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Muy necesario: un cambio de actitud Hace unos años, un estudiante de odontología se acercó a uno de nosotros en la clínica de la Escuela de Odontología y dijo: **Doctor, quisie- ra que usted viera y evaluara a una paciente.” Luego nos presentó a una atractiva joven de alrededor de 25 años, quien nos dijo lo siguiente: “Doctor, he sido una paciente dental desde que puedo recordar. Ni siquiera estoy segura de cuántos dentistas he visitado, pero sé que han sido numerosos. Debo tener malos dientes porque he tenido una caries detrás de otra. Algunos de mis dientes han sido restaurados hasta seis o siete veces. Hace dos semanas visité nuevamente a mi dentista. Me hizo un examen muy detallado y tomó unas cuantas radiografías. La semana pasada, cuando fui para el veredicto final, me informó del plan de tratamiento que me proponía, y com- prendía una restauración total de mi boca a un costo de unos cuatro mil dólares. No me sorprendió esta cifra ya que yo sabía que tenía mucho trabajo por hacer; lo que me asustó fue la posible reacción de mi marido. Tenía miedo de que pudiera pedir un divorcio inmediato.'* Sonrió y prosiguió: “Pero evidentemente me ama porque no rechazó el tratamiento y dijo que si era realmente necesario, lo haríamos y considera- ríamos el gasto como una inversión en mi salud, y por lo tanto una de las necesidades de la vida. Sin embargo, continuó, ¿£sto va a ser realmente una inversión en salud? ¿Te ha dicho el dentista lo que va a hacer para evitar que esta situación vuelva a repetirse dentro de unos pocos meses? Después de todo, te han tratado la boca tantas veces que me temo que esto pueda suceder nuevamente y aunque no estoy excesivamente preocupado por el gasto sin duda no quiero tener que enfren- tarlo de nuevo a breve plazo. Vayamos al dentista y veamos qué es lo que planea hacer no sólo con relación a las restaura- ciones necesarias sino también para poner tu boca en un estado tal que se mantenga saludable durante un largo tiempo.” Para abreviar una larga historia, volvieron al dentista y les dijo que lamentablemente no era mucho lo que se podía hacer, que sus dientes eran inherentemente malos y que el consultorio esperaba que ella volviera regularmente con el objeto de tratar algún problema nuevo antes de que éste se volviera lo suficientemente grave como para poner en peligro la restauración pro- puesta. Era por esto que ella vino a verme a la facultad; tanto ella como su marido pensaban que podía hacerse **algo más”', y querían pre- guntar qué es lo que pensábamos al respecto. La evaluación de la paciente demostró que tenía dos problemas básicos: 1) una falta de remoción efectiva de la placa, y 2) un consumo excesivo de alimentos que llevan a la caries, particularmente entre las comidas. Debido a su historia previa, la paciente estaba fuertemente motivada para seguir cualquier indicación que consideráramos necesaria. Un entrenamiento adecuado en buenas técnicas de higiene bucal seguido por su propia implementación junto con un programa de control de dieta adecuado cam- bió la susceptibilidad de la paciente a la enferme- dad bucal hasta un punto que al cabo de tres meses de observación y pruebas recomendamos que se hiciera el programa de rehabilitación. En este momento estábamos firmemente convenci- dos de que ella podía disfrutar de su “nueva boca”” durante los años venideros con pocos o ningún problema nuevo, siempre que siguiera con las sanas prácticas de higiene bucal y dieta que se le había enseñado y que estaba practican- do, y continuara con el uso diario de un dentífri- co y un enjuagatorio fluorado. Hicimos luego la sugerencia de que volviera al dentista de su fami- lia para que terminara el tratamiento, pero ella 10 Odontología preventiva en acción dijo: “No pienso volver a su consultorio. No puedo entender por qué durante los varios años que fui su paciente nunca me habló de la placa, no me enseñó cómo cepillar mis dientes ni men- cionó el uso de la seda dental. ¿Por qué —conti- nuó-— nunca estudió mi dieta, que era aparente- mente una causa importante de mis problemas dentales? ¿Por qué no me recomendó el uso diario del fluoruro? No —repitió-, no volveré a su consultorio. *” ¡Cuántos pacientes son manejados de esta misma manera, es decir, con el diagnóstico limi- tado a la detección de la patología presente y con poco esfuerzo dirigido hacia el hallazgo del mo- tivo por el que esa patología existe y en conse- cuencia ningún modo racional de saber cómo prevenir o controlar los factores responsables! O, puesto de una manera distinta, ¿por qué se dedica tanto esfuerzo al tratamiento de las conse- cuencias y tan poco al de las causas de la enfer- medad bucal? ¿Cuántos dentistas aún miden el éxito profesional en términos de ser capaces de mantener la lealtad de sus pacientes desde la erupción dentaria hasta las prótesis completas, a través de los sucesivos tratamientos restauradores y quirúrgicos (me he ocupado [?] de tus dientes desde que eras un niño, y ha llegado ahora el momento de que te haga las prótesis) sin intentar un ataque frontal contra este proceso generador de enfer- medad? El señor Ralph Cemper, de 63 años y recientemente jubila- do, vino hace tres años a vernos porque tenía caries recurren- tes alrededor de una cantidad de obturaciones cervicales, varias de las cuales, a su vez, habían sido realizadas para restaurar caries recurrentes ya existentes. Había ido al dentis- ta preguntándose si sus '*dientes ya no servían” y si no sería mejor extraerlos y colocar en cambio una dentadura ““fla- mante”. Después de recibir una respuesta afirmativa, lo volvió a pensar y a través de un amigo hizo los arreglos para ser evaluado en nuestra clínica. Encontramos que el paciente tenía retracción gingival y que las lesiones que se estaban formando eran en realidad caries radiculares. Al paciente nunca se lo había instruido sobre el control de la placa y con el uso de una solución reveladora mostró intensos cúmulos de placa que coincidían con la ubicación de las caries. En un paciente de su edad, con la retracción gingival y la consiguiente exposición radicular, las lesiones recurrentes se iniciaban en el cemen- to, tejido menos calcificado y por lo tanto más fácilmente afectado por los agentes cariogéni- En otras palabras, aun los estados levemen- Sgenos tenían posibilidades de prod control a intervalos de 3 meses durante el primer año, tiempo durante el cual se evaluó cuidadosa. mente la habilidad del paciente para cepillarse y usar el hilo dental. Con el objeto de promover una mayor resistencia al cemento (y también al esmalte) a la caries dental, se aconsejó al pacien- te el uso de enjuagatorio neutro de fluoruro de sodio diariamente.'” Así, el tratamiento del señor Cemper básica- mente consistió en la instrucción de la remoción adecuada de la placa y el seguimiento, y el uso en la casa de fluoruro así como la realización de restauraciones donde fueran necesarias. En los últimos tres años el paciente ejerció un excelente control de la placa y no tuvo caries nuevas. Está disfrutando felizmente de sus propios dientes naturales. El señor Joseph Tolatti, un obrero de 63 años de edad que parecía tener un excelente estado de salud general y vitali- dad, vino al consultorio debido a una molestia persistente (de más de cuatro semanas de duración), **casi un dolor”, dijo, por encima o alrededor de sus molares inferiores izquierdos. **No pueden encontrar nada malo en los dientes —dijo-, pero no puedo comer tan bien como lo hacía antes. Y necesito comer —terminó— porque trabajo duramente.'” Un examen metódico de los tejidos blandos de su boca reveló una pequeña ulceración en la cara ventral de la lengua, cerca de su borde y junto a la zona del segundo molar. La citología exfoliativa no arrojó conclusiones. Indicamos la necesidad de una biopsia, pero el paciente cuestionó la indi- cación: “No creo que esto sea necesario. Es simplemente una lastimadura pequeña. ¿Por qué no esperamos unas semanas más?” Me llevó algunas duras charlas con el señor Tolatti —Joe, como quería que lo llamáramos- y con algunos miem- bros de su familia para convencerlos de la absoluta necesidad de una exploración inmediata. Los resultados demostraron la presencia de un carcinoma epidermoide. Afortunadamente no había compromisos de los ganglios cervicales. El trata- miento sugerido por el oncólogo fue radioterapia. . Como la experiencia ha demostrado que la incidencia de las secuelas de radiación dismi- nuye cuanto mejor sea el estado de la boca al comienzo del curso de la radioterapia,'* el oncó- logo mandó de vuelta a Joe al consultorio dental para que se hiciera el tratamiento necesario. Joe presentaba considerables cantidades de placa con gingivitis entre moderada y marcada además de un par de caries. El oncólogo recomendó que el tratamiento se terminara tan pronto como fue- ra posible porque quería comenzar la radiotera- pia dentro de las dos semanas. Además de realizar el tratamiento restaurador necesario, insistimos en llevar a cabo un progra- ma muy intenso de educación para la salud den- tal, enfatizando la necesidad de un control abso- luto de la placa y la dieta, así como el uso diario de fluoruro* en el futuro. Insistimos además no sólo en llevar a cabo el programa con Joe, sino n Odontología preventiva en acción 3. Si existen signos de enfermedad dental activa, tratar de restaurar la salud tan rápida y perfectamente como sea posible. 4. Proveer al paciente la educación y la mo- tivación necesaria para mantener su propia $a- lud, así como la de su familia y la de los miem- bros de su comunidad Muchos dentistas, así como estudiantes de odontología, creen que la odontología preventi- va es una suerte de '“especialidad clínica” que se puede aplicar sólo a los pacientes con graves problemas dentales tales como caries rampantes o caries por radiación, caries de biberón, placa abundante y gingivitis avanzada, etc. Muy por el contrario, la prevención debe ser una parte inte- gral e inseparable de la práctica odontológica diaria; en efecto, la odontología orientada pre- ventivamente es simplemente un sinónimo de buena odontología. Se desprende de lo prece- dente que la filosofía de la odontología preventi- va debe aplicarse a todos los pacientes, aquéllos con graves problemas bucales así como aquéllos NO S€ para qué VINO. NO TIENE NINGUN PROBLEMA con problemas mínimos o los que no tienen pro. blema alguno. ñ El mejor modo de aplicar la filosofía de la odontología preventiva es a través de Unrprogra. ma de tratamiento total del pacienté. La mayoría de los pacientes necesitan tratamiento tanto pre- ventivo como restaurador, y ambos deben ser provistos durante el transcurso del mismo trata- miento. En nuestra opinión el énfasis en la prác- tica odontológica debe cambiarse de una filoso- fía puramente restauradora a una filosofía de tratamiento integral del paciente en el que los enfoques preventivos pueden tener prioridad, pero las restauraciones de ninguna manera son ignoradas. Idealmente, este enfoque del ejercicio de la odontología debe aprenderse durante los años de la formación de los odontólogos y los auxilia- res, es decir en la Facultad y Escuelas Auxilia- res. La filosofía preventiva debe traslucirse en cada fase de la práctica odontológica y debe estar siempre presente en el consultorio, desde ME ALEGRO DE QUE HAYA VENIDO. SU BOCA ESTA EN PERFECTO ESTADO, MI EQUI-A 09 Y YO HAQEMOS TODO AZ y ez Fe. L-1A, B y 1-2. Margaret tenía una sonrisa lante y unos dientes brillantes y hermosos. el momento en que se abre ñ que se cierra por la tes ptos hasta Otros ejemplos de aplica, Sllaliva plicación de la filosofía Analicemos ahora la aplicación de la odonto- logía preventiva, y visualicemos sus componen- tes en dos ejemplos más; el primero, un caso simple de “todos los días”, y el segundo, uno bastante complejo. El ejemplo típico de ““todos los días” es el de Margaret Jones, que vino a nosotros como una joven de aspecto atractivo, de 21 años de edad que tenía una sonrisa radiante con hermosos dientes lustrosos. Su examen clínico reveló un molar obturado por una restauración de amalga- ma. No se encontraron otras restauraciones ni cavidades abiertas, ni fueron reveladas por el examen radiográfico. Se observó un tipo de pig- mentación marrón en los puntos y fisuras de los molares, pero los fondos de estos puntos y fisu- ras estaban completamente duros. Esto sugirió que Margaret había vivido en una comunidad con agua fluorada y había recibido aplicaciones tópicas de fluoruro (lo que incidentalmente po- dría haber sido muy bien la razón de que tuviera sólo una caries en su vida). El tejido gingival se veía muy saludable, y no se encontraron bolsas periodontales con excepción del margen gingi- val alrededor de la cara lingual del segundo pre- molar y el primer molar inferior. Esta lesión inflamatoria bastante localizada en una boca por lo demás sana indicaba la presencia de placa en la zona afectada. Para demostrar esto a Marga- Y A pequeña cantidad de placa de la ul Ñ ¡excelente higiene bucal y tenía una encía sana. Muy necesario: un cambio de actitud 13 Y se la mostramos (véase en el A de estas phecrlebs9 10 y aa q la inflamación gingival se debía ella fuera . E. W,, and O'Connor, M; ed: Carics Resistant ;—Boston, Litle Brown, 1965, pp. 26-83 Williams 8: Wilkins Company, Baltimore, Muy necesario: un cambio de actitud 21 Alban, A. H.: Putting prevention into practice-—Presented before the 21st National Dental Health Conference Sponsored by the Councils on Dental Health and Dental Care Programs, Amer. Dent, Assn.. Chicago, 1970, pp. 440-450. Schoen, M. H.: Dental education's responsibility for oral health status ía ihe United States. J. Dent. Educ, 40.519-523, 1976. McLaren, J. H.: Who cares about people? J. Dent. Educ. 42:8, 1978 Galton, L.: Preventive dentistry as a practice builder. Dental Practice, Feb. and May, 1967, pages 5 and 7. Factors associated with preventive dental practice. National Opinion Rescarch Center, University of Chicago, Mimeographed Report 69, Chicago, 1959. Muhler, J. 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