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Tipo: Apuntes
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1. Modelos psicodinámicos.
Hay que resaltar que los primeros modelos psicológicos de la depresión fueron elaborados por el psicoanálisis. La primera conceptualización la aportó Abraham, a principios de este siglo, basándose en la teoría freudiana del desarrollo psicosexual y en sus observaciones clínicas. Para este autor, la depresión se entendía como una fuerte tendencia a experimentar placer por medio de la gratificación oral. Cuando en la etapa preedípica se experimentan repetidas frustraciones con los objetos libidinales (padres) se produce una asociación de sentimientos libidinales con impulsos hostiles. Ya en la vida adulta, si se producen desengaños amorosos, se vuelve la cólera por la pérdida hacia el mismo objeto amado, pero como hay una fijación en el nivel oral, se intenta destruir el objeto amado incorporándolo. La consecuencia es que la ira se dirige hacia el propio yo.
Freud en su trabajo de 1917 (Duelo y melancolía) se apoya en las conceptualizaciones de Abraham aportando elementos nuevos. Así, propone dos tipos de depresiones, por un lado las reacciones depresivas (melancolía) y por otro las debidas a la pérdida de un ser querido (duelo). En ambas habría una pérdida y parecidos síntomas, la diferencia estriba en que en la primera hay una mayor disminución de la autoestima, acompañada de autorreproches excesivos, así como la incapacidad de reconocer la naturaleza de la pérdida. En cuanto a la etiología, sigue la idea de Abraham, en cuanto que el niño interioriza una representación del objeto perdido y dirige la ira contra sí mismo. El resultado es la predisposición a actuar de modo similar en el futuro ante la pérdida de objetos amorosos. Esta conceptualización sería el núcleo del modelo psicodinámico de la depresión, si bien en los últimos escritos Freud propuso la hipótesis de la existencia de un superyo muy exigente, responsable de los sentimientos de culpa y autorreproches de la depresión.
Los desarrollos psicodinámicos posteriores han seguido la primera hipótesis psicoanalítica; así, la psicología del yo (Rado, Gero, Bibring) plantea que es una excesiva fijación oral lo que convierte al sujeto en un ser muy dependiente emocionalmente de los demás, con una autoestima muy condicionada por la aprobación del entorno.
Para los teóricos de las relaciones objetales (Bowlby, Greenberg, Kernberg, Klein) el tipo de autoestima del individuo estaría determinado por la cualidad de las relaciones madre- hijo en la infancia.
En las teorías psicoanalíticas más recientes, la conceptualización de la depresión se acerca a la de los modelos cognitivos, en el sentido de que plantean la existencia de pérdidas tempranas que vuelven al individuo muy sensible a las sensaciones de abandono, por lo que en el futuro le resultaría muy difícil superar frustraciones asociadas a rechazos, críticas, abandonos. En resumen plantean un factor de diátesis o de vulnerabilidad, y un factor de estrés desencadenante.
2. Modelos conductuales.
Este tipo de teorías se basan en el paradigma del condicionamiento operante de Skinner; así para este autor la depresión podría definirse básicamente como una reducción generalizada en la frecuencia de las conductas.
El primer modelo conductual lo propuso Ferster en los años sesenta; para él la depresión se caracteriza por la baja frecuencia de conductas destinadas a controlar el medio reforzante positivamente (relaciones sociales, actividades de ocio y profesionales, etc.) y un exceso de conductas de evitación o escape ante estimulación aversiva.
Esta situación podría explicarse por cuatro procesos básicos:
Modelos cognitivos.
Dentro del paradigma cognitivo podrían distinguirse tres grupos de teorías:
Teorías del procesamiento de la información: Se basan en la metáfora del hombre como procesador de información; el individuo construye activamente la realidad mediante el manejo de la información que le llega. Las transformaciones que va a realizar van a influir poderosamente en la emoción y la conducta.
Se puede decir que la más famosa es la Teoría Cognitiva de Beck. En los sujetos depresivos existirían actitudes o creencias disfuncionales que afectarían al modo cómo se interpreta y percibe la información; para Beck estas creencias se organizan en "esquemas", estructuras funcionales de representaciones relativamente duraderas del conocimiento y la experiencia anterior. Estos esquemas depresógenos se diferencian de los normales en que suponen exigencias poco realistas y muy rígidas sobre el mundo y el propio yo, de modo que la realidad fácilmente entra en contradicción con ellos (Ej.; para valorarme positivamente, tengo que conseguir todo lo que me propongo/sólo se puede ser feliz si me admira la gente que conozco). Estos esquemas se formarían por experiencias tempranas en la infancia, y constituirían un factor de vulnerabilidad para la depresión (diátesis). Cuando un determinado estresor en la vida adulta activa estos esquemas, el procesamiento de la información empieza a estar "distorsionado" por ellos, ya que actúan como filtros que distorsionan la información de la realidad. Estos sesgos se ven en los errores que típicamente cometen los depresivos (inferencia arbitraria, abstracción selectiva, sobregeneralización, maximización y minimización, personalización y pensamiento dicotómico o absolutista). El resultado de este procesamiento distorsionado son las cogniciones de los depresivos que se manifiestan de dos formas, como pensamientos o imágenes voluntarias o como pensamientos automáticos (ideas o pensamientos que no se controlan directamente, que apenas son conscientes pero que causan gran daño psicológico, al ser afirmaciones acerca de pérdidas, fallos, rechazos, incompetencias, etc. que el individuo asume como ciertas).Estas cogniciones son las causantes directas del estado de ánimo depresivo y del resto de los síntomas, y se las conoce como triada cognitiva negativa, ya que abarcan pensamientos negativos acerca del yo del sujeto, del mundo que le rodea y de su futuro.
Por último, no todos los estresores activan todos los esquemas depresógenos. Existirían dos tipos de esquemas, los sociotrópicos, que aluden a temas interpersonales (relacionan la
valía personal con la aprobación externa) y que se activarían ante rechazos personales, y los autónomos, en torno a temas de logro, que se activarían ante fracasos académicos, profesionales.
Partiendo de la teoría de la depresión de Beck, Teaslade ha desarrollado un modelo conocido como "hipótesis de la activación diferencial". Este modelo se apoya en el modelo de la emoción de redes asociativas de Bower. Para este último las emociones tienen una representación en la memoria en forma de nudo de una red (nodo), a la que se conectan elementos asociados a esa emoción (experiencia subjetiva, patrón de respuestas autonómicas, cogniciones asociadas a dicha emoción). Cuando se experimenta una emoción, por ejemplo, tristeza, ocurre que se activa el nodo de dicha emoción, y la activación se propaga a través de la red evocando manifestaciones de la emoción (fisiológicas, conductuales, cognitivas)
Para Teasdale la depresión resultaría de la activación del nodo de la depresión tras un suceso estresante. Una vez activado, se activan también constructos cognitivos negativos asociados. Si estos constructos suponen la interpretación de los acontecimientos que le ocurren como altamente aversivos e incontrolables, se produce un bucle cognitivo, de modo que las cogniciones activarían más el nodo depresivo, y éste a su vez reactivaría las cogniciones incrementando su intensidad.
El resultado es un círculo vicioso que intensificaría un estado de ánimo deprimido leve inicial hasta una depresión clínica. Existirían diferencias individuales en cuanto a este tipo de constructos, en lo que respecta a disponibilidad (que existan como resultado de experiencias vividas) y accesibilidad (en función de si esas experiencias son muy repetidas). Finalmente no es necesaria una relación entre el tipo de estresor y los constructos. La clave es la activación cuando se está deprimido de los constructos cognitivos que hemos especificado.
Teorías cognitivo-sociales. Constituyen un grupo de teorías que emplean constructos desarrollados desde la psicología social. De todas merece la pena destacar por su influencia e importancia, la teoría de la desesperanza, así como sus teorías precursoras, que, partiendo de modelos de experimentación animal, llegaron a formulaciones cognitivas al introducir variables moduladoras de tipo cognitivo.
"Teoría de la desesperanza” de Abramson, Metalsky y Alloy (1989)
La intención de estos autores es explicar un subtipo de depresiones, las depresiones por desesperanza. Este constructo, la desesperanza (la expectativa negativa acerca de la ocurrencia de un suceso valorado como muy importante unida a sentimientos de indefensión sobre la posibilidad de cambiar la probabilidad de ocurrencia de ese suceso), sería la causa suficiente y necesaria para el citado subtipo de depresión. A su vez la desesperanza tendría una serie de variables causales, a saber:
La existencia de sucesos vitales negativos.
La atribución de esos sucesos a factores estables y globales. La internalidad influiría en la ocurrencia de baja autoestima.
La información situacional del medio, esto es, la cultura del entorno del sujeto, que ofrece explicaciones sobre si lo que le ocurre al sujeto es algo que no le sucede a casi nadie, que le ocurre a menudo a él y que le sucede en muchas situaciones distintas (Esta combinación aumentaría la probabilidad de desarrollar desesperanza).
Un estilo atribucional depresógeno.
La anticipación de las consecuencias del suceso negativo.
La falta de apoyo social.
TEORIAS CONDUCTUALES-COGNITIVAS.
Son un grupo de teorías que si bien emplean conceptos conductuales (refuerzos, tasa de respuesta...) incluyen procesos cognitivos en la conceptualización de la depresión.
Rehm elaboró en los años setenta una teoría basada en el aprendizaje social, y que integraba elementos de la teoría de Lewinsohn, Beck y Seligman dentro del paradigma de autocontrol de Kanfer. Este paradigma se centra en los procesos de regulación de la conducta que suponen la manipulación del medio y de las contingencias. Para Kanfer, la conducta sigue tres fases, primero hay una fase de autoobservación, en la que el sujeto recoge información sobre el medio en relación a la conducta que está emitiendo o quiere cambiar. En segundo lugar, autoevaluación, el individuo autoevalúa el progreso de su conducta con la información que ha obtenido del medio, valorando si se van a conseguir las metas propuestas. Por último, autorrefuerzo o castigo, el sujeto se autoadministra refuerzos positivos si la conducta se ha acercado al objetivo o se autoadministra castigo si no ha sido así.
Para Rehm la depresión depende de los refuerzos externos, pero estos a su vez dependen de la conducta del sujeto, de cómo la controle para obtenerlos. Por lo tanto la ausencia de
reforzadores puede deberse o agravarse por un déficit en las habilidades de autocontrol del individuo; este déficit puede ocurrir en cualquiera de las tres fases: a) Autoobservaciones: prestar más atención a los sucesos negativos que a los positivos, así como fijarse sólo en las consecuencias inmediatas de la conducta.
b) Autoevaluación: fijarse criterios de evaluación muy elevado, imposible de satisfacer.
c) Autorreforzamiento : las recompensas son insuficientes o los castigos excesivos; esto se debe muy a menudo a los déficits de las anteriores fases, ya que impiden autorreforzamientos eficaces.
Se supone que estos déficit en las habilidades de autocontrol se forman durante la socialización de los individuos y que pueden afectar a pocos o muchos dominios conductuales (relaciones sociales, amorosas, trabajo, ocio...).
Teoría de la autofocalización de Lewinsohn.
En los años 80 propone un modelo que incorpora elementos cognitivos y descubrimientos de la psicología social en relación al fenómeno de la autoconciencia.
La teoría de la autofocalización pone el acento en los factores ambientales, pero establece una variable mediadora, el aumento en autoconciencia o cantidad de atención que una persona dirige hacia sí mismo y que resulta del intento de resolver los acontecimientos estresantes que le ocurren. Así, la depresión es el resultado de una cadena de acontecimientos que se inicia por un proceso estresante que interrumpe los patrones adaptativos de conducta del individuo, a continuación y si no es capaz de restablecerlo, se genera un malestar emocional que conduciría a un desequilibrio en la calidad de las interacciones con el medio ambiente y a una reducción del reforzamiento positivo o aumento de experiencias aversivas. El paso siguiente es un aumento en la autoconciencia que produciría las alteraciones cognitivas de la depresión (autoinculpación, expectativas negativas, etc.) así como retraimiento social, inhibición de la conducta. El resultado sería la potenciación de las reacciones emocionales negativas y el establecimiento de un círculo vicioso.
Lewinsohn asume la existencia de unas variables disposicionales que aumentarían la vulnerabilidad (mujer; 20-24 años; historia previa de depresión; pocas habilidades de afrontamiento; sensibilidad a los estímulos aversivos; nivel económico bajo; alto nivel de autoconciencia; baja autoestima; bajo umbral para la activación de esquemas depresógenos; dependencia interpersonal; tener niños menores de 7 años). Existirían
A partir de aquí se conciben dos factores de mantenimiento, uno interpersonal (alude a la carencia de habilidades adecuadas y a los procesos de retirada de apoyo del entorno descritos por Coyne) y otro producido por el sesgo cognitivo de la depresión, ya que no hay nada más depresógeno que la propia depresión ( se presta más atención a los sucesos negativos y las carencias que a los positivos).
MODELOS BIOLOGICOS. Los modelos biológicos actuales se han formado paralelamente a los intentos de explicar el funcionamiento de los psicofármacos, de ahí que sean modelos neuroquímicos que ponen énfasis en la transmisión de los impulsos eléctricos en el cerebro mediante los neurotransmisores. La mayoría de los modelos aluden a alteraciones en la transmisión o en la cantidad de neurotransmisor.
Hipótesis noradrenérgica Es la formulación etiopatogénica más aceptada. La depresión vendría asociada a una deficiencia funcional de noradrenalina en las sinapsis cerebrales. Esta afirmación se basa en la psicofarmacología: los primeros antidepresivos, los inhibidores de una enzima (los IMAO), actuaban impidiendo la degradación de la noradrenalina; posteriormente, se comprobó cómo la vía de acción de otro gran grupo de antidepresivos (los tricíclicos) estaba muy relacionada ya que impedían que las moléculas de noradrenalina fueran capturadas por las neuronas que las libera al espacio presináptico. El resultado de ambos tipos de fármacos es el aumento de la cantidad de neurotransmisor libre en el espacio sináptico, y por tanto, la facilitación de la transmisión de la señal eléctrica.
Hipótesis serotoninérgica. En las últimas décadas se ha planteado la influencia de otro neurotransmisor cerebral, la serotonina, así como las vías que lo utilizan como transmisor. La hipótesis partió de la existencia de un subgrupo de pacientes con tasas muy bajas de metabolitos de serotonina en líquido cefalorraquídeo. Así mismo, se ha observado que la mitad de los pacientes aquejados de depresión mayor recuperan los niveles de serotonina normales tras superar el episodio; en la misma línea, aquellos que no recuperan los niveles tras la mejoría tienen mayor probabilidad de padecer nuevos episodios. Hipótesis colinérgicas.
Estudios experimentales con humanos y animales han puesto de relieve que un aumento de la actividad colinérgica podría subyacer a la depresión.
Podríamos establecer, siguiendo a Vázquez y Sanz (1995), que todas las personas deprimidas presentan un tipo de sintomatología que podríamos incluir en cinco grandes grupos:
*Síntomas anímicos:
La tristeza es el síntoma básico de la depresión, una tristeza que a menudo se vive como vital, como si saliera de dentro; pero también puede verse sustituida por una sensación de irritabilidad. En depresiones severas puede ocurrir que ni siquiera el enfermo comunique tristeza, sino una incapacidad para sentir, una anestesia afectiva. *Síntomas motivacionales y conductuales.
Desde el punto de vista de la motivación, aparece una disminución o total incapacidad para disfrutar con aquellas situaciones con las que el paciente antes disfrutaba (anhedonia) Esta apatía por fuerza se traduce en el comportamiento en inhibición conductual; se produce entonces un retardo psicomotor que se manifiesta en el enlentecimiento del habla, de las respuestas motoras, el gesto, etc.
En casos extremos se llega al estupor depresivo, donde el paciente no habla por iniciativa propia o bien es necesario instigarle a ello, y se mantiene en un estado casi de parálisis motora.
*Síntomas cognitivos Dos tipos de síntomas podemos distinguir bajo este epígrafe:
En primer lugar se produce una disminución importante en las capacidades cognitivas de la persona, memoria, atención, concentración, resistencia a la fatiga, velocidad mental, etc. Esta disminución es tan palpable, que, cuando afecta a personas de edad plantea dudas en cuanto el diagnóstico diferencial de la demencia. Este cuadro de disminución del rendimiento se ha denominado, precisamente por su similitud, pseudodemencia depresiva. En la mayoría de los casos sólo el tratamiento o la evolución del cuadro permiten distinguirlos.
El otro grupo de síntomas alude al contenido de las cogniciones; encontramos distorsiones cognitivas en la valoración del entorno, del pasado y del futuro, así como de la propia persona. En algunos casos, estos contenidos se vivencian como ideas delirantes de perjuicio, ruina, etc. o como alucinaciones auditivas de tipo insultante.