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Asignatura: Fonaments Psicosocials del comportament huma, Profesor: g g, Carrera: Psicologia, Universidad: UOC
Tipo: Resúmenes
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Procesos de categorización, comparación y diferenciación social Doble sentimiento de identidad = identi ficación con otras personas (identidad social o compartida) + considerarnos únicos (identidad personal). Nosotros - Ellos La teoría de la identidad social de Tajfel nos permite entender gran parte de los procesos de identi ficación y desidenti ficación. Esta teoría engloba tres procesos psicosociales: 1.- la comparación, 2.- la categorización social y 3.- la identi ficación. Los tres procesos hacen referencia a cómo percibimos a las otras personas y a nosotros mismos. Podemos considerar que no actuamos ni nos relacionamos con la gente tanto por lo que las personas son, sino por cómo nos las representamos o cómo las percibimos e interpretamos. Estas percepciones e interpretaciones se hallan fuertemente moduladas y afectadas por el sentimiento de pertenencia de los individuos a determinados grupos. La categoría grupal proporciona una identidad o posición social y a la vez funciona como guía de lectura y percepción de la realidad social que nos rodea. En esta percepción del otro siempre hay implícito un proceso de comparación social , establecido a partir de un patrón que guía la comparación. Si miramos a alguien por el color de la piel, llegaremos a una determinada percepción y valoración, y si lo hacemos por sus ideas políticas, llegaremos a otra. Por otro lado, la comparación es muy dependiente del proceso de categorización social , que hace referencia al conjunto de procesos psicológicos que conducen a ordenar el entorno en términos de categorías: grupos de pertenencia, objetos y acontecimientos, en tanto que se consideran equivalentes para la acción, las intenciones o las actitudes de un individuo. Este proceso de categorización comporta unos efectos: la acentuación de semejanza entre personas que forman parte de una misma categoría y la creación exagerada de diferencias entre personas de categorías diferentes. Se puede considerar que la categorización tiene un valor instrumental, en el sentido que organiza, estructura y simpli fica la información de la que disponemos del medio social. También tiene un valor ideológico, de control social, en el sentido que estructura grupalmente la sociedad según los intereses y valores de los grupos dominantes. Se puede considerar también un sistema de orientación que construye y de fine el lugar particular de cada persona en la sociedad. Escogeremos compararnos con aquellas categorías que nos permitan salir favorecidos de la comparación, y diferenciarnos en términos de identidad social, buscando lo que Tajfel denomina una distintividad social positiva. Con este procesos establecemos diferenciaciones del tipo “nosotros frente a ellos”. La consecuencia de esta división entre nosotros y ellos es el etnocentrismo , es decir, el favoritismo hacia el propio grupo y el menosprecio, la discriminación y hasta la agresión hacia el grupo contrario.
Prejuicios y discriminación En nuestra vida cotidiana interpretamos las interacciones y situaciones sociales utilizando categorías sociales. Hay categorías que son más visibles socialmente que otras, sobre todo las que hacen referencia a grupos minoritarios (homosexual, mujer, negro, inmigrante…). El prejuicio se entiende como una actitud generalmente negativa hacia determinadas personas, que está originada por el hecho de que pertenecen a determinadas categorías sociales y no por sus características o actuaciones individuales. Concepto de estereotipo = conjunto de creencias sociales que se asocian a una categoría grupal, que provocan los prejuicios y los justi fican. La existencia de los estereotipos puede considerarse como la consecuencia directa de los procesos de categorización social, al mismo tiempo que los prejuicios aparecen como la consecuencia de esta percepción estereotipada de la realidad. La percepción de las personas por medio del estereotipo funciona de tal manera que no resulta nada fácil destruir estas representaciones que distorsionan la realidad. El hecho de utilizar el estereotipo como referente de interpretación nos conducirá a fijarnos sólo en las acciones de la persona que sean coherentes con nuestro estereotipo y a desestimar aquellas informaciones que resulten poco a nada coherentes con él. Esta percepción puede hacer que veamos aquello que no es. Además de sesgar la percepción y de filtrar la información, los estereotipos también inciden sobre el comportamiento, dirigen las acciones que emprendemos para con las personas que son objeto de estereotipo y prejuicio y provocan que éste sea discriminatorio y las perjudique. La discriminación hace referencia al comportamiento, a las acciones especí ficas dirigidas a las personas afectadas por los prejuicios, y tienen un doble objetivo: favorecer a los miembros de la propia categoría y perjudicar a los miembros de otras categorías. Este trato discriminatorio puede tener un grave impacto que puede afectar directamente a la identidad y a la psicología de las personas que forman parte del grupo discriminado. Una de las consecuencias es la baja autoestima o la percepción negativa de uno mismo, así como un fuerte sentimiento de inferioridad. Otra consecuencia es la predisposición al fracaso que conduce fácilmente al fracaso real a causa de la poca con fianza que se tiene en uno mismo. El último efecto es el conocido como efecto Pigmalión, según el cual el comportamiento negativo hacia alguien, a causa de unas características especí ficas que no tiene pero que le atribuimos, puede crear en la otra persona lo que esperábamos encontrar, puede generar el comportamiento que sostenía nuestra discriminación. Los estereotipos orientan la percepción y la acción de los grupos sociales en su interacción con las otras personas y categorías, lo que puede llevarlos a una desatención selectiva sistemática y a potenciar la continua ignorancia de aquellos aspectos de la realidad social que determinan la producción de las características estereotipadas. Categoría social del género (categoría grupal, el género como categoría o grupo)
Actuación de un rol = cualquier actividad que desempeñe una persona tiene algún tipo de in fluencia en el comportamiento de aquellos que están a su alrededor (si yo hablo alguien escucha). Muchas de las actuaciones que llevamos a cabo o que observamos tienen lugar en lo que Goffman denomina establishment , que hace referencia a un lugar cerrado, con barreras para la percepción, donde se desarrolla regularmente un tipo determinado de actividad. Podemos diferenciar dos regiones: el fondo o la región invisible para el público y el frente (fachada) o la región visible para el público. La primera región se utiliza para preparar la actuación de una rutina (rol) y la segunda tiene la función de ofrecerla al público. El público solo tiene acceso a una parte de la actuación en la que se le pide que mantenga las maneras y la integridad del rol. Además, en la fachada se actúa de una manera fija para de finir y dar un sentido único y comprensible a la situación. La cara visible o fachada está con figurada por diferentes elementos: a. Dimensión física que impone el escenario de la acción (por ejemplo, un aula tiene sus sillas, sus mesas, la pizarra…) b. Dimensión personal que determina la apariencia de los actores (el profesor del aula no puede tener menos de 20 años…) Las apariencias normales, o una buena actuación de rol, permiten al público deducir información que no tiene de forma objetiva y dar muchas cosas por sabidas, lo que implica el ejercicio de un cierto control del actor sobre el comportamiento del público. Actuar como los demás esperan que lo hagamos, aunque tengamos intenciones ocultas, permite que seamos nosotros quienes controlemos la situación. Cada sujeto, al interactuar en un establishment y en una situación concreta, lleva a cabo una representación (performance) que se halla sujeta a un programa pre fijado (rutina) y que está marcado por unos roles. Por medio de este proceso, la actuación de cada persona se combina con la de los demás para la de finición de la situación y la representación de una rutina. Si la conducta propia de la región no visible se convierte en visible, podemos encontrarnos con una situación enojosa. Esta situación está provocada por la aparición de un comportamiento inesperado, que va en contra de las expectativas y que tiene la fuerza para cuestionar las asunciones que se tenían sobre la identidad y el rol (por ejemplo, tenemos una profesora que consideramos muy buena pero descubrimos que basa sus clases literalmente en un manual). Gestión de impresiones y presentación del yo Estrategias de presentación del yo = estrategias que las personas utilizan para generar e incidir sobre las impresiones que los demás se forman de ellas. Técnicas que utilizan para presentarse de forma socialmente aceptable ante los demás y en qué condiciones las utilizan. La realidad de una situación de interacción casi nunca es perceptible en el mismo momento, lo que provoca que el individuo deba fiarse de las apariencias o de las primeras impresiones para decidir cuál será su comportamiento. El observado tiende a manipular la impresión que produce convirtiéndose en un actor que tergiversa la realidad para satisfacer o cumplir las normas sociales. El individuo pone en juego dos roles, el de actuante y el de actor, cada uno de los cuales origina una identidad, el self de actor y el self del personaje que pone en escena el actor. IDENTIDAD E INTERACCIÓN SIMBÓLICA
Negociación del signi ficado de la situación como fuente de identidad Interaccionismo simbólico (Mead) corriente teórica de la psicología social. Perspectiva dimensional y emergente de la identidad. Desde esta perspectiva, se considera que el self o identidad no preexiste en las interacciones sociales , sino que surge en el transcurso de éstas. Se considera que está constituido por las respuestas de los otros hacia uno mismo y por las respuestas de uno mismo hacia sí y hacia los demás. Cooley plantea que a partir de la imagen y las miradas que los demás re flejan de nosotros nos con figuramos una imagen de nosotros mismos. Nosotros también nos convertimos en los observadores de nosotros mismos según la imagen que los demás nos devuelven. Mead a la percepción que tendremos de nosotros según estas miradas, responderemos efectuando reajustes, modi ficaciones o cambios según lo consideremos conveniente. El self depende de la interacción con los demás y del contexto o la situación en que tiene lugar la interacción, y de la forma como los actores negocian el signi ficado que dan al contexto. Características de esta conceptualización de identidad: a. La identidad se considera un elemento situado en el contexto y dependiente de él. Se considera un elemento múltiple, en el sentido de que surge del contexto particular de interacción y de signi ficación del contexto especí fico en el que tiene lugar la interacción. b. Es emergente y no existe antes que las relaciones, surge en el proceso de las interacciones sociales. c. Es recíproca, responde en parte a las respuestas que nos dan los demás sobre nosotros mismos. d. Es negociada por medio de los ajustes sucesivos que construyen la intersubjetividad o signi ficación compartida. Los demás son nuestro espejo, pero no nos conformamos de forma total con la imagen que los demás nos proporcionan de nosotros mismos, sino que la ajustamos a nuestra manera de pensarnos. e. Dado que siempre venimos de unas interacciones y nos dirigimos a otras, la identidad es a la vez causa y resultado de la interacción social. En lugar de considerar a los individuos como si fueran ellos los que establecen las relaciones, hay que pensarlos como manifestaciones o productos de las relaciones. Construcción sociohistórica de la identidad Socioconstruccionismo dimensión sociohistórica del self****. Las identidades dejan de considerarse la propiedad privada de los individuos para pasar a ser construcciones sociales, proscritas y prescritas, de acuerdo con los intereses políticos del orden social dominante. Heterosexual = identidad prescrita, por el hecho de tener un papel útil en la reproducción de un determinado concepto de familia. Homosexual = identidad proscrita, a causa de las disfunciones y los cambios con los que amenazan el orden social establecido.
Frente a las interpretaciones teóricas de orden biológico o psicológico (que tienen su interés, pero no resultan satisfactorias para explicar lo social), la psicología social ofrece un marco alternativo cuyos conceptos y desarrollos teóricos están centrados precisamente en el contexto de las relaciones sociales. No obstante, dada su peculiar historia, a caballo entre la psicología y la sociología, dos disciplinas potentes y bien asentadas en el mundo académico y cultural, entre las que reina un fuerte desconocimiento, y a veces rechazo, mutuo, la psicología social no tiene una única mirada. Psicología Social Psicológica Los psicólogos sociales de formación psicológica (facultades de psicología) tienden a centrar sus inquietudes o su foco explicativo en la persona considerada como individuo, como objeto de estudio y como origen necesario de todas las explicaciones (por cierto, con fuertes deudas intelectuales con la fisiología y la biología, tal como están presentes en el currículum de nuestras licenciaturas): todo sucede dentro de la cabeza, en un universo de fuerzas, tensiones, re flexiones o maduraciones donde se funde lo neuronal y lo psicológico, sin que puedan distinguirse plenamente, y sin que podamos desprendernos nunca del todo del protagonismo del individuo, hasta el punto de pensar que la interacción social en un grupo no es más que una suma peculiar de individuos que se miran entre sí desde la interioridad de su mundo neuropsicológico, o algo así. Diríamos que este individualismo metodológico está en la base de las explicaciones psicologicistas en psicología social (PSP). Psicología social Sociológica Los psicólogos sociales de formación sociológica (facultades de sociología y políticas) tienden a centrar sus explicaciones en factores o estructuras de orden social, tales como la cultura, la religión o la economía, que son “realidades” sociales peculiares, en donde intuimos la presencia de personas que quedan muy relegadas en un limbo difuso donde están, pero sin que necesitemos hablar de ellos para explicar los fenómenos sociales. Todo sucede en la cultura, donde son conceptos clave la norma social, las instituciones o el lenguaje, que pueden también ser analizados en un nivel microsociológico, allí donde los individuos realizan su vida junto a los demás, en grupo, en donde podemos comprobar cómo los factores sociales tienen una in fluencia directa y muy importante en la constitución del individuo, considerado como un producto microsocial. Diríamos que este sociologismo metodológico está en la base de las explicaciones sociologicistas en psicología social (PSS). Psicología Social Construccionista La orientación construccionista en psicología social no es algo que se pueda distinguir radicalmente de estas otras opciones, sobre todo de la segunda, con quien comparte muchas propuestas teóricas. Como a firmaría Gergen, cuando miramos a un “adolescente”, somos nosotros los que estamos poniendo en juego este concepto, que ellos no nos han pedido, ni lo necesitan para seguir con sus vidas. Son nuestros marcos explicativos de nuestro mundo adulto los que han generado el concepto, lo han dotado de signi ficado en relación con otros conceptos también nuestros, creando un producto conceptual sugerente para intentar entender el mundo de las personas a las que llamamos así. La cuestión no es si el concepto re fleja mejor o peor una cierta realidad social, sino si nos resulta más o menos satisfactorio o adecuado para hablar sobre ellos y para organizar nuestra propia interacción con ellos. En la medida en que nos relacionamos y ponemos en juego estos marcos teóricos para tratar con ellos (que en principio, no tienen otro nombre que “niños”, “hijos”, o sus propios nombres de pila), ellos mismos crecen asumiendo, rechazando o poniéndose en contra de nuestras explicaciones, haciendo que el concepto extienda su validez también para que ellos encuentren sus propias explicaciones sobre el mundo y sobre sus relaciones con los adultos. Digamos que todos jugamos un juego en el que hacemos como que los conceptos son de verdad, y en consecuencia, hacemos que en cierto modo sean de verdad. Esta argumentación, de fuerte sabor sociológico, centrada en la interacción social y en el poder del lenguaje, es lo que podríamos identi ficar como una orientación construccionista en psicología social (PSC).
2. Identidad adolescente desde la psicología social Cuando nos hacemos la pregunta de quiénes somos, la respuesta consiste en una lista de expresiones como hombre, profesor, catalán, liberal, culé, hetero, y cosas por el estilo. Todas ellas son categorías sociales , es decir, conceptos que nuestra cultura utiliza para hablar sobre ciertas realidades sociales que afectan o implican a personas y grupos, y que también utilizamos nosotros para comprender o decidir cómo relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. Ninguna identidad está fuera de este planteamiento, toda identidad es en su origen un concepto , cuyo signi ficado tiene que ver con ciertos marcos más amplios de explicación o de descripción de la vida en sociedad. La cuestión es cómo se construyen estos marcos y estos conceptos, y cómo alcanzan su validez, es decir, su apariencia de ser realidades de verdad, como si fueran independientes de los propios marcos en que se generan. La teoría de la identidad social La teoría de la identidad social de Tajfel es un primer modo de explicarlo, centrado en la dinámica comparación-categorización-identidad. Las categorías sociales son conceptos que nos sirven para distinguir a otros grupos sociales y a los grupos que nos sirven para identi ficarnos a nosotros mismos. Cada categoría implica una palabra y una serie de características asociadas que la explican, la matizan o la desarrollan. Aceptar una categoría como concepto válido convierte a sus características asociadas en expectativas de comportamiento, en lo que se puede esperar de los demás como representantes apropiados de la categoría, es decir, tiene un valor normativo: ser catalán implica ser y comportarse de cierto modo (si no eres o te comportas del modo esperado – norma-, no eres un verdadero catalán, y por tanto no corresponde aplicarte esta seña de identidad). Tajfel a firma que estas categorías se generan dentro de ciertas dinámicas de relación entre grupos sociales, de tal forma que sirven para identi ficar otros grupos de los que queremos distinguirnos (ser catalán es no ser castellano, o no ser español, por ejemplo), con el matiz especial de que utilizamos ciertos criterios de comparación cuyo valor pragmático es que nos diferencian en un sentido positivo (nosotros siempre salimos bene ficiados de la comparación; esto es lo que se llama el sesgo endogrupal ). Ser hombre, por ejemplo, es no ser mujer, y si el hombre debe ser racional, fuerte y directo, ser mujer es deber ser imaginativa, débil e indirecta (claro, todo esto se convierte en estereotipos, frases hechas: no es que las mujeres sean débiles, es que la debilidad sirve a los hombres para distinguirse de ellas. Las mujeres, por supuesto, no opinarán igual, preferirán otros criterios de comparación, como ser atentas o afectivas, sensibles, otros estereotipos que las distinguen favorablemente frente a los hombres). Nuestra socialización consiste en parte en aprender este tipo de distinciones grupales, de tal modo que las vamos asumiendo como correctas, nos acostumbramos a utilizarlas para hablar de nosotras mismas, y las utilizamos como señas de identidad como si fueran de verdad, hasta el punto de olvidar el “como si fueran”, para considerar sencillamente que son verdad. El “self” como relacional y emergente En el terreno microsociológico de la interacción, allí donde cada persona se relaciona con otras personas, estas categorías son útiles para estructurar nuestra comunicación y nuestras relaciones con los demás presentes en la conversación. La interacción se convierte en una especie de tira y a floja, en el que ciertas categorías se convierten en relevantes, y las utilizamos para de finir posiciones respecto de los otros. Ser mujer es un argumento importante en las discusiones dentro de una pareja heterosexual (cuál es el espacio y las obligaciones de cada uno, cuáles son sus responsabilidades en el mantenimiento de la familia, por ejemplo). El resultado de lo que signi fique ser mujer puede ser explicado también como una negociación cara a cara que está sucediendo al mismo tiempo en una multiplicidad de conversaciones particulares dentro de nuestra sociedad. Usamos estos conceptos porque nos hemos socializado en ellos, o con ellos, en este preciso momento y lugar sociohistórico en el que nos ha tocado vivir ( identidad situada ), su de finición precisa responde a estas