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PERFILES PSICOLOGICOS, Monografías, Ensayos de Derecho Penal

DESCRIPCIÓN PERFILES PSICOLÓGICOS CRIMINALISTICOS

Tipo: Monografías, Ensayos

2018/2019

Subido el 21/06/2019

gilsalgado
gilsalgado 🇲🇽

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La imagen del asesino confeso de la matanza en la isla de Utøya, Anders Breivik, ha dado la vuelta al mundo. ¿Qué se esconde tras esa escalofriante mirada fría y perdida? ¿Qué lleva a un ser humano a cometer semejante atrocidad? El lector de este libro tendrá una experiencia compleja. De fascinación ante el paseo por el valle de las sombras del ser humano y por el esfuerzo de los criminólogos forenses y policías por atrapar a los culpables. Y también de reafirmación en su compromiso por ayudar en lo posible a evitar que este tipo de individuos prosperen y amenacen nuestra existencia. Este libro trata de mostrar una panorámica de los diferentes perfiles criminales existentes, y de la técnica del perfil criminológico como herramienta de la Criminología forense orientada a facilitar la investigación del crimen y la captura del culpable. Huye de tecnicismos y busca agradar por igual a los profesionales y al público interesado en estos temas. Los estudiantes y profesionales de la criminología hallarán conceptos, teorías y análisis de casos que pueden completar su formación. Y el público en general puede sumergirse en uno de los campos más apasionantes de la Criminología Forense, aquella que elabora perfiles de los asesinos desconocidos, al tiempo que se familiariza con la conducta criminal y la mentalidad de diversos tipos de delincuentes.

Título original: Perfiles Criminales Vicente Garrido, 2012 Ilustraciones: Mike Kemp/Age Fotostock Diseño de cubierta: Mauricio Restrepo Editor digital: epl ePub base r1.

A los policías que nunca se dan por vencidos

Presentación

He aquí un intento de mostrar una panorámica de los diferentes perfiles criminales existentes, y de la técnica del perfil criminológico como herramienta de la criminología forense orientada a facilitar la investigación del crimen y la captura del culpable. He procurado huir de los tecnicismos para que su lectura resulte útil y agradable no sólo a los estudiosos de la criminología y a los profesionales, sino a todo el público interesado en estos temas. Los estudiantes y profesionales de la criminología hallarán conceptos, teorías y análisis de casos que pueden completar su formación en investigación y psicología criminal. Los profesionales de la policía pueden reflexionar sobre su actividad al hilo de las investigaciones prácticas que se comentan, y el público en general puede sumergirse en uno de los campos más apasionantes de la criminología forense, el que elabora perfiles de los asesinos desconocidos, al tiempo que se familiariza con la conducta criminal y la mentalidad de los diversos tipos de delincuentes. Esta obra consta de dos partes y un epílogo. En la primera parte se presentan las categorías generales de criminales como los psicópatas y los asesinos en serie, los secuestradores, los incendiarios y otros. También se aborda detenidamente la técnica del perfil criminológico y sus aplicaciones al campo de la vinculación de las diferentes escenas de los crímenes, así como una técnica muy relacionada como es la autopsia psicológica (o criminológica). En la segunda parte se estudia en detalle a sujetos que por su obrar criminal destacaron de modo sobresaliente. Algunos conforman un capítulo propio: El Torso, El Hijo de Sam o BTK. Otros se analizan agrupados en categorías, como sucede en los capítulos dedicados a Los ángeles de la muerte y a los Asesinos múltiples en un solo acto. Su vida y sus crímenes marcaron nuevas pautas o hicieron evidentes nuevos desafíos a los que la sociedad y las fuerzas del orden tuvieron que enfrentarse. Espero que el lector obtenga una experiencia compleja al leer este libro: de fascinación ante este paseo por el valle de las sombras del ser humano y por el esfuerzo de los criminólogos forenses y policías por atrapar a los culpables, pero también de reafirmación en su compromiso por ayudar en lo posible a evitar que este tipo de individuos prosperen y amenacen nuestra existencia.

PRIMERA PARTE

LA TÉCNICA DEL PERFIL CRIMINOLÓGICO Y LOS TIPOS DELICTIVOS

leyes. Muchos psicópatas integrados —la mayoría— no son delincuentes, por más que su compañía sea fuente de dolor para quienes les rodean. Pero algunos, por razones que aún no se conocen, explotan con un gran acto de violencia en edad ya bien adulta, por una razón claramente precisa en sus mentes, generalmente buscando algo: dinero, sexo, mayor autonomía y poder… Si esa explosión violenta exige la muerte sucesiva de varias personas estamos frente a un asesino en serie, como es el caso del celador de Olot o de Remedios Sánchez, por citar los dos últimos casos de asesinos en serie aparecidos en España y, por cierto, ambos en Cataluña. En contra de lo que la gente cree, no tienen por qué ser particularmente inteligentes: basta con que sean discretos y adopten unas mínimas precauciones; en el fondo cuentan con la ventaja de que la gente normal no espera que nadie mate ancianas en un geriátrico o en sus casas aprovechando que se les invita a tomar café. En resumen, los estudios sobre psicopatía describen a una persona que es egocéntrica y motivada por obtener sólo sus propios intereses, utilizando a la gente como un medio para conseguir sus fines, sin remordimiento alguno por actuar así ya que carece de empatía. Este tipo de trastorno de personalidad tiene una entidad propia, y a través de las culturas y del tiempo se han realizado investigaciones que revelan su presencia en la humanidad desde tiempos inmemoriales. De lo dicho hasta ahora se entiende que la psicopatía es una condición estrechamente unida con la violencia, y en particular con los crímenes violentos. Ahora bien, ¿qué tipo de violencia es la más susceptible de ser empleada por los psicópatas? Una distinción tradicional en criminología relacionada con la violencia es la que separa la violencia reactiva de la violencia proactiva o instrumental. La violencia instrumental se refiere a la que se emplea como medio para conseguir otra meta, como venganza, dinero o control de la víctima para abusar de ella (por ejemplo, en términos sexuales). En cambio, la violencia reactiva se ejerce como respuesta a una amenaza percibida o una provocación (en inglés se denomina hot violence , mientras que la violencia proactiva se designa como cool violence ). Se ha señalado que esta distinción —aunque cuenta con detractores, habida cuenta que los sujetos pueden incurrir en una u otra de acuerdo con la situación— puede ser de utilidad en diferentes sectores de la criminología aplicada como el perfil criminológico, el tratamiento de delincuentes violentos y la predicción del riesgo de reincidencia. La investigación actual señala que, si bien los psicópatas incurren en ambos tipos de violencia, sus rasgos de personalidad y de comportamiento los orientan especialmente hacia la violencia proactiva o instrumental, es decir, hacia una agresión premeditada o «fría», dado que el deseo de explotar a los otros, emparejado con la falta de empatía por lo que les puede ocurrir, les permitiría planear con antelación esquemas de engaño y de manipulación con los que conseguir sus deshonestos propósitos. Y ¿quiénes son los criminales con mayor capacidad de actuar de forma depredadora o premeditada, sin que importen el dolor y el sufrimiento de la víctima? El asesino en serie es el candidato ideal: la persona que mata a dos o más en diferentes momentos temporales, en una discontinuidad anímica que hace que los hechos sean independientes, es decir, que del crimen primero se derive un tiempo de vida normal o integrada que se romperá cada vez que vuelva a matar. Veamos un ejemplo reciente de asesino en serie. ANATOLI ONOPRIENKO Los alias de Anatoli Onoprienko (fig. 1) eran Terminator y El diablo de Ucrania. «Sé que es cruel, pero soy un robot con impulsos para matar. No siento nada», declaró. Mató a

la mayoría de sus víctimas en los tres meses anteriores a su arresto, hecho que aconteció en abril de 1996. Viajó principalmente en tren durante tres años y escogió sus víctimas al azar. Un hecho relevante en su modus operandi fue la variedad de armas elegidas, lo que no es habitual en los asesinos en serie. Empleó armas de fuego, cuchillos, hachas y martillos. Había un patrón: elegía casas en las afueras de las poblaciones y entraba en ellas disparando a todos, incluyendo a los niños. Luego las incendiaba y mataba a cualquiera que se interpusiera. Aseguró que podía recordar cada asesinato: «Un soldado que mata durante una guerra no ve a quien dispara. Alguien que mata sólo a unos pocos no tiene ningún control, no puede analizar sus acciones. Yo sí puedo hacerlo, porque he matado a muchos; yo recuerdo perfectamente». Así pues, analizaba cada crimen de modo científico. Nunca se consideró un asesino ordinario, sino que se sentía como alguien especial: «Soy alguien único, hago cosas que nadie más hace. Todos esos crímenes fueron hechos únicos». Este narcisismo es característico de los psicópatas criminales: se consideran legitimados para tomar la vida y las propiedades de quienes se les antoje. Su yo es grandioso, omnipotente, y por ello buscan ejercer ese control mortífero que alimenta ese estado psicológico de dominio sobre los demás. ¿Qué le motivaba? No era el sexo. En su época de marino, desde los diecisiete años, fantaseaba con su destino. «He sido elegido para cumplir una misión [… ].Hice lo que tenía que hacer: matar gente. No debo ninguna otra explicación a mis víctimas, a sus familias o a la policía». Y también: «Quería demostrar que la gente es débil, y lo he demostrado». En este asesino vemos la conciencia plena de lo que se es (esto mismo es bien visible en el caso de BTK, que veremos más adelante, aunque este último aceptó su perversión sin poner excusas): «Soy un hombre, pero mi naturaleza es la de un animal. Soy como un animal que contempla a su presa». En las entrevistas que mantuvo con los forenses queda en evidencia que él ha buscado un modo de dar sentido a su actividad criminal. No se trata de que le muevan delirios, sino de justificar ante sí mismo que su vida es excepcional, porque sus actos también lo son: «No soy un maníaco. Si lo fuera, me arrojaría ahora mismo sobre usted y lo mataría de inmediato. No, no es tan sencillo. Una fuerza telepática, cósmica, me impulsa. Soy como un conejo en un laboratorio. Soy parte de un experimento para probar que el hombre es capaz de asesinar y aprender a vivir con esos crímenes a sus espaldas. Para demostrar que puedo afrontar lo que sea, y para demostrar que puedo olvidarlo todo». Del mismo modo, cuando más adelante declara que es un «robot», también está representando ante el mundo. Es una forma de decir: «algo me impulsa a hacer cosas horribles». «Un animal» y un «robot», en todo caso, no son sino expresiones para decir que uno no es humano, y en verdad que en sujetos como él se trata de algo que bien puede ponerse en duda. La conveniencia de sus justificaciones queda al descubierto por sus declaraciones en las que afirma que quería demostrar lo poderoso que era. Por ello, lo mejor es dejarse llevar por el impulso homicida, algo muy habitual en estos asesinos: «Estaba sentado, sin nada que hacer, y entonces, súbitamente, esa idea entraba en mi cabeza… Así que me subía a un coche o a un tren y salía a matar». Esto mismo decía, por ejemplo, el asesino de la baraja, que actuó en Madrid a principios del primer decenio de este siglo: «Estaba viendo la televisión, aburrido, y me levantaba con la idea de ir a matar a alguien». En el juicio señaló que no debería ser juzgado antes de que pudieran comprender qué tipo de fuerza le hacía actuar como un robot. Le gritó al juez, Dmytro Lypsky: «Usted no

presentan diversos ejemplos de delitos cuyos autores bien pueden merecer tanto el calificativo de psicópatas como de asesinos en serie. No obstante, quisiera acabar este apartando relatando el caso del primer asesino en serie de Estados Unidos, que abrió un camino en el que el país norteamericano destacó de modo prominente durante la segunda mitad del siglo XX. Se llamaba Henry Holmes, y su depravación y su modus operandi todavía no han encontrado parangón. HENRY HOLMES Cuando Holmes (llamado realmente Hermann Mudgett) llegó a Chicago, en la década de 1880, la ciudad del viento se estaba preparando para la Exposición Universal de 1893, que iba a conmemorar los 400 años del descubrimiento de América. Cerca de veintisiete millones de personas visitaron Chicago en un período de seis meses. Era un destino ideal para los delincuentes, y en efecto durante esos meses el crimen se incrementó de modo importante. Y Holmes tuvo mucho que ver en ello. Muchas jóvenes, ingenuas y confiadas, se acercaron a Chicago en busca de un alojamiento cerca de la Exposición, y Holmes estaba allí, con su formidable hotel de tres pisos y entre cincuenta y sesenta habitaciones, para recibirlas. Además, se trataba de alguien apuesto, sobre metro ochenta de alto, en sus treinta años, y con un título de doctor en medicina para exhibir. Holmes realizaría en Estados Unidos el mismo papel que Jack el Destripador en Inglaterra: dar a conocer al gran público el horror del asesino en serie urbano, nacido en la estructura de la moderna sociedad industrial y de negocios que ya se dirigía con paso firme al siglo XX. Sin embargo, mientras que El Destripador representó el papel del demonio callejero que mata a mujeres pobres y prostitutas, la amenaza que surge de entre las sombras, Holmes va a simbolizar al tipo que se esconde detrás de una máscara de absoluta normalidad e incluso excelencia, ya que durante los años en que estuvo matando era considerado como un médico que regentaba una farmacia y una casa de huéspedes. Holmes es el demonio de la casa de al lado, no el de las callejuelas oscuras. Además, en Holmes se da una combinación que pocas veces encontramos: un maestro del asesinato en serie y un artista de la estafa. Holmes y Chicago, como símbolo de la nueva época: Chicago y su Exposición Universal era la gran atracción que mostraba al mundo las maravillas de la nueva época, del nuevo siglo inminente. Con la llegada de Holmes a Chicago, esa Exposición Universal tenía también otra gran presentación, pero ésta fuera de programa: la del asesino en serie perfectamente integrado y camuflado, con su bagaje de horrores, entre toda esa nueva maravilla del poder creador del hombre. Cronología homicida de Henry Holmes (Hermann Mudgett) 1860. Nace en el estado de New Hampshire, hijo del director de correos de su ciudad (no está claro si hay historias de violencia temprana, aunque es un buen estudiante). 1878. Se casa con Clara Lovering, y tienen un hijo. Con el dinero de su suegro se matricula en la Facultad de Medicina, y se cambia el nombre de Mudgett por el de Holmes. 1879. Se traslada a la Facultad de Medicina en Ann Arbor, en el estado de Michigan. Empieza su carrera delictiva, pero no con el crimen, sino con la estafa. Se dedica a robar cadáveres del laboratorio y a cobrar seguros mediante su método favorito de estafa a las compañías: los aseguraba y, después de desfigurarlos, los dejaba en lugares en los que parecía que habían sufrido un accidente; luego reconocía el cuerpo y cobraba el seguro.

Abandona a su mujer y a su hijo. 1880-1884. En este período no se sabe nada de él. 1885. Todavía casado con Clara, contrae matrimonio con Myrtle Belnap, hija de un rico hombre de negocios. Ella se queda en su ciudad y él se instala en Chicago. 1889. Termina la relación con su segunda mujer. 1885. Empieza a trabajar en la droguería/farmacia de la Sra. Holden, donde se convierte en su amante y administrador. 1887. La Sra. Holden desaparece sin dejar rastro, y Holmes mantiene que ella le ha vendido el negocio y se ha marchado al extranjero (¿primer asesinato?). 1890. Compra un terreno que está frente a la droguería y empieza a construir una gran casa de tres pisos, a la que años después todo Estados Unidos conocerá como «El castillo de los horrores». Ese año realiza una primera estafa a una compañía de seguros junto con Benjamin Pietzel, un colega que tendrá una gran importancia en su vida. 1892. Se termina el «castillo», de tres plantas: la planta baja se alquila a tiendas y almacenes; la segunda y la tercera se destinan a habitaciones de alquiler, aunque alquilará pocas, ya que los que fueron allá normalmente eran invitados suyos que no iban a sobrevivir. Holmes usó algunas de las habitaciones como cámaras de asfixia, donde sus víctimas eran sofocadas con gas. En el sótano instaló un horno crematorio y una mesa de torturas, así como una gran cuba con ácido para disolver los cuerpos, y cubetas con cemento rápido. Todas sus «habitaciones trampa» disponían de alarmas que sonaban en las habitaciones de Holmes si la víctima intentaba escapar. También tenía una habitación con la «cama del estiramiento». Otras habitaciones tenían toboganes en el suelo por donde deslizar los cuerpos hasta el sótano, así como agujeros para poder mirar en el interior. 1892-1896. Período de funcionamiento del castillo de los horrores, con tres sistemas para conseguir víctimas. Las mujeres son atraídas por anuncios de hospedaje y por anuncios de trabajo; cuando las contrata les exige que guarden discreción acerca de dónde van a trabajar, ya que sus competidores estaban espiándole. También conseguía mujeres anunciándose como soltero en busca de esposa. 1893. Holmes conoce a Minnie Williams, heredera de un hacendado de Texas y que ejerce de maestra en Chicago. Ella viviría más de un año en el castillo, y no está claro si conocía los crímenes perpetrados por Holmes. En ese año Nannie, la hermana de Minnie, va a visitarla. Holmes la asesina después de seducirla y hacer que le transfiera una propiedad. Enero de 1894. Holmes y Minnie se dirigen en compañía de una empleada, Georginna (Gorgina) Yoke, a Texas para reclamar ciertas propiedades de Minnie. En el camino, en Denver, Holmes se casa con ella y hace pasar a Minnie como su prima. En Texas comete el error que le costará luego la vida: compra varios tranvías de caballos con cheques falsos y luego los vende, sacando un buen dinero. Poco después de regresar a Chicago, Minnie desaparecerá para siempre. Julio de 1894. Holmes fue arrestado por vez primera por la estafa de los tranvías de caballos, y antes de que Georginna pagara su fianza conoce a otro preso, un ladrón de trenes llamado Marion Hedgepeth que cumplía veinticinco años de condena. Holmes le habla de una estafa que había diseñado y le pregunta a Marion si conoce a un abogado que pueda participar en dicha estafa. A cambio promete darle 500 dólares. Septiembre de 1894. Un primer intento de estafar a la compañía de seguros no dio resultado, pero un mes más tarde recurre a su viejo conocido, Ben Pietzel, para intentar una variación de ese mismo plan. Pietzel y su esposa fueron a Filadelfia para abrir una oficina

objetivo, por ejemplo, ampliando el campo tradicional de los perfiladores (los asesinos y agresores sexuales en serie) para abarcar delitos como el secuestro, los robos en hogares o los incendios intencionados, y poniendo reglas y condiciones acerca del proceder del perfilador, evitando en lo posible que se adentre en terrenos especulativos para que se adecue cada vez más a la evidencia científica disponible. Pero en todo caso, y salvo que queramos desnaturalizar la disciplina del profiling , siempre será necesario interpretar los rastros o huellas de comportamiento de una serie de crímenes con la pretensión de caracterizar a un delincuente desconocido. ESCENA DEL CRIMEN, MODUS OPERANDI Y FIRMA La escena del crimen se define como el área en la que ha tenido lugar un acto criminal. Ahora bien, un delito puede ocurrir en diferentes lugares, lo que puede dar lugar a diferentes escenas del crimen relacionadas con un mismo delito. El estudio de la escena del crimen constituye el corazón del profiling. En el gráfico 1 se observa la escena del crimen en el proceso de elaboración del perfil. GRÁFICO 1. La escena del crimen en el proceso del profiling (Fuente: Garrido y Sobral, 2008). En la escena del crimen hemos de prestar atención al modus operandi y a la firma del delincuente, es decir, a la evidencia conductual. Una definición genérica del modus operandi es señalar que la manera de comportarse de un criminal lo constituyen sus elecciones y conductas por las que pretende consumar un delito. El modus operandi se refiere al «cómo» del delito. Esto es diferente del «por qué» del delito o motivación del delincuente, lo que se conoce como «firma» del delincuente. En el modus operandi buscamos conductas como método de aproximación a la víctima (por engaño o sorpresa), momento del día elegido para actuar, zonas seleccionadas para abordar y atacar a la víctima, arma utilizada y fuerza necesaria para controlar a la víctima. También cómo accede el sujeto a la escena del crimen y cómo la abandona. Forman parte también del modus operandi las llamadas conductas de precaución, que son los actos que realiza el sujeto para evitar que la víctima se oponga a sus deseos y para que no sea reconocido o capturado por la policía (llevar una máscara, tapar los ojos a la víctima,

amenazarla para que no lo denuncie a la policía, etc.). La firma del delincuente constituye los rituales o conductas que revelan las fantasías del delincuente. Se supone que están sujetas a menor variación que los elementos del modus operandi. Actos como seleccionar una determinada víctima, el diálogo establecido con ella, acciones violentas no necesarias para controlar a la víctima, mutilaciones, formas de dejar un cadáver, actos post mórtem realizados en éste o llevarse recuerdos o trofeos de la escena del crimen son ejemplos característicos de la firma. Cuando analizamos esa conducta de firma, conjuntamente con el modus operandi, podemos llegar a concluir qué es lo que motivó al delincuente a cometer el crimen: venganza, ira, sadismo, sexo, lucro o mostrar lealtad a alguien (en el caso de cómplices, generalmente mujeres de asesinos). Y como gran categoría emocional central, que puede existir como móvil preferente pero que se encuentra en todos los asesinos en serie (y otros criminales como violadores) está el control, la necesidad de dominar, de ser alguien diferente mucho más poderoso, de querer trascender la vida convencional que se lleva y aspirar a ser algo más que un ser humano sometido a la moral y a las leyes. En el capítulo siguiente, dedicado al análisis de vinculación, volveremos sobre la cuestión del modus operandi y la firma del delincuente. PERFIL GEOGRÁFICO Para presentar la importancia del perfil geográfico nos serviremos de los autores seguidores del modelo estadístico del profiling (o de la investigative psychology , véase más adelante), con David Canter a la cabeza. Aunque al tratar de los incendiarios nos ocupamos parcialmente de este punto, aquí es relevante desarrollar una serie de ideas importantes. En primer lugar está el concepto de «mapa cognitivo». Todos tenemos un mapa en la cabeza en el que figuran los caminos y rutas que seguimos en el transcurso de las actividades rutinarias: ir al trabajo, a casa, a los lugares de ocio. Los delincuentes no son diferentes, y cuando cometen sus crímenes están constreñidos por los lugares que conforman su vida ordinaria. Los agresores sexuales y asesinos en serie, cuyos delitos son claramente premeditados y planificados, muestran una tendencia a actuar dentro de un radio de en torno a los dos kilómetros de su lugar de residencia, que generalmente es su base para cometer los crímenes. Esto sorprende a mucha gente, pero la razón es que no quieren actuar muy lejos de sus casas porque se alejarían en exceso de su base de operaciones, donde se encuentran seguros; pero tampoco quieren delinquir muy cerca de ella por temor a ser reconocidos por gente que luego pudiera dar información valiosa a la policía. El lugar preferente para cometer los crímenes se denomina zona de confort , y la distancia que dejan desde su casa hasta el comienzo de esa área de confort se llama zona de seguridad (gráfico 2).

Reparto geográfico de la actividad criminal de El Solitario. En negrita, los lugares en los que hubo violencia. Obsérvese que sólo actuó en Madrid y sus alrededores al final de su carrera criminal (La Moraleja o Tres Cantos). En su cabeza Madrid era su zona de seguridad, y todas las otras ciudades a donde iba a robar se convirtieron en su zona de confort. Es decir, reprodujo a escala de toda España el mapa mental de los «merodeadores». Sólo el terrible desgaste que le suponía ir a otra ciudad, dormir en el monte para evitar ser identificado por la gente del lugar, y seleccionar y vigilar el objetivo hizo que trece años después de iniciar sus atracos cometiera un primer delito en Madrid. Pero es claro que el modus operandi de los criminales permite actuaciones geográficas más complejas. La orografía del lugar cuenta. Un asesino que viva en una zona rural puede viajar más que otro que viva en una ciudad para seleccionar a sus víctimas. La existencia de medios de transporte rápidos y la posesión de un vehículo también pueden influir en la decisión de dónde se van a cometer los crímenes, así como en el hecho de si se desplaza a la víctima antes de ser asesinada (o violada), o si se deposita el cadáver en un lugar distinto del que se produce la agresión. El asesino puede disponer de una residencia móvil, lo que complica más las cosas. ¿Qué sucedería si, por ejemplo, un camionero se dedicara a matar prostitutas que se cruzan en su camino? Fue exactamente el caso del camionero alemán Volker Eckert, recogido por la prensa de la época: El camionero alemán que hasta el momento ha reconocido haber asesinado a cinco prostitutas es «una persona enferma» que «se excita» al estrangular a prostitutas mientras supuestamente mantiene relaciones sexuales […]. Volker Eckert, que fue detenido el pasado viernes en Colonia por la policía alemana a petición del juzgado de Instrucción número 3 de Santa Coloma de Farners, ha reconocido

por el momento el asesinato de cinco trabajadoras sexuales entre 1999 y el 2006 durante sus rutas por Europa. Cronológicamente, la primera víctima que se le atribuye es una prostituta que apareció muerta en Burdeos en 1999. En 2001 habría asesinado a Isabel Beatriz Díaz Muñoz, que apareció en avanzado estado de descomposición en un camino cercano a Macanet de la Selva. En 2005, el camionero habría recogido en Figueres a una chica que trabajaba en la carretera, y que todavía está por identificar. Tras matarla, todo apunta a que emprendió ruta con el cadáver en la cabina hasta Vic, donde tenía que descargar la mercancía. Y antes de llegar, la tiró por un pequeño barranco en el Eix Transversal a la altura de Sant Sadurní d’Osormort. En octubre de este año, el detenido mató a otra mujer en Reims, según informaron los Mossos, y su última víctima conocida ha sido una joven búlgara de 20 años, Miglena Petrova, que ejercía la prostitución en la N-II en Báscara. El camionero contrató los servicios de su última víctima el pasado 2 de noviembre y, tras subirla a la cabina, la estranguló. A continuación se dirigió a Sant Feliu de Buixalleu para descargar el contenido del camión cisterna y después esperó a que anocheciera antes de arrastrar el cadáver de la chica hasta un descampado junto al campo de fútbol de Hostalric. La policía aún no ha podido determinar si el detenido practicaba el sexo con sus víctimas «antes, durante o después de matarlas». Además de los cinco crímenes confesos, la policía sospecha que la lista de muertas a manos de Volker Eckert seguramente es mayor. Por este motivo, los investigadores han pedido a través de la Interpol que policías del resto de Europa les aporten datos de otras mujeres jóvenes desparecidas o muertas. Eckert, de 47 años y sin relación sentimental conocida, subía a las prostitutas a su camión, las mataba en la cabina estrangulándolas con una cuerda y les hacía varias fotos desnudas de cuerpo entero en diferentes poses con su cámara Polaroid. Debajo de estas fotos escribía insultos o frases despectivas hacia las chicas. Después pegaba las instantáneas en su litera, posiblemente para excitarse recordando los crímenes. El trastorno del camionero no acababa aquí, ya que también cortaba mechones de cabello de sus víctimas y los guardaba en bolsitas, al igual que guardaba piezas de ropa de las mujeres. ( El Mundo , 24-11-2006). Con la captura del asesino se supo que cuando era joven había estrangulado a su novia y había fingido su suicidio mediante ahorcamiento. Eckert se escapa de la división rígida entre merodeador y viajero. Por supuesto viaja, pero se lleva su casa a cuestas. Su camión es una trampa para las mujeres que anhela matar. Es evidente la existencia de claros elementos de la firma del delincuente: se lleva trofeos de la víctima y le saca fotos, conductas del todo innecesarias para lograr su fin (la muerte de la mujer) pero emocionalmente muy importantes para él. En todo caso, la idea general es que un violador o asesino en serie actúa en lugares en los que se siente cómodo, que le ofrecen seguridad. Puede ocurrir, desde luego, que con el tiempo la ansiedad y la presión —o bien la confianza— le hagan más atrevido o negligente, que se deteriore su modus operandi. Su estado mental, y el hecho de que abuse del alcohol o de las drogas, son también factores que deben tenerse en cuenta. Por ello el investigador ha de ver en el mapa dónde aparecen los crímenes y tratar de entender cuál es la relación entre la psicología del personaje y la distribución geográfica que tiene delante de sus ojos. ¿Implicaba ese crimen conocer bien el lugar? ¿Las horas y los sitios de los crímenes impiden pensar que tiene un trabajo estable o bien que goza de gran autonomía? ¿Hay lugares específicos que se repiten? Todas éstas son preguntas relevantes que el investigador