR? o como si se tratara de un artilugio inventado para dañar al otro, ni tampoco en el sentido de densidad, adorno excesivo o rebusca- miento, males que también se le han atribuido. Los recursos retó- ricos son habilidades de argumentación que se manifiestan de mudo más o menos consciente en cualquier acto de hablar ya que todo discurso ha- hlado a escrito tiene una intención, se dirige a alguien con un fin que ha de negociarse. No son solo los políticos, en su intento de obtener de sus palabras siempre la mayor renta electoral, ni las em- presas de publicidad, para lograr grandes ventas del producto que se ofrece, ni ciertas agrupaciones religiosas, como medio para ga- nar adeptos, los que usan la retórica. Le argumentación y la retóri- ca, por tanto, están presentes en todo discurso, desde la interacción co- tidiana, del joven que pide a sus padres dinero para comprarse un teléfono móvil, pasando por la interacción entre jefe y empleado, hasta otra más formal y académica, de un conferenciante que habla del genoma a un público especializado. En todos los casos la fun- ción persuasiva es motor fundamental de quien habla, Así pues, s4- ber hablar es ser cada vez más consciente de la existencia de los mseca- mistos y tácticas lingiiésticas de persuasión, saber hablar bien es Hegar 4 adquirir esas habilidades argumentativas y ponerlas en práctica. Saber hablar es ser capaz de enfrentarse verbal y extraverbal- mente no solo ante un público poco activo, como el que asiste a una conferencia o a un mitin; es también y, sobre todo, saber preparar y saber ejecutar los discursos ante cualquier oyente o grupo de oyentes con los que se pretende interactuar. El modo de hablar, el disenso —recuérdese que discurso se entiende aquí de modo amplio como expresión hablada o escrita— variará según ese público, según las características del otro, de acuer- do con el grado de participación que tenga en la interacción y, por supuesto, según los fines y otros aspectos o circunstancias que iremos notando más adelante. Todos los hablantes pertenecientes a una comunidad discursiva, entendida ésta como el conjunto de individuos que practican un género discursivo, por ejemplo, los do- centes en el caso del discurso académico, los comerciales en cl ear so del mundo económico, etcétera, saben que existen conductas y estrategias comunes, pero también que éstas pueden vatiar según los alumnos y clientes, el tipo de clases o ventas, los temas o pro- ductos, el nivel de enseñanza y el nivel socioeconómico y cultural de los alumnos y clientes, su edad, el sexo, el lugar donde se desa- rrolía la enseñanza o la actividad comercial, inchuida la zona, el ba- SABER HIABLAR Academias oficializan tal o cual norma gramatical, tal o cual nor- ma regional. A esas normas que dictan-lo que es correcto, lo que es menos correcto, las preferencias de uso, es a las que nos referimos, todo ello a pesar de que la norma es una, pero diversa y más di- versas todavía las actitudes hacia una u vtra incorrección. Así, la pérdida total de la consonante dental /4/ de los participios en /=ado/ es un vulgarismo aquí y allá, una incorrección gramatical, por lo que desde estas páginas se recomendará su pronunciación, si hicn, relajada. Es más grave, visto desde la norma regional española, incluso el error se vincula a estratos socioculturales bajos, la pér- dida de dicha consonante en los participios en /ido/. Decir corto en lugar de comido en España se siente como más vulgar que decir cantao en vez de cantado, No es tan fácil a veces decidir si algo es correcto o no desde el punto de vista léxico, ya que la norma léxica está sometida a cam- bios más rápidos que la de tipo gramatical, aunque sí podemos determinar loque sería menos recomendable. Por ejemplo, hay ciertos excesos verbales —metáforas los consideran OLros—, que se cometen con frecuencia al degradar el contenido de ciertas pala- bras: «La filosofía del Real Madrid es oura» proclamaba sin ver- gúenza un comentarista cn un programa deportivo sobre fútbol al referirse al modo de actuar u de comportarse de algunos chuhes. ¿Cómo pucden los jugadores o un equipo «especular con el re- sultado»? ¿Na sería más recomendable decir, por claro y justo, que se da por bueno un resultado y por ello no se hace buen fútbol? Se nos podrá replicar que los procesos de envilecimiento, así como también los de ennoblecimiento, son comunes en la historia del es pañol: ministro significó «criado, servidor» c imbécil tenía el senti- do de «débil», Cierto, pera no es conveniente logar a aquellos ex- tremos. Tampoco son aconsejables los excesos neológicos, a pesar de que la época de desarrollo científico y tecnológico en que vivi- mos no nos deje utro remedio en ocasiones; de hecho hoy mucha gente entra en Internet, chatea y examina la web de un periódico di- gital y deambula por cl exberespacio, que es lo último en pasco des- de la tierra. Son palabras que por su uso frecuente y extendido ya son normales, Y es que las reglas y las normas cambian; por eso escribía- mos antes que lo incorrecto en el plano léxico lo es hasta cierto pun- to y en el caso de algunas voces hasta cierto tiempo: aunque nos si- gue sonando excesiva la largura de la palabra influenciar en lugar de ¿QUÉ ES SABER HABLAR? influir, ya está admitid: igue condenada intencionalidad por quen ción y más debería estarlo posicionamiento en vez de posición. Segu- ro que alguno de estos reos será absuelto, Perdone estos enero metafóricas, aunque el fin lúdico ahora puede justificar el medio. A quien escribe le sigue parcciendo cómico decir smodisto, aun= que sabe que «sastre» no cs suficiente ni designa lo mismo, poro 2 veces lo que es o no recomendable se mide por una decisión per- sonal. La elección es siempre individual, aunque sin duda esté in- fluida, favorceida o, incluso, determinada por una serie de sir cunstancias, por ejemplo, sociales. Hoy la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Longua Española admiten bl cribir guion y guión y, por tanto, promunciaciones con hiato y sin él, pero muchos españoles elegirán la segunda, aunque sea la IMCIOS frecuente en el mundo hispánico, pues les resulta más fácil de pro- nunciar. Así también, las instituciones académicas citadas han acep- tado la palabra extrovertido, junto a la etimológica exiravertido, aun que se sigue recomendando esta última forma, por ser la preferida en la lengua culta, Afortunadamente muchas de estas enestiones dudosas quedan resueltas ahora en el Diccionario panhispámico de % ta das, lugar del que hemos obtenido la información anterior y obra de consulta obligada para quien desee saber hablar bien. La corrección no tiene la misma medida en el discurso oral que en el escrito. No excusamos con ello lo incorrecto de lo oral, pero la incorrección es menos decisiva si na es extrema O a y, por supuesto, si no incide en la comprensión e inserprecación de mensaje. Las características propias del discurso oral, de lo ora es pontáneo —y no tanto de la reproducción oral de lo cio así lo explican: la planificación de lo que se dice es menor, dada h N pidez con que se produce, y asimismo hay un menor control de lo producido, la construcción gramatical es diferente y se altera con. Irecucncia debido a interrupciones y cambios de plan sintáctico, los órdenes de palabras se someten a estrategias informativas antes que a Órdenes gramaticales, el vocabulario suele ser menos preciso y el modo de transmitir la afectividad y las emociones es también dis- tinto. Un error cometida par el canal gráfico escrito queda; lo fó- nico nos permito la corrección posterior, la reformulación de lo dicho ante una posible ambigúedad o una interpretación errónea por parte del otro; las extremas omisiones, implícitos y sobreen- tendidos, los elementos paralingiísticos vocales y no vocales, los gestos que se superponen e, incluso, sustituyen a las palabras, acom- 25 SABER HABLAR pañan decididamente al modo de comunicación oral, y son hechos diferenciales entre la norma en lo escrito y lo que sería la norma de lo oral. Peor ejemplo, un ruido, una onomatopeya que reproduce una emoción, un gesto en lugar de una palabra, una pronunciación enfítica, una entonación fuera de lo normal, una extrema dramati- zación del discurso, una estructura truncada o suspendida, un lar- go silencio, una palabra malsonante, etcétera, no son hechos con- denables en principio o, quizá, podrían serlo si los juzgáramos con la norma de lo escrito, Por tanto ¡juicio justo a lo hablado! Aunque es terreno no tanto de la incorrección como de la ade- cuación, conviene mencionar aquí también que hay géneros discursivos como el académico que obligan a una total correrción normativa y favorecen la utilización de registros más o menos for- males, del estándar culto, con un léxico más elaborado, preciso y con frecuencia especializado, Aunque dentro de estos géneros más formales los hay que, por las características del público, utilizan re- gistros intermedios, modalidades lnpúísticas que alternan lo for- mal con lo informal o coloquial como mecanismo estratégico; por ejemplo, en la claso de enseñanza Primaria y secundaria el profe- sor se vale a veces de estos registros intermedios para Inotivar, cap- tar la atención de los alumnos o mantenerla. 1.3. SABER HABLAR ES USAR DE MODO “ADECUADO” EL LENGUAJE, La “SITUACIÓN” El respeto a la normas de la gramitica ba de ir acompañado de un ajus- te de lo hablado al contento Preciso en que tiene lugar la comunicación (dónde se está produciendo, con quién, por qué y para qué), así co- MO a la situación en general, el saber compartido, el entorño socio- cultural y, según adelantábamos antes, a los gémeros y tipos discursi- vos (véanse para esta última cuestión los capítulos 7, 8 y 9) En sus clases los docentes universitarios no hablan igual que los docentes de otros ciclos educativos Porque, pese a pertenccer a la misma comunidad discursiva —en ambos casos son profesa- res—, las instituciones cn las que imparten las enseñanzas tienen objetivos distintos determinados Por los grados y el tipo de ense- ñanza, los niveles de especialización, cl fin más a menos profesio- nal, la edad de los alumnos, las expectativas que éstos tienen... Es- las características situacionales pueden incidir en el modo y manera ¿QUÉ ES SABER JABLAR? de organizar el contenido, en la estructuración de las ideas, en la elección de un registro más o menos formal y especializado, todo ello a pesar de que coincidan básicamente en una serie de estrate- gias discursivas comunes encaminadas a transmitir como expertos el conocimiento o a poner los medios para ohtenerlo, a facilitar el aprendizaje, a interesar y motivar al alumno, fines que tienen que ver con Ja competencia de cualquier profesor de aquí y de allí. Se entenderá que el discurso del profesor en la clase, además dei y formativo, explicativo, en tanto facilita la comprensión y transmi- sión del saber, también es persuasivo, retórico o argumentativo, que para el caso es lo mismo. Por otro lado es un discurso formal y pla- nificado, monológico (lo dicta una persona), que, sin cmbargo, apro- vecha o debería aprovechar el diálogo para implicar al estudiante (pregunta/respuesta), resolver dudas, corregir EXTores, etcét gra, así como otros recursos que captan y mantienen su atención. Una con- ferencia es un caso claro de comunicación. monológica, unidirec- cional, pero es evidente que a lo largo de la misma aparecen rasgos dialógicos conversacionales, por ejemplo, pronombres personales, determinados marcadores discursivos..., que afuden e involucran al público, 1.3.1. Adecuado al contexto comunicativo No siempre el que habla correctamente sao hablar en contexto. Los hay que son pulcros al emplear la gramática, pero cometen errores de adecuación situacional. Recordamos aquí las palabras de un fut- bolero que afirmaba que tal equipo tenía una decidida vocación penetrante, pero no concretaba», cuando lo más justo y adecuado era decir que tal equipo atacaba mucho, pero no metía un gol. A in- dividuos como éste los llamamos pedantes, por sus excesos verba- les, por sus errores de inadecuación entre lo hablado y la situa ción comunicativa, porque olvidan que el saber hablar bien está reñido con la verborrea. Y lo mismo puede decirse de quienes co- meten errores de inadecuación por defecto. Oye, dime cuándo es el examen, espetó un universitario a su profesor, irrumpiendo en su despacho y sin mediar más palabra. Algunos lo llaman falta de edu- cación, que lo es, aunque lingiística mente decimos que el estu- diante ha cometido un error pragmalingúístico y sociopragmático en tanto que la situación requería un uso más formal, no tan colo- SABER HABLAR loquial puede ser tácticamente un recutso motivador, de capta- ción del oyente, de relajación, una pausa necesaria cn cualquier Lipo de discurso. 1.3.2. Adecuado a las características del pública y a las reacciones de éste durante el discurso cn una interacción, sus rasgos de edad, nivel sociocultural, sexa, mado de vida, sus expectativas y la atención a sus reacciones son aspectos primordiales de la adecuación discursiva. Escuchar es una palabra clave del sabor hubler, pues no hay mejor orador que el que sabe prestar ateución al otro. Cualquier discur- so es eficaz si llega a su público, si las estrategias utilizadas son ca paces de captar primero y de mantener después el interés y la aren- ción de éste, Desgraciadamente los diálogos de besugos son muy frecuentes, y también hay «oradores besugos» por cuanto no se percatan de que su público ha desconectado hace rato de lo que es- tán diciendo. Es preciso estar atento alas reacciones de nuestros interlocutores o de nuestros oyentes para comprobar si el contac- to se mantiene o no, ya sea a través de respuestas verbales o de se- ñales no verbales. Un gesto, una mirada, un movimiento, una pa sición de los brazos o de la piernas, un sonido, etcétera pueden ser indicadores de aburrimiento, de desconexión, de falta de aten- ción, de no comprensión. Ilabrá que interrumpir momentánea- mente el disenrso para recuperar al que se ha perdido, al que ha desconectado, tendremos que ser capaces de variar de algún mado el discurso, por ejemplo, mediante la tuodificación del tono del mis- mo, la introducción de una anécdota, de un elemento de humor, de algo que vuelva a sorprender y a motivar a nuestro auditorio. “Tanto cn la preparación como en la ejecución de una inter- vención en público hernos de conciliar las intenciones y convic- ciones con las de quienes escuchan, tener en cuenta asimismo sus expectativas, Mal vendedor sería quien antes de intentar vender el producto no hubiera estudiado a sus potenciales clientes y los in- tereses de los mismos; malo sería también si no fuera capaz.de nb- servar el ánimo comprador que éstos tienen. No hará buen ne- gocio quien no sea capaz de escuchar las Propuestas que la otra parte ha de hacerle, Es preciso estar Tuy atentos, ya que las reac- Conocer quiénes son nuestros oyentes o interlocutores, los participantes ¿QUÉ ES SADER HABI AR? ciones son el mejor indicador de sí muestra intervención está sien do acertada o no. Asimismo las características de los oyentes determinan tarm- bién un estilo discursivo y comunicativo, como ya se ha dicho. Los excesos de familiaridad en una reunión de trabajo pueden molestar a los asistentes, como un exceso de formalidad puede perturbar el lin didáctico de una clasc de primaria. 1.3.3. Adecuado o, más exactamente, ajustado al tiempo Por supuesto, el discurso tiene un tiempo Hrmite. Ni más ni menos del que esté previsto, como ocurre la mayoría de las veces, Y, si no la está, será preciso fijarlo de antemano, Una conferencia, uma presentación de un producta, una cla- se, etcétera tienen un tiempo de duración. Y la presencia de otro u otros en los discursos dialógicos es también cl límite de Duestras intervenciones, pues no podemos eternizarnos en el turno; hemos de dar la palabra al otro, Cuando el tiempo no se respeta el fraca- so está asegurado. Dicen que si la duración establecida para el dis- curso es de una hora, el público asistente piensa en lo que le están diciendo si la hora no está cumplida, comienza a pensar en sus co- sas cuando la hora se ha cumplido y en el padre del conferencian- te cuando se sobrepasa. No es mal dato éste, pues puede ayudarnos a preparar en tales casos el discurso no pará una hora, sino para cuan renta y cinco minutos. Así es, la capacidad de atención y la pacien- cia de nuestros interlocntores tienen un fímite, Se entenderá que para hablar bien es preciso preparar hien lo que se va a decir y se- leccionar los contenidos que se desean transmitir según el tiempo que nos marca la organización o el sentido común. La improvisa- ción es en muchos oradores la causa de su incontrolada verborra- gia y de su falta de control del tienpo, En consecuencia se debe jmo provisar lo justo, ya que la improvisación en tales casos puede Jugarnos una mala pasada «temporal», Los hay que no tienen me- dida del tiempo en sus intervenciones, sin contar con la lentitud en la expresión de las mismas —nos vienen a la memoria las juntas de vecinos o las juntas en algunos organismos « instituciones; hay quienes toman la palabra en éstas y no parecen dispuestos a soltar- la; esta actitud cansina y molesta los aleja de los otros y, lo que cs más importante, de sus objetivos. SARFR HABLAR Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Si alguien, al referirse a una charla, conferencia, reunión a la que ha asistido, dice que «ha sido demasiado largo», cabe interpretar un juicio negativo ate- nuado, es decir, que ésta ha sido excesivamente hurga y, así pues, no ha sido un buen discurso. Cuando al final, incluso durante el desa- rrollo, por ejemplo, de una ponencia en un congreso, de una en- trevista para la obtención de wna beca o en la realización de un exa- men oral (o escrito) se oye decir al ponente, al entrevistado v al estudiante que no le dará tiempo a explicar tal o cual cosa, debido al escaso tiempo de que dispone, cabe, cuanto menas, esbozar una sonrisa por lo inoportuno del comentario. Si uno sabe del tiempo que dispone, lo que no diga y considere relevante se debe a su ine- Ficacia. Cuando 2 un orador le falta tiempo cn su intervención de- nota falta de preparación y de organización del contenido, cuan- do no también inseguridad. Si no tuviera todo el tiempo del mando para decir algo, no tendría oyentes. 1.4. SABER HABLAR BIEN MS PRODUCIR “CLARAMENTE? EL DISCURSO. LA “EXPRESIÓN” Y EL “CON TUNIDO” No habla bien el que no dice nada o el que convierte su habla en un juego floral. Los malos hablantes, algunos de nuestros políticos lo son, suelen confundir a la gente con palabras grandilocuentes, con neologismos, con alargamientos innecesarios. Y la confusión y el engaño verbales son tales que esa mistma gente, que no ha en- tendido absolutamente nada de lo que ha escuchado, llega a alabar la palabrería del orador; «qué bien habla» puede oírse de alguien que ha utilizado palabras huecas, vacías de contenido, poco corm- prometedoras, rimbombantes. No habla bien quien no transmite claramente los contenidos a los que escuchan; recordemos a esos profesores sabios, pero malos docentes. Por tanto, saber hablar bien es tener daras das ideas que se desea transmitir y ser claro y preciso en la elección lingitística, en la palabra dicha y, por ende, en la exposición de esas 10eas. o *Se expresa como un libro abierto» es una expresión meta- fórica que alude a la claridad de las palabras y a la claridad en las ideas expuestas. «Bien dicho», «bien hablado», «se puede decir más alto, pero no más claro» insisten asimismo en lo ajustado de lo di- cho, especialmente ahora, del contenido. ¿QUÉ ES SABER HABLAR? 1,4.1. Tener las ideas clavas ¿Qué queremos decir? Los discursos parten de una intención y del efecto que deseemos lograr en los interlocutores. La invención de la que habla la rotórica consiste en la recopi- lación de los contenidas de las que se va a hablar (véase capítulo 3), los cuales han de mostrar a las claras la citada intención (a no ser que, precisamente, muestro discurso pueda, como estrategia, eludir dichas intenciones; por ejemplo, el discurso publicitario es fre- cuentemente alusivo-elusivo: se muestra lo que no se vende para vender lo que no se ve), sean predominantermente de carácter ex- positivo (la intención es dar información y explicar; por ejemplo, en una clase), argumentativo (defender una idea o punto de vista y convencer al otro; sea el caso de un debate), emotivo (una felici- tación), ya sea unidireccional o monológico (habla una persona a un público; una conferencia) o dialógico (interacción entre dos o más personas; una conversación o una entrevista). Lo impor- tante, por tanto, antes de empezar es determinar con claridad el fin o fines de la commnicación: ¿qué nos trac a una reunión?, ¿cuál os to” ma de una charla?, ¿cuál es el objetivo de la clase de hoy?... El tema y, sobre todo, los contenidos básicos que se van a ofre- cer han de tener en cuenta, como decíamos antes, las expectati- vas e intenciones del público, las circunstancias que lo rodean, los posibles efectos, las reacciones de adhesión y las contrarias. El error en la elección de un tema o de los contenidos conlleva el fracaso del discurso. Seguramente los jugadores de la partida de póquer no admitirían que les habláramos de los procesos de gramaticali- zación de los marcadores discursivos. O sí, pués a veces la atención de un auditorio depende de las virvudes de los oradores y no tan- to de los temas. Perdone la aparente falta de modestia, pues no queremos decir con ello que nosotros lo seamos, sino que las cua- lidades de un orador pueden hacer bueno e interesante cualquier tema y, por tanto, el discurso. Por el contrario hay temas de gran intorés que provocan tedio en boca de otros. Estos, evidentemen- te, tampoco saben hablar. Junto al contenido o idea principal, recogeremos otras ideas complernentarias; los complementos a las ideas principales son muy útiles, pues explican, matizan, añaden comentarios para la mejor comprensión del discurso; deberemos también consultar y utili- ar utras fuentes, pensaremos en ejemplos y anécdotas para ilustrar 33 SABER HABLAR afectividad ha de estar presente de manera especial en los principios y fi- nales de cualquier intervención oral (véase capítnlo 9 sobre el discur- so con fines sociales). Es cierto, no obstante, que esta división tripartita se precisa o desarrolla según el género y el tipo de discurso. Así, por ejemplo, en una negociación comercial se requiere de un estudio previo de lo que se prevé será el procesa negociador e, iniciada el proceso, de un establecimiento de la relación personal (saludos, presen- taciones, inicio o apertura, etcétera); llegado el momento se in- tercambian las informaciones (el nudo), se intenta convencer y persuadir al otro, a veces con concesiones (desarrollo del mudo), para llegar finalmente a un acuerdo (desenlace o conclusión), aunque éste sea de mínimos. En la presentación de una Ponencia en nn con- greso se comenzará con los agradecimientos al comité organizador por la posibilidad que ha ofrecido al ponente de participar en el evento y saludará a éste y a los presentes, un modo ritual y cortés para empezar a conectar con éstos, se intentará Captar su atención, motivarlos; a continuación se introducirá la cuestión tratada, es de- cir, el objetivo y los distinios aspectos que se van a plantear, así co- mo la metodología empleada. De la introducción pasamos al nudo, al desarrollo del análisis realizado sobre la cuestión y, tras éste, ha de llegar la conclusión. En este género de discurso suele a conti- nuación iniciarse un debate sobre lo expuesto; si lo hay, como los inicios siempre cuestan, se puede animar al público Para que par- ticipe, por ejemplo, planteando alguna cuestión, algún problema ha resuelto, etcétera. Tras cl debate se terminará el discurso con huevos agradecimientos a los oyentes por la atención prestada. Esta especie de guía de la estructura de las discursos ASCRUFA SU 0F- denación y, en cierto modo, vela por otra cualidad esencial de los mismos, la concisión (véase capítulo 4). 1.4.3. La daridud en la expresión Habla bien quien es claro al articular y producir el habla. La claridad de los buenos discursos se refiere ahora ala fluidez articulatoria, a la buena pronunciación, combinada con el tono, la entonación, la in- tensidad, el ritmo, la melodía oportunos en cada caso (véase capí- tulo 4). «Me encanta oírlo hablar» se dice especialmente de alguien Cuya voz reúne una serie de cualidades tonales y rítmicas agrada- ¿QUÉ TS SARER HABLAR? bles, naturales y espontáneas. O, por el contrario, chabla de mado afectado», cualidad opuesta a natural. En ocasiones h ter amos mues” tra voz por motivos diferentes; ocurre, por ejemplo, cua do ha blámos por teléfono con personas que no conocemos y . 5 que hemos de realizar:alguna petición. Suena tan artíl ca ne uso pa ta quien no nos conoce de nada, que resultamos poco al eN a viene cnidar la dicción, pues es lo inmediatamente pr Dloylo que primero llama la atención de los oyentes. La patos ida puna de las claves del éxito, de eso que intentamos del inir como 0 discurso o saber hablar. ¿Fla oído alguna vez una intervención me - morizada? La monotonía, el automatismo en la producción ! 20 Ñ cansino cl discurso; la rapidez que a voces toma éste impi : a co a prensión de muchas partes del mismo. El éxito dela articu ación de un discurso ha de huir de costa monotonía, de esta entonación pa na y ha de imprimir e] ritmo y la velocidad oportunos en cas a: o mento, La lentitud excesiva está reñida también con la Sn a a se todo público alaba y reclama de un orador: la pasión porlo one e ce, La rapidez suele estar asociada a un mal uso de tiempo . je cución del discurso, además de estar reñida muchas veces según o ha notado antes, con la claridad. Y la afectación, sea por anguidez o por solemnidad, en el modo de expresión es otro sinónimo de ES ou decir de la reproducción oral de lo escrito? Cuando el pú- blico espera un discurso oral, el tono de lectara que imprimen algunos ” " dores a su discurso provoca rechazo. Así cn esta situación y un e discurso esté por escrito y se cstó leyendo realmente, e da apariencia oral a lo escrita. Téngase en cuenta que en tu: di e so.oral el público valora muy positivamente la espontanei 1d del orador; de ahí que el método más eficaz y el que acera mayor gra do de espontancidad, aunque también el más difícil al principi ¿e el de Ilcvar preparado solo un guion o esquema. Quien no t eng : habilidad deberá escribir el discurso y practicar la oralización . lo escrito hasta lograr imprimir el sello de lo natural y lo espon - neo en su elocución. Incluso, algunos oradores con experiencia marcan en el texto escrito las pausas, las inflexiones tonales y, an más, graban sus intervenciones, las oyen, cogen los errores z la dicción y, sobre tado, eliminan ento po e la influe: ri oralización (véase capítulo 5). o ad hablar ol no cien un buen dominio de la entonación y de los elementos prosódicos en general. 37 SARER TIABLAR 1,44. El buen uso de lo extraverbal Es preciso subrayar, asimismo, la relevancia en la producción del dis. curso de la comunicación mo verbal, de los gestos y las posturas (kiné- sica), del espacio o distancia entre los interlocutores (proxémica), de la orientación temporal (cranémica), de los elermentos de aparien= cia 0 aspecto personal (la vestimenta). Aunque siempre en su justa medida, controlando la cantidad de gestos y la calidad de los mis- mos (véase capítulo 5). Sabe hablar bien quien hace un men suso de los gestos y los movj- teientos del cuerpo, Ta el mundo hispánico somos, en general, muy gesticulantes. Fl cuerpo se mueve cuando hablamos, y ese movi- miento es a menudo un mecanismo de apoyo de lo que decimos, refuerza o minimiza muestra argumentación en ua intento de con- vencer al otro; además, las manos actúan a menudo como la batuta de un director de orquesta marcando el ritrao y el compás de lo ha- blado; con gestos también mostramos continuamente nuestra co- laboración con el otro, la cabeza se mueve de arriba abajo como se- ñal del acuerdo con el interlocutor, del interés y de la atención con lo que está diciendo. Estos gestos argurnentativos, rítmicos y fáti- Cos son característicos de nuestros di. Cursos, y a nadie sorpren- den en el mundo hispánico, pero conviene tener en cuenta que otras sociedades pneden no ser tan Comprensivas cun este exceso gestual. Tos gestos convencionales y ocasionales, esto es, aquellos que tienen un significado establecido son también muy frecuentes en los discursos orales. El gesto acompaña al enunciado con frecuen- cia, ratificando lo dicho; por ejemplo, un no se acompaña de un mo- vimiento de la cabeza de izquierda a derecha, incluso a veces el ges- to sustituye a la expresión, La sustitución de la palabra por un gesto solo puede tencr un carácter Ocasional. La prudencia expresada en la utilización de los gestos no nie- ga el carácter pritnordial de estos elementos cn cualquier tipo de comunicación, contretamente, desde el punto de vista estratégico. Por ejemplo, los recursos no verbales, scan de carácter entonativo, gestual, facial, etcétera se emplean para captar y mantener la aten- ción del auditorio, especialmente en algunos tipos de discurso, por ejemplo en los de carácter expositivo y con estructura monolo- gal, donde quien habla se enfrenta solo ante un Público y corre el riesgo de no ser escuchado. La gestualidad, a veces, exagerada y, en general, la teatralización suele consticnir un recurso en la actuación ¿OTÉ ES SABER HARTAR? de algunos profesores para captar la asención, para Jograr una ma- > rensión de lo explicado; piénsese e Antes Mocado del profesor de primaria que dramatiza la explicación, que exagera los gestos, lo cual hacer reír a los jóvenes es ao os ame menta la empatía y la simpatía; bazas para llegar con ds lame ta. Cuidado, sin embargo, con estos Srvesos no verbales, pues " otros géneros y situaciones pueden pro pe 1 efecto contr 0 rechazo del otro hacia la persona que ha! ayaloq apo i nsemos, además, cn lo que ya señalábamos antes: hay os e cransmiten emociones e incluso, llegan a negociar a través de gestos, novimientos, sonrisas; hay otras, en cn no » e gesticulan muy poco. El desconocimiento de estas cone . ts s tos riluales provoca malentendidos cuando no: racusos q non el caso, por ejemplo, de la negociación empresarial, pu perder un contrato y, así pues, beneficios económicos, eri Saber bablar es también mantener la distancia fisica con Pe AÑ terlocutor. Los espacios son necesarios, pues son como escu ps de la intimidad, de la privacidad, Dicen que mientras británicos y por tcamericanos mantienen la distancia noventa centímetros, e dl mundo hispánico nos contentamos con la mitad. ón yen cuenta la necesidad de mantener en mayor o menos mel ida e os espacios en la comunicación intercult ura Boya: . e os Aedo o hasta golpean los brazos a sus inter . porta cn ngura cultura, so pena de que puedan provocarle un esguince de hombro o algún otro problema muscnlay e ertara La mirada es un mecanismo estratégico que sirve para eme tarde intersubjetividad, la relación con el otra. El hablan to ha de m Nara sus oyentes, aunque el modo de mirar varía Ñ Ñ discuta pa discur so; jemplo, la mirada cn la conversaci 2 e eras desea. Ante un públ ico numetoso la mirada es, cn bia, más hacia lo que se denomina el infinito o puede por € con trario ir recorriendo poco a poco los rostros de los asistentes, ¡ - dado con esto! Hay hablantes que parecen estar solu interas tuando con una de las personas que forman su audiencia, lo due provoca el desagrado del resto, que se siente ignorado. Mirar al oro eco” nocerlo como oyente y no solo como mero emisor, y acepreslo como posible candidato a obtener el turno como muevo Dar te. Y la mirada del otro es un indicador del interés y el era o e aceptación que nuestro discurso está teniendo. Nos nene ala me moria ahora un ejemplo interesante, desde el punto de v > 39 SARER HABLAR tualidad es aquí un factor fundamental. En cambio en las policró- nicas, la mayor flexibilidad temporal determina que sea más fre- Cuente tratar dos cosas a la vez y las agendas se planteen de mane- ra menos estricta. Así, en las primeras sc negocia punto por punto y cada uno de éstos, y en las segundas parceo negociarse el paquete completo; este último es cl sistema que, según E, T. Tall, predo- mina en los países mediterráneos y en éstos, además, la puntuali- dad es un aspecto menos importante, Asimismo, hay culturas que tienden al acercamiento o la apro- xiuación al otro de manera inmediata, por ejemplo, las culturas latinoamericanas y la española, frente a la inglesa, donde se requiere mayor distancia, Molestaría a un inglés muestra cercanía afectiva al hablar, también física, Y Nuestro exceso de confianza. Para la co- municación intercultural es clave conocer estas diferencias; por ejemplo, en cl ámbito de los negocios, un sueco creé que el espa- ñol es directo on cl trato personal y un español piensa de un sueco o de un alemán que son más directos en el tratamiento del tema; no se andan con rodeos, van al grano. Para el español la discusión, la disputa, el cuerpo a cuerpo son naturales; ello es indicio de entre- ga al negocio; en cambio el sueco intenta evitarla, pues la consido- ra como negativa a cooperar. Lo afirmaba Lars Fant, un prestigioso lingúista sueco, hace algún tiempo: los suecos son inunocrónicos e individualistas, se orientan al tema; los españoles son. policróni- cos y colectivistas y se orientan primero hacia la persona con la que negocian. Aunque cabría matizar que en España, entre el norte, el centro y ol sur, existen tarmbién algunas de las diferencias ante- riores. Lo dicho se puede extrapolar a cualquier tipo de interacción. Por tanto cabe destacar la importancia de tener en cuenta esas di- ferencias interculturales, todo ello a posar de que cada comunidad discursiva, y la empresarial lo es, cree su propia cultura nacional, multinacional, etcétera. En cfecto, para hablar de modo adecuado hay que someterse a esas convenciones dentro de cado cultura y sociedad, que varían de cultura a cultura. Volvamos a lo cortés. Tus cortesía es un omucunismo de acer- camiento social en todas las lenguas y culturas, pero no todas las socie- dades entienden y practican del tuismo modo dicha cortesía. Lo que aquí y para usted es cortés puede no serlo en otro lugar y para otras per- sonas. Por ejemplo, en el mundo hispánico gustamos en general de los halagos, halagamos y queremos que nos halaguen. Esto, que for- ¿QUÉ ES SABER HABLAR? ma parte de los mecanismos de cortesía valarizanto y agradadora en el mundo hispánico, no agrada tanto en otras culturas don: e el halago puede llegar a interpretarse como descortés. Asímismo, la cortesía en español es diferente en España yen América, y no siempre se coincide en la interpret ación de lo (desjcorés Con trasta, por ejemplo, el escaso uso del imperativo para pe ne a mayor parte de Latinoamérica, si lo comparamos con a a lo re- cuencia que tiene en muchas zonas de España. Lai órmula e cor- tesía ritual por fizvor que siempre acompaña allí a una solicitud o pe- dido no abunda tanto aquí. En general los españoles (los canarios y los gallegos irían en grupo aparte) son menos atenuados que los latinoamericanos (cierto que algunos argentinos irían con la ma- yoría de españoles), agradecen demasiado poco, quizá, las acciones de otros, pero a menudo antes que de descortesía cabe pensar que se trata de un modo distinto de establecer y mantener las relacio- “nes interpersonales. Fl grado de acercamiento al otro cs mayor en la interacción española peninsular, incluso en situaciones donde convendría man- tener algo más la distancia (cl español pertenece a culturas de más acercamiento y solidaridad, de más colectivismo), Parece que los españoles, según muestran algunos estudios sociológicos, dan con- fianza a los interlocutores desde el inicio du la interacción, in- cluso cuando no conocen a las personas von quienes interactúan, y quieren que esa confianza se les devuelva de inmediato, de ahí que su modo de hablar sea menos atemado que el de otras culturas de mayor distanciamiento, coma la anglosajona, donde además exis- te una tendencia marcada hacia los valores de privacidad y un eclo extremo hacia los valores de libertad de acción individual. En estas últimas socicdades las estrategias comunicativas son más indirec- tas; piónsese, por ejemplo, que cualquier potición se realiza con la perífrasis verbal de posibilidad con el yerho «poder» (Puedos traer ese libro?); ocurre también en muchas zonas de Tlispanoamérica, donde llega a molestar que el español peninsular realice una peti- ción de manera directa, sin atenuar, con el imperativo: trae ese libro. Se observa de nuevo que las diferencias culturales se mani- ficstan lingúisticamente y cabe insistir en que, a la hora de hablar, mucho Liene ganado quien conoce bien a sus interlocutores. . El habla eficaz depende de que ha yamos elegido bien la for- ma lingitística ya no solo según los fines, sino, como estamos notando, de acuerdo también con la convención social. Es fácil en- 43 SABER HABLAR tender que quien no responde a un saludo incumple una conven ción social Y, €n consecuencia, será poco aceptado dentro del gro Do; y sun español usa un imperativo para pedir o no usa la fórmal. por faver en Chile scpa que abrendrá un claro fracaso, Del dominio 2mayar o menor de las convenciones sociales y la bora de interactuar de - pende e éxito en la consecución de muestras metas. me Sirvámonos otra ves del mundo empresarial. Actualmente las Empresas se expanden hacia otros lugares del mundo Los contac- las Internacionales con otras organizaciones son continnos Y, el Consecuencia, la comunicación intercultural. Las operaciones o merciales y financieras con éxito, los huenos negocios cun aís os y sociedades extranjeros dependen también de la buena comunica: ción y ésta solo se logra si el personal que ha de lHovar adelante la negociación no solo es un hablante bilingiio, sino persona conoce. dora de los secretos de la cultura lingilística en cuestión, un me- diador lingúístico y cultural. Como señalábamos, muchas en esas empiezan a diseñar planes de gestión lingiístico-cultural E e cialmente las que se han expandido por distintas vías hacia otros Países más o menos alejados de la lengua y la cultura propias. El Ñ so del discurso publicitario, de los diferentes modos de hacer A blicidad es otro buen ejemplo de la diversidad en la comunicació: a intercultural; mientras que cn algunas culturas se tiende en bli cidad a un estilo comunicativo más persuasivo, en otras lo o dial es ganarse la confianza del consumidor, En e comperación y la cortesía, Principios bás 1.6. SABER HABLAR TIEN ES USAR DE MODO Ey RATÉGICO EL LENCUAJT. PARA LOGRAR LOS OBJELIVOS PREVISTOS Esta sería una de las conclusiones generales que sc obtendrían d tado lo dicho con anterioridad: hablar es negociar los fines de unos ; otros a través de estrategias. Decimos que alguien habla de mado inteligente cuando ha utilizado la estrategia y las tácticas verbal ' y extraverbales adecuadas a las metas previstas. NN Al hablar intentamos siempre lograr la aceptación y el acuerdo del otro, Es preciso tener muy en cuenta que se habla siempre con un fin transaccional o interpersonal, y al servicio de estos dos E nerales hemos de poner los medios y los mecanismos que nos ole. ¿QUE Es SADER IJADLAR? ec la lengua. El estudiante que pedía a su profesor una información (Oye, disne cuándo es el examen) tenía un fin transaccional, pero no era un buen estratega, cquivocó su clccción lingúística y por ello su solicitud no fue atendida. Alabar la comida que ha cocinado para nosotros un amigo, incluso en el caso de que no nos agrade de- masiado, tiene un fin normalmente interpersonal, el acuerdo que se intenta aquí lograr es de carácter social. En ocasiones, no obs- tante, conviene aludir y eludir, esto es, hay fines contesables y otros menos confesables, por lo que no conviene explicitarlos tanto. Aunque sernánticamente las cuatro expresiones que siguen alu- den a la ausencia de clase de un tal Antonio y al intento de que és- to se presente, las estrategias para lograrlo son diferentes: a. ¡Ven a clase! b. ¿Puedes venir a clase? c. Antonio, ven a clase, te echamos de menos. d. Antonio, las clases ya han empezado. Ta opción lingitística 4) es un procedimiento que muestra la intención a las claras y no parece se piense en los posibles efectos; responde, así pues, a una estrategia abierta, una especie de o1- den, y directa. La opción ¿) se corresponde con una estrategia abier- ta, pero indirecta; la acción, que es más bien ahora de petición v recomendación, está atenuada (hay cortesía mitigadora) median- te cl uso de la estructura interrogativa y el vorho de posibilidad «po- der». Una elceción como la de £) forma parte también de una es- trategia abierta, pero utiliza un procedimiento de cortesía agradadora. Y, en fin, la d) constituye un procedimiento que deja al oyente que interprete la intención, táctica de una estrategia encu- bierta. Puede que de nuestra elección, de acuerdo con las circuns- tancias propias de dicho acto de comunicación, dependa la acepta- ción o el rechazo del tal Antonio. Nadic hable we hablas siempre lray una meta que lograr, aunque solo sea la de mantener las relaciones sociales o la de buscar una mayor integración con el grupo social. Hay que ir con cuidado, puesto que las tácticas verbales pueden variar en las distintas nor- tas regionales del español y, más aún, en otras lenguas. Según notábamos el imperativo se utiliza con frecuencia en España para pedir, dar consejos, recomendar. No se entiende así en muchos lu- gares de Hispanoamérica, donde dicha forma verbal indica por lo general orden e imposición y su uso amenaza la imagen del otro. As