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Tipo: Apuntes
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¡No te pierdas las partes importantes!





























































































OTELO, el moro [general al servicio de Venecia] BRABANCIO, padre de Desdémona [senador de Venecia] CASIO, honrado teniente [de Otelo] YAGO, un malvado [alférez de Otelo] RODRIGO, un caballero engañado El DUX de Venecia SENADORES [de Venecia] MONTANO, gobernador de Chipre CABALLEROS de Chipre LUDOVICO, noble veneciano [pariente de Brabanciol GRACIANO, noble veneciano [hermano de Brabancio] MARINEROS El GRACIOSO, [criado de Otelo] DESDÉMONA, esposa de Otelo [e hija de Brabitncio] EMILIA, esposa de Yago BIANCA, cortesana [amante de Casio] [Mensajeros, guardias, heraldo, caballeros, músicos y acompañamiento]
Acto Primero
Escena I Entran RODRIGO y YAGO.
RODRIGO
y a mí, a quien ha visto dar pruebas en Rodas, en Chipre y en tierras cristianas y paganas, me deja a la sombra y a la zaga del debe y el haber. Y este sacacuentas es, en buena hora, su teniente, y yo, vaya por Dios, el alférez de Su Morería RODRIGO ¡El colmo! Yo antes sería su verdugo. YAGO Pues ya lo ves. Son los gajes del soldado: los ascensos se rigen por el libro y el afecto, no según antigüedad, por la cual el segundo siempre sucede al primero. Conque juzga si tengo algún motivo para estar a bien con el moro. RODRIGO Yo no le serviría. YAGO Pierde cuidado. Le sirvo para servirme de él. Ni todos podemos ser amos, ni a todos los amos podemos fielmente servir. Ahí tienes al criado humilde y reverente, prendado de su propio servilismo, que, como el burro de la casa, sólo vive para el pienso; y de viejo, lo licencian. ¡Que lo cuelguen por honrado! Otros, revestidos de aparente sumisión, por dentro sólo cuidan de sí mismos y, dando muestras de servicio a sus señores,
medran a su costa; hecha su jugada, se sirven a sí mismos. En éstos sí que hay alma y yo me cuento entre ellos. Pues, tan verdad como que tú eres Rodrigo, si yo fuera el moro, no habría ningún Yago. Sirviéndole a él, me sirvo a mí mismo. Dios sabe que no actúo por afecto ni obediencia sino que aparento por mi propio interés. Pues el día en que mis actos manifiesten la índole y verdad de mi ánimo en exterior correspondencia, ya verás qué pronto llevo el corazón en la mano para que piquen los bobos. Yo no soy el que soy RODRIGO Si todo le sale bien, ¡vaya suerte la del Morros! YAGO Llama al padre. Al moro despiértalo, acósalo, envenena su placer, denúncialo en las calles, ponlo a mal con los parientes de ella, y, si vive en un mundo delicioso, inféstalo de moscas; si grande es su dicha, inventa ocasiones de amargársela y dejarla deslucida. RODRIGO Aquí vive el padre. Voy a dar voces. YAGO Tú grita en un tono de miedo y horror, como cuando, en el descuido de la noche,
No. ¿Quién sois? RODRIGO Me llamo Rodrigo. BRABANCIO ¡Mal hallado seas! Te he prohibido que rondes mi casa; te he dicho con toda claridad que para ti no es mi hija, y ahora, frenético, lleno de comida y bebidas embriagantes, vienes de malévolo alboroto turbando mi reposo. RODRIGO Pero, señor... BRABANCIO No te quepa duda de que mi ánimo y mi puesto tienen fuerza para hacerte pagar esto. RODRIGO Calmaos, señor. BRABANCIO ¿Qué me cuentas de robos? Estamos en Venecia; yo no vivo en el campo. RODRIGO Muy respetable Brabancio, acudo a vos con lealtad y buena fe. YAGO ¡Voto al cielo! Sois de los que no sirven a Dios porque lo manda el diablo. Venimos a ayudaros y nos tratáis como salvajes. ¿Queréis que a vuestra hija la cubra un caballo bereber y vuestros nietos os relinchen? ¿Queréis tener jacos y rocines en lugar
de allegados y parientes? BRABANCIO ¿Y quién eres tú, desvergonzado? YAGO Uno que viene a deciros que vuestra hija y el moro están jugando a la bestia de dos espaldas. BRABANCIO ¡Miserable! YAGO Y vos,senador. BRABANCIO Rodrigo, de esto me responderás. RODRIGO Y de cualquier cosa, señor. Mas atendedme si por vuestro deseo y sabia decisión, como en parte lo parece, vuestra bella hija, a esta hora soñolienta de la noche, no es llevada, sin otra custodia que la de un gondolero de alquiler, a los brazos groseros de un moro sensual... Si todo esto lo sabéis y autorizáis, llamadnos con razón atrevidos e insolentes. Si no, faltáis a las buenas costumbres con vuestra injusta condena. No penséis que, adverso a las normas de cortesanía, he venido a burlarme de Vuestra Excelencia Lo repito: vuestra hija, si no le disteis permiso, se rebela contra vos entregando belleza, obediencia, razón y ventura a un extranjero errátil y sin patria.
La desgracia era cierta. No está, y el resto de mi vida miserable será una amargura. Dime, Rodrigo, ¿dónde la has visto? ¡Ah, desdichada! ¿Dices que con el moro? ¡Ser padre para esto! ¿Cómo sabes que era ella? ¡Quién lo iba a pensar! ¿Qué te dijo? ¡Más luces! ¡Despertad a toda mi familia! ¿Y crees que se han casado? RODRIGO Yo creo que sí. BRABANCIO ¡Santo Dios! ¿Cómo salió? ¡Ah, sangre traidora! Padres, desde ahora no os fiéis del corazón de vuestras hijas por meras apariencias. ¿No hay encantamientos que puedan corromper a muchachas inocentes? Rodrigo, ¿tú has leído algo de esto? RODRIGO Sí, señor, lo he leído. BRABANCIO ¡Despertad a mi hermano! ¡Ojalá fuera tuya! Unos por un lado, otros por otro. ¿Sabes dónde podemos capturarla con el moro? RODRIGO A él creo que puedo hallarle, si os hacéis con una buena escolta y me seguís. BRABANCIO Pues abre la marcha. Llamaré en todas las casas; me darán ayuda en muchas. ¡Armas! ¡Y traed a la guardia nocturna!
Vamos, buen Rodrigo; serás recompensado. [Salen]
Escena II Entran OTELO, YAGO y criados con antorchas.
YAGO Aunque he matado hombres en la guerra, por principio de conciencia no puedo matar con premeditación. Hay momentos en que me estorban los escrúpulos. No sé cuántas veces me han venido ganas de hincárselo aquí, bajo el costillar. OTELO Más vale que no. YAGO Sí, pero él parloteaba y decía palabras tan groseras e insultantes contra vos que mi propia caridad apenas me servía para sufrirlo. Mas decidme, señor, ¿estáis ya casado? Tened por cierto que el senador es muy estimado, y la fuerza de su voto puede doblar a la del Dux. Si no os descasa, os impondrá cortapisas y castigos con todo el campo libre que la ley pueda dejar a un hombre de su mando. OTELO Que haga lo imposible.
¿Conocéis el motivo? CASIO Parece ser que noticias de Chipre. Algo apremiante: esta noche las galeras enviaron a doce mensajeros, uno tras otro, todos muy seguidos, y los cónsules ya están levantados y reunidos con el Dux. Os han convocado urgentemente. Al no haberos hallado en vuestra casa, el Senado envió en vuestra busca a tres cuadrillas. OTELO Mejor si me habéis hallado vos. He de hablar con alguien en la casa e iré con vos sin más demora. [Sale.] CASIO Alférez, ¿qué hace él aquí? YAGO Es que tomó al abordaje una nave de tierra; si la presa es legal, ¡menuda fortuna! CASIO No entiendo. YAGO Se ha casado. CASIO ¿Con quién? [Entra OTELO.] YAGO Pues con... ¿Vamos, general?
Vamos. CASIO Aquí viene otro grupo en vuestra busca. [Entran BRABANCIO, RODRIGO y guardias con antorchas y armas.] YAGO Es Brabancio. En guardia, general, que viene con malas intenciones. OTELO ¡Alto! RODRIGO Señor, es el moro. BRABANCIO ¡Ladrón! ¡Abajo con él! YAGO ¿Tú, Rodrigo? Vamos, aquí me tienes. OTELO Envainad las espadas brillantes, que el rocío va a oxidarlas. Señor, dominaréis mucho más con la edad que con las armas. BRABANCIO Infame ladrón, ¿dónde tienes a mi hija? Estabas condenado y tenías que embrujarla. Lo someto al dictamen de los cuerdos: si no la encadena la magia, no se entiende que muchacha tan dulce, gentil y dichosa, tan adversa al matrimonio que rehusó a nuestros favoritos más ricos y galanos, se exponga a la pública irrisión, abandonando su tutela para caer en el pecho tiznado
¿A estas horas de la noche? Llevadle allá. Mi asunto no es vano. El Dux mismo y cualquiera de los otros senadores sentirán este ultraje como suyo. Si actos semejantes tienen paso franco, pronto mandarán los infieles y esclavos. [Salen].
Escena III El Dux y los SENADORES sentados alrededor de una mesa; antorchas y guardias.
DUX Las noticias no concuerdan y no podemos darles crédito. SENADOR 1 Son contradictorias. Mi carta dice ciento siete galeras. DUX La mía, ciento cuarenta. SENADOR 2 Y la mía, doscientas. Sin embargo, aunque no haya coincidencia de número (pues en casos de cálculo suele haber diferencias), todas ellas hablan de una escuadra turca con rumbo a Chipre. DUX Sí, bien mirado es muy posible. Las diferencias no me tranquilizan y lo esencial me parece preocupante.
MARINERO [desde dentro] ¡Eh eh! ¡Eh eh! ¡Eh eh! [Entra.] GUARDIA Mensajero procedente de las naves. DUX ¿Hay noticias? MARINERO La escuadra turca se dirige a Rodas. Tal es el mensaje que me dio para el Senado el signor Angelo. DUX ¿Qué opináis de este cambio? SENADOR 1 No es posible; carece de sentido. Es un señuelo para burlar ruestra atención. Consideremos la importancia de Chipre para el turco y entendamos que le importa más que Rodas, pues el turco puede conquistarla en fácil combate: ni está en condiciones de luchar, ni tiene las defensas que protegen a Rodas. Reparando en todo esto no vayamos a pensar que el turco sea tan torpe que aplace hasta el final lo que desea al principio, abandonando una conquista realizable y ventajosa por el riesgo de un ataque sin provecho. DUX No, seguro que a Rodas no van.
[A BRABANCIO] No os había visto. Bienvenido, señor. Echaba de menos vuestro consejo y apoyo. BRABANCIO Y yo el vuestro. Alteza, perdonadme: no me he levantado por mi cargo ni por ninguna ocupación, y no es el bien común lo que me inquieta, pues mi dolor personal es tan desbordante y tan violento que absorbe y devora otros pesares y, sin embargo, sigue igual. DUX Pues, ¿qué ocurre? BRABANCIO ¡Mi hija! ¡Ay, mi hija! SENADORES ¿Ha muerto? BRABANCIO Para mí, sí. La han seducido, raptado y corrompido con hechizos y pócimas de charlatán, pues sin brujería la naturaleza, que no es torpe, ciega, ni insensata, no podría torcerse de modo tan absurdo. DUX Quienquiera que por medios tan infames haya hecho que se pierda vuestra hija y que vos la hayáis perdido, será reo de la pena más grave que vos mismo leáis en el libro inexorable de la ley, aunque fuera hijo mío el acusado.
Con humildad os lo agradezco. Éste es el culpable, este moro, a quien al parecer, habéis hecho venir expresamente por asuntos de Estado. TODOS [Los SENADORES] Es muy lamentable. Dux [a OTELO] Y, por vuestra parte, ¿qué decís a esto? BRABANCIO Nada que pueda desmentirlo. OTELO Muy graves, poderosas y honorables Señorías, mis nobles y estimados superiores: es verdad que me he llevado a la hija de este anciano, y verdad que ya es mi esposa. Tal es la envergadura de mi ofensa; más no alcanza. Soy tosco de palabra y no me adorna la elocuencia de la paz, pues, desde mi vigor de siete años hasta hace nueve lunas, estos brazos prestaron sus mayores servicios en campaña, y lo poco que sé del ancho mundo concierne a gestas de armas y combates; así que mal podría engalanar mi causa si yo la defendiese. Mas, con vuestra venia, referiré, llanamente y sin ornato, la historia de mi amor: con qué pócimas, hechizos, encantamientos o magia poderosa (pues de tales acciones se me acusa)