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Psicologia del duelo, Tesinas de Psiquiatría

duelo - duelo

Tipo: Tesinas

2015/2016

Subido el 28/05/2016

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PSICOLOGÍA DEL
DUELO
Seminario de Psicología Médica
Alumnos:
Arboleda Vargas Luis
Gil Huertas Anderson
Riveros Picón Marcelo
Vidarte Deza Julián
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PSICOLOGÍA DEL

DUELO

Seminario de Psicología Médica

Alumnos:

 Arboleda Vargas Luis

 Gil Huertas Anderson

 Riveros Picón Marcelo

 Vidarte Deza Julián

PSICOLOGIA DEL DUELO Aunque el duelo no es una enfermedad (Poch, 2003), es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar, casi todos los seres humanos. La muerte del hijo/a y la del cónyuge, son consideradas las situaciones más estresantes por las que puede pasar una persona (Holmes, 1967; Dohrenwend, 1994). I. DEFINICIÓN El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano y que ha sido muy estudiado a lo largo de la historia. También podemos definirlo como la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe. Características:  Es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante momento a momento, persona a persona y entre familias, culturas y sociedades. No es un proceso que siga unas pautas universales (Poch, 2003).  Se relaciona inequívocamente con la aparición de problemas de salud: o El riesgo de depresión en viudos/as se multiplica por cuatro durante el primer año (Zisook, 1991). o Casi la mitad de viudos/as presentan ansiedad generalizada o crisis de angustia en el primer año (Jacobs, 1990). o Aumenta el abuso de alcohol (Maddison, 1968) y fármacos; la mitad de las viudas utilizan algún psicofármaco en los 18 primeros meses de duelo (Parkes, 1964). o Entre un 10-20% de los dolientes desarrollan un duelo complicado (Kristjanson, 2006).  Aumenta el riesgo de muerte principalmente por eventos cardiacos y suicidio (Kaprio, 1987); los viudos tienen un 50% más de probabilidades de morir prematuramente, durante el primer año (Helsing, 1981).  La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario, incrementando el consumo de recursos (un estudio realizado en atención primaria (López, 2001) muestra un aumento del 80%, en consultas de dolientes respecto población general; otros estudios obtienen resultados similares: ascenso de un 63% de

  1. Fase aguda de duelo: Dolor por la separación, desinterés por el mundo, preocupación por la imagen del muerto, incluso seudoalucinaciones, la rabia emerge y suscita angustia. Trabajo penoso de deshacer los lazos que continúan el vínculo con el ser amado y reconocer la ambivalencia de toda relación; todas las actividades del doliente pierden significado en esta fase. Va disminuyendo con el tiempo, pero pueden repetirse en ocasiones como los aniversarios y puede durar 6 meses o más.
  2. Resolución del duelo: Fase final, gradual reconexión con vida diaria, estabilización de altibajos de etapa anterior. Los recuerdos del ser desaparecido traen sentimientos cariñosos, mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo y la nostalgia. Se describen 4 tareas para completar el duelo:  Aceptar la realidad de la pérdida.  Experimentar la realidad de la pérdida.  Sentir el dolor y todas sus emociones.  Adaptarse a un ambiente en el cual falta el ser que murió, aprender a vivir en su ausencia, tomar decisiones en soledad, retirar la energía emocional y reinvertirla en nuevas situaciones o relaciones. III. MANIFESTACIONES EXTERNAS E INTERNAS DEL DUELO La manifestación externa del duelo es el luto, que es su expresión más o menos formalizada y cultural. El duelo psicológico tiene en el luto su correlato más social. Todas estas manifestaciones que a continuación vamos a señalar de manera sucinta deben ser matizadas por el hecho de que la expresión de duelo no es universal, ni uniforme, ni homogénea, y posee diferentes matices, expresiones, ritos y comprensiones desde variables socioculturales. En efecto, nunca hay que olvidar que las manifestaciones de duelo no son universales, generalizables, sino que vienen mediadas por la cultura en las que sucede. De las manifestaciones externas del duelo, señala Tizón19, no puede deducirse la intensidad del dolor privado. Veamos las vivencias más comunes en nuestro medio:
    1. Dimensión física. Se refiere a las molestias físicas que pueden aparecer a la persona en duelo. Sequedad de boca, dolor o sensación de “vacío” en el estómago, alteraciones del hábito intestinal, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad a los ruidos, disnea, palpitaciones, falta de energía, tensión muscular, inquietud, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, pérdida de peso, mareos. Algunas investigaciones han demostrado que las situaciones de estrés están íntimamente relacionadas con la inmunodepresión y, por tanto, el organismo humano es más vulnerable a enfermar. Y obviamente la muerte de un ser querido es una de las experiencias más estresantes.
  1. Dimensión emocional. Aquí señalamos los sentimientos que el deudo percibe en su interior. Los estados de ánimo pueden variar y manifestarse con distintas intensidades. Los más habituales son: sentimientos de tristeza, enfado, rabia, culpa, miedo, ansiedad, soledad, desamparo e impotencia, añoranza y anhelo, cansancio existencial, desesperanza, abatimiento, alivio y liberación, sensación de abandono, amargura y sentimiento de venganza. Sentimientos:Tristeza. La tristeza es el sentimiento más común que se ha encontrado en las personas en duelo, no se manifiesta necesariamente a través de la conducta de llorar, pero sí lo hace así a menudo, conjeturar que llorar es una señal que evoca una reacción de comprensión y protección por parte de los demás y establece una situación social en la que las leyes normales de conducta competitiva se suspenden.  Enfado. El enfado se experimenta con mucha frecuencia después de una pérdida. Puede ser uno de los sentimientos más desconcertantes para el superviviente y, como tal, está en la base de muchos de los problemas del proceso de duelo. (…) Si el enfado no se reconoce adecuadamente, puede dar lugar a un duelo complicado.  Culpa y autorreproche. La culpa y el autorreproche son experiencias comunes entre los supervivientes: culpa por no haber sido suficientemente amable, por no haber llevado a la persona al hospital antes y cosas por el estilo. Normalmente, la culpa se manifiesta respecto a algo que ocurrió, o algo que se pasó por alto en el momento de la muerte. La mayoría de las veces la culpa es irracional y se mitigará a través de la confrontación con la realidad.  Ansiedad. La ansiedad en el superviviente puede oscilar desde una ligera sensación de inseguridad, hasta fuertes ataques de pánico, cuanto más intensa y persistente sea la ansiedad, más sugiere una acción de duelo patológica. La ansiedad proviene normalmente de dos fuentes. La primera es que los supervivientes temen que no podrán cuidar de sí mismos solos y con frecuencia hacen comentarios como “No podré sobrevivir sin él”. La segunda es que la ansiedad se relaciona con una conciencia más intensa de la sensación de muerte personal: la conciencia de la propia mortalidad, aumentada por la muerte de un ser querido. Llevada al extremo, esta ansiedad puede transformarse en una verdadera fobia.  Soledad. La soledad es un sentimiento del que hablan con mucha frecuencia los supervivientes, particularmente los que han perdido al cónyuge con el que tenían una estrecha relación en el día a día. Aunque están muy solas, muchas viudas no salen porque se sienten más seguras en su casa. El apoyo social puede ser útil para la soledad social, pero no mitiga la soledad emocional que provoca la ruptura de una relación. A veces existe una correlación entre la soledad y la necesidad de ser tocado, sobre todo en el caso de pérdida del cónyuge.  Fatiga. La fatiga se ha podido observar, es algo que se da con frecuencia en los supervivientes. A veces se puede experimentar como apatía o indiferencia. Este nivel tan alto de fatiga puede ser sorprendente y molesto para la persona que

El duelo no es una enfermedad, aunque puede llegar a serlo si su elaboración no es correcta. Diferentes autores han dado diferentes tipologías de duelo, si bien se carece de una tipología comúnmente aceptada por todos. Se plantea la que a continuación se describe.

  1. ANTICIPADO: precedido con tiempo y pleno conocimiento de la situación, permite prepararse anímicamente.
  2. RETARDADO: es un duelo inhibido o reprimido. Se puede tener una reacción emotiva en el momento de la perdida, pero no va en proporción con el significado de la perdida de un ser querido. El pesar se manifiesta con cierta exageración más adelante cuando la perdida es reactivada por una perdida menor.
  3. CRONICO: Es un pesar inusitadamente intenso que no diminuye con el tiempo y, por lo tanto, se transforma en una manera de ser.
  4. EMERGENTE: El sufrimiento aparece por etapas, fechas o circunstancias.
  5. PATOLÓGICO: El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que va desde el retraso del duelo, o la ausencia de este, hasta un duelo muy intenso y prolongado.
  6. NEGADO: Es la ausencia de la expresión del duelo en el momento de la perdida.
  7. EXTRAORDINARIO: Ocasionado por situaciones críticas de la muerte; aborto, suicidio, homicidio, tortura, cuerpos sin aparecer, guerras, etc.
  8. SALUDABLE O POSITIVO: Te planteas el gran desafío de reincorporarte al mundo a partir de una nueva identidad, de un nuevo conocimiento de nosotros mismos, en el cual no esta incluido nuestro ser querido fallecido, lo que no significa que vayamos a olvidarlo. V. FASES DE ELABORACIÓN DEL DUELO DE UN SER QUERIDO Para poder resolver adecuadamente el proceso del duelo, de la muerte de un ser querido, es necesario e indispensable pasar por la siguientes fases de elaboración. 1.- Aceptar la muerte del ser querido Justamente después de conocer la muerte de alguien importante en nuestras vidas puede aparecer un sentimiento de incredulidad, algo dentro de nosotros que nos dice que es imposible que eso haya ocurrido, pero resulta tan fuerte que incluso aunque lo estemos viendo lo seguiremos negando. Esto es un proceso que utiliza el cerebro para no sufrir. Cuando él estima que el dolor puede tener una intensidad superior a lo que se puede soportar puede reaccionar de este modo. Otras formas de evitar ese dolor es provocando desvanecimientos en la persona, por eso muchas veces vemos como familiares y amigos se desmayan ante tanto dolor,

porque no pueden soportarlos, es tal la amargura, el abatimiento, el dolor que su cuerpo reacciona de este modo. A pesar de todo el dolor que estemos experimentando debemos tratar de aceptar que esa persona ya no está entre nosotros, porque es la única manera de poder continuar nuestra vida además de ser la realidad por muy cruda que nos resulte y no podemos cambiarla. 2.- Asumir el desgaste y las emociones que esa muerte genera. La teoría, como casi siempre, puede resultar fácil pero la práctica no lo es tanto. En este momento de pérdida tan importante se suele dejar de comer, de preocuparse por uno mismo y hay un acusado abandono de la persona que está sufriendo. Lo ideal es que nos hagamos una idea de las dimensiones que la tragedia nos está provocando, de este modo podremos tratar de controlarlas de alguna manera. Debemos asimilar el dolor y para ello lo mejor es sacarlo de dentro, expresarlo del mejor modo que podamos, hablando, llorando… porque sino terminará por consumirnos poco a poco. 3.- Adaptarse a la ausencia del ser querido, aprender a vivir sin él. Tras un acontecimiento de esta índole debemos darnos cuenta que le vida sigue, que no se para en ese fatídico día, por ello debemos continuar nuestra rutina diaria de este modo sobrellevaremos el dolor. No podemos quedarnos estancados sino que seremos fuertes y aprenderemos a vivir con esta ausencia. 4.- Interiorizar la muerte como algo más que forma parte de nuestras vidas y de este modo poder rehacer nuestra vida. Una vez asimilado el hecho de lo ocurrido y de que no volveremos a ver a esa persona, comenzaremos a vivir nuestra vida lo mejor posible, para ello es bueno estar activo, salir a la calle, distraernos, ocupar todo el tiempo posible del día. Las actividades que realicemos cuanto más involucrados estemos mejores resultados nos darán. VI. ¿CÓMO PUEDEN AYUDAR FAMILIARES Y AMIGOS? Los familiares y amigos pueden ayudar dedicando tiempo a la persona que está en duelo. No se necesitan demasiadas palabras de consuelo sino más bien la voluntad de estar con ellos durante el período de tiempo de su dolor y pena. Un brazo amable sobre los hombros expresará atención y apoyo cuando las palabras no son suficientes. Con el tiempo, ellos podrán superarlo, pero primero necesitan hablar y llorar. A algunas personas les puede resultar difícil el comprender porqué el que está en duelo persiste en hablar sobre lo mismo una y otra vez, pero esto forma parte del proceso normal de resolución del duelo y debe ser estimulado. Si usted no sabe que decir, o incluso no sabe si hablar sobre ello o no, sea honesto y dígalo. Esto dará a la persona en duelo una oportunidad para expresarle su deseo, qué es lo que quiere. Con frecuencia los demás evitan el mencionar el nombre de la persona fallecida por miedo al trastorno que esto pueda causar. Sin embargo, la persona en duelo puede interpretar este hecho como que los demás han olvidado su pérdida, añadiendo una sensación de soledad a sus sentimientos de dolor. Debe recordarse que las ocasiones festivas y los aniversarios (no solamente de la muerte sino también de la boda o el cumpleaños) son momentos particularmente dolorosos en los

muerte hasta el final es una adaptación para algunas personas. Aquellos que experimentan problemas lidiando con las distintas etapas, deben considerar grupos de ayuda o tratamiento profesional de duelo.  Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante, suele provocar un shock psíquico. Es una defensa provisoria y pronto será sustituida por una aceptación parcial. Sin embargo, lo normal es que este momento dure poco, y se pase finalmente a otra en la que se acepta la desaparición física de esa persona. En estos casos el fallecimiento de ese ser querido suele superarse con un menor dolor, porque la persona acepta que el ser querido no se encuentra físicamente cerca de nosotros, pero sí está en nuestro interior.  “No, no puede ser que estén muertos”  “Esto no puede ser verdad”  “No puede haber pasado, eso no es verdad”  “Estoy bien”  “Esto no me puede estar pasando a mí”  Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar para los padres y todos los que los rodean; esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo; todo les viene mal y es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará la conducta hostil del doliente.  “¿Por qué ha tenido que morir?”  “¿Por qué ha sido él/ella?”  “¿Por qué yo? ¡No es justo!”  “¿Cómo puede sucederme esto a mí?”  “¿Quién es el culpable?”  Pacto o negociación: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia. Antes de la muerte:  “Por favor Dios mío, voy a ser mejor persona si mi marido vive cinco años más”  “Déjame vivir para ver a mis hijos crecer o terminar su carrera”  “Haría cualquier cosa por vivir unos cuantos años más, todos los ahorros de mi vida si hace falta” Después de la muerte, se va hacia atrás y se analiza la situación y el qué hubiera pasado si las circunstancias hubieran cambiado. Después de la muerte:

 “¿Y si hubiéramos ido al médico antes?”  “¿Y si hubiéramos vivido más sanamente?”  “¿Y si ella no hubiera ido a ese lugar no le habría….?”  “¿Y si yo no la hubiera dejado hacer aquello quizás…?” También en ocasiones podemos hacer actos como estos: “Dios mío, me voy a la cama esta noche y cuando me levante por la mañana, todo habrá sido un mal sueño”  Depresión: cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente. Esto significaría que no debería pensar en su duelo y sería absurdo decirle que no esté triste. Si se le permite expresar su dolor, le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Tal vez se transmite más acariciando la mano o simplemente permaneciendo en silencio a su lado. Son momentos en los que la excesiva intervención de los que lo rodean para animarlo, le dificultarán su proceso de duelo.  “Estoy triste, sin ganas de hacer nada ¿Por qué molestarme en hacerlo?”  “Echo de menos a mi ser querido, no puedo continuar yo solo/a”  “¡No puedo más! ¡Si me voy a morir que se ahora mismo!”  “Solo hago llorar y llorar, quiero morir para estar a su lado”  “Tendría que haber muerto yo y no él” Aceptación: No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor. Esperanza: es la que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido; permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza.  “No puedo luchar contra la enfermedad, pero puedo prepararme para ello”  “Mi muerte es inevitable, pero me siento bien y en paz”  “Algún día todo iremos al mismo lugar y nos encontraremos” Esta etapa viene con Paz y con la comprensión de la muerte.