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Asignatura: Lengua Española (Teoría y Prácticas de la Lengua Escrita), Profesor: Mª Ángeles García Aranda, Carrera: Lenguas Modernas y sus Literaturas, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, por Ignacio Bosque
En este escrito redactaré las principales reflexiones del texto de Ignacio Bosque en el que se enjuician las reglas englobadas en nueve guías sobre lenguaje no sexista como por ejemplo: MUR-8, UPM-10 ó UGT-14, elaboradas por comunidades autónomas, sindicatos y universidades, en el que afirma dicho autor, las propuestas manifestadas para subsanar la disparidad de género en el lenguaje van encaminadas en el sentido opuesto.
En estas guías en las que se sacrifica la visibilidad femenina en el lenguaje a la eficacia y naturalidad en el discurso oral, todo esto sin consultar a expertos cualificados en el ámbito del lenguaje que competen directamente en estos temas, se tratan también temas como el evidente machismo habido en España desde tiempos remotos. Asimismo cita que “existe la discriminación hacia la mujer en nuestra sociedad”, como recalca la obligación de «extender la igualdad social de hombres y mujeres, y lograr que la presencia de la mujer en la sociedad sea más visible». Se aterriza en la conclusión insostenible, según muchos hispanohablantes (lingüistas y no lingüistas, españoles y extranjeros, mujeres y hombres) que es la de “suponer que el léxico, la morfología y la sintaxis de nuestra lengua han de hacer explícita sistemáticamente la relación entre género y sexo, de forma que serán automáticamente sexistas las manifestaciones verbales que no sigan tal directriz, ya que no garantizarían 'la visibilidad de la mujer'”, de igual modo, si no se tolera el razonamiento, se paralizaría la evolución del lenguaje en la sociedad actual, de forma que mantendremos la ristra de hábitos que lo masculinizan y caeremos en el “pensamiento androcéntrico, ya que la utilización de esta forma de lenguaje nos hace interpretar lo masculino como lo universal”. Los narradores de estas guías están fundamentalmente fastidiados por el uso genérico del masculino para denominar a ambos sexos, aunque es lo común en la lengua española y de otras muchas lenguas. Aconsejan, por tanto, decir “la ciudadanía”, en vez de «todos los ciudadanos»; "las personas becarias”, en lugar de «los becarios», o «personas sin trabajo» y no «parados».
“Existen todavía diferencias salariales entre hombres y mujeres. Se atestiguan también diferencias en el trato personal en el trabajo que a veces se extienden al grado de capacitación profesional exigido en la
práctica, así como a las condiciones requeridas para acceder a puestos de responsabilidad. Además de en el mundo laboral, existe desigualdad entre hombres y mujeres en la distribución de las tareas domésticas. Es también real el sexismo en la publicidad, etc.” estos son los argumentos de los lingüistas, los responsables de las guías podrían decir que sus recomendaciones proceden de «su sensibilidad ante la discriminación de la mujer en el mundo moderno». Pero ese razonamiento, según Ignacio Bosque indefendible ya que acredita el sexismo en el lenguaje a prácticamente todas las personas; mujeres y hombres.
“¿Qué se supone que ha de pensar de sí misma una mujer que no se sienta excluida de la expresión ¨Se hará saber a todos los estudiantes que…¨, por mucho que la Generalitat Valenciana le diga que la están discriminando?” Las guías estudiadas “son poco flexibles en este punto”. Sugiere que la mujer que no perciba irregularidad alguna en un lenguaje sexista debería sentirse de cierto modo machista e incongruente. Totalmente ilógico, ya que se podría decir que esta autoridad para dictaminar si existe o no machismo sería la propia conciencia de esa mujer y de la sociedad en general, incluidos hombres.
Hablemos ahora del uso de desdoblamientos múltiples o el uso del arroba en el lenguaje formal, ya que supone un adelanto en la rectificación del “problema de la visibilidad” también sería esencial «reconocer, simple y llanamente, que, si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar», asegura Bosque, quien cree que las propuestas están pensadas solo para el lenguaje oficial. Pero, luego, «la autoridad, el responsable o el gestor que desdobla usuarios y usuarias o ciudadanos y ciudadanas se olvidaría de su desdoblamiento cuando ya no esté delante de un micrófono o de una cámara y hablaran como todo el mundo», esto confeccionaría una barrera más al lenguaje repleto de eufemismos políticos o empresariales.
La mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas y el autor asegura que, en algunos casos, las propuestas «conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico, o bien anulan distinciones y matices que deberían explicar en sus clases de Lengua los profesores de Enseñanza Media, lo que introduce en cierta manera un conflicto de competencias». “No hay, desde luego, ilegalidad alguna en las recomendaciones sobre el uso del lenguaje que se introducen en esas guías”, ya que el lenguaje es un arma meramente comunicativa.
Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad, por Juan Carlos Moreno Cabrera
Se trata de una reacción de parte de la comunidad de lingüistas a las críticas de un texto a favor del redactado por Ignacio Bosque anteriormente, nada más comenzar ya se pueden percibir los criterios a los que nos enfrentaremos con Juan Carlos Moreno: “Si se observa distanciadamente, la discusión que subyace a las intensas polémicas sobre este texto –y sobre otros anteriores- no es acerca de un problema social, sino acerca de cómo ese problema social se refleja –o no- en distintos aspectos del uso de la lengua. Nadie discute que la mujer ha sido tradicionalmente discriminada en numerosos aspectos de la vida laboral y la legislación española; este aspecto queda fuera de la polémica y lo asumimos como cierto, así como entendemos que es cierto de algún modo deben promoverse cambios sociales que disuelvan esta desigualdad”
Así pues, se está dejando un poco de lado el aspecto de la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Lo que no queda claro es si deja de lado también la cuestión de lo que se ha de estudiar es el impacto de esa desigualdad en el uso de la lengua, es decir, en la actuación lingüística, no en la gramatical, rodeando y estudiando así el nivel léxico, morfológico o sintáctico.
Moreno Cabrera evita el tema de l aspecto individual como mujer, que es el más evidente, y se ocupa íntegramente al aspecto gramatical, cuestionándose así si la gramática puede ser sexista: “Las gramáticas no pueden ser sexistas, de la misma forma que no pueden ser comunistas, anarquistas, liberales o ecologistas”.
Asimismo, alude a los críticos sobre el texto redactado y a su actitud con respecto al trabajo que realizan lingüistas y profesionales de la lengua como forma normativa y no consejera, que sólo se encarga de que “ permanezca pura en su cumplimiento de ciertos principios ideales”.
Por todo ello, Juan Carlos Moreno Cabrera, declara como colofón final no estar de acuerdo con la crónica, valorando que las denominadas guías del lenguajes no sexista no son útiles en términos sociales, ni gramaticales. Por lo tanto no resulta provechoso para lo que se pretende, sin mencionar el desconocimiento de matices lingüísticos.