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Los procesos intergrupales, Apuntes de Psicología

Asignatura: PPR, Profesor: , Carrera: Biología, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 06/09/2014

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CAPITULO 16
Procesos intergrupales
16.1. INTRODUCCION
Hasta
aqui los capitulos precedentes han abordado los procesos que ocurren dentro del
grupo (procesos intragrupales), los modos 0 maneras que las personas se comportan e
influyen en los otros miembros del endogrupo. Sin emba
rgo
, en este capitulo, el interes
se
centra en el campo intergrupal, en los factores que gobiernan la conducta y actitudes
de
las personas hacia los miembros del exogrupo.
EI
estado actual de la investigacion sobre las relaciones intergrupales, si
10
compa-
ramos con
el
desarrollo alcanzado por la psicologia social, se encuentra todavia en su
infancia (Brewer y Brown, 1998). Apenas si encontramos referencias en los textos
clasicos (por ejemplo, McDougall, 1908; Ross, 1908; Allport, 1924), incluso en el
Handbook
of
Social Psychology, editado por Murchison (1935), tan solo se dedica una
pagina a esta tematica. La Segunda Guerra Mundial abono el terreno para que comen-
zasen a florecer los primeros trabajos sobre relaciones intergrupales. Las publicacio-
nes de Dollard y colaboradores (1939) Frustraccion y agresion y de Adorno y colabo-
radores (1950) La personalidad autoritaria fueron el trampolin para que los psicologos
sociales comenzaran a interesarse por los factores que determinan las actitudes y con-
ductas de los miembros de un grupo hacia otros grupos. A estos trabajos pronto se les
afiadieron otros, por ejemplo,
Sherif
y
Sherif
(1953), Allport (1954), llegando asi a
identificar el estudio de las relaciones intergrupales como una tematica de investiga-
cion a incluir en revistas y manuales de la disciplina, aunque su produccion todavia
seguia siendo escasa. Las obras de Levine y Campbell (1972), Kidder y Steward (1975)
y Billig (1976) fueron
un
revulsivo en el interes por esta tematica en la decada de los
setenta. Entre finales de los setenta y principios de los ochenta se publicaron las revi-
siones teoricas de Austin y Worchell (1979) y Turner y Giles (1981). Un ano mas tar-
de, Tajfel (1982a) publico un articulo sobre
el
tern a en la Annual Review
of
Psycholo-
gy, seguido por las revisiones de Brewer y Kramer (1985) y Messick y Mackie (1989).
La decada
de
los ochenta, con las aportaciones de
la
psicologia social europea, supu-
so
la consolidacion de la investigacion de las relaciones intergrupales. Tajfel (1982a,
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¡Descarga Los procesos intergrupales y más Apuntes en PDF de Psicología solo en Docsity!

CAPITULO 16

Procesos intergrupales

16.1. INTRODUCCION

Hasta aqui los capitulos precedentes han abordado los procesos que ocurren dentro del

grupo (procesos intragrupales), los modos 0 maneras que las personas se comportan e

influyen en los otros miembros del endogrupo. Sin emba rgo , en este capitulo, el interes

se centra en el campo intergrupal, en los factores que gobiernan la conducta y actitudes

de las personas hacia los miembros del exogrupo.

EI estado actual de la investigacion sobre las relaciones intergrupales, si 10 compa-

ramos con el desarrollo alcanzado por la psicologia social, se encuentra todavia en su

infancia (Brewer y Brown, 1998). Apenas si encontramos referencias en los textos

clasicos (por ejemplo, McDougall, 1908; Ross, 1908; Allport, 1924), incluso en el

Handbook of Social Psychology, editado por Murchison (1935), tan solo se dedica una

pagina a esta tematica. La Segunda Guerra Mundial abono el terreno para que comen-

zasen a florecer los primeros trabajos sobre relaciones intergrupales. Las publicacio-

nes de Dollard y colaboradores (1939) Frustraccion y agresion y de Adorno y colabo-

radores (1950) La personalidad autoritaria fueron el trampolin para que los psicologos

sociales comenzaran a interesarse por los factores que determinan las actitudes y con-

ductas de los miembros de un grupo hacia otros grupos. A estos trabajos pronto se les

afiadieron otros, por ejemplo, Sherif y Sherif (1953), Allport (1954), llegando asi a

identificar el estudio de las relaciones intergrupales como una tematica de investiga-

cion a incluir en revistas y manuales de la disciplina, aunque su produccion todavia

seguia siendo escasa. Las obras de Levine y Campbell (1972), Kidder y Steward (1975)

y Billig (1976) fueron un revulsivo en el interes por esta tematica en la decada de los

setenta. Entre finales de los setenta y principios de los ochenta se publicaron las revi-

siones teoricas de Austin y Worchell (1979) y Turner y Giles (1981). Un ano mas tar-

de, Tajfel (1982a) publico un articulo sobre el tern a en la Annual Review of Psycholo-

gy, seguido por las revisiones de Brewer y Kramer (1985) y Messick y Mackie (1989).

La decada de los ochenta, con las aportaciones de la psicologia social europea, supu-

so la consolidacion de la investigacion de las relaciones intergrupales. Tajfel (1982a,

458 Psi co logia de los g rujJOs

1984) tuvo que ver mucho en ell o. Y es que, como afirma Turner ( 1981 b), la psicolo_

gia social ha de retomar este area porque la conducta intergrupal se situa en el polo mas

social del objeto de nuestra disciplina, ya que es el reflejo, en gran medida, de la in-

fluencia de los factores macrosociales y constituye una clara manifestacion de la subor-

dinacion psicologica del individuo al grupo.

Actualmente, podemos considerar que este es uno de los temas «estrella» en psicolo-

gia social. Ni que decir tiene que en la psicologia de los grupos ha supuesto toda una

revolucion mental que ha avivado los titubeantes rescoldos a los que se estaba viendo

abocada esta, como asi se deja entrever en la extensa bibliografia que ha dado lugar y

que, a modo de ejemplo, citaremos algunos manuales y monografias de reciente apari-

cion: Bourhis y Leyens, 1996; Brewer y Brown, 1998; Echebarria y Valencia, 1996·,

Morales y colaboradores, 1994; Morales y Moya, 1996; Sedikides, Schopler e Insko ,

1998; Abrams y Hogg, 1999; Ellemers, Spears y Doosje, 1999; Brown y Gaertner, 2001,

entre otros), asi como la aparicion de tres nuevas revistas: Group Dynamics, en 19 96',

Group Processes and Intergroup Relations, en 1998, e Identity Social, en 2002, que ha-

cen especial hincapie en los procesos intergrupales, particularmente las dos uitimas.

Este renovado interes por los procesos intergrupales ha venido, principalmente, de la

mano de la teoria de la identidad social y de la teoria de la categorizacion del yo.

Una demostracion de este interes en alza 10 encontramos si analizamos la base de datos

Psyc-LIT con los terminos «identidad social» y «autocategorizacion», resuitando

550 publicaciones desde 1991 hasta mediados de 1997 (Hogg, 2000). En el estudio bi-

bliometrico que realizamos con esta misma base de datos, pero a partir de los terminos

«endogrupo-exogrupo» 0 «dinamicas intergrupales» en el campo descriptor, nos resuita-

ron un total de 934 publicaciones desde 1970 a 1999. En la Figura 16.1 podemos obser-

var claramente la tendencia ascendente del numero de publicaciones a 10 largo de todas

estas decadas, que van desde el 5,57 por 100 en el periodo 1970-1974 al 42,40 por 100

en el periodo 1995-1999. Es precisamente este ultimo periodo el que mas destaca por el

numero y variedad de publicaciones. Tal es cl auge que ha alcanzado esta tematica, que

en la ultima edicion del Handbook of Social Psychology, de 1998, se han tenido que

dedicar tres capitulos independientes para tratar el fenomeno intergrupal.

Aunque hay autores, como Fisher (1990), que opinan que el interes psicosocial por

las relaciones intergrupales data desde los mismos inicios de la psicologia social, la opi-

450 400 350 '"<l.) .::: 300 'u^0

:D I'l-. '" (^150) 100 50 0 70-74 75 - 79 80 - 84 85-89 90-94 95- Periodos - aiios Figura 16.1. Trabajos publicados sobre re laciones intergrupales

460 Psicologia de los grupos

mos cognitivos 0 motivaciones individuales y las que lIevan a cabo extrapolaciones a

partir del comportamiento interindividual. Mas que desarrollar cada una de estas orien-

taciones, nos limilaremos a resefiar brevemente la s teorias mas representativas de elias y

las principales criticas de las que han sido objeto.

Teoria del chivo expiatorio

Dollard y colaboradores (1939) mantienen que la frustraci6n es condici6n necesa ri a y

suficiente para que se de el comportamiento agresivo. Cuando este no puede proyectar se

en la causa que 10 provoca, entonces se desplaza a otros blancos (chivos expiatorios), a

otros grupos considerados diferentes y mas debiles que el propio grupo. En momentos

de crisis, estos desplazamientos se manifiestan mas intensos y virulentos.

Con estos supuestos, Dollard y colaboradores tratan de explicar el crecimiento del

antisemitismo en Alemania en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales.

Segun estos autores, Hitler encontr6 una audiencia receptiva a una ideologia racista de-

bido a la frustraci6n originada por el colapso de la economia alemana en los afios veinte.

Estos supuestos tambien se vieron apoyados en el estudio realizado por Hovland y Sears

(1940). Estos autores correlacionaron un indice econ6mico (el precio del algod6n) con

un indice de agresi6n racial (numero de linchamientos de personas negras). Los dos

indices estaban negativamente correlacionados: cuando la economia pasaba por momen-

tos dificiles aumentaba el numero de linchamientos (por supuesto, como en cualquier

analisis correlacional la direcci6n de causalidad es dificil de establecer).

Otros intentos para verificar esta teo ria, tam bien Ilamada teoria de la frustraci6n-

agresi6n , han aportado resultados contradictorios. Por ejemplo, Stagner y Congdon (1955)

no encontraron evidencia del incremento en el prejuicio en estudiantes despues de la

experiencia de frustraci6n por el fracaso en los examenes. Burnstein y McRae (1962)

encontraron que, tras el fracaso en una tarea experimental, los sujetos evaluaban de for-

ma positiva a un grupo integrado por miembros negros.

Uno de los problemas con los que se enfrenta esta teoria, y que podria en parte expli-

car estos resultados contradictorios, es que es dificil predecir que blanco sera elegido

como chivo expiatorio. Miller (1948) sugiere que los objetivos seran aquellos que no

son ni muy similares ni muy diferentes a la fuente real de la frustraci6n. Pero esto es

dificil de pro bar fuera del laboratorio. Otra de las dificultades que se ha venido conside-

rando es que la frustraci6n no es una condici6n necesaria ni suficiente para causar la

agresi6n. Berkowitz (1962) defiende que la eleccion del chivo expiatorio es un exogrupo

con antecedentes de conflicto 0 diferencias con el endogrupo. En este sentido, Berkowitz

propone que la causa general de la agresion no es la frustraci6n, sino los «eventos aver-

sivos»; aqui se incluye una amplia variedad de los mismos, por ejemplo, condiciones

meteorol6gicas adversas. Baron y Ransberger (1978) demostraron que cuando la tempe-

ratura era alta (mas de 29°C) aumentaban los disturbios y amotinamientos que cuando la

temperatura era moderada (menos de 20°C). En terminos de Berkowitz, el calor extremo

(probablemente acompafiado de una alta humedad) fue un estimulo aversivo que aumen-

to los niveles de arousal de los habitantes y asi su propensi6n a la violencia.

Ahora bien, que el factor «arousal» sea el unico 0 incluso la principal causa del

prejuicio y de otras formas de agresi6n intergrupal, esa es otra cuestion. Primero, existe

la dificultad de trasladar los estados de frustraci6n de los sujetos en actos colectivos de

agresi6n. Segundo, estas agresiones manifiestan un cierto grado de control cognitivo

Pl'Oce.l'os i ntergrupa! e.l' 461

de los participantes, 10 que es inconsistente con la teoria de la frustracion-agresion. Por ultimo, esta teoria es inca paz de explicar 0 predecir eventos positivos de la conducta int ergrupal (cooperacion, amistad).

Teoria de la personalidad autoritaria

Adorno y colaboradores (1950) indagaron acerca de las raices psicologicas de algunas actitudes intergrupales como el antisemitismo y el etnocentrismo, considerados como la expresion de una configurac ion particular de personalidad, fa personalidad autorifaria, que se ha formado en contextos familiares muy estrictos y competitivos. EI trabajo de Adorno y colaboradores -se gun la opinion de algunos autores (Tajfel , 1978c; Billig, 19 76)- hace recaer el peso de la explicacion del prejuicio contra el exogrupo en una configuracion de personalidad que integra diferentes componentes cognitivos y motiva- cionales, de tal forma que las actitudes, entre e li as las de canicter intergrupal , reflejan tendencias profundas de la personalidad, segun los postulados de la teoria psicoanalitica freudiana. EI individuo autoritario desplaza sus pulsiones agresivas contra la autoridad a sus inferiores 0 a grupos minoritarios. En opinion de Billig (1976), el estudio de la personalidad autoritaria «muestra los procesos psicologicos que median ciertas creencias culturales» y supone que se da cierto «isomorfismo» entre el sistema de creencias dominante en un medio cultural y los pro- cesos psicologicos de ciertos individuos, para los cuales la adopcion de una ideologia determinada supone un modo de evitar el enfrentarse con sus conflictos psicologicos. Se trataria de un ajuste entre procesos intrapersonales e ideologia. Con esto, Billig destaca la conciencia del grupo de Berkeley de que el prejuicio no se produce en un vacio social, sino que forma parte de un sistema ideologico de creencias cuya incorporacion no de- pende exclusivamente de las relaciones familiares tempranas. Tajfel (1978d), aunque considera que el estudio de la personalidad autoritaria ha servido para mostrar que ciertos individuos manifiestan actitudcs hostiles haci a el exo- grupo en una variedad de situaciones, sefiala, no obstante, entre algunas de sus limita- ciones, la dificultad para dar cuenta de que en ciertas situaciones una mayoria de sujetos comparten esas actitudes sin que ella pueda explicarse a traves de la coincidencia de las caracteristicas de personalidad autoritaria en todos ellos. Para Tajfel, una explicacion mas senci lla del grado de prejuicio compartido se encuentra en «las condiciones sociales politicas y economicas del momento». Ashmore y Del Boca (1976) son mas radicales en su critic a al afirmar que es muy limitada la proporcion de varianza que los mecanismos intrapersonales explican del pre- juicio, por 10 que no se justifica la atencion prestada por los psicologos.

Teoria del aprendizaje social

Desde esta teoria se destaca el papel que tiene en el desarrollo de prejuicios los modelos aprendidos durante todo el proceso de socializacion. Esta teoria hace hincapie en la idea de que la agresividad, como otras complejas formas de comportamiento social, en buena parte se aprende (Bandura, 1973). A traves de la experiencia directa 0 indirecta, los su- jetos aprenden que personas 0 grupos son objeto de la agresividad, que acciones justifi- can 0 requieren represalias agresivas y en que situaciones y contextos es apropiada 0 inapropiada esta conducta.

Pro(,I'.I'OS in fc rgl'llpall's 463

cstc continuo no esta en el nl lm ero de personas implicadas, sino en la u ni formidad a ni ve l de actitudes y conductas co mpartidas, asi como la uni fo rmidad en la percepcion de otr oS pos ibl es. Asi, resulta difi c il admitir que las teori as que operan a un nivel (interper- sona l) puedan extrapolarse al otro ni ve l (grupal). Las diferentes teorias que desde esta perspectiva se han desarrollado presentan pl an- te a mi entos considerablemente diferentes. Una de ellas , po r ej emplo, sostiene que los co mportamientos grupales vi enen determinados por motivos «racionales» 0 «realistas», en el senti do de que se basan en una competicion por recursos escasos. EI ejemplo mas representa ti vo 10 constituye fa feo ria de f conjlicto realista; otro ejemplo seria fa feo ria de l os ju eg os. Una segunda perspectiva subraya los aspectos cognitivos y motivaciona- les en la que ha y que destacar el grupo de Bristol con Tajfel y Turner a la cabeza, grupo este que ha llegado a ser el abanderado y el marco de referencia obligado en cualqui er estudi o que se precie sobre relaciones intergrupales.

Teoria del conflicto realista

La idea de que es posible analizar las relaciones intergrupales analizando la compati- bilidad y naturaleza de los objetivos grupales tiene una amplia tradicion en las cien- cias sociales. Campbell (1965) , examinando las teodas que parten de esta premisa en disciplinas como la sociologia, la antropologia y la psicologia social, encontro que un tema comlin en todas ellas era la idea de que algunos conflictos grupales son reales 0 racionales en el sentido de que se fundamentan en una competicion real por los recur- sos escasos. Campbell denomino a esta perspectiva como te oria del conjlicto re alista de g rupo. Su principal punto de partida era que las actitudes y conductas intergrupales reflej aban los intereses grupales. Cuando estos son incompatibles, un grupo gana u obtiene beneficios a expensas del otro grupo, la respuesta , en terminos psicosociale s, ti ene muchas probabilidades para que sea negativa: prejuicios, conducta hosti!. Cuan- do los objetivos son compatibles 0 complementarios, la reacci6n es pusitiva: tuleran- cia, ami stad, confianza, etc. Dentro de la psicologia social, uno de los autores que con mas fuerza ha defendido la teoria del conflicto realista ha sido Sherif (1966, vease en castellano 1967). Este autor pone el enfasis en las relaciones funcionales entre las metas de los grupos como princi- pal determinante del comportamiento intergrupa!. Cuando los grupos compiten por uno s recursos limitados 0 unas metas incompatibles, en el sentido de que linicamente un gru- po puede lograrias, se genera el conjlicto intergrupaf, que a su vez s610 se reduce a traves de la existencia de metas supraordenadas que pueden alcanzarse exclusivamente a traves de la cooperacion intergrupa!. La importancia de esta perspectiva es doble. Por un lado, porque constituy6 el punto de partida del trabajo mas reciente realizado en Europa a partir de los anos setenta. Por otro lado , porque abri6 unos interrogantes que contribuyeron al desarrollo del estudio de la s relaciones intergrupales en la medida en que tal desarrollo supuso un intento por dar re spuesta a estos interrogantes. No obstante, hay que resenar, como indican Turner y Giles (1981), la fria acogida que tuvo en la psicologia social americana la contribucion de Sherif, en parte por el impacto causado por los trabajos sobre personalidad autorita ri a del grupo de Berkeley y por el individualismo predominante en esa epoca. Los estudios de Sherif (Sherif y Sherif, 1953; Sherif, White y Harvey, 1955 ; Sherif y colaboradores, 1961) consistieron basicamente en la creaci6n experimental de

464 Psicologia de los grupos

determinadas relaciones funcionales entre las metas de los interactuantes para Consta_ tar sus efectos en la cond ucta intergrupal. Se realizaron tres experiencias longitudina_ les en los anos 1949, 1953 Y 1954 con ninos de doce ai10S que participaban en campa_

mentos de verano y que son conocidas como las experiencias de la cueva de los ladron es

por el nombre del lugar donde se realizaron. Los criterios de seleccion de los sujetos fueron: ninos que no se conocian previamente ; ausencia de frustraciones importa n_

tes y/o de patologia (10 qu e impide atribuir los comportamientos a una per so nal i-

dad desviada); ausencia de diferencias en cuanto a lo s antecedentes socioculturales y economicos. En todos los estudios (con ligeras variaciones entre ellos) el diseno basico constaba de las siguientes fases. En la primera, se formaban dos grupos independientes: lo s c hi- cos de los dos grupos, que no se conocian previamente, se relacionaban por separado rea li zando actividades independi entes llegando a crearse una estructura grupal. En la

segunda etapa se creaba una interaccion competitiva entre ambos grupos (establecimie n-

to del conjlicto entre grupos) al proponerse unas metas que solo uno de los grupos podia

lograr. EI resultado fue que se desarrollo el conflicto con gran facilidad, extendiendose mas alia de la mera competicion, se desarrollaron sentimientos de hostilidad, accion es discriminatorias y de represalia y comentarios despectivos hacia el otro grupo. Las es- tructuras grupales experimentaron modificacione s: los grupos se mostraron mas cohe- sionados, los lideres son sustituidos por otros mas activos y combativos, etc. En la terc e- ra fase (tercer estudio) se establecieron metas que interesaban por igual a ambos grupos

y que ninguno de ellos podia conseguir por si mismo (interdependencia cooperativa).

Tras la ineficacia de diversos procedimientos para reducir el conflicto originado en la segunda fase (difusion de informacion acerca del otro grupo, contacto en situaciones agradables, reuniones de lideres 0 la apelacion a las norm as morales) se creo una situa-

cion en la que los grupos tuviesen que cooperar para obtener metas supraordenadas , es

decir, que no pudieran ser logradas por uno de los grupos solamente, implicando, por tanto, la interdependencia entre ambos grupos. Esta manipulaci6n sf result6 eficaz en la reduccion del conflicto. Por consiguiente, solo 1a cooperacion interdependiente orienta- da a la obtencion de metas supraordenadas consiguio resolver el conflicto creado. Los resultados confirmaron ampliamente las hipotesis de la teoria del conflicto rea- lista. Los objetivos 0 intereses del grupo, por tanto, presiden todo el proceso grupa: estan en la base de la formaci on de grupos, en la aparicion del conflicto y en la supera- cion del mismo; tienen un acusado efecto en el propio grupo (por ejemplo, modifican su estructura interna) e influyen en las percepciones sobre sl mismos y sobre el otro grupo (estereotipos y prejuicios). Los juicios de los chicos mostraron un sesgo consistente a favor de su propio grupo. Estos sesgos se muestran en la Figura 16.2, donde podemos ver que ambos grupos sobrestimaron los rendimientos de sus propios miembros compa- rados con los del exogrupo. Indicar tambien que el grupo ganador mostro incluso mas sesgo que el grupo perdedor. La contribucion de Sherif al estudio de las relaciones intergrupales ha sido resaltada por diferentes autores. Tajfel (l978e) manifiesta que la aportacion de Sherifpuede verse desde dos angulos: 1) desde el punto de vista metodologico, al haber logrado crear una autentica historia de relaciones intergrupales, partiendo de la formacion de grupos que llegaron a cobrar realidad para los miembros, asi como el haber conseguido instituciona- lizar el conflicto a traves de la competicion, 10 cual igualmente adquirio significado psi- cologico para los miembros del grupo, y 2) desde un punto de vista. metateorico, ya que

466 Psicologfa de los grllpos

incluso antes de qu e la fase de competicion fuese introducida, lo s chicos ya habian 1110 S- trado interes por ser «mejores» que los otros grupos en diferentes actividades. Por tanto mas que causar la identificacion endogrupal, la competicion intergrupal y el conflict ~ percibido pueden ser una consecuencia de la identificacion grupal y de la diferenciaci6n endogrupo-exogrupo. Fiske y Ruscher (1993) sugieren que a los exogrupos se les aSUl11e espontaneamente como elementos que dificultan los objetivos endogrupales y que la percepcion de interdependencia negativa es la condicion de interaccion intergrupal. Asi

cualquier forma de interdependencia (competitiva 0 cooperativa) entre endogrupo y exo~

grupo puede experimentarse como negativa. Tambien se argumenta que en estas experiencias la cooperacion se saldo con el exito de la tarea. Sin embargo, en la vida real no es facil encontrar metas supraordenadas y, menos atlll , tener una total garantia de que los grupos las puedan alcanzar con hito. En esta linea, autores como Worchel (Worchel, Andreoli y Folger, 1977; Worchel, 1986) pusieron de manifiesto que cuando los esfuerzos conjuntos (endogrupo y exogrupo) no dan el resultado esperado se producen reacciones mas desfavorables hacia el exogrupo que las que tenian en la fase previa de competicion, al que acusan del fracaso. Estos autores piensan que es el resultado exitoso mas que la cooperacion en si misma 10 qu e reduce las hostilidades. Disefiaron un experimento en el que dos grupos trabajaron de forma conjunta en dos tareas con resultados de exito y de fracaso. Este encuentro coope- rativo estuvo precedido por un periodo de interaccion en el que los grupos habian estado compitiendo, cooperando 0 trabajando de forma independiente en otras dos tare as y donde no se habia informado del resultado a los sujetos. Worchel y colaboradores sugirieron que esta «historia» de relaciones intergrupales puede tener un impacto importante en la s reacciones de los grupos al fracaso en una tarea de cooperacion. Despues de esta prime- ra fase de interaccion se comprobo que los que habian estado cooperando mostraron la s actitudes mas favorab les hacia el exogrupo, los grupos competitivos los menos y lo s grupos independientes encajaron en un termino medio. Las actitudes hacia el endogrupo mostraron el patron opuesto. La competicion el icito mayor atraccion endogrupal (0 co- hesion). No obstante, despues de la segunda fase, cuando todos los grupos pasaron por la cooperacion, se presentaron algunas reacciones diferentes. Las actitudes hacia el exo- grupo en los grupos que previamente habian estado compitiendo, experimentaron un mayor cambio tanto de signo positivo como de signo negativo en funcion del exito 0 fracaso, respectivamente. Si la cooperacion en la fase 2 tuvo «ex ito» entonces, al igual que los otros grupos, se manifestaron actitudes mas positivas hacia el exogrupo. Pero aqueUos que «fracasaron» en las tareas cooperativas mostraron una fuerte disminucion en sus puntuaciones de atraccion hacia el exogrupo (vease la Figura 16.3). Hay autores (Deschamps y Brown, 1983) que interpretan la situacion de coopera- cion entre dos grupos diferentes como una nueva situacion en el senti do de que los miem- bros de ambos grupos, al actuar conjuntamente, se pueden considerar como miembros de un mismo grupo, se constituye una categoria nueva, un grupo de mayor tamafio. Este hecho puede suponer que los miembros picrdan las caracteristicas propias de su propio grupo original, pierdan su identidad endogrupal original. Para no llegar a este extremo se recomienda la especificacion del rol de cad a grupo durante la cooperacion para pre- servar sus identidades, ya que podria desaparecer 0 reducirse las actitudes amistosas hacia el exogrupo (Brewer, 1999). Por ultimo, se critica el punto de partida de que el conf1icto es siempre negativo y debe ser erradicado, planteamiento que resulta inadecuado en situaciones de injusticia y

15 2-

22 2[ 20 19 IX 17 16 [ [ [ [ I [

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Pr ocesos i n f ergrupa /I!s 467

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10 ~----------------------------------------------------, Fase I Fase 2

Figura 16.3. Reacciones al 8xito y fracaso en una tarea cooperativa con una historia previa de coope- racion, competicion 0 independencia (de Worchel y colaboradores, 1977)

desigualdad. Estaria por probar si en estas situaciones (dominacion-sumision) la coope-

racion consigue los mismos efectos dado que los estudios de Sherif se realizaron con

grupos de nivel similar.

A pesar de estas dificultades, hay que decir que el trabajo de Sherif «ha demostrado

ser extremadamente fructifero en generar investigacion e ideas y que sus principales

in sights sobre los efectos de la interaccion cooperativa y competitiva parecen ser aun

validos. Sin embargo, 10 que parece ser menos cierto es que no se de impacto directo

a lgu no de las relaciones funcionales p er se sobre las actitudes intergrupa 1es» (Turner,

1981 b, p. 99).

Teoria de los juegos

Desde esta perspectiva se abordan las relaciones y el conflicto intergrupos a traves de

una linea de investigacion de gran exito, los juegos experimentales. En esta teoria, al

igual que en la teoria del conflicto realista, se adscribe a los sujetos 0 grupos una

motivacion para obtener un maximo beneficio que, en el caso de los juegos de suma

cero (objetivos incompatibles), considera inevitable el conflicto. No obstante, a dife-

rencia de la teoria del conflicto realista, considera que en ocasiones la interdependen-

cia entre grupos adopta la forma de motivaciones mixtas, los sujetos tienen una moti-

vacion tanto para cooperar como para competir en esa persecucion por el mejor resultado

posible.

Estas situaciones de motivos mixtos reflejan con mas precision la vida real, pues es

dificil encontrar situaciones de pura competicion 0 cooperacion. EI paradigma mas re-

presentativo de las motivaciones mixtas 10 constituye el dilema del prisione ro (Axelrod,

1996) (vease Cuadro 16.1). Junto a este dilema se han desarrollado otros muchos, como

el «dilema del prisionero de n partes», que implica a mas de dos participantes, y los

«dilemas de recursos», que parten de la idea de que los grupos comparten un conjunto

PrO Ci?S o.\· inlergrupa/es 469

Teoria de la identidad social

La teoria de la identidad social (TIS) comienza con unos datos en busca dc una tcoria (Turner, 1988). En base a las investigaciones de Sherif y al encontrarse que en ausenci a de competici6n la mera pertenencia a un grupo puede ser suficiente para generar con- flieto, Tajfel se plantea que si no es necesaria la competici6n, cmiles son las condiciones minimas para que se produzca una discriminaci6n intergrupal. Esto dio pie al desarrollo del paradigma de grupo minimo (Tajfel y colaboradores, 1971), que establece c6mo la mera categori zaci6n de los sujetos en grupos artificiales sin la mas minima interdepen- dencia conduce a la competici6n social en forma de favoritismo y sesgos endogrupales. Previamente se habian realizado estudios que apoyaban la idea de que el conflicto de intereses 0 la interdependencia competitiva entre grupos podia ser condici6n sujicie nt e, pe ro no necesaria, para llegar a establecer diferencias a favor del propio grupo. Asi , Ferguson y Kelly (1966), haciendo trabajar ados grupos de forma independiente y en presencia mutua en tres tareas, tras 10 cual debian evaluar los productos de cada grupo, encontraron un sesgo evaluativo a favor del propio grupo, al mismo tiempo comproba- ron que los sujetos reconocian haber experimentado una tendencia a competir a pesar de que no se habia introducido una competici6n expJicita. Brewer (1979), en una revisi6n sobre los efectos de la competici6n intergrupal, puso de relieve que si bien la competi- ci6n a veces aumenta, otras no afiade nada al sesgo endogrupal que se produce entre grupos que coactuan 0 incluso entre los que cooperan. Esto Ie llev6 a concluir que «la presencia de la competici6n explicita puede servir para clarificar la distinci6n entre en- dogrupo y exogrupo en las condiciones en las que, si no , la diferenciaci6n seria ambi- gum> (p. 314). La teo ria de la identidad social descansa sobre la triada conform ada por la categori- zaci6n, comparaci6n e identidad social articulada de forma secuencial. La categoriza- ci6n es un proceso de organizaci6n de la informaci6n que recibimos de nuestro ambiente a traves de la simplificaci6n que resulta de la clasificaci6n de elementos que com parten alglll1 atributo distintivo. Tajfel desarro1l6 , en la dec ada de los sesenta, el postulado de que la categorizaci6n nos lIeva a percibir la uniformidad dentro de cada categoria y la diferenciaci6n entre categorias (hip6tesis de fa acentuaci6n). Tajfel y Wilkes (1963) en un experimento, hoy clasico, utilizaron una serie de !ineas de longitud variable en base a una raz6n constante. Los sujetos tenian que estimar la longitud aproximada de cada li- nea. Comprobaron que los sujetos tendian a exagerar las diferencias intercategoriales y a expresar mayor similaridad entre las lineas de cada categoria concreta. Salvando las distancias entre categorizaci6n de estimulos fisicos y sociales, se confirma el hecho de que los procesos de categorizaci6n desencadenan una serie de sesgos relacionados con la percepci6n estereotipica. No obstante, el concepto de categoria social ha recibido tambien criticas, particular- mente desde los te6ricos de la tradici6n lewiniana, que resaItan el pape! de la interde- pendencia percibida. Un trabajo realizado por Rabbie y Horwitz (1969) ponia en cues- ti6n estos planteamientos. Se centraron en «aislar las condiciones minimas que son suficientes para generar actitudes endo-exogrupales discriminatorias» (p. 270). En un principio, los sujetos experimentales fueron evaluados en grupos de ocho y subdivididos posteriormente al azar en grupos de cuatro. Plantearon la posibilidad de repartir una serie de recompensas (radios) como premio a la participaci6n cuyo numero era inferio r al de sujetos. EI reparto se realizo bien al azar, 0 pOl' parte del experimentador, 0 de

470 Psicologia de los gr upos

forma arbitraria se dej o la dec ision en manos de uno de los subgrupos. La mitad de los s uj etos recibieron recompensas y la mitad fueron pri vados de estas. Con posterioridad se pidio a los sujetos que evaluasen las impresiones que les babian causado el reslo d ~ las personas presentes en la sesion. Estos investigadores comprobaron que se producia fa voritismo hacia el endogrupo cuando se compartia fa misma suerte (obtencion 0 no de un premio), pero que en la condicion de control, en la qu e simplemente se dividia a los sujetos en «azules» y «verdes», no se daba ninguna sobrevaloracion del endogrupo. De ello concluyeron que la categorizacion no era suficiente para producir favoritismo. En palabras de Rabbie y Horwitz, « Ia clasificacion de grupo per se parece ser insuficiente para producir evaluaciones discriminatorias» (p. 272). Esta conclusion fue criticada por Turner (1975) , quien sefialo algunos aspectos de la situacion que pod ian habe r contribuido a bac er que la categorizacion resultase poco sa liente para los sujeto s : se omitio la palabra « grupo » al referirse a la division de los sujetos en azules y verdes; se les informo que la division obedecia a razones adl11inistrativas; se empleo una l11edida de la variable dependiente (evaluacion de los individuos) que hacia referencia a las caracteristicas de personalidad de los integrantes de uno u otro grupo. Todos estos aspectos metodologicos contribuyeron a disminuir la pertinencia de la clasificacion de cara a las respuestas requeridas de los sujetos.

EI paradigma del grupo minimo

A partir del estudio anterior, Tajfel, Flal11ent, Billig y Bundy (1971) llevan a cabo un par

de experil11entos del que se derivaron conclusiones basicamente contrarias y que son

considerados puntos de partida del «paradigma de grupo minimo», «sosten metodologi- co de la teoria de la identidad social» (Montalban, 1998, p. 206). Las condiciones funda-

mentales de este paradigma experimental son las siguientes (Bourhis, Gagnon y Mo 'i se,

1996, p. 148):

Se crean dos grupos a partir de una division arbitraria (por ejemplo, estimacion perceptual , preferencias artisticas de obras de dos pintores, Klee y Kandinsky). Los grupos son form ados exclusivamente para afrontar las necesidades inmedia- tas del experimento; no existe ninguna historia previa de conflictos de intereses 0 de competicion entre estos grupos. EI anonimato de los sujetos es total tanto a nivel individual como a nivel de per- tenencia grupal; se elimina asi los posibles efectos de las afinidades interperso- nales, conflictos de personalidad, etc. Se elimina cualquier indicio de interaccion social entre los participantes tanto a nivel endogrupal como exogrupal; con ello se impide que se desarrollen incom- patibilidades interpersonales 0 intergrupales Ausencia de vinculo instrumental entre las respuestas del sujeto y su propio inte- res; los sujetos nunca se otorgan recursos personalmente.

En estas condiciones se eliminan todas las variables que pueden incidir sobre la dis- criminacion a excepcion de una, la categoria nosotros-ellos, creando as! una identidad social minima, los sujetos son conscientes de pertenecer a un grupo, pero la definicion del grupo es practicamente nula.

472 Psi co logia de los grupos

La asignacion de sujetos a los grupos se hi zo al azar, correspondiendo la mitad al grupo Kandinsky y la otra mitad al grupo Klee. La variable independiente era, pues, la categorizacion y la variable dependiente el tipo de decision tomada. La medida de la variable dependiente se hacia a traves de las matrices. Las matrices permiten tomar dec i- siones que responden a las siguientes estrategias basicas :

MGC (maxima ganancia conjunta). Obtener el maXImo dinero del experi- mentador para los miembros de ambos grupos considerados de forma conjunta.

Ejemplo: 7 + 25 = 32.

MGE (maxima ganancia endogrupal). Elegir aquella combinacion numerica que garantice al miembro del endogrupo la cantidad maxima. Ejemplo: I/O = 19 / 1; 0 /1 = 25/. MD (maxima diferencia a favor del endogrupo). Establecer una mayor distancia entre 10 que obtiene el miembro del endogrupo y el del exogrupo. Ejemplo:

I/O = 19 - 1= 18; 0 / 1= 25 -7 = 18.

J Ousticia). Distribucion de la misma cantidad para el endogrupo y para el exo- grupo. Ejemplo: 13/13. FO (favoritismo exogrupa l). Mayor numero de puntos a los miembros del exo- grupo. Ejemplo: 0/1= 1911; I/O = 7/.

Los resultados obtenidos en este experimento indicaron:

I. Que los sujetos, sin razon aparente alguna, atribuyen mayores cantidades de di- nero a los miembros de su endogrupo dado que emplean fundamentalmente las estrategias de maximo beneficio endogrupal y diferenciaci6n maxima y no ha- cen uso de la estrategia maximo beneficio conjunto.

  1. Los sujetos prefieren que su endogrupo consiga un beneficio absoluto inferior si con ello estos ganan mas que los miembros del exogrupo, es decir, sacrifican el beneficia endogrupal absoluto con el objeto de maximizar la diferencia a favor del endogrupo.

En suma, basta separar a los sujetos en grupos de acuerdo con un criterio trivial para producir efectos de diferenciacion intergrupal. Por tanto, la mera percepcion de perte- nencia ados grupos distintos (<<nosotros» y «elios») es condicion necesaria y suficiente para producir discriminacion.

Tabla 16.1. Ejemplo de matriz del paradigma del grupo minima

Miembro 19 18 17 16 15 14 13 12 11 10 9 8 7

del grupo X

Miembro 3 5 7 9 11 13 15 17 19 21

,

del grupo Y

Procesos inlergrupa/c.l' 473

Se propusieron diversas ex plicaciones para dar cuenta de los resultados de estos ex- perimentos: la existenc ia de una norma generica de favorecer al endogrupo (los resulta- dos supondrian un compromiso entre dicha norma y la norma de justicia) y la ac tuaci6n de los suj etos se expIicaria porque en el pasado habian obten id o refuerzos al actuar de fo rm a competitiva. Tajfel (1987b) ha criticado ambas explicaciones, ya que , seg lll1 el, si los sujetos hubiesen optado por otras estrategias tambien se podrian haber aplicado las mismas explicacione s. Estos resultados fueron confirmados posteriormente por los de otros experimentos (por ejemplo, Billig y Taj fe l, 1973 ; A ll en y Wilder, 1975 ; Turner, 1975 ; Turner, Brown y Tajfel,

  1. empleando variaciones del mismo paradigma en contextos distintos, con poblacio- nes diferentes en cuanto a sexo, edad, clase social, cultura, etc. En todos ellos se puso de manifiesto que el mero hecho de distribuir a la gente en categorias sociales arbitrarias es suficiente para elicitar conductas discriminatorias (Brewer, 1979; Diehl, 1990; Tajfel, 19 82b). A pesar del amplio consenso empirico, no ha faltado la controversia que se ha centrado principalmente en los siguientes aspectos: la interpretaci6n de los datos observados como reveladores de la discriminaci6n (Bornstein y colaboradores, 1983), las dudas sobre la va lidez externa por su elevado grado de artificialidad (Aschenbrenner y Schaeffer, 1980; Brown, Tajfel y Turner, 1980). No obstante, tambien se ha demostrado utilizando otras medidas dependientes que los miembros del endogrupo reciben calificaciones mas favora- bles que los del exogrupo (Brown, Tajfel y Turner, 1980; Brown y Smith, 1989). Otros tr abajos (Hewstone, Fincham y Jaspars, 1981; Mummendey y colaboradores, 1992) han puesto de manifiesto que la discriminaci6n posit iv a en favor del endogrupo no necesaria- mente es la misma cuando se utiliza, por ejemplo, reparto de estimulos aversivos. EI conjunto de trabajos experimentales y desarrollos te6ricos que se produjeron a partir del paradigma del grupo minimo dio lugar a la teoria de la identidad social, prime-

ro desarrollada por Tajfel y despues de su temprana muerte por Turner en su teoria de la

categorizaci6n del yo (TAC). De forma abreviada exponemos las principales !ineas ar-

gumentales de esta teoria (de forma mas extensa se han expuesto los postulados de estas teorias en un capitulo anterior).

Las personas utilizan categorias para ordenar, simplificar y comprender mejor la

realidad social. Este proceso permite que las personas se adscriban a si mismas y a las demas a ciertos grupos que guardan relaci6n con el sexo, raza, clase social, etc. Una de

estas categorias («nosotros»-<<ellos») resulta ser clave para el sentido de identidad social

que tienen las personas y que esta determinado por su p ertenencia a distintos grupos. La

id entidad es esa parte del autoconcepto que esta ligada al conocimiento qu e el sujeto tiene de pertenecer a ciertos grupos sociales y a la significaci6n emocional y evaluativa resultante.

Las personas prefieren tener un autoconcepto positivo en vez de negativo, y dado

que buena parte de este concepto se desarrolla a traves de la pertenencia a ciertos gru- pos, es 16gico que quieran pertenecer a grupos socialmente valorados. Dado que esta

valoraci6n no es en terminos absolutos, sino relativos, las personas establecen compara-

ciones con otros grupos. EI resultado dc cstas comparaciones da lugar a sesgos que per-

miten diferenciar de forma favorable al endogrupo de los exogrupos, «distintividad po- sitiva», y que contribuyen a la construcci6n de una identidad social positiva y con ello los sujetos incrementan su autoestima. A partir de aqui se empez6 a desplegar todo un elenco de investigaciones que han tratado de desarrollar los supuestos que desde la TIS y la TAC se habian propuesto. Tal

Prucesos illl e l'g rujlll/ es 475

Ie consiste ntes , los ti empos de reacci6n son menores que cuando son in consistentes. En esle contexto, Farnham y col aboradores encontraron que la autoestim a, el sesgo endo- grupal y la identificaci6n grupal correl acionaban. A estos argumentos metodol6gicos hay que afiadir otros motivos, como los que se ponen en ju ego cuando las personas se identifican can un grupo. H ogg y Abrams (1 990 ) afi rman que ser categorizado como mi embro de un grupo en un experimento de grupo minimo supone una «busqueda de significado» de los participantes que intentan reducir la incertidumbre cr eada por los procedimientos experimentales. La discriminaci6n que lo s participantes manifiestan puede ser vista mas como un intento clarificador de la s i- tuaci6n que como un intento por sentirse bien consigo mismo. EI hecho de que la au- to estima puede aumentar, en algunas ocasiones tal discriminaci6n puede ser atribuible a esta mayor certidumbre mas que a una evaluaci6n mas positiva del endogrupo. Por ejemplo, Ho gg y Mullin (1999) encontraron que los sujetos con experiencia en los procedimien- loS de grupo minimo redujeron los niveles de discriminaci6n intergrupal, aunque los cam bios en autoestima fueron menos fiables. Brewer y Brown (1998) clarifican esta doble vertiente en base ados criterios. Prime- ro , la diferencia entre alta y baja autoestima se puede contemplar como una caracteristi-

ca general , pennanente del autoconcepto de un individuo (autoestima como rasgo) 0

bien como un estado. Segundo, la diferencia entre autoestima p ersonal y autoestima

co lectiva (Crocker y Luhtanen, 1990; Luhtanen y Crocker, 1991 , 1992). Algunos estu-

dios han demostrado que la autoestima personal y la autoestima colectiva exhiben dife- rentes relaciones con la discriminaci6n intergrupal. Long, Spears y Manstead (1994 ) encontraron que los sujetos con alta autoestima personal mostraban mayor favoritismo endogrupal en evaluaciones del producto grupal que los individuos con baja autoestima fr ente a la idea de que la discriminaci6n intergrupal es una forma de compensaci6n para la baja autoestima personal. No obstante, entre los individuos que exhiben alta autoesti-

ma, aquellos que eran bajos en autoestima colectiva mostraron un mayor favoritism o

endogrupal , 10 que sugiere que tal discriminaci6n refleja una bllsqueda de la identidad positiva intragrupal a nivel colectivo. Este hallazgo sugiere que las predicciones realiza - das por la TIS son mas aplicables a los individuos con un nivel alto de autoestima, aun - que esta idea requiere apoyo empir ico adicional (De Cremer, Van Vugt y Sharp, 1999). Abrams y Hogg (1990, p. 322) se manifiestan en contra de la excesiva implicaci6n de la autoestima en la conducta intergrupal y entienden que «Ia autoestima puede, bajo ciertas condiciones, ser accesoria e incluso irrelevante». Turner (1999) subraya que la perspectiva de la identidad social parte del supuesto de la discontinuidad entre conducta individual y conducta grupal, identidad personal y so- cial y autoestima personal y social. Es decir, «aunque la teoria asume que existe una necesidad para la autoevaluaci6n positiva, ella no equipara esta necesidad con un moti- vo a nivel individual. Al contrario, la teoria se refiere especificamente a la identidad social, no a la autoestima a nivel individual como tal» (p. 24).

ldentificacion grupal y sesgo endogrupal

Otro de los desarrollos te6ri cos que ha seguido a la teoria de la identidad social es la relaci6n entre identificaci6n grupal y sesgo endogrupal. Si las evaluaciones intergrupa- les sesgadas y las decisiones estan motivadas por intereses de identidad social, entonees presumiblemente podriamos esperar encontrar una correlaci6n positiva entre identifica-

476 Psicol og iu de l os grupos

cion grupal de lo s s uj etos y sus ni veles de sesgo endogrupa l. No obstante, esta correla- cion ha resultado ser in establ e (Hinkl e y Brown, 1990). i,Como podemos explicar esto? En primer lu gar, hemos de acudir, una vez mas, a razones metodologicas. Tajfel cons id e- ro la identidad social integrada por tres componentes: cognitivo (conciencia de perte- nencia grupal 0 autocategorizacion), evaluativo (consideracion del grupo) y emocional (sentimientos de adhesion al grupo), y muchas de las medidas reali zadas de la identifica- cion grupal han combinado estos elementos en una unica medida. Ellemers y colabora- dores (1999) defienden que esto es un error pOl'que los tres aspectos de la identidad social pueden funcionar de forma independiente y asi tener diferentes consecuencias sobre el favoritismo endogrupal. Por ejemplo, una persona puede ser altamente cons- ciente de pertenecer a un grupo, pero no sentirse muy comprometida con el mismo. De hecho, Ellemers y colaboradores especularon qu e el componente afectivo es el que m as probabilidad tiene de estar correlacionado con la diferenciacion intergrupal positiva. In- vestigaciones mas recientes (por ejemplo, Henry yArrow , 1999; Kashima y colaborado- res , 2000) tambien abogan por delimitar conceptual y empiricamente los componentes de la identificacion. Otra explicacion alternativa a las relaciones inconsistentes entre identificacion y sesgo es que la relacion propuesta entre mantenimiento de la identidad y comparaciones inter- grupales puede no ser igual en todos los contextos grupales 0 aplicarse por igual a todos los miembros del grupo (Hinkle y Brown, 1990). Brown y colaboradores (1992) defien- den que la relacion entre identificacion y sesgo grupal depende de los niveles de individua- lismo y colectivismo del grupo y de su inclinacion 0 no a comprometerse en comparacio- nes intergrupales, siendo mayor en grupos con orientacion colectivista y comprometidos en comparaciones intergrupales (vease la Figura 16.4). No obstante, estudios posteriores no siempre han encontrado este mismo patron (por ejemplo, Brown y colaboradores, 1996). Tambien se han estudiado las implicaciones que la am e naza a fa identidad tienen para la conducta intergrupal. Branscombe y colaboradores (1999) distinguen cuatro ti- pos de amenaza (a la categorizacion, a la distintividad, a los valores y a la aceptacion) en funci6n del contexto social en el que se encuentra y como la respuesta de los sujetos a estos tipos de amenaza depende del contenido de la identidad 0 de la dimension de com- paraci6n social y del grado de compromiso con el grupo. En general, 10 que es experi-

Ori entaci6n relacional

0,24 0, 55

O ri entaci6n individua li sta Orientaci6n colecti vista

0,05 0,^23

Orientaci6n aut6noma Figura 16.4. Relaei6n entre identilieaei6n grupal y sesgo endogrupal moderada por las dilerentes orientaeiones soeiales (elr. Brown y eolaboradores, 1992)