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Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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Universidad Autónoma de Santo Domingo Facultad de humanidades Escuela de Psicología Dirección de Educación Virtual
Autora:
Mercedes Esquea Acosta, M.B.A.
Santo Domingo, D.N. Elaborado en septiembre, 2020
Autora: Mercedes Esquea Acosta
dejar sus lealtades de lado. Los alumnos de Princeton, por ejemplo, vieron más del doble de infracciones cometidas por los jugadores de Dartmouth que las que vieron los estudiantes de esa misma institución. Un estudio reciente encontró algo similar en cuanto a puntos de vista políticos: las personas en desacuerdo con la perspectiva de manifestantes estuvieron más dispuestas a declarar que estaban “bloqueando el acceso” a un edificio o de que “les gritaban” a quienes entraban en él. La conclusión: existe una realidad objetiva allá afuera, pero siempre la percibiremos a través de la lente de nuestras creencias y valores. Todos somos científicos intuitivos. Explicamos el comportamiento de las personas, generalmente con la velocidad y precisión suficientes para adecuarse a nuestras necesidades diarias. Cuando el comportamiento de alguna persona es consistente y distintivo, podemos atribuirle tal comportamiento a su personalidad. Por ejemplo, si usted observa que alguien hace comentarios maliciosos en repetidas ocasiones, podrá inferir que tiene muy mal carácter por lo que quizá trate de evitarla. También importan las creencias que cada quien tiene acerca de sí mismo. ¿Tiene un punto de vista optimista? ¿Considera que está en control de las cosas? ¿Piensa usted que es relativamente superior o inferior? Sus respuestas influirán en sus emociones y acciones. Importa la manera en que interpretamos el mundo y a nosotros mismos.
Nuestras intuiciones instantáneas moldean nuestros temores (¿es peligroso volar?), impresiones (¿puedo confiar en esa persona?) y relaciones (¿le agrado a esa persona?). Las intuiciones influyen sobre los presidentes en momentos de crisis, los apostadores mientras juegan, los miembros de un jurado que habrá de determinar culpabilidad y los directores de personal que entrevistan a distintos candidatos. Estas intuiciones son comunes y corrientes. De hecho, la ciencia psicológica revela una mente inconsciente fascinante, una mente intuitiva tras bambalinas, de la que Freud nunca habló. En un grado mayor al que los psicólogos habían pensado hasta hace poco, el pensamiento ocurre en segundo plano, lejos de nuestra vista. Nuestras capacidades intuitivas se han visto reveladas por estudios que se explicarán en capítulos posteriores: “procesamiento automático”, “memoria implícita”, “heurística”, emociones instantáneas y comunicación no verbal. Pensamos en dos niveles: “intuitivo” y “deliberado” , algunos los llaman “sistema 1” y “sistema 2”. Un libro del psicólogo ganador del premio Nobel, Daniel Kahneman (2011), captura esta idea: lo que hacemos es pensar rápido, y también pensar lento. La intuición es importantísima, pero también resulta peligrosa. Por ejemplo, mientras viajamos por la vida, principalmente en piloto automático, juzgamos de manera intuitiva la probabilidad de los sucesos según la
Autora: Mercedes Esquea Acosta
facilidad con la que vienen a nuestra mente. Llevamos imágenes mentales de accidentes aéreos. Así, la mayoría de las personas le teme más a volar que a manejar y hay muchas personas dispuestas a conducir distancias considerables con tal de evitar el riesgo que implica surcar los aires. Pero la realidad es que, al comparar recorridos, estamos 86 veces más a salvo en un vuelo comercial que en un auto, según informes del National Safety Council
Incluso es frecuente que nuestras intuiciones acerca de nosotros mismos sean erróneas. De manera intuitiva, confiamos en nuestros recuerdos más de lo que debiéramos. Malinterpretamos nuestros propios pensamientos; en experimentos, negamos vernos afectados por cosas que sí tienen una influencia sobre nosotros. Predecimos nuestros sentimientos de forma incorrecta; lo mal que nos sentiremos de aquí a un año si perdemos nuestro empleo o se acaba nuestra actual relación romántica y lo bien que nos sentiremos de aquí a un año o, incluso, a una semana de distancia, si nos ganamos la lotería. Y es frecuente que no sepamos predecir nuestro propio futuro. Al seleccionar su ropa, la gente que se está acercando a la mediana edad sigue comprando prendas justas (“Seguramente perderé esos kilitos de más”); es rara la vez que alguien dice, de modo más realista: “Mejor compraré una talla más amplia; las personas de mi edad tienden a aumentar de peso”. Así pues, nuestras intuiciones sociales son notables tanto a causa de sus poderes como a causa de sus peligros. Al identificar los dones y riesgos de nuestras intuiciones, los psicólogos sociales pretenden enriquecer nuestro razonamiento. En la mayoría de las situaciones, los juicios inmediatos “rápidos y económicos” funcionan de maravilla. Pero en otras, en las que importa la precisión, como cuando necesitamos temerle a las cosas adecuadas y utilizar nuestros recursos con prudencia, es mejor que limitemos nuestras intuiciones por medio del pensamiento crítico. Nuestras intuiciones y el procesamiento inconsciente de información normalmente son poderosos y, a veces, peligrosos.
Las fuerzas internas también importan. No somos hojas secas pasivas que los vientos sociales empujan acá o allá. Nuestras actitudes internas afectan nuestro comportamiento exterior. Nuestras actitudes políticas influyen en la forma en que votamos. Nuestras actitudes hacia el alcohol influyen en nuestra susceptibilidad a la presión de nuestros compañeros a beber. Nuestras actitudes hacia los pobres influirán en nuestra disposición a ayudarlos (nuestras actitudes también dependen de nuestro comportamiento, lo que significa
Autora: Mercedes Esquea Acosta
La psicóloga social Hazel Markus (2005) lo resume de la siguiente manera: “La gente es, por encima de todo, maleable”. Dicho en otras palabras, nos adaptamos a nuestro contexto social. Nuestras actitudes y comportamiento están moldeados por fuerzas sociales externas.
La psicología social del siglo XXI nos ofrece discernimientos cada vez más amplios acerca de los fundamentos biológicos de nuestra conducta. Muchos de nuestros comportamientos sociales reflejan una profunda sabiduría biológica. Cualquiera que haya tomado un curso introductorio a la psicología sabe que la naturaleza y la crianza, en conjunto, forman lo que somos. De la misma forma en que el área de un rectángulo se determina tanto por su largo, como por su ancho, nuestra biología y experiencia nos moldean de manera conjunta. Como nos lo recuerdan los psicólogos evolutivos, nuestra naturaleza humana hereditaria nos predispone a comportarnos de formas que ayudaron a nuestros ancestros a sobrevivir y reproducirse. Somos portadores de los genes de aquellos cuyos rasgos les permitieron sobrevivir y reproducirse. Nuestro comportamiento también pretende transferir nuestro ADN hacia el futuro. Así, los psicólogos evolutivos se preguntan la forma en que la selección natural podría moldear nuestras acciones cuando nos citamos y apareamos, cuando nos odiamos y lastimamos, cuando nos cuidamos y compartimos. La naturaleza también nos brinda una enorme capacidad para aprender y adaptarnos a diversos ambientes. Somos sensibles y receptivos a nuestro contexto social. Si cada evento psicológico (cada pensamiento, cada emoción, cada conducta) es un evento biológico de manera simultánea, también podremos analizar la neurobiología que subyace al comportamiento social. ¿Qué áreas del cerebro hacen posibles nuestras experiencias de amor y desprecio, de ayuda y
Autora: Mercedes Esquea Acosta
agresión, de percepción y creencia? ¿Las personas tímidas (contra aquellas más socialmente seguras) reaccionan de manera distinta al ver una cara amistosa? ¿Cómo es que el cerebro, la mente y la conducta funcionan juntos como un solo sistema coordinado? ¿Qué revela el momento de ocurrencia de los eventos cerebrales acerca de la manera en que procesamos la información? Tales son las preguntas que plantea la neurociencia social. Los neurocientíficos sociales no reducen los comportamientos sociales complejos, como la ayuda y la agresión, a simples mecanismos neurales o moleculares. Cada ciencia se basa en los principios de ciencias más básicas (la sociología se fundamenta en la psicología, que se basa en la biología, que se apoya en la química, que se basa en la física, que se fundamenta en las matemáticas). Pero cada disciplina también introduce nuevos principios no predichos por las ciencias más básicas. Así, a fin de comprender el comportamiento social, debemos tomar en cuenta las influencias tanto debajo de la piel (biológicas) como entre pieles (sociales). La mente y el cuerpo forman un único gran sistema. Las hormonas afectan la manera en que nos sentimos y actuamos: una dosis de testosterona disminuye la confianza, mientras que una dosis de oxitocina la aumenta. Sentirnos excluidos eleva la presión arterial. El apoyo social fortalece el sistema inmunitario que lucha en contra de las enfermedades. Somos organismos biopsicosociales. Reflejamos la interacción entre las influencias biológicas, psicológicas y sociales. Esa es la razón por la que los psicólogos de hoy estudian la conducta desde estos diferentes niveles de análisis.
La psicología social del siglo XXI nos ofrece discernimientos cada vez más amplios acerca de los fundamentos biológicos de nuestra conducta. Muchos de nuestros comportamientos sociales reflejan una profunda sabiduría biológica. Cualquiera que haya tomado un curso introductorio a la psicología sabe que la naturaleza y la crianza, en conjunto, forman lo que somos. De la misma forma en que el área de un rectángulo se determina tanto por su largo, como por su ancho, nuestra biología y experiencia nos moldean de manera conjunta. Como nos lo recuerdan los psicólogos evolutivos, nuestra naturaleza humana hereditaria nos predispone a comportarnos de formas que ayudaron a nuestros ancestros a sobrevivir y reproducirse. Somos portadores de los genes de aquellos cuyos rasgos les permitieron sobrevivir y reproducirse. Nuestro comportamiento también pretende transferir nuestro ADN hacia el futuro. Así, los psicólogos evolutivos se preguntan la forma en que la selección natural podría moldear nuestras acciones cuando nos citamos y apareamos, cuando nos odiamos y lastimamos, cuando nos cuidamos y compartimos. La naturaleza también nos brinda una enorme capacidad para aprender y adaptarnos a diversos ambientes. Somos
Autora: Mercedes Esquea Acosta
y las décadas más recientes han sido testigos de un aumento en el interés por la cultura, la raza y la orientación sexual. Susan Fiske (2011) sugiere que podemos esperar a que las investigaciones del futuro reflejen los temas relevantes del hoy y del mañana, incluyendo migración, naturalidad de género, desigualdad de ingresos y envejecimiento. Los valores influyen en los temas de investigación no solo en diferentes épocas, sino en distintas culturas. En Europa, las personas se enorgullecen de sus nacionalidades.
Los escoceses se diferencian por ser más conscientes que los ingleses, y los austriacos que los alemanes, que es un paralelismo similar al de los habitantes del estado de Michigan con los de Ohio. En consecuencia, Europa nos ha dado una importante teoría acerca de la “identidad social”.
En contraste, los psicólogos sociales de Estados Unidos se han centrado más en los individuos; en la forma en que una persona piensa acerca de otras y en la forma en que se ve influida y se relaciona con ellas. Los psicólogos sociales australianos han tomado teorías y metodologías tanto de Europa como de Norteamérica. Los valores también influyen en el tipo de personas que se ven atraídas hacia diversas disciplinas. En su universidad, ¿los alumnos que estudian carreras de humanidades (como arte) le parecen distintos de aquellos que se han dedicado a las ciencias naturales (como física)? Por ejemplo, es posible que la psicología social y la sociología atraigan a personas entusiasmadas por desafiar las tradiciones y más inclinadas a moldear el futuro que a preservar el pasado. El estudio de las ciencias sociales también puede enriquecer tales creencias. Tales factores explican la razón por la que, cuando el psicólogo Jonathan Haidt (2011) les preguntó a cerca de mil psicólogos sociales en una convención nacional cuáles eran sus tendencias políticas, entre 80 y 90% de ellos levantaron las manos para indicar que eran “liberales”. Cuando se pidió a los “conservadores” que levantaran la mano, solo lo hicieron tres personas (pero tenga por seguro que la mayoría de los temas que se tratan en el presente texto, desde “¿Cómo influyen sus actitudes en su comportamiento?” hasta “¿La televisión influye en la conducta agresiva?” no tienen una inclinación partidista). Por último, los valores evidentemente entran en juego como objetos de análisis de la psicología social. Los psicólogos sociales investigan la manera en que los valores se forman, las razones por las que cambian y la forma en que influyen en las actitudes y acciones. No obstante, nada de eso nos indica qué valores son “correctos”.
Los valores subjetivos de la ciencia Los científicos y filósofos concuerdan: la ciencia no es puramente objetiva. Los científicos no se limitan a leer el libro de la naturaleza. Más bien, la interpretan por medio del uso de sus categorías mentales. Las cifras no hablan por sí
Autora: Mercedes Esquea Acosta
mismas; nosotros las interpretamos. También en nuestras vidas cotidianas vemos al mundo a través de la lente de nuestras preconcepciones. El que usted considere que una luz que se mueve por el cielo sea o no un platillo volador dependerá de sus percepciones. Mientras lee estas palabras, seguramente no se ha dado cuenta de que también ha estado observando su nariz. Su mente está bloqueando algo que está en su conciencia, a menos que se encuentre predispuesto a percibirlo. Esta tendencia a prejuzgar la realidad con base en nuestras expectativas es un hecho fundamental de la mente humana. Debido a que los investigadores de cualquier área dada a menudo comparten un punto de vista y provienen de la misma cultura, es posible que sus suposiciones no se sometan a juicio.
Las creencias que damos por sentado, que se conocen como representaciones sociales , con frecuencia son nuestras convicciones más importantes, pero menos cuestionadas. No obstante, habrá ocasiones en que alguien ajeno a nosotros atraiga la atención a estas suposiciones. Durante el decenio de 1980, las feministas y los marxistas expusieron algunas de las suposiciones no examinadas de la psicología social. Las feministas lograron destacar diversos prejuicios sutiles; por ejemplo, el conservadurismo político de algunos científicos que favorecían una interpretación biológica de las diferencias de género en el comportamiento social. Los críticos marxistas hicieron notar sesgos competitivos e individualistas; por ejemplo, suponer que la conformidad es mala y que las recompensas individuales es bueno. Por supuesto, tanto los marxistas como las feministas cuentan con suposiciones propias, como les gusta señalar a los críticos de la corrección política académica. Por ejemplo, el psicólogo social Lee Jussim (2005, 2012) argumenta que los psicólogos sociales progresistas a veces discriminan de manera sutil en contra de las perspectivas conservadoras, como al negar que existan diferencias grupales o al suponer que los estereotipos de las diferencias entre grupos jamás se basan en la realidad. En el capítulo de “Creencias y juicios sociales” discutiremos más formas en las que nuestras preconcepciones orientan nuestras interpretaciones. Como nos lo recuerdan esos fanáticos del futbol de Princeton y Dartmouth, lo que dirige nuestro comportamiento es menos “la situación como es” que “la situación como la interpretamos”.
Los conceptos psicológicos contienen valores ocultos Implícito en nuestra comprensión de que la psicología no es objetiva se encuentra el reconocimiento de que los propios valores de los psicólogos pueden representar un papel importante en algunas de las teorías y juicios que sostienen. Los psicólogos pueden referirse a las personas como maduras e inmaduras, como adaptadas o desadaptadas, o como mentalmente sanas o enfermas. Quizá hablen como si estuvieran afirmando un hecho, pero en realidad están emitiendo un juicio de valor. A continuación, algunos ejemplos:
DEFINICIÓN DE LA VIDA BUENA
Autora: Mercedes Esquea Acosta
similares. Después, el psicólogo le informa que en apariencia estuvo a la defensiva porque obtuvo puntuaciones elevadas en “afrontamiento represivo”. “¿Cómo puede ser? —se pregunta usted—, si el otro psicólogo dijo cosas tan positivas acerca de mí”. En realidad, las etiquetas que utilizaron ambos psicólogos están describiendo el mismo conjunto de respuestas; una tendencia a creer cosas agradables de uno mismo al tiempo que no se reconocen los problemas. ¿Cómo llamarlo: alta autoestima o actitud defensiva? La etiqueta refleja el juicio.
ETIQUETADO
Así pues, es frecuente que haya juicios de valor ocultos en el lenguaje psicológico; pero también sucede en el lenguaje cotidiano:
▯ El que etiquetemos a un niño silencioso como “tímido” o “cauto”, como “restringido” o como “observador” implica un juico.
▯ El que etiquetemos a alguien enfrascado en una guerra de guerrillas como “terrorista” o “revolucionario” dependerá de nuestro punto de vista acerca del conflicto.
▯ El que percibamos las muertes entre la población civil como “una pérdida de vidas inocentes” o como “daño colateral” afectará nuestra aceptación de las cifras de muerte.
▯ El que digamos que cierta información es “propaganda” o “educación” dependerá de nuestras opiniones.
▯ Si llamamos “asistencialismo” o “ayuda para los necesitados” a la asistencia pública refleja nuestros puntos de vista políticos.
▯ Cuando “ellos” enarbolan a sus países o a su gente, es nacionalismo; cuando lo hacemos “nosotros”, es patriotismo.
▯ El que alguien implicado en una relación extramarital esté en un “matrimonio abierto” o sea “adúltero” dependerá de nuestros valores personales.
▯ El “lavado de cerebro” es la influencia social que no aprobamos.
▯ “Perversiones” son actos sexuales que nosotros no practicamos. Como lo indican estos ejemplos, hay valores ocultos en nuestras definiciones culturales de lo que es la salud mental, en los consejos psicológicos para la vida, en nuestros conceptos y en nuestras clasificaciones psicológicas. A lo largo del presente libro, llamaremos su atención sobre ejemplos adicionales de valores ocultos. Estos valores implícitos no son necesariamente malos, pero la interpretación científica es una actividad humana. Por ello resulta inevitable
Autora: Mercedes Esquea Acosta
que las creencias y valores anteriores tengan una influencia sobre lo que los psicólogos sociales piensan o escriben. ¿Debemos descartar la ciencia porque tiene una faceta subjetiva? Todo lo contrario: darnos cuenta de que el pensamiento humano siempre implica una interpretación es precisamente la razón por la que necesitamos investigadores con distintos sesgos que lleven a cabo análisis científicos, así como la razón por la que necesitamos análisis científicos en lugar de una observación personal limitada en primera instancia. La contrastación constante entre nuestras creencias y los hechos es la forma en que podemos limitar dichos sesgos. La observación y experimentación sistemáticas nos ayudan a limpiar el lente a través del cual vemos la realidad.
Métodos de investigación: ¿cómo se practica la psicología social?
Los psicólogos sociales organizan sus ideas y hallazgos en teorías. Una buena teoría destilará una colección de hechos en una lista mucho más breve de principios predictivos. Podemos utilizar dichas predicciones para confirmar o modificar la teoría, generar nuevas investigaciones y sugerir aplicaciones prácticas.
▯ Los investigadores deben decidir a quién estudiar: su muestra de sujetos. También deben tomar decisiones en cuanto a cómo formular las preguntas de sus encuestas.
▯ La mayoría de las investigaciones en psicología social son correlacionales o experimentales. Los estudios correlacionales disciernen las relaciones entre variables, como entre la cantidad de educación y el monto de los ingresos. Saber que dos factores se relacionan de forma natural representa información valiosa, pero no es un indicador confiable de qué está ocasionando qué, o de si existe una tercera variable que esté involucrada.
▯ Siempre que es posible, los psicólogos sociales prefieren llevar a cabo experimentos que exploran causa y efecto. Al construir una realidad en miniatura que está bajo su control, los experimentadores pueden modificar un elemento y después otro para descubrir cómo tales elementos, de manera separada o conjunta, afectan el comportamiento. Se hace una asignación aleatoria de participantes a una condición experimental, que recibe el tratamiento experimental, o a una condición de control, que no recibe dicho tratamiento. Así, se puede atribuir cualquier diferencia resultante entre ambas condiciones a la variable independiente. Al tratar de replicar los hallazgos, los psicólogos de hoy también pueden evaluar su reproducibilidad.
▯ Al crear experimentos, los psicólogos sociales en ocasiones establecen situaciones ficticias que hacen que se involucren las emociones de las personas. Al hacerlo, están obligados a seguir ciertas pautas éticas profesionales, como obtener el consentimiento informado de las personas, protegerlas
Autora: Mercedes Esquea Acosta
Básica:
Myer, D., Twenge, J. (2019) Psicología Social, Ciudad de México, Mc Graw Hill
Complementaria:
Navas, M. y Cuadrado, I. (Coords.) (2013). El estudio del prejuicio en Psicología Social. Madrid: Sanz y Torres.
Aronson, E. (2000). El animal social. Madrid: Alianza Editorial.
Un texto clásico introductorio y de divulgación de la teoría y la investigación en Psicología Social.
Morales, J. F. Moya, M. C., Gaviria, E. y Cuadrado, I. (Coords.) (2007). Psicología Social (3ª ed.). Madrid: McGraw-Hill.
Morales, J. F., Huici, C., Gaviria, E. y Gómez, A. (Coords.) (2008). Método, teoría e investigación en Psicología Social. Madrid: Pearson.
DE DIEGO, R.; CHICO, M. (2003) Prácticas de Psicología Social. Madrid: Pirámide.
PATERNA, C.; MARTÍNEZ, M.C.; VERA, J.J. (2003) Psicología Social. De la teoría a la práctica. Madrid: Pirámide.
BARON Y BYRNE (2001) (8ª ed).: Psicología Social. Prentice Hall. Iberia. Madrid.
JAVALOY, F, RODRÍGUEZ, A Y ESPELT, E. (2001): Comportamiento colectivo y movimientos sociales. Prentice Hall. Madrid.
MORALES, J. F, PÁEZ, D., KORNBLIT, ANA L., ASÚN, D (Coord.) (2002) Psicología Social. Prentice-Hall. Buenos Aires.