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Este texto explora la relación entre la identidad humana, la identificación y el sujeto. Se discute cómo la experiencia estética de una obra de arte puede tener consecuencias políticas a través de la identificación del sujeto. Se analiza la importancia de la pluralidad semiótica en la democracia y cómo la selección artística configura la mentalidad del receptor. Además, se aborda el debate de la identidad personal y cómo somos una combinación entre lo dado y lo autoelaborado. Se menciona la importancia de la literatura en la problematización de la identidad y cómo las palabras modifican la realidad y generan nuevas identidades.
Tipo: Apuntes
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Toda obra de arte, al provocar una experiencia estética, tiene consecuencias políticas a través de la identificación que el sujeto realiza por ella. Actualmente se está desarrollando una política semiótica , pues las otras dos vías políticas (teológico-militar y parlamentaria) han colapsado. La democracia pasa por la pluralidad semiótica, ya que cualquier pensamiento o identificación única va en contra de la democracia. La selección artística de los contenidos, por promoción y por omisión, configura la mentalidad del receptor/espectador. El ser humano es el único ser vivo que se pregunta por qué lo está y qué tiene que hacer con esa vida: es una acción, y por lo tanto una cuestión. Ese es el debate de la identidad: qué es ese “yo “ que soy, y qué lo hace ser lo que es, si es algo dado (paciente) o construido (agente), si debe concebirse en términos individuales o sociales. El debate de la identidad lleva al de la identificación, a cómo se conforma esa identidad: somos una combinación entre lo dado y lo autoelaborado , pues nacemos con una carga genética y unas intenciones propias de la naturaleza humana, y a la vez realizamos un acto de construcción. N o somos ni únicos ni interiores ni anteriores solamente. Contamos con un núcleo interior que elige con qué elementos exteriores se relaciona, con qué otras identidades convive; depende de las relaciones (sentimentales, familiares, de amistad, sociales al fin y al cabo) y lo exterior modifica la interioridad. Somos periféricos porque no somos la comunidad, pero a la vez somos nuestro propio centro, que nos permite realizar actos de elección. También somos posteriores según nuestros deseos, intenciones, perspectivas, planes… Si las posibilidades del pensamiento y la acción están determinadas por una serie de sistemas que el sujeto no controla y quizá ni siquiera entiende, el sujeto está descentrado, al no existir una fuente o un centro al que pueda referirse para explicar un hecho. El sujeto está formado por esas fuerzas que no controla: el psicoanálisis concibe al sujeto como producto de la intersección de mecanismos psíquicos, sexuales y lingüísticos. ¿Hasta qué punto el sujeto es un agente responsable que toma sus propias decisiones sin que se le impongan? Hay una diferencia entre estar centrado (referir todas las periferias al centro) y el egocentrismo y narcisismo (no ver más centro y periferia que uno mismo). Centrismo es poder trasladar cualquier suceso o elemento al centro de uno mismo, de manera que el sujeto ya no signifique sujeción sino acción, elaborando una respuesta efectiva, gestionando y asumiendo la responsabilidad de modificar la propia situación.
Literatura e identidad La reciente explosión en el campo de los E. C. de teorías sobre la raza, el género y la sexualidad obedece al hecho de que la literatura proporciona materiales valiosos para la problematización de las explicaciones políticas y sociológicas del papel que desempeñan esos factores en la construcción de la identidad. La reflexión sobre la identidad se ha adaptado a la literatura, por ejemplo, en la cuestión de si la identidad es dada o construida, y ambas posturas están ampliamente representadas, mediante la actuación de sus personajes, ya sea cuando descubren quienes son al convertirse mediante sus actos en lo que, en cierto sentido, es su naturaleza. Los conflictos por la identidad son conflictos internos al individuo , pero también en tre el individuo y el grupo. Una buena parte de la teoría reciente puede verse como el intento de analizar las paradojas que informan del tratamiento de la identidad en la literatura. Se está conteniendo la tensión y siguiendo una vía artística para la construcción de identidades. La literatura no sólo ha convertido la identidad en un tema recurrente, sino que también ha desempeñado un papel fundamental en la construcción de la identidad de los lectores. Los poemas y las novelas suelen dirigirse al lector pidiéndole que se identifique con lo transmitido, identificación que colabora en crear la identidad.
Cualquier acción discursiva es una performance que representa identidades preexistentes y genera nuevas identidades. Las palabras modifican la realidad , y todo acto teórico, por tanto, es un acto discursivo que afecta a la sociedad.
Identidades de grupo La identificación desempeña un papel crucial en la formación de la identidad de grupo, que responde a una necesidad psíquica y política. La conciencia grupal es la identidad de grupo, que ocurre cuando ha habido identificación. Las narraciones posibilitan la identificación con un colectivo potencial y colaboran en la creación del grupo mostrando quién o qué está en su mano ser. El debate de la identidad de grupo ha tomado con frecuencia la forma de polémica sobre el esencialismo: entre una noción de identidad como algo dado, un origen, y otra como algo que está en permanente proceso y surge a través de alianzas y oposiciones contingentes. Actualmente estamos en un modelo contraesencialista : la identidad no viene por linaje o casta, de nacimiento, inamovible, sino que depende de un proceso de construcción y organización, es decir, contempla la identidad como proceso dinámico de construcción. Un acto de narración no es simplemente una novela: también incluye discursos activistas, descripciones de identidad, de requerimientos y de aprendizaje. Los colectivos potenciales que las narraciones conforman no lo son por algo previo, sino que se ven afectados por la redefinición de la realidad de sus respectivas narraciones.
Estructuras omnipresentes Lo que convierte la cuestión de la identidad en crucial e ineludible son las tensiones y conflictos que encierra. El proceso de formación de la identidad no sólo privilegia unas diferencias y descarta otras, sino que toma una diferencia o división interna y la proyecta como una diferencia entre individuos o grupos. Una diferencia interior se niega y se proyecta como una diferencia entre elementos opuestos. Se ha levantado por ello el debate de si las divisiones internas de la concepción del sujeto , de alguna manera, impiden la posibilidad de la agency , de la actuación responsable. Hay dos respuestas complejas: según Judith Butler, la reconceptualización de la identidad como un efecto abre nuevas posibilidades de agency negadas por las posturas que conciben las categorías de identidad como fundacionales y fijas, mientras que las posibilidades de variación dentro de la repetición de una identidad de grupo crean significado; y las concepciones tradicionales del sujeto colaboran en la limitación de la agency , mientras que la concepción del sujeto que da cabida a lo inconsciente y las posiciones ocupadas expande la responsabilidad del mismo. El debate sobre la agency y la posición del sujeto involucra dos niveles diferentes de la teoría: por un lado, la agency y la elección responsable debido a nuestro deseo de vivir vidas comprensibles entre otras personas; por otro, las posiciones del sujeto que determinan la acción y el deseo de entender los procesos históricos y sociales en los que los individuos figuran como socialmente determinados. Las nociones de posición del sujeto y de agency son parte de discursos diferentes. La dificultad reside en mantenerlos separados, pues el impulso que da pie a la teoría es el deseo de ver hasta dónde puede llegar una idea o argumento y poner en duda las explicaciones alternativas y sus presupuestos. La teoría no ofrece un conjunto de soluciones sino la expectativa de pensamiento futuro. No origina soluciones armoniosos, sino que muestra la persistencia de una tensión entre factores, perspectivas o desarrollos, por lo que lleva a alternar entre diferentes opciones que no se pueden ignorar pero tampoco sintetizar.