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Asignatura: Lingüística aplicada a la traducción e interpretación, Profesor: Annika Herrman, Carrera: Traducción e Interpretación Alemán, Universidad: UPO
Tipo: Apuntes
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Una lengua se puede definir como un sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana. Lo normal es que una lengua cuente con muchos hablantes repartidos por una extensa geografía. El relieve del terreno, la situación de comunicación, las circunstancias económicas y políticas dividen al número total de hablantes en grupos según las áreas que ocupan.
La dialectalización de una lengua es un proceso natural y continuo. De hecho, partir de una lengua común y homogénea no es más que una dicción útil para presentar el proceso. En realidad, al hablar de lengua y dialecto estamos considerando la suma de una serie de rasgos lingüísticos con áreas de ocurrencia distintas que en ocasiones abarcan más de un dialecto e incluso más de una lengua.
El estudio científico de los dialectos data de mediados del siglo XIX, cuando los filólogos comenzaron a trazar la evolución diacrónica de las lenguas. En los últimos años los conceptos de lengua y dialecto se han puesto en tela de juicio, porque en su definición se escondían criterios de valor ajenos a la lingüística.
Podemos considerar dialecto toda variedad sistemática de una lengua específica que se habla en una zona concreta. En general, se puede hablar de cinco tipos de relación entre las variedades de la lengua, de acuerdo con el grado de comprensión mutua y con sus respectivas historias culturales.
El criterio tradicional para distinguir un dialecto es el de su distribución en el mapa. Los dialectos suelen coincidir con barreras geográficas o con antiguas barreras políticas. En primer lugar, hoy más que antes las personas cambian a menudo de lugar de residencia y llevan consigo sus dialectos. Por otro lado, los medios de comunicación de masas han generalizado el uso de variedades próximas a la norma que conviven juntos a las más divergentes, creando situaciones de diglosia. La diglosia es la situación en la que una persona dispone de variedades distintas, que usa casi exclusivamente en contextos distintos.
En segundo lugar, el uso de la variedad geográfica no es uniforme en todo el mundo.
La mutua inteligibilidad no se da en términos absolutos sino graduales. A veces parece funcionar sólo en una dirección, como en el portugués y el español.
Puede haber variedades inteligibles que se consideran lenguas distintas por factores sociales y políticos.
También ocurre que variedades inteligibles o lejanas se consideren una misma lengua.
El tamaño es otro criterio definitorio de dialecto, porque una lengua es mayor que un dialecto, es decir, una variedad considerada lengua contiene más elementos que una considerada dialecto. Este criterio parte del principio de que los elementos comunes a dos variedades son patrimonio exclusivo de la variedad dominante o estándar.
Por otra parte, los dialectos se ordenan en un continuo en el que los dialectos adyacentes son mutuamente inteligibles aunque los de los extremos no lo sea. Estos continuos pueden rebasar las fronteras de una lengua.
Lengua y dialectos contrastan, finalmente, en cuanto al prestigio. Popularmente, la palabra dialecto se asocia a formas de la lengua que se consideran incorrectas. Desde esta perspectiva, una lengua es un bien común estable al que hay que proteger de los embates de usuarios sin instrucción o poco respetuosos del patrimonio.
También se dice que los dialectos tienen generalmente poca relevancia cultural y que hay que evitarlos en público (El relativo prestigio de los dialectos varía con el tiempo).
En resumen de todo lo anterior se puede concluir que, desde el punto de vista lingüístico, es muy difícil distinguir entre una lengua y un dialecto.
Los dialectos del español se pueden dividir en dos grupos, el europeo y el americano, con las variedades andaluza y canaria como las más americanas de las europeas.
Dentro de los dialectos europeos, el castellano, hablado en el centro y el norte de la península Ibérica, es el dialecto más divergente de todos.
Las diferencias dentro del español americano son también notables, por ejemplo en el uso del pronombre para la segunda persona del singular.
Los mediadores suelen ser conscientes de las diferencias léxicas dialectales para asegurarse de que no provocan reacciones negativas al usar palabras tabúes.