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cuento infantil primaria creado por mi
Tipo: Resúmenes
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Elaborado por Sebastian Arispe Carpio de 6to “A” de Primaria.
Había una pequeña ciudad colombiana en 1993. La ciudad era bastante pequeña y deshabitada, pero era cómoda para cualquier persona que viviese ahí. En esa misma ciudad vivía Agustín Calderón Silvino. Agustín era una persona de bajos recursos, vivía en una pequeña casa cerca de una laguna y a veces no comía, pero eso no le impedía a seguir siendo feliz.
Agustín es una persona alegre,
rápidamente de su casa para empezar su día. Agustín estaba decidido a encontrar ese trabajo que tanto quería. ¿Dónde estaría? Se preguntaba. Él caminó durante horas y horas, hasta que vio algo a lo lejos: ¡Se trataba de un restaurante de pollo frito nuevo!
Agustín corrió hacia ese restaurante y le dijo al gerente que buscaba un trabajo ahí. El gerente aceptó y le dijo que le daría un trabajo publicitario como botarga. Agustín aceptó y recibió su traje, su traje era un gallo sonriente. Así, Agustín se levantaba cada día para trabajar y publicitar el restaurante.
Agustín se sentía feliz al saber que tenía un trabajo que le resultaba cómodo. Él trabajaba arduamente, aunque solo trabaje como una botarga para promocionar un restaurante.
Agustín también se sentía confundido. “Pero, ¿cómo?” él se preguntaba, confundido y a la vez triste caminaba a casa. Ya en su casa, pensó sobre un trabajo nuevo, pero, ¿Cuál? ¡ya no podía seguir viviendo en la misma vieja y fea casa! Cansado de pensar y pensar, decidió dormirse. Buenas noches, Agustín.
Al día siguiente, Agustín se levantó de su cama, se vistió y se aseo, Fue al comedor y llegó a su puerta, ahí encontró un periódico, Él lo agarró y lo empezó a leer. El periódico trataba
sobre el cierre del restaurante en el que solía trabajar, pero también sobre un taller de mecánicas. Agustín leyó más sobre el tema y vio que se necesitaban personas para trabajar. Agustín saltó de alegría y rápidamente corrió hacía la ubicación del taller.
Agustín recordó que su padre era mecánico. Él empezó a reparar una moto tal y como su padre le enseñó. El examen duró unas pocas horas y Agustín que logró pasarlo. Así, consiguió un nuevo trabajo.
Agustín trabajó muy arduamente en ese taller de mecánica, reparaba autos, motos e incluso: ¡Un camión! Él hacía su trabajo bastante bien. No había nada que no pudiera reparar
Agustín trabajó por días, meses y tres años en ese mismo taller de mecánica. Para ese entonces, él ya había recaudado suficiente dinero para un viaje y ina casa decente.
servían uno que le llamó la atención: “La Bandeja Paisa”. Agustín probó el plato, los sabores de los ingredientes lo deleitaban. Sentía cada sabor corriendo por su paladar. Agustín acabó su comida, salió del restaurante y buscó una casa en venta. Caminó por unos minutos hasta que encontró una casa con un letrero de venta, Agustín corrió a ella. El vendedor estaba presente. Agustín habló con él sobre la casa, el vendedor
aceptó, Agustín firmó algunos documentos y se compró una nueva casa.
Una tarde, Agustín veía la televisión en su casa. Estaba viendo un programa de cocina, donde se mostraba un platillo español: “La Poella Valenciana”
Encontró un peaje y pagó, significaba que se estaba alejando de Colombia. “España, ahí voy” decía. Agustín manejó por varios días, aveces paraba para recargar gasolina o para comer algo pequeño en algun que otro puesto de comida plantado por ahí. Al terminar la carretera se subió a un barco rumbo a su destino. Al llegar a España, Agustín quedó maravillado, habían restaurantes, montones de edificios, flores en macetas, iglesias y mucho más. Él empezó a caminar por la ciudad, comió en restaurantes y compró un monton de cosas. Hasta que encontró la Catedral de Sevilla.
Agustín vio que mucha gente estaba reunida ahí. Las personas lo empezaron a mirar y le sonrieron. Agustín se dio cuenta que, por ser una persona generosa, humilde y trabajadora y graciosa, los españoles lo conocían. Dos niños le entregaron una corona de plástico y una capa de lana hecha a mano, estos llevaron a Agustín al balcón de la catedral. Agustín estaba asustado y alegre al mismo tiempo.