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Apuntes de lesión renal aguda, con puntos clave
Tipo: Apuntes
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La Injuria Renal Aguda (IRA), anteriormente denominada “falla renal aguda”, constituye un síndrome de creciente prevalencia en el ámbito hospitalario y uno de los principales desafíos para la medicina interna, la nefrología y la medicina crítica. Su importancia radica no solo en su elevada incidencia, sino también en su impacto independiente sobre la mortalidad, la estancia hospitalaria y el desarrollo de enfermedad renal crónica (ERC) a largo plazo.
Históricamente, la IRA se definía de manera heterogénea, lo que dificultaba la comparación entre estudios y la estandarización del manejo. A partir del año 2000, múltiples consensos (ADQI, AKIN, KDIGO) unificaron los criterios diagnósticos, permitiendo una identificación más temprana y una estratificación del riesgo. La IRA no es una entidad única, sino un espectro clínico que va desde un pequeño aumento de la creatinina sin necesidad de diálisis, hasta la anuria con requerimiento de terapia de reemplazo renal.
La transición de “falla” a “injuria” enfatiza la naturaleza dinámica y potencialmente reversible del proceso, así como la posibilidad de intervenir antes de que se establezca un daño irreversible. Además, se ha demostrado que incluso incrementos menores de la creatinina (0.3 mg/dL) se asocian con peores desenlaces, justificando su inclusión en las definiciones actuales.
La fisiopatología de la IRA es compleja e involucra mecanismos hemodinámicos, inflamatorios, tóxicos y obstructivos que confluyen en una reducción de la tasa de filtración glomerular (TFG). El riñón, a pesar de su capacidad de autorregulación, es especialmente vulnerable a la hipoperfusión y a las agresiones externas debido a su alto consumo de oxígeno y a la concentración de toxinas en la médula renal.
En esta monografía se abordarán de manera sistemática la definición, epidemiología, clasificaciones (RIFLE, AKIN, KDIGO), la división etiológica en prerrenal, renal y postrenal, con especial énfasis en la necrosis tubular aguda, nefropatía por contraste, por pigmentos y por aminoglucósidos. Se desarrollará la fisiopatología y el tratamiento específico para cada una, así como las estrategias de prevención primaria, secundaria y terciaria. Finalmente, se detallarán las indicaciones precisas para iniciar diálisis, basadas en la evidencia actual y en los lineamientos de las guías internacionales.
La Lesión Renal Aguda se define como un síndrome clínico caracterizado por una disminución brusca de la función renal, que se manifiesta típicamente por un incremento en los niveles séricos de creatinina, una reducción en la producción de orina, o ambas. Tradicionalmente, el término "insuficiencia renal aguda" hacía referencia a un espectro más limitado de la enfermedad, mientras que el concepto actual de "lesión renal aguda" abarca un continuo fisiopatológico que incluye desde cambios sutiles en los biomarcadores funcionales hasta la necesidad de terapias de reemplazo renal.
La definición de LRA más aceptada en la actualidad proviene de la guía KDIGO (Kidney Disease: Improving Global Outcomes) publicada en 2012, la cual establece que se diagnostica LRA cuando se cumple cualquiera de los siguientes criterios:
un crecimiento anual del 12%. Durante el año 2024, más de 6.250 pacientes recibieron tratamiento de hemodiálisis a través del Sistema Único de Salud (SUS), concentrándose la mayoría de las atenciones en los departamentos de Santa Cruz (35%), Cochabamba (23%) y La Paz (21%). El perfil de estos pacientes revela que el 53,6% tiene entre 30 y 59 años, mientras que el 40,5% supera los 60 año
4.1 Clasificación RIFLE (2004)
Propuesta por la Acute Dialysis Quality Initiative (ADQI). El acrónimo significa:
● R isk (riesgo) ● I njury (injuria) ● F ailure (falla) ● L oss (pérdida de función) ● E nd-stage renal disease (enfermedad renal terminal)
Esta clasificación establece tres niveles de gravedad de la disfunción renal aguda (Risk, Injury, Failure) y dos categorías de desenlace (Loss y End-stage) que se refieren a la persistencia de la disfunción renal más allá de las 4 semanas.
La clasificación RIFLE se basa en dos parámetros: la creatinina sérica (expresada como incremento relativo respecto al valor basal) y la diuresis.
Categoría Criterios de Creatinina y Filtrado Glomerular (FG)
Criterio de Gasto Urinario (Diuresis)
R isk (Riesgo) Creatinina sérica x 1.5 o descenso del FG > 25%
< 0.5 ml/kg/h por 6 horas
I njury (Lesión) Creatinina sérica x 2 o descenso del FG > 50%
< 0.5 ml/kg/h por 12 horas
F ailure (Fracaso) Creatinina sérica x 3 o descenso del FG > 75%
< 0.3 ml/kg/h por 24h o Anuria por 12h
L oss (Pérdida) Pérdida completa de la función renal > 4 semanas
E nd-stage (Terminal)
Enfermedad renal terminal > 3 meses
Limitaciones: Pequeños aumentos de creatinina (<1.5x) no se consideran; la TFG estimada puede ser inexacta en IRA; no estandariza el valor basal.
4.2 Clasificación AKIN (2007)
En 2004, la Acute Kidney Injury Network (AKIN) propuso una modificación de los criterios RIFLE, con el objetivo de mejorar la sensibilidad para detectar cambios tempranos en la función renal. La clasificación AKIN mantiene la estructura de tres estadios de gravedad, pero introduce modificaciones significativas:
Etapa Creatinina Serica Diuresis
Estadio 1 ↑ ≥0.3 mg/dL o 1.5 a 2 veces el basal < 0.5 mL/kg/h por >6 h
Estadio 2 ↑ a 2 a 3 veces el basal < 0.5 mL/kg/h por ≥12 h
Estadio 3 ↑ a >3 veces el basal, o Cr ≥4 mg/dL con aumento agudo, o inicio de TRR
< 0.3 mL/kg/h por 24 h o anuria por 12 h
Ventajas: Detecta cambios mínimos; más práctico para ensayos clínicos. Desventaja: No especifica el tiempo para el aumento ≥0.3 mg/dL (asumido 48h).
4.3 Clasificación KDIGO (2012)
Es la guía actual y la recomendada por la mayoría de sociedades. Fusiona lo mejor de RIFLE y AKIN, con ajustes:
● Mantiene los tres estadios. ● Define el aumento de creatinina en 48h (como AKIN) o en 7 días (como RIFLE). ● Introduce el concepto de cambio de creatinina basal para pacientes sin valor previo. ● La diuresis debe medirse en condiciones de no uso de diuréticos (si se usan, interpretar con cautela). ● Agrega que el estadio 3 incluye cualquier inicio de terapia de reemplazo renal, independientemente de la creatinina.
Estadio Creatinina Sérica Gasto Urinario
1 1.5 a 1.9 veces el valor basal o incremento ≥ 0. mg/dL en 48h
< 0.5 ml/kg/h por 6 a 12 horas
2 2.0 a 2.9 veces el valor basal < 0.5 ml/kg/h por ≥ 12 horas
● Disminución del gasto cardíaco : Insuficiencia cardíaca congestiva, infarto agudo de miocardio, miocardiopatías, taponamiento cardíaco, embolia pulmonar masiva. ● Vasodilatación periférica : Sepsis, anafilaxia, fármacos vasodilatadores, cirrosis hepática con ascitis. ● Vasoconstricción renal selectiva : Fármacos que afectan la hemodinámica renal, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) que inhiben la síntesis de prostaglandinas vasodilatadoras, o los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) y antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA-II) que bloquean la vasoconstricción eferente. ● Hiperviscosidad : Síndromes mieloproliferativos, macroglobulinemia de Waldenström, mieloma múltiple.
6.2. Fisiopatología
La LRA prerrenal es rápidamente reversible si se corrige su causa y resulta, generalmente, de una reducción en la perfusión renal, causada por una serie de eventos que culminan en la disminución del volumen circulante efectivo y, por lo tanto, del flujo sanguíneo renal. El riñón sano responde a la hipoperfusión mediante mecanismos compensadores que incluyen la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona, la liberación de hormona antidiurética y la activación del sistema nervioso simpático. Estos mecanismos intentan mantener la presión de filtración glomerular mediante la vasoconstricción de la arteriola eferente mediada por angiotensina II.
Cuando la hipoperfusión es severa o prolongada, estos mecanismos compensadores resultan insuficientes y se produce una caída del filtrado glomerular. Es importante destacar que, a diferencia de la LRA intrínseca, en la forma prerrenal no existe daño estructural de las células tubulares, por lo que la recuperación es completa una vez que se restablece la perfusión adecuada. Sin embargo, si la hipoperfusión persiste, puede evolucionar hacia una necrosis tubular aguda isquémica, lo que constituye una forma de LRA intrínseca.
La fisiopatología de la LRA prerrenal incluye alteraciones en la hemodinámica glomerular e intrarrenal, con un desequilibrio entre los factores vasoconstrictores y vasodilatadores. Este mecanismo es particularmente importante cuando existen factores que interfieren con la autorregulación renal, como el uso de fármacos que bloquean el sistema renina-angiotensina.
6.3. Tratamiento
El tratamiento de la LRA prerrenal se basa fundamentalmente en la corrección de la causa subyacente que ha provocado la hipoperfusión renal. Las medidas terapéuticas incluyen:
milrinona) y a reducir la precarga y poscarga con diuréticos, vasodilatadores o ambos, según el perfil hemodinámico del paciente.
La LRA renal intrínseca resulta de un daño estructural directo del parénquima renal. Las causas más comunes son las que afectan a los túbulos (necrosis tubular aguda), seguidas de las enfermedades glomerulares, las nefritis intersticiales y las enfermedades vasculares. Dentro de la necrosis tubular aguda, que es la causa más frecuente de LRA intrínseca en pacientes hospitalizados, se distinguen dos grandes categorías etiológicas: la isquémica y la tóxica. A continuación, se desarrollan las formas más relevantes solicitadas.
7.1. Necrosis Tubular Aguda (NTA)
La Necrosis Tubular Aguda es la lesión renal caracterizada por el daño agudo de las células tubulares y la alteración de su función. Las causas más comunes son la hipotensión o la sepsis que causan hipoperfusión renal (NTA isquémica) y los fármacos nefrotóxicos (NTA tóxica).
7.1.1. Fisiopatología
La fisiopatología de la NTA, ya sea isquémica o tóxica, incluye alteraciones estructurales y bioquímicas que resultan en compromiso vascular y/o celular, llevando a vasoconstricción, alteración de la función y/o muerte celular, descamación del epitelio tubular y obstrucción intraluminal, fuga transtubular del filtrado glomerular e inflamación.
En la NTA isquémica , la reducción del flujo sanguíneo renal compromete el aporte de oxígeno a las células tubulares, especialmente a las del segmento S3 del túbulo proximal y al segmento grueso del asa de Henle, que son particularmente sensibles a la hipoxia debido a su alta demanda energética. La isquemia prolongada provoca la pérdida de la polaridad de las células tubulares, la disrupción de las uniones intercelulares y la apoptosis o necrosis de las células epiteliales. Las células necróticas se desprenden y obstruyen la luz tubular, mientras que el filtrado glomerular se filtra a través de las áreas donde el epitelio se ha desprendido (fuga transtubular), contribuyendo a la disminución de la función renal.
7.2.2. Tratamiento
El tratamiento principal de la IRA por rabdomiólisis y otros procesos que generan pigmentos es la hidratación intensiva, forzar la diuresis y evitar los fármacos nefrotóxicos. Las medidas específicas incluyen:
7.3. Nefropatía por Contraste
La nefropatía por contraste es el deterioro de la función renal después de la administración intravenosa de un agente de radiocontraste yodado, siendo generalmente temporaria. Es la tercera causa de lesión renal aguda adquirida en el hospital. La nefropatía por contraste es, en esencia, una forma de necrosis tubular aguda causada por el medio de contraste yodado, todos los cuales son potencialmente nefrotóxicos.
7.3.1. Fisiopatología
Los mecanismos exactos de la toxicidad por radiocontraste se desconocen completamente, pero se sospecha que se deben a alguna combinación de vasoconstricción renal y efectos citotóxicos directos, tal vez mediante la formación de especies reactivas del oxígeno, que causan una necrosis tubular aguda.
La osmolalidad del medio de contraste juega un papel importante en la toxicidad. Los agentes más antiguos tienen una osmolalidad elevada (1.400 a 1.800 mOsm/kg), mientras que los agentes de baja osmolalidad de segunda generación tienen valores de 500 a 850 mOsm/kg, y los agentes isoosmolales tienen una osmolalidad de aproximadamente 290 mOsm/kg, similar a la de la sangre. Los agentes más nuevos entrañan un menor riesgo de nefrotoxicidad.
Los factores de riesgo para la nefropatía por contraste incluyen: edad avanzada, dosis altas de contraste (>100 mL), factores que reducen la perfusión renal (depleción de volumen, uso concurrente de AINE, diuréticos o IECA), uso concomitante de fármacos nefrotóxicos (aminoglucósidos) y la presencia de enfermedad renal crónica o diabetes mellitus.
7.3.2. Tratamiento
La prevención es el pilar fundamental en el manejo de la nefropatía por contraste, ya que no existe un tratamiento específico una vez establecida. Las estrategias se centran en:
7.4. Nefrotoxicidad por Aminoglucósidos
Los aminoglucósidos (gentamicina, tobramicina, amikacina, netilmicina) son una familia de antibióticos ampliamente utilizados, cuya principal limitación es la nefrotoxicidad que producen. Afectan entre el 8% y el 26% de los pacientes que reciben un aminoglucósido durante varios días. Un estudio reciente encontró una frecuencia de insuficiencia renal aguda del 10,3% en pacientes tratados con aminoglucósidos, con recuperación completa en la mayoría de los casos.
manifestarse después de varios días de tratamiento, aunque puede aparecer incluso después de la suspensión del fármaco.
La LRA posrenal es aquella causada por la obstrucción del flujo de orina a cualquier nivel del tracto urinario, desde los cálices renales hasta la uretra. Esta obstrución genera un aumento de la presión intratubular que contrarresta la presión de filtración glomerular, lo que lleva a una disminución progresiva del filtrado glomerular.
8.1. Fisiopatología
La fisiopatología de la LRA posrenal depende de la localización, la duración y el grado de la obstrucción. Cuando la obstrucción es completa o casi completa, la presión intratubular aumenta rápidamente hasta alcanzar un nivel que iguala la presión de filtración glomerular, deteniendo prácticamente la filtración.
Inicialmente, la obstrucción induce vasodilatación de la arteriola aferente mediada por prostaglandinas, en un intento compensador por mantener el flujo sanguíneo renal. Sin embargo, la obstrucción prolongada conduce a vasoconstricción sostenida, mediada por endotelina, angiotensina II y tromboxano A2, que reduce aún más el flujo sanguíneo renal y el filtrado glomerular.
Además de los efectos hemodinámicos, la obstrucción urinaria prolongada causa daño estructural al riñón, incluyendo atrofia tubular, fibrosis intersticial e inflamación. La recuperación de la función renal después del alivio de la obstrucción depende de la duración de la misma. Las obstrucciones de menos de 48 horas suelen tener recuperación completa, mientras que las que duran más de 2-3 semanas pueden dejar secuelas irreversibles.
8.2. Tratamiento
El tratamiento de la LRA posrenal se basa en el alivio de la obstrucción lo más precozmente posible. Las medidas específicas incluyen:
La prevención de la Lesión Renal Aguda se organiza tradicionalmente en tres niveles, según el momento evolutivo de la enfermedad. Estas estrategias son fundamentales, dado que la LRA es una condición que, en muchos casos, puede prevenirse o minimizarse con intervenciones oportunas.
9.1. Prevención Primaria
La prevención primaria tiene como objetivo evitar la aparición de la LRA en individuos sanos o en aquellos con factores de riesgo, actuando antes de que se produzca el daño renal. Las medidas de prevención primaria incluyen:
adecuada hidratación, una dieta saludable y la evitación de fármacos nefrotóxicos de venta libre.
La terapia de reemplazo renal (diálisis) es una herramienta fundamental en el manejo de la LRA grave. La decisión de iniciar diálisis se basa en la presencia de complicaciones que no pueden ser manejadas con medidas conservadoras. No hay un valor absoluto de creatinina o urea que indique diálisis; se basan en el estado clínico. El mnemotécnico AEIOU resume las indicaciones:
A – Acidosis metabólica severa
● Criterio: pH <7.1 o bicarbonato <12 mEq/L a pesar de bicarbonato intravenoso (o el paciente no puede recibir bicarbonato por sobrecarga de volumen). ● Fundamento: La acidosis severa causa depresión miocárdica, arritmias, hiperventilación y resistencia a vasopresores.
E – Electrolitos (hiperpotasemia)
● Criterio: Potasio sérico >6.5 mEq/L, o >6.0 mEq/L con cambios electrocardiográficos (ondas T picudas, ensanchamiento QRS, onda P plana, fibrilación ventricular) o parálisis muscular. ● Fundamento: La hiperpotasemia es una emergencia que puede causar paro cardíaco. La diálisis es el tratamiento definitivo cuando las medidas temporales (calcio, insulina, salbutamol) fracasan o no son suficientes.
I – Intoxicaciones por toxinas dializables
● Causas: Litio, metanol, etilenglicol, salicilatos, teofilina, barbitúricos, ácido valproico, fenitoína, metformina (acidosis láctica). ● Criterio: Niveles tóxicos con falla renal o sin respuesta a otras medidas (hemoperfusión también puede ser útil). ● Fundamento: La hemodiálisis elimina rápidamente la toxina.
O – Overload (sobrecarga de volumen)
● Criterio: Edema pulmonar agudo o congestión sistémica severa refractaria a diuréticos de asa a dosis altas (furosemida >200 mg/día IV) en paciente anúrico u oligúrico. ● Fundamento: La sobrecarga de volumen aumenta la mortalidad. La diálisis (ultrafiltración) elimina líquido de forma controlada.
U – Uremia sintomática
● Criterios clínicos: ○ Encefalopatía urémica: Confusión, letargo, convulsiones, coma (por acumulación de toxinas uremicas). ○ Pericarditis urémica: Dolor torácico, frote pericárdico; riesgo de taponamiento. ○ Sangrado urémico: Disfunción plaquetaria con sangrado digestivo o cutáneo. ○ Neuropatía urémica o miopatía. ● Criterios de laboratorio: No hay umbral exacto, pero suele ocurrir con BUN >100- mg/dL, aunque pacientes ancianos o con metabolismo alterado pueden tener síntomas con BUN más bajo.
Otras indicaciones menos comunes:
● Hipercalcemia severa sintomática refractaria a bifosfonatos y fluidos. ● Hiperfosfatemia con calcifilaxis o tetania por hipocalcemia severa (en rabdomiólisis o lisis tumoral). ● Hiponatremia severa (<115 mEq/L) con síntomas neurológicos y sobrecarga de volumen que impida corrección con hipertonicidad.
Modalidades de diálisis en IRA
● Hemodiálisis intermitente (HDI): Es la más utilizada en pacientes hemodinámicamente estables. Se realiza durante 3-4 horas, 3-6 veces por semana. Ventaja: rápido control de electrolitos y urea. Desventaja: puede causar hipotensión por extracción rápida de volumen y cambios osmóticos. ● Terapia de reemplazo renal continua (CRRT): Indicada en pacientes inestables (shock, PAM <70 mmHg, alto requerimiento de vasopresores). Modalidades: CVVH (hemofiltración), CVVHD (hemodiálisis), CVVHDF. Ventajas: estabilidad hemodinámica, extracción gradual de líquidos. Desventajas: requiere anticoagulación continua (riesgo hemorrágico), más costosa, inmovilización. ● Diálisis peritoneal (DP): Raramente en IRA (menor eficacia en hipercatabolismo, riesgo de infección, puede interferir con ventilación mecánica). Útil en niños o en centros sin hemodiálisis.
10.1. Consideraciones sobre el Inicio de la Diálisis
Más allá de las indicaciones urgentes, existe controversia sobre el momento óptimo para iniciar la diálisis en pacientes con LRA sin complicaciones inmediatas. Las guías KDIGO recomiendan:
población general. Solo así se podrá reducir el impacto de esta condición devastadora, que afecta a millones de personas en todo el mundo.