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LO INCONSCIENTE * <=. 1915 20.25 Paja mal Pm en L psicoanálisis nos ha revelado que la esencia del Pc represión no consiste en suprimir y destruir una idea que representa al instinto, sino en impedirle hacerse consciente. Decimos entonces que dicha.idea está en un estado de ser «inconsciente» y tenemos pruebas de que, aun siéndolo, puede de producir determinados efectos, que acaban. llegar a la con-. ciencia, Todo lo reprimido tiene que permanecer inconsciente; pero queremos dejar sentado desde un principio que no forma por si solo todo el contenido de lo .. Lo inconsciente tiene-un alcance más. amplio, lo reprimido es, por tanto, Una, pare de lo inconsciente. 2 Sólo lo conocemos.como spués que ha experim: na ¡a transformación o traduc- onsciente. La labor psicoanalítica nos muestra cotidianamente la posi- le tal traducción. Para llevarla a cabo es necesario que el analizado venza determinadas resistencias, las mismas que, asu tiempo, reprimieron el material de que se trate, rechazándolo de lo consciente... 5 7 DOLar O. L.. Justificación del concepto de lo inconsciente, $ hay Aula. don ro jets deta la. estén ése. D ESDE muy diversos sectores se nos ha: discutido el derecho a aceptar la existencia de un psiquismo inconsciente y a laborar científicamente con esta hipótesis. Contra esta opinión podemos argúir que la hipótesis de la exis- tencia de lo inconsciente es necesaria y legítima, y, además, que poseemos múi- tiples pruebas de su exactitud. Es necesaria, porque los datos de la concienci: ja. son altamente incompletos. Tanto en los sanos como en los enfermos surge n.con recuencia actos psíquicos cuya. £xplicación presupone, otros _de los que la con- dencia no nos ofrece 'cstimonio alguno., Actos de este género son no sólo los actos fallidos y los sueños de los individuos sanos, sino también todos aquellos que calificamos de un sintoma psíquico o de una obsesión en los enfermos. Nuestra cotidiana experiencia personal nos muestra ocurrencias cuyo origen desconocemos y conclusiones intelectuales cuya elaboración ignoramos. Todos estos actos conscientes resultarán faltos de sentido y coherencia si mantenemos la teoría de que la totalidad de nuestros actos psíquicos ha de sernos dada a conocer por nuestra conciencia y, en cambio, quedarán ordenados dentro de un *. Das Unbewusste, en alemán el original, en Jnt. Z. Psychoana... 3 (4): 189-203 y (5), 257-269, 1913 ñ y . 2062 SIQHMUND FREUD. BRASS COMPLETAS tes que hemos inferido. Esta ganancia de sentido constituye, de por sí, motivo justificado para traspasar los límites de la experiencia directa. Y si luego compro- bamos que tomando como base la existencia de un Psiquismo inconsciente pode- mos estructurar un procedimiento eficacísimo, por medio del cual influir adecua- damente sobre el curso de los procesos conscientes, este éxi o0_nos dará una prueba irrebatible de la exactitud de nuestra hipótesis Tlabremos de Sinama entonces en el punto de vista de que no es sino una pretensión insostenible el exigir que todo lo que sucede en lo psíquico haya de ser conocido por la con- da seri % él Un fun lema eulrican volt (preicehuo dm lid) ambién podemos aducir, en apoyo de la existencia de un estado psíquico inconsciente, el hecho de que la conciencia sólo integra en un momento dado un limitado contenido, de manera que la mayor parte de aquello que denominamos conocimiento consciente ticne que hallarse de todos modos, durante largos pe- lo de latencia; esto es, en un estado de inconsciencia - conjunto coherente e inteligible si interpolamos entre ellos los actos inconscien- riodos de tiempo, ex psíquica. La negación de lo inconsciente resulta incomprensible en cuanto vol- vemos la vista a todos nuestros recuerdos latentes. Se nos, opondrá aquí la obje- ción de que estos recuerdos latentes no Pueden ser considerados como psíquicos, sino que corresponden a restos de Procesos somáticos, de los cuales puede volver a surgir lo psíquico. No es difícil argilir a esta objeción que el recuerdo latente es, por lo contrario, un indudable residuo de un proceso psíquico, Pero es aún más importante darse cuenta de que la objeción discutida reposa en verdad no dicho explícitamente sino tomado como axioma, de asimilar lo consciente a lo psi quico. Y esta asimilación es o una petitio principif que escamotea la cuestión de si todo lo psíquico tiene también que ser consciente, o es una pura conven- ción o asunto de nomenclatura. En este último caso, resulta, como toda conveh- ción irrebatible, y sólo nos preguntaremos si resulta en realidad tan útil y ade- cuada que hayamos de agregarnos a ella. Pero podemos afirmar que la equipara- ción de lo psíquico con lo consciente es por completo inadecuada. Destruye las continuidades psíquicas, nos sume en las insolubles dificultades del paralelismo psicofísico, sucumbe al reproche de exagerar sin fundamento alguno la misión de la conciencia y nos obliga a abandonar prematuramente el terreno de la inves- tigación psicológica, sin ofrecernos compensación alguna en otros sectores. Por otra parte, es evidente que la discusión de si hemos de considerar como estados anímicos conscientes o como estados físicos los estados latentes de la vida anímica, amenaza convertirse en una mera cuestión de palabras. Así, pues, es aconsejable enfocar nuestra atención en primer término a aquello que de la naturaleza de tales estados nos es seguramente conocido. Ahora bien, los carac- teres fisicos de estos estados nos son totalmente inaccesibles: ningún concepto fisiológico ni ningún proceso quimico puede darnos una idea de su esencia. En cambio, es indudable que presentan amplio contacto con los procesos anímicos conscientes. Cierta elaboración permite incluso transformarlos en tales procesos o sustituirlos por ellos y pueden ser descritos por medio de todas las categorías que aplicamos a los actos psíquicos conscientes, tales como ideas, tendencias. decisiones, etc. De muchos de estos estados latentes estamos obligados a decir que sólo la ausencia de la conciencia los distingue de los conscientes. No vacilare. mos, pues, en considerarlos como objetos de la investigación psicológica, ínti. mamente relacionados con los actos psíquicos conscientes. La tenaz negativa a admitir el carácter psíquico de los actos anímicos latentes E E 2063 Leo NN E E AE se explica por el hecho de que la mayoría de los fenómenos Eo rr o sido objeto de estudio fuera del psicoanálisis. Aquellos que, eE vs er hechos patológicos, consideran como casualidades los actos fallidos E ns normales y se agregan a la antigua opinión de que «los sueños Po a no necesitan ya sino pasar por alto algunos enigmas de la E logía nde ciencia para poder ahorrarse el reconocimiento de una activida: capo i > ciente. Además, los experimentos hipnóticos, y especialmente J3csugs cren hipnótica, demostraron ya, antes del acia del psicoanálisis,-la-exi y la actuación de lo anímico inconsciente. ¡od z ación de lo inconsciente es, además, perfectamente legítima, es E en cuanto al establecerla no nos hemos separado un ápice ño ns eii de pensar, que consideramos correcta. La conciencia no- of Ea al edo sl mia más que el conocimiento de sus propios estados anímicos. La E irmació: ca también los demás hombres poseen una conciencia es una conclusión que tapo cimos per analogiam, basándonos en-sus actos y manifestaciones pescao y con el fin de hacernos comprensibles su conducta. (Más exacto, psicológicamen te, será decir que atríbuimos a los demás, sin necesidad de una reflexión especial, nuestra propia constitución y, por tanto, también nuestra ES y dsp identificación es un sine qua non de nuestra comprensión.) sta conc] a (o esta identificación) hubo de extenderse antiguamente por el yo no Ad alos demás hombres, sino también a los animales, plantas, objetos a e) y al mundo en general, y resultó utilizable mientras la analogía con el pe ie vidual fue suficientemente amplia, dejando luego de ser adecuada: ea «los demás» fue aumentando su diferencia con el yo. Nuestro juicio er a duda en lo que respecta a la conciencia de los animales, lo niega a pl A pe relega al misticismo la hipótesis de una conciencia delo inanimado. Pero ci allí donde'la tendencia original a la identificación ha resistido el examen eritic esto es, cuando "los demás” son nuestros semejantes, la dd A Sora ciencia reposa en una deducción y no en una irrebatible experiencia directa com: jue tenemos de nuestro propia conciencia. a ds p El psicoanálisis no exige sino que apliquemos también este ie eo deductivo a nuestra propia persona, labor en cuya: realización no me a ciertamente, tendencia constitucional alguna. Procediendo así hemos de con: La en que todos los actos y manifestaciones que en nosotros een OO a pamos enlazarlos esto de muestra vida mental han de ser con derados como si pertenecieran a otra persona y deben pois a side aníe nica a ella atribu La experiencia muestra también que cuando Hi a otras personas sabemos interpretar muy bien; esto es, incluir pogui Eco anímica aquellos mismos actos'a los que negamos 1 rc aos E $ cuando se trata de nosotros mismos, La investigación es desviada, pues, de propia persona por un obstáculo especial que impide su E a pS Este procedimiento deductivo, aplicado no sin cierta resiste dra Rd nuestra propia persona, cti lleva al e ca 0 mea Ed ciente, sino a la hipótesis de una segunda con rel la coda que nos de reconocida. Pero contra esta hipótesis tallamos en seguida justificadisimas objeciones. En primer lugar, una conciencia de la que nada sabe el propio sujeto es algo ei distinto de ao oia ii Pee we h ed indi a discutirla, ya que carece del ipal h Quede an resido a acepr la existen de un psiquismo inconsciente, menos 2066 SIOMUND FREUD. — OBRAS COMPLETAS inscripción de la representación. de que se trate, inscripción que de este modo podrá resultar integrada en-una nueva localidad psíquica, y junto a la cual con- tinúa existiendo la primitiva inscripción inconsciente? ¿0 será más exacto admitir que el paso de un sistema a otro consiste en un cambio de estado de la idea que tiene efecto en el mismo material y en la misma localidad? Esta pregunta puede parecer abstrusa, pero es obligado plantearla si queremos formarnos una idea determinada de la tópica psíquica; esto es, de las dimensiones de la profundidad psíquica. Resulta difícil de contestar, porque va más allá de lo puramente psicoló- gico y entra en las relaciones del aparato anímico con la anatomía. En líneas muy generales sabemos que tales relaciones existen. La investigación científica ha mostrado que la actividad anímica se halla enlazada a la función del cerebro como a ningún otro órgano. Más allá todavía —y aún no sabemos cuánto— nos lleya al descubrimiento del valor desigual de las diversas partes del cerebro y sus particulares relaciones con partes del cuerpo y actividades espirituales determi- nadas. Pero todas las tentativas realizadas para fijar, partiendo del descubrimiento antes citado, una localización de los procesos anímicos, y todos los esfuerzos encaminados a imaginar almacenadas las ideas en células nerviosas y transmitidos los estímulos a lo largo de: fibras nerviosas, han fracasado totalmente. Igual suerte correría una teoría que fijasc:el lugar anatómico del sistema Ce., o sea de la actividad anímica consciente, en la corteza cerebral, y transfiricse a las partes subcorticales del cerebro los procesos inconscientes. Existe aquí una solución de continuidad, cuya supresión no es posible llevar a.cabo, por ahora, ni entra tampoco en los dominios de la Psicología. Nuestra tópica psíquica no tiene, de momento, nada que ver con la Anatomía, refiriéndose a regiones del. aparato anímico, cualquiera que sea el lugar que ocupen en el cuerpo, y no a localidades E 2 Nuestra labor, en este aspecto, es de completa libertad y puede proceder conforme vayan marcándoselo sus necesidades. De todos modos, no deberemos olvidar que nuestra hipótesis no tiene, en un principio, otro valor que el de sim. ples.esquemas aclaratorios. La primera de las dos posibilidades que antes expusi- mos, o sea la de que la fase Cc, de una idea significa una nueva inscripción de la misma en un lugar diferente, es, desde luego, la más grosera, pero también la más ventajosa. La segunda hipótesis, o sea la de un cambio de estado meramente funcional, es a priori más verosímil, pero menos plástica y manejable. Con la primera hipótesis —tópica— aparecen enlazadas la de una separación tópica de los sistemas Inc. y Cc., y la posibilidad de que una idea exista simultáneamente en dos lugares. del aparato psíquico, y que en realidad si no es inhibida por la censura incluso pase regularmente del uno al otro, sin perder eventualmente su primera residencia o inscripción. Estoparece extraño, pero podemos alegar en su apoyo determinadas impresio- nes que recibimos durante la práctica psicoanalítica. Cuando comunicamos a un paciente una idea por él reprimida en su vida y descubierta por nosotros, esta revelación no modifica en nada, al principio, su estado psíquico. Sobre todo, no levanta la represión ni anula sus efectos, como pudiera esperarse, dado que la idea antes inconsciente ha devenido consciente. Por el contrario, sólo se consigue al principio una nueva repulsa de-la idea reprimida. Pero el paciente posee ya, efectivamente, en dos distintos lugares de su aparato anímico y bajo dos formas diferentes, la misma idea. Primeramente posee el recuerdo consciente de la huella auditiva de la idea tal y como se la hemos comunicado, y en segundo lugar, ade- , BLE 2067 L 0 LO NA OS d00 NM. E EAT, EAN, s la seguridad de que lleva en sí, bajo. su forma primitiva, el recuerdo da et de a se trate, El levantamiento de la penas efecto, en realidad, hasta que la, idea consciente asma -n contaci la huella mnémica inconsciente despu > esistencias aa de dicha bam inconsciente puede acabar GoRÍA reDtes sión. A primera vista parece esto demostrar que la ¡dez coa een ¿jente son diversas inscripciones, tópicamente separadas, ei qUISca e pase Pero una reflexión más detenida nos prueba que laidentidad le a pe HEGIS con el recuerdo reprimido del sujeto es tan sólo aparente. El haber.oíc > les ae haberlo vivido son dos cosas de naturaleza psicológica totalmentedistinta, aunq s pen: 4 É Na 0 O momento, decidir entre las dos posibi lidades jodigedas, Quizá más adelante hallemos factores que nos permitan tal decisión o Ci mos que nuestro planteamiento de la cuestión ha sido insuficiente y sE a. na renciación de las ideas conscientes e inconscientes ha de ser determinada en forma completamente distinta. TIL. Emociones inconscientes. ABIENDO limitado nuestra discusión alas ideas, podemos plantear ahora una H nueva interrogación, cuya respuesta ha de contribuir al escl ar ES de nuestras opiniones teóricas. Dijimos que había ideas pois AREGDE: cientes. ¿Existirán también impulsos instintivos, sentimientos y oaoaA inconscientes, o carecerá de todo sentido aplicar a tales elementos dic ficativos? ¡ y i juici is de «consciente».e «inconsciente» carece de aplicaci al EA instinto no puede devenir_nunca. objeto de la ce mente puede serlo idas apo pecera ido heecas e a inconsciania mua allars -ntado más que por una idea. Si el ins ys ni riera EST un estado afectivo, nada DOdpaao sube a Así, pues, cuando empleando una expresión inexacta hablamos de e impulsosins tintivos, inc )nscientes. o. reprimidos, no nos referimos sino a impulsos instir x cuya epicatad erre e la ta de si, en efecto, Pudiera creerse igualmente fácil dar respuesta a la pregunta de si, ES existen emociones, sentimientos y afectos inconscientes. En la propi, e pe de una emoción está el ser percibida, o ser conocida. por a sí, ed los sentimientos, emociones y afectos carecerían de toda aia 1 de Le cia. Sin embargo, en la práctica psicoanalítica acostumbramos Janis sel SS odio y cólera Ara E e ssl ceda aa A ienci iente- de la culpa», ola para: e a e inexactitud mucho más importante que la de hablar de gqustintos re 3 Pero la situación es aquí completamente distinta. Puede suceder Epi lugar que un impulso afectivo_0 emocional sea, percibido, paro eedncenento interpretado; la represión de su verdadera representación se ha pcsobliada OE va DA a. Cuando ENE A VES ela 1Ó esta última idea. Cuando stitul lcnos de ¡inconscientes el impulso afectivo primitivo, aunque su afecto no 2068 SIGMUND FREUD. OBRAS" COMPLETAS fue nunca inconsciente y sólo sw idea sucumbió al proceso represivo. El uso. de las expresiones «afecto inconsciente» y «emociós efiere, en ; neral, a los destinos que la represión impone al factor cuan o del impulso instintivo. (Véase nuestro estudio de la represión.) Sabemos que tales destinos son en número de tres: el afecto puede perdurar total'o fragmentariamente como tal; puede experimentar una transformación en otro montante de afecto, cualita- tivamente distinto, sobre todo en angustia; o puede ser suprimido, esto es, coar- tado en su desarrollo. (Estas posibilidades pueden estudiarse más fácilmente quizá en la elaboración onírica que en las neurosis.) Sabemos también que coerción del desarrollo de afecto es el verdadero fin de la represión y que su labor queda incompleta cuando dicho fin no es alcanzado. Siempre que la represión consigue inhibir el desarrollo de afecto, llamamos inconscientes a todos aquellos afectos que reintegramos.a su lugar al deshacer la labor represiva. Así, pues, no puede acusársenos de inconsecuentes en nuestro modo de expresarnos. De todas maneras, al establecer un paralelo con las ideas inconscientes surge la importante diferencia de que dichas ideas perduran después de la represión en calidad de producto real en el sistema /nc., mientras que todo aquello que co- rresponde en este sistema (fnc.) a afectos inconscientes es un comienzo potencial Cuyo desarrollo está impedido. Así, pues, aunque nuestra forma de expresión sea irreprochable, no hay, estrictamente hablando, afectos inconscientes, como ¡ay ideas inconscientes. En cambio, puede haber muy bién-en el sistema Inc. productos afectivosque, como otros, llegan a ser conscientes; La diferencia pro- cede en su totalidad de que las ideas son cargas psíquicas y en el fondo cargas de huellas mnémicas, mientras que los efectos y las emociones corresponden a festaciones son percibidas como'sen- procesos de descarga cuyas últimas manil timientos. En el estado actual de nuestro conocimiento de los afectos y emocio- nes no podemos expresar más claramente esta diferencia. La comprobación de que la represión puede llegar a coartar la transformación del impulso instintivo en una manifestación afectiva, presenta para nosotros un particular interés. Nos revela, en efecto, que el sistema Ce. regula normalmente la afectividad y el acceso a la motilidad y eleva el valor de la represión, mostrán- donos que no sólo excluye cosas de“la conciencia, sino que impide también provocar él desarrollo de afecto y el poner en acción la actividad muscular. Invir- tiendo nuestra exposición podemos decir que, mientras el sistema Ce. regula la afectividad y la motilidad, calificamos de normal el estado psíquico de un individuo. Sin embargo, no puede ocultársenos cierta diferencia entre las rela- ciones del sistema dominante con cada uno de los dos actos afines de descar- ga 19%. En efecto, el dominio de la motilidad voluntaria por el sistema Cc. se halla firmemente enraizada, resiste los embates de la neurosis y sólo sucumbe ante la psi- cosis. Encambio, el dominio que dicho sistema ejerce sobre el desarrollo de afecto es mucho menos firme. Incluso en la vida normal puede observarse una constante. lucha de los sistemas Cc. e /nc. por el dominio de la afectividad, delimitándose determinadas esferas de influencia y mezclándose las energías actuantes. La significación del sistema Ce. (Prec.) con respecto al desarrollo de afecto y a la acción nos permite comprender el rol jugado por las ideas sustitutivas en la formación de la enfermedad. El desarrollo de afecto Puede emanar directamente La afectividad se manifiesta, esencialmente, en. relación al mundo lk descarga motora (secretora y vasomotora) encamina- — destinados a la mod: daa la modificación (interna) del propio cuerpo sin terno; y la. motilidad, en actos ¡ción del mundo exterior. SUEAÍ BUNNUDIE — 2 del sistema /nc., y en este caso tendrá siempre el carácter de angustia, la cual esla. sustitución regular de los afectos reprimidos. Pero. con frecuencia el impulso. instintivo tiene que esperar a hallar en el sistema.Cc. una idea sustituliva,-y en- tonces se hace posible el desarrollo de-afecto; partiendo dedica sustitución ya naturaleza á carácter cualitativo. consciente, cuya naturaleza marcará al afecto su cará( : De Hemos afirmado que en la represión queda separado. el afecto.de-suxidea,, después de.lo.cual-sigue. ¿ada uno de.estos-elementos su.destino-partieular. Esto es indiscutible desde el punto de vista descriptivo, pero, en realidad, el afecto no surge nunca hasta después de conseguida excitosamente una nueva representa- ción enel sistema Cc. ” Ñ " es 1 Ditto, 2 Só DOS , a Dele ER le tag Ala caspa rima IV... Tópica y dinámica de la represión: /2,4745) a, ea el r dona tros Jobs Lotta - al mos llegado a la conclusión de que la represión es un proceso que recae | H sobre ideas Y'se desarrolla en la frontera entre los sisiemas /nc. y (Prec.) | Ce. .Namos ahora: a intentar describirlo más minuciosamente. Tiene: que efec- tuarse encél una sustracción de carga psíquica; pero hemos dé preguntarnos en qué sistema sé lleva cabo esta sustracción y 3 qué sistema pertenece la carga: vt sustraida. La idea reprimida conserva en el sistema /nc. su capacidad de:acción; 24% q debe, pues, conservar también su carga. Por tanto, lo sustraído habrá de ser algo. + 5% distinto. Tomemos el caso de la represión propiamente dicha, tal y como se desarrolla en una idea preconsciente o incluso consciente. En este caso la repre- sión no puede consistir sino en sustraer de la idea la carga (pre)consciente perte- eciente al sistema Prec. Esta idea queda entonces descargada, recibe una carga emanada del sistema Jnc., o conserva la carga Inc. que antes poseía. Así, pues, hallamos aquísuna sustracción de la carga preconsciente, una conservación de la 22 inconsa nsciente. carga inconsciente o una sustitución de la. onsciente por una_incons " Vemos, 'además, que hemos basado, sin in! n aparente, esta observación en ln hipótesis de que el paso desde el sistema /nc. a/otro inmediato no sucede por una nueva inscripción, sino por un cambio de estado, o sea, en este caso, por una y] transformación de la carga: La' hipótesis funcional ha derrotado aquí sin esfuerzo tópica. E a «proceso de la sustracción de la' libido 'noes, sin embargo, suficiente para explicarnos otro de los caracteres de la represión. No comprendemos id qué la idea, que conserva su carga o recibe otra nueva, emanada del sistema Inc. no habria de TenovaF la tentativa de penetrar en el sistema Prec., valiéndose de su carga. Habria, pues, de repetirse en ella la sustraco comia ifdtflicaraente, ero sin que'su resultado fuese el de la represión, Este mecanismo: dela sustracción de la carga preconsciente fallaría también si se tratase de la represión primaria, pues en ella nos encontramos ante una idea inconsciente, que no ha recibido aún carga ninguna del sistema Prec., y a la que, por tanto, no puede serle sustraida tal carga. h e Necesitariamos, pues, aquí de otro proceso que en el primer caso mantuviese la represión, y en el segundo, cuidase de constituirla y conservarla; Po que-no podemos hallar sino admitiendo una contracarga, por medio de la cual se protege el sistema Prec., contra la presión de la idea inconsciente. En a ejemplos clínicos veremos cómo se manifiesta esta contracarga, que se ¡Pu la. en el sistema Prec., y constituye no sólo la representación del continuado esfuerzo 2072 SIOMUND FREUD. — OBRAS COMPLETAS Gran parte de las circunstancias observadas en la histeria de angustia se repite en las otras dos neurosis. Podemos, pues, limitarnos a señalar las diferén= cias y a examinar la misión de la contracarga. En la histeria de conversión es transformada la carga instintiva de la idea reprimida en una inervación del síntoma. Hasta qué punto y bajo qué condiciones queda vaciada la idea incons- ciente por esta descarga, siéndole ya posible cesar en su presión hacia el sis- tema Cc., son cuestiones que habremos de reservar para una investigación espe: cial de la histeria. La función de la contracarga que parte del sistema Cc. (Pre resalta claramente en la histeria de conversión y se nos revela en la formación de síntomas. La contracarga es la que elige el elemento de la representación del instinto, en el que ha de ser concentrada toda la carga del mismo. Este fragmento elegido para síntoma cumple la condición de dar expresión tanto al fin deseado del impulso instintivo como al esfuerzo: defensivo o punitivo del sistema Ce. Por tanto, es hipercatectizado y mantenido hacia ambas direcciones como en la idea sustitutiva de la histeria de angustia: De'esta circunstancia podemos de- ducir que el esfuerzo represivo del sistema Cc. no necesita ser tan grande como la energía de carga del síntoma, pues la intensidad de la represión se mide por la contracarga empleada, y el síntoma no se apoya solamente enla contracarga, sino también en la carga instintiva condensada en él y emanada del sistema /nc. Con respecto a la neurosis obsesiva, bastará añadir una sola observación a las ya expuestas en el trabajo anterior: En ella se nos muestra más visiblemente que en las otras neurosis la contracarga del sistema Co. Esta contracarga, orga: nizada como una formación reactiva, es la que lleva a cabo la primera represión y en la que tiene efecto después la emergencia de la idea reprimida. Del predo- minio de la contracarga y de la falta de derivación depende, a nuestro juicio, que la obra de la represión aparezca menos conseguida en la histeria de angustia y en la neurosis obsesiva que en la histeria de conversión. V. - Cualidades especiales del sistema /nc. L* diferenciación de los dos sistemas psíquicos adquiere una nueva significa- ción cuando nos damos cuenta de que los procesos del sistema Inc. mues- tran cualidades que no volvemos a hallar en él sistema superior inmediato. El nódulo del sistema /nc. está constituido por representaciones de instintos que aspiran a derivar su carga, o sea por impulsos de deseos. Estos impulsos instintivos se hallan coordinados entre sí y coexisten sin influir unos sobre Otros ni tampoco contradecirse. Cuando dos impulsos de deseos cuyos fines nos pare- cen inconciliables son activados al mismo tiempo, no se-anulan reciprocamente, sino que se unen para formar un fin intermedio, o sea una transacción. En este sistema no hay negación ni duda alguna, ni tampoco grado ninguno de seguridad. Todo esto es aportado luego por la labor de la censura que actúa entre los sistemas Inc. y Prec: La negación es una sustitución a un nivel más elevado de la represión: En el sistema Znc. no hay sino contenidos más o menos enérgicamente catectizados. Reina en él una mayor movilidad de las intensidades de carga. Por medio del proceso del desplazamiento puede una idea transmitir a:otra todo el montante de su carga, y por el de la condensación, acoger en sí toda la carga de varias otras ideas. A mi juicio, deben considerarse estos dos procesos como caracteres del 1 0 A TA E Jlamado proceso psíquico primario. En el sistema Prec. domina el proceso peta dario '99%. Cuanto tal Pe De recae sobre elementos del sistema Prec., j mos «cómico» y despierta la risa. e inprocésos del stent se hallan fuera del tiempo; esto es, no beca ordenados cronológicamente, no sufren modificación ninguna por el ad del tiempo y carecen de toda relación con él. También la relación temporal se halla ligada a la labor del sistema Cc. 3 p 3 Los procesos del sistema /nc. carecen también de toda relación con a lidad. Se hallan sometidos al principio del placer y su destino depende exc) el mente de su fuerza y de la medida en que satisfacen las aspiraciones comenzadas cer y el displacer. cia diseno que los caracteres que esperamos encontrar en los procesos pertenecientes al sistema /nc. son la falta de contradicción, El pipi primario (movilidad de las cargas), E cine del tiempo y la sustitución lidad exterior por la psíquica 92. o de Meios: atonstientes ls se nos muestran sino bajo las condiciones del fenómeno onírico y de las neurosis, o sea cuando los procesos del sistema Prec., superior al Inc.,'son retrocedidos por una regresión a una fase anterior. De por sí son incognoscibles e incapaces de existencia, pues el sistema /ne. es cubierto en cada momento por el Prec., que se apodera del acceso a la conciencia y a la motilidad. La descarga del sistema /ne. tiene lugar por medio de la inervación somática que lleva al desarrollo de afecto, pero también estos medios de descarga le son disputados, como ya sabemos, por el sistema Prec. Por sí sólo no Podría el sistema /nc. provocar en condiciones normales ninguna acción muscular adecuada, con excepción de aquellas organizadas ya como reflejos. , La completa significación de los caracteres antes descritos del sistema /nc. la podríamos apreciar sólo en cuanto los comparásemos con las cualidades ba sistema Prec.; pero esto nos llevaría tan lejos, que preferimos aplazar dicha comparación hasta ocuparnos del sistema superior *. Asi, pues, sólo expondre- mos ahora lo más indispensable. ¿ ; Los procesos del sistema Prec. muestran, ya sean conscientes o sólo capaces de conciencia, una inhibición de la tendencia a la descarga de las ideas catectiza- das. Cuando el proceso pasa de una idea a otra, conserva la primera una parte de su carga, y sólo queda desplazado un pequeño montante de la misma. me desplazamientos y condensaciones propias del proceso primario quedan ao dos o muy limitados. Esta circunstancia ha impulsado a J. Breuer a admitir dos diversos estados de la energía de carga en la vida anímica. Un estado tensamente ligado” y otro libremente móvil que presiona por la descarga. A mi juicio, repre- senta esta diferenciación nuestro más profundo conocimiento hasta el momento de la esencia de la energía nerviosa, y no veo cómo podría prescindir de él. Sería una urgente necesidad la exposición metapsicológica, aunque quizá sea aún una empresa demasiado atrevida proseguir la discusión partiendo de este ana Al sistema Prec. le corresponde, además, la constitución de una capacida: de comunicación entre los contenidos de las ideas, de manera que puedan influir- 199% CL. el análisis sobre esto en el capitulo VII de tiva más del Sistema: Inc. [que 10 Fue aclarads. Nota La interpretación de los sueños, basado en ideas desarro lladas con Breuer en “Estudios sobre la histeria 1098. Más adelante indicaremos aún otra prerroga- de JN] * Para Strachey aquí Freud se refería al trabajo sobre la consciencia que no llegó a conocerse. (Vota ded. NJ 2074 SIGMUND FREUD. OBRAS: COMPLETA s se en Í ió i ss A epilepsia ordenación temporal de dichos contenidos, e introducir una qna A de la realidad y el principio de la realidad pertenecen ] :n la memoria consciente parece de sistema Prec., y debe distin; E ele isa e guirse de las huellas mnémicas en las sucesos del sistema /nc., pues tc u ., Pues Corresponde verosímilment: i ó ciales » y co ne 'e a una inscripción espe= pi ode Ed que admitimos al principio y rechazamos desplés tespetil la as conscientes con las inconscient ¡remos tambi e li S es. Encontra: é aquí el medio de poner fin a m: ó dclsincad dl 1 uestra vacilación en la calificació i: perior, al cual llamamos hasta ahor: crees É a tan pronto sistema Pi i y = o la Prec. como sistema Cc. e e apresurarnos, sin embargo, a generalizar lo que hasta aquí pi ierto sobre la distribución de las funciones anímicas entre los dos fisemas. Describimos las circunstancias tal y como se nos muestran en el ser ulto, en el cual el sistema fnc. no funci i ] S a 'unciona, estrictam. consi (a ; t e jente conside- ; do, sino ños fase preliminar de la organización superior. El contenido s : e sistema durante el desarrollo individual y su signifi en los animales no pueden s: i aci 5 ani ser deducidos de ipció nico nuestra descripción, sino de una :Asimi: larnos Sea ros Cs a encontrar en el hombre condi- - cuales los dos sistemas modifican o aú ia tanto su contenido como sus características. dolores dl VI. Comunicaciones entre ambos sistemas. ERÍ. Ó i S ria erróneo representarso que el sistema Jnc. permanece inactivo y que labor psíquica es efectuada porel sist j ls Ci 1 por el sistema Prec., dejando: al siste rto, órgano rudimentario, resid ma muerto, , residuo del proceso del des arrollo. Igualmente sería equivocado suponer qué la comunicación de ameogii Hina se limite al acto de la represión, en el cual el sistema Prec. arojaría los : s Inc. todo aquello que le pareci abismos del ítem o le pareciese perturbador. Por el con- ; . posee una. gran vitalidad. i e idad, es susceptible de un ampli pescó Mantiene una serie de otras relaciones con el Prec.; entre elas ade cooperación. Podemos, pues, decir, sintetizando, que el sistema Jnc, continúa de derivados), siendo accesible a las impresiones de la vida, onstantemente sobre el Prec. y hallá ido influyendo constanteme y hallándose, por su parte, sometido resi Sbadta o canal estudio ds ¿Es ramificaciones del sistema Jnc. deftaudará muestra cspe n ación esquemáticamente precisa i - dea ii entre los dos sistema Í- quicos. Esta decepción hará consi insati i ybrestltados o: considerar insatisfactorios y será probablemente utilizada pa rlraierendias s para poner en duda el valor d i De atiliz e nuestra diferencia- ción de los procesos psíquicos. Pero hemos de alegar que nuestra labor no es sino Ja de transformar en una teoría los resultados de la observación y que nunca nos Rss Ea lo a Stent de buenas a primeras, una teoría completa, absoluta- ea Y Sencilla, Asi, pues, defenderemos sus complicaciones mientras la observación, y continua, con ella a un conocimiento fi ió ele : ¡nal de la cuestión, que, si i j ento a ', Siendo se Í. sin embargo, las complicaciones de la realidad. a itrá " ma > Gio: E: sees be ibid de los impulsos inconscientes, cuyos caracteres , existen algunas que reúnen en sí las determinaciones más opues. Lo 1) NTOKCA 900 MN. SU ICA EU MOD 2075 tas. Por'un lado presentan un alto grado de organización, se hallan exentas de contradicciones, han utilizado todas las adquisiciones del sistema: Cc. y apenas palabra «fingir» (sich stellen=colocarse; verstellen=fingir) y de la identificación con el novio. Hemos de hacer resaltar aquí nuevamente que la serie entera de pensamientos está dominada por aquel elemento del proceso mental, cuyo con- tenido es una inervación somática (o, más bien, su sensación). Además, una histérica hubiera torcido en realidad convulsivamente los. ojos.en.el primer caso, y en el segundo habría realizado el movimiento indicado, en lugar de sentir el impulso a realizarlo. o la sensación de llevarlo a. cabo, y sin poseer, en ninguno de los dos casos, pensamiento consciente alguno enlazado con el movimiento ejecutado ni de ser.capaz de exteriorizar después ninguno de tales pensamientos. Estas dos observaciones. testimonian de aquello que hemos denominado lenguaje hipocondríaco o *de órgano”. Pero además, atraen nuestra atención sobre un hecho. que puede ser comprobado por los numerosos ejemplos que tenemos; por ejemplo, en los casos reunidos en la monografía de Bleuler y con- cretado en una fórmula. En la esquizofrenia quedan sometidas las palabras al mismo proceso que forman las imágenes oníricas partiendo de las ideas lotentes del sueño, o sea al proceso psíquico primario. Las palabras quedan.condensadas y trasfieren sus cargas unas a otras por medio del desplazamiento. Este proceso puede llegar hasta conferir a una palabra, apropiada para ello por sus múltiples relaciones, la representación de toda la serie de ideas. Los trabajos de Bleuler, Jung y sus discípulos ofrecen material más que suficiente para comprobar. esta afirmación 139, 1392. Em ocasiones maneja la elaboración omírica— frases o" neologismos muy'análogos a los de la os las palabras como si fuesen objetos, y -crea entonces. quizofenia, 2080 SIGMUND FREUD. OBRAS: COMPLETAS Antes de deducir una conclusión de estas impresiones, examinaremos la extraña y sutil diferencia existente entre las formaciones sustitutivas de la esqui- zofrenia' por un lado y las de la histeria y la neurosis obsesiva por el otro. Un enfermo, al que actualmente tengo en tratamiento, se ha retirado de todos los intereses de la vida, absorbido por la preocupación que le ocasiona el mal estado dela piel de su cara, pues afirma tener en el rostro multitud de profundos agujeros, producidos por granitos o «espinillas» que todos perciben. El análisis demuestra que hace desarrollarse en la piel desu rostro un complejo de castración. Al principio no le preocupaban nada tales espinillas y se las quitaba apretándolas entre las uñas, operación en la que, según sus propias palabras, le proporcionaba gran contento «ver cómo brotaba algo» de.ellos. Pero después empezó a creer que en el punto en que había tenido una de estas «espinillas» le quedaba un profundo agujero, y se reprochaba duramente haberse estropeado la piel para siempre con su manía de «andarse siempre tocando con su mano». Es evidente que el acto de reventarse las espinillas de la cara, haciendo surgir al exterior su contenido, es en este caso una sustitución del onanismo. El agujero resultante de este manejo corresponde al órgano genital femenino;'o sea, al cumplimiento de la amenaza de castración provocada por el onanismo (o la fantasia correspondiente). Esta formación sustitutiva presenta, a pesar de su carácter hipocondríaco, grandes analogías con una conversión histérica, y, sin embargo, experimentamos la sensación de que en este caso debe desarrollarse algo distinto aun antes de poder decir en qué consiste la diferencia, y que una histeria de conversión no podría presentar jamás tales productos sustitutos. Un histérico ho convertirá nunca un agujero tan pequeño como el dejado por la extracción de ima «espinilla» en símbolo de la vagina, a la que comparará, en cambio, con cualquier objeto que circunscriba una cavidad. Creemos también que la multiplicidad de los agujeros le impediría igualmente tomarlos como símbolo del genital femenino. Lo mismo podríamos decir de un joven paciente cuyo historial clínico relató eldoctor Tausk hace ya años ante la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Este paciente se conducía en general como un neurótico obsesivo, necesitaba largas horas para lavarse y vestirse, etc. Pero presentaba el singularísimo rasgo de explicar espon- táneamente, sin resistencia alguna; la significación de sus inhibiciones. Así, al Ponerse los calcetines, le perturbaba la idea de tener que estirar las mallas del tejido, produciendo en él pequeños orificios, cada uno de los cuales constituía para él el símbolo del genital femenino: Tampoco este simbolo es propio de un neurótico obsesivo. Uno de estos neuróticos observado por Reitler que padecía de igual lentitud al ponerse los calcetines, halló, una vez vencidas sus resistencias, la explicación de que el pie era un símbolo del pene, y el acto de ponerse sobre él el calcetín, una representación del onanismo, viéndose obligado a ponerse y quitarse una y otra vez el calcetín, en parte para completar la imagen de la masturbación y en parte para anularla. Extrañeza lo que da el carácter de la formación sustitutiva y al síntoma en la esquizofrenia, nos llevan a afirmar finalmente €s el predominio de lo que debe hacerse con las palabras sobre lo que debe hacerse con las cosas. Entre el hecho de extraerse una «espinilla» de la piel y una eyaculación existe muy escasa ana- logía, y menos aún entre los infinitos poros de la piel y la vagina. Pero en el primer caso «brota» en ambos actos algo, y al segundo puede aplicarse la cínica frase de que «un agujero es siempre un agujero». La semejanza de la expresión verbal, y no la analogía de las cosas expresadas, es lo que ha decidido la susti- ad TINA OO NUERA EAN AMEN tución. Así, pues, cuando ambos elementos —la palabra y el objeto— no coinci- den, senos muestra la formación. sustitutiva esquizofrénica distinta de la que surge en las neurosis de transferencia. gico dis Esta conclusión nos obliga a modificar nuestra hipótesis de que la carga de objetos queda interrumpida en la esquizofrenia y a reconocer que continúa siendo mantenida la carga de las imágenes verbales de los objetos. La imagen consciente del objeto queda así descompuesta en dos elementos: /a imagen verbal y la de la cosa, consistente esta última en la carga, si no ya de huellas mnémicas directas de la cosa-al menos de huellas mnémicas más lejanas, derivadas de las primeras. Creemos descubrir aquí cuál es la diferencia existente entre una pre- sentación consciente y una presentación inconsciente. No son, como supusimos, distintas inscripciones del mismo contenido en diferentes lugares psíquicos, ni tampoco diversos estados funcionales de la carga, en el mismo Jugar. Lo que sucede es que la presentación consciente integra la imagen de la cosa más la correspondiente presentación verbal; mientras que la imagen inconsciente es la presentación de la:cosa sola. El sistema Jnc. contiene las cargas de cosa de los objetos, o sea las primeras y verdaderas cargas de objeto. El sistema Prec. nace a consecuencia de la sobrecarga de la imagen de cosa por su conexión con las presentaciones verbales a ella correspondientes. Habremos de suponer que estas sobrecargas son las que traen consigo una más elevada organización psíquica y hacen posible/la sustitución del proceso primario por el proceso secundario, dominante en el sistema Prec. Podemos ahora expresar más precisamente qué es lo que la represión niega a las presentaciones rechazadas en la neurosis de trans- ferencia. Les niega: la traducción en palabras, las cuales permanecen enlazadas al objeto. Una presentación no concretada en palabras'o. en un acto psíquico no sobrecargado, permanece entonces en estado de represión en el sistema Inc. He de-hacer resaltar que este conocimiento, que hoy nos hace inteligible uno'de los más singulares caracteres de la esquizofrenia, lo 'posejamos hace ya mucho tiempo. En las últimas páginas de nuestra Interpretación de los sueños, publicada: en 1900 *, exponíamos ya que los procesos de pensamiento, esto es, actos de carga más alejados de las percepciones, carecen en sí de cualidad y de in- conciencia, y sólo por la conexión con los restos de las percepciones verbales alcanzan su: capacidad de devenir conscientes. Las presentaciones. verbales nacen, por su parte, de la percepción sensorial en la misma forma quelas imágenes de cosa, de manera que podemos preguntarnos por qué las presentaciones de objetos no pueden devenir conscientes por medio de sus: propios restos de: per- cepción. Pero probablemente el pensamiento se desarrolla en sistemas tan ale- jados de los restos de percepción primitivos, que no han retenido ninguna de las cualidades de estos residuos y precisan para devenir conscientes de una intensi- ficación por medio de nuevas cualidades. Asimismo las cargas pueden ser pro- vistas de cualidades por su conexión con palabras, aun cuando ellas representen simplemente a relaciones entre las presentaciones de objetos y no sean capaces de derivar cualidad alguna de las percepciones. Estas relaciones, comprensibles únicamente a través de las palabras, constituyen un elemento principalísimo de nuestros procesos del pensamiento. Comprendemos que la conexión con pre- sentaciones verbales no coincide aún con el acceso a la conciencia, sino que se limita a hacerlo posible, no caracterizando, por tanto, más que al sistema Prec. * Véase el volumen 11 de estas Obras completas.