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Asignatura: Álgebra Lineal, Profesor: pedro lopez, Carrera: Ingeniería de Sistemas Audiovisuales, Universidad: UC3M
Tipo: Apuntes
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Capítulo I: Política y educación:El problema de los valores El nexo entre la política y la educación es indudable. No obstante, existe en general una gran resistencia a reconocerlo.
La educación, debería estar, de algún modo, exenta de las interacciones políticas. No obstante, un superficial examen de la realidad, da como resultado que la educación ha sido y sigue siendo un factor importante de cohesión para los respectivos grupos nacionales ya que el sistema educativo preocupa a todos los gobiernos siendo uno de los instrumentos más utilizados para la socialización política de las nuevas generaciones y formando parte de todos los programas electorales de los partidos políticos.
Las dos dimensiones de la política Desde su nacimiento, aparecen separadas la filosofía política (lo que en política debe ser) y lo que después se llamará la ciencia política (lo que la política es).
La vuelta de los valores y la política educativa Se hizo un especial hincapié no sólo en el análisis descriptivo, sino también en el análisis crítico de la realidad política de la educación.
Esta breve incursión de los valores como elemento integrante de la política abarca aquellos valores que subyacen en las mismas politicas educativas, considerados como un hecho más que nos ayuda a comprender la compleja realidad política de la educación.
Capítulo II: El problema de los fines de la educación Asomarnos a las distintas respuestas sobre los fines de la educación puede ayudarnos a reflexionar sobre los problemas de indefinición que campean sobre la educación en la sociedad.
Las grandes respuestas Los fines de la educación están fijados por los gobiernos, los parlamentos o la constitución. Sin embargo, esos fines determinados por los poderes públicos, ¿son los que desean los padres para sus hijos?, ¿Son los que responden a las necesidades de alumnos y alumnas?, ¿Son los que consideran adecuados los profesores y profesoras?, ¿Son los que persiguen denodadamente los grupos de interés o confesionales?, ¿Son los que consideran imprescindibles los empleadores?. Los fines de la educación gravitan intereses, valores y concepciones diferentes. Al hablar de fines de la educación nos encontramos ante el tema central de la política educativa.
El pensamiento clásico respecto a este tema se podría resumir en dos breves y sencillas conclusiones. La primera de ellas, la educación es según el pensamiento griego, lo más importante desde el punto de vista de la polis. La segunda, si bien la educación es muy importante, precisamente por ello es esencialmente problemática.
Los fines de la educación en nuestro legado cultural La sociedad occidental ha sido siempre consciente, en mayor o menor grado de la necesidad de educar a la infancia y a la juventud, aunque no siempre haya respondido de igual manera a las mismas preguntas.
El problema de los fines, por otra parte está íntimamente entrelazado con otra cuestión: ¿para que se educa? Pregunta que admite también múltiples respuestas. Una de ellas es la transmisión de herencia cultural por parte de las generaciones adultas, otra que se educa par conseguir el desarrollo de la persona. Las respuestas han variado a lo largo de nuestra historia cultural.
Las preguntas fundamentales sobre los fines de la educación han producido respuestas diferentes en las que puede apreciarse la existencia de distintas tendencias históricas y de diversas concepciones. Todas esas respuestas no fueron neutras en ningun momento histórico pues aparecen ligadas a los intereses de los diferentes grupos políticos. Resulta inevitable tener en cuenta las ideologías a la hora de hablar de los fines de la educación. Hay algo que une a dichas respuestas y ese algo es el conflicto.
La Iglesia Católica ejerció un atento control de todo el sistema educativo hasta la mitad del s.XVIII, cuando surge con fuerza la doctrina de la subsidiariedad: la educación es un derecho de la familia y de la sociedad que solo en su defecto debe proporcionarla el Estado. La educación se configura en la Europa del s.XIX como un derecho de libertad frente al Estado, como un derecho a la libertad de enseñanza.
La libertad de enseñanza no es entendida por todos del mismo modo. Para buena parte de la sociedad, la libertad de enseñanza suponía el derecho a fundar y dirigir establecimientos privados dedicados a enseñar, pero, para otra parte no menos importante, la libertad de enseñanza se refería al derecho del profesor universitario a enseñar sin tener que acomodarse a las instituciones del Estado o de la Iglesia. La izquierda será defensora de la libertad de enseñanza entendida como libertad de cátedra, mientras que la derecha hará de la libertad de enseñanza en su acepción de libertad de crear y dirigir centros privados.
La libertad de creación de centros privados será defendida en España durante la restauración por una pequeña parte de la burguesía ilustrada como medio para hacer frente al Estado cuasi confesional de la Constitución de 1876 y su actitud intervencionista en la educación. De este derecho de libertad nacerá la Institución Libre de Enseñanza, cuya aportación a la educación española nadie puede dudar hoy.
El reconocimiento constitucional de la libertad de creación de centros privados es, en cambio más tardío. En España se reconocerá mediante la constitución de 1869.
La libertad de enseñanza entendida como derecho a la libre creación de centros privados ha terminado por ser reconocida en todos los países de la Europa occidental. La situación de la enseñanza privada en la Europa actual no deja de ser diversa: prácticamente inexistente en los paises nordicos, de relativa importancia en países como Alemania, Italia o Francia, y con peso específico en naciones como Bélgica, Holanda o España. Todos los países ayudan en mayor o menor grado, a la enseñanza privada.
Los defensores de la financiación pública de la enseñanza privada consideran que esta ayuda es el reverso de la libertad de creación de centros de enseñanza.
Los que rechazan la financiación pública de la enseñanza privada consideran que la obligación del Estado de suministrar educación debe hacerse efectiva a travé de la red pública de centros. Por tanto, aportar fondos públicos a la escuela privada significa detraer o disminuir los recursos financieros de la escuela pública. Ello no significa que los que rechazan la financiación pública de la escuela privada rechacen también la libertad de enseñanza. simplemente, estiman que este derecho de libertad debe ser costeado por quienes lo ejercen.
La libertad de enseñanza como libertad de cátedra La libertad de cátedra para unos o libertad de expresión docente o libertad de la ciencia para otros ha sido un objetivo de la izquierda.
El derecho a la libertad de cátedra se recogió en todas las constituciones del s.XIX. La proclamación de este derecho, nace limitado sólo a la Universidad.
En nuestros días, este derecho de libertad tiende a expansionarse. Aunque las Constituciones, suelen recoger este derecho de libertad referido a la cátedra universitaria, la doctrina internacional y la jurisprudencia suelen ampliarlo protegiendo también al profesorado de los demás niveles educativos. La libertad de cátedra contribuye al libre desarrollo de la personalidad y asegura una transmisión científica de los conocimientos, libre de todo adoctrinamiento ideológico.
Se ha producido la extensión de la libertad de cátedra a los centros públicos y concertados, tanto en los niveles universitarios como a los demás niveles educativos. La libertad de enseñanza, entendida como derecho a crear y dirigir centros privados, implica también el derecho a un ideario, es decir, un conjunto de valores que debe presidir la vida del centro.
En nuestros días, la libertad de cátedra supone un conflicto entre el derecho de los padres a elegir el centro docente y el derecho del titular del mismo a dotarlo de un ideario y el derecho del profesor a la libertad de expresión docente.
advenimiento del estado liberal es cuando el individuo tendrá frente al estado no sólo derechos privados, sino también derechos públicos.
Los derechos públicos no solo van a ser reconocidos y garantizados por la revolución francesas sino que van a ser elevados a la categoría de derechos fundamentales y proclamados de modo solemne en las Constituciones, lo cual significa que los derechos públicos de la persona van a tener un carácter constitucional.
Estos derechos naturales, inalienables e imprescriptibles son fundamentalmente dos: la seguridad de las personas y la libertad religiosa, dos grandes problemas que preocuparon mucho en esta época. No obstante, la eclosión de la Revolución francesa alcanzó a otros derechos.
Los derechos de libertad o defensa frente al Estado son un conjunto de libertades que tienen por objetivo proteger la vida, la propiedad y la libertad de las personas frente a la omnipotencia del Estado, esto se plasmará más tarde en el concepto de “libertad negativa”, la cual será la base del liberalismo político, del individualismo, de la propiedad y de la libertad del comercio y de los contratos.
La Revolución francesa alumbrará también el principio democrático, y con él, la participación del ciudadano en la vida pública por medio del sufragio. Ésto más tarde se conectaría con el principio de “libertad positiva” o libertad política, abierta a todos los ciudadanos.
El derecho a la educación, no será incluido en el ámbito de la libertad negativa ni en el de la positiva, sino que estará ligado al de los llamados derechos sociales. Por este motivo, la educación tendrá que esperar, al igual que los derechos sociales, más de un siglo y medio para ser reconocida como uno de ellos.
La Educación como derecho social La nacionalización de los bienes eclesiásticos fue el comienzo de una nueva concepción educativa ya que a partir de entonces aflora la vertiente pública de la educación.
El principio de igualdad se manifestó desde la perspectiva de la educación pública, en la lucha a favor de la escolarización obligatoria y gratuita, luchando por extender la educación obligatoria y gratuita, por alargar el número de años de escolaridad y por ampliar los conocimientos incluidos en el curriculum.
Sin embargo el derecho a la escolarización obligatoria, universal y gratuita alcanzado en los países en el siglo XIX tenía profundas limitaciones pues se circunscribía únicamente a la Educación Primaria y reposaba sobre la buena voluntad de los Estados para su implantación. Con la aparición del estado de bienestar en el siglo XX, fue posible que esta tendencia llegase a su culminación considerándose la educación como un derecho fundamental, como un derecho social de contenido prestacional que exige la intervención del Estado.
Las manifestaciones de la igualdad y la educación La igualdad, al igual que la libertad y otros tantos principios básicos de la vida pública, son palabras que encierran una gran indeterminación. En los países de la Europa occidental, la igualdad se ha concebido como un principio que exige iguales oportunidades para todos.
La igualdad de opòrtunidades en Educación significa dos cosas fundamentalmente: una igualdad de todos ante la educación básica, obligatoria y gratuita, para lo cual es necesario nivelar las condiciones de partida; y otra, igualdad de acceso a los niveles postobligatorios según criterios de capacidad y mérito. Ambos tipos de igualdad significan, en mayor o menor grado, igualdad de trato ante el conocimiento.
De ahí, que la igualdad de oportunidades se entiende como igualdad de acceso a la educación, lo que supone la puesta en práctica de políticas dirigidas a compensar el desigual capital cultural en las edades más tempranas, a igualar las condiciones en la
implantandose una educación común a todo el alumnado: tendrá una sola vía de educación básica y accederán todos los alumnos a unos mismos centros, con los mismos profesores y con el mismo curriculum.
Nace de este modo la escuela comprensiva, integrada o polivalente, ésta nació en los años cincuenta en Suecia y en los sesenta en Reino Unido, extendiéndose posteriormente por los demas paises europeos, salvo excepciones relevantes. Es ahora cuando se ponen de manifiesto las desigualdades sociales de origen: no todos los alumnos disponen del mismo capital cultural para acceder a la educación. El curriculum común, al tratar de hacer efectiva una política orientada a expulsar de la escuela la reproducción de las desigualdades sociales y educativas, se enfrentó a innegables dificultades y deficiencias.
El instrumento que la mayoría de los países europeos forjaron para suministrar esta formación general extensa e intensa fue, como hemos visto, la escuela comprensiva.
Formación general, comprensividad y equidad La formación general y la comprensividad son conceptos totalmente distintos. La formación general tiene que ver con los fines de la educación en una etapa de la vida del hombre, mientras que la comprensividad es una forma de organización escolar que tiene que ver fundamentalmente con la aplicación de los principio de igualdad y equidad social a la escolarización obligatoria.
La escuela comprensiva nació unida a la concepción de la educación como derecho social y a la aplicación del principio de igualdad en este campo. Sin embargo, las exigencias del principio de igualdad en la educación se revelaron pronto de carácter múltiple.
En primer lugar, la igualdad significaba igualdad de acceso de todos a la formación general o educación básica, obligatoria y gratuita, que implicaba tener en cuenta las desigualdades de origen. Para ello era preciso garantizar la igualdad de condiciones, o igualdad de partida, para que efectivamente toda la población escolar tuviera iguales oportunidades. Para combatir las desigualdades era preciso preparar el camino desde la
Educación Infantil, prosiguiendo en la Primaria y continuando con la Secundaria Obligatoria.
En segundo lugar, la escuela comprensiva, se propuso uno de los fines más polémicos en la actualidad: la igualdad de resultados. Esta no significó nunca, en la teoría de ese movimiento pedagógico y social, igualdad de rendimientos escolares, sino la igualdad de resultados básicos, es decir, la adquisición de unos aprendizajes relevantes que constituyen la sustancia de la formación general. La igualdad de resultados básicos se alcanza si todos los alumnos, o al menos un porcentaje sumamente elevado, supera los objetivos señalados.
Había además otro elemento al que se le asignaba la misión de facilitar y garantizar la diversidad: la optatividad.
Comprensividad y atención a la diversidad Las fuerzas conservadoras no formularon, en términos generales, una crítica frontal a las aplicaciones del principio de igualdad. No hubo un rechazo directo de las exigencias de la igualdad en educación, sino una denuncia práctica: la escuela comprensiva baja el rendimiento del sistema educativo. La crítica se ha mantenido hasta la actualidad. Esto es así porque la enseñanza comprensiva no busca el rendimiento escolar, ya que es un instrumento para mejorar la aplicación del principio de igualdad.
Hubo una serie de críticas hacia la idea de educación comprensiva, dentro de ese conjunto de críticas hay una que se empeña en situar a la comprensividad en las antípodas de la diversidad, en presentarla como una “escuela única” que aplica un currículum uniforme para todos los alumno con independencia de las desviaciones producidas en la práctica escolar, que obviamente deben ser corregidas.
Capítulo VI: El problema de las reformas escolares Las reformas escolares son de difícil conceptualización. No esfácill la delimitación entre reforma, cambio, innovación, mejora, etc.
La tercera fase fue de revisión crítica. La expansión llevó a la masificación de las instituciones escolares, la fuerte inversión en educación no trajo los resultados espectaculares que se esperaban. Esta fase fue conocida como la crisis mundial de la educación.
La cuarta fase, se puede calificar de reforma permanente y vino de la mano de políticas neoliberales y neoconservadoras. Se manifiesta un fenómeno nuevo: la globalización.
La Educación Secundaria es sin duda el eje principal sobre el que se volcó el esfuerzo de casi todas las reformas. Se pretende pasar de un bachillerato de elites a un bachillerato para todos. Se trata, pues, de universalizar la Educación Secundaria y el principal instrumento elegido para ello fue la escuela comprensiva.
Otra de las consecuencias de la larga etapa de reformas que se inicia en la Segunda Posguerra Mundial fue la de provocar cierto escepticismo respecto de las macroreformas o reformas estructurales.
Reformas escolares, cultura escolar y cambio en educación La historia de las reformas de los sistemas educativos de los últimos años ha mostrado la distancia que media entre la retórica de las políticas de reforma y su efectiva implantación.
Las sociedades democráticas tienen que hacer frente a las consecuencias de un postulado que les es esencial: la alternancia regular de los equipos de gobierno salidos de las urnas. Una reforma del sistema educativo exige inevitablemente más tiempo del que suele disponer el gobierno que las produce, y dado que la educación sigue siendo una institución crucial en las sociedades modernas, una conclusión se impone: las políticas de reformas tienen que ser objeto de consenso en sus líneas fundamentales si se desea que sobrevivirán a los gobiernos democráticos que las diseñan.
El consenso es una condición necesaria para la viabilidad y estabilidad de las reformas escolares a medio y largo plazo, no es suficiente. La razón hay que buscarla en lo que se ha denominado la “cultura escolar”.
No hay un concepto canonico de lo que es la cultura escolar. De entre las varias definiciones existentes, la que propone Viñao nos parece la más completa: la cultura escolar “estaría constituida por un conjunto de teorías, ideas, principios, normas, pautas, inercias, hábitos y prácticas, sedimentadas a lo largo del tiempo en forma de tradiciones, regularidades y reglas de juego no puestas en entredicho, y compartidas por sus actores, en el seno de las instituciones educativas”.
El autor de la cultura escolar es, la comunidad educativa, formada fundamentalmente por profesores, padres y alumnos.
Las reformas de los sistemas educativos no alcanzaran medianamente sus objetivos si no se produce un consenso básico entre las fuerzas políticas y si no se cuenta con la cultura escolar y con su extraordinaria resistencia a las reformas “desde arriba”. Esta última razón fue la que desencadenó la segunda ola de reformas escolares, la que se produjo en la década de los noventa.
Las reformas “desde dentro”: La reestructuración de las escuelas El movimiento de la reestructuración es un buen ejemplo de cómo las macroreformas han sido sustituidad por las microreformas. Este movimiento se basa en que la gestión del centro docente por su propio equipo escolar es lo único que puede producir verdaderas innovaciones. Se trata, pues, de un movimiento que hace enfasis en propuestas pedagógicas centradas en la escuela, en el aula, basadas predominantemente en la consideración del educando como sujeto activo de su propio aprendizaje, en el papel del profesorado como animador y guía de este proceso, y en la formación de una red de escuelas innovadoras que impulsen un proceso continuo de innovación y de alimentación recíprocos.
La globalización se nos aparece así como un fenómeno polifacético, pudiendo hablar de globalización cultural y no pudiendo hablar de una globalización del trabajo. La globalización es un fenómeno muy complejo en el que se mezclan la realidad de la evidencia con motivaciones ideológicas que confunden e impiden la verdadera comprensión de los problemas. Los grandes efectos de la globalización sobre la educación son la descentralización y la privatización.
La descentralización como ideología: ¿Hacia la autonomía de los centros? Los estados que se constituyeron en Europa a lo largo del siglo XIX, ,lo hicieron bajo fórmulas predominantemente centralizadoras. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX se han caracterizado por la tendencia opuesta, orientada hacia la descentralización.
En este proceso interesa destacar dos cosas: la descentralización es una tendencia que ha calado hondo en varios países europeos y que obedece a una necesidad organizativa de eficiencia, al deseo de resolver los problemas de la educación actual acercando el poder de decisión a las autoridades locales, realmente próximas a los problemas de las escuelas y por ello mejor situadas para solucionarlos; la otra cuestión a destacar es el giro ideológico que ha dado el movimiento neoliberal depositando en las escuelas y en los mismos padres el poder de decisión.
Esta tendencia buscaba descargar al Estado de responsabilidades educativas, aligerar el aparato organizativo de la Administración y reducir el gasto público.
Las reformas escolares basadas en la descentralización han partido de la necesidad de reducir el gasto público de los Estados y, por tanto, su aportación a la educación se basaron en la ideología de mercado, enemiga de todo intervencionismo público, partidaria de una reducción importante de su actividad. Se hizo necesario reducir el gasto en educación y rebajar el sueldo de los profesores públicos. Otra solución fue el aumento de las ratios profesor-alumnos, pues se consideró que rebajar la ratio no tiene efecto alguno sobre la calidad de la enseñanza, siendo muy aceptables las ratios de 1 profesor por cada 45 alumnos.
La descentralización en el aula, fue acompañada de una política de descentralización del currículum. La descentralización ha ido unido a la privatización. No hay suficientes indicios de que la aplicación de los métodos neoliberales en los sistemas educativos están desencadenado una mayor desigualdad en el acceso a un bien cultural, como es la educación.
La privatización de la Educación La privatización presenta un aspecto ambivalente, ya que si, por una parte, se basa en la libertad de elección de centro, su aplicación íntegra, por otra, llegaría a destruir todas las aplicaciones concretas del principio de igualdad de la educación, lo que supondría una derrota absoluta de la igualdad a manos de una concepción sesgada de la libertad, y con ello la aparición de graves desequilibrios sociales. En las sociedades democráticas occidentales está claramente aceptada la doble vertiente de la libertad de educación, que comprende la libertad de creación y dirección de centros docentes, la libertad de cátedra del profesorado, la libertad de los padres para elegir una formación determinada de sus hijos y elegir asimismo el centro concreto en el que se imparta esta formación.
La tesis de la elección de centro se basa en la convicción de que nadie mejor que los padres para elegir la educación de sus hijos. Esta tesis tiene, sin embargo, aspectos negativos.
Otro de los aspectos negativos de la política de privatización, es que conduce a un abandono y deterioro de la escuela pública. Como complemento de la privatización es corriente introducir en la escuela pública métodos de gestión trasplantados del mundo de los negocios.
En el fondo de las políticas de privatización, se desea arrojar al rincón del olvido la consideración de la educación como un servicio público. En lugar de la educación como un derecho social del individuo es sustituido por la aplicación del libre mercado. La educación pública, antes responsabilidad de los gobiernos, es considerada ahora un asunto esencialmente privado.
toda la población, el acceso a la Enseñanza Secundaria y la apertura a la Educación Universitaria y Superior.
El Estado de bienestar supuso, pues, la democratización de la educación, es decir, su extensión a todas las clases sociales y la ruptura de la estructura bipolar de los sistemas educativos. Se pusieron en práctica amplias políticas de escolarización, movilizando para ello recursos en cantidades desconocidas hasta el momento. Para hacer posible una nueva estructura del sistema educativo, la población dejó de estar dividida a edades muy tempranas en dos grandes tramos; ahora toda la población comenzó a recibir una educación común de larga duración, dando lugar al nacimiento de la escuela integrada o comprensiva.
En la “explosión escolar” incidieron factores económicos, sociales y políticos, todos ellos ligados al Estado de bienestar.
La crisis del Estado de bienestar El Estado de bienestar fue un producto de la Segunda Posguerra Mundial y funcionó bien mientras Europa occidental disfrutó de una época dorada de prosperidad. Dicha política, sin embargo, se vio frenada como consecuencia de dos hechos fundamentales: la crisis económica de 1973 y el hundimiento del comunismo en el bienio 1989-1991.
La crisis económica de los años setenta dio lugar a un fenómeno denominado estanflación que dio como consecuencia una elevada cifra de paro registrada en pocos años, lo que supuso un enorme coste social para el estado de bienestar. Por otra parte, la aparición creciente de las nuevas tecnologías aceleró la expulsión del mercado de la mano de obra poco cualificada. La fuerte presión del coste social que estos fenómenos supusieron, junto con las nuevas tendencias demográficas, dieron lugar a lo que se ha denominado la crisis fiscal del Estado de bienestar.
Frente a esta situación, la derecha señaló que no había suficientes recursos económicos para mantener el Estado de bienestar, por otro lado, la izquierda habla de los beneficios del Estado de bienestar se debían dirigir a la mayor parte de la población.
El problema se agravó con el derrumbe del comunismo en los últimos años de la década de los ochenta y primeros de los noventa. El Estado de bienestar en la Segunda Posguerra Mundial tuvo como principal argumento el de contener el avance del comunismo en la Europa occidental. Desaparecido ese peligro volvió a sus planteamientos tradicionales: hay que recortar los salarios económicos porque suponen un coste que incide en los beneficios, y hay que eliminar o reducir los salarios sociales para rebajar el coste de las políticas tributarias y de redistribución.
Tres fueron las posiciones políticas a la hora de afrontar la crisis del Estado de bienestar: neoliberalismo, democracia cristiana y socialdemocracia europea. Aunque el neoliberalismo está dando muestras de agotamiento, merece un estudio especial.
Un nuevo escenario ideológico La Inglaterra de Thatcher y los Estados Unidos de Reagan fue el escenario donde se desarrolló el neoliberalismo sustituyendo las políticas keynesianas por las monetaristas y reduciendo el gasto público social a lo absolutamente imprescindible: protección limitada a los muy pobres y a los muy ancianos.
En el ámbito económico, ganaron las políticas dirigidas a reducir la inflación a niveles verdaderamente históricos, a conseguir una drástica reducción del déficit presupuestario, a rebajar los impuestos para favorecer el ahorro y la inversión, a erradicar el salario mínimo y la regulación laboral a fin de hacer posible la flexibilidad del mercado de trabajo, a favorecer la total libertad de movimiento de capitales, a implantar un distinto modelo económico. Sin embargo, estas políticas no han tenido tanto éxito como se proclaman. En realidad, estamos ante un pensamiento más político que económico, o mejor, ante una nueva ideología que trata de redefinir y repensar el mundo desde categorías muy conservadoras, ajenas a principios como los de igualdad, justicia y solidaridad.
En el ámbito político, la derrota del comunismo trajo consigo el fin de un modelo que, paradójicamente, afectó al más firme sostén del Estado de bienestar.