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Personalidades Violentas, Apuntes de Psicología Moral

Los protagonistas de la violencia social no suelen ser habitualmente enfermos mentales, sino más bien personalidades antisociales desarrolladas en medio del abuso infantil, de los problemas económicos, de la humillación del castigo físico sistemático o de la ruptura familiar. El alcohol o las drogas son con frecuencia el detonante principal de la violencia, que, en ocasiones, puede estar acentuada por el impacto de la pornografía y el mimetismo de las películas violentas, así como por la notorie

Tipo: Apuntes

2021/2022

Subido el 03/10/2022

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pág. 1
ENRIQUE ECHEBURÚA
CATEDRÁTICO DE TERAPIA DE CONDUCTA
DE LA UNIVERSIDAD DEL PAS VASCO (SAN SEBASTIAN)
PERSONALIDADES
VIOLENTAS
EDICIONES PIRÁMIDE
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¡Descarga Personalidades Violentas y más Apuntes en PDF de Psicología Moral solo en Docsity!

ENRIQUE ECHEBURÚA

CATEDRÁTICO DE TERAPIA DE CONDUCTA

DE LA UNIVERSIDAD DEL PAS VASCO (SAN SEBASTIAN)

PERSONALIDADES

VIOLENTAS

EDICIONES PIRÁMIDE

Índice

PARTE PRIMERA Psicopatología de la violencia

10.3. Descripción del programa de tratamiento para familias

  • Relación de autores .........................................................................................
  • Prólogo (Vicente Pelechano)... ......................................................................
  • Introducción (Enrique Echeburúa)
  • (Enrique Echeburúa)........................................................................................... 1. Trastornos de personalidad: concepto, clasificación y evaluación
    • 1.1. Introducción
  • 1.2. Trastornos de personalidad y enfermedades mentales
  • 1.3. Clasificación de los trastornos de personalidad
  • 1.4. Evaluación de los trastornos de personalidad
    • 1.4.1. Las entrevistas clínicas
    • 1.4.2. Los autoinformes
    • 1.5. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas
      1. Trastorno antisocial de la personalidad (Paz de Corral)
    • 2.1. Concepto y características fundamentales .................................................
    • 2.2. Prevalencia del trastorno
    • 2.3. Factores antecedentes y predisponentes ...................................................
  • 2.4. Evaluación del trastorno antisocial de la personalidad
    • 2.4.1. Entrevistas estructuradas
    • 2.4.2. Autoinformes ............................................................................................
    • 2.5. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas ..................................................................................
    1. El psicópata como entidad psicológica y cultural (Vicente Garrido)
    • 3.1. ¿Ficción psicológica o realidad?
    • 3.2. La vida emocional de los psicópatas ..........................................................
    • 3.3. La adicción a la violencia
    • 3.4. Otras explicaciones a hipótesis
    • 3.5. Una nota final
    • R eferencias bibliográficas
      1. Psicología del homicida (Vicente Garrido) ....................................................
    • 4.1. Homicidas y asesinos en serie
    • 4.2. E1 modelo de Walters
    • 4.3. Orientaciones para la investigación
    • Referencias bibliográficas
    1. Perfil psicológico de los delincuentes sexuales (Santiago Redondo) ............. PARTE SEGUNDA Violencia sexual
    • 5.1. Definición de conceptos
    • 5.1.1. Violación
    • 5.1.2. Agresión sexual a niños
    • 5.2. Cifras de delitos sexuales
    • 5.3. Topografía de los delitos sexuales
    • 5.3.1. Violación
    • 5.3.2. Agresión sexual a niños
    • 5.4. Tipologías de delincuentes sexuales
    • 5.4.1. Violadores
    • 5.4.2. Agresión sexual o abuso de niños
    • 5.5. Hipótesis explicativas de la agresión sexual
    • 5.5.1. Violación
    • 5.5.2. Abuso de niños
    • 5.6. Predicción del riesgo de agresión sexual
    • 5.7. Conclusiones
    • R eferencias bibliográficas
  • Echeburúa y Paz de Corral) 6. Perfil psicológico del maltratador a la mujer en el hogar (Belén Sarasua, lrene Zubizarreta, Enrique
    • 6.1. Introducción ................................................................................................
    • 6.2. Definición del maltrato doméstico ...............................................................
  • 6.3. Variables relacionadas con el maltrato doméstico
  • 6.3.1. Características biográficas/demográficas del agresor
    • 6.3.2. Trastornos psicopatológicos....................................................................
    • 6.3.3. Abuso de alcohol y/o drogas
    • 6.3.4. Problemas metodológicos
    • 6.3.5. Perfil psicológico del maltratador
    • 6.4. Factores predictivos de violencia doméstica
    • 6.5. Estudio empírico
    • 6.5.1. Método
    • 6.5.1.1. Sujetos ...................................................................................................
    • 6.5.1.2. Instrumentos de medida
    • 6.5.1.3. Procedimiento ........................................................................................
    • 6.5.1.4. Resultados ..............................................................................................
    • 6.5.2. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas
  • Echeburúa, Paz de Corral, Diana Sauca alcíar Emparanza) 7. Consecuencias psicológicas del maltrato doméstico (lrene Zubizarreta, Belén Sarasua, Enrique
    • 7.1. Introducción
    • 7.2. Características del maltrato doméstico
    • 7.3. Modelos teóricos
    • 7.3.1. Teoría del «ciclo de la violencia» ..............................................................
    • 7.3.2. Teoría de la indefensión aprendida
    • 7.3.3. Otras teorías
    • 7.4. Consecuencias psicológicas del maltrato doméstico
    • 7.4.1. Depresión
    • 7.4.2. Trastorno de estrés postraumático
    • 7.5. Tratamientos psicológicos
    • 7.6. Estudio empírico
    • 7.6.1. Método
    • 7.6.1.1. Sujetos ....................................................................................................
    • 7.6.1.2. Instrumentos de medida
    • 7.6.1.3. Procedimiento
    • 7.6.1.4. Resultados
    • 7.6.2. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas
  • en el hogar (Javier Madina) 8. Perfil psicosocial y tratamiento del hombre violento con su pareja
    • 8.1. Introducción
    • 8.2. E1 ciclo de la violencia
    • 8.3. E1 perfil psicosocial del hombre violento
    • 8.3.1. La violencia como fenómeno social
  • 8.3.2. La violencia como consecuencia de un trastorno mental
  • 8.3.3. La personalidad del hombre que maltrata
  • 8.3.4. Vínculos entre el hombre violento y la mujer maltratada
  • 8.4. Tratamiento del hombre que maltrata
  • 8.4.1. La terapia coactiva
  • 8.4.2. Evaluación psicosocial
  • 8.4.3. Evaluación de la motivación
  • 8.4.4. Plan de tratamiento
  • 8.4.4.1. Objetivos del tratamiento
  • 8.4.4.2. Técnicas de tratamiento
  • 8.5. Conclusiones.
  • Referencias bibliográficas
    • (Joaquín de Paúl J .............................................................................................. 9. Características psicológicas de los agresores físicos infantiles intra familiares
    • 9.1. Introducción y aspectos conceptuales
    • 9.2. Revisión de los factores de riesgo
    • 9.3. Aspectos situacionales del maltrato infantil
    • de la información 9.4. Modelos cognitivo-conductuales. Maltrato físico infantil y procesamiento
    • 9.5. Reactividad psicofisiológica y aspectos neuropsicológicos.
    • Referencias bibliográficas
  • problemas de maltrato y/o abandono infantil (M.a lgnacia ArruabarrenaJ 10. Violencia y familia: un programa de tratamiento para familias con
  • 10.1. Introducción
  • maltrato/abandono infantil 10.2. Los programas de tratamiento para familias con problemas de
  • 10.2.1. Contexto general de la intervención rehabilitadora
  • 10.2.2. Diferentes modelos de tratamiento y resultados ..
  • Guipúzcoa: diseño y resultados maltratantes/negligentes desarrollado por la Diputación Foral de
  • 10.3.1. Características básicas del diseño del programa
  • los años 1991-1992 10.3.2. Características de las familias atendidas en el programa durante
  • 10.3.2.1. Cronicidad de la problemática familiar
  • 10.3.2.2. Tipología de casos
  • 10.3.2.3. Características sociodemográficas
    • desprotección infantil 10.3.2.4. Problemáticas familiares asociadas a la situación de
    • 10.3.3. Sistemas de evaluación de resultados
    • 10.3.4. Resultados
    • 10.3.4.1. Porcentajes globales
    • 10.3.4.2. Duración del tratamiento
  • 10.3.4.3. Recursos utilizados y aprovechamiento de los mismos
    • 10.3.4.4. Comentarios
    • Referencias bibliográficas
      1. Delitos violentos y reincidencia (Santiago Redondo J PARTECUARTA Violencia y sistema penitenciario
    • 11.1. ¿Cuánto se reincide?
    • 11.1.1. La reincidencia en otros países europeos
    • 11.1.2. La reincidencia en España
    • 11.1.2.1. Edad y reincidencia
    • 11.1.2.2. Tipología delictiva y reincidencia
  • 11.1.2.3. Prisionización y reincidencia
    • 11.1.2.4. Modo de excarcelación y reincidencia
    • 11.2. ¿Cuánto se dice que se reincide?
    • 11.3. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas
  • 12.1. Breve introducción histórica al estudio del delito
  • 12.2. Marcos de referencia explicativos de la conducta delictiva
    • 12.2.1. La patología social
    • 12.2.2. La desorganización social
    • 12.2.3. La desviación social
    • 12.2.4. E1 etiquetado social
    • 12.2.5. E1 conflicto de valores
    • 12.3. El sentido de los permisos penitenciarios de salida
    • social utilizando los permisos penitenciarios de salida ............................................. 12.4. Una posible investigación para determinar la rehabilitación versus el riesgo
    • 12.4.1. Muestra
    • 12.4.2. Variables a utilizar y diseño
    • 12.5. Resultados y conclusiones
    • Referencias bibliográficas
  • Molina y Celso Arango J 13. Cuidados y tratamiento del paciente violento (Alfredo Calcedo, Vicente
    • 13.1. Introducción
    • 13.2. Neurobiología de la conducta agresiva
    • 13.3. Efectos del medio sobre la agresión: el milieu psiquiátrico hospitalario
    • 13.4. Tipos de pacientes violentos
    • 13.5. Tratamiento médico del paciente violento
  • 13.5.1. Tratamientos farmacológicos
    • 13.5.1.1. Tratamiento con neurolépticos
    • 13.5.1.2. Tratamiento con ansiolíticos, sedantes a hipnótico
    • 13.5.1.3. Tratamiento con sales de litio
    • 13.5.1.4. Tratamiento con betabloqueantes
    • 13.5.1.5. Tratamiento con anticomiciales
    • 13.5.1.6. Otros tratamientos farmacológicos no hormonales
    • 13.5.1.7. Tratamientos hormonales
    • 13.5.2. Contención mecánica
    • 13.5.3. Aislamiento
    • 13.5.4. Procedimientos conductuales.
    • 13.5.5. Psicocirugía
    • 13.6. Conclusiones.
    • Referencias bibliográficas
    1. ¿Se puede reeducar al psicópata? (Vicente Garrido)
    • 14.1. Los resultados de la investigación del Quality Insurance Project
    • 14.2. Estudios psicofisiológicos
    • 14.3. Nuestra investigación
    • 14.4. Claves personales para la intervención psicoeducativa
    • 14.5. Aceptar el reto
    • Referencias bibliográficas
      1. Intervención penitenciaria con delincuentes violentos (Santiago Redondo)
    • 15.1. ¿Quiénes son los delincuentes violentos?
    • 15.2. Tipologías de delincuentes violentos y topografía de violencia en la prisión..
    • 15.2.1. Violencia delictiva
    • 15.2.2. Violencia en prisión
    • 15.3. Causas de la violencia
    • 15.4. Causas de la violencia en prisión
    • 15.5. Intervenciones con delincuentes violentos
    • 15.6. Componentes principales de los programas aplicados
    • 15.7. Resultados
    • 15.8. Conclusiones
    • Referencias bibliográficas
    • Fernández-Montalvo) 16. Epilogo: ¿Se puede prevenir la violencia? (Karmele Salaberría y Javier
    • 16.1. Introducción
    • 16.2. Factores ambientales
    • 16.2.1. Nivel socioeconómico
    • 16.2.2. Medios de comunicación
    • 16.2.3. Escuela
  • 16.3. Factores individuales
    • 16.3.1. Familia
  • 16.3.2. Métodos de disciplina

16.3.3. Características personales ....................................................................... 297 16.3.4. Consumo de alcohol y drogas .................................................................. 298 16.4. Conclusiones ............................................................................................... 299 Referencias bibliográficas .................................................................................... 300 Prólogo La monografía que se abre con estas líneas es la primera publicada en España y por autores españoles que estudia temáticamente la violencia desde una perspectiva fundamentalmente psicológica, Lo que significa que se trata de un punto de referencia para los que, en un futuro, intenten abordar el tema de forma honesta y pretendan ofrecer una imagen ajustada de la realidad española al respecto. El título propuesto es, acertadamente, plural y sus autores pertenecen a escuelas teóricas distintas a incluso a agrupaciones gremiales diferentes, Lo que garantiza tanto una multiplicidad de puntos de vista como la seguridad de encontrar un acercamiento multidisciplinar (tal y como, al parecer, imponen las últimas modas del quehacer científico en occidente). La elección de los temas y su desarrollo son lo suficientemente atractivos como para que el lector se sienta incitado a seguir con el tema leyendo más y siguiendo las referencias bibliográficas que se indican en el texto. Por otro lado, siempre deben existir huecos para unos o para otros, puesto que de una obra humana se trata. En todo caso, se sabe que un libro científico, al igual que un artículo o una conferencia debe dar siempre pie a una crítica por parte del lector/oyente con el fin de poder formular, junto a gratificaciones personales respecto a la propia valía personal, cierta devaluación hacia el autor o autores con el objetivo de promover el deporte nacional de crítica soterrada y desde la endotimia profunda del ser- intelectual. A lo mejor, no muy lejos de este tipo de consideraciones, la lectura de esta pluralidad de aportaciones ha sugerido, a quien esto escribe, algunas reflexiones un tanto alejadas de la materialidad del texto aunque posiblemente no tanto de su espíritu que, probablemente, no son nada relevantes aunque podrían sugerir algunas formas de ordenar la realidad variopinta y diversa que existe en el campo de estudio de las violencias y que es recogida, en su mayor parte, en la monografía que sigue. Acerca de la relevancia del tema, por lo demás, hay que recordar que la violencia promueve mayor volumen de muertes al año que las enfermedades cardiovasculares (consideradas como la mayor causa de mortalidad de entre todas las enfermedades en las sociedades medio y totalmente desarrolladas). Violencia, agresividad, cólera, hostilidad, herida, muerte, dolor, opresión, malos tratos, tortura... forman parte, en menor o mayor grado de nuestro vocabulario común y del vocabulario común que estamos acostumbrados a ver, oír o leer en los medios de comunicación. Oímos quejas continuas acerca de la « excesiva frecuencia de uso» de tales presiones y de sus referentes en los medios de comunicación y hasta en determinadas formas de expresión artística (cine, teatro, pintura, escultura o novela, vaya por caso). Y, sin embargo, desde los relatos hasta las « presentaciones» reales o ficticias de tales acontecimientos siguen atrayendo la atención del gran público. Siendo realistas esta reiteración implica que recoge una parte de las apetencias, refuerzos, modos de pensar y de sentir de los ciudadanos. Si no fuese así, difícilmente podría explicarse su éxito. Tales presencias y frecuencias representan puntos de reflexión y sugerencias de pensamientos que pueden iluminar muchas de las partes que son tratadas en el libro que sigue. A modo de presentaciones dicotómicas de los enganches conceptuales que siguen podrían servir las siguientes: a) la tensión dialéctica entre el ser y el deber ser (o el hacer y el deber hacer) que se encuentra

natural, de preservación de este medio y de la realización de los denominados « estudios de impacto» de las decisiones sociales y políticas que inciden sobre ese medio físico. Por lo que se refiere a las ciencias sociales el asunto resulta un tanto más complicado porque la mayoría de expresiones que utilizan estas ciencias no son axiológicamente neutrales, sino que, pese a (o quizá debido a que se ocupan de seres humanos) la pretendida «neutralidad» posee juicios de valor implícitos o se ha cargado culturalmente con ellos, como consecuencia de su utilización en la toma de decisiones. Así, ansiedad, depresión, locura, inflación, recesión, marginación y la mayoría de « - ismos» como dogmatismo, autoritarismo, radicalismo... llevan connotaciones implícitas que son, a todas luces, negativas en nuestra sociedad occidental. Cuando una persona, en psicología, ofrecía una puntuación alta en ansiedad, o baja en motivación de logro, alta en paranoidismo, baja en inteligencia y otras tantas, era connotada de forma negativa. Y con lo anterior no nos referimos solamente al use de « etiquetas» , sino a la mayoría de los conceptos que pueblan la ciencia social. La misión que se atribuía a la ciencia no era solamente la de identificar y aislar, sino, además, la de erradicar los problemas, las carencias y los excesos que llevaban consigo estas expresiones. A1 igual que había que eliminar la ansiedad, había que hacerlo con la pobreza, la marginación, la inflación y el Lumpenproletariat. La « superestructura» no tenía muchas notas positivas, hasta el punto que el autor recuerda, no sin cierta melancolía (la que dan los años, que no la defensa de las condiciones anteriores), cómo, en un tiempo pasado, un compañero de trabajo había colgado a la puerta de su despacho un cartel que decía < cambio crisis macroestructural por coyunturas económico-liberales deslizantes». En este punto es posible que el desarrollo de la psicología no haya tomado conciencia todavía, o no en el nivel suficiente, que, al igual que sus expresiones y metáforas están cargadas de juicios de valor, sus modelos se mueven a lo largo de una dimensión en uno de cuyos extremos se encuentra la constatación fáctica y, en el otro, la deseabilidad «objetiva» personal y social, lo que dicho en términos más llanos significa que la psicología se encuentra plagada de modelos y teorías en las que el ser y el deber ser (o querer que las cosas sean de otro modo) ocupan un lugar de excepción. Y de rechazo, que en más de una ocasión ese « pensamiento desiderativo» no del todo consciente se adueña de la investigación y genera líneas de trabajo, formas de pensamiento y resultados en los que se hace difícil distinguir lo «ético» de lo « fáctico». La opción que defiende que un dato es una teoría plasmada, retóricas aparte, no resuelve la cuestión, puesto que de lo que estamos tratando no es tanto del compromiso de la teoría « objetiva» en búsqueda de la objetividad, sino de la coloración ética y voluntariosa de esa misma «objetividad» que, para unos, representa un sesgo no controlado y, para otros, la esperanza de elaborar una ciencia útil para el desarrollo del potencial humano y cuya principal actividad se dirija a este fin. Esta dualidad se presenta con mayor crudeza en el tema de esta monografía: en la medida en que se parta del supuesto y se elabore un modelo del ser humano como eminentemente racional, las derivaciones metodológicas y de intervención parecen bastante claras; todo aquel que se aparte de ese modelo de racionalidad se convierte, en ese preciso momento, en un ser anómalo que hay que tratar porque su forma de actuar va en contra de su propia naturaleza. En el caso de la violencia, aquel que la cometa y no posea «razones racionales» de explicación (que nunca las hay para el ataque, aunque, curiosamente, se encuentran justificaciones para la defensa) se convierte en un ser anormal y, por ello, debe «ser tratado». El tratamiento se encuentra justificado, además, porque si lo « natural» es la racionalidad, ello implicaría que el ser humano es, por naturaleza, « racional» (lo que equivale a bondadoso), por lo que sería relativamente fácil que «volviera» a su propia y natural manera de ser y comportarse (entre otras cosas, porque filogenéticamente ha dado lugar a esa racionalidad y, por ende, debería estar « equipado» para el cultivo de esa racionalidad). De este modelo, además, se derivan tipos de intervenciones en las que debe ocupar un lugar prioritario esa racionalidad, su cultivo y promoción, puesto que ello llevaría consigo el reingreso del individuo en el « grupo humano». La

verdad es que tales acercamientos, aunque meritorios, tienden a presentar argumentos más éticos del « deber ser» que fácticos y el convencimiento que logran es más verbal que comportamental, tienden a moverse más a nivel de razones que de hechos. Sin embargo, si se parte del supuesto de que el ser humano es prioritariamente un animal depredador y poderoso, que ha alcanzado unos atisbos de racionalidad, que representa un último escalón evolutivo y en el que pesan los niveles evolutivos anteriores, las derivaciones acerca de la « anormalidad» de la violencia, así como de la « naturalidad» de los tratamientos « cognitivos» y de sus facilidades de apropiación por parte del individuo adquieren una dimensión totalmente distinta. Asimismo, los procedimientos orientados a su modificación deberían tener en cuenta más aquellos aspectos connaturales con el funcionamiento de un depredador que los que definen un comportamiento racional y el tipo y estilo de convivencia personal, interpersonal y social que podría derivarse parece ser un tanto distinto al que cabría deducir de un modelo de «racionalidad natural». Estos acercamientos son calificados de « inhumanos» y « deshumanizadores» en la creencia de que el ser humano no corresponde a un depredador sino a un ser racional. Los tratamientos inspirados en ellos han mostrado una eficacia inmediata, aunque sus efectos a medio y largo plazo esperan, todavía, su ratificación. Además, el cambio producido en la conducta de un ser humano posee una restricción considerable si se olvida la incardinación del ser humano en su ambiente social y físico. A favor de los modelos « racionales» podría defenderse la idea de que una tarea primordial del ser humano consiste en el cultivo de la utopía positiva, esto es, del deber-ser positivo y, por tanto, la psicología debería ocuparse más en la formulación de teorías y modelos «racionalistas» que « depredadores», puesto que de este modo, al menos, aparece un «deber-ser» positivo que algún efecto modelador tendrá sobre los seres humanos mismos. Sin embargo, pese a la indudable moldeabilidad y adaptabilidad de la especie humana, parece claro que existen límites insalvables, hoy por hoy, a un poder modificador sostenido de la utopía positiva. La realidad demuestra, día a día, que la racionalidad representa una de las últimas conquistas de la evolución biológica y que como última adquisición (y, por ello, la menos consolidada y la que posee menor asentamiento incluso biológico hasta nuestros días), no siempre puede gobernar ni dictar las acciones que el ser humano realiza. La realidad del modelo de animal depredador, por otro lado, aunque se impone en unos casos de violencia, deja sin explicar los de altruismo, autoexigencia personal y profesional, ascetismo y mística, que asimismo representan realidades humanas. La tensión entre ambos modelos se encuentra presente en la monografía a la que pertenece este prólogo y en la psicología contemporánea como un todo; el estado de componenda dubitativa perenne entre los modelos ofrecidos para la descripción y explicación de la conducta del ser humano, también. Estas indecisiones y limitaciones podrían explicar la mayor parte de las divergencias en orientaciones generales de los programas de intervención tanto a nivel individual como colectivo. Repárese que para los científicos que se encuentran en cada bando, los del otro tienden a « no tener razón» y revisten sus argumentaciones de datos científicos de valía desigual. Las justificaciones últimas de tales modelos, así como las elecciones a uno a otro (incluso lo que refleja una elección mixta y otra ecléctica), no parecen encontrar una justificación científica positiva, sino « de otro tipo» que, todavía en nuestros días, al menos, no ha sido tematizado científicamente y, por lo mismo, no tenemos una «respuesta científica» a esta cuestión. b) Evolución biológica-evolución sociotecnológica. Más arriba se hizo mención al paradigma evolucionista a la hora de sugerir una parcialización de la varianza en la conducta del ser humano, lo que llevaba al predominio de uno de los dos modelos básicos aducidos. Pero hay una consideración evolucionista más que posee repercusiones para el tema que nos ocupa.

crearlos y/o adecuarlos a las nuevas situaciones. Al igual que la aparición del ordenador personal y sus derivados ha transformado el sentido, formas y maneras de escribir de los intelectuales de occidente, la transformación que producen los medios masivos de comunicación, la inmediatez y riqueza de información, la masificación y la enorme progresión en recursos de toda índole ha modificado las formas y modos de violencia aunque el resultado final pueda ser similar a épocas anteriores: infringir daño a los demás o provocar su muerte. No se piense que defendemos un modelo sociologista de análisis de la realidad. No pretendemos traspasar los limites (siempre borrosos)de la psicología; antes bien, pretendemos hacer una llamada de atención sobre la necesidad que tiene el psicólogo en particular y el investigador en general de vivir anclado en su tiempo mirando al futuro, sin que ello quiera decir que haya que olvidar el pasado: sólo que deben hacerse esfuerzos para elaborar modelos actuales sobre conductas actuales; obviamente hay que apelar al pasado para saber lo que se ha hecho, pero no para repetirlo. Este tipo de consideraciones valen tanto para el análisis como para la tecnología empleada y la elaboración de modelos asentados en la nueva realidad sociológica y psicológica que forma el mundo contemporáneo y hace que el científico social se convierta más en un notario que da fe de lo que sucede a intenta explicar y predecir al máximo la realidad que le toca en suerte vivir, que en un «descubridor» de resultados y psicología perennis, con valor trans-temporal y trans-social. Y representa un reto continuo y un continuo aguijón para seguir investigando, puesto que no hay tema que se haya agotado definitivamente, si se trata de un tema relevante y no « de moda». c) La dicotomía herencia-ambiente. Por lo que acaba de mencionarse parece claro que proponemos una posición ambientalista, si bien con un nuevo acento o, mejor aún, con unos retoques de significación que parecen relevantes y preñados de sentido común. El ser humano, con su parte de racionalidad, resulta un organismo y, como tal, vive en un contexto ambiental. Crece y decrece en ese contexto ambiental mediante una serie de transacciones energéticas. Ello quiere decir, entre otras cosas, que el ambiente actúa sobre el organismo mientras es un organismo y, por otro lado, el material orgánico, sus características, propiedades y limitaciones, ofrecen formas concretas de actuación, percepción, emoción y formas de elaborar los sistemas de valores y creencias. La dicotomización entre ambos términos (que se puede generalizar a sustratos biológicos/elementos ambientales) es más irreal y didáctico como criterio ordenador de especialidades de conocimiento que una barrera física real de actuación. Los cambios en uno de los polos llevan consigo modificaciones en el otro, a corto y a medio plazo. La genética, desde hace años, ya no suele ser una explicación satisfactoria a nivel genérico (la «personalidad agresiva») por la inespecificidad de sus argumentos y carencia de rigor argumental y discursivo en la explicación de los datos conocidos. No pensamos que el problema se plantee en términos genéricos sobre el determinismo genético o ambiental, sino el que se refiere a las formas de actuación, programas y maneras que se requieren para alcanzar una modificación sustancial en la conducta del organismo humano. Se ha dicho que las modificaciones en el código genético son fruto de mutaciones y/o de manipulaciones genéticas. En ambos casos se trata de actuar sobre el código genético « desde fuera» o desde el ambiente en el que el código se encuentra y, desde esta perspectiva, la polémica sería más nominal que real. Pensamos que gran parte de esta polémica (y en concreto por lo que se refiere a la violencia) refleja un estado de conocimientos ya un tanto trasnochado y, en todo caso, una metodología de análisis en la que los cambios ambientales son imposibles o deben ser de intensidad muy suave, por distintas razones. En el caso de la violencia, la base biológica puede incitar a la realización de actos violentos, lo que no se encuentra escrito en la biología es la calidad y persona sufridora de esas acciones. Ambas

cuestiones, el disparo de la conducta agresiva (en su caso) y hacia quien se dirige esta acción son aspectos ambientales o, cuanto menos, el análisis ambiental ofrece las mayores ventajas para lograr su comprensión y control. Dos consideraciones complementarias consideramos de interés traer a colación aquí: la primera se refiere al problema de la técnica como mediadora de las relaciones entre el ser humano y la realidad; la segunda acerca del largo camino que existe entre el metabolismo bioquímico y la topografía comportamental concreta que se observa en un ser humano individual. Cuando empleamos la expresión de « ambiente» somos conscientes de que se trata de un medio sociotecnológico y no natural. Es verdad que la naturaleza posee un enorme poder transformador de la realidad y cuyas fuerzas pueden dar al traste con sociedades complejas (terremotos, por ejemplo), pero usualmente y con la fuerza Se da la vida día a día parece que estamos viviendo en una sociedad mediada por la técnica y que es la técnica la que promueve la mayor parte de las «imágenes del mundo» que empleamos y con las que nos manejamos en nuestra vida diaria: la planificación de las vacaciones, el lugar y formas de trabajar, la programación del ocio y tiempo libre... está influido de forma decisiva por la información que promueven los medios de comunicación masivos y, en los últimos años, el poder de la televisión ha crecido considerablemente. Y resulta un poder y fuente de control considerable para la formación de actitudes, desinformación o información, generación de estereotipos perceptuales, cánones de estética, formación de opiniones... No se crea que estamos defendiendo un modelo unidireccional en el que el ser humano resulta poco menos que una marioneta en manos de los medios de comunicación. Lo que defendemos es que, dado el enorme desarrollo de estos medios, el ciudadano de a pie todavía no ha desarrollado los mecanismos y recursos adecuados como para «filtrar» y modificar, a su vez, la acción de estos medios. No pensamos que la «imagen» perturba el desarrollo intelectual o personal, sino que lo modifica y reorienta hacia una dinámica, rapidez y estilo discursivo ante el que debe adaptarse para, a su vez, reobrar sobre él. Dicho esto, no debería ignorarse el hecho de que el ambiente, entendido desde una óptica técnica, media las relaciones tanto del ser humano con la naturaleza como la de los seres humanos entre sí. La segunda consideración que apuntamos más arriba se refería al poder «explicativo» de la bioquímica y/o biología molecular a la hora de entender la conducta violenta. La verdad es que existe un largo camino desde el nivel de calcio o litio en sangre y la conducta violenta, entre los niveles bajos de colesterol que parecen estar presentes en personas que han cometido actos violentos (hacia otros o hacia sí mismos) y esas conductas o, más aún, de las distintas células T, B, K... que propone la inmunología y la topografía de las conductas violentas en su gran diversidad. No decimos que no exista relación, lo que pensamos es que los procesos y caminos concretos que van de un nivel de análisis a otro no se han descubierto y que, para un mismo nivel de elementos considerados « críticos», las acciones que realizan los humanos tienden a ser muy distintas entre sí. Y ello significaría que debe investigarse no solamente más en estas materias, sino, posiblemente, de otra forma y con otros tipos de modelos. Todo ello lleva, de nuevo, al reconocimiento de la complejidad de lo que significa violencia y, de ahí, la necesidad de proponer algunas guías teóricas de interés. d) La dicotomización violencia/agresividad y despersonalización/ cercanía emocional. Muchas de las escuelas psicológicas que han estudiado la violencia han diferenciado dos formas básicas de «percibir» y entender a los seres humanos. En una de ellas se insiste en que se trata de un semejante, por lo que se impone aquí una a otra versión del imperativo categórico kantiano de aplicar al otro lo que se aplica para uno(a) mismo(a). En la otra, se trata de percibirlo como un objeto, y, por tanto, las

representado un primer paso en el análisis de la realidad humana personal y, desde los estudios de laboratorio y asimilados, han aportado conocimientos importantes para entender el «funcionamiento natural» del organismo humano; sin embargo, es posible asimismo que se requiera una nueva revolución científica para proporcionar unas maneras de pensar y unos modelos científicos esencialmente personales o interpersonales y que formen el entramado básico de unas ciencias sociales que puedan, con ello, llegar a su mayoría de edad. El autor de estas líneas piensa, con todo, que esta posibilidad se encuentra lejana (caso de ser viable) y, por otro lado, es posible que con ello se configure un tipo de conocimiento que no sea el proveniente de la ciencia natural, puesto que la definición de ciencia, por difusa que sea, siempre lleva consigo una serie de constricciones dado que arrancó desde una concepción concreta de lo que significa conocimiento y aplicado al mundo físico. Todo lo que sobre esto pueda escribirse en nuestros días no pasa de ser ciencia-ficción. El autor de estas líneas se confiesa un admirador y amante de la ciencia-acción aunque hace lo posible por diferenciar el análisis científico de la imaginación pseudocientífica (que posee una dosis considerable de pensamiento desiderativo). Entre uno y otro polo se encuentra una alternativa que ha pasado de ser imaginación pura a plasmación concreta con aportaciones científicas de cierto peso, que proviene de una reinterpretación de la psicología de la inteligencia y que nos lleva al último punto de reflexión que planteamos al comienzo: la posibilidad de que exista más de una racionalidad para explicar el mismo fenómeno. e) El problema del pensamiento dicotómico o de la racionalidad única. De antiguo en la tradición diferencialista de la inteligencia ha existido la polémica acerca de la existencia de una inteligencia o de muchas y, en la medida en que esta dicotomía llevaría a la base la existencia de un único conjunto de operaciones y de deducciones o varias, el problema podría replantearse tal y como lo venimos haciendo desde hace unos años como la opción de que exista más de una forma discursiva para la solución de un único problema. En la medida en que la racionalidad deba entenderse en singular, ello querría decir que los seres humanos pondrían en funcionamiento un único conjunto de operaciones para la solución de todo tipo de problemas. En la medida en que exista más de un tipo de racionalidad, ello implicaría que pueden existir distintos procesos involucrados en la solución de problemas distintos. Y el descubrimiento y potenciación de estas operaciones y formas distintas de racionalidad representa una meta educativa deseable. Sin embargo, al igual que esta diversidad lleva consigo ventajas también puede representar una fuente de problemas; en la medida en que se emplee una forma de racionalidad para resolver problemas que siguen una lógica distinta los problemas alcanzarán soluciones parciales, provisionales y, obviamente, de una transitoriedad y provocando efectos secundarios muy fuertes. Históricamente han aparecido distintas formas de racionalidad (entendidas como explicaciones «raciomórficas» de la realidad) que han sido predominantes en épocas asimismo distintas. La imagen teocéntrica ha dado lugar tanto en oriente como en occidente a una racionalidad justificacionista y asentada en criterios de autoridad de los «antiguos»; la filosofía racionalista ha dado lugar a formas de discurso que han cubierto un rango de soluciones en la época moderna que van desde la monarquía absoluta hasta la crítica feroz del teocentrismo pasando por el absolutismo en la evolución de la historia de Hegel; el materialismo filosófico, por su parte, generó la nuova scienza galíleana y el materialismo dialéctico y, en alguna de sus derivaciones, ofreció un sustrato ideológico justificativo de la revolución francesa y la génesis del moderno parlamentarismo. La revolución científica y técnica a su vez, con la masificación y el consumismo, está generando una forma de pensar liberal en la que junto a la acracia intelectual y el «pasotismo» existe un lema principal en el que lo que vale es lo que cotiza en bolsa. Y, finalmente, la denominada revolución de la información y/o de los ordenadores está promoviendo una lógica de pensamiento y actuación que ha sido estudiada tan sólo en algunas

parcelas, sin que exista un modelo comprehensivo y general respecto a las implicaciones y co- implicaciones que lleva consigo con la especie humana. Todo lo que se ha dicho en este punto posee un objetivo claro: intentar romper una lanza en favor del pluralismo de racionalidades, proponer un estudio de esas racionalidades distintas y defender una utopía positiva en el sentido de promocionar un orden social en el que esas y otras racionalidades tengan cabida dentro del respeto a la pluralidad misma. La imagen aproximada de ser humano que defendemos sería la de un conjunto de sistemas de funcionamiento, todos ellos con una racionalidad que les es propia y diversa entre sí. Que este ser humano aplica una a otra forma racional de análisis y actuación en función del contexto en el que vive y sobre lo que el contexto le permite y que tan malo es defender la primacía y valor absoluto de una como de otra forma de racionalidad, entre otras cosas porque esta proclamación representa la exclusión de todas las demás y la extorsión de una o unas frente a las otras, imponiéndose a ellas. En el cultivo del respeto mutuo y la consideración del ser humano como ser humano dentro de una multiplicidad de «racionalidades» como maneras de pensar, sentir, percibir, creer y actuar es posible que se abra un camino en el que las personalidades violentas aparecidas hasta el momento puedan canalizarse sin esa violencia y sin provocar el daño a los demás. Claro está que ya nos encontramos en una propuesta del deber ser más que del ser, y de un deber-ser múltiple y diverso. Sin embargo, esta propuesta tiene la ventaja de ir acercándose al reconocimiento de esa diversidad sin necesidad de patologizar y, a la vez, en un intento por encontrar canales de expresión no violentos. Obviamente el autor de estas líneas no posee la solución a este problema, entre otras cosas porque debe existir más de una solución posible. Sin embargo, piensa que señalar el camino hacia el reconocimiento de esa diversidad y proponer una comprensión y estudio lo más profundo posible de ese funcionamiento plural bien ha merecido ocupar el tiempo del lector con la esperanza de ofrecer opciones distintas a las más comunes en los manuales en los que se trata de este tema. En todo caso, agradezco al director de la monografía el honor que me ha dispensado al pedirme que escribiera unas páginas de presentación. Pienso que el libro ofrece una diversidad de perspectivas y que los autores han ofrecido el fruto de su experiencia bibliográfica y de investigación en un tema que, desgraciadamente, está siendo de rabiosa actualidad desde hace ya algunas décadas en este país.

en general, a cometer actos violentos, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, tienen un fácil acceso a las armas. El alcohol o las drogas son con frecuencia el detonante principal de la violencia, que, en ocasiones, puede estar acentuada por el impacto de la pornografía y del mimetismo de las películas violentas. Los trastornos de conducta y las drogas constituyen un cóctel explosivo. Las personas violentas, cuando están en grupo, se contagian emocionalmente, se escudan en los otros para cometer las mayores atrocidades y actúan como las manadas de lobos, con mayor agresividad que en solitario. Por otra parte, el afán de notoriedad, al salir el crimen o el delito en los medios de comunicación, es un potente reforzador de este tipo de conductas. No se puede hablar de un perfil psicológico preciso de los protagonistas de los comportamientos violentos. Se abusa con frecuencia de la aplicación de diagnósticos psiquiátricos a personas que no son otra cosa que delincuentes o individuos con una carga destructiva desproporcionada. Los verdaderos enfermos mentales suelen ser más víctimas de la violencia que causantes de crímenes. Se trata en realidad de un problema psicosocial. Las personas violentas proceden de un nivel socioeconómico bajo, residentes en barrios marginales y viviendas hacinadas, sin escolaridad suficiente, subempleados o en paro, con un cociente intelectual limitado y criados en el seno de familias desorganizadas. La sociedad actual es más sensible y más culta, pero existe, sin embargo, un gran desnivel entre los ricos y los marginados, que ven la opulencia a su alrededor como en un escaparate. Por otra parte, en la televisión hay una gran presencia de modelos que obtienen metas deseables (dinero, poder, sexo, prestigio, etc.) con medios violentos. Si bien las frustraciones, consideradas como explicación de la violencia, pueden ser un cajón de sastre, entre ellas pueden encontrarse el maltrato infantil (o las humillaciones en la infancia), los celos, las ideologías disparatadas o fascistas, los conceptos erróneos, el miedo insuperable o la crueldad como un trastorno de la personalidad. Los textos presentados en este libro son fruto de un Curso de Verano que se celebró en la Universidad del País Vasco (San Sebastián, 1993) sobre Personalidades violentas. Al margen de la variedad de los temas analizados, es, justamente, este título genérico el hilo conductor de todos los capítulos que constituyen este volumen. La publicación de las ponencias presentadas en ese curso parece, cuando menos, oportuna. En primer lugar, porque las conductas violentas son muy frecuentes, suponen una alteración personal y social, saltan rápidamente a los medios de comunicación y constituyen un motivo de preocupación profunda en la opinión pública. En segundo lugar, porque resulta necesaria una actualización de los aspectos psicopatológicos y de intervención implicados en los comportamientos violentos. Y en tercer lugar, porque apenas se dispone en castellano de textos puestos al día que abarquen con rigor los temas que figuran en este volumen. La configuración del libro es novedosa. Más que de un tratado sistemático sobre las personalidades violentas, se trata del estudio detallado de un conjunto de temas enormemente significativos relacionados con la violencia desde una perspectiva psicopatológica y terapéutica (o asistencial, según los casos). En él se exponen, en primer lugar, los aspectos psicopatológicos implicados en las conductas violentas en general y en la violencia sexual en particular. Se analiza, en segundo lugar, el problema de la violencia en el hogar y en el sistema penitenciario, en este último caso con una atención especial al estudio de los permisos penitenciarios de salida. En tercer lugar, se señalan las posibilidades de intervención a nivel clínico, familiar a institucional sobre las personalidades violentas, así como los resultados y límites de dichas intervenciones. Por último, se trazan algunas vías de actuación a nivel preventivo en el ámbito de la familia, de la educación y de los medios de comunicación.

Los autores de los trabajos presentados en este texto dedican en la actualidad buena parte de su quehacer profesional a los temas desarrollados. Justamente por ello, el interés de este volumen deriva de la implicación clínica a intelectual de los autores de los capítulos con los asuntos abordados, que resuman, por encima de todo, un contacto directo con la realidad tratada. En concreto, de los conocimientos específicos del profesor Calcedo sobre los problemas relacionados con la violencia en el medio psiquiátrico; de la experiencia investigadora de los profesores Garrido y Redondo sobre el tratamiento de la delincuencia; de las aportaciones del grupo del profesor De Paúl al ámbito del maltrato infantil; de los estudios del profesor Clemente en el marco penitenciario; de los trabajos del grupo de los profesores Echeburúa y Corral en relación con el maltrato doméstico y con las agresiones sexuales. El resto de los autores se incardinan, de un modo a otro, en estos grupos de investigación. Los capítulos presentados en este volumen no están --no pueden estarlo- cerrados. Las implicaciones sociales, legales, terapéuticas y aun éticas de las personalidades violentas hacen de estos temas un asunto sujeto a controversia y en permanente evolución científica. Por ello, muchas de las conclusiones - y afirmaciones- contenidas en este texto son novedosas, discutibles y no exentas de polémica. Desde esta perspectiva, este libro aspira a constituirse en un punto de referencia actual en el estudio de las personalidades violentas, sin otra pretensión - que no es poca-- que ser un reflejo del «estado de la cuestión». Si además es un punto de arranque para otras investigaciones sobre los temas abordados en estas páginas, será un motivo de satisfacción adicional para quien escribe estas líneas. No debo terminar esta introducción sin agradecer expresamente a todos los autores que han hecho posible este libro y que --- me consta - no han regateado esfuerzos en la presentación de sus capítulos. Por último, la edición de este volumen ha sido posible gracias al aliento y al trabajo denodado de los miembros de mi equipo de investigación: Paz de Corral, Belén Sarasua, Irene Zubizarreta, Karmele Salaberría y Javier Fernández-Montalvo. Sin el aliento cotidiano de ellos, sin su disponibilidad incondicional y sin el esfuerzo continuo para resolver cualquier tipo de problemas, hubiera estado tentado de arrojar la toalla en más de una ocasión. Por todo ello - y por la estimulación intelectual constante que me suponen- , mi agradecimiento más sincero. San Sebastián, junio de 1994. ENRIQUE Echeburúa