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Prácticas Entreguerras, textos.
Tipo: Apuntes
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Y entonces los desposeídos fueron empujados hacia el oeste (...). Carretadas, caravanas, sin hogar y hambrientos, veinte mil, cincuenta mil y doscientos mil (...). Corriendo a encontrar algún trabajo para hacer –levantar, empujar, tirar, recoger, cortar– cualquier cosa, cualquier carga con tal de comer. Los críos tienen hambre. No tenemos dónde vivir. Como hormigas corriendo en busca de trabajo y, sobre todo, de tierra (...). Los hombres, que han creado nuevas frutas en el mundo, son incapaces de crear un sistema gracias al cual se pueda comer. Y este fracaso cae sobre el Estado como una gran catástrofe (...). Y en los ojos de la gente hay una expresión de fracaso, y en los ojos de los hambrientos hay una ira que va creciendo. En sus almas las uvas de la ira van desarrollándose y creciendo y algún día llegará la vendimia. John Steinbeck, Las uvas de la ira , 1939. Por lo tanto, la nación entró vacilante al segundo invierno de la depresión y el desempleo comenzó a volverse una forma de vida (...) Pero el frío era terrible en las viviendas sin calefacción, en las posadas que olían a sudor y desinfectantes, en los parques, en los furgones vacíos y a lo largo de los muelles. Sin dinero para el alquiler, los hombres sin trabajo y todas sus familias comenzaron a levantar barracas donde encontraban tierra desocupada. A lo largo de los terraplenes de los ferrocarriles, al lado de los incineradores de desperdicios, en los basureros de las ciudades, aparecieron poblados de cartón embreado y hojalata, cajas viejas de empaque y carrocerías de automóvil inservibles. Algunas barracas eran ordenadas y limpias: por lo menos la limpieza era gratuita; pero otras eran de una sordidez que desafiaba toda descripción, con los olores de la pobreza y de la rendición. Símbolos de la Nueva Era, esas comunidades recibieron muy pronto un nombre sardónico: se las llamó Villas Hoover, y de hecho en muchos casos solo los afortunados podían encontrar refugio en ellas. Los infortunados pasaban las noches amontonados ante las puertas, en cajas de empaque vacías o en furgones. En las filas de pan y en las cocinas populares, muchas horas de espera traían una escudilla de papilla a menudo sin leche o sin azúcar y una taza de hojalata con café. (...) Ese segundo invierno vio a los habitantes de Chicago que escarbaban con palos y con las manos los montones de basura cuando se alejaban los camiones del servicio de limpieza. Arthur M. Schlesinger, Jr. La crisis del orden antiguo 1919- Para aquellos de nosotros que vivimos los años de la Gran Depresión, todavía resulta incomprensible que la ortodoxia del mercado libre, tan patentemente desacreditada entonces, haya podido presidir nuevamente un período general de depresión a finales de los ochenta y principios de los noventa, en el que se ha demostrado igualmente incapaz de aportar soluciones. Este extraño fenómeno debe servir para recordarnos un gran hecho histórico que ilustra: la increíble falta de memoria de los teóricos y prácticos de la economía. Es también una clara ilustración de la necesidad que la sociedad tiene de los historiadores, que son los “recordadores” profesionales de lo que sus ciudadanos desean olvidar. E. Hobsbawm. Historia del siglo XX. Nuestra tarea prioritaria es que la gente vuelva a trabajar. Esto se puede conseguir mediante un reclutamiento directo por parte del gobierno (…) Nosotros podemos facilitar la realización de este objetivo aumentando el precio de los productos agrícolas y, con éstos, la capacidad adquisitiva de los agricultores. Podemos facilitarlo insistiendo para que el Gobierno federal, el de los Estados y los gobiernos locales, se pongan a trabajar inmediatamente para reducir de una forma draconiana sus costes de funcionamiento. Podemos facilitarlo unificando las ayudas a las víctimas de la crisis (…) podemos facilitarlo planificando y supervisando a nivel nacional todas las formas de transporte, de comunicaciones y de servicios que tienen claramente un carácter de interés público (…). Finalmente, en nuestro camino hacia la plena ocupación, necesitaremos llevar a cabo tres medidas destinadas a prevenir un retorno a los malos tiempos pasados: tendrá que haber una estricta vigilancia de todas las actividades bancarias, financieras y de inversiones; habrá que limitar las actividades de los que especulan con el dinero de los demás; habrá que asegurarse de que nuestra divisa sea a un tiempo adecuada y saneada. (…) Nuestras relaciones comerciales internacionales, aunque tienen mucha importancia, son, hoy, secundarias respecto a la necesidad de establecer una política nacional saneada. Discurso de inauguración de Franklin D. Roosevelt , 4 de marzo de 1933 El 11 de enero las tropas francesas y belgas, en contra del derecho y los tratados, ocuparon el territorio del Ruhr. Desde ese momento el Ruhr y la Renania están en la mayor miseria. Más de ciento ochenta mil alemanes, hombres, mujeres, viejos y niños han sido expulsados de sus hogares. Para millones de alemanes no existe
más que un concepto de libertad personal... Frente a la ilegalidad de la invasión se levantó el sentimiento del derecho y el de la patria... El Gobierno del Reich se ha hecho cargo, tanto como le ha sido posible, de asistir a nuestros compatriotas en la aflicción... Durante la semana pasada las ayudas para el Ruhr y la Renania se han elevado a la suma de 3.500 billones de marcos y es de esperar que en la semana en curso esta suma sea como mínimo doblada. El anterior nivel del Ruhr y la Renania se ha hundido. La vida económica de los territorios ocupados y no ocupados se ha trastornado. Esto es de tal gravedad que, si se continua con los procedimientos empleados hasta ahora, el peligro amenaza con hacer imposible una moneda estable, el mantenimiento de la vida económica y, por consiguiente, la posibilidad de asegurar la simple existencia de nuestro pueblo. Es preciso, pues, en interés del porvenir de Alemania, así como del Ruhr y la Renania, detener este peligro. Para mantener la vida del pueblo y del Estado, nos encontramos hoy ante la amarga necesidad de cesar el combate... No olvidaremos jamás los que han sufrido aquellos, que, en los territorios ocupados, fueron objeto de severos castigos. No olvidaremos jamás los que han abandonado, aquellos que prefirieron marcharse de su país natal antes que romper su fidelidad con la patria... El presidente y el Gobierno del Reich afirman aquí solemnemente ante el pueblo alemán y ante el mundo que no aceptarán ningún acuerdo que arrebate el más pequeño trozo de tierra alemana al Reich alemán. Llamamiento del Gobierno al cese de la resistencia pasiva, 20 de septiembre de 1923. Después de la primera semana de conferencia, a Alemania y a la Unión Soviética les preocupaba que se les enfrentara entre sí. Cuando uno de los ayudantes de Chicherin telefoneó a la delegación alemana (...) los alemanes no lo pensaron dos veces. (...) Ambos ministros de Exteriores no tardaron en redactar un acuerdo en que Alemania y la Unión Soviética establecían plenas relaciones diplomáticas, renunciaban a sus reclamaciones mutuas y se otorgaban, a la recíproca, la condición de nación más favorecida. (...) Al cabo de un año, Alemania y la Unión Soviética estaban negociando en secreto acuerdos de cooperación militar y económica. (...) el acuerdo de Rapallo (...) simbolizó un interés común que siguió acercando a los gobernantes soviéticos y alemanes durante el resto del período de entreguerras. (...) Lloyd George observaría, muchos años después: «Si Rapallo no hubiese existido, no habría habido Ruhr.» Pero también es cierto que si Gran Bretaña hubiese estado dispuesta a ofrecer garantías de seguridad a Francia, ésta no habría tomado una medida tan desesperada como ocupar la zona industrial de Alemania. Si Francia se hubiese mostrado más flexible en las cuestiones de las indemnizaciones y del desarme Gran Bretaña habría sido más accesible a la cuestión de la alianza... (...) Desde luego, la pesadilla máxima de Stalin era una coalición de todos los países capitalistas que atacaran simultáneamente a la Unión Soviética. En 1927, Stalin describió la estrategia soviética de igual manera que lo había hecho Lenin un decenio antes: «[...] mucho [...] depende de si logramos diferir la guerra inevitable con el mundo capitalista [...] hasta el momento [...] en que los capitalistas empiecen a luchar entre sí [...]» Para favorecer esta perspectiva, la Unión Soviética había firmado el acuerdo de Rapallo con Alemania en 1922 y el Tratado de Neutralidad de Berlín en 1926, que renovó en 1931, prometiendo explícitamente mantenerse al margen de una guerra capitalista. Henry Kissinger, Diplomacia (1994) Artículo 1º. Las altas partes contratantes garantizan individual y colectivamente, como se estipula en los artículos que siguen, el mantenimiento del statu quo territorial, resultante de las fronteras entre Alemania y Bélgica, y entre Alemania y Francia, y la inviolabilidad de dichas fronteras fijadas por el Tratado de Paz firmado en Versalles el 28 de junio de 1919, (...). Artículo 2º. Alemania y Bélgica, y también Alemania y Francia, se comprometen recíprocamente a no entregarse de una u otra parte a ningún ataque o invasión, y a no recurrir de una u otra parte en ningún caso a la guerra. (...) Artículo 3º. Tomando en consideración los compromisos respectivamente adquiridos en el artículo 2 del presente Tratado, Alemania y Bélgica y Alemania y Francia se comprometen a arreglar por vía pacífica y de la manera siguiente todas las cuestiones, de cualquier naturaleza que sean, que vengan a dividirlos y que no hayan podido ser resueltas por los procedimientos diplomáticos ordinarios... Artículo 4º. Si una de las altas partes contratantes estima que ha sido o es cometida una violación del artículo 2 del presente Tratado o una contravención del artículo 2 del presente Tratado (...), llevará inmediatamente la cuestión ante el Consejo de la Sociedad de Naciones.“ PACTO DE LOCARNO (16-octubre-1925) Gustav Stresemann, Joseph Austen Chamberlain, Aristide Briand y Benito Mussolini.