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PREHISTORIA UNIVERSAL, Apuntes de Prehistoria

Primera parte de la asignatura de Historiografía I, de tercer curso, primer semestre.

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 31/01/2019

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TEMA 1
1. TEORÍAS DE LA CULTURA Y MODELOS ANTROPOLÓGICOS
E HISTÓRICOS DE EXPLICACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA
PREHISTORICA
1.1 LA FORMACIÓN DE LA PREHISTORIA COMO CIENCIA: ANTICUARISMO Y
COLECCIONISMO ARQUEOLÓGICO
1.2 LA PREHISTORIA COMO CIENCIA: EL EVOLUCIONISMO
1.3 DE LA SÍNTESIS IMPERIAL DE TRIGGER AL NACIONALISMO DE KOSINNA
1.4 PREHISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES
1.5 IMPACTO DE LA NUEVA ARQUEOLOGÍA EN LA PREHISTORIA
1.6 LA ARQUEOLOGÍA POSTPROCESUAL
1.7 LA ARQUEOLOGÍA CONTEXTUAL
1. TEORÍAS DE LA CULTURA Y MODELOS ANTROPOLÓGICOS E
HISTÓRICOS DE EXPLICACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA PREHISTORICA
1.1 LA FORMACIÓN DE LA PREHISTORIA COMO CIENCIA:
ANTICUARISMO Y COLECCIONISMO ARQUEOLÓGICO
Adoptaremos la posición recogida en el texto de Renfrew y Bahn (1993)
por la que la historiografía de la Arqueología es algo más que una sucesión
cronológica de grandes descubrimientos. Así, pues, se trata de la historia de
cómo hemos llegado a ver esa realidad material con nuevos métodos, con
nuevas perspectivas. Por lo tanto, se trata de una historia de ideas, de su empleo,
de modos de mirar al pasado, y del desarrollo de métodos de investigación.
Para Fernández (1994) las primeras concepciones de la Prehistoria fueron
míticas, lo que quiere decir que se explicaba el origen de los hombres mediante el
recurso a una historia ligada a lo religioso y diferente de la experiencia humana.
Todo grupo humano muestra una curiosidad por el pasado, expresada en mitos,
leyendas, y tradición oral. El hombre siempre ha especulado sobre su pasado (de
ahí que la denominen Fase Especulativa) y las culturas tienen sus propios mitos
de la creación. Sin embargo, no hubo conciencia de que los restos del pasado
probaban las especulaciones filosóficas sobre el origen de la humanidad y su
historia. Las hachas pulimentadas eran recogidas con fines mágicos desde la
Antigüedad. Los útiles líticos eran considerados “piedras del rayo o del trueno”.
Por ejemplo, los iroqueses recogían como amuletos los útiles antiguos; y las
puntas de flecha pasaban por “cerrojos de los duendes”, amuletos protectores
gracias a los poderes mágicos. También era popular la idea de los antepasados
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TEMA 1

1. TEORÍAS DE LA CULTURA Y MODELOS ANTROPOLÓGICOS

E HISTÓRICOS DE EXPLICACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA

PREHISTORICA

1 .1 LA FORMACIÓN DE LA PREHISTORIA COMO CIENCIA: ANTICUARISMO Y

COLECCIONISMO ARQUEOLÓGICO

1 .2 LA PREHISTORIA COMO CIENCIA: EL EVOLUCIONISMO

1 .3 DE LA SÍNTESIS IMPERIAL DE TRIGGER AL NACIONALISMO DE KOSINNA

1 .4 PREHISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES

1 .5 IMPACTO DE LA NUEVA ARQUEOLOGÍA EN LA PREHISTORIA

1 .6 LA ARQUEOLOGÍA POSTPROCESUAL

1 .7 LA ARQUEOLOGÍA CONTEXTUAL

1. TEORÍAS DE LA CULTURA Y MODELOS ANTROPOLÓGICOS E

HISTÓRICOS DE EXPLICACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA PREHISTORICA

1 .1 LA FORMACIÓN DE LA PREHISTORIA COMO CIENCIA:

ANTICUARISMO Y COLECCIONISMO ARQUEOLÓGICO

Adoptaremos la posición recogida en el texto de Renfrew y Bahn (1993) por la que la historiografía de la Arqueología es algo más que una sucesión cronológica de grandes descubrimientos. Así, pues, se trata de la historia de cómo hemos llegado a ver esa realidad material con nuevos métodos, con nuevas perspectivas. Por lo tanto, se trata de una historia de ideas, de su empleo, de modos de mirar al pasado, y del desarrollo de métodos de investigación. Para Fernández (1994) las primeras concepciones de la Prehistoria fueron míticas, lo que quiere decir que se explicaba el origen de los hombres mediante el recurso a una historia ligada a lo religioso y diferente de la experiencia humana. Todo grupo humano muestra una curiosidad por el pasado, expresada en mitos, leyendas, y tradición oral. El hombre siempre ha especulado sobre su pasado (de ahí que la denominen Fase Especulativa) y las culturas tienen sus propios mitos de la creación. Sin embargo, no hubo conciencia de que los restos del pasado probaban las especulaciones filosóficas sobre el origen de la humanidad y su historia. Las hachas pulimentadas eran recogidas con fines mágicos desde la Antigüedad. Los útiles líticos eran considerados “piedras del rayo o del trueno”. Por ejemplo, los iroqueses recogían como amuletos los útiles antiguos; y las puntas de flecha pasaban por “cerrojos de los duendes”, amuletos protectores gracias a los poderes mágicos. También era popular la idea de los antepasados

gigantes, siguiendo la teoría de la degeneración o degradación, por el alejamiento de la Revelación divina. Los restos del pasado entraban en las prácticas religiosas de las primeras civilizaciones (citar a los aztecas, a diversos cultos egipcios, o al museo de Bel- Shalti-Nannar, hija de rey neobabilonio Nabónido). Los monumentos y los registros escritos del pasado constituían el vínculo tangible con etapas cercanas a la creación y, por tanto, un medio de aproximación al prototipo sagrado de civilización. En Grecia, citar el texto de Tucídides sobre los restos Carios en Delos, o al de Pausanias, quien en el siglo II a.C. mencionaba las ruinas de Micenas y Tirinto y una supuesta lanza de Aquiles conservada en el templo de Atenea en Phaselis. Algunas tumbas fueron abiertas por atenienses y romanos, siendo en algún caso merecedoras de comentarios literarios. Para Trigger (1993) el sentimiento de discontinuidad y diversidad en el origen de las civilizaciones europeas estimuló un interés por la arqueología como fuente de artefactos y escritos. Esta situación se diferencia de la gran continuidad que se registra en China y Japón, donde se estimula el desarrollo de la arqueología como fuente de información sobre las antiguas culturas escritas, sin evolucionar hasta los años 20 del siglo XX. Sin interés por trascender la mera especulación. En China, la atención sobre las antigüedades sólo tenía un carácter de curiosidad o reliquia familiar. Los textos históricos formaban un auténtico género literario, donde se encuadran el mapa arqueológico de Li Daoyuan, las vasijas de bronce de la dinastía Shang (1770-1050 a.C.), desenterradas durante la dinastía Song (96 0 - 1279 d.C.), que todavía forman parte de la colección imperial de Beijing, y la tabla para el estudio de las antigüedades - 210 objetos de bronce y 13 de jade-, conocida como Kaogutu, obra de Lu Dalin en 1092. En Japón durante el período Tokugawa (1603- 18 48), tanto samuráis como comerciantes coleccionaron y describieron artefactos antiguos, además de registrar túmulos funerarios y otros monumentos. Los casos de la India y el mundo árabe se relacionan con un origen religioso. Durante el medioevo se creía que las únicas noticias sobre tiempos pasados estaban contenidas exclusivamente en la Biblia, en los libros clásicos y en los registros históricos que incorporaban tradiciones de épocas más oscuras. Los eruditos medievales eran todavía menos conscientes de los cambios históricos en la cultura material que los griegos o los romanos. El mundo tenía un origen sobrenatural y reciente: los rabinos judíos señalaban el 3700 a.C.; católicos, como Clemente VIII, concretaban en el 5199 a.C.; y anglicanos, como Ussher, ya en el siglo XVIII, emplazó el 4004 a. C. Una primera Creación se efectuaría en el jardín del Edén (Próximo Oriente), y una segunda en la Torre de

los que, por ejemplo, Stukely se percató de que las huellas geométricas que los agricultores veían en los cultivos no eran más que cimientos de ruinas. Todos los restos se interpretan con los textos, así los prehistóricos son los bretones; sajones, daneses y romanos. La mencionada situación nacional se reproduce en Escandinavia donde los historiadores del Renacimiento se interesaron, tan pronto como en Inglaterra, bajo patrocinio real en la descripción de antigüedades, explicaciones relativas y secuenciales, y la creación de Museos. Esto decayó a fines del XVII. En Suecia en 1666 se estableció un colegio de Anticuarios en Uppsala y se promulgaron leyes proteccionistas. En Europa Central el nuevo enfoque científico no contribuyó a mejorar el conocimiento de la Prehistoria. Los siglos XVI y XVII marcaron el inicio de la exploración y colonización del Nuevo Mundo por Europa. ¿Quiénes eran y de dónde vinieron? En 1589 José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias , hablaba de los cazadores nómadas que cruzaron el estrecho de Bering. Se conocieron intentos por destruir los monumentos indígenas, junto a la conservación, por ejemplo, en un convento de una colección de hachas de piedra en Quebec ( 1700 ). Bartram, en 1789, estudió las estructuras ceremoniales de los Creek del Sureste de los Estados Unidos como base para la interpretación de los yacimientos prehistóricos de la región. Se descubren grupos que no sabían trabajar los metales y que estaban alejados del centro civilizador del Próximo Oriente. Pero, poco a poco, se fue haciendo una visión alternativa que esbozaba paralelos entre los pueblos primitivos modernos y los prehistóricos europeos. De este modo, los instrumentos de piedra hallados en Europa se debían a factura humana. A principios del XVI, Pedro Martir de Anglería relacionó los nativos de las Indias con las tradiciones clásicas de una edad de oro primigenia. En esta línea se expresaron durante el siglo XVI Agrícola y Mercati, quien explicó cómo se hacían los instrumentos tallados. En Inglaterra se atribuyeron a los bretones, y se comparan con las del Nuevo y Novísimo Mundo. En 1655, La Peyrère ponía en tela de juicio los métodos bíblicos y decía que las piedras de trueno pertenecían a una raza “preadanita”. En un mundo ajeno a la evolución biológica no era evidente la diferente factura de un hacha de piedra y de un fósil. En 1669, Steno identificó la naturaleza de los fósiles. En Francia en 1719, Bernard de Montfauçon publicó una memoria de una tumba megalítica, con hachas de piedra pulimentada y anterior al uso del hierro. Hay precursores como Jussieu sobre los pulimentados a principios del XVIII, y Lafitau, quien empleó el método comparativo y el relativismo cultural en sus estudios sobre Canadá. En 1776 el historiador militar

Joaquín Martín y Mendoza creyó que antes de los metales las armas eran de piedra y hueso enmangados, como las de los indios americanos. Los Estados Unidos fueron el único país fuera de Europa que desarrolló su propia investigación arqueológica antes de terminar el XIX. Entre 1780 y 1860 la arqueología practicada en el centro y el oeste pasó por una fase anticuarista, como en Inglaterra y Escandinavia entre el 1500 y el 1800. A fines del XVIII los militares de Ohio trazaron planos de túmulos y terraplenes. La filosofía ilustrada del siglo XVIII, inicialmente desde Francia, formuló una visión evolucionista de la historia, cuyas claves fueron:

  • Igualdad entre todos los grupos humanos, las diferencias culturales se explican por el medio ambiente o la Historia.
  • El progreso cultural es la característica dominante de la Historia Humana.
  • El progreso caracteriza no sólo el desarrollo tecnológico sino todos los aspectos de la vida.
  • El progreso perfecciona la naturaleza humana.
  • El progreso es el resultado del ejercicio de un pensamiento racional dirigido a mejorar la condición humana. Entre los autores que escribieron sobre la evolución unilineal y el progreso podemos citar a Voltaire (Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones, 1745); Montesquieu (1687-1755); Condorcet (1743-1794); Adam Smith (1723-1790); Adam Ferguson (1723-1816); William Robertson (1721-1793); y Rousseau (1712-1778), quien primero dio un enfoque histórico. La ilustración propició un renovado interés por los enfoques materialistas y evolucionistas del desarrollo cultural. A principios del XVIII, los autores franceses se habían familiarizado tanto con Lucrecio, como con la evidencia del uso de herramientas de piedra en Europa. También conocían los textos clásicos y bíblicos que sugerían el uso del bronce antes que el hierro. En 1734, Mahudel propuso la idea de las tres edades: piedra, bronce y hierro. Idea repetida por Montfauçon. En 1758 esta teoría de las tres edades fue traducida al inglés de un libro de Goguet, también por eruditos escandinavos. A pesar de tener un número creciente de seguidores, la teoría de las tres edades permaneció como algo tan especulativo como en los tiempos de Lucrecio. Con estos mimbres se entreteje la primera Arqueología, cuyo primer paradigma es de carácter universal, al que sólo interesa el hecho histórico, sobre todo el que proviene de latinos y griegos, que hoy constituye un campo especializado – la Arqueología clásica. Como hemos dicho, es la Fase Especulativa, que de un modo normativo se la hace finalizar con la primera excavación de planteamiento científico, la de Thomas Jefferson en un túmulo

Los estudios comenzados por los historiadores de Indias españoles desde el siglo XVI, continuado en el XVIII con excavaciones de cementerios indios conducen a las disciplinas etnológica y antropológica. Las sociedades nativas se suponían estáticas y la evidencia de cambio en el registro arqueológico cuando se tenía en cuenta (hay que entender las deficiencias de la disciplina), se atribuía

  • por analogía con su propio proceder- más a migraciones que a un dinamismo interno. Había que dar nombre a esta realidad, y cultura fue el término adoptado. De origen ilustrado francés pasó a Alemania, usándose de forma variada. En 1871, Tylor en Primitive Culture la definía como: “el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”. Varios arqueólogos de manera independiente llamaron cultura o civilización a conjuntos materiales restringidos especio-temporalmente e identificados como grupo étnico. Trigger (1993) señala para las décadas de los 60’ y 70’ del XIX el alineamiento de la arqueología prehistórica y la etnología en Europa occidental y los Estados Unidos – por ejemplo, Primitive culture de Tylor y Nacient Society de Morgan-, debido al denominador común evolucionista. En Europa el camino se recorrió tras la creencia en la evolución cultural unilineal que los filósofos ilustrados hacía tiempo habían ideado. Durante el siglo XIX, la ilustrada creencia en la unidad psíquica de la humanidad sucumbe ante el nacionalismo, sentando las bases de la poligénesis y el racismo. La Prehistoria no llegó a constituirse realmente hasta mediados del siglo XIX, para ello debió contar con la Geología, principalmente del Cuaternario. La teoría de la tierra de Hutton fue conocida en 1785, siendo seguida en 1833 por los Principios de Geología de Charles Lyell. La geología contradecía el modelo bíblico, por lo que se intentó conciliarlos: Cuvier propuso compaginarlos mediante catástrofes o inundaciones, mientras que Bufón elevó la edad de la tierra a 80000 años para que pudieran entrar todos los diluvios. El hombre y los animales fueron creados después del penúltimo desastre. Esto se complica con el descubrimiento de piedras talladas en el Hoxne (Frere) y en el norte francés (Boucher de Perthes en Antigüedades célticas y antediluvianas , 1846), junto a huesos, a veces humanos. El hombre pasó de lo divino al mundo de la Geología y la Biología. E. Lartet propuso las edades del oso, mamut, reno y bisonte, según el animal predominante. G. Mortillet añadió las etapas Musteriense, Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense al Achelense y Abbeviliense de Boucher de Perthes. El último tercio del XIX fue un caldo de cultivo de polémicas – algo más que científicas- donde destaca la habida entre Sautuola y Cartailhac sobre las pinturas

de Altamira (1879). En esta época, el descubrimiento de las glaciaciones por Bruckner y Penck (1884) era un hecho. El planteamiento de un estudio científico de los orígenes humanos surgió antes de que Darwin, que había sido discípulo del geólogo Lyell, publicara su “Origen de las Especies” (1859) y “El origen del hombre” (1871), en el marco de la polémica evolucionista. Pocos años antes H. Spencer avanzaba el evolucionismo filosófico y científico. Pero no todo el mundo aceptaba una visión evolucionista del registro arqueológico. Los arqueólogos durante la última parte del XIX y principios del XX se hallaron entre la Biblia y el evolucionismo. Con malformaciones tan curiosas como el degeneracionismo de Whately. Lewis Henry Morgan (1818-1881) estudió las relaciones de parentesco en “La liga de los iroqueses” de 1851. Aunque los términos ‘exogamia’ y ‘endogamia’ fueron propuestos por John Ferguson McLenan en ‘El matrimonio primitivo’. Morgan, en ‘Sistemas de consanguinidad y afinidad de la familia humana’ (1870), descubrió que las terminologías de parentesco eran correlativas con las formas de matrimonio y las reglas de dependencia. Para analizar las relaciones de parentesco diferenció dos modos:

  • Clasificatorio: agrupa los parientes en una clase común, es decir, no diferencia relaciones de consanguinidad o matrimonio (más primitivo y todos están emparentados).
  • Descriptivo: incluye parientes en línea directa, como yerno o suegro (culturas semíticas), conlleva al matrimonio individual. Planteó la existencia de linajes corporativos y exógamos (Gens) y realizó la primera clasificación de la familia, en 5 formas diferentes: consanguínea; turánida o punualense (se distingue entre las hermanas y las primas); la monógama o nuclear y las formas intermedias sindiamense y patriarcal. En La sociedad primitiva o investigaciones sobre las líneas del progreso humano, desde el salvajismo hasta la civilización pasando por la barbarie (1877) dividió en 7 estadios la evolución de las sociedades humanas: 1 salvajismo Inferior: recolección de frutos; 2 salvajismo Medio: pescado, fuego y lenguaje; 3 salvajismo Superior: arco y flechas; 4 barbarie Inferior: invención de la cerámica; 5 barbarie Media: domesticación en el Viejo Mundo y regadío en el Nuevo; 6 barbarie Superior: metales; 7 civilización: escritura. Influyó en Engels (1884) Los orígenes de la propiedad privada, la familia y el estado ; lo cual motivó críticas y rechazo de autores posteriores, como R. Lowie.

sucesivas, piedra, bronce y hierro, quedó plasmada en la Guía de antigüedades nórdicas de Thomsen. Durante la primera mitad del XIX, la arqueología continuó desarrollándose en Escandinavia como la disciplina que trataba de la evolución de las formas de vida a través de la Prehistoria. Worsae ayudó a conformar la cronología de su maestro Thomsen con excavaciones. Por otro lado, Nilsson se interesó por determinar el uso de útiles de piedra y hueso por etnografía comparada. El sistema de las tres edades se transmitió a Escocia, donde Wilson aplicó el esquema, comprobado que, aunque los estadios eran similares, los artefactos diferían estilísticamente. Aquí se acuño el término de Prehistoria en 1851. El esquema escandinavo también se extendió a Suiza, donde en la sequía de 1853, habían visto la luz los conocidos poblados lacustres. Para Trigger no se trata de algo casual que esto surgiera en Escandinavia, Escocia y Suiza, con el desarrollo de una nueva técnica de datación relativa adecuada al material arqueológico, con anterioridad al uso de mecanismos de datación, tomada prestada de disciplinas como la geología o la biología. 1.3 DE LA “SÍNTESIS IMPERIAL” DE TRIGGER AL NACIONALISMO DE KOSINNA El libro de J. Lubbock (Lord Avebury) Pre-historic Times (1865), fue el más influyente del siglo XIX, y en él se separó el Paleolítico del Neolítico. Este trabajo se complementó con Prehistoric Phases, or Introductory Essays on Prehistoric Archaeology (1872) de Westropp, donde ya aparecía el Mesolítico. Lubbock era vecino y un seguidor de la evolución cultural unilineal de Darwin. Como resultado de la selección natural, los grupos humanos se habían diferenciado tanto culturalmente como en las capacidades biológicas para usar la cultura, así se consagraba el “determinismo social”. De modo análogo, los europeos de clase baja eran biológicamente inferiores a los de clase media y alta, era la explicación “científica” de la desigualdad social. Estos enfoques justificaban la colonización porque el objetivo era el progreso general humano. Las sociedades primitivas modernas podrían arrojar luz sobre el comportamiento de los prehistóricos europeos. Se asumía que la forma de vida de las tribus prehistóricas no había cambiado a lo largo del tiempo

  • como en la Prehistoria del Viejo Mundo-, lo que subordinaba la investigación arqueológica a la etnológica. En América se desarrolla una arqueología colonial de corte antropológico, donde el estudio sistemático de las pocas variaciones culturales se dirigió hacia la definición de modelos geográficos más que cronológicos. Los exploradores y misioneros achacaban a las sociedades

complejas del África subsahariana que la agricultura, la metalurgia, el arte y el urbanismo habían sido introducidos desde Egipto o el Próximo Oriente. Incluso en el caso de Zimbabwe se pensó en una colonización prehistórica blanca del sur de África. Años después arqueólogos profesionales británicos demostraron que estas ruinas eran de origen bantú y que databan de la era cristiana. Otra característica de la arqueología colonial africana es el interés por los estudios paleolíticos ( The Stone Age Cultures of Kenya Colony , Leakey, 1931). El paradigma utilizado, el europeo-francés, se comprobó poco útil. En Australia, los estudios sobre las costumbres de los aborígenes comenzaron con los primeros exploradores y colonizadores europeos. En la segunda mitad del XIX los etnólogos de Europa y América alentaron los estudios sobre los aborígenes, los más antiguos conocidos por la antropología. En Nueva Zelanda ya en 1843 los colonos se habían percatado de que algunos útiles aparecían junto a animales extintos. El tema central de investigación fue el del origen de los maoríes, los indígenas pobladores a la llegada de los europeos. Llegados a este punto quiero apuntar las características” colonialistas” de la Prehistoria española durante el siglo XIX. Se inscribe en los parámetros definidos con anterioridad, si bien transmitiendo el consabido retraso de la época. En el marco del anticuarismo, a principios de siglo, por ejemplo, Mitjana estudió la Cueva de Menga, o en 1818 Juan Ramis escribió sobre los talayots de Menorca. Un ejemplo de esto que decimos lo vemos en la pronta aparición de restos humanos en Gibraltar (1848), no conocidos hasta tiempo después de los del valle de Neander (1856). La llegada de investigadores europeos como Verneuil, Lartet y, años después los hermanos Siret, se enmarca en la venida a España de mano de obra cualificada para la industria minera, necesitada de tecnología y, en concreto, de estudios geológicos. Verneuil y Lartet tuvieron un papel muy importante en el estudio de los areneros de San Isidro, en Madrid, sobre todo después de la periodización publicada por este último (1861), continuada al año siguiente por los trabajos de Casiano del Prado. En 1861 J, Vilanova publicó el Manual de Geología aplicada a la Agricultura y a las artes industriales. La investigación, principalmente en Francia y el Reino Unido, abren el camino. En 1863, Falconer y Busk, que habían estado en Gibraltar, influyeron en Machado, a la sazón profesor de Historia Natural de la Universidad de Sevilla. En 1866, Tubino funda la Revista de Bellas Artes e Histórico-arqueológica. En 1867 J. Amador de los Ríos, a propósito de los hallazgos de Cerro Muriano (Córdoba), defendió ante la Real Academia de la Historia la clasificación de las cuatro edades y la alta antigüedad de la humanidad.

lineal de causas y consecuencias constituiría la síntesis, objetivo último el trabajo histórico, siguiendo un esquema dialéctico. Es la época de los grandes repertorios documentales o monumenta corporea. La historiografía positivista introdujo el rigor en el tratamiento de las fuentes y en los dibujos y primeras fotografías, además de estimular el desarrollo del uso disciplinas y ciencias auxiliares como la historia, la geología, la biología, la geografía, la antropología o la etnografía. Esto es evidente en lo que respecta a la estratigrafía, la seriación, la clasificación y el conocimiento del modo de vida pasado. A fines del XIX los arqueólogos clásicos idearon formas de recuperar la información para contrastar los escritos. Uno de los pioneros del análisis estratigráfico fue Fiorelli en Pompeya. En el Egeo y Grecia le continuaron Conze y Curtius (excavaciones en Olimpia). El informe de Samotracia fue el primero en contener plantas de arquitectura y fotos. Dorpfeldt, que había estado en Olimpia, continuó la labor de Schliemann en Troya. Estas técnicas se difundieron por todo Oriente Próximo: Petrie, en Egipto y Palestina, y Reisner, quien introdujo el dibujo de secciones en Egipto. Hasta 1870 el interés prehistórico se había centrado en el registro de idealizadas secciones cruzadas. Pitt Rivers (suegro de J. Lubbock) cambió esto, al introducir las zanjas en ángulo recto, dejando testigos y anotando cuidadosamente los hallazgos en sus contextos. Su trabajo, enfocado al conocimiento de la historia de cada yacimiento, marcó una mejora general de los informes arqueológicos. Este cambio historicista ocurrió lentamente, la primera figura fue O. Montelius, quien viajó por Europa y mejoró el método de seriación de Thomsen. Las agrupaciones representaban subdivisiones de las edades, una secuencia cronológica. Montelius vio en esta secuencia un proceso lógico y natural, así que asimiló la cultura material con los organismos biológicos. A pesar de la división realizada, observó una gran variación regional dentro de cada división y no aceptó la idea de que en todos los lugares de Europa se adoptara el mismo nivel de desarrollo al mismo tiempo. Las técnicas de seriación también se afinaron para responder al creciente interés histórico. La cronología de Petrie para el Egipto predinástico difería de la seriación de Montelius en los intervalos definidores, en algunos casos inferiores a una década y no en períodos de cientos de años. La seriación de Petrie dependía de la aparición individual o no aparición en los hallazgos cerrados de un gran número de tipos diferentes mientras que la "seriación de frecuencia" de Kroeber (1916, en los indios Zuñi) dependía de las frecuencias variables de un número más pequeño de tipos. Los atributos estilísticos de la cerámica proporcionaban un índice m s sensible al

cambio que las instrumentos de piedra o metal estudiados por Thomsen o Montelius. El interés creciente por la forma de vida de los diferentes grupos europeos durante tiempos prehistóricos, estimulado por el nacionalismo, pero que hunde sus raíces en la arqueología escandinava del XIX, llevó a prestar atención a ciertos datos que antes no se habían considerado. Por ejemplo, los agujeros de poste, hogares, muros, restos de talla y restos de flora y fauna. El principal objetivo de estas investigaciones era reconstruir una impresión visual de la vida pasada. Estas impresiones se reconstruían mediante dibujos o museos al aire libre, por ejemplo, el Museo Skansen en Estocolmo. Siguiendo la narrativa de B. Trigger, convenimos que hacia los años finales del XIX el evolucionismo cultural de carácter universal fue sustituido por la desconfianza en el progreso tecnológico, y por un nacionalismo que convirtió a la etnicidad en el factor más importante de la historia humana. La aparición del nacionalismo en escena ya la hemos mencionado con anterioridad. Pero se trataba de un nacionalismo revolucionario, del propio de la constitución de los Estados-Nación. Esta segunda oleada nacionalista, que podemos denominar como “nacionalismo real” se liga al ascenso de las clases burguesas y conservadoras. La preocupación por problemas históricos y étnicos llevó a prestar más atención a la distribución geográfica de los diferentes tipos y conjuntos de artefactos, en un esfuerzo por relacionarlos con grupos humanos. La desilusión intelectual por el progreso, junto con la idea de que el comportamiento humano estaba biológicamente determinado, produjo un creciente escepticismo sobre la creatividad humana. Se decía que los seres humanos eran contrarios por naturaleza a alterar su vida. Esto conllevó el desprestigio del concepto de desarrollo independiente, ya que se creía que era improbable que algunas invenciones se produjeran repetidamente a lo largo de la historia. Era difícil precisar si un grupo pudo haber copiado de sus vecinos cualquier invención útil. Así pues, se impusieron las teorías difusionistas o migratorias para explicar el cambio cultural. No resulta extraño que estas ideas, principalmente promovidas por Ratzel, de la escuela histórico-cultural vienesa, cuya opción más trascendente fue la de colocar el centro cultural primario en Asia Central, se engendraran en el marco de la unificación alemana y su transformación imperial. En América, el principal representante de la Escuela Americana fue Franz Boas (1858- 1881 ), quien dibujó las líneas básicas que anticiparon el funcionalismo. La idea central era considerar la cultura como una totalidad, un conjunto de elementos integrados. Su metodología buscaba pruebas concretas

Egipto, y su difusión gracias a los mercaderes. Éste, junto a Graebner (1877- 1942), y Rivers (1864-1922), ya citado, fueron los más destacados representantes del difusionismo antropológico, que representó una reacción a las ideas evolucionistas de unilateralidad. Esto es, al evolucionismo universal de acuerdo con leyes determinadas. Así, esta escuela se centró en la similitud de objetos pertenecientes a diferentes culturas y especulaciones sobre la difusión de estos objetos entre culturas. Así, un objeto se había inventado una sola vez en una sociedad en particular y a partir de allí se expandía a través de diferentes pueblos. En definitiva, el difusionismo, en contraste con el evolucionismo que postula un desarrollo paralelo entre civilizaciones, enfatiza el contacto cultural y el intercambio, de modo tal que el progreso cultural mismo es comprendido como una consecuencia del intercambio. De esta forma, al producirse un contacto entre dos culturas, se establece un intercambio de rasgos asociados que pasan a formar parte de la cultura que los ha tomado en calidad de "préstamo". El ‘préstamo cultural’ es el traspaso de elementos culturales a través de un proceso selectivo en el que los rasgos que más se adaptan a la cultura son asimilados, transformando incluso en su función. Se consideran aportes del difusionismo la importancia otorgada a la interrelación entre los fenómenos culturales, la notable acumulación de información etnográfica y la insistencia en los trabajos de campo. El historicismo cultural se fundamenta en la teoría de los ciclos culturales. En esta teoría el hombre ya no está sujeto a leyes, de modo que el desarrollo de la humanidad es el producto del esfuerzo particular e individual. Esto proporcionó un modelo para los arqueólogos nacionales y sigue siendo el enfoque dominante. De este modo, se distinguieron pueblos de vanguardia, dotados de una superioridad creadora, de otros tendentes a la imitación, en cualquier caso pasivos respecto a la creación independiente (pueblos activos y pueblos pasivos). Es un buen momento para hablar de ciclos y tendencias a la imitación. La figura más destacada en el inicio de esta corriente fue G. Kossinna. Definió el concepto de cultura arqueológica en Die Herkunft der Germanen (1911). Las culturas son un reflejo de la etnicidad. La continuidad cultural indicaba continuidad étnica. Fue el primero en aplicar el concepto de cultura arqueológica de forma sistémica y en emplear el enfoque histórico al estudio de una región. Toda difusión ha de contemplar una migración. Su trabajo marcó la sustitución del enfoque evolucionista por el histórico. Ordenando los datos arqueológicos de cada período según distintas culturas, buscó documentar cómo habían vivido los europeos y cada uno de los ancestros de los grupos modernos. Su enfoque

ofrecía a un medio para explicar la creciente evidencia recogida sobre variaciones geográficas y cronológicas. Para Trigger (1993), Kosinna fue un innovador y su trabajo fue importante en el desarrollo de la arqueología (y del racismo nazi, algo no tan alejado de lo que se estaba haciendo en las colonias). Con respecto a la Prehistoria, por un lado enfatizó el pasado más reciente en detrimento del Paleolítico y, por otro, prestó atención a los logros políticos y culturales de las antiguas civilizaciones indígenas. En Alemania, la escuela de Tübingen, inició sus investigaciones a principios del XX con Schmidt. Ya tuvo preocupación por la fauna y el medio ambiente. Hasta los años 70, con Müller-Beck no hubo una transformación sustancial. Hay que destacar la continuidad historiográfica, el rigor del registro, la superación de los esquemas normativos y la fortaleza de modelos etnohistóricos que a partir de bases antropológicas son contrastados en el registro arqueológico. Comprueban que en los cazadores-recolectores existen relaciones sociales y modelos de agregación con relación a la estructura socioeconómica de estas sociedades (Ramos 1999,48-55). Ramos señala para la escuela alemana la tradición en los estudios paleolíticos (hallazgos de neandertales) y los estudios geológicos. En España, los primeros años del siglo XX supusieron la continuidad de las pautas anteriores, en concreto nos referimos a la participación de prestigiosos investigadores extranjeros, como E. Breuil, H. Obermaier, quien en 1916 publicó su primera edición de El Hombre fósil , o A. Schulten, con Tartessos (1924). Las novedades se centraron en los aspectos político-administrativos: en 1912 se creó la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades; en 1913 la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas; y en 1914 el Servei d'Investigacions Arqueologiques del Institut d'Estudis Catalans. En Cataluña destacó la figura de P. Bosch Gimpera, hasta 1936. 1 .4 PREHISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES. EL FUNCIONALISMO En el Reino Unido los etnólogos reaccionaron contra el difusionismo de E. Smith, sustituyéndolo por el enfoque estructural-funcionalista de Malinowski (1884-1943) y Radcliffe-Brown (1881- 1955 ) (en obras de 1922 Argonauts of the western Pacific y The Andaman islanders , respectivamente). Para ambos el comportamiento humano se entendía mejor en relación con el sistema social, entendido como conjunto de elementos funcionalmente interdependientes (Antropología social). Rechazaban toda interpretación evolucionista e histórica por especulativa, y argumentaban que el estudio comparativo de la estructura y

cambio. Los métodos abstractos y las clasificaciones de las primeras se consideraban inaplicables a la segunda, ya que ésta debía enfrentarse a individuos y grupos que viven una sola vez y cuyas personalidades únicas tan sólo pueden comprenderse mediante el ejercicio del conocimiento intuitivo del historiador. Las consecuencias de esta actitud fueron muy negativas para la construcción científica de la historia ya que, al negarse la posibilidad de un acercamiento sistemático al pasado y al ensalzarse el papel de la intuición, se abrieron las puertas al subjetivismo y al relativismo, lo que acabaría provocando una enfermiza preocupación por lo particular y la inmersión en el detalle más meticuloso. Sin embargo, durante el período de entreguerras la historia comenzó a recibir el auxilio de las modernas ciencias sociales, afianzándose la idea de que ambas comparten los mismos objetivos (Havet 1981,349-350). A partir de entonces estas disciplinas se han convertido en colaboradoras indispensables de la ciencia histórica, que se ve abocada así a mantener un constante diálogo con cada uno de los sectores de las ciencias del Hombre, según F. Braudel. La sociología, que se constituyó como ciencia gracias a la obra de E. Durkheim (1858- 1917 ), y M. Weber, realizó una notable aportación a la historia. El primero sentó la premisa del método sociológico al considerar que los hechos sociales deben estudiarse aisladamente de sus manifestaciones concretas, orientando el análisis hacia la función que cada hecho social cumple en su medio (Durkheim 1985). Abriría la escuela sociológica francesa, de singular interés para nuestra disciplina gracias al L’Essai sur le don de M. Mauss (1852-1950), y señalará que ninguna disciplina humana podría construir conceptos o clasificaciones para interpretarlos aisladamente, la consecuencia directa de esta idea sería el rechazo al método comparativo. Otros autores franceses fueron Levy-Brhul (1857-1939), y Ch. A.van Gennep (1873-1957). Por su parte, Max Weber propugnó el método de “tipos ideales” (idealtypen) (Weber 1974, 7 - ss.), con la intención de enfrentar la crítica neokantiana que pretendía reducir la historia al estudio de lo individual. Su obra historiográfica se centró en esta propuesta de método comparativo que aislaría los elementos más importantes y estudiaría su actuación en distintos contextos para poder emitir conclusiones acerca del significado actual. Los historiadores aprendieron de los sociólogos algo que hoy día es asumido como piedra angular de la historiografía: que una síntesis descriptiva de los acontecimientos o la reunión de unos cuantos ejemplos de modo impresionista no pueden obviar la necesidad de llevar a cabo la integración teórica de estos datos (Havet 1981, y 370).

La antropología social británica, cuna del funcionalismo, estaba basada en la obra de Durkheim, quien consideraba a las sociedades como sistemas compuestos de elementos interdependientes. Las sociedades estaban constituidas funcionalmente, es decir, formaban sistemas integrados cuyas instituciones se hallaban interrelacionadas como las partes de un organismo vivo y donde cada una de esas partes cumplía una función específica dentro de ese sistema para el funcionamiento de este y el mantenimiento de “cierta estabilidad” (Trigger 1993). Para Durkheim, el objetivo de los estudios era comprender las relaciones sociales y que el origen del progreso social debía ser desentrañado a partir de la constitución interna de los grupos humanos. Las sociedades constituían sistemas integrados, donde un cambio afectaba al conjunto. La antropología social y la sociología de Durkheim provocaron en los arqueólogos un interés por desentrañar el funcionamiento de las culturas prehistóricas a modo de sistemas, sobre todo por las limitaciones de los enfoques histórico-cultural y difusionista. Pero la óptica funcional aplicada a los datos arqueológicos se había iniciado antes del desarrollo de la antropología social en forma de funcionalismo ambiental. Los principios del funcionalismo definidos por B. Malinowski en Una teoría científica de la cultura , relacionan tres dimensiones, artefactos, grupos originados y simbolismo, en el proceso cultural: A) La cultura es un patrimonio instrumental para la solucionar problemas de su ambiente. B) Es un sistema de objetos, actividades y actitudes. C) Conjunto integral de elementos interdependientes. D) Estos objetos actividades y actitudes se organizan en torno a la familia, el don, la localidad y la tribu. Por el tipo de actividad, la cultura se puede analizar: educación, sociedad, economía. Sistemas de conocimiento, ciencia y moralidad y modos de expresión artística y creadora. No obstante, los principios teóricos del funcionalismo, aparte de Childe, no se desarrollaron hasta los años 40, en el contexto de la Antropología Cultural Americana, como el “método conjuntivo” de X. Taylor, seguido por Willey. Explicación Interpretación procesal Etnología Descripción Integración histórica Etnografía Observación Trabajo de campo Trabajo de campo Observación Arqueología Antropología cultural En 1929 se publica el primer número de Annales d’Histoire Economique et Sociale , bajo el auspicio de Marc Bloch y Lucien Febvre. En torno a ella, un