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Este documento aborda las consideraciones previas que se deben tener en cuenta al realizar el sacrificio de animales, ya sea en explotaciones, centros de experimentación o durante el transporte. Se analizan los diferentes métodos de eutanasia disponibles, sus ventajas, inconvenientes y recomendaciones, teniendo en cuenta factores como la especie, raza, tamaño, edad y características de los animales. Además, se discuten aspectos éticos y legales relacionados con la práctica de la eutanasia, así como los requisitos que deben cumplirse para llevarla a cabo de manera adecuada. El documento proporciona una visión integral sobre los procedimientos y consideraciones clave en torno a la eutanasia de animales, lo que lo convierte en un recurso valioso para veterinarios, investigadores y profesionales del sector.
Tipo: Diapositivas
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XUNTA DE GALICIA
Coordinación: María Julia Melgar Riol Marcos Pérez López Jesús Juan Cantalapiedra Álvarez Mercedes Camiña García Autores: María Julia Melgar Riol (USC-España) Marcos Pérez López (UEX-España) Mercedes Camiña García (USC-España) José Luis Puerta Villegas (XUGA-España) Jesús Juan Cantalapiedra Álvarez (XUGA-España) María del Mar Yllera Fernández (USC-España) Isabel Blanco Penedo (IRTA-España) Juan Velásquez Pereira (OIRSA-Nicaragua) Yolanda Mercedes Cedeño Prócel (CDV-Ecuador) Diego Fernando Luna Narváez (UCE-Ecuador) Edita: Xunta de Galicia. Consellería do Medio Rural e do Mar Lugar: Santiago de Compostela Ano: 2015
Nos gustaría agradecer a todas las personas que colaboraron en la elaboración de esta unidad didáctica su interés y dedicación, especialmente a Matilde Yáñez, Nicolás González Casares, Cesáreo González Pardal, José Luis Toubes, Juan Velásquez y Óscar Varela. A todos gracias.
Cuando se plantea un sacrificio de animales en una explotación, centro de experimentación o durante el transporte se deberá tener en cuenta: a) El método a elegir, que se determinará en función de la especie, raza, tamaño, edad y características generales de los animales. En todo el proceso se les evitará y reducirá el estrés, sufrimiento y dolor, manteniendo en la medida de lo posible el mayor bienestar posible. Se elegirán métodos cómodos y fáciles de realizar y estéticamente aceptables que mantengan en todo momento la seguridad de los operarios. b) La normativa que engloba las obligaciones legales a cumplir y las recomendaciones científicas a aplicar. c) El personal, valorando su formación, habilidades, destrezas y competencias, así como su conocimiento de los animales, métodos, normativa y materiales a utilizar durante el procedimiento. e) La gestión de los cadáveres y subproductos (SANDACH). f) En el caso de los animales sacrificados con destino a consumo humano: Los controles sanitarios de los productos obtenidos. La higiene y limpieza de las instalaciones, personal y equipo a utilizar que eviten posibles contaminaciones de la carne y que pudieran afectar a su calidad.
El término eutanasia procede del griego euthanasía (deευ, bueno, y θάvατoς, muerte), que en su acepción médica se refiere a la muerte tranquila, dulce, sin padecimientos, fácil o indolora. En este sentido, el Diccionario de la RAE actualmente en vigor, la define como “la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”, y en una segunda acepción habla de “una muerte sin sufrimiento físico”, definición a la que consideramos que debería añadirse también la ausencia de sufrimiento psíquico, de gran importancia (muy especialmente en humanos, claro está). Y en este entorno de términos, ha de diferenciarse claramente de la distanasia, que podría definirse como “el tratamiento terapéutico desproporcionado que prolonga la agonía de un enfermo terminal”. Conviene considerar también otras definiciones que pueden variar con el contexto y que a veces se confunden o superponen. Cuadro 1. Definiciones de sacrifico y matanza Términos Sacrificio Matanza Diccionario de la RAE Matanza de animales, especialmente para el consumo. Faena de matar los cerdos, salar el tocino, aprovechar los lomos y los despojos, hacer las morcillas, chorizos, etc. Otras definiciones (^) Muerte humanitaria de animales domésticos para obtener alimentos o erradicar enfermedades. Sacrificio doméstico de animales para la obtención de alimentos, sin previo aturdimiento. RD 54/1995 y Directiva 93/119/CE (normativa derogada) Muerte de un animal por sangrado. Todo procedimiento que provoque la muerte de un animal. Rgto. (CE) 1099/2009 Matanza de animales destinada al consumo humano. Todo proceso inducido deliberadamente que cause la muerte de un animal.
Grado de excitación. Método de inducción de eutanasia que se va a utilizar. La aplicación de un método de sujeción adecuado resulta vital para minimizar el dolor en los animales, para garantizar la seguridad del personal operante y con frecuencia para proteger a otras personas y animales. La selección del método de inducción de eutanasia más apropiado en cualquier situación que se presente depende de la especie del animal considerado, medios de contención disponibles, destreza del personal, número de animales, factores económicos y otras consideraciones. La muerte de un animal a manos del ser humano, sea aquel de compañía, producción o experimentación, constituye un punto fundamental dentro del importante campo del “bienestar/ protección animal”. Recordemos que Aristóteles proclamó (¡han pasado muchos siglos desde aquello!), con respecto a los seres humanos, que “no se considere feliz a un hombre hasta el momento de su muerte”, entendido en su contexto. Se hace referencia en esta frase a la importancia del tránsito de la muerte, pues la percepción de toda una vida de buenos momentos, de felicidad más o menos plena, puede truncarse por una muerte inadecuada y dolorosa. La vida de un animal es marcadamente diferente, no puede discutirse este hecho, sobre todo por nuestra perspectiva humana de cara a un futuro, a unos objetivos siempre a medio o largo plazo, algo de lo que carecen nuestros compañeros animales. Pero si bien el animal carece (al menos al nivel de nuestros conocimientos actuales) de la idea de futuro a largo plazo, en general se considera que puede que exista alguna capacidad de presentimiento futuro a corto plazo (entendiendo la palabra “corto” como un rango variable según la especie implicada).
La controversia sobre si este actuar de cara al futuro próximo es “pensamiento futuro” o es simplemente el seguimiento de un instinto natural queda en el aire, pero (muy especialmente los propietarios de animales de compañía) consideraremos que los animales pueden presentir y organizarse con respecto a acciones que van a acontecer en un futuro cercano. En resumen, todo ello nos lleva a considerar, en palabras de Bernard E. Rollin, las 5 circunstancias de las que el animal debería estar exento: Hambre y sed. Incomodidad. Dolor, lesión o enfermedad. Incapacidad de expresar su comportamiento habitual. Miedo y aflicción. En este entorno es donde debemos volver la vista y mirar a nuestro alrededor, y plantearse qué espera la sociedad del concepto de eutanasia animal desde la perspectiva de una ética profesional y un bienestar animal. La evolución de estos conceptos, de la forma de abordarlos, puede quedar palpable, por ejemplo, en las palabras del Consejo Canadiense de Cuidado Animal (CCAC, Canadian Council on Animal Care , en su forma original), concretamente en el módulo relativo a eutanasia en animales de experimentación: “este proceso será todo lo humanitario posible, sin dolor, minimizando el temor y la ansiedad en el animal, será irreversible, simple y seguro, y cuando sea posible se ajustará a unos criterios estéticos aceptables tanto para el operario como para cualquier persona observadora”.
El agente nocivo es aquel que trata de dañar a los tejidos o aquel que realmente los daña. Inducen el inicio de impulsos nerviosos actuando sobre grupos específicos de receptores, denominados nociceptores que responden a una excesiva forma de energía, ya sea mecánica, térmica o química. Algunas sustancias químicas endógenas como iones de hidrógeno, serotonina, histamina, bradiquinina, prostaglandinas, así como las corrientes eléctricas, son capaces de generar impulsos nerviosos a través de nociceptores. La actividad nerviosa en forma de impulsos, generada por los nociceptores, es conducida hasta la médula espinal o hasta el tronco encefálico a través de las fibras nociceptoras aferentes primarias. Dentro de la médula espinal o del tronco encefálico, los impulsos nerviosos son transmitidos a dos grupos de redes neuronales. Uno de estos grupos está relacionado con los reflejos nociceptivos y el segundo consiste en vías ascendentes hacia la formación reticular, tálamo y corteza cerebral para su procesamiento sensorial. La transmisión de la actividad neuronal nociceptiva es altamente variable. Bajo ciertas condiciones tanto los reflejos nociceptivos como las vías ascendentes pueden quedar suprimidas, como ocurre por ejemplo en la anestesia quirúrgica profunda. Bajo otras condiciones, pueden existir reflejos nociceptivos, pero se suprime la actividad de las vías ascendentes; de modo que los estímulos dolorosos no son percibidos como dolor, como por ejemplo en la anestesia quirúrgica ligera. Es incorrecto utilizar el término dolor cuando se hace referencia a estímulos, receptores, reflejos o vías, porque estos se pueden activar sin dar lugar a la percepción dolorosa, y el término dolor implica percepción. El dolor se divide en dos amplias categorías: Discriminativo-sensorial, la cual indica el lugar de origen y la fuente de energía dando lugar al dolor. El procesamiento discriminativo-sensorial de los impulsos nociceptivos es ejecutado, probablemente, por mecanismos cerebrales similares a aquellos utilizados para el procesamiento de otras aferencias sensoriales discriminativas que proporcionan al individuo información sobre la intensidad, duración, localización y calidad del estímulo.
Emotivo-afectiva, en la cual se percibe la intensidad del estímulo y se determina la respuesta del animal. El procesamiento emotivo-afectivo implica a la formación reticular ascendente para la conducta y el despertar cortical. También se ven implicadas las rutas aferentes a través del hipotálamo hacia el interior del cerebro anterior y sistema límbico para percepciones como padecimiento, temor, ansiedad y depresión. Las redes neuronales emotivo-afectivas tienen también importantes vías de entrada hacia el interior del hipotálamo y del sistema nervioso autónomo para las actividades reflejas de los sistemas cardiovascular, pulmonar y adrenal-hipofisario. Las respuestas activadas por estos sistemas ejercen un retrocontrol hacia el interior del cerebro e intensifican las percepciones derivadas de las aferencias de la vía emotivo-afectiva. Basándose en la experiencia neuroquirúrgica en el hombre, es posible separar los componentes discriminativo- sensoriales de los componentes emotivo-afectivos del dolor. Desde un punto de vista anatómico parecería que estas vías discriminativo-sensoriales son más pequeñas que aquellas del hombre, mientras que las emotivo-afectivas son más numerosas y más diversas en los animales. Para que se pueda dar percepción dolorosa, el córtex cerebral y las estructuras subcorticales deben ser funcionales. Un animal inconsciente no puede percibir el dolor porque el córtex cerebral no es funcional en ese momento. Si la corteza cerebral deja de funcionar como consecuencia de una hipoxia, depresión por fármacos, choque eléctrico o conmoción cerebral, no es posible la percepción dolorosa. Los estímulos que podrían evocar el dolor en el animal consciente, en el animal inconsciente sólo pueden desencadenar repuestas reflejas que se manifiestan con movimientos. Por ello los movimientos indeterminados de un animal no son indicadores fiables de la percepción dolorosa. Por el contrario, un animal puede percibir dolor a pesar de que no se presenten movimientos corporales como respuesta al estímulo del agente nocivo, si por ejemplo al animal se le han administrado fármacos de tipo curare, succinilcolina, gallamina, pancuronio, nicotina o decametonio. Estos agentes no inducen la inconsciencia ni deprimen la corteza cerebral ni otros mecanismos neuronales implicados en la percepción dolorosa.
Algunas de estas respuestas se pueden desencadenar tanto en el animal consciente como en el inconsciente. El temor puede causar la inmovilidad del animal de modo involuntario en ciertas especies, particularmente conejos y gallinas. Esta respuesta de inmovilidad no debe interpretarse como signo de inconsciencia cuando, de hecho, sí está consciente. En los animales muy jóvenes, las reacciones reflejas y autónomas son evidentes; pero por otra parte las respuestas en el comportamiento pueden diferir de aquellas de los adultos. Se debe tener en cuenta la necesidad de minimizar el temor o el miedo en la elección del método de inducción de la eutanasia. Los gemidos de angustia, comportamientos temerosos, y la liberación de ciertas feromonas por parte del animal asustado, pueden desencadenar ansiedad y temor en otros animales. Por lo tanto y siempre que sea posible, los animales no deberán presenciar la muerte de otros, especialmente si pertenecen a la misma especie. Esto es particularmente importante cuando se pueda presentar vocalización o liberación de feromonas. Una ligera sujeción del animal, preferiblemente en un ambiente familiar, un manejo cuidadoso y el hablar durante la inducción de la eutanasia con frecuencia tienen un efecto tranquilizador en los animales de compañía. De cualquier modo, algunos de estos métodos pueden no resultar factibles con animales violentos, heridos o enfermos. Cuando la captura o el método de contención puedan ocasionar dolor, lesiones, agitación o ansiedad en el animal, o daño al operador, puede hacerse necesaria la utilización de fármacos tranquilizantes o inmovilizantes. No se debe realizar la sujeción del animal en posturas dolorosas. El manejo previo a la inducción de la muerte debe ser lo menos estresante posible. Debería evitarse la aplicación de choques eléctricos u otros recursos que activen los movimientos del animal. También se debería proceder a la insensibilización previa a la matanza de los animales destinados al consumo humano y de peletería. Un apropiado diseño de los pasillos y rampas para los animales de abasto permiten, el traslado hacia el interior de los corredores de contención sin provocar excesivo estrés.
Los imperativos éticos y morales asociados a la inducción de la muerte y eutanasia de modo masivo o individual deberían ser consecuentes con un ejercicio o hábito humanitario aceptable. La selección del método y su empleo deberían ser realizados en todos los casos observando los valores éticos y de conciencia social más elevados. Cuando se evalúe cuál es el método más humanitario de eutanasia para cualquier animal, la sedación previa es una medida que siempre debe ser considerada, al menos para reducir marcadamente la ansiedad y angustia que sufren los animales. Sin embargo, en el otro lado de la balanza deberemos situar siempre el exceso de manipulación que esta actividad conlleva, lo que puede acabar generando más estrés al animal que el que se desea evitar. Dependerá del profesional en cada caso, obviamente, el decidir en dónde se encuentra el punto medio acertado de la actuación. Por otra parte, un apartado que debe ser también considerado en una obra como la aquí presentada es el efecto que la práctica de la eutanasia puede poseer sobre el propio operador. En una persona de tipo medio, el pasar mucho tiempo dedicándose a sacrificar animales puede provocar un efecto fisiológico profundo y negativo. En el caso de tratarse de técnicos, investigadores, veterinarios, estas acciones pueden llevar a provocar lo que algunos expertos han denominado “estrés moral”, asociado a la paradoja de que justamente aquella persona que decidió seguir una vía profesional para cuidar, proteger y ayudar a los animales, al final acaba en una actividad continuada de muerte, difícil (al menos inconscientemente) de entender y/o aceptar. Esta situación puede incluso llevar a alteraciones psicogénicas como asma o colon irritable, dependencia de drogas, alienación familiar e insatisfacción laboral. Este aspecto, no lo olvidemos, debe ser recordado y tratado correctamente con metodologías lo menos cruentas posible con los animales y con los manipuladores. RAZONES PARA PRACTICAR LA EUTANASIA: CUÁNDO Y CÓMO La decisión de eutanasiar a un animal (sea este de compañía, producción, salvaje o de experimentación) es un tema muy complejo, al menos desde la perspectiva ética, y que en no pocas ocasiones suscita discusiones de difícil solución. En este sentido la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales (en inglés, WSPA) ha considerado, al igual que otras muchas instituciones veterinarias, que la aplicación de la eutanasia debería estar aceptada en los siguientes supuestos: Cuando el paciente no pueda ser tratado por padecer una enfermedad terminal o incurable.