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La evolución del cerebro: de los peces a los humanos - Prof. Montserrat, Ejercicios de Psicología

La evolución del cerebro desde su origen en las primeras especies marinas hasta su desarrollo en el hombre moderno. Se abordan temas como la aparición de la conciencia, la estructura celular del cerebro, la expansión del cerebro en animales terrestres y la aparición de la corteza cerebral. Se incluyen casos clínicos que ilustran la importancia del cerebro en la percepción y el procesamiento de la información sensorial.

Tipo: Ejercicios

2013/2014

Subido el 24/03/2014

emilylanzas
emilylanzas 🇪🇸

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PRÁCTICA 1
Percepción y atención
VÍDEO 1: LA PERCEPCIÓN VISUAL Y SU ORIGEN EVOLUTIVO.
La aparición de la conciencia se ha desarrollado paralelamente a la del cerebro. El
Doctor Ralph Soleki descubrió huesos de un hombre neardenthal al que le habían
puesto flores, fue aquí cuando surgió la idea de que ya desde la antigüedad teníamos
conciencia de la muerte. Esto es el origen de la humanidad.
El cerebro prototipo se desarrolló en las primeras especies marinas. Eran un conjunto
de células especializadas que transmitían electricidad. Estas células forman un tubo,
que posteriormente en animales superiores se convertirá en el cerebro. En el tubo
neural, las células se disponen a lo largo de la pared, el número de células aumentó y
aparecieron unas pequeñas protuberancias. Fue lo más parecido a un cerebro hasta
entonces. La estructura celular también cambio drásticamente, alrededor de las
ramificaciones de las neuronas se formaron cubiertas aislantes, que actúan como
conductores acelerando las señales eléctricas entre neuronas. A medida que los peces
evolucionaron en anfibios, y luego en reptiles, el cerebro sufrió una mayor expansión.
Con el surgimiento de los reptiles, el cerebro adquirió las habilidades que el animal
requería para sobrevivir en tierra. El cerebro reptiliano pronto fue sustituido
evolutivamente hablando por el cerebro de los mamíferos, el cual creció rápidamente
en respuesta a las crecientes demandas del medio ambiente.
Hace alrededor de cinco millones de años apareció la corteza cerebral en el hombre
primitivo. Esta corteza era diferente. Para empezar había más de ella, y su superficie
estaba organizada en columnas, cada uno de menos de 1mm de ancho, formada por
millones de neuronas específicas, que se mandaban mensajes unas a otras. Aquí es
donde la información externa llega para ser filtrada y codificada, es donde tenemos la
experiencia, permitiendo la memoria, el aprendizaje y la planificación. De ahí la gran
diferencia entre humanos y el resto de animales.
El número de neuronas se multiplicó y la corteza aumentó de tamaño, que se replegó
sobre si misma y aparecieron los pliegues. Apareció por primera vez en África, y
pesaba menos de medio kilogramo. Fue evolucionando hasta el homo habilis, que era
unos 200 gramos más pesado. Pasó otro millón de años, y apareció el homo erectus,
el cerebro humano casi se había duplicado en tamaño. Hace alrededor de 100 mil
años apareció el hombre moderno, el homo sappiens, pesando el cerebro 1360
gramos. Es el mismo cerebro que usamos ahora, estructural y anatómicamente no ha
cambiado mucho.
En los humanos, las partes más antiguas del cerebro dirigen la emoción y ayudan a
formar los recuerdos. Además controlan el ritmo cardíaco y la respiración. También
forman conexiones íntimas con la corteza, que reúne la experiencia y las lecciones de
la vida formando circuitos neuronales. Toda esta activación de las redes neuronales,
producida por los estímulos externos y el trabajo interno de determinadas estructuras,
incita a la activación de los engramas que inducen a regulaciones automáticas del
organismo, a la actividad motora adaptativa o a la actividad psíquica.
La enorme densidad de engramas permite la selección darwinista de los más
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¡Descarga La evolución del cerebro: de los peces a los humanos - Prof. Montserrat y más Ejercicios en PDF de Psicología solo en Docsity!

PRÁCTICA 1

Percepción y atención

VÍDEO 1: LA PERCEPCIÓN VISUAL Y SU ORIGEN EVOLUTIVO.

La aparición de la conciencia se ha desarrollado paralelamente a la del cerebro. El Doctor Ralph Soleki descubrió huesos de un hombre neardenthal al que le habían puesto flores, fue aquí cuando surgió la idea de que ya desde la antigüedad teníamos conciencia de la muerte. Esto es el origen de la humanidad.

El cerebro prototipo se desarrolló en las primeras especies marinas. Eran un conjunto de células especializadas que transmitían electricidad. Estas células forman un tubo, que posteriormente en animales superiores se convertirá en el cerebro. En el tubo neural, las células se disponen a lo largo de la pared, el número de células aumentó y aparecieron unas pequeñas protuberancias. Fue lo más parecido a un cerebro hasta entonces. La estructura celular también cambio drásticamente, alrededor de las ramificaciones de las neuronas se formaron cubiertas aislantes, que actúan como conductores acelerando las señales eléctricas entre neuronas. A medida que los peces evolucionaron en anfibios, y luego en reptiles, el cerebro sufrió una mayor expansión. Con el surgimiento de los reptiles, el cerebro adquirió las habilidades que el animal requería para sobrevivir en tierra. El cerebro reptiliano pronto fue sustituido evolutivamente hablando por el cerebro de los mamíferos, el cual creció rápidamente en respuesta a las crecientes demandas del medio ambiente.

Hace alrededor de cinco millones de años apareció la corteza cerebral en el hombre primitivo. Esta corteza era diferente. Para empezar había más de ella, y su superficie estaba organizada en columnas, cada uno de menos de 1mm de ancho, formada por millones de neuronas específicas, que se mandaban mensajes unas a otras. Aquí es donde la información externa llega para ser filtrada y codificada, es donde tenemos la experiencia, permitiendo la memoria, el aprendizaje y la planificación. De ahí la gran diferencia entre humanos y el resto de animales. El número de neuronas se multiplicó y la corteza aumentó de tamaño, que se replegó sobre si misma y aparecieron los pliegues. Apareció por primera vez en África, y pesaba menos de medio kilogramo. Fue evolucionando hasta el homo habilis, que era unos 200 gramos más pesado. Pasó otro millón de años, y apareció el homo erectus, el cerebro humano casi se había duplicado en tamaño. Hace alrededor de 100 mil años apareció el hombre moderno, el homo sappiens, pesando el cerebro 1360 gramos. Es el mismo cerebro que usamos ahora, estructural y anatómicamente no ha cambiado mucho.

En los humanos, las partes más antiguas del cerebro dirigen la emoción y ayudan a formar los recuerdos. Además controlan el ritmo cardíaco y la respiración. También forman conexiones íntimas con la corteza, que reúne la experiencia y las lecciones de la vida formando circuitos neuronales. Toda esta activación de las redes neuronales, producida por los estímulos externos y el trabajo interno de determinadas estructuras, incita a la activación de los engramas que inducen a regulaciones automáticas del organismo, a la actividad motora adaptativa o a la actividad psíquica. La enorme densidad de engramas permite la selección darwinista de los más

apropiados para cada estado. Las propuestas darwinistas de Edelman (darwinismo neural), explican la complejidad que permite la unidad y la flexibilidad de las elecciones. La corteza llama a los circuitos neurales para modular la influencia de este lado emocional e impulsivo de nuestro cerebro para que podamos actuar como ciudadanos del mundo moderno. La capacidad plástica de nuestro cerebro es lo que nos permite improvisar.

La complejidad del cerebro yace en el cortex, que tiene un espesor de medio centímetro y entre sus funciones está conseguir que podamos ver, tocar, oir y hablar. Y sobre todo, pensar. Está recubierto de células nerviosas. La mayoría de neuronas trabajan aquí. Estas neuronas utilizan vías de comunicación mediante señales químicas y eléctricas, aunque nunca llegan a unirse físicamente (hendidura sináptica). No nacemos con esta compleja red de conexiones cerebrales, van creciendo y formándose a medida que vamos adquiriendo experiencias. Desde que nacemos se crean trillones de conexiones neuronales a velocidades sorprendentes.

El cerebro no es una maquinaria estática y sin reflejos, es dinámica y trabaja constantemente. La base de la actividad cerebral está modelada por todo lo que está alrededor nuestro. Por ello, antes de que se descubriera la conciencia, había una visión computacional de los seres vivos, como si fuésemos máquinas que hacíamos las cosas sin precisamente esa conciencia de estar haciéndolas. El cerebro ya ha establecido su propio sistema de valores (lo que es útil para nosotros, respecto a lo que recibe del mundo externo). Estos valores se quedan grabados en la arquitectura del cerebro, que es capaz de distinguir entre los estímulos, descartando las conexiones innecesarias, y dejando los circuitos neuronales reforzados por la experiencia. El cerebro establece límites en la creación de mapas neuronales (como oir, hablar...). Los niños aprenden más fácilmente porque sus neuronas trabajan y se conectan a mayor velocidad que la de los adultos. Es más elástico y responde fácilmente y rápidamente. Conforme vamos creciendo, estas conexiones se ralentizan.

Francis Crick se dedica a la neurociencia, en concreto está estudiando la conciencia, enfocando su investigación en las neuronas (en cómo se transmiten la información de unas a otras). Explica que todas las facetas de la existencia (lo que sentimos, lo que vemos, lo que oímos…) se deben a la acción de las neuronas. Crick estudió los sistemas visuales de cerebros de macacos, los cuales son muy similares a los nuestros, para intentar encontrar los mecanismos que producían un solo aspecto de conciencia (conciencia visual). Su teoría postula que neuronas particulares de diferentes lugares transmiten los mensajes simultáneamente y a 40Hz, conforme nos volvemos visualmente conscientes de un objeto. Patricia Churchland es filósofa e investiga la ciencia cognoscitiva. Ella examina el cerebro y hace preguntas filosóficas sobre los nuevos descubrimientos de lo que éste hace. Investigaba sobre la mente, cómo pensamos, la inmadurez visual… Estos dos investigadores coinciden en que el misterio de la mente será resuelto al descifrar el cerebro, por lo que tienen una visión reduccionista, mezclando lo filosófico con lo neurocientífico. Pretenden explicar la conciencia y la mente mediante la transferencia de mensajes eléctricos por las neuronas repartidas por el cerebro.

Gracias a la percepción, los humanos somos capaces de ver el mundo de determinada manera. Todos tenemos una imagen global y común de lo que son las cosas, pero a la

El video plantea una perspectiva constructivista de la percepción de la visión, (también en el resto de sentidos) ya que destaca mucho el papel importantísimo que juega el cerebro y como se produce ahí todo. Les da muchísima importancia a estructuras como la corteza, donde se reparte la información para tener un mejor procesamiento interno de la información externa, gracias al trabajo conjunto de neuronas especializadas. El cerebro nos construye el mundo físicamente y lo colorea. Nos permite ver, oler y escuchar ciertas cosas. Nuestra visión no se realiza en los ojos, sino en los pliegues del cerebro, es lo que hace que veamos el mundo tal y como es. Cada uno de nosotros vemos el mundo de manera diferente. Para describir este hecho, se alude al caso de The Shan. Por una fiebre, tuvo daños en el hemisferio derecho, y por ello su hemisferio izquierdo ha crecido en tamaño para compensar. En consecuencia tiene paralizada la parte izquierda de su cuerpo y tiene problemas de aprendizaje. Sus obras son expresiones físicas de lo que él ve. Cada ojo abarca un circulo de campo visual, el de The Shan es la mitad del circulo en cada ojo, esto demuestra el papel importantísimo que tiene el cerebro en la visión, ya que The Shan no tienen ninguna lesión en sus ojos. Para que pueda ver la pantalla completa tiene que mover los objetos, ya que la información del campo visual izquierdo no puede ser procesada por el hemisferio derecho. The Shan sustituye lo que no puede ver con el tacto u otros sentidos. Esta adaptación es fundamental para su trabajo. La vista y el tacto se integran cuando observa un objeto, que luego es capaz de plasmar en sus obras. La imagen con sentido en nuestro cerebro se inicia cuando entra la información de la luz, esta información se parte en fragmentos, después en las encrucijadas de los campos visuales, se divide. Las partes fragmentadas viajan hasta la corteza visual primaria, donde se codifica la información. Toda esa información codificada es dividida en porciones (hasta 32), para un mejor procesamiento. La corteza cerebral está formada por columnas de células nerviosas compactas. Es el número de columnas y su compleja red de neuronas lo que nos distingue del resto de animales, es lo que nos hace humanos. Aquí es donde finalmente vemos el mundo. Cada columna está formada por un juego completo de neuronas, cada una diseñada para buscar un ángulo especifico de 0º a 180º. Aquí se empieza a ver el contorno de la imagen, hasta que todo es reensamblado y percibimos la imagen al completo. Cuando se lesionan ciertas partes del cerebro relacionadas con la visión, el resultado es peculiar. Como por ejemplo el caso del señor Isoda, el daño en su cerebro lo dejó sin la habilidad para tener acceso al ‘quién’ y a veces al ‘qué’ de un objeto, y por ello no era capaz de reconocerse en una foto que le habían hecho tiempo atrás. El daño a otras partes del sistema visual lleva a diferentes problemas poco comunes. También narra en el video como una mujer alemana que sufrió un infarto, ya no es capaz de detectar el movimiento. El infarto interrumpió los caminos neuronales que procesan el movimiento, el ‘dónde’ de la escena visual. Y por ejemplo ve el paso de los coches como una serie de fotogramas en vez de un proceso continuo. Aún así el cerebro se adapta a las circunstancias. En cuanto al sentido de la audición, el sonido, que es puramente mecánico, está producido por vibraciones que pasan por el oído externo y viajan hasta el tímpano, haciendo que éste vibre. Estas vibraciones agitan los huesecillos del oído medio, que se conecta con la cóclea, donde se transforman las vibraciones en impulsos eléctricos. De aquí viaja a la corteza auditiva, cuyas células responden a características discretas

del sonido (tono, volumen, dirección). Las neuronas comienzan a recodificar y organizar toda la información sonora, definiendo el sonido. Un buen ejemplo de cómo se desarrolla más un sentido en los humanos cuando tenemos otro lesionado es el caso de Leslie, que aún siendo deficiente e invidente, tiene el sistema auditivo muy desarrollado. Con solo escuchar una canción una sola vez, es capaz de interpretarla en el piano.

En el mundo de la percepción, el olfato pasa a ser un sentido secundario. Aunque en el proceso evolutivo, el olfato es el más antiguo y en el feto es el primer sentido que se forma. Conecta con la madre mediante el olor de su dieta, el olor personal del pecho… Las moléculas del olor que entran son recordadas por los cilios olfativos, que transfieren las señales eléctricas a los bulbos olfativos. La vía es casi un camino abierto al cerebro. Las neuronas olfatorias repartidas por la corteza tienen circuitos particulares con el sistema límbico, que es donde nacen las emociones, y el sistema endocrino, relacionado con la producción de hormonas. Por ello se le considera el sentido más sensible, tanto para bien como para mal. Las preferencias alimentarias son almacenadas en bancos del cerebro.

El Doctor Antonio Damasio no está seguro de que existe un punto de ensamblaje de los sistemas perceptivos. Según él no hay punto concreto donde se almacene toda la información de imágenes visuales o auditivas, sino que las percepciones están sincronizadas en el tiempo y existen estructuras que tienen señales que proceden de aquellas estructuras respectivas y hay un enlace. Pero este enlace no se hace a nivel de la imagen misma, permanecen separadas pero pueden activarse al mismo tiempo. Lo que nuestro cerebro almacena, no es la imagen, sino los mecanismos que están siendo utilizados para crear la percepción de esa imagen. Y si pasado un tiempo, te preguntan sobre esa imagen, recurrimos a esos mecanismos e intentamos que hagan el mismo proceso que realizaron al percibir la imagen primeramente. Eso generará una imagen que no es lo mismo que cuando se vio en persona, pero va a tener mucho en común con ello. Es un intento de replicar los patrones de actividad iniciales.

Percibimos el mundo como un lugar constante y unificado y eso es porque el cerebro actúa como un filtro. En el caso de los autistas, sus sistemas no son capaces de controlar los estímulos provenientes, y la información les llega simultáneamente, de manera indiscriminada y sin pausa, por ello sus mentes se bloquean. Afortunadamente no todos los casos son tan extremos, como por ejemplo la Doctora Temple, una profesora que con ayuda de su familia y terapia intensiva, fue capaz de emerger de la sobrecarga de información sensorial. Tiene un oído mucho más sensible que el de los demás, como por ejemplo escuchar la campana del colegio se le hace muy duro. También el sentido del tacto es distinto. Ella quiere un abrazo, pero el hecho de que se lo den le resulta insoportable. A los dieciocho años, construyó un aparato casero de una máquina que era utilizada para inmovilizar a las vacas cuando son atendidas (canalón). Con ello conseguía controlar la cantidad de presión recibida sobre su cuerpo y ser capaz de canalizarlo y acostumbrarse para que dejara de ser insoportable. Explica como le gusta trabajar con animales, ya que ellos son predecibles y eres capaz de saber lo que van a hacer y en el caso de los humanos no. Nuestros cerebros crean y entregan todo lo que sabemos del mundo que nos rodea. Desde nuestra infancia construimos mapas de experiencia. Estos mapas, que nos permiten ver, oir, tocar, recordar… cuando son similares entre personas, es lo que les