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Normalidad y criterios de la normalidad en Psicopatología
Tipo: Apuntes
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«Sin los conceptos de normal y patológico, el pensamiento y la actividad del médico son incomprensibles. Falta mucho, no obstante para que estos conceptos sean claros en el juicio médico y le sean indispensables. Georges Canguilhem, Lo normal y lo patológico El objeto de la medicina es el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de las enfermedades. Pero para definir estas enfermedades es preciso distinguir entre lo normal y lo patológico. Los términos de salud y enfermedad en ocasiones son muy arbitrarios, y los criterios cambian conforme avanza la investigación. Por ejemplo, las cifras de colesterolemia que se consideran patológicas y que precisan un tratamiento farmacológico cambian, hay enfermedades que se incluyen en las clasificaciones cuando antes no estaban, como el trastorno por acumulación incluido en el DSM-5(Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), algunas cambian su nombre o su categorización según se amplían los conocimientos, etc. En el caso de la salud mental podemos encontrar algunos parámetros propios para definir lo normal y lo patológico. Se pueden considerar varios criterios que no son excluyentes entre sí. Normalidad como salud Es una perspectiva básica en medicina que diferencia entre salud y enfermedad y que equipara salud y normalidad. Aun así es una perspectiva muy utilizada por los profesionales que tienden a considerar la salud como la ausencia de síntomas. Empleando este enfoque un individuo sería normal desde un punto de vista psíquico si no se evidencia una clara psicopatología. Con este criterio la mayoría de las actividades humanas serían comportamientos normales. Quedaría al margen la posible profilaxis. Normalidad estadística La normalidad se definiría como resultado de una investigación estadística, lo normal sería lo más frecuente. Es el criterio de normalidad que se sigue en los valores analíticos, considerándose normales los valores que quedan comprendidos dentro del área de normalidad de la curva de Gauss, es decir, una desviación estándar por encima y por debajo de la media aritmética; siendo anormales (y patológicas) las desviaciones por encima y por debajo. Según este criterio tener «caries» es normal, aunque podríamos preguntarnos si normalidad y salud serían equiparables en este caso. Este criterio presenta varios defectos: no distingue entre las desviaciones por defecto y por exceso, de modo que un superdotado sería tan anormal como un individuo con retraso mental. Por otra parte, las delimitaciones estadísticas no nos explican en qué consisten la salud y la enfermedad mental, y la diferenciación entre ellas se basará únicamente en función de la muestra con la que se ha realizado la investigación. Normalidad sociocultural Según este criterio la normalidad de un individuo se definiría por la reacción que provocan sus conductas en el grupo social al que pertenece, según las circunstancias o el ambiente en el que se desarrollan. El consenso del grupo determinaría la normalidad de cada uno de sus componentes. La idea de salud se relaciona con la adaptación social. Un mismo comportamiento puede ser aceptado y valorado en un grupo social y en otro considerarse fuera de la norma, pudiendo ser por tanto sano o patológico. Podemos pensar, por
ejemplo, en las expresiones culturales del duelo ante la pérdida de un ser querido. Se añaden las dificultades de determinar el grupo social al que se refiere, que será diferente según el individuo que escojamos. Por otro lado, este relativismo social ha provocado ataques desde algunos movimientos que rechazan el tratar como enfermos psíquicos a individuos que no siguen las normas sociales de forma libre y consciente. Si el criterio que se usa no es únicamente descriptivo sino que se tienen en cuenta las motivaciones, los sentimientos, el conjunto de experiencias internas y externas y circunstancias que acompañan al comportamiento del individuo, podemos invertir este criterio y que el mismo comportamiento, en el mismo grupo social, pueda ser considerado como normal o anormal. Normalidad subjetiva Este criterio implica la valoración que hace el individuo de su propia salud. En psiquiatría este criterio es de difícil aplicación, ya que en determinadas patologías un rasgo fundamental es la escasa o nula conciencia de enfermedad, como en las psicosis ( Vallejo-Ruiloba, 2011 ). Normalidad normativa Según esta perspectiva la normalidad sería el funcionamiento ideal de todos los elementos que componen el aparato psíquico, que conlleva el máximo desarrollo de las capacidades de cada individuo. Se parte de una idea, o norma, de cómo deberían ser los seres humanos, siendo normales aquellos que más se acerquen a este ideal. Esto podría aplicarse a la totalidad del ser humano o cualquiera de sus funciones. Según este criterio tener caries no es normal, ya que es una alteración del estado óptimo del aparato dental. No se trataría de un criterio ético sino funcional, en qué grado las conductas de un individuo permiten una mayor gratificación de las necesidades básicas, el desarrollo de la personalidad, la creación de vínculos interpersonales auténticos y contribuyen a la felicidad de los demás; en conjunto en qué medida desarrollan las potencialidades del individuo como ser humano. Esta norma se sabe inalcanzable, pero se puede considerar a un individuo más sano cuanto más se acerque a la misma. Este enfoque nos permite comprender que no existe una línea entre la normalidad y la anormalidad, sino más bien una continuidad progresiva entre ambos extremos. Normalidad como proceso Si consideramos la conducta como el resultado de las interacciones de mecanismos biológicos, psicológicos y sociales, habrá que valorar la normalidad de forma continuada, prestando atención a los cambios que se han producido en el individuo y no únicamente a la situación actual ( Sadock y Sadock, 2009 ). Normalidad según un criterio psicodinámico Según este criterio la normalidad se mide en función de la capacidad de manejar los procesos mentales inconscientes ( Coderch, 2011 ), la capacidad de equilibrar las fantasías inconscientes y las necesidades internas con las exigencias de la realidad externa, la capacidad de modificar, transformar o aplazar aquellos instintos que amenazan al equilibrio interno o la relación con el mundo que nos rodea. Un individuo sería más normal cuanto mayor fuese la capacidad de transformar las fantasías inconscientes en pensamientos conscientes y en comportamientos satisfactorios para uno mismo y para los demás, es decir, sería más normal cuanto mejor se