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Modernidad crítica, Apuntes de Antropología

Asignatura: Antropología, Profesor: jose luis sanchez, Carrera: Filosofía, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 23/11/2014

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Álvaro Marín Ordóñez
1º Derecho-Filosofía
Seminario Antropología Filosófica
Una mirada a la Modernidad
En este breve ensayo voy a proceder a hacer en primer lugar una explicación de la
Modernidad, ligada en primer lugar al Renacimiento, y en segundo lugar a la Muerte de
Dios. Seguidamente, expondré, algunos análisis de diversos individuos filosóficamente
relevantes, tales como Hobbes, Ortega y Chesterton.
En primer lugar, el Renacimiento y sus corrientes culturales y de pensamiento
fundamentan la dignidad del hombre exclusivamente en su condición de ser racional
que le eleva e identifica sobre todas las demás especies, con independencia de que su
racionalidad proceda del acto de creación divina. A esta corriente de secularización
iniciada con el Renacimiento y que culmina con la Ilustración en la “infabilidad de la
Razón” contribuyen en gran medida las guerras de religión que asolaron Europa durante
los siglos XVI y XVII. La Reforma protestante romperá la unidad política y religiosa
característica de la Edad Media y dará lugar a una serie de enfrentamientos sangrientos
aparentemente por motivos religiosos; en realidad estas llamadas guerras de religión
fueron guerras civiles en las que se sustentaban problemas básicamente políticos.
Durante el siglo XVIII el espíritu de secularización, de suficiencia racional y de
escepticismo, invadieron a la sociedad, no en sus clases medias y populares, que fueron
las más adictas a la fe y al antiguo régimen, sino en los medios aristocráticos y cultos.
Hemos encontrado ante todo en la Modernidad, que es un proceso socio-histórico que
tiene sus orígenes en Europa a partir de la emergencia de la Ilustración, que es el
proyecto de arrancar a la historia un recinto para construir una historia, un estado de
razón y de derecho. Surge con un sentido negativo, de hostilidad a la cultura medieval,
oposición motivada inicialmente por la decadencia en que ésta se hallaba, pero que
pronto caló a estratos más profundos y constitutivos de su estructura. Una negación
primero de su esquematismo doctrinario, la cual tuvo como correlato creador el
renacimiento artístico y el sano humanismo. Una negación después del teocentrismo a
la concepción religiosa de la cultura medieval, la cual dio lugar al humanismo
paganizante primero, y s tarde a retorno a las ciencias de la naturaleza y al
protestantismo. Éste será el origen de un proceso de secularización que conducirá, de
negación en negación hasta la indiferencia religiosa y al ateísmo.
De este ambiente frecuentado por la aristocracia, los hombres de letras, la burguesía
rica, entre otros, brotó el movimiento de la Ilustración que propone que cada ciudadano
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¡Descarga Modernidad crítica y más Apuntes en PDF de Antropología solo en Docsity!

Álvaro Marín Ordóñez

1º Derecho-Filosofía

Seminario Antropología Filosófica

Una mirada a la Modernidad

En este breve ensayo voy a proceder a hacer en primer lugar una explicación de la Modernidad, ligada en primer lugar al Renacimiento, y en segundo lugar a la Muerte de Dios. Seguidamente, expondré, algunos análisis de diversos individuos filosóficamente relevantes, tales como Hobbes, Ortega y Chesterton.

En primer lugar, el Renacimiento y sus corrientes culturales y de pensamiento fundamentan la dignidad del hombre exclusivamente en su condición de ser racional que le eleva e identifica sobre todas las demás especies, con independencia de que su racionalidad proceda del acto de creación divina. A esta corriente de secularización iniciada con el Renacimiento y que culmina con la Ilustración en la “infabilidad de la Razón” contribuyen en gran medida las guerras de religión que asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII. La Reforma protestante romperá la unidad política y religiosa característica de la Edad Media y dará lugar a una serie de enfrentamientos sangrientos aparentemente por motivos religiosos; en realidad estas llamadas guerras de religión fueron guerras civiles en las que se sustentaban problemas básicamente políticos.

Durante el siglo XVIII el espíritu de secularización, de suficiencia racional y de escepticismo, invadieron a la sociedad, no en sus clases medias y populares, que fueron las más adictas a la fe y al antiguo régimen, sino en los medios aristocráticos y cultos.

Hemos encontrado ante todo en la Modernidad, que es un proceso socio-histórico que tiene sus orígenes en Europa a partir de la emergencia de la Ilustración, que es el proyecto de arrancar a la historia un recinto para construir una historia, un estado de razón y de derecho. Surge con un sentido negativo, de hostilidad a la cultura medieval, oposición motivada inicialmente por la decadencia en que ésta se hallaba, pero que pronto caló a estratos más profundos y constitutivos de su estructura. Una negación primero de su esquematismo doctrinario, la cual tuvo como correlato creador el renacimiento artístico y el sano humanismo. Una negación después del teocentrismo a la concepción religiosa de la cultura medieval, la cual dio lugar al humanismo paganizante primero, y más tarde a retorno a las ciencias de la naturaleza y al protestantismo. Éste será el origen de un proceso de secularización que conducirá, de negación en negación hasta la indiferencia religiosa y al ateísmo.

De este ambiente frecuentado por la aristocracia, los hombres de letras, la burguesía rica, entre otros, brotó el movimiento de la Ilustración que propone que cada ciudadano

tenga sus metas según su propia voluntad. Una meta que se alcanza de una manera lógica y racional, es decir, sistemáticamente se da un sentido a la vida. Por cuestiones de manejo político y de poder se trata de imponer la lógica y la razón, negándose en la práctica los valores propuestos, la tradición.

La Modernidad es un periodo que principalmente antepone la razón sobre la religión. Podemos concebirla como el proceso histórico de disolución económico-técnica. Los modernos creen que no es el modelo que se debe adaptar a la sociedad, sino la sociedad es la que se debe adaptar al modelo. Se crean instituciones estatales que buscan ejercer control social mediante una constitución. Surgen nuevas clases sociales que permiten la prosperidad de cierto grupo poblacional y la marginación de otro. Se industrializa la producción para aumentar la productividad y su economía; y, finalmente, es una etapa de actualización y cambio permanente.

Para comprender los axiomas de la Modernidad, se debe enunciar la característica principal del Renacimiento, ya que este período es un puente de enlace entre las dos épocas. El Renacimiento, enmarca al ser humano como un individuo simbólico, es decir, su base de creencias y comprensión del mundo está basada en la religión. En cambio, en la Modernidad se abandona la creencia de que todo puede ser explicado mediante la religión, y se procede a elaborar explicaciones científicas de los fenómenos, es decir, se renuncia a lo mítico y se da paso a la razón. Un caso paradigmático de ello es la primera mentalidad científica de la modernidad, que veía al Universo como determinado y muchos pensadores creían que era simplemente cuestión de recolectar suficiente información para poder predecir eventos futuros con perfecta precisión.

La Modernidad surge en el siglo XVIII después de que en la Edad Media en el siglo XV, se transformara la sociedad preindustrial, rural, tradicional, en la sociedad industrial y urbana moderna que se produce con la Revolución industrial y el triunfo del capitalismo. Este cambio parece estar avalado por cambios de tal magnitud como el descubrimiento de América, el desarrollo de la imprenta, las reformas protestantes y el Renacimiento.

La “Muerte de dios”.

“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?”

Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125

Aquí nos encontramos con el segundo tema a tratar, la Muerte de Dios. “Dios ha muerto” quiere decir que la idea de Dios ya no es capaz de actuar como principio legitimador, Dios es lo que cierra el sentido de una cultura, de una sociedad, de un pueblo. El Hombre pre-moderno vivía en un mundo donde todo tenía su sentido y su razón de ser. La Muerte de Dios es por lo tanto el momento en el que este círculo de

pasión, la vanidad humana. Ésta es un motor muy poderoso de la humanidad. Hay pasiones humanas independientes de ella, que, en sí mismas, la presuponen. La vanidad es como la pasión fundamental que no niega las demás pasiones, sino que las transforma, transforma los deseos de primer grado en deseos ilimitados. En realidad, es la única pasión que es intrínsecamente mala, porque dispara las otras pasiones y las hace también intrínsecamente malas.

En el ser humano la vida se presenta como una competición, pero en virtud de la vanidad, del orgullo, del querer ser más que el otro, esa carrera no es una carrera orientada a llegar a una meta sino a ir por delante de los demás. El objetivo es tener una gran opinión de uno mismo. El problema está en que yo solo tengo una gran opinión de mí mismo por comparación con los demás (si soy mejor que los demás).

Para alcanzar esa gran opinión de mí mismo, necesito una gran admiración, un gran reconocimiento de los demás. El problema es que los demás también lo necesitan, eso, lleva al enfrentamiento. En este enfrentamiento una de las partes pierde y sale afectada, de lo cual resulta un sentimiento de venganza y llegamos a la guerra de todos contra todos (bellum ómnium contra omnes). De ahí viene el miedo. Miedo a perder. Por eso buscamos un bando. Lo que hace de ese miedo el principio de la sabiduría, cuando hay un bando que monopoliza un grupo de perdedores (la primera concepción, embrionaria, que podemos tener de Estado), el bando es capaz de imponer su orden y aplastar a cualquiera que sea rebelde contra sus ideales.

Aquí vemos el fiel reflejo, tanto del hombre, como del conjunto de ellos agrupados en estructuras más complejas, tales como bandos políticos, naciones, alianzas internacionales, etc. Y el origen que realimenta al capitalismo y que permite su “infinito” avance es por tanto la vanidad humana, hasta que el mundo o el cuerpo, en función de lo que antes perezca, aguanten.

ORTEGA:

Por otro lado, nos encontramos con Ortega y Gasset. El pensamiento de este filósofo sostiene que desde el siglo XIX, aproximadamente los cambios históricos, científicos y tecnológicos se comienzan a producir con gran rapidez y el ritmo de vida se comienza a acelerar mucho más que en épocas anteriores en una medida sin precedentes. Parece, en cambio, que la vida individual y colectiva del hombre no ha evolucionado de la misma forma. Se conoce más y se hacen más cosas pero ese saber y ese hacer, cada vez es más especializado, en parte por lo que algunos consideran un exceso de población, pero lo cierto es que ese aumento del saber universal, que de universal no tiene nada, es cada vez más individual y particular, y segmenta más a la sociedad. Desde antes de llegar a la mayoría de edad ya intentan que nos posicionemos en ciencias o letras, nos hacen escoger, decisión, por cierto, que está profundamente influenciada por el factor económico, ya que desde mi punto de vista, el auge de la ciencia se debe al hecho de que se le considera una variable estratégica para el desarrollo económico-técnico de las sociedades. En pos de esa aceleración, de esa especie de necesidad que ha surgido de llegar a ampliar el saber de una manera exacerbada sobre un tema en concreto, y ser un ignorante completo en todo lo demás, llegamos, por ejemplo, a especializarnos en los

mitorribosomas pudiendo llegar a ser un científico reconocido a nivel internacional, mientras ignoramos que el Gran Capitán hace referencia a un personaje histórico, y no meramente a un queso. Como decía Antonio Machado “¡Lo que sabemos entre todos! ¡Oh, eso es lo que no sabe nadie!”; y al final, la especialización del conocimiento nos lleva a la total ignorancia.

El hombre masa de Ortega surge de la diferencia, del desnivel, entre el acelerado desarrollo de esos cambios tecnológicos, científicos… y el abandono del desarrollo de la persona. Una prueba de ello es que hoy en día importa más el valor de tu patrimonio que tu propio valor como persona.

Cabe pensar también, que el concepto de hombre masa refiere a las clases obreras, como parece entenderlo el marxismo, pero nada que ver tiene con ello. El problema es mucho más amplio, porque el concepto de masa no es cuantitativo sino cualitativo y además es una cualidad individual que tiene necesariamente una dimensión también social. Ortega, decía “delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo- en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás”. Por el contrario, “la minoría selecta”, se refiere "al que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores.". Para este filósofo, la época moderna es el enemigo más grande del hombre actual porque son tiempos de retórica y mucha confusión, lo cual da lugar al auge de los populismos. Los ideales tienen que estar supeditados a la realidad, a la circunstancia, y el siglo XX se caracteriza por la racionalidad más pura, algo que la mente ha creado en forma abstracta.

En el siglo XX se concreta una antigua aspiración social, la cual venimos aquí tratando, cuando desaparece el poder espiritual, mantenido por las instituciones eclesiásticas, según Ortega tendría que surgir la culturalización de la sociedad con el fundamento de una ética que brinde un ideal moral para vivir. Sin embargo, el siglo XX aprovechó la desaparición del poder espiritual para cambiarlo por el poder material, canalizando ese sentimiento hacia la política, y hay poca diferencia entre el fanático religioso y el fanático político.

Según Ortega y Gasset, el capitalismo del siglo XIX ha contribuido a arruinar y desmoralizar a la humanidad, y por esta razón surge el marxismo que asume esta realidad alienante, con una fórmula limitada, al proponer apoderarse de los medios de producción para mejorar los salarios y no para recuperar la dignidad del hombre. Siendo una pura abstracción económica y haciendo un análisis nada más que económico.

El capitalismo del siglo XIX ha producido una inmensa riqueza pero ha empobrecido la conciencia moral del hombre. En lugar de la ética en la sociedad priman el interés y la utilidad, objetivos que no alcanzan para el mantenimiento del equilibrio social sin la posibilidad de generar un poder espiritual. El día que para la gente, hacer dinero, no sea más la preocupación central de su vida tendrá la humanidad la oportunidad de ver surgir

La explotación económica está haciendo perder relaciones no económicas de antes. No paramos de consumir y consumir, productos que apenas tardamos unos instantes en devorar, y cuyos envoltorios tardan miles de años en desaparecer; otros productos cuya vida útil está programada, de modo tal que tras un periodo de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible, lo cual, unido a lo que parece una necesidad de la sociedad, el consumo ilimitado, nos condena a seguir explotados económico-técnicamente, a pesar de los indudables avances en la ciencia. Se están vaciando las relaciones no económicas, sustituyéndose por banalidades.

Hemos depositado todas nuestras esperanzas en los medios económico-técnicos y estos nos llevan a la lucha de todos contra todos (bellum ómnium contra omnes). Las relaciones económicas son imprescindibles pero subordinadas a relaciones no económicas. Lo característico de la sociedad moderna y de las ideologías surgidas de ellas es la abstracción de la economía, así como la reducción abstracta la abduce con relaciones no económicas. Lo económico es lo que no vale nada y sin embargo lo domina todo.

¿Cuáles son las relaciones no económicas? Las relaciones no económicas son por ejemplo, las relaciones comunitarias, que ya estaban presentes en las sociedades neolíticas, aquellas relaciones de apoyo, reconocimiento y la lealtad mutuos; el fundamento antropológico de la caridad, la confianza mutua; el cimiento social de todas estas relaciones, reside en la familia, en las relaciones de vecindad y amistad, en las relaciones de trabajo y estudio. No es la familia una unidad de consumo o producción, es el lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Así veía Chesterton la importancia de la familia. Trabajamos para que se mantengan las relaciones no económicas. El trabajo como labor, como elaboración de la naturaleza, tiene su fin en hacer un mundo habitable. La habitabilidad no se trata de explotarlo, se trata de que se haga posible habitarle. La universalidad solo puede consistir en la particularidad etnológica, en reinstaurar en lo posible las funciones comunitarias subordinando a ellas la economía. Hay que conservar el mundo, y el ritmo frenético de producción se muestra adverso a la idea de conservarlo. La gran lección de Chesterton, que para hacer una revolución debemos saber que queremos conservar y lo que deseamos cambiar. Hay que buscar el mínimo antropológico que debemos conservar. ¿Qué es el hombre reducido a su mínima expresión? Es eso que si lo perdemos no hay nada que valga la pena defender. Si no salvas ese mínimo, si no lo salvas no merece la pena salvar nada. Chesterton nos propone que hay que ser revolucionarios en lo económico (propiedad), reformistas en los institucional (no dejen de ser mejoradas) en lo antropológico hay que ser conservadores. Para concluir, cito este texto de Chesterton, que a mi parecer es la mejor muestra de ese mínimo más allá del cual no tiene sentido defender nada.

“Hay que empezar por algún sitio y yo empiezo por el pelo de una niña. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda

época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en su contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una distribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos caerán, pero no habrá de dañarse un pelo de su cabeza”.

G.K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo