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Pasos a seguir en una necropsia de bovino
Tipo: Apuntes
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Necropsia es el procedimiento mediante el cual a través de la observación, intervención y análisis del cadáver del animal tanto externamente como internamente. Esta es una herramienta muy importante ya que nos permite observar las lesiones y obtener muestras que se enviaran al laboratorio. La realización sistemática de una necropsia, el reconocimiento e interpretación de lesiones y la adecuada recolección de muestras para procesarlas en laboratorios especializados se constituyen en el pilar del diagnóstico de una enfermedad. Diversos problemas sanitarios pueden presentarse en los sistemas de producción; por lo tanto, es importante que el ejercicio diagnóstico sea prolijo y metódico, con el objetivo de tratar de arribar a un diagnóstico etiológico final, y de esta manera, poder establecer medidas de control para evitarlos en el futuro. Este ejercicio debería iniciarse con una correcta recolección de información anamnésica, que permita establecer en primera instancia, posibles factores que expliquen la presentación de la enfermedad. Esta información, en conjunto con la revisación clínica de los individuos afectados, permitirá orientarnos al iniciar la técnica de necropsia (Canton G., 2019).
Antes de comenzar una necropsia se deben registrar los antecedentes del establecimiento de donde proviene el caso, es decir, la anamnesis del problema. Esta debería incluir las características productivas del establecimiento, desde ubicación geográfica y superficie ganadera, tipo de explotación ganadera y qué superficie se dedica a cada actividad. Además, debería incluirse el tipo de suelo: si es bajo, tendido, o alto; y la proporción de cada uno de ellos, si es mixto. Debería incluirse la población de animales existentes, por categoría, razas, sexo y estado fisiológico (Canton G., 2019). La base de la historia clínica puede construirse a través de las siguientes preguntas:
muerto recientemente (2-4 horas). De todas maneras, no se deben desechar los cadáveres por más que estén en estado de putrefacción porque siempre nos pueden arrojar algún dato de interés. Es decir, si hay un cadáver, la necropsia se debería realizar siempre. Si se van a enviar muestras para bacteriología es importante que no hayan sido tratados con antibióticos. Se realizarán la mayor cantidad de necropsias que sea posible, ya que generalmente en un mismo animal no siempre se encuentra todo el cuadro lesional que caracteriza una enfermedad (Robles, 1991)
Se debe registrar el número de caravana, tatuaje y señal si posee. Además, la edad, la raza y categoría del animal (Robles, 1991)
Cuando se dispone de animales para sacrificar, previamente se registrarán la mayor cantidad de datos clínicos que se pueda como el estado de la piel, faneras y estado de las mucosas (Robles, 1991) Revisar detenidamente el exterior del animal. Determinar el estado de desarrollo y nutrición. Observar especialmente las aberturas naturales: ano, nariz, boca, genitales externos, los ojos, las extremidades. Palpar las articulaciones, tejido subcutáneo, masas musculares y ganglios superficiales. Revisar por la posible presencia de lesiones en piel y la presencia de ectoparásitos. En este momento se podrían llegar a recolectar algunas muestras que podrían ser de valor diagnóstico. Por tal razón, se recomienda hacerlo y no dejarlo para más adelante en el proceso de la necropsia, porque pueden llegar a ser olvidadas. Un ejemplo, podría ser la recolección de humor vítreo para el diagnóstico de hipomagnesemia (Canton G., 2019).
En muchas oportunidades habrá que realizar la eutanasia de los animales afectados para luego realizar estudios post mortem. Si bien tradicionalmente nunca se han tomado medidas para realizar la eutanasia teniendo en cuenta aspectos relacionados con el bienestar animal, hay que considerar que éste es un procedimiento para finalizar con la vida de un animal por lo tanto debería realizarse de forma humanitaria, no dolorosa ni estresante. En la misma, siempre deberá intervenir un veterinario con experiencia o personal entrenado apropiadamente y capacitado. Luego de la aplicación de cualquiera alternativa para lograr la eutanasia, se debe confirmar la muerte del animal, teniendo siempre en cuenta la seguridad del operador, ya que los animales pueden llegar a manifestar movimientos involuntarios. Se debe corroborar la ausencia de pulso sanguíneo o movimientos cardíacos, respiración, reflejo corneal o palpebral, entre otros (Canton G., 2019).
frecuente la incisión de algún órgano que provoque la salida brusca de gas o contenido. Por tal razón, y dependiendo de los objetivos de la necropsia, se puede incidir voluntariamente para distender el contenido, sobre todo incidiendo el rumen o abomaso y de esta manera permitir la salid de gas. Si no se desea contaminar la cavidad abdominal para su posterior muestreo, hay que hacerlo de manera más cuidadosa, utilizando generalmente el cuchillo con el filo hacia adentro, y evitando incidir los órganos con la punta de este.
De esta manera se irá separando la lengua, cortando el frenillo. Para poder continuar con la remoción de la lengua, se deberá desarticular los huesos hioides “Glotis”. Esto debe hacerse incidiendo sus cartílagos. De esta manera se liberará la lengua y se podrá seguir incidiendo laringe para poder disecar faringe, glotis, tráquea y esófago hacia caudal. Luego se podrán extraer los pulmones cortando mediastino en su inserción dorsal y cortando la aorta; luego el corazón, evitando incidir el saco pericárdico y finalmente cortando el esófago antes de su paso por el diafragma. De esta manera, extraemos en conjunto todo el tracto respiratorio inferior, junto a corazón, grandes vasos, y lengua para su posterior examen.
Examen de los órganos de cavidad bucal, cuello y tórax Paladar: tanto el paladar, como los carrillos, se podrán revisar cuando se está extrayendo la lengua o luego de extraerla, para tratar de detectar lesiones erosivas o ulcerativas en su mucosa. Linfonódulos regionales, tiroides y glándulas salivares: los mismos deberán ser inspeccionados in situ. Lengua: Debe revisarse inicialmente su superficie para detectar lesiones y luego hacer cortes longitudinales para tratar de detectar lesiones en la porción muscular. Faringe: se pueden detectar lesiones en su mucosa, principalmente. Esófago: se puede disecar el esófago de la tráquea, o simplemente abrirlo in situ desde la luz con un cuchillo o tijera a lo largo de toda su extensión. De esta manera se podrá revisar su mucosa para tratar de detectar lesiones ulcerativas o erosivas en su extensión, entre otras.
torácica, revisar la superficie costal, las vértebras, esternón, pleura, entre otras. Examinar la médula ósea en las costillas fracturando algunas. Examinar el diafragma. Corazón: abrir el saco pericárdico y observar características y cantidad de líquido pericárdico, además de alguna otra anormalidad. Para abrir el corazón, cortar a lo largo de los ventrículos izquierdo y derecho; examinar las válvulas, aurículas y salida de grandes vasos cuidadosamente.
Remoción y examen de las vísceras abdominales Hígado y vesícula biliar: remover el hígado, disecándolo del duodeno y de sus inserciones para ser examinado. Evaluar el tamaño de vesícula biliar y presionarla para corroborar que haya salida de bilis por colédoco y descartar posibles obstrucciones. Abrir la vesícula y los conductos biliares con tijeras, siguiendo su recorrido para evaluar presencia de estructuras parasitarias (trematodos). Examinar linfonódulo hepático, cercano a la descarga del colédoco en duodeno. Hacer cortes longitudinales en el parénquima hepático para evaluar presencia de lesiones y/o estructuras parasitarias, entre otras. Abomaso: separar el abomaso utilizando hilo o precintos plásticos en el píloro para evitar salida de contenido hacia caudal. Para evaluar pH de contenido abomasal (siempre y cuando el animal haya sido eutanasiado o haya muerto recientemente, ya que puede alterarse luego de un tiempo), hacer un pequeño corte e introducir una cinta para medir pH durante 1 minuto, corroborando que está en contacto con el contenido abomasal. Para realizar conteos de larvas y estadios adultos de nematodos, vaciar el contenido abomasal en un recipiente. Luego verificar las características de la mucosa para evaluar posibles lesiones.
final cuando todos los demás órganos hayan sido examinados. Detectar la válvula ileocecal para evaluar sus características. Además, revisar linfonódulos mesentéricos y adyacentes. Riñones y glándula adrenal: removerlos en conjunto, comenzando con el riñón y glándula derechos que resulta más expuesto. Hacer lo mismo con el riñón y glándula izquierdos. Revisar los riñones haciendo un corte longitudinal en el medio del órgano y de esta manera será más sencilla separar la cápsula renal observar la superficie exterior del riñón. Luego revisar las áreas más profundas de los riñones. De manera similar, cortar longitudinalmente las glándulas adrenales para evaluar características de corteza y médula. Páncreas: el páncreas suele pasar desapercibido en la necropsia, pero debe ser disecado del duodeno y examinado. Bazo: suele quedar adherido a la pared ruminal. Evaluar su tamaño, espesor y características de parénquima. En el caso que se sospechara con anterioridad que es posible que se trate de Carbunclo (Bacillus anthracis), usualmente se coloca al cadáver en decúbito lateral derecho para realizar una “ventana” en la parrilla costal izquierda, incidiendo la piel hacia dorsal entre las costillas 9º y 11º y entrando en cavidad abdominal para evaluar, con recaudo, el tamaño del bazo, que, si se encontrase agrandado, podrá detectarse fácilmente. De esta manera, terminamos en este momento la necropsia para evitar contaminación del medio y exposición del personal actuante.
Vejiga: examinarla, extrayendo orina, observar su color y consistencia. Revisar su mucosa. Aorta abdominal: abrir la aorta y sus ramas mayores examinando la superficie de la íntima.
Separar la cabeza desarticulando la articulación atlanto-occipital. Antes de hacerlo completamente, se sugiere preparar el campo para probar la extracción de líquido cefalorraquídeo (LCR). Para esto, hacer cortes apoyando el filo del cuchillo sobre los cóndilos del occipital, sin incidirlo directamente. De esta manera se expondrá la meninge y así, se podrá ingresar con jeringa y aguja para extraer LCR para futuro análisis. Encéfalo: utilizando sierra o hacha incidir el cráneo realizando 3 cortes diferentes: por un lado, un corte que una las 2 órbitas oculares; 2 cortes que unan cada una de las órbitas oculares (derecha e izquierda) con la zona medial de cada uno de los cóndilos del occipital (derecho e izquierdo), respectivamente.
glándulas lagrimales. Fijar el globo ocular en formol o fijador de Zenker y una vez fijado cortarlo verticalmente y revisar las estructuras internas. En este momento, también se podrá extraer humor vítreo (cámara vítrea) o acuoso (cámara anterior) para futuros análisis. Oídos externo, medio e interno: examinar y cortar los pabellones del oído, observar por la posible presencia de parásitos. Exponer y examinar el canal auditivo externo y los tímpanos. Con un fórceps para hueso y un cincel exponer las estructuras del oído medio e interno. Cavidad nasal: examinar el interior de la cavidad nasal, si fuera necesario, hacer cortes transversales. Los senos podrían ser abiertos si es necesario.
Articulaciones: desarticular y examinar diferentes articulaciones y superficies articulares, evaluando las características del líquido sinovial. Las masas musculares también deberán ser palpadas y examinadas mediante cortes profundos. Glándula mamaria y linfonódulos supramamarios: evaluarlos in situ, para detectar posibles alteraciones. Palpar y cortar todos los cuartos de la glándula, abrir los pezones y cisternas. Sistema genital del macho: evaluar vesículas seminales, próstata, testículos, el prepucio y el pene. Abrir el escroto y sacar los testículos y cordones espermáticos, disecando hasta el cuello de la vejiga. Cortar alrededor de la abertura pélvica. Extraer el
recto y estructuras urogenitales ubicadas en la pelvis. Disecar y examinar cada una de las partes. Sistema genital de la hembra: extraer el recto con la vulva, vagina, cuello y cuernos del útero, disecar y examinar cada una de las partes. Extraer y examinar los ovarios. Si el animal está preñado revisar el feto y estructuras placentarias. Médula espinal: extraer los músculos que rodean la zona y cortar los cuerpos vertebrales con hacha, hasta llegar al canal vertebral. Otra alternativa es realizando cortes con cierra o hacha de diferentes porciones de la columna vertebral (cervical, torácica, lumbar, sacra) y luego extraer la médula espinal con cuidadosa tracción.
El informe de necropsia que cada veterinario realice ya sea para sí mismo, para enviar al laboratorio de diagnóstico, o para enviar a la empresa que lo solicita, debería incluir un número identificatorio que permita fácilmente recordar el caso. Además, se debe incluir la especie animal, edad, sexo, raza e identificación del individuo. Además, se debería estimar el grado de autólisis que presentaba el animal al realizar la necropsia, el estado nutricional que presentaba y si fuera posible la historia clínica previa a su muerte. Posteriormente, deberán describirse todos los tejidos y órganos, utilizando como recordatorio la guía de la sección anterior. También es útil tener una lista recordatoria de los diferentes tejidos para no olvidar revisar ninguno.
Una vez terminada la necropsia, si se sospechara que el animal estaba sufriendo alguna enfermedad zoonótica (ej.: carbunclo, rabia, brucelosis, tuberculosis), se deberá eliminar la res y sus partes mediante metodologías apropiadas para evitar contaminación. El instrumental deberá ser lavado, enjuagado y desinfectado convenientemente y guardado en orden para las próximas necropsias.