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pscologia constructos personales, Esquemas y mapas conceptuales de Derecho

kelly la teria de constructos personales para ayudar a ser mejores personas

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2019/2020

Subido el 08/06/2023

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La psicología de los constructos
personales: historia, presupuestos y
alcance de una teoría
Bernardo Moreno-Jiménq
Universidad Autónoma de Madrid
MARCO HISTORICO TEORICO
La teoría o Psicología de los Cons-
tructos Personales es tan ampliamente ci-
tada como largamente desconocida. Las
referencias a ella suelen reducirse a la
obra básica de Kelly (1955) «La Psicolo-
gía de los Constructos Personales», igno-
rándose el eco que la teoría ha tenido y
sigue teniendo en la actualidad (Bona-
rius, Holland y Rosemberg, 1981;
Adams-Webber-Mancuso, 1983), y sin
embargo, no obstante este olvido par-
cial, la Psicología de los Constructos
puede considerarse como la última de las
grandes teorías de Personalidad (Brun-
ner, 1956) y una de las que supo antici-
par el emergente paradigma cognitivo
(Arnkoff, 1980; Mischel, 1980).
La actitud del propio Kelly pudo faci-
litar este hecho. Kelly nunca buscó discí-
pulos, e incluso fue reluctante a enseñar
de forma institucionalizada su teoría en
la Universidad donde era docente
(Ohío). Kelly se tomó tan en serio la
base metateórica de su teoría: el alterna-
tivismo constructivo, que consideraba su
propia formulación de la teoría inicial y
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provisoria. Más que enseñarla invitaba a
reformularla (Adams-Webber, 1981).
No obstante tampoco han faltado ra-
zones históricas y técnicas que han podi-
do facilitar el relativo ostracismo de la
teoría. Algunos autores (Holland„ 1970)
han creído encontrar tales razones en la
concepción imperialista del experimenta-
lismo americano, reticente a acoger una
psicología marcadamente reflexiva y que
además hacía gala de ello.
Temáticamente la Psicología de los
Constructos Personales no se encuadra
fácilmente dentro de las corrientes habi-
tuales de psicología. Las dudas y vacila-
ciones, tanto de Kelly como de sus se-
guidores y críticos, avalan este comenta-
rio. La perplejidad que suscitaba la teo-
ría queda gráficamente recogida en el si-
guiente texto:
«He estado tan absolutamente asom-
brado acerca de la consideración de la
Teoría de los Constructos Personales
como una teoría cognitiva, que hace
varios años decidí escribir otro peque-
ño libro para aclarar que no deseaba
formar parte de las teorías cognitivas.
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La psicología de los constructos

personales: historia, presupuestos y

alcance de una teoría

Bernardo Moreno-Jiménq

Universidad Autónoma de Madrid

MARCO HISTORICO TEORICO

La teoría o Psicología de los Cons- tructos Personales es tan ampliamente ci- tada como largamente desconocida. Las referencias a ella suelen reducirse a la obra básica de Kelly (1955) «La Psicolo- gía de los Constructos Personales», igno- rándose el eco que la teoría ha tenido y sigue teniendo en la actualidad (Bona- rius, Holland y Rosemberg, 1981; Adams-Webber-Mancuso, 1983), y sin embargo, no obstante este olvido par- cial, la Psicología de los Constructos puede considerarse como la última de las grandes teorías de Personalidad (Brun- ner, 1956) y una de las que supo antici- par el emergente paradigma cognitivo (Arnkoff, 1980; Mischel, 1980).

La actitud del propio Kelly pudo faci- litar este hecho. Kelly nunca buscó discí- pulos, e incluso fue reluctante a enseñar de forma institucionalizada su teoría en la Universidad donde era docente (Ohío). Kelly se tomó tan en serio la base metateórica de su teoría: el alterna- tivismo constructivo, que consideraba su propia formulación de la teoría inicial y

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provisoria. Más que enseñarla invitaba a reformularla (Adams-Webber, 1981).

No obstante tampoco han faltado ra- zones históricas y técnicas que han podi- do facilitar el relativo ostracismo de la teoría. Algunos autores (Holland„ 1970) han creído encontrar tales razones en la concepción imperialista del experimenta- lismo americano, reticente a acoger una psicología marcadamente reflexiva y que además hacía gala de ello. Temáticamente la Psicología de los Constructos Personales no se encuadra fácilmente dentro de las corrientes habi- tuales de psicología. Las dudas y vacila- ciones, tanto de Kelly como de sus se- guidores y críticos, avalan este comenta- rio. La perplejidad que suscitaba la teo- ría queda gráficamente recogida en el si- guiente texto:

«He estado tan absolutamente asom- brado acerca de la consideración de la Teoría de los Constructos Personales como una teoría cognitiva, que hace varios años decidí escribir otro peque- ño libro para aclarar que no deseaba formar parte de las teorías cognitivas.

y 8 Estudios

El manuscrito había sido escrito en una tercera parte cuando di una confe- rencia en la Universidad de Harvard con el título "la Teoría de los cons- tructos personales como una línea de inferencia". A continuación de la con- ferencia el Profesor Gordon Allport expuso a los estudiantes que mi teoría no era una "teoría cognitiva", sino una "teoría emocional". Más tarde, el Dr. Henry Murray me llamó junto a él y me dijo "Y bien, ¿sabe lo que Ud. realmente es? Usted es un existencia- lista". Yo he sido considerado hasta un bu- dista zen, y el último cuatrimestre uno de mis primeros estudiantes, actual- mente un psicólogo distinguido, que había sido invitado a exponer un tema, gastó hora y media de un seminario corrompiendo a mis propios estudian- tes con la idea de que yo era realmente un conductista» (Kelly, 1969, pp. 216- 217).

La falta de adscripción a una línea teó- rica reconocida motivó que la teoría no encontrara cauces influyentes de divulga- ción. Según Neymeyer (1983, p. 116) Kelly declinó esta posibilidad cuando él mismo rechazó convertirse en editor res- ponsable del influyente «Journal of Ab- normal and Social Psychology». La falta de un cauce reconocido de publicaciones ha conducido a que sólo el 28 por 100 de las publicaciones sobre el tema hayan aparecido en las revistas de la APA.

Detrás de todos estos hechos late la extremada originalidad de Kelly, tanto en la forma de exposición de sus ideas, como en su contenido. La obra básica de Kelly, y el único libro escrito por él, no es sino el intento de sistematizar y asen- tar teóricamente la práctica clínica que había estado ejerciendo durante veinti- cinco arios (Adams-Webber y Mancuso, 1983). Sechrest (1977, p. 205) comenta que en el libro en cuestión hay citados 14 filósofos y 28 psicólogos, de los que 4 lo son por haber sido sus profesores; lo que demostraría la escasa dependencia ideológica de Kelly de los teóricos al uso.

Sarbin (1977) ha puesto de manifiesto que Kelly no ha documentado nunca las fuentes de sus ideas. Con todo, el bos- quejo teórico-histórico que Kelly ha tra- zado de la biografia de su teoría permite poner al descubierto las referencias prin- cipalesde su obra. Holland (1970) ha creído encontrar en Kelly cuatro referen- cias fundamentales que sirven para deli- mitar las coordenadas doctrinales de la Psicología de los Constructos Personales: psicoanálisis, conductismo, fenomenolo- gía y existencialismo. Pero la referencia a tales teorías es más bien tópica y margi- nal, incluso estereotipada y dirigida a mostrar las limitaciones y aspectos nega- tivos que estos enfoques llevaban con- sigo.

Especial atención merece la continua negativa de Kelly a identificar o recono- cer su teoría como una teoría cognitiva. La resistencia parece provenir tanto del deseo de evitar una fragmentación del hombre en cognición, motivación, emo- ción y conducta, como de una concep- ción sesgada del modelo cognitivo. Ke- lly parece identificar el modelo cognitivo con el modelo perceptivo de la psicolo- gía experimental, en pleno auge en esos momentos. Como dato histórico habría que retener que la formulación de su teoría coincidió con el período de forma- ción de la «New Look», de la que Kelly hizo claros esfuerzos por separarse por considerarla excesivamente periferista. Kelly había comenzado a elaborar los elementos de su teoría durante el tiempo de su práctica clínica rural, entre la déca- da de los años treinta y cuarenta. Su perspectiva desde un comienzo fue la de elaborar conjuntamente una teoría de la personalidad y una terapia que enfatizara la capacidad del sujeto para construir re- presentaciones mentales personales que la capacitaban para orientarse en su ex- periencia diaria.

Su perspectiva fue desde un comienzo más «clínica» que «académica», hecho que mantuvo incluso a lo largo de su ca- rrera docente, invitando continuamente a abordar problemas reales, aunque no tu-

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la diferencia de otras teorías más preocu- padas por el diseño, los modelos estadís- ticos y la significatividad de los resulta- dos que por la misma significación de su investigación.

El estilo ni es gratuito ni procede del menosprecio de los datos y su relevan- cia, sino que se basa en su concepción de la ciencia y del conocimiento humano en general. A diferencia de otras teorías la Psicología de los Constructos Personales ha prestado una cuidadosa atención a su propia epistemología, y ha elaborado una «metateoría» que forma el subsuelo de toda su investigación.

La idea de que el psicólogo estudia, o debe estudiar, al científico que todo hombre es, es uno de los polos de esta metateoría. Habría que anotar aquí que la imagen del hombre de Kelly no es asi- milable a la vieja idea aristotélica del hombre «animal racional». Cuando Kelly define al hombre como científico lo defi- ne como quien busca el control y la pre- dicción de los hechos, no como quien busca la verdad de los mismos.

El otro polo, en consonancia con lo dicho, es su teoría del «alternativismo constructivo». Kelly opone esta concep- ción de la ciencia al «fragmentalismo acumulativo» que supone que la activi- dad científica consiste en descubrir pau- latinamente «elementos de verdad» hasta conseguir una integración final. Según Fransella (1983) con esta distinción in- tentaba recuperar para la Psicología la flexibilidad científica y combatir los tics dogmáticos que determinadas tendencias iban introduciendo en ella. Kelly, gra- duado en Físicas y Matemáticas, buscaba enfatizar la creatividad científica como proceso y relativizar el producto como meta. Diferentes aportaciones posteriores a la Filosofía de la Ciencia (Khun, 1962; Bohm, 1980; Zukar, 1979) parecen ir en la misma dirección.

La teoría de Kelly puede resumirse di- ciendo de ella que ha llevado la corriente constructiva hasta sus últimas conse- cuencias. La perspectiva constructivista,

que mantiene que el conocimiento no es un proceso de copia de la realidad, no es en psicología algo nuevo, y según Neis- ser (1967) se remonta al menos hasta «La psicología del acto» de Brentano y la «Síntesis creativa» de Bergson. Ya Bar- lett (1932) puso de manifiesto que todo proceso perceptivo era un proceso infe- rencial que va más allá de la información suministrada, y más recientemente, den- tro del paradigma del Procesamiento de la Información, Ohlsson (1980) ha for- mulado la Teoría de la Representación que mantiene que el pensamiento, la re- solución de problemas, consiste en la manipulación de los modelos mentales. Toda la obra de Piaget se mueve tam- bién dentro de un modelo constructi- vista.

El constructivismo de Kelly implica que cada sujeto posee una propia repre- sentación mental de la realidad, global y parcial. A diferencia de la «Teoría del Aprendizaje Social» no considera que la conducta sea «retenida y aprendida», sino «construida y experimentada», a di- ferencia de la Teoría del Procesamiento de la Información no considera que los datos sean «codificados y almacenados», sino «interpretados e integrados». El én- fasis en la construcción activa de la reali- dad es la primera característica del cons- tructivismo de Kelly.

Cuando Kelly habla de una «anticipa- ción de los acontecimientos» está refi- riéndose a la existencia en cada sujeto de una estructura cognitiva que constituye el mundo propio del sujeto y crea su propio espacio de conducta. Para Kelly la conducta es un subconjunto de la re- presentación mental de la realidad. Se- gún Kelly la conducta es una variable in- dependiente, y no el resultado de condi- cionamientos, estímulos y refuerzos que la reducirían a una respuesta, variable dependiente, del mundo exterior.

La anticipación de los acontecimientos indica la existencia de una «réplica cog- nitiva» de la realidad que orienta la con- ducta, la emoción, la motivación y los esquemas cognitivos específicos. La exis-

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tencia de este tipo de estructura cogniti- va que mediatiza la percepción de los he- chos es abiertamente reconocida en la ac- tualidad. Thorridyke (1977) habla de ma- croproposiciones que guían continua- mente la lectura de los hechos, Mandler y Johnson (1977) han aludido a una ma- croestructura cognitiva que afecta a la comprensión de historias breves, Powers (1978), utilizando un modelo cibernético del sistema de control de la conducta, distingue entre inputs sensoriales e in- puts de referencia. Entre ambos térmi- nos el «comparador» mantiene la con- ducta en una situación de equilibrio en- tre ambos tipos de señales. La diferencia entre la mayoría de modelos existentes sobre la estructura cognitiva y el cons- tructivismo de Kelly reside en las impli- caciones y consecuencias globales que para Kelly tenía la estructura cognitiva.

En la realidad Kelly no hubiera habla- do de «estructura cognitiva» sino de «construcción de la realidad». Frecuente- mente se identifican los constructos per- sonales con etiquetas o categorías menta- les. Para Kelly un constructo era un fac- tor de discriminación sobre la realidad. En este sentido los constructos no son más cognitivos que emocionales o con- ductuales. El constructo tiene una natu- raleza global y no implica necesariamen- te un soporte lingüístico. La facilidad de operar y trabajar con los constructos verbales ha sesgado frecuentemente la interpretación original.

Kelly (1969) denunciaba una usual pero incorrecta equiparación entre cons- tructos y conceptos. Estos últimos perte- necerían al ámbito lógico, mientras que de los constructos no se puede decir que sean lógicos o ilógicos, son personales. Son guías y elementos de discriminación para la conducta cotidiana, planes de ac- ción para el control de la realidad que pueden revelarse válidos o inválidos, y que por lo tanto están en continua refor- mulación.

Es así como mejor puede comprender- se la insistencia de la Teoría en los dos polos de los constructos personales. Re-

cientes análisis han tratado de poner en relación la existencia de estos dos polos de contraste con la teoría de los prototi- pos y los conjuntos borrosos (Rosch, 1976, Cantor y Mischel, 1979). Los polos serían los prototipos, mientras que el continuo entre ambos sería un espacio de definición conceptual borroso. Proba- blemente es más acertado, desde la pers- pectiva pragmática de Kelly, interpretar que la característica bipolar del construc- to proviene de su condición de guía de la conducta. Cuando Kelly habla de con- traste de los polos (Kelly, 1955, p. 137) no presupone necesariamente un antago- nismo lógico, sino la capacidad de los constructos para guiar la conducta a ac- ciones contrasthdas o a hacer prediccio- nes diferenciadas. El olvido de este ca- rácter funcional de la bipolaridad ha lle- vado a hacer de los constructos una co- lección de antónimos.

Finalmente .no puede concluirse nues- tra reflexión sobre los elementos básicos de la teoría sin aludir, sólo aludir, a uno de los elementos que más popular la han hecho: la representación topográfica del espacio psicológico. Kelly dedicó al tema un capítulo entero de su obra (Kelly, 1955, c. 6.°). Slater (1976, 1977) ha dedi- cado dos volúmenes a su análisis y apli- caciones, y recientemente Thomas y Ha- rri-Augstein (1985) han expuesto los re- sultados de 15 años de investigación con el tema.

La idea básica es semejante a la pro- porcionada por el Diferencial Semántico (Mitsos, 1961; Bannister y Mair, 1968): la relación entre los constructos puede representarse espacialmente proporcio- nando el «espacio constructivo» propio de cada sujeto. El punto de partida suele ser el instrumento ideado por Kelly, el Repertory Grid; las técnicas principales que se han utilizado para su análisis han sido el análisis factorial, el análisis de conglomerados y el análisis multidimen- sional. Un análisis comparativo de las tres técnicas puede encontrarse en Rat- hod (1981). Una introducción avanzada a la utilización de la mayoría de técnicas

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cambios evolutivos en la formación de constructos es paralela a los tipos de es- tadios de formación de amistades. Duck ha mostrado que tendemos a emplear constructos psicológicos para las perso- nas que conocemos bien, y preferimos los conductuales para las personas peor conocidas. Duck (1977) ha formulado igualmente la hipótesis de que la comu- nicación afectiva y la comprensión inter- personal puede ser facilitada por la simi- laridad del sistema de constructos. Landfield (1971) ha propuesto como necesario el mismo tipo de equilibrio en- tre los constructos del terapeuta y del paciente para obtener una buena relación entre ambos. Landfield (1971) ha encon- trado que los clientes que terminaban prematuramente la psicoterapia tienen un menor nivel de semejanza entre su sis- tema de constructos y el del terapeuta. Los estudios de Smail (1972) han mos- trado igualmente cómo la semejanza en- tre los constructos favorece la empatía y la comunicación.

Especial eco ha obtenido la aplicación de la teoría a la percepción ambiental. Stringer (1976) ha indicado que el es- tudio de la percepción ambiental era un paso previo y necesario para la resolu- ción de los diferentes tipos de problemas de diseño arquitectónico y urbano. Este tipo de investigación ha sido revisado por Honikman (1976) y Stringer (1976). La Teoría de los Constructos Persona- les ha sido también aplicada a la evalua- ción de los aspectos de entrenamiento profesional. Ryle y Breen (1974) inves- tigaron cómo estudiantes de asistencia social cambiaban la construcción de su futuro profesional a lo largo del tiempo de formación. Los resultados indicaron que los estudiantes habían ganado más confianza en su futuro e iban adquirien- do una concepción más compleja de su trabajo. Lifshitz (1974) encontró que este tipo de estudiantes habían aumentado el nivel de abstracción de sus constructos interpersonales. Sin embargo Agnew y Bannister (1973) no encontraron ninguna mejora en la construcción interpersonal después de un período de formación en

Psiquiatría, indicando que este tipo de preparación no mejoraba la capacidad de elaborar constructos interpersonales. Correspondiendo a la idea original de Kelly acerca del rango y foco de su teo- ría, el campo clínico, son numerosos los trabajos realizados en el campo de la psi- coterapia y de la evaluación de la estruc- tura de los constructos en diversas noso- logías clínicas. El campo de la psicotera- pia ha sido principalmente trabajado por Landfield y su escuela (Landfield, 1971; Epting, 1984). La «Terapia del Rol Fijo» ideada por Kelly ha sido la metodología preferentemente usada (Adams-Webber, 1981). El estudio de las nosologías clínicas y psiquiátricas ha sido uno de los temas recurrentes. La esquizofrenia ha sido la nosología más analizada (Carroll, 1983). La estructura obsesiva (Maklouf-Norris, Jones y Norris, 1970; Rigdon y Epting,

  1. y otras formas de neurosis han sido también analizadas (Ryle, 1975). También otros trastornos de conducta como la delincuencia, alcoholismo o to- xicomanías han sido abordadas desde la Teoría de los Constructos Personales. Montañés y col. (1982) han prestado una especial atención a este tipo de tras- tornos tratando de obtener la caracteriza- ción cognitiva de los delincuentes. Uno de los trabajos de este dossier estudia este aspecto. La investigación sobre el tema de la educación no ha sido un área especial- mente atendida. Pope y Keen (1981) des- de la perspectiva del «Centro para el Es- tudio del Aprendizaje Humano» han tra- tado de exponer las ventajas, tanto teóri- cas como metodológicas, que la perspec- tiva de los Constructos Personales puede representar para la enseñanza. Thomas- y Harri-Augstin (1985) han insistido en la misma línea. El elenco sería interminable. Quizá lo más relevante sea constatar la actualidad de los presupuestos básicos de la Teoría de los Costructos Personales y anotar la creciente expansión de un modelo de Psicología que trata de aunar el rigor y la significación.

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