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Asignatura: Grupos, Profesor: Jose Carlos Sanchez, Carrera: Psicología, Universidad: USAL
Tipo: Apuntes
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Los procesos intergrupales hacen referencia a los factores que gobiernan la conducta y actitudes de las personas hacia los miembros del exogrupo. Lo cierto es que existen pocos estudios sobre el tema, no fue hasta la segunda Guerra Mundial cuando creció el interés y fue gracias a aportaciones de autores como Dollar, Adorno, Sherif, Allport…
Pero no fue hasta la década de los 80, con las aportaciones de la psicología social europea, cuando surgió la consolidación de la investigación de las relaciones intergrupales. Este renovado interés por los procesos intergrupales ha venido de la mano de la teoría de la identidad social y de la teoría de la categorización del yo.
Desde la perspectiva psicosocial, el estudio de las relaciones intergrupales supone analizar las relaciones que establecen las personas entre sí en cuanto miembro de un grupo. En este sentido el comportamiento intergrupal ha de entenderse como:
“aquel que se da siempre que los individuos que pertenecen a un grupo interactúan colectiva o individualmente con otro grupo o con sus miembros en términos de su identificación de grupo. Sherif”.
Este comportamiento intergrupal tendrá lugar cuando:
a) Existan al menos dos categorías sociales claramente identificables. b) No exista variabilidad entre las personas en cada categoría, en sus percepciones, actitudes o conductas. (uniformidad). c) Cuando existan percepciones de baja variabilidad respecto a los otros miembros del grupo (homogeneidad intracategorial).
Estas tres categorías nos permiten diferenciar los contextos en los que las personas actúan como miembros de un grupo (conducta intergrupal), y en los que actúan como individuos (conducta interpersonal).
El marco teórico que aquí adoptamos es, básicamente el de la psicología social europea. Y el tratamiento psicosocial se ha centrado en las situaciones de carácter conflictivo como aquellas que se reflejan al manifestarse los prejuicios, los estereotipos y la conducta discriminativa., aunque también hemos de contemplar la cooperación y la competición como dos facetas complementarias de las relaciones intergrupales. No obstante el estudio de las relaciones conflictivas ha sido el que más se ha desarrollado desde esta perspectiva.
Estructuralmente el estudio de las relaciones intergrupales se divide en dos grandes perspectivas: individualista y grupal.
Tres orientaciones teóricas:
Las teorías más representativas de estas tres orientaciones son:
Teoría del chivo expiatorio.
Esta teoría desarrollada por Dollard y cols. Mantiene que la frustración es condición necesaria y suficiente para que se de el comportamiento agresivo. Cuando esté no puede proyectarse en la causa que lo provoca entonces se desplaza a otros blancos (chivos expiatorios) a otros grupos considerados distintos y más débiles que el propio grupo.
Con estos supuestos se trato de explicar el crecimiento del antisemitismo en Alemania en el periodo comprendido entre las dos G.M.
Según estos autores Hitler encontró una audiencia receptiva a una ideología racista debido a la frustración originada por el colapso de la economía alemana en los años 20. Estos supuestos también se vieron apoyados por otros estudios (Houland y Sears) donde se encontró una correlación negativa entre el índice económico y el índice de agresiones raciales.
Pero lo cierto es que otros estudios para verificar esta teoría resultaron contradictorios.
Esto puso de manifiesto los problemas con los que se encuentra esta teoría:
Teoría de la personalidad autoritaria.
Adorno y Cols. Indagaron acerca de las raíces psicológicas de algunas actitudes intergrupales como el antisemitismo y el etnocentrismo, considerados como la expresión de “personalidad autoritaria”.
Estos autores explicaron el prejuicio contra el exogrupo en una configuración de personalidad que integra distintos componentes cognitivos y motivacionales, de tal forma que las actitudes, entre ellas, las de carácter intergrupal reflejan tendencias profundas de la personalidad, según los postulados de la teoría psicoanalítica freudiana. El individuo autoritario desplaza sus pulsiones agresivas contra la autoridad a sus inferiores o grupos minoritarios.
Campbell encontró que algunos conflictos grupales son reales o racionales en el sentido de que se fundamentan en una competición real por los recursos escasos. Campbell denominó a esta perspectiva como teoría del conflicto realista de grupo. Su principal punto de partida era que las actitudes y conductas intergrupales reflejaban los intereses grupales. Cuando estos son incompatibles, la respuesta, tiene muchas posibilidades para que sea negativa: prejuicios, conducta hostil. Cuando los objetivos son compatibles o complementarios, la reacción es positiva: tolerancia, amistad, confianza…
Sherif ha sido uno de los autores que mas ha defendido esta teoría. Este autor pone énfasis en las relaciones fundamentales entre las metas de los grupos como principal determinante del comportamiento intergrupal.
La importancia de esta perspectiva es doble, por un lado constituye el punto de partida del trabajo más reciente realizado en Europa a partir de los años 70. Por otro lado abrió unos interrogantes que constituyeron el desarrollo del estudio de las relaciones intergrupales en la medida en que tal desarrollo supone un intento de dar respuesta a estos interrogantes.
Sherif estudió esto mediante lo que denomino la experiencia de la cueva de los ladrones:
Eligio a niños que no se conocían anteriormente, con ausencia de frustraciones importantes y/o patologías. Y con diferencias en cuanto a los antecedentes socioculturales y económicos. El estudio estuvo compuesto por distintas fases. En la primera se crearon grupos independientes. En la segunda se creaba una interacción competitiva entre ambos grupos al proponerse unas metas que sólo uno de los grupos podía lograr. El resultado fue que se desarrollo en conflicto con gran facilidad, extendiéndose más allá de la mera competición. En una tercera fase se establecieron metas que interesaban por igual a ambos grupos y que ninguno de ellos podía conseguir por sí mismo, y esto logro reducir el conflicto. Por tanto sólo la cooperación interdependiente orientada a la obtención de metas supraordenadas consigue resolver un conflicto creado.
Este estudio confirmó ampliamente las hipótesis de la teoría del conflicto realista.
Tajfel manifiesta que las aportaciones de Sherif pueden verse desde dos ángulos:
Los resultados de los estudios de Sherif han sido ampliamente confirmados en contextos naturales. No obstante han recibido algunas críticas:
demostrado que es difícil de erradicar de forma completa el favoritismo endogrupal, incluso cuando los grupos tienen intereses materiales en su eliminación.
Teoría de los juegos.
Desde esta perspectiva se abordan las relaciones y el conflicto intergrupos a través de los juegos experimentales. En esta teoría se adscribe a los sujetos o grupos una motivación para obtener un máximo beneficio que, en el caso de los juegos de suma cero (objetivos incompatibles), considera inevitable el conflicto. No obstante, a diferencia de la teoría del conflicto realista, considera que en ocasiones la interdependencia entre grupos adopta la forma de motivaciones mixtas, los sujetos tiene una motivación tanto para cooperar como para competir en esa persecución por el mejor resultado posible. Estas situaciones de motivos mixtos reflejan con más precisión la vida real.
El paradigma más representativo de las motivaciones mixtas lo constituye el dilema del prisionero:
Una pareja de individuos son sorprendidos por la policía en un mercado vendiendo bienes robados. La poli los detiene y encierra en calabozos distintos. La policía para condenarlos necesita que al menos uno confiese la autoría del robo. La policía les toma declaración por separado en las siguientes condiciones: si los dos se declaran culpables, ambos serán condenados a dos años de prisión; si ninguno de ellos se declara culpable ambos serán condenados a solo seis meses de cárcel; si sólo uno de ellos se declara culpable, él quedara libre, mientras que el otro por mentir además de robar será condenado a la pena máxima de cinco años.
Las investigaciones demuestran que en estas dinámicas las personas eligen la competición incluso si el resultado de esta elección es negativa para todos los jugadores. (Competir frente a cooperar).Frente a la estrategia cooperativa del otro se responde con competición, y cuando aquél utiliza la estrategia de reciprocidad, es cuando aumenta la probabilidad de cooperación y es que la cooperación es contemplada como una explotación por parte de los demás.
Con todo esto se eliminan todas las variables que pueden incidir sobre la discriminación a excepción de una, la categoría nosotros-ellos, creando así una identidad social mínima. (Leer experimento Pág. 471 y 472).
Basta separar a los sujetos en grupos de acuerdo con un criterio trivial para producir efectos de diferenciación intergrupal. Por tanto, la mera percepción de pertenencia a dos grupos distintos (nosotros y ellos) es condición necesaria y suficiente para producir discriminación.
Se propusieron diversas explicaciones para dar cuenta de los resultados de los experimentos: la existencia de una norma genérica para favorecer al endogrupo; y la actuación de los sujetos se explicaría porque en el pasado habían obtenido refuerzos al actuar de forma competitiva. Tajfel ha criticado ambas explicaciones, ya que según el los sujetos hubiesen optado por otras estrategias también se podrían haber aplicado las mismas explicaciones.
Estos resultados fueron confirmados posteriormente por los de otros experimentos, pero a pesar del consenso empírico no ha faltado la controversia que se ha centrado principalmente en los siguientes aspectos:
Todos los trabajos sobre el grupo mínimo dieron lugar a la teoría de la identidad social (Tajfel) y a la teoría de la categorización del yo (Turner).
Esta segunda se basa en que las personas utilizamos categorías para ordenar, simplificar, y comprender mejor la realidad social. Este proceso permite a las personas adscribirse a si mismas y a los demás a ciertos grupos que guardan relación con el sexo, la raza, clase social…
Una de esas categorías (nosotros- ellos) resulta ser clave para el sentido de identidad social que tiene las personas y que está determinado por su pertenencia a distintos grupos. La identidad es esa parte del autoconcepto que está ligada al conocimiento que el sujeto tiene de pertenecer a ciertos grupos sociales y a la significación emocional y evaluativo resultante.
Las personas prefieren tener un autoconcepto positivo en vez de negativo, y dado que buena parte de este concepto se desarrolla por la pertenencia a ciertos grupos, es lógico que quieran pertenecer a grupos socialmente valorados. Dado que esta valoración no es en términos absolutos, sino relativos, las personas establecen comparaciones con otros
grupos. El resultado de estas comparaciones da lugar a sesgos que permiten diferenciar de forma favorable al endogrupo de los exogrupos, y que contribuyen a la construcción de una identidad social positiva y con ello los sujetos incrementan su autoestima.
Autoestima y relaciones intergrupales.
El papel de la autoestima en la discriminación intergrupal ha tomado dos vertientes:
La primera vertiente tiene más evidencias a su favor, en contra de la segunda se ha encontrado que normalmente los grupos con estatus social alto y presumiblemente con mayor autoestima son los que muestran un mayor favoritismo endogrupal.
Por otro lado y contrarío a ambas vertientes, las correlaciones entre la cantidad de sesgo endogrupal y niveles de autoestima están, algunas veces, cercanas a cero.
Entre las razones para explicar estos resultados hemos de mencionar los siguientes:
A estos argumentos metodológicos hay que añadir otros motivos, como los que se ponen en juego cuando las personas se sienten identificadas con un grupo. Ser categorizado como miembro de un grupo en un experimento de grupo mínimo supone una búsqueda de significado de los participantes que intentan reducir la incertidumbre creada por los procedimientos experimentales. La discriminación que los participantes manifiestan puede ser vista más como un intento clasificador de la situación que como un intento por sentirse bien conmigo mismo. El hecho de que la autoestima puede aumentar, en algunas ocasiones tal discriminación puede ser atribuible a esta mayor certidumbre más que a una evaluación más positiva del endogrupo.
Otros autores han clasificado esta doble vertiente en base a dos criterios. Primero la diferencia entre alta y baja autoestima se puede contemplar como una característica general, permanente del autoconcepto de un individuo (autoestima como rasgo) o bien como un estado. Algunos estudios demostraron que la autoestima personal y la colectiva exhiben diferentes relaciones con la discriminación intergrupal.
Identificación grupal y sesgo endogrupal. Otro de los desarrollos teóricos que ha seguido a la teoría de la identidad social es la relación entre identificación grupal y sesgo endogrupal. Si las evaluaciones intergrupales sesgadas y las decisiones están motivadas por intereses de identidad social, entonces podríamos esperar encontrar una correlación positiva entre identificación grupal de los sujetos y sus niveles de sesgo endogrupal. No obstante esta correlación ha resultado ser inestable.
Hay que señalar que estas acciones no se materializan a no ser que el grupo haya desarrollado un sentimiento de pertenencia grupal, haya identificado al exogrupo, al que responsabiliza de su situación desfavorable, y haya elaborado un discurso que justifique la legitimidad de la acción y resalte la necesidad de emprenderla.
El papel de las variables socioculturales. (Importante).
Desde la teoría de la identidad social no se contempla la existencia de desigualdades sociales entre los grupos, pero la realidad nos muestra que hay variables socioculturales que influyen: estatus; permeabilidad de las fronteras; tamaños del grupo; poder.
Una de las más estudiadas ha sido el estatus, en general grupos con alto estatus muestran mayor sesgo endogrupal que grupos con bajo estatus. Los individuos tienden a exagerar las diferencias grupales cuando son favorables para ellos y a minimizarlas cuando son desfavorables. Se han realizado muchos estudios e investigaciones sobre estatus, algunos autores recogieron las implicaciones de estos estudios:
Tajfel y Turner desde sus teorías proponían que los miembros de bajo estatus intentarían abandonarlos para mantener una identidad social positiva. Sin embargo abandonar el grupo no siempre está disponible.
Distinguieron tres factores que pueden afectar a la discriminación intergrupal:
menos identificación con su grupo que si la situación se percibe como algo inestable.
Por lo que se refiere al tamaño del grupo, en experimentos que manipulan el tamaño y el estatus, la discriminación en el reparto intergrupal es particularmente alta en grupos minoritarios de alto estatus. Argumentan que esta discriminación sucede porque cuando el grupo dominante está en minoría, la estructura de estatus es inherentemente más inestable que cuando la mayoría es dominante.
Lo que es cierto respecto al estatus para las relaciones entre grupos también se puede aplicar a las relaciones de poder. El poder se puede definir como el grado de control que un grupo tiene sobre sus propios resultados y sobre los del exogrupo.
La discriminación intergrupal es particularmente es particularmente alta en los grupos minoritarios de alto poder. (Países árabes si; ganaderos no).
Sobre el efecto combinado de estas tres variables: estatus, poder y tamaño se puede extraer:
Como conclusiones de los estudios realizados sobre estas variables socioestructurales indicamos lo siguiente:
.2 el estatus aumenta la diferencia intergrupal en general. También influye en otros aspectos, como la mayor identificación y mayor polarización del grupo. .3 cuando el estatus se combina con otras variables, como poder y número, se comprueba que no son los grupos en que se dan todas las condiciones favorables los que más discriminan, sino aquellos que teniendo superioridad pueden aún mejorar, o perciben alguna amenaza. .4 (^) los grupos en condiciones desfavorables, para que se produzca discriminación tiene que tener algún elemento a su favor.
Existen dos modalidades de privación relativa:
Las personas reconocen mejor las injusticias grupales que las individuales. Cuando las personas creen que su grupo esta privado de algo probablemente participarán en movimientos sociales y activamente intentarán cambiar el sistema social.
La diferencia fundamental entre las dos modalidades no es si el objetivo de comparación es una persona o un grupo sino si los sujetos se consideran como miembros de un grupo o como individuos aislados.
Algunos de los factores que pueden determinar las acciones de los sujetos en situación de privación pueden ser:
A. Intensidad de los sentimientos de malestar, los cuales van en función de la magnitud de discrepancia percibida.
B. El grado de permeabilidad de las fronteras.
C. El grado en que creen que la acción va a provocar un cambio efectivo.
D. La percepción de legitimidad o ilegitimidad de la situación.
E. El grado de identificación con el grupo.
F. El nivel de compromiso con el grupo.
G. La eficacia colectiva percibida y los costes de expresar tales conductas antinormativas y sancionables frente al exogrupo o autoridades más poderosas.
En suma estas dos teorías aportan explicaciones de los procesos cognitivos que tienen lugar en situaciones de desigualdad y completan la teoría de la identidad social.
La competición y el conflicto están en el corazón mismo de las relaciones entre grupos. Existen múltiples definiciones de conflicto. Muchas hacen distinciones y variaciones.
Conflicto entendido como todo tipo de interacción antagonista, en el que influyen elementos como: los participantes, incompatibilidad de metas, búsqueda de poder en
cuanto posibilidad de influir un actor sobre la conducta del otro e inexistencia de reglas formales.
Se distinguen distintos tipos de conflictos (conflicto intra e interpersonal, conflicto intra e intergrupal o intra e internacional), ello no supone que todos estos conflictos sean equivalentes.
Existe conflicto intergrupal cuando los objetivos de ambos grupos son incompatibles. Fisher diferencia entre conflictos de baja y alta intensidad; Kriesberg por su parte nos habla de la dimensión tratable- intratable. En el polo tratable se sitúan aquellos conflictos que los grupos pueden intentar resolver a través de la negociación. En el polo intratable, los conflictos prolongados, es decir, violentos, irreconciliables y con tendencia a la perpetuación.
Uno de los primeros psicólogos en estudiar si el contacto intergrupal podía servir para atenuar los prejuicios y la hostilidad fue Allport. Este autor partía de que el prejuicio es ignorancia, por lo que el conocimiento mutuo entre los grupos podía erradicar la hostilidad. Pero el contacto debe realizarse bajo una serie de condiciones:
a. Que sea un contacto frecuente, prolongado y cercano. b. Orientado hacía la cooperación. c. Que cuente con el apoyo explícito de las personas que resultan creíbles para los grupos implicados. d. Que de dé entre grupos de igual o parecido estatus y poder.
Se le encontraron importantes contrariedades: en muchas ocasiones, el contacto, a la vez que mejora el conocimiento del otro grupo, empeora la relación con él al dejar al descubierto diferencias irreconciliables entre unos y otros.
Otro problema surgido a partir de esta idea es que había problemas a la hora de generalizar los efectos positivos del contacto. Cuando el contacto genera una visión positiva hacia las personas del otro grupo con las que se ha mantenido contacto, no se extiende la visión positiva a las otras personas del grupo con las que no se ha tenido contacto.
Esto puede ser bien porque son contactos interpersonales, es decir entre personas que se definen en cuanto sujetos y no intergrupales; o bien porque las personas tienden a considerar como excepciones a los miembros del otro grupo con los que mantienen relaciones positivas, y por tanto no representativos del grupo.
Desde la teoría del conflicto realista se propone la creación de metas supraordenadas para resolver los conflictos. Pero esta medida, como comentamos antes, no está exenta de dificultades, como es encontrar en la vida real metas de esta naturaleza e implicar en una acción conjunta a grupos antagónicos y con una larga trayectoria de enfrentamientos. En consecuencia, esta medida ha de aplicarse en condiciones que garantice el éxito final de la operación.
Desde la teoría de los juegos la resolución de los conflictos de intereses precisa de procesos de comunicación que permitan establecer una confianza mutua entre las partes, que las interacciones se mantengan y que los participantes sepan qué pueden encontrarse en el futuro. Una vez lograda esa confianza mutua, se abre el periodo de negociaciones que permite realizar un intercambio de concesiones recíproco y gradual.
Las estrategias que se utilizan en el grupo superior son:
A pesar de estas estrategias el grupo dominado está dispuesto a contrarrestar estos efectos de manipulación y desmoralización desde tres momentos importantes:
Los posibles resultados del conflicto entre grupos que se desencadenan en este estadio según estos autores son:
La principal observación que hay que hacerle a este modelo es que, teniendo en cuenta la heterogeneidad de los conflictos, resulta difícil aplicar este mismo esquema a todos los conflictos.
El modelo de Fisher.
Parte de una base más amplia y no se limita a la teoría del conflicto realista y a la teoría de la identidad social. Al recoger un mayor número de elementos de análisis, un mayor número de variables y considerar un tercer factor, los momentos del conflicto (escalada, reciclaje y resolución), es un modelo mucho más integrador que el de los otros autores, aunque esta más alejado de la investigación empírica. A pesar de esta debilidad, realiza algunas aportaciones de interés:
El punto de partida, una orientación mutuamente competitiva en los grupos, produce una percepción de amenaza que desemboca en etnocentrismo, tras lo cual las relaciones entre grupos se caracterizan por hostilidad exogrupal, desconfianza mutua y solidaridad endogrupal.
Del etnocentrismo surge, como algo inevitable, la escalada del conflicto a través de una serie de procesos que tiene su origen en dicho etnocentrismo. comunicación ineficaz, ausencia de coordinación, perfeccionamiento de las tácticas competitivas y una reducción de la productividad grupal, debido a la dispersión de fuerzas que para el grupo supone el tiempo que dedica a competir con el otro grupo.
Esto lleva a Fisher a proponer los medios para proceder a la descalada del conflicto: