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Asignatura: Lenguaje, Profesor: María Soledad Beato Gutierrez, Carrera: Psicología, Universidad: USAL
Tipo: Resúmenes
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Introducción
Cuando hablamos no pronunciamos palabras aisladas como “gato”, sino que expresamos ideas que requieren la combinación de varias palabras, realizamos actos predicativos, decimos algo sobre algo. La interpretación de una oración conlleva procesos específicos que no ocurren durante el reconocimiento de palabras aisladas.
Para comprender una oración es necesario ejecutar todos los procesos ortográficos, fonológicos, de acceso léxico y semánticos. Además, el lector debe realizar ciertos procesos de segmentación de la oración en unidades sintácticas. Así, agrupará palabras en unidades mayores, denominadas sintagmas. A su vez, debe establecer vínculos de correferencia. El orden de las palabras también es un elemento sintáctico. Si se alterase el orden de algunas palabras, la interpretación sería diferente.
En suma, el lector debe mostrar unas competencias lingüísticas que le permitirían categorizar distintas clases de palabras, segmentar el texto en constituyentes gramaticales y establecer vínculos de correferencia entre palabras situadas en diferentes constituyentes. El usuario de la lengua no tiene por qué haber estudiado gramática para aplicar correctamente sutiles operaciones sintácticas durante la comprensión del lenguaje.
La realidad psicológica de la segmentación es que las unidades de entonación prosódica en el habla coinciden con unidades gramaticales.
Finalmente, según la teoría del arranque prosódico, las unidades de entonación prosódica en el habla del adulto podrían servir de pista a los bebés para iniciarse en el aprendizaje de la sintaxis. La psicología del lenguaje ha intentado desvelar la comprensión de las oraciones. La sintaxis es un fenómeno emergente en el nivel de las oraciones y, para muchos, constituye el aspecto mas extraordinario del lenguaje humano, que no tiene parangón en ninguna otra especie. En este tema, trataremos diferentes planteamientos en el estudio psicológico de los procesos sintácticos en las oraciones: la perspectiva estructural de Noam Chomsky, la perspectiva funcionalista y la perspectiva pragmática y semántica.
Las tres perspectivas son válidas y complementarias, pero obedecen a planteamientos teóricos y procedimientos experimentales diferentes.
PERSPECTIVA ESTRUCTURAL DE LA GRAMÁTICA
Interesada en cómo el lector consigue segmentar las oraciones en componentes sintácticos organizados sintácticos organizados jerárquicamente. No pretenden ser teorías del significado.
A Noam Chomsky no le satisfacían las teorías psicológicas sobre el lenguaje acuñadas en su época. Es por eso que propone la noción de reglas generativas y de transformación, que el usuario de la lengua aplicaría de forma jerárquica, para codificar
sintácticamente las oraciones. Trató de explicar cómo somos capaces de construir y comprender un número infinito de oraciones diferentes. Al demostrar que con un número pequeño de reglas se puede generar y codificar la infinidad de oraciones que somos capaces de procesar, redujo el espacio problema de la lingüística. Según sus propios términos, la lingüística está interesada más en la competencia sintáctica, que en la actuación. El objetivo de una teoría de la competencia es describir las reglas que permiten generar oraciones gramaticales y distinguirlas de las no gramaticales. Además la competencia chomskiana, se centra en la gramática y se desinteresa por el significado. Por otro lado, la actuación o el uso pragmático del lenguaje está guiado por las intenciones comunicativas e los hablantes, su conocimiento del mundo, las limitaciones, etc. Todos estos aspectos son de interés para la psicología del lenguaje.
A pesar de los dicho, Chomsky tuvo un enorme impacto en la psicología del lenguaje y muy especialmente en el estudio del procesamiento sintáctico.
Teorías basadas en principios
Postulan estadios de procesamientos autónomos o encapsulados. Al procesarse una oración primero operaría el analizador sintáctico. Sólo en estadios posteriores entrarían en juego otros factores no estructurales.
Lyn Frazier y Charles Clifton, desarrollaron la teoría de vía muerta, donde los lectores eligen inmediatamente una de las estructuras posibles, basándose en dos principios universales:
▲ La adjudicación mínima : elegir la representación sintáctica más simple.
▲ El cierre tardío : unir las nuevas unidades gramaticales a la cláusula o sintagma procesado más recientemente.
La teoría de vía muerta, es de carácter modular, los principios de segmentación se aplicarían con independencia del significado de las palabras.
Poco después, Frazier, afirmara que esos principios de adjudicación mínima y el cierre tardío, eran universales.
Cuetos y Mirchel, compararon el procesamiento de oraciones sintácticamente ambiguas en español y en inglés. Los resultados confirmaban la hipótesis de cierre tardío de Frazier, pues se cumplía en los lectores angloparlantes, sin embargo, los lectores españoles mostraban una preferencia relativa por un cierre temprano, observándose no sólo en los tiempos de lectura, sino también en la actividad electrofisiológica cerebral. Sin embargo, con este estudio no se pudo verificar la universalidad de las estrategias de segmentación que postulaba dicha teoría. Es por esto que Franzier se vio obligado a hacer cambios ad hoc y surgió la teoría de la interpretación. La T. de la interpretación postulaba que los principios de adjudicación mínima y cierre tardío solo se aplican rígida y universalmente a un conjunto muy limitado de sintagmas o relaciones gramaticales primarias, correspondientes a sujeto, predicado y complementos de las denominadas cláusulas finitas.
Figura y fondo
La figura es una entidad desconocida y el fondo es la entidad más familiar. Una característica del patrón predicativo figura/fondo es la asimetría. Consecuentemente, la inversión de los términos determina frases extrañas o con un significado diferente. Por ejemplo, mi perro es como un león o un león es como un perro.
Perspectiva
Cuando los usuarios del lenguaje deciden comunicarse, necesariamente enmarcan la descripción de un evento o escenario utilizando un punto de vista determinado. Los usuarios del lenguaje no pueden dejar de incluirse a sí mismos en los que dicen, estableciendo un marco espacial, temporal o convencional centrado en el aquí-ahora- yo.
En general, la descripción de relaciones espaciales supone una perspectiva determinada del hablante. Así los términos deícticos, implican un punto de vista particular que se altera cuando los interlocutores se mueven. Por otra parte, no es posible generar una oración sin establecer una datación de los eventos respecto al momento del habla (presenta, pasado, futuro), para ello utilizamos los morfemas, además de otros matices temporales, indicando si la acción se considera finalizada o en marcha. Finalmente, los pronombres deícticos (yo, tú, él/ella), que implican la perspectiva del hablante.
Se han seleccionado dos elementos gramaticales que se han estudiado desde una perspectiva funcionalista: las anáforas y los conectores.
Anáforas
Facilita la construcción de la coherencia entre las oraciones es la anáfora. Nos podemos encontrar con varios tipos: anáfora simple, anáfora categorial, anáfora cero, anáfora ambigua y anáfora conceptual.
El estudio de las anáforas trajo enseguida la atención de los psicólogos del lenguaje por diversas razones. En primer lugar, porque inducen a establecer vínculos de correferencia entre las cláusulas y las oraciones. En segundo lugar, las anáforas son extraordinariamente abundantes. En tercer y último lugar, el estudio del procesamiento se presenta especialmente al uso de los métodos de investigación en línea que han desarrollado los psicólogos del lenguaje durante décadas, como las medidas de activación o el registro de movimientos oculares.
La dificultad de la anáfora viene cuando tiene dos posibles referentes (anáforas ambiguas), cuando la distancian entre la anáfora y el referente es mayor o cuando el referente no pertenece al tema del discurso.
En el caso de que existan dos posibles referentes (anáfora ambigua), la resolución requiere procesos de razonamiento o inferencia basados en nuestros conocimiento del mundo. La ambigüedad referencial del pronombre no se resuelve inmediatamente, sino que se aplaza al final de la oración y cuando se resuelve el referente de la anáfora, no sólo se verifica más rápido el referente sino que se enlentece la respuesta ante el no
referente. En otras palabras, hay dos procesos que operan en la resolución de anáforas: el ensalzado del referente y la supresión o inhibición del no referente.
En general, los pronombres anafóricos se refieren a un antecedente, pero las anáforas conceptuales son una excepción. Gernsbacher presento a los lectores los tres tipos de anáforas conceptuales (anáfora cuando el objeto que aparece en una serie de objetos repetidos, cuando es una categoría genérica y cuando la entidad que incluye a un colectivo), pero incluyendo también condiciones de control.
En cuanto a la anáfora cero, se ha visto que a diferencia del inglés el castellano es muy propenso a utilizarla. Con frecuencia, en un texto se introduce un personajes con el nombre de su rol o profesión y posteriormente se vuelve a mencionar mediante una anáfora. En inglés muchos nombres de profesión no tienen marca de género. Por ejemplo the teacher. En un experimento realizado en inglés, se obtuvo de resultados que leían más despacio cuando la oración incluía el pronombre “she” que cuando incluía “he”, puesto que electrician es un oficio asociado a hombres. Por el contrario, leían más rápido la versión con “she” que la versión con “he”, ya que nurse es una actividad asociada a mujeres. Y leían igual de rápido cuando el referente era una profesión neutra, asociada igualmente a hombres como a mujeres.
Conectores
Al igual que las anáforas, operan como instrucciones de procesamiento, indicando al lector u oyente cómo debe integrar dos cláusulas. Operan entre unidades relativamente complejas por lo general cláusulas u oraciones. Así, el conector y, dependiendo del contexto, puede entenderse como una simple yuxtaposición o enumeración de eventos, como sucesión temporal, causalidad e, incluso, contraste u oposición entre eventos. Los conectores más restrictivos son cognitivamente más demandantes que los menos restrictivos. La frecuencia de algunos conectores es del mismo orden de magnitud e incluso, superior, que el de los pronombres anafóricos más comunes.
Según las investigaciones sobre conectores, habría que explicar su uso en las tareas de razonamiento deductivo.
El primer estudio fue desarrollado por Millis y Just. En dicho estudio, se estableció la técnica de la ventana móvil, donde los lectores se auto administraban el texto palabra por palabra.
Otras investigaciones han mostrado, que la presencia del conector causal porque incrementa la probabilidad de recuerdo tanto de la primera como de la segunda cláusula de las oraciones.
Noordman, Vonk y Kempff, comprobaron que cuando el lector no dispone de suficiente conocimiento sobre el fundamento causal de dos eventos, el conector “porque” resulta completamente inútil puesto que el lector no es capaz de realizar la inferencia causal.
En cuanto a los conectores adversativos, indican al lector que debe estar preparado para una ruptura de sus expectativas causales en la siguiente cláusula. En general, la
acción, quienes presentaban a los participantes oraciones que describían un movimiento de transferencia hacia sí mismo o hacia otro. Los efectos de compatibilidad oración- acción existieron también en las oraciones abstractas, es decir aquellas que mencionaban transferencias no de objetos físicos, sino de información: por ejemplo, “tú le contaste a Luisa la historia” o “Juan te explicó la lección”.
Las investigaciones con técnicas de neurociencia mostraron que la comprensión del lenguaje de acción podrían estar implicadas las neuronas espejo.
La comprensión de oraciones activa expresiones faciales.
Los investigadores han tratado de valorar si la comprensión de oraciones activa procesos emocionales, fijándose en una de sus manifestaciones fisiológicas: las expresiones faciales.
Cuando la expresión forzada en el experimento es de valencia diferente a la de la oración, se obstaculiza la simulación emocional y se produce dificultad de comprensión.
Experimento de tratamiento facial, donde se comprobó que la lectura era mas lenta tras el tratamiento con toxina botulínica tanto en la oraciones tristes como en las de enfado.
Más allá del lenguaje literal: las metáforas
Las metáforas son expresiones semánticamente híbridas: por lo general se refieren a ideas abstractas, pero utilizan para ello palabras concretas. Las metáforas son literalmente falsas. Tradicionalmente han sido consideradas de interés marginal para la psicología y la lingüística: una especie de aberraciones semánticas.
Varios hechos destacables han contribuido a esta rehabilitación de la metáfora como objeto de estudio.
En primer lugar, las metáforas son muy frecuentes, por lo que deben de tener una funcionalidad psicológica importante. Lo que ocurre es que muchas de ellas, las metáforas muertas, pasan inadvertidas ya que están arraigadas en nuestros hábitos lingüísticos que no producen ninguna tensión metafórica. Por otro lado, están las metáforas vivas, que sí que producen una tensión metafórica y es propia de los poetas.
En segundo lugar, las metáforas son herramientas de colonización cognitiva. Las metáforas no son únicamente modos de hablar, sino más bien modos de pensar. Así, las denominadas metáforas orientacionales, constituyen un rico sistema conceptual organizado en torno a las dimensiones del espacio.
En tercer lugar, las metáforas pueden ser generativa, siendo incluso dramático, sobre todo hacia las minorías. Por ejemplo, los miembros de la comunidad X son auténticas ratas.
La idea que subyace a estos estudios es que las metáforas no son convenciones lingüísticas arbitrarias sino que, en algunos casos, su significado metafórico activa realmente procesos corpóreos.
Más allá de los hechos: oraciones negativas y contrafactuales.
Los seres humanos somos una especie mentalista, y por ello estamos motivados y capacitados para expresar diversos estados de irrealidad. Es más, la propia lengua dispone de recursos sintácticos y morfológicos para expresar estos estados, tal es el caso de las oraciones negativas y contrafactuales.
La negación
A los psicólogos del lenguaje también les interesa la negación, pero no sólo por el modo en que altera los valores de verdad, sino también por algunas de sus características pragmáticas y cognitivas.
La necesidad de negar algo surge porque los interlocutores parten de algún supuesto previo. Las negaciones episódicas requieren que el lector asuma un supuesto previo en el que adquieren valor informativo. La función pragmática de la negación imperativa es la mas primitiva, ya que los bebés la comprenden muy tempranamente.
En un estudio de McDonald y Just se demostró que la negación es un reductor de la activación. En opinión de los autores, esto ocurre porque la negación cambia el foco del discurso, desviándolo del concepto negado. Sin embargo, otra posible explicación podría ser que la negación afecte al modelo de situación. Es decir, el lector se representa la situación descrita con un objeto presente (el afirmado) y otro ausente (el negado) y, en consecuencia, este último resulta menos accesible en la tarea de verificación de la palabra de prueba porque simplemente “no está” en la situación.
El experimento indica un doble proceso en la comprensión de negaciones: en una primera etapa predomina el mecanismo gramatical de reducción de activación propio de la negación, pero más tarde la activación dependerá del estatus, presente o ausente, del objeto en el modelo de situación.
Los estudios neurocientíficos también impulsaron recientemente el estudio de las negaciones. Los resultados mostraron actividad en la corteza motora y premotora durante la comprensión de oraciones afirmativas y una reducción de la actividad de estas zonas en el caso de las oraciones de acción negativas.
Las oraciones contrafactuales
Describen eventos irreales, pero, además, proponen una relación condicional que puede ser verdadera o falsa. Las personas utilizamos estas oraciones para hacer conjeturas acerca de eventos pasados que podrían haber sido de otro modo. Utilizamos constantemente estas oraciones, a veces expresándolas abiertamente y a veces como pensamientos internamente.
Además, las oraciones contrafactuales están relacionadas con algunas emociones humanas complejas, como el pesar o el alivio que resultan de contrastar lo que ocurrió con lo que podría haber ocurrido.