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Orientación Universidad
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Práctica nro 5 laboratorio , Ejercicios de Química

Práctica de laboratorio no resuelta

Tipo: Ejercicios

2022/2023

Subido el 30/04/2024

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PRACTICA Nº 5
CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL NACIONALISMO Y REGIONALISMO.
I. Objetivos:
Analizar las definiciones de identidad nacional, nacionalismo y regionalismo.
Interpretar la evolución de los conceptos que han ido evolucionando en las
sociedades.
Aplicar definiciones en el análisis de la problemática de identidad nacional
nacionalismo y regionalismo.
II. Fundamento Teórico:
El regionalismo es un movimiento que refuerza sentimientos de afinidad hacia el
espacio local, hacía lo propio, interpretándolo como algo ceñido a un ámbito
geográfico reducido y manteniendo una serie de peculiaridades histórico culturales,
sin plantear, a partir de ellas, reclamaciones de separación política. Dicho movimiento
(o movimientos, en plural, dada su diversidad) se manifestó de diferentes maneras en
los países europeos: en algunos casos se llegó a pedir autonomía cultural y política,
en otros no . por otro lado, entendemos que el nacionalismo es un discurso identitari
“que imagina la comunidad de una manera particular (como nacional)” y que privilegia
dicha forma de identidad colectiva sobre otras. El nacionalismo busca poder político,
la nación se define en relación con un otro que no formaría parte de ella. El discurso
nacionalista gira en torno a la creación de fronteras y la decisión de quiénes estarían
dentro y fuera de ellas.
Los historiográficos acerca del regionalismo distinguen dos grandes tendencias. La
primera se basa en el famoso esquema de Miroslav Hroch, que plantea que las
pequeñas naciones evolucionan a través de una serie de etapas conectadas. La
segunda corriente atribuye al regionalismo sobre todo un papel en la “banalización de
la nación, es decir, en la penetración social de la identidad nacional a través de
múltiples mecanismos, muchas veces discretos o inadvertidos.
Por otro lado la “opción de la identidad regional” apareció en la segunda mitad del
siglo XVIII en paralelo a la expansión del patriotismo ilustrado, que estaba orientado al
mismo tiempo hacia el país en su conjunto y hacia la región. El interés por la región se
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PRACTICA Nº 5

CRISIS DE IDENTIDAD NACIONAL NACIONALISMO Y REGIONALISMO.

I. Objetivos:  Analizar las definiciones de identidad nacional, nacionalismo y regionalismo.  Interpretar la evolución de los conceptos que han ido evolucionando en las sociedades.  Aplicar definiciones en el análisis de la problemática de identidad nacional nacionalismo y regionalismo. II. Fundamento Teórico: El regionalismo es un movimiento que refuerza sentimientos de afinidad hacia el espacio local, hacía lo propio, interpretándolo como algo ceñido a un ámbito geográfico reducido y manteniendo una serie de peculiaridades histórico culturales, sin plantear, a partir de ellas, reclamaciones de separación política. Dicho movimiento (o movimientos, en plural, dada su diversidad) se manifestó de diferentes maneras en los países europeos: en algunos casos se llegó a pedir autonomía cultural y política, en otros no. por otro lado, entendemos que el nacionalismo es un discurso identitari “que imagina la comunidad de una manera particular (como nacional)” y que privilegia dicha forma de identidad colectiva sobre otras. El nacionalismo busca poder político, la nación se define en relación con un otro que no formaría parte de ella. El discurso nacionalista gira en torno a la creación de fronteras y la decisión de quiénes estarían dentro y fuera de ellas. Los historiográficos acerca del regionalismo distinguen dos grandes tendencias. La primera se basa en el famoso esquema de Miroslav Hroch, que plantea que las pequeñas naciones evolucionan a través de una serie de etapas conectadas. La segunda corriente atribuye al regionalismo sobre todo un papel en la “banalización de la nación, es decir, en la penetración social de la identidad nacional a través de múltiples mecanismos, muchas veces discretos o inadvertidos. Por otro lado la “opción de la identidad regional” apareció en la segunda mitad del siglo XVIII en paralelo a la expansión del patriotismo ilustrado, que estaba orientado al mismo tiempo hacia el país en su conjunto y hacia la región. El interés por la región se

manifestaba, por un lado, en el propósito de atender al bienestar y la educación de la gente, y, por otra parte, en el estudio de la cultura, la lengua, la historia, las costumbres, etc., que le serían constitutivas. Hasta finales del siglo XIX las identidades regionales constituyeron un objeto de estudio atractivo para los notables provinciales. Es así que La difusión del nacionalismo es una búsqueda de dignidad, pero no siempre ha conllevado la instauración de la democracia. Entonces la identidad nacional alude a un sentido de pertenencia que trasciende, más allá de lo afectivo. Altamirano (1997) hace referencia a la obligación que tenemos todas las personas de salvar lo nuestro, y afirma que “…preservar gustos, costumbres y valores nacionales y afirmar y elevar el carácter del ser costarricense, es la forma más sensata y efectiva de contribuir a preservar la identidad cultural de cada pueblo, de cada país”. Añade que se debe valorar lo criollo, lo nativo, lo folclórico, lo autóctono, lo nacional; para afirmar la idiosincrasia de nuestra cultura, garantizar la continuidad y coherencia del universo genuinamente costarricense. Este discurso de lo nacional, de costumbres, tradiciones y valores propios es lo que ha definido el concepto de identidad nacional. De igual manera, Carazo afirma que “…para sobrevivir como nación hay que utilizar el lenguaje de la patria, más pragmático y más simple, más vivencial y más integrador” En este contexto se utiliza el término patria para sustentar un discurso reproductor y nacionalista, en el cual la institucionalidad, la familia, la religión y la educación se ven amenazadas ante el cambio y, por tanto, hay que preservarlas. De igual manera, Zelaya, sostiene que la identidad nacional es “apreciar la vida nacional, el espíritu y la fisonomía de la nación. Respetar a la persona y su tierra, valorar nuestra idiosincrasia. Sentirse orgulloso de nuestras tradiciones”. Se puede inferir que la posición tradicional de la identidad nacional tiene un tono esencialista, enmarcado por las costumbres, las tradiciones, las instituciones sociales, la familia, la religión y, por otro lado, elementos ideológicos como la política y la educación. En el proceso de construcción de una identidad, Leandro (2002), distingue dos aspectos fundamentales: el altercentrismo y el etnocentrismo. El primero se relaciona con la dependencia, la cual considera que, lo mejor viene de afuera, por lo que las personas adoptan modelos, valores, actitudes y otras manifestaciones culturales externas, ya que son consideradas superiores por el grupo social. El segundo se refiere a “…aquellas formas de entender, sentir y actuar que asumen como único

VI. Conclusiones:







VII. Recomendaciones: