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1. CONCEPTO DE ANDALUZ Andalucía, región enclavada en el sur de la Península Ibérica y con una extensión de más de 87.000 km?, ha sido desde tiempos prehistóricos territorio propicio para el asentamiento de pueblos de muy distinta raza, lengua y cultura. Las civilizaciones tartésica e ibérica, algunas áreas de poblamiento celta y otros pueblos de ori- gen mediterráneo se verán atraídos, como un imán, hacia el sur- oeste peninsular, conformando así las primeras corrientes huma- nas de alta cultura pertenecientes a la Protohistoria andaluza. La aparición de la civilización tartésica representa uno de los acontecimientos más trascendentes de nuestra Antigiedad, pues su consolidación contribuiría sobremanera a la evolución de la generalidad de las culturas mediterráneas. La región del bajo valle del Guadalquivir, Huelva y sus territorios limítrofes, desde época atrás eran un escenario privilegiado para el asentamiento y desarrollo de este y otros pueblos, no sólo por su extraordinaria riqueza minera, sino también por su importante emplazamiento geográfico: en la misma entrada del Mediterráneo. Por estas razo- nes, el suroeste peninsular no tarda en convertirse en foco de ebullición que atraerá distintas culturas: unas, para instalarse en la región y otras, sólo para mantener relaciones comerciales y económicas. Y es así como acuden hasta nuestras costas pueblos navegantes orientales, como fenicios y griegos, quienes competi- rán sin duda por el control de explotación tan codiciado de los grandes centros mineros situados en estas amplias tierras. La península española permanecía durante la época anterior a la llegada de los romanos fraccionada en multitud de pueblos con distintos grados de cultura. Los más atrasados eran los habi- tantes de las zonas centrales y septentrionales, mientras que los del sur y levante, gracias a las relaciones con las florecientes civili- zaciones de los primeros colonos, gozaron desde muy pronto de un co: ble nivel cultural. En líneas AA puede decirse 12 EL ANDALUZ dado lugar a una larga y curiosa controversia entre los investiga- dores. Más hacia el Oriente andaluz, por la costa de Levante y regiones vecinas, se extendía la cultura de los iberos. Ñ Además de estos habitantes, al sur peninsular e igualmente a las costas mediterráneas arribaron gentes colonizadoras griegas y fenicias en busca de un desarrollo basado en gran parte en las posibilidades mineras de Andalucía occidental. Tanto unos como otros mantuvieron importantes relaciones comerciales con el Sur peninsular y llegaron incluso a disputarse la hegemonía sobre el reino de Tartessos, A poco de la fundación de la factoría de Gadir (actual Cádiz) comienza la expansión comercial por el bajo Gua- dalquivir, por entonces navegable hasta más arriba de Sevilla, Muy pronto los fenicios consiguen tejer la urdidumbre de un gran imperio comercial, asentado en colonias repartidas por los rincones más estratégicos. Desde una tupida red de factorías y enclaves comerciales de la costa, los fenicios desarrollan un acti- vo comercio con los habitantes del interior. Para los tartesios, sin duda, fueron un factor de enriquecimiento, si bien nunca los vieron con total sosiego. En cuanto a la presencia de los grie- gos, parece ser cierto que se establecieron más allá del estrecho de Gibraltar, en las costas del reino de Tartessos. Así se despren- de de las noticias sobre los frecuentes viajes que debieron reali- zar hacia el sur peninsular en busca de metales. Sea como fuere, y al margen de la irresuelta problemática que plantea la presen- cia helénica, lo que nadie pone en duda es que su peso en la conformación de las culturas protohistóricas de esta región es indiscutible. Sin embargo, ninguna de las lenguas de los pueblos prelatinos sobrevivió al proceso de romanización. De ahí la imposibilidad de pensar, por ejemplo, en la existencia de un sustrato prerromano de la lengua tartésica para explicar el origen del andaluz. Real- mente, del paso de las distintas lenguas prerromanas sólo nos queda un número no excesivo de topónimos. Y aunque nos pese, esta es su única pervivencia lingúística. A partir del año 218 antes de Cristo tanto la zona ibérica como la zona tartesia son conquistadas por el Imperio Romano. Con la civilización romana se impone la lengua latina; no obstante, toda- vía tendría que pasar un período de bilingúismo antes de que desapareciesen definitivamente las primitivas lenguas peninsula res, Será a partir del(sigló 1 cuando comiencen a aflorar los pri- meros síntomas de descomposición del Imperio. La invasión ger- CONCEPTO DE ANDALUZ 13 mánica amenaza ya sus desmoronadas fronteras. En el año! 10: con las invasiones de los pueblos germanos (suevos, alanos y ván- dalos) a la Europa occidental, y evidentemente, a la Península Ibérica, llega el fin del Imperio Romano. Sin embargo, su influencia ingúística sobre la población hispano-latina no sería demasiado significativa. Si acaso debiéramos reseñar un hecho de trascendencia para la historia ingúística peninsular, vendría a ser el que con ellos el latín vulgar queda definitivamente abandona- do a sus propias tendencias evolutivas. > . . Con la invasión árabe, a partir de 71% se cambia radicalmente toda la etapa histórica anterior. La España musulmana pasa a denominarse «Al-Andalus» y se introduce como lengua oficial (de la administración y la cultura) una muy distinta: el árabe. Poco a poco Andalucía se convierte en una zona fuertemente arabizada. Junto a la lengua árabe coexiste la lengua romance mozárabe, con lo que se produce una situación de bilingúismo de la que tenemos abundantes testimonios. Pero conforme avanza el proce- so de islamización de los mozárabes, el romance mozárabe va decayendo. Y precisamente sobre esta lengua hemos de descartar el que haya tenido algún influjo, de aspecto fonético, en los ras- gos peculiares del andaluz. En todo caso hemos de suponer que los rasgos de procedencia mozárabe ya fueron incorporados al castellano antes de que se extendiera por Andalucía. En contra de la opinión de algunos, no existe una relación genética entre el mozárabe y el dialecuraridaluz. . Con la reconquista de los territorios ocupados porlos musul- manes en el Valle del Guadalquivir, a partir del sigló XIL/por par- te del reino de Castilla y León tomienza el proceso de implanta- ción del castellano en tierras andaluzas, que no finalizará hasta la definitiva incorporación del reino de Granada a la organización administrativa y política de Castilla. Así pues la llegada de la len- gua castellana se produce como consecuencia directa de la recon- quista y ulterior colonización cristiana del sur peninsular. Es la propia lengua de los reconquistadores la que se impone y acaba con la situación de bilingúismo árabe-mozárabe de la etapa histó- rica anterior. Precisamente son estas mismas gentes, que tras la conquista militar ocupan nuestras ciudades y campos, quienes se convierten en los nuevos andaluces. Pero ¿en qué momento y de qué manera la lengua que traen consigo, la castellana, se transfor- ma en la variedad lingúística dialectal que hoy denominamos andaluz? 16 EL ANDALUZ frente a las restantes variedades del dominio hispánico. De ahí que para muchos sea ante todo una modalidad fonética, Es preci- samente la tendencia progresista de su fonética lo que ha llamado desde siempre la atención de los estudiosos. Por otro lado, su frontera lingúística no coincide con la actual delimitación políti- co-administrativa de Andalucía. Piénsese que si al sur la delimita- ción dialectal parece quedar marcada geográficamente por el mar, no sucede lo mismo con el norte, donde existe un extensa zona de transición con las hablas extremeñas, manchegas y mur- cianas. Si a todo ello añadimos la falta de uniformidad interna de cuantos fenómenos linguísticos se dan aquí, obtendremos un rico mosaico de rasgos que se entrecruzan y dispersan no sólo espa- cialmente, sino también diastráticamente. Por esta razón, no tie- ne mucho sentido seguir hablando de la tradicional división de Andalucía en dos zonas (oriental y occidental), si entendemos Por tal aseveración el establecimiento de una línea que deslinde - tajantemente estas dos grandes áreas, En rigor, todo es mucho más complejo. te 2. LA PRONUNCIACIÓN 2.1. EL vocALISMO 2.1.1. Descripción lingúística Uno de los fenómenos más interesantes de la dialectología andaluza es la descripción de la naturaleza de su vocalismo. Como sabemos, el sistema vocálico del español general, caracteri- zado frente a otras lenguas románicas por su nitidez y claridad, consta de cinco fonemas que se oponen entre sí mediante dos rasgos: la abertura y la localización. Sin embargo, en gran parte de Andalucía este sistema vocálico se ha visto alterado por la pérdida de determinadas consonantes en posición implosiva, especialmente la de la ese. Es lo que sucede en la Andalucía oriental, donde la desaparición de este sonido ha llevado consigo la abertura de las vocales finales, produciéndose de esta manera una modificación del timbre vocálico. El proceso operado vendría a ser el siguiente: la /s/final de palabra primera- mente tiende a aspirarse para después desaparecer totalmente transformando previamente las vocales precedentes, las cuales se pronuncian con un grado de abertura muy superior al de las cinco vocales del español común o al de las mismas vocales cuando van en singular, además de presentar un significativo aumento en su duración e intensidad. En el resto de la región, en cambio, la desa- parición de la esefinal no ha llegado a tener esta profunda repercu- sión que acabamos de describir. Todo lo contrario: la /-s/ en la zona occidental tiende a realizarse como sonido aspirado, perma- neciendo como tal o bien desapareciendo, en cuyo caso desapare- ge igualmente la abertura vocálica. Tanto en un caso como en otro, se producen importantes consecuencias en el aspecto morfológico, toda vez que afecta a la distinción singular/plural así como a la desinencia verbal de segunda persona de nuestra conjugación. A la vista de cuanto acabamos de exponer, hallamos en Anda- lucía dos :0o] de soluciones: