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ontologia de primer año, la paradoja del aprender
Tipo: Apuntes
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Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa Tutora: Maribel Morente Parra
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 RESUMEN Y PALABRAS CLAVE ABSTRACT AND KEYWORDS Resumen Durante el siglo XVIII se consolida un nuevo sistema económico que transforma las sociedades occidentales: el capitalismo. El proceso de industrialización en Madrid entre los siglos XIX y XX cambia el modelo de trabajo y sitúa a las ciudades como centro productivo. Esto dio lugar a una migración masiva desde el ámbito rural a las urbes que generó nuevos espacios urbanos donde las condiciones materiales de vida fueron caracterizadas por la exclusión social, la mortalidad elevada y el efecto devastador de las enfermedades infecciosas. Para evaluar las condiciones de vida y salud de la población más afectada se ha llevado a cabo una búsqueda bibliográfica en las bibliotecas de la Facultad de Geografía e Historia, de Ciencias Políticas, de Enfermería, Fisioterapia y Podología, y Medicina de la Universidad Complutense de Madrid; así como en bases de datos científicas. Se ha indagado además en la figura de la enfermera visitadora como parte de la red de medidas de salud pública que se desplegó en la capital. Se evidencia que la enfermera visitadora fue clave en la atención a la infancia y a la prevención de enfermedades infecciosas a través de la educación para la salud hasta el estallido de la Guerra Civil Española en el verano de 1936. Por todo ello se hace necesario el estudio histórico de los antecedentes de la enfermería para entender la realidad actual de la profesión enfermera. Palabras clave: Enfermera visitadora, salud pública, Madrid. Abstract During the 18 th^ century a new economic system which transforms westers societies is consolidated: capitalism. The industrial development in Madrid during the 1 9 th^ and 20th^ century changed working paradigms and placed cities as the new productive centers. This generated massive migration from rural areas to cities which formed new urban spaces where life was defined by social exclusion, high mortality and the devastating effect of disease. In order to evaluate life and health conditions in the most affected population, a bibliographical research has been carried out in the libraries of the College of Geography and History, Political Sciences, Nursing, Physiotherapy and Chiropody; and Medicine of the Universidad Complutense de Madrid; as well as in scientific databases. The role that visiting nurses as part of public health policies developed in Madrid had also been studied. It is proved that visiting nurses were fundamental especially in infant healthcare and the prevention of infectious diseases through health education until the outbreak of the Spanish Civil Work during the summer of 1936. The historical approach of nursing backgrounds is crucial to understand the reality of the profession nowadays. Keywords: Visiting nurse, public health, Madrid.
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 INTRODUCCIÓN La historia imprime de carácter y dinamismo a las sociedades, nos permite entender el porqué de la cotidianidad, de la cultura; también gracias a su estudio somos capaces de entender la evolución e involución de sus estructuras sociales, ideológicas, culturales etc. No somos lo que fuimos y nunca seremos lo que somos, al menos no de la misma manera: cada momento histórico está cargado de contextos que le dotan de complejidad y singularidad. También la historia es capaz de abrir el enriquecedor debate de la forma de mirar , que despierta en nosotras/os una de las capacidades más enraizadas: la curiosidad, permitiendo crear imágenes de lo que fue un tiempo desde la ‘’multiperspectividad’’. Mantener vivas las memorias es una tarea que requiere de esfuerzos individuales e institucionales. Las historias, particulares y comunes, deberían ser reconocidas en cada un/a de nosotros/as como patrimonio, y su mantenimiento y cuidado asegurado como derecho. La Europa de principios del siglo XX comenzó con una serie de crisis políticas y sociales, que se habían precipitado desde mediados del siglo XIX, y que culminarían con la Primera Guerra Mundial, durante la que el peso social de la mujer obtuvo un valor del que fue muy difícil desvincularse tras el final de conflicto y que supuso el inicio de la presencia femenina en la esfera pública, siendo la sanitaria la de mayor reconocimiento social. Durante el siglo XIX se establecieron las relaciones entre la enfermedad y las condiciones sociales, hecho que “obligará” a los Estados a tomar partido en su solución, aunque en ocasiones se llegará a culpabilizar a los pobres de la aparición y mantenimiento de sus problemas de salud. De cualquier modo, el Estado junto a la autorizada cúpula médica desarrollaron estrategias de medicina social, que se puede considerar el inicio de la Salud Pública. Los periodos históricos que abarca este trabajo son la Restauración Borbónica, incluida la dictadura de Primo de Rivera, y la IIª República Española hasta el golpe de estado en julio de
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 III. MARCO TEÓRICO La presente revisión se analiza desde los siguientes paradigmas teóricos que permiten delimitar y diseccionar una realidad histórica teniendo en cuenta las divisiones sociales como constructos políticos sobre los que se disponen diferentes realidades y necesidades, que no siempre identifican a los grupos sobre los que actuaron. El paradigma socioconstructivista La teoría socioconstructivista se basa en la fenomenología de Husserl (1859-1938), pensamiento filosófico que Alfred Schutz (1899-1959)^1 aplica a la sociología y que será el que se desarrollará en el análisis del trabajo. De este planeamiento surgen dos ramas similares entre sí: la sociología fenomenológica y la etnometodología. Ambas comparten entre sí la base teórica de la construcción de los significados a través de las acciones de los individuos, que interactúan entre ellos construyendo y deconstruyendo las realidades sociales^1. Sin embargo, difieren principalmente en cuando a su aplicación metodológica: mientras que la sociología fenomenológica es eminentemente teórica, la etnometodología se ha llevado a la práctica a través de múltiples estudios empíricos^1. Dado que el objetivo de este análisis es ofrecer un marco teórico a un trabajo de revisión histórico, nos centraremos en la sociología fenomenológica, así como en la construcción social de la realidad, aplicándola al ámbito de la salud. Sociología fenomenológica La sociología fenomenológica se basa en que la relación entre personas, entre subjetividades, conforma un tejido social cambiante^1. Esta intersubjetividad, como la denomina Alfred Schutz, tiene mucho que ver con la cultura. A través de las tipificaciones, es decir, cualquier acción, lenguaje etc., basado en un aprendizaje previo y que son ‘’socialmente aceptadas. Han superado la prueba del tiempo y han llegado a institucionalizarse’’^1 en muchos casos, las personas interaccionan entre sí en el mundo gracias a su conciencia. No sólo existe una interactuación entre individuos, sino que también esta red intersubjetiva está en contacto con las estructuras en las que el ser humano ha dividido el mundo y por lo tanto, pueden transformarse unas a otras. Esto, desde el punto de vista de la antropología, explicaría la diversidad cultural. La fenomenología en relación con estructuras e instituciones fue estudiada posteriormente por Peter Berger y Thomas Luckman en La construcción social de la realidad (1967)^1. Describen cómo los grupos humanos terminan externalizando e institucionalizando las tipificaciones que se generan de la interacción social. Un ejemplo claro es el lenguaje. Aunque las instituciones hayan sido creadas por la interacción su cristalización hace que ‘’ se experimenten como existentes por encima y más allá de los individuos en quienes ‘’acaece’’ encarnarlas en ese momento. En otras palabras, las instituciones se experimentan ahora como si poseyeran una realidad propia, que se presenta al individuo como un hecho eterno y coercitivo’’^2.
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 El socioconstructivismo y la salud El socioconstructivismo es un marco conceptual que pone en valor la influencia de los sistemas sociales y culturales en la experiencia de la enfermedad. Mientras que el paradigma positivista en el que se basa el modelo biomédico entiende la enfermedad como ‘’universal e inmutable en tiempo y espacio’’^3 , el socioconstructivismo se centra en cómo la vida de las personas, construida en contextos sociales y culturales distintos, responde de distintas maneras a la enfermedad y, por ende, la experiencia de ella es variable tanto como vivencia individual como fenómeno sociocultural. Siguiendo esta línea, a partir de la década de los 70, la perspectiva socioconstructivista aplicada a la salud se centra especialmente en una crítica a la medicalización^4 ,^5 , es decir, ‘’(al) hecho de que la existencia, la conducta, el comportamiento, el cuerpo humano, se incorporaran a partir del siglo XVIII en una red de medicalización cada vez más densa y amplia’’^5. Cuando hablamos de enfermedad - en inglés disease- nos referimos a un diagnóstico en un contexto donde esa enfermedad tiene una connotación o carga simbólica determinada, mientras que la experiencia de la enfermedad - illness - es la conjunción de todas estas esferas - sociales, culturales, políticas- que tienen como centro los sujetos, es decir: la experiencia social de la enfermedad^3 ,^6. Andrew Cunningham va un paso más allá, poniendo el foco no tanto en la dicotomía disease/illness, sino en la manera de diagnosticar y sobre todo en quién diagnostica, que, en sus palabras, también son ‘’personas pensando y actuando en culturas, situaciones y tiempos determinados’’b,^7. Michel Foucault, quien entiende el conocimiento y el lenguaje como una forma de poder, estudia en su obra Naissance de la clinique (1963) el poder del discurso médico - tanto por su capacidad como legitimidad, especialmente a partir del siglo XVIIIc- a la hora de diagnosticar a las personas con una enfermedad, ya que, como hemos visto, la enfermedad no sólo se define por sus repercusiones orgánicas, sino que tiene una serie de connotaciones simbólicas para el sujeto que trasforman su vida. El poder de una etiqueta diagnóstica fue estudiado también desde el punto de vista del estatus de las profesiones por Eliot Freidson en su libro Profession of Medicine (1988)^3. Hasta hace poco el conocimiento científico-médico no sólo construía de forma hegemónica la enfermedad, sino también, de forma inseparable, el propio cuerpo. Muchas de las críticas desde la perspectiva socioconstructivista se han centrado en el modelo biomédico moderno del cuerpo. El origen de este modo de ver se encuentra en el dualismo cartesiano entre cuerpo y alma, que abrazado desde los ‘’sectores (más) privilegiados y eruditos’’^8 , ofrece una visión mecanicista del cuerpo, despojado completamente de su carga simbólica, atribuyendo a la razón o res cogitans el poder de comprender la realidad que nos rodea. La deificación de la razón en manos de una b (^) En el texto original: ‘’ People thinking and acting in particular cultures, situations and times’’ c (^) Es interesante observar el cambio en el rol social del médico a través del registro de la causa de defunción: ‘’Los médicos y cirujanos universitarios sólo muy recientemente (consolidado a partir de la segunda mitad siglo XIX) han alcanzado un papel predominante en la definición de la muerte, tras haber sido gradualmente legitimados por los poderes políticos como ‘’expertos’’ en la materia’’
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 humano^9. Es también durante la segunda ola cuando se gesta uno de los debates más trascendentales para el movimiento feminista y queer : la separación del sexo y el género. Los roles de género asociados al sexo son analizados por Simone de Beauvoir (1 908 - 1986) en El segundo sexo (1949). El rol de género es una cuestión clave en la enfermería que ha condicionado la historia y naturaleza de la profesión. Judit Butler (1956-actualidad) es una referente en la cuestión del género^10. Forma parte de la tercera ola feminista junto con otras corrientes más modernas como el ciberfeminismo^11 y el ecofeminismo^12. Llegado este punto es conveniente explicar por qué se habla de feminismos y no de feminismo. El concepto neurálgico para entenderlo es interseccionalidad. La interseccionalidad es ‘’un marco diseñado para explorar la dinámica entre identidades coexistentes (…) y sistemas conectados de opresión’’^13. Esto es relevante porque cuestiona la línea de pensamiento imperante en el feminismo: el feminismo liberal. Un ejemplo es el sufragismo: movimiento sufragista estadounidense promovió la supremacía blanca frente a las mujeres negras^16 , de la misma manera que no supo identificar la realidad de las mujeres obreras en el país. Aunque el rechazo a la compresión de que las identidades son diversas no sea tan explícito y pavoroso como lo fue en su momento, cada vez se hacen más palpables los sesgos del movimiento feminista, en singular, es decir, el que pretende aunar realidades ignorando que la diferencia, la desigualdad, es un hecho. Este hecho no quita que, si se ha llegado a este punto, si se han conquistado derechos y la voz de las mujeres en Occidente puede hacerse oír por sí mismas, es por el movimiento feminista. La cuestión de clase y los feminismos En la segunda ola feminista encontramos también mujeres que empezaron a plantearse la interseccionalidad entre el feminismo y la clase social, entre ellas destacan Alejandra Kollontai en la línea marxista y Emma Goldman, anarquista^9. El auge de los movimientos obreros a mediados del siglo XIX fue apoyado por muchas feministas que vieron en el capitalismo un sistema de opresión. Sin embargo, la relación entre socialismo y feminismo ha sido una cuestión complicada que sigue generando debate^9. La teoría clásica marxista no consigue explicar la opresión de género, supeditándola a la lucha de clases. De hecho, en los textos originales de Marx apenas se menciona el género, aunque sí que se tratan las condiciones de trabajo de la mujer obrera y se menciona la situación de la mujer burguesa en el hogar^9. A pesar de ello, el feminismo liberal, que no abraca un análisis de clase, tampoco es capaz por sí mismo de explicar la opresión concreta y distinta de la mujer de clase obrera, ignorando que la desigualdad en sus condiciones materiales de vida condiciona su capacidad de desarrollo. Es por ello que la asociación entre ambas teorías ha dado frutos interesantes. Algunas de las autoras feministas y marxistas más relevantes en el panorama actual son Angela Davis y Silvia Federicci. Silvia Federicci trata sobre un tema de especial significación para la mujer y que guarda mucha relación con los cuidados: el trabajo doméstico no remunerado^15.
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 Una de las características de la sociedad moderna es la separación entre el ámbito público y el privado, algo que ya ha sido muy criticado, por ejemplo, con la célebre frase durante la segunda ola feminista: ‘’lo personal es político’’. Esta peligrosa división ha silenciado mucho tiempo la opresión de la mujer y también ha contribuido a la invisibilización de su trabajo en el ámbito doméstico. Por otra parte, el sistema capitalista conllevó la creación del trabajo asalariado y, desde entonces, el salario ha sido en mayor o menor medida la vara de medir la productividad^15. El acceso de la mujer al mundo laboral no fue fácil: su papel secundario al hombre en todos los sentidos era también así en el trabajo, y por lo tanto, su salario y condiciones laborales siempre fueron mucho peores. Pero si el trabajo asalariado de la mujer era menospreciado, el reconocimiento del trabajo doméstico era y sigue siendo casi completamente inexistente. Al relegar el hogar al ámbito privado, se asume que el trabajo doméstico no es productivo, o en otras palabras, no genera capital al sistema económico, y sin embargo, el trabajo en el hogar es indispensable para el mantenimiento de los Estados. La socióloga española Mª Ángeles Durán analizó cómo en concreto los cuidados en el hogar y los cuidados no remunerados a personas dependientes, llevados a cabo normalmente por mujeres con relación de parentesco, no son reconocidos, es lo que ella denomina los costes invisiblesd. Por otra parte, cuando la mujer, especialmente la mujer con pocos recursos socioeconómicos, ha accedido al mundo del trabajo asalariado no ha implicado una disminución de su carga de trabajo en el ambiente doméstico. d (^) Véase la entrevista a Mª Ángles Durán: ‘’el cuidado consume un tiempo que es incompatible con la generación de rentas’’ https://www.eldiario.es/economia/Maria-Angeles- Duran_0_753124791.html
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019
Enfermería AND Segunda República
Google Académico Enfermera visitadora AND salud pública AND Madrid
PubMed Nurse AND Spain AND Second Republic
Nurse AND Spain AND 20th^ Century
A través de los artículos y libros encontrados se ha llegado a fuentes primarias de las precursoras de la enfermera visitadora tales como Florence Nightingale y Concepción Arenal, textos disponibles en las Bibliotecas de la Facultad de Medicina y Enfermería, Fisioterapia y Podología. Además, se ha llevado a cabo una búsqueda manual en la Biblioteca de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología, seleccionando dos libros que se centrasen en la formación de las enfermeras visitadoras. Los planos contenidos en este trabajo se han extraído de las bases de datos del Instituto Geográfico Nacional del Ministerio de Fomento, así como del archivo digital Memoria de Madrid del Ayuntamiento de Madrid. Las fotografías se han obtenido del archivo Memoria de Madrid y del Archivo Regional fotográfico de la Comunidad de Madrid. Se han utilizado además artículos periodísticos para traer a la actualidad el trabajo.
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 DESARROLLO I. CÓMO SE CONFIGURA LA CIUDAD MODERNA La transformación de las estructuras sociales y políticas en Occidente responde a un nuevo modelo económico capitalista^16. El auge del ‘’moderno sistema-mundo’’e^ coincide con el desmoronamiento del sistema económico productivo feudal. Entre las causas de su declive encontramos la escasez de comida, las epidemias en Europa entre los siglos XIII y XIV y la economía de guerra que llevó a un agotamiento de sistema económico feudal (i.e. sus recursos materiales y humanos) que repercutió en todos los estratos, sobre todo en la clase señorial y campesina; así como a un ‘’clima endémico de descontento’’^16. Se dieron así tres procesos necesarios para el desarrollo del nuevo sistema:
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 de trabajo en la ciudad. Como solución a la escasez de agua, que afectaba principalmente a las clases bajas, se llevó a cabo la construcción del Canal de Isabel II. Las obras duraron siete años, concluyendo en 1858, y en ellas participaron 2500 obreros, así como presos, la mayoría de ellos encarcelados tras la guerra carlista^22. La siguiente obra fundamental fue el desarrollo de la red ferroviaria, que siguió un esquema radial situando a Madrid como ‘’el gran centro de las comunicaciones en España’’^22. La primera línea en inaugurarse fue la línea Madrid-Aranjuez en 1851, sin embargo, no fue hasta 1864 cuando se conectó a Madrid con el norte industrial de España y Francia^22. La mayor reforma urbanística llevada a cabo fue el Plan Ensanche o Plan Castro (Anexo I). Este englobaba dos reformas: por una parte, el derribo de la cerca de Madrid, construida en 1625 bajo la orden de Felipe IV; y por otra, la urbanización de las zonas de extramuros^22. El anteproyecto aprobado en 1860 contemplaba la creación de zonas divididas según el uso al que se destinarían y el nivel socioeconómico de sus habitantes. Se planificó de cara a 100 años, estimando que la población madrileña se situaría en unos 450.000 habitantes, sin embargo, fueron 2.177. habitantes los que vivían en Madrid en 1960^23. Debido al exponencial crecimiento poblacional, el plan fue modificado en numerosas ocasiones: ‘’La disminución del ancho de calles, la progresiva elevación de las alturas de la edificación y el incremento paulatino de la ocupación de las manzanas, unido a la construcción sobre zonas verdes y otros espacios previstos para equipamientos, dieron como resultado la construcción de áreas altamente densificadas alejadas de los principios higienistas que en origen propugnaba el Anteproyecto.’’^24. El enorme despliegue y las reformas posteriores a la aprobación del proyecto no fueron suficientes para albergar a la población proletaria, protagonista del crecimiento demográfico de Madrid: ‘’los altos precios del suelo y la construcción (…) convirtieron el plan en un producto esencialmente destinado a la burguesía, mientras el proletariado se iba asentando masivamente en el extrarradio de la ciudad’’^24. Finalmente, en 1877 se aprobarían por Orden Real las tres zonas del ensanche: Chamberí (ensanche norte), Arganzuela (ensanche sur) y Salamanca-Retiro (ensanche este), aunque como se puede observar, durante el proceso se originarían barrios que albergarían a la población proletaria: Cuatro Caminos, Tetuán, Prosperidad, Guindalera, Nueva Numancia en Vallecas y Colmenares^24. El trabajo en la ciudad El modelo de trabajo fue el eje vertebrador de la ciudad de Madrid tal y como se desarrolló desde la segunda mitad del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. Encontramos dos etapas principales: la primera corresponde al auge del trabajo en la industria y construcción, y la segunda a la terciarización del empleo. Las obras públicas en la segunda mitad del siglo XIX fueron uno de los imanes más potentes para la mano de obra en el sector de la construcción. En un primero momento la industria no tuvo
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 tanta importancia como en otras ciudades españolas, pero poco a poco fue desarrollándosef^ y acogiendo a un número elevado de trabajadores cada vez más especializados hasta que la zona del Manzanares se convirtió en la cuarta más industrializada de España^22. En 1880 el 67’5% de la población masculina eran trabajadores de la producción, operarios de vehículos y jornaleros^22. Más por necesidad de supervivencia que por las posibilidades de trabajo en la construcción e industria, se generaron flujos migratorios procedentes del ámbito rural, que representaron la gran mayoría de trabajadores en estos sectores: en 1880, el 83’1% de los jornaleros y peones sin oficio en los barrios bajos eran inmigrantes^22. Este proceso se acompañó necesariamente del declive y empobrecimiento del artesanado en Madrid, que ya se había iniciado a finales del siglo XVIII^22. Cabe destacar también la cara más invisible del sistema productivo: la mujer. Además de la labor doméstica no remunerada, las mujeres que accedían al mercado laboral lo hacían en primer lugar como trabajadoras de los servicios personales y seguridad, de las cuales 61’7% eran inmigrantes y en segundo lugar como artesanas y trabajadoras manuales cualificadas y semicualificadas^22. Encontramos además mujeres trabajando en la industria: el ejemplo más notorio en Madrid es quizás el de las cigarreras de la Fábrica de Tabacos (hoy en día el CSA La Tabacalera)g. El acceso de la mujer a este sector se debió fundamentalmente a la necesidad por parte de las mujeres de otra fuente de dinero, así como a la necesidad de los empresarios de mano de obra barata. La miseria de la clase obrera en los procesos de industrialización occidentales, especialmente en Inglaterra, ha sido ampliamente analizada y descrita. Madrid no es de ningún modo una excepción a lo que parece ser un requisito necesario del modelo occidental de desarrollo industrial. La inestabilidad, la inseguridad y los sueldos ínfimos caracterizaron el trabajo de la clase obrera y serían la norma imperante hasta las primeras décadas del siglo XX. El paso a los ‘’cuellos blancos’’, es decir, trabajadores asalariados o la moderna clase media, en las primeras décadas del siglo XX transformó el modelo de ciudad. El centro de la ciudad empieza a ser ocupado por trabajadores de las administraciones públicas, empresarios y operarios, una de las profesiones que más aumentaron a partir de 1910^22. Fue también a través de la figura de la operaria que la mujer accedió al mundo laboral con unas condiciones más dignas, aunque igualmente menos remuneradas. El aumento de los salarios de forma generalizada y la mejora de las condiciones laborales transformó Madrid de capital a metrópolis o ciudad posfordista. Estas mejoras se debieron a la continua lucha de las organizaciones de obreros/as, a la electricidad como impulsora de la industrialización y a la abstención de España en la Primera Guerra Mundial^22 , entre otras causas. f (^) Algunos ejemplos son la Fábrica de Gas en las afueras de Puerta de Toledo, la Fábrica de Tabacos en la calle Embajadores, el Gran Taller de Coches de Recoletos o la Real Fábrica de Tapices(24). g (^) Véase Cigarreras de Madrid: Vanguardia obrera invisibilizada https://www.elsaltodiario.com/radical-magazine/cigarreras-de-madrid-vanguardia-obrera- invisibilizada
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 La salubridad de la vivienda: el caso de la población proletaria Es necesario un apartado específico dedicado a la situación de infravivienda de la población proletaria para comprender más adelante la distribución desigual de la mortalidad y la enfermedad en Madrid. Se distinguen cuatro espacios donde (mal)vivía la población proletaria. El primero lo encontramos en lo que fue la zona sudeste, hoy distrito centro y Embajadores. La densidad de población en esta zona aumentó exponencialmente desde mediados del siglo XIX. Ahí vivieron especialmente inmigrantes del medio rural y antiguos artesanos que fue el sector que comparativamente más empobreció en la ciudad de Madrid. Una de las viviendas representativas fue la corrala o casa corredor. Las características de este tipo de vivienda eran su organización en torno al patio central; sus corredores, que le dan nombre; los servicios comunes, generalmente dos cuartos de baño por planta sin agua corriente y en ocasiones lavadero; y su pequeña dimensión, con un máximo de 30 metros cuadrados^25. En el mundo del arte la corrala ha sido tanto denostada como mitificada: mientras que en obras literarias como La Busca de Pío Baroja se describe la insalubridad y las condiciones de hacinamiento en las que vivían sus habitantes, en la Zarzuela y en las protestas vecinales que se organizaron cuando en los años 80 del siglo pasado trataron de derribar las corralas, se reivindicó el papel que tuvieron en la formación de redes vecinales y espacios comunitarios. Las barriadas del extrarradio o ‘’periferias’’ han existido siempre como lugares de marginación, y hoy en día siguen siendo una realidad en la capital. El periodo comprendido entre finales del siglo XIX y comienzos del XX fue uno de los más relevantes en la formación de las barriadas de extrarradio. La mayoría de ellas derivaron del aumento demográfico monumental que tuvo Madrid: ni siquiera la construcción de los ensanches - que por aquel entonces ya habían sido modificados para dar cabida a una mayor densidad de población- pudo sostener las necesidades de vivienda de la población. Por iniciativa popular y necesidad de subsistencia, construyeron viviendas ‘’del barro’’h^ en las entradas principales de la ciudad desde los campos. Es difícil documentarse sobre este tipo de viviendas, así como de las condiciones de salubridad. Esto se debe en parte a que, al no estar registradas, la inspección no llegaba a ellas: un ejemplo más de su marginación institucional. Es curioso que uno de los lugares donde residía la población obrera en condiciones deplorables fuese en las viviendas burguesas y aristocráticas. En estas casas vivieron especialmente trabajadoras domésticas jóvenes, entre 16-24 años^22 , que emigraron desde zonas rurales a la capital. En las residencias existían espacios dedicados al servicio doméstico que, en función del rango dentro de la jerarquía del hogar, tenían unas características u otras. Sin duda las h (^) La expresión del barro es popular en el barrio madrileño de Orcasitas, refiriéndose a la construcción de barriadas a partir de 1950 por parte de los vecinos que emigraron de zonas rurales a Madrid, especialmente de Extremadura.
Amaya Elizabeth Alonso Eguinoa, 2018- 2019 empleadas del hogar eran las que habitaban en las peores condiciones de infravivienda. Estas mujeres dormían generalmente en corredores, cocinas o cuartos de baño^22 - muchas veces compartidos por varias mujeres del servicio- que carecían de iluminación y ventilación, situándose en las zonas de mayor inestabilidad térmica de la casa. Philip Hauser, médico higienista austrohúngaro (1832-1925) dedica un fragmento a las condiciones de vivienda de las empleadas del hogar en su obra Madrid bajo el punto de vista médico-social, donde describe la insalubridad generalizada en estos habitáculos^26. A esto se añadía la vulnerabilidad frente al acoso y la violencia sexual por parte de algunos residentes de la casa. Enfermedades sociales infectocontagiosas En este apartado se describen tres enfermedades infecciosas relacionadas con la clase social que causaron un número elevado de defunciones a finales del siglo XIX y comienzos del XX: la tuberculosis, el cólera y la viruela. La tuberculosis o ‘’peste blanca’’ es una de las enfermedades más vinculadas a la pobreza^27 , afectando sobre todo a las urbes. Las cifras de tuberculosis han descendido progresivamente en España, pero la afectación de esta enfermedad se ha distribuido de forma desigual: en 1904, de las 2046 muertes que hubo en Madrid, 54 fueron en el barrio más rico, mientras que en el más empobrecido murieron 608 personas^27. La tuberculosis causó una gran alarma social por dos motivos: por su elevada mortalidad y por afectar especialmente a la población obrera productiva. Entre las víctimas más afectadas encontramos los jornaleros y las mujeres que trabajaban en el hogar^22. La enfermedad está estrechamente ligada a las condiciones de hacinamiento, así como al déficit en la alimentación^22. Durante el siglo XIX hubo cuatro epidemias de cólera, siendo la última en 1885. Al contrario que la tuberculosis, el cólera afectó más al ámbito rural. La provincia de Madrid presentó un índice de mortalidad epidémica del 5,98 por 1000 habitantes, mientras que en otras provincias como Zaragoza o Valencia los índices fueron de 31,92 y 31,82 respectivamente^28. Sin embargo, el cólera alcanzó en Madrid cifras más altas a las de las zonas más afectadas de España en los distritos de Latina e Inclusa^28 , así como en las barriadas en la periferia de la ciudad. A pesar de ello, la epidemia de cólera asiático en 1885 fue la más benigna de todas. Esto se debe especialmente a las mejoras en la salud pública que se hicieron a través de obras públicas, destacando, como ya hemos visto, la traída de aguas del Lozoya a través del Canal Isabel II^28. Hoy en día la viruela se encuentra erradicada gracias a la vacuna desarrollada por Edward Jenner en 1796^29 , sin embargo, en Madrid a finales del siglo XIX no se vacunaba contra esta enfermedad de forma generalizada^22. Entre 1890 y 1891 fallecieron en Madrid 3050 personas por esta enfermedad, afectando especialmente a niños entre 0 y 3 años^22 , siendo la enfermedad con mayor tasa de mortalidad^26. La clave para el control de la epidemia era la vacunación, sin embargo, debido a la poca previsión por parte de las organizaciones públicas a pesar de los numerosos avisos de higienistas de la época y la falta de conocimientos de la población más