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PSL TEXTO 2, Apuntes de Relaciones Laborales y Recursos Humanos

Asignatura: Políticas Sociolaborales: Igualdad y No Discriminación en las Relaciones Laborales, Profesor: ALBERTO RIESCO, Carrera: Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 25/01/2016

luisamaasara
luisamaasara 🇪🇸

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100 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES TABLA 4B. Incentivos y desincentivos del estado del bienestar para las madres trabajadoras Subsidios por hijo Porcentaje de Porcentaje extra como porcentaje del pérdida del subsidio de impuesto salario medio de desempleo si la marginal (pareja) esposa trabaja si la esposa trabaja Año 1990. 19914 1992 Australia 2,5 100 0 Canadá 3,6 0 0 Estados Unidos 2,2 19 0 Gran Bretaña 3,9 39 0 Dinamarca 3,1 3 6 Finlandia 11,4 4 0 Noruega 8,0 0 0 Suecia 4,3 0 0 Alemania 4,6 10 5 Austria 7,4 56 - Bélgica 10,2 10 9 Francia 5,6 0 3 Países Bajos 43 0 14 España 1,6 0 9 Italia 0,7 =- 0 Portugal 3,0 0 0 Japón 2,2 0 = a. Subsidios familiares estimados + desgravación fiscal como porcentaje de la renta de la pareja (calculando para un miembro el 100 % de la renta del obrero de producción medio, y para el otro el 66 %). Fuente: nuevos cálculos a partir de Gauthier (1996, tabla 10.1) y OCDE (1995c, parte 1). b. Fuente: OCDE (19950, tabla 8.1). - . e. Incremento en el tipo impositivo marginal si la renta de la esposa iguala al 66 % de la del marido. FUENTE: OCDE (19950). e v GER Pudosrer Con) UFandamuntas setales de (uo esouovias essa dusiiales buseleva L ÁceX. CAPfTULO 5 UN NUEVO EXAMEN COMPARATIVO DE LOS DISTINTOS REGÍMENES DEL BIENESTAR Después de la contribución pionera de Richard Titmuss (1958), se han hecho intensos esfuerzos para elaborar una clasificación de los distintos estados del bienestar. Las tipologías pueden resultar útiles, como mínimo, por tres razones: en primer lugar, porque permiten una mayor economía de medios en el análisis y nos ayudan a ver el bosque en lugar de una miríada de árboles; en segundo término, porque, si po- demos agrupar varias especies en función de su semejanza en determi- nados atributos fundamentales, el analista podrá identificar con ma- yor facilidad la lógica que subyace a'su dinámica e, incluso, puede que a su causalidad; y en tercer lugar, las tipologías constituyen útiles he- rramientas para generar y comprobar hipótesis. Las tipologías resultan problemáticas debido a que la economía de medios se logra a expensas de los matices, pero, especialmente, porque son intrínsecamente estáticas. Proporcionan una instantánea del mun- do en un momento del tiempo, y no captan fácilmente las mutaciones ni el nacimiento de nuevas especies. En consecuencia, cualquier tipo- logía de los regímenes del bienestar conserva su validez sólo en la me- dida en que la historia se mantenga inmóvil. Las clasificaciones de los estados del bienestar son el reflejo de una determinada época, en la mayoría de los casos el statu quo de las décadas de 1970 y 1980. La tipología de los «tres mundos» en la que se basaba mi anterior trabajo (Esping-Andersen, 1990) se ha cuestionado desde numerosos puntos de partida, y algunos de ellos proporcionan argumentos convincentes en favor de una profunda reconsideración. Se trataba de una tipología basada demasiado estrictamente en los Programas de mantenimiento de los ingresos, demasiado centrada únicamente en el nexo entre estado y mercado, y demasiado elabora- da, de forma unidimensional, en torno al obrero de producción mas- culino. 102 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES Existen principalmente dos tipos de críticas que merecen aten- ción. Una cuestiona la simple tríada, argumentando que deberíamos distinguir otros modelos adicionales: un «cuarto mundo», por así de- cirlo. La otra cuestiona los criterios básicos empleados en la elabora- ción de la tipología. Pero antes de seguir, hay un aspecto que puede dar lugar a confu- sión y que conviene aclarar. Las bases para la elaboración de tipologías que aquí (como antes) examinamos son los regímenes del bienestar, no los estados del bienestar ni las políticas sociales individuales. El térmi- no regímenes se refiere a los modos en que se reparte la producción de bienestar entre el estado, el mercado y las familias. Puede surgir cierta confusión debido a que la palabra régimen se suele aplicar a todo tipo de fenómenos: «regímenes de pobreza» o «regímenes de pensiones», por mencionar sólo un par de ellos. Algunas de las críticas a los «tres mundos» resultan, en cierto sentido, irrelevantes, ya que no se dirigen a los regímenes del bienestar, sino a los programas individuales. Se puede aceptar el argumento de Leibfried (1992) de que existe un régi- men mediterráneo netamente diferenciado porque la asistencia social en la Europa meridional tiene un carácter único. Pero aquí Leibfried se equivoca, puesto que está estudiando un fenómeno cualitativamen- te distinto. Un problema parecido es el que afecta a algunas contribu- ciones feministas, al menos en la medida en que han redefinido la va- riable dependiente. Resulta indiscutiblemente relevante comparar los «modelos basados en el cabeza de familia», y no hace falta decir que esto tiene una relevancia directa para las comparaciones entre los di- versos regímenes del bienestar, aunque, de nuevo, la tipología de egos regímenes no se basa o se refiere únicamente a una dimensión política social; y, de nuevo, los «regímenes basados en el cabeza de familia» y los «regímenes del bienestar» constituyen dos variables dependientes distintas. Los tres mundos del capitalismo del bienestar, reexaminados La mezcla privado-público constituía el principal eje analítico que sustentaba Ta tipología de los «tres mundos»; las, dimensiones definito- rias clave eran el grado de desmercantilización y los modos de estrati- ficación, o, si se quiere, las solidaridades (Esping-Andersen, 1990). Las etiquetas que representan esta tríada —liberal, conservador y socialde- mócrata— se derivan de la economía política europea clásica. Reflejan el empuje político e ideológico que predominó en su evolución históri- ca, y que llegó a su punto culminante con la maduración de los estados 1 taren las décadas de 1970 yv 1980. VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 103 ticos, Se La tipología, independientemente de sus orígenes polí! ¡oeconó- vuelve estática en el sentido de que refleja las condiciones soc! micas que prevalecían entonces; a saber: una economía dominada por la producción industrial masiva; una estructura de clases en la que el trabajador manual masculino era el ciudadano prototípico, y una so- ciedad en la que la familia prototípica era del tipo estable y con una sola fuente de ingresos. A continuación presentamos brevemente los tres regímenes del bienestar.! EL RÉGIMEN DEL BIENESTAR LIBERAL Las raíces de la política social liberal se remontan a la economía política británica del siglo xIx, concretamente a sus nociones de «me- nor elegibilidad» y de «autosuficiencia». Dicha economía albergaba una fe ilimitada en la soberanía del mercado. En su forma contempo- ránea, los regímenes del bienestar liberales reflejan el compromiso po- lítico de minimizar el estado, individualizar los riesgos y fomentar las soluciones de mercado. Por tanto, desfavorecen los derechos de los ciudadanos. La política social liberal predomina en los países donde los movi- mientos socialistas o democratacristianos eran débiles o se hallaban de facto ausentes. Como ha señalado Castles (1993), se da un peculiar agrupamiento de los países anglosajones en torno al modelo liberal. Pero —como él mismo añade— es importante distinguir entre aquellas sociedades, como. Australia y Gran. Bretaña, donde el movimiento obrero desempeñó un papel significativo en la formación de la política social, y aquellos-otros, como Estados Unidos, en los que su papel fue marginal. En el primer caso, el estado del bienestar es más global y co- lectivista. Descartando por el momento esta variación, hay tres aspec- tos fundamentales-que caracterizan al régimen liberal, "Éste es residual /en primer lugar, en el sentido de que las garantías sociales se limitar típicamente a los «malos riesgos», o «riesgós ima- ceptables». Adopta una definiciórrrestringida a la hora de elegir qué sujetos tienen derecho a dichas garantías. La política social liberal es, Pues, en gran medida la del socorro a los niños pobres del siglo xix, fa- ._ L_ Aunque las etiquetas difieren, la tipología posee una considerable afinidad con la distinción Original de Titmuss (1958) entre los modelos residual, institucional y «de éxito industrial». Hay que ad- vertir, especialmente a los lectores del continente americano, que aquí utilizamos los términos liberal y conservador en su acepción europea clásica. En consecuencia, libera! no implica «izquierdista», sino más bien el punto de vista neoliberal ligado al laissez-faire; por su parte, tampoco conservador hace re- rencia a «todo lo que no sea liberal», sea la derecha cristiana o el partido republicano, sino a su es- tricta acepción europea. 106 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES sionales ha pasado de un 50 % en la actualidad.5 Si definimos el modelo liber: residual (pocos derechos y unos ción) y del de los mercados, hay distintos grupos de naciones. Los dos atributos s , el grupo de los regímenes del bienes- tar liberales es, casi invariablemente, anglosajón: Estados Unidos, Ca- nadá, Australia, Irlanda, Nueva Zelanda y Gran Bretaña.5 Si tomamos dos medidas clave —la asistencia condicionada a la comprobación de los medios de vida, como Porcentaje del gasto social total (a principios de la década de 1990), y las pensiones privadas, como porcentaje de las pensiones totales (década de 1980)—, y las correlacionamos con una nación «liberal» ficticia, la asociación resulta ser fuerte y positiva: +0,68 para la variable asistencia, y +0,52 para variable pensiones pri- vadas. En el caso de los regímenes socialdemócratas y conservadores, las correlaciones son negativas (0,31 y -0,41 para la asistencia, y 0,27 y 0,29 para las pensiones privadas).7 Esto se puede presentar en términos de ratios de probabilidades logísticas, como en la tabla 5.1. La tabla 5.1 muestra que el régimen liberal se puede predecir bas- tante bien por medio de estas dos características, mientras que clara- mente no ocurre lo mismo con los otros dos. Esto sugiere también que el sesgo en favor de la asistencia social constituye un rasgo más distin- tivo que las pensiones privadas. en 1970 a menos de una tercera parte al en función del peso de su carácter modestos niveles de desmercantiliza. 4 EL RÉGIMEN DEL BIENESTAR SOCIALDEMÓCRATA Este régimen es prácticamente sinónimo de los países nórdicos. Y es asimismo el más reciente a nivel internacional. En Dinamarca, No- 5. El modelo australiano de un «estado del bienestar de los asalariados», como lo llama Castles (1993; 1996), se puede considerar un caso especial de bienestar sesgado en favor del mercado; de hecho, Castles insiste en que Australia (junto con Gran Bretaña) se debe clasificar como un modelo liberal- laborista. Lo que sustenta el estado del bienestar australiano, en apariencia típicamente residual y ba- sado en la prueba de medios, es la tradición de una garantía, de facto, tanto de un empleo como de un sueldo elevado para el varón cabeza de familia. En consecuencia, las garantías del bienestar se han im- plantado en el mercado de trabajo. 6. Gran Bretaña constituye un caso particularmente interesante, ya que en la década de 1950 ha- bría resultado difícil diferenciarla de Escandinavia. Este es un caso evidente de tipologías que se desha- cen debido a los cambios históricos, una cuestión a la que nos referiremos más adelante. 7. _ Los datos de la asistencia social se derivan de Gough ef al. (1997, tabla 2); los de las pensiones privadas, de Esping-Andersen (1990, tabla 4,3). Los siguientes países puntúan como «liberales»: Austra- lia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Suiza, Gran Bretaña y Estados Unidos; los socialdemócratas in- cluyen a Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia; y los conservadores, a Austria, Bélgica, Francia, Ale- Tania, Italia, Japón y los Países Bajos, Véase mác adelante nara ” 7 VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 10 Tania 5.1. Ratios de probabilidades logísticas para el predominio de la asistencia social y las pensiones privadas en cada régimen del bienestar Régimen Régimen Régimen Hiberal soctaldemócrata conservador Asistencia social como » porcentaje del total 1,185** 0,855 0,92 Pensiones privadas como porcentaje del total 1,188* 0,925 e Seudo-R? 0,681 0,088 ,. + Probabilidad mayor de 0,05. +* Probabilidad mayor de 0,01. res: Esping-Andersen (1990, cap. 4) y Gough ef al. (1997), ruega y Suecia, sus cimientos se constituyeron en las décadas de Es y 1940, con el advenimiento de un gobierno socialdemócrata estable; en Finlandia hubo que esperar veinte años más. Sin embargo, una cosa son los cimientos, y otra el estado maduro. Hay buenas razones por las que deberíamos reservar la etiqueta de «socialdemócrata» para el período que se inició a mediados de la década de 1960. . De hecho, las raíces históricas de la política social nórdica Ira —salvo algunas excepciones menores— bastante liberales Grial, 1981). Y su herencia, como en Gran Bretaña, fueron los programas de socorro a los pobres del siglo x1x. Éstos se fueron transformando po a poco en programas de asistencia social, y luego, a partir de la déca: de 1940 y pasando por la de 1960, en los modernos programas de reco- nocimiento de derechos. Sin embargo, el embrión del universalismo es- tuvo presente en los estados del bienestar escandinavos ya desde el pri- mer momento. Dinamarca se convirtió en un país pionero cuando, en 1981, la asistencia a la tercera edad (condicionada a una prueba de in- gresos) se amplió a todo el colectivo de ancianos. El plan de seguro o jubilación sueco de 1913 aspiraba, al menos en espíritu, a ser universal. Además del universalismo, el estado del bienestar socialdemócrata está especialmente comprometido con una cobertura de riesgos global y unos niveles de subsidio generosos, así como con el igualitarismo (Kor- pi, 1983; Esping-Andersen, 1990; Hicks et al., 1989; Stephens, A mayoría de los estudios coinciden también en señalar que este pecul lar conjunto de atributos es, en gran parte, el resultado político de varias cadas de gobierno socialdemócrata fuerte, e, incluso, hegemónico. 8. No resulta difícil rastrear el vínculo histórico entre lo que perseguían los lderes socinlceraó Cratas en nombre de la solidaridad socialista, y lo que finalmente surgió, cspecialment pa Sueca embargo, es posible que esta «correlación» histórica sea falsa en el sen cue medad o dinava existe una cultura de solidaridades universalistas cuyas raíces se remontan mucho alas A A a li AA A A 108 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES Que el universalismo constituya la piedra angular de la política de reparto de riesgos socialdemócrata no basta para distinguirlo como tipo de régimen netamente diferenciado. Las «pensiones popu- lares» o la asistencia sanitaria nacional socialdemócratas son sólo marginalmente más universalistas que sus hermanas británicas u ho- landesas de la posguerra. Es cierto, sin duda, que los países nórdicos han llevado los límites del universalismo más allá que ningún otro país. Y —lo que es más importante— aquí los derechos se vinculan a los individuos y se basan en la ciudadanía (mientras que las pensiones británicas y holandesas se basan en la aportación realizada), antes que en una necesidad demostrada o en una relación laboral (Palme, 1990). Y donde realmente destacan los países nórdicos en compara- ción con otros sistemas de tendencia universalista (como el británico) es en su tentativa deliberada de marginar el papel de la asistencia ba- sada en las necesidades. El régimen socialdemócrata se distingue también por su activo y —en cierto sentido— explícito esfuerzo para desmercantilizar el bie- nestar; para minimizar, o abolir completamente, la dependencia del mercado. Mientras que Gran Bretaña (así como los Países Bajos) ha fomentado los servicios de bienestar privados, especialmente a lo que se refiere a pensiones y servicios asistenciales, los países nórdicos lu- charon deliberadamente para cerrar las puertas al mercado con el fin de maximizar la igualdad. Cuando, en la década de 1950, empezaron a difundirse las pensiones laborales privadas como manera de compen- sar las pensiones públicas de tarifa única, bastante exiguas, los países nórdicos (excepto Dinamarca) respondieron con un sistegna público de nivel intermedio; Gran Bretaña, en una situación parda. primero vaciló y a la larga permitió que reinara el mercado (Heclo, 1974; Pier- son, 1994); los Países Bajos fomentaron las pensiones laborales basa- das en las empresas. Cerrar las puertas a los servicios de bienestar privados sólo resulta factible si los subsidios son suficientes. No cabe duda de que las social- democracias nórdicas ostentan unas tasas de sustitución de los ingre- sos muy elevadas en todos los niveles. En diversos índices relacionados con programas concretos, o en los índices sintéticos de desmercantili- zación, Suecia, Noruega y Dinamarca obtienen las puntuación más alta de todo el mundo (Finlandia se sitúa un poco por encima de la media) (Esping-Andersen, 1990, tablas 2.1 y 2.2). Otras comparaciones más recientes dan un resultado similar (Ploug y Kvist, 1994). Sin em- bargo, la sustitución de los ingresos generosa no constituye un atribu- to únicamente «socialdemócrata». De hecho, el grado de desmercanti- lización de los Países Bajos y de Bélgica es apenas inferior al de Dinamarca. Y, como ocurre con las pensiones, la generosidad de Es- 109 VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR candinavia palidece al lado de los SS y griegos (Com- ission of the European Communities, hs ly La cuestión es ue. si limitamos nuestro estudio de la desmercan- tilización a los programas estándar de transferencia de renta, la gran división entre los regímenes no sería tanto la de los a en un lado y todos los demás en el otro, sino que, más bien, vendría dada por el hecho de que el régimen liberal proporciona únicamente subsidios modestos en comparación con cualquiera de los otros dos. Lo que resulta específicamente socialdemócrata es, pues, en primer lu- gar la fusión del universalismo con la generosidad, y en segundo tér- mino su socialización global de los riesgos. A principios de la década de 1970, la mayoría de los estados del bienestar no liberales habían llegado a un nivel bastante parecido de globalidad en lo que se refiere a los programas de subsidios en dinero. Fue en ese momento, sin embargo, cuando el régimen socialdemócra- ta siguió complementando por su cuenta los programas estándar de protección de los ingresos con unos servicios sociales y un generoso programa de sostenimiento de los ingresos para las mujeres trabajado- ras. Encabezados por Dinamarca y Suecia a finales de la década de 1960, los estados del bienestar nórdicos se convirtieron en «estados de servicios». Sobre los servicios sanitarios (en los que apenas se distin- guían de los demás países) se construyó una estructura de servicios enorme e integral dirigida especialmente a las familias necesitadas. Como ya vimos en el capítulo 4, la atención a los niños y a los ancianos resulta especialmente privilegiada. El resultado neto es que hoy los funcionarios públicos constituyen más del 30 % de la población activa, es decir, más del doble de la media de la OCDE. El modelo socialdemócrata y el igualitarismo se han convertido prácticamente en sinónimos. Para muchos, el elemento igualitario es simplemente la práctica del universalismo: todo el mundo disfruta de los mismos derechos y subsidios, sea rico o pobre. Para otros, tiene que ver con la promoción activa del bienestar y las oportunidades vita- les (quizás sólo evidentes para las mujeres). Y aún otros equiparan el igualitarismo a la redistribución y la eliminación de la pobreza. Como Veremos en posteriores capítulos, todos ellos tienen razón. El pleno empleo 'ha constituido seguramente un compromiso fun- damental en el modelo socialdemócrata; pero también lo ha sido en otras partes. Lo que diferencia a Escandinavia de la mayoría de los Otros países es un nivel de desempleo decreciente y un nivel de empleo máximo creciente. Dado que, primero Dinamarca, y ahora también Finlandia y Suecia, sufren un desempleo masivo, la coincidencia del pleno empleo y la socialdemocracia parece haberse destruido. Sin em- bargo, esto no resulta tan claro como podría parecer. Por un lado, de- 112 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES Europa continental emularon las i prendidas por la Alemania as Ep sus objetivos originales tenfan poco q igualitarismo. Los primeros reformado, autoritarios (Rimlinger, 1971). En la ép ta del catolicismo social y su doctrina cialmente fuerte en Europa meridional punto, también en Bélgica y Alemania cambio, la política social francesa se ha un espíritu republicano y anticlerical. grupo conservador (como la de Bélgica blemática debido al hecho de que allí el familiarismo es menos predi minante. Sin embargo, ambos sistemas de bienestar exhiben fuertes rasgos corporativistas. Hay varias razones por las que podríamos i o cluir también a Japón en el modelo conservador. La poderosa pres y cia de la doctrina confuciana en toda la política social jsrona io: tuye un equivalente funcional del familiarismo católico, y tambié; la seguridad social japonesa resulta extremadamente corporativista ? La impronta conservadora se hace más evidente en lo que se refie re al reparto de riesgos (solidaridad) y al familiarismo. En ambos a sos se cargó con la herencia histórica a la hora de formar el estado del bienestar de la posguerra. El legado estatista sigue siendo muy marca- do en el tratamiento privilegiado que se da a los funcionarios de la ad- ministración pública, especialmente en Austria, Bélgica Francia. Ale. mania e Italia. Los funcionarios públicos se benefician no sólo de e propio plan de pensiones, sino también de unas condiciones de acceso y de unas normas de aplicación inmensamente más favorables ; Asimismo, y a pesar de algunos intentos de consolidadlke] montón de planes profesionales existentes, las divisiones de estatus corporativistas continúan impregnando los sistemas de seguridad social. Obviamente, el énfasis difiere entre los distintos planes individuales y entre los dife. rentes países. Alemania es un caso de corporativismo modesto en cuan- toa las pensiones (la principal distinción es la que existe entre los traba- jadores manuales y los administrativos), mientras que el seguro de enfermedad es un laberinto de 1.200 fondos distintos, regionales, profe- sionales o basados en las empresas. Italia, en contraste, cuenta con un programa sanitario unificado, mientras que las Pensiones están dividi- ad social em. como en el caso de Bismarck, ue ver con cualquier clase de res sociales fueron típicamente oca de la posguerra, la impron- de la subsidiariedad fue espe- los Países Bajos y, hasta cierto (Van Kersbergen, 1995). En guiado primordialmente por La pertenencia de Francia a] ) resulta, como veremos, pro- 9. Japón se desvía de su grupo únicamente en relación al i de de al importante papel de los subsidios labo- 10. Las pensiones para los empleados públicos » representan el 30 % del : Bélgica; el 27 % en Francia e Italia, y el 21 % en Alemania. Esto equivale, ES media a papa ces la proporción de Escandinavia o la : ori Po inavia o la de los países anglosajones (calculado a partir de Esping-Ander- VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 113 das en más de 120 planes profesionales (Castellino, 1976). Tanto Fran- cia como Bélgica combinan unos sistemas de pensiones fragmentados con un seguro de enfermedad nacional que se divide entre varias gran- des clases profesionales. En la Europa continental, sólo los Países Bajos se apartan notablemente del molde corporativista. Las pensiones públi- cas se organizan más o menos en torno al principio de Beveridge de los beneficios universales de tarifa única, mientras que otros programas, como los de salud, educación y servicios en general, se dividieron según criterios de pertenencia y no pertenencia (Van Kersbergen, 1995). El énfasis en la seguridad social obligatoria, complementada con planes de pensiones ad hoc más o menos residuales para los estratos carentes de una relación laboral «normal», ha hecho que la provisión de bienestar por parte del mercado privado siga siendo marginal. Es cierto que, en algunos países, una parte importante de la asistencia sa- nitaria no es estatal, pero ello se debe principalmente al papel desem- peñado por las asociaciones «voluntarias», sin ánimo de lucro, fre- cuentemente afiliadas a la Iglesia (como Cáritas). En cuanto a las pensiones u otros servicios de bienestar, tanto los planes profesionales individuales como los colectivos tienen generalmente una importancia marginal, y en algunos países son prácticamente inexistentes. Una no- table excepción la constituyen, de nuevo, los Países Bajos, donde los planes de pensiones de las empresas (es decir, administrados por éstas) desempeñan un papel nada trivial*en el mercado de trabajo.!! El tercer atributo importante del conservadurismo es su familia- rismo, especialmente en la Europa meridional y en Japón. Como ya hémos mostrado en el capítulo 4, el familiarismo es la combinación de la protección social sesgada en favor del varón cabeza de familia y el carácter central de la familia como dispensadora de cuidados y, en úl- tima instancia, responsable del bienestar de sus miembros (principio de subsidiariedad). Lo que une a Austria, Alemania, Italia y España es el mantenimiento de la prescripción legal de que los padres (o los hi jos) son responsables de sus hijos (o de sus padres) en caso de necesi- dad. La asistencia social, por ejemplo, no se concede ni siquiera a los adultos si sus padres pueden mantenerlos. Aparte de la obligación le- gal, existe una sistemática falta de disposición a proporcionar servi- cios sanitarios, y cuanto más familiarista sea el estado del bienestar, 11. Las pensiones del mercado de trabajo también desempeñan un papel en Francia, pero allí es más correcto considerarlas de carácter obligatorio. En esto, obviamente, Japón se desvía de la norma, ya que una gran parte de todo su paquete de bienestar la proporcionan los empresarios en el contexto de unos puestos de trabajo vitalicios. Al igual que ocurre en Estados Unidos. el bienestar laboral japo- nés es, sobre todo, privilegio de los trabajadores esenciales (aproximadamente una tercera parte del to- tal). En el caso japonés, es discutible si este tipo de bienestar privado se ajusta a los principios del mer- cado (Esping-Andersen, 19974). 114 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES Menos generosos serán los subsidios familiares. Las transferencias fa. miliares suelen considerarse innecesarias dada la práctica del salario familiar. Pero, ya que el modelo parte de la base de la unidad familiar estándar basada en el varón cabeza de familia, la provisión de servi- cios para las familias «atípicas», como las integradas por las madres que viven solas con sus hijos, tiende a ser residual. Existe, pues, un mínimo carácter residual en el modelo conserva- dor, que aparentemente lo equipara al liberal. Sin embargo, los sujetos a los que va destinado son distintos: el carácter residual liberal hace referencia a la selección de los riesgos inaceptables que el fallo del mercado ha dejado al margen; el conservador, en cambio, es ante todo Una respuesta al fallo de la familia. En ambos casos, no obstante, el planteamiento favorece la asistencia social antes que los derechos, como ocurre con la Sozialhilfe alemana, la pensión social italiana y es- pañola, o, incluso, el RMI francés. De nuevo por razones distintas, tanto la política social conserva- dora como la liberal favorecen básicamente un enfoque pasivo de la gestión del empleo. El modelo liberal simplemente da prioridad a los mercados de trabajo no regulados; el conservador, a una fuerte protec- ción laboral para los adultos que ya tienen empleo, los cabezas de fa- milia masculinos. En ambos casos las políticas de empleo activo o de formación tienden a ser marginales. La gestión del desempleo en un régimen liberal es, idealmente, una cuestión de equilibrio de mercado y de flexibilidad salarial; en un régimen conservador es, o bien una cuestión de apoyo familiar (como en el caso del empleo juvenil o feme- nino), o bien una cuestión de inducir la reducción de la oferta de mano de obra (desincentivando la dedicación profesional de les mujeres ca- sadas y fomentando la jubilación anticipada). Repitamos nuestras «comprobaciones de régimen», centrándonos esta vez en los supuestos atributos del régimen conservador: corporati- vismo, estatismo y familiarismo. Véase la tabla 5.3. En comparación con nuestras anteriores estimaciones, el régimen conservador resulta muy característico. Las probabilidades del corpo- rativismo y el familiarismo son bastante marcadas. Sin embargo, no parece destacar por ser especialmente estatista. La peculiaridad del ré- gimen conservador se manifiesta de manera aún más acusada cuando nos damos cuenta de que los estados del bienestar socialdemócratas son, sin excepción, peculiarmente desfamiliarizadores, y que todos los regímenes liberales presentan un nivel muy bajo de corporativismo.!? 12. Aquí, como en anteriores análisis, debemos tener en cuenta el pequeño tamaño de la muestra (18), lo que desvirtúa la estimación. En tales condiciones, probablemente deberíamos conceder menos importancia a la cuantía de las probabilidades, y más a su signo (positivo o negativo). 3 VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 11 i i ios de probabilidades) de los regímenes TaBLa 5.3. Regresiones logísticas (ratios de p eli i 1] rativismo, el estatismo y la desfamiliariz de ns a estado del bienestar ime Régimen Régimen ira socialdemócrata liberal 17*** Desfamiliarización — Corporativismo y omo ES es de desfamiliarización i 5,204 del estado s , nemillarización 2,20€-08*** delbienestar del estado delbienestar del estado del " perfectamente perfectamente ar predicha predichos ido-R? 0,793 PE 19,07 q. bilidad = 0,001 o más. N = 13. " : AD nara las variables del corporativismo y el estatismo, EspingAndersen (1990, tabla 3.1) Véase la nota 19 para una explicación del desfamiliarismo del estado del bienestar. Basándonos en lo anterior, podemos a los principales atri- s regímenes. Véase la tabla 5.4. . ás csch alla de clasificar los regímenes del bienestar consistiría en precisar su planteamiento dominante a la hora de pa nar los riesgos sociales en los mercados de trabajo, el estado y la fami- lia. En lo que se refiere al mercado de trabajo, podríamos o simplemente entre el planteamiento regulador y el no regula: lor. a cuanto al estado, podríamos diferenciar entre el modelo residual, el universalista y el basado en la seguridad social. Y por lo que respecta a la familia, la diferencia vital estriba en si las familias están destinadas Tanta 5.4. Visión general resumida de las características de los diversos regímenes Liberal Socialdemócrata Conservador Papel de: - we La familia Marginal Marginal Centra El mercado Central Marginal Marginal ' El estado Marginal Central Subsidiario Estado del bienestar o Modo de solidaridad Individual Universal Parentesco. predominante Corporativismo Estatismo Lugar de solidaridad Mercado Estado Familia predominant Grado E Ñ Mínimo Máximo Alto (para el e desmercantilización . i A de familia, Ejemplos modales Estados Unidos Suecia leen 118 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES plementar los modestos subsidios de tarifa única con la garantía de una sustitución de los ingresos suficiente (Heclo, 1974; Martin, 1973), Esto fomentó una gradual privatización, que, sin duda, se vio acelera- da por la desregulación concertada, la reducción del grupo de destina- tarios de los servicios y la privatización de la década de 1980: así, los subsidios de enfermedad y de maternidad fueron transferidos a los empresarios, las viviendas sociales de alquiler se vendieron, la pensión basada en los ingresos (SERPS) fue «privatizada» a través de la exclu- sión voluntaria, y tanto las pensiones privadas como el seguro de en- fermedad se han alimentado de las exenciones fiscales (Taylor-Gooby, 1996).!* En una comparación contemporánea, pues, Gran Bretaña re- sulta cada vez más liberal. Constituye un ejemplo de régimen cam- biante, o, quizás, de «socialdemocratización atascada».!5 La tipología original de los «tres mundos» se centraba de manera bastante unilateral en el mantenimiento de los ingresos. Aquí radican quizás las ambigúedades del caso holandés. Cuando estudiamos el mantenimiento de los ingresos, los Países Bajos resultan ser «socialde- mócratas» en el sentido de que exhiben un marcado universalismo, una cobertura global y unos generosos subsidios «desmercantilizado- res» (Van Kersbergen, 1995). Pero cuando incluimos la provisión de servicios sociales —y cuando, de modo más general, examinamos el papel de la familia—, los Países Bajos pasan a ser miembros de pleno derecho del grupo conservador, el de la Europa continental. Al igual que en el caso de Gran Bretaña, esto no habría resultado inmediata- mente obvio en la década de 1950, ya que entonces también los esta- dos del bienestar nórdicos exhibían un sesgo orientado a la prestación de servicios y a las transferencias. Es en su constante desatención con respecto a los servicios sociales donde los Países Bajos emgargen como ejemplo prototípico del familiarismo católico (Bussemaker y Van Kersberger, 1994; Van Kersberger, 1995; Gustafsson, 1994). Es más, la generosidad de los programas holandeses de mantenimiento de los in- gresos constituye, sobre todo, la expresión del supuesto previo del va- rón cabeza de familia como realidad generalizada. El enigma holandés, pues, subraya la necesidad de reconsiderar, una vez más, qué es lo que se debe comparar y medir. Los programas 14. También es revelador que la asistencia pública a los ancianos en residencias disminuyera en un 4 %, en 1976-1986, mientras que la asistencia privada aumentó en un 363 % (Evers y Svetlik, 1991: 130). 15. - El grueso de los datos utilizados para identificar a los diversos regímenes en mi obra 7hree Worlds hacían referencia aproximadamente a 1980. La auténtica naturaleza liberal de la transforma- ción británica sólo se hizo del todo visible posteriormente. Puede que sea cierto que en la década de 1950 Gran Bretaña y Suecia eran bastante similares, pero esto no implica que entonces Gran Bretaña fuera «socialdemócrala». Lo que yo defino como la esencia de los regímenes del bienestar socialdemó- cratas apareció en Escandinavia en una época posterior. VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 119 de transferencia de renta no captan más que una cara del estado del bienestar. La esencia real de los estados del bienestar o (o conservadores) no radica tanto en sus garantías «desmercantiliza- doras» del mantenimiento de los ingresos como en su plnteeoS en lo que se refiere a los servicios y al fomento de la dedicación profe- sional de las mujeres. En cualquier caso, los Países Bajos siguen cons- tituyendo un régimen del bienestar bicéfalo, que combina atributos so- cialdemócratas con otros conservadores. . . h La cuestión aquí, como en otros casos, es qué importancia relativa debemos dar a estos distintos —y posiblemente conflictivos— atribu- tos. Ningún régimen es puro, y no digamos un país. Estados Unidos es la encarnación del liberalismo, y, sin embargo, el plan de pensiones de la Seguridad Social cuenta con una amplia cobertura y unos subsidios que se aproximan a los niveles adecuados. ¿Esto sitúa a Estados Uni- dos fuera del grupo liberal? No, puesto que, aunque un programa se desvíe del «tipo ideal», el carácter predominante del «paquete» del bie- nestar íntegro sigue siendo liberal. O considérese Dinamarca, que, al igual que Gran Bretaña, dejó de proporcionar un sistema de pensiones universal de nivel intermedio. ¿Implica esto que Dinamarca, como Gran Bretaña, es un modelo socialdemócrata fracasado? En este as- pecto, de nuevo, la respuesta es que no. Los subsidios de las «pensio- nes populares» danesas, a diferencia de los británicos, fueron sistemá- ticamente ampliados con el fin de mantener su atractivo universalista; y en prácticamente todos los demás criterios el estado del bienestar danés es típicamente «socialdemócrata».!$ a Siempre habrá casos escurridizos o ambiguos; y, además, un úni- co programa no define a un régimen. El auténtico problema es cómo abordar las desviaciones sistemáticas. La cuestión es si una tipología basada en tres tipos da cuenta suficientemente de todas las discordan- cias. Si hay casos que siguen una lógica subyacente totalmente distin- ta, habríamos de elaborar aún otro tipo ideal netamente diferenciado: un cuarto «mundo del capitalismo del bienestar». ¿TRES REGÍMENES MÁS? Existen, en particular, tres casos que posiblemente requerirían un cuarto «mundo» adicional: las antípodas (Castles y Mitchell, 1993), el 16. Sin embargo, puede que dos reformas muy recientes lleven a Dinamarca hacia una franja más liberal. Una es que las pensiones populares han perdido parte de su carácter «de derecho» con la intro- ducción de una prueba de ingresos en 1996; la otra es la legislación que se acaba de aprobar para crear una pensión privada (negociada colectivamente) de nivel intermedio en el mercado de trabajo, basada en los ingresos. 120 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES Mediterráneo (Leibfried, 1992; Lessenich, 1995; Ferrera, 1996), y Ja- pón (Jones, 1993: Rose y Shiratori, 1986). Si aceptamos la validez de estos res casos, nos encontramos con un total de seis modelos para un total de 18-20 países. La deseada economía de medios se vería sacrifi- cada, y es posible que volviéramos a tener que establecer comparacio- nes individuales, EL «CUARTO MUNDO» DE LAS ANTÍPODAS Castles y Mitchell (1993), y Castles (1996), argumentan persuasi- vamente en favor de un cuarto régimen del bienestar, australiano o an- típoda (al que denominan el «estado del bienestar de los asalariados»). A primera vista, las prestaciones del estado del bienestar de Australia y Nueva Zelanda, más bien modestas y con unos destinatarios limitados, se adaptan al modelo residual del régimen liberal. Actualmente, todos los planes de mantenimiento de los ingresos se basan en una prueba de ingresos, pero en Australia Medicare es básicamente un programa de derechos. Aunque los subsidios que se basan en unas necesidades demostradas suelen ser muy inferiores a sus equivalentes en otros paí- ses, su «sensibilidad a las necesidades» también es superior que en otras partes. Así, los subsidios asistenciales a las familias con hijos re- presentan el doble de los que se conceden a las personas solteras (Cas- tles, 1996: 109). Por otra parte, el tope máximo de ingresos permitido para optar a dichos subsidios (en Australia, aunque no tanto en Nueva Zelanda) se establece en un nivel de ingresos medios, y no rozando los límites de la pobreza; es decir, se incluye a una mayor propogción de personas: se dice que las pensiones abarcan a las dos terceras Partes de los ancianos, mientras que los subsidios familiares alcanzan a la ma- yoría de las familias de clase media.!? Castles y Mitchell insisten en que es un error centrarse únicamente en la actividad del estado, ya que en Australia (y antaño también en Nue- va Zelanda) se implantaron en el mercado de trabajo una serie de garan- tías fuertes y funcionalmente equivalentes a las del bienestar, a través de un sistema de arbitraje salarial. Lo que parece ser un caso extremo de sistema liberal, basado en la prueba de medios, cuando se estudia sólo desde la perspectiva del bienestar dispensado por el estado, resulta te- ner, en realidad, un cariz esencialmente socialdemócrata, haciendo es- pecial hincapié en el igualitarismo y los derechos del asalariado. 17. Durante un cierto período las pensiones para los ancianos se convirtieron en subsidios «de derechos» universales, pero en la actualidad dependen nuevamente de una prueba de ingresos. Para una presentación general comparada del sistema australiano, véase también Saunders (1994). Y VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 121 Si es válido, este razonamiento resulta fundamental desde el pun- to de vista teórico, puesto que nos obliga a reconsiderar los mercados. Según esta argumentación, en Australia el mercado de trabajo es EE ductor de bienestar. En consecuencia, puede constituir una falacia li- mitarse a equiparar los mercados y el liberalismo. No cabe duda SS que el sistema de arbitraje salarial australiano implantó una serie de garantías fuertes e igualitarias, al menos en lo que se refiere al varón cabeza de familia. Apenas había necesidad de estado del bienestar de- bido a que el empleo era de facto «pleno», a que las diferencias de in- gresos eran muy reducidas y a que la relación laboral proporcionaba unas garantías de bienestar generales, como la propiedad de la vivien- da y unas pensiones suficientes. E Sin embargo, y como el propio Castles (1996) señala, estas mis- mas garantías se vieron inevitablemente erosionadas cuando, durante la década de 1980, la economía australiana se liberalizó, mientras que en Nueva Zelanda fueron efectivamente eliminadas. Con unas tasas de desempleo flotando en torno al 10 %, y con unas elevadas desigualda- des salariales, el «estado del bienestar de los asalariados» en el merca- do está, casi por definición, siendo desmantelado. Es posible que en las décadas de 1960 y 1970 el modelo de las antí- podas proporcionara un paquete de garantías de bienestar que fuera esencialmente «socialdemócrata». Sin embargo, y al igual que en Gran Bretaña, el paso del tiempo está llevando a Australia —y, en cierta me- dida, también a Nueva Zelanda— a lo que aparentemente es un libera- lismo típico: mínima asignación de riesgos al estado, máxima al mer- cado; al tiempo que la cara de la moneda correspondiente a este último se parece cada vez más a un mercado genuino. » X EL CUARTO MUNDO DEL MEDITERRÁNEO Se ha argumentado que se debería considerar a los países medite- rráneos distintos de los de la Europa continental (Leibfried, 1992; Fe- rrera, 1996; Lessenich, 1995; y Castles, 1996). El aspecto que señala Ferrera tiene que ver, ante todo, con la práctica distributiva: el uso ge- eralizado de los subsidios sociales, especialmente en Italia; con fines de clientelismo político. Las pensiones de invalidez y los empleos pú- blicos constituyen recursos conocidos con los que los democratacris- tianos (pero también los socialistas) se han asegurado la fidelidad de su electorado. El uso pervertido de los programas de bienestar y de las burocracias públicas puede definir el carácter de una política; pero re- sulta difícil ver que defina a un régimen del bienestar a menos que todo el sistema se haya diseñado, ya desde el principio, específicamen- 124 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES en el conjunto del bienestar en Japón. Los servicios sociales públicos, sean para los ancianos o para los niños, son realmente marginales de- bido a que, institucionalmente, se supone que la familia debe cargar con la auténtica responsabilidad. Así, aun hoy el 65 % de los ancianos viven con sus hijos y están al cuidado de ellos (es decir, de la esposa del hijo mayor). Al igual que el principio de subsidiariedad católico en Eu- ropa, la tradición confuciana de piedad y lealtad familiar ha constitui- do la fuerza predominante subyacente a la política del bienestar japo- nesa (Jones, 1993). Es obvio que no hay nada exclusivamente japonés en ninguno de estos elementos. Parece tratarse, pues, de un caso híbrido. Sin embar- go, es precisamente esta peculiar combinación de atributos híbridos la que —según dicen algunos— merece una calificación netamente dife- renciada para este régimen. Es cierto que Japón exhibe una mezcla de rasgos liberales y conservadores, y que, a diferencia de otros «casos mixtos», parece formar una combinación bastante peculiar a nivel in- ternacional. Sin embargo, la parte liberal de la ecuación resulta ser menos liberal de lo que sugieren las apariencias. También hay tenden- cias que apuntan hacia un fortalecimiento de los atributos conservado- res, El sistema corporativista de seguridad social está madurando con rapidez, y en las próximas décadas será el predominante en el conjun- to de los diversos sistemas de pensiones. Esto, junto con el inusual- mente acentuado familiarismo japonés, refuerza la opción de incluir a Japón de lleno en el grupo de los regímenes conservadores. En resumen, resulta incuestionablemente cierto que Japón, como Australia y Europa meridional, exhibe una serie de rasgos que no re- sultan fácilmente compatibles con una simple tricotomía de regímenes del bienestar. Sin embargo, debemos preguntarnos tambiéfhkqué se ga- naría con incluir un cuarto, un quinto o un sexto grupo de regímenes. Probablemente nos beneficiaríamos de una mayor finura de clasifica- ción, de una mayor capacidad de matización y de una mayor preci- sión. Aun así, si valoramos también la economía de medios analítica, ni Japón ni las antípodas merecen la creación de tipos de regímenes adicionales. Las peculiaridades de estos casos son variaciones de una lógica general netamente diferenciada, y no los fundamentos de una lógica completamente distinta per se. En cuanto a la opción relati- va a un régimen exclusivo de Europa meridional, depende en última instancia del papel central de las familias. Este fue el eslabón débil en el modelo original de los «tres mundos», y, en consecuencia, merece especial atención. 125 VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR FAMILIAS Y REGÍMENES DEL BIENESTAR ¿Hasta qué punto, pues, una atención a a Al eme altera nuestra economía política respecto a los reg de EAS tar? ¿Exige acaso un cuarto régimen, O, incluso yante ti > lo, un és pp! teamiento radical de lo que constituye un régimen del ar hire Quienes siguen un análisis basado más explícitamente en las e rencias de sexo suelen llegar a tipologías que se hallan en EE sE ción con el modelo de los «tres mundos» (para una visión general E esta cuestión, véase O'Connor, 1996). Una falta de adecuación pa a surge de los estudios del «paquete de subsidios familiares» (Bradshaw itch, 1995). ya A partir e las evidencias presentadas en el capítulo 4 hay mucho que decir en relación a la posibilidad de un tipo de régimen adicio- nal que incluyera a Europa meridional (y a Japón). Obviamente, en últi- ma instancia todo se reduce a la elección de los indicadores y las medi- das. El peso de las evidencias del capítulo 4 apuntaba hacia las familias (y no hacia las diferencias de sexo per se) y su papel en la producción del bienestar (antes que a los subsidios familiares proporcionados por el es- tado del bienestar). De hecho, el trabajo anterior relativo a los cuidados y los servicios en el seno de la familia a veces cuadra con la tipología de los «tres mundos» (Kolberg y Uusitalo, 1992; Gustafsson, 1995), y a ve- ces no (Anttonen y Sipila, 1996; y Gornick et al., 1997). Tanto Anttonen y Sipila como Gornick ef al. muestran que Francia y Bélgica divergen del régimen conservador, pero sólo en esta área concreta. Vamos a realizar una sencilla prueba para ver si el régimen con- servador se debería subdividir, si merece la pena crear un cuarto tipo de régimen «mediterráneo». Si la Europa meridional (Italia, Portugal y España), junto con Japón, resulta cualitativamente distinta de los de- más países de la Europa continental, esto debería traducirse en dos di- mensiones del familiarismo: en las políticas del estado del bienestar con respecto a las familias (desfamiliarización del estado del bienes- tar), y en las cargas relacionadas con el bienestar asumidas por las propias familias. La tabla 5.5 presenta los ratios de probabilidades re- lativos de las regresiones logit polinómicas. El «resultado» (variables dependientes) a predecir son los «altos niveles de servicios del estado del bienestar a las familias» (columna 1) y los «altos niveles de cargas asistenciales intrafamiliares» (columna 2). Cada estimación de régi- men distinta incluye una medida de la tasa de empleo femenino (un in- dicador de la necesidad subyacente de desfamiliarización, por así de- Cirlo), La predicción de la columna 1 es el grado en el que los estados del bienestar proporcionan servicios a las familias, mientras que la colum- es). Respecto a 126 FUNDAMENTOS SOCIALES DE LAS ECONOMÍAS POSTINDUSTRIALES TABLA 5.5. Regresiones logit polinómicas. Probabilidades relativas de unos alt niveles de apoyo del estado del bienestar a las familias y unos bajos niveles pe de cargas asistenciales familiares por parte del estado del bienestar junto con los niveles de empleo femenino Resultado: altos niveles Resultado: altos niveles de servicios del estado del de cargas de bienestar bienestar a las familias familiares Europa meridional y Japón 5,86e - 199" 1,52e + 16*** Tasa de empleo femenino 0,91 0,43* Ej 23,04 20,44 Europa continental, Perfectamente 2,96€ + 13%** menos Italia, Portugal predicha y España Tasa de empleo femenino 5,34e - 17%** 0,34* e 42,05 18,24 * Probabilidad = 0,10 o mayor. ** Probabilidad = 0,001 a mayor. N= 18, Véase la nota 19 para una explicación de las mediciones de las variables. na 2 alude a si predomina o no el comportamiento de la familia tradi- cional (proporción de ancianos que viven con sus hijos combinada con la variable del «sesgo en favor del varón cabeza de familia»).!? Las evi- dencias no sugieren que haya una gran diferencia entre nuestro subré- gimen «mediterráneo» y el resto de la Europa continental. Los signos y probabilidades relativos son bastante similares. En resumen, el argu- mento en favor de un cuarto mundo del capitalismo del bienestar, ex- cepcionalmente familiarista, no resulta convincente cuandd —como en el presente análisis— nos centramos en unos niveles elevados de desfamiliarización. Sin embargo, la diferencia se acentúa cuando rela- jamos nuestros criterios. Las correlaciones entre los tipos de régimen y las diversas medidas del familiarismo difieren algo más entre las dos ización del estado del bienestar y las variables relacionadas con el familiaris- mo se han recodificado para desarrollar indicadores sintéticos: el gasto en servicios se ha codificado como 0 (si el gasto es menor del 0,5 %), 1 (si está entre el 0,5 y el 1 %) y 2 (mayor del 1 %); el gasto en subsidios familiares se ha codificado como 0 (si es menor del 5 %), 1 (5-8 %) y 2 (más del 8 %); la co- bertura de los servicios de guardería se ha codificado como O (para una cobertura menor del 10 %), 1 (del 10-20 %) y 2.(21 % o más); la cobertura de la asistencia domiciliaria se ha codificada como 0 (me- nos del 8 %), 1 (9-16 %) y 2 (17 % o más); el porcentaje de ancianos que viven con sus hijos se ha codi- ficado como 0 (30 % o más), 1 (16-29 %) y 2 (menos del 16 %). El sesgo en favor del varón cabeza de fa- milia es una combinación de las penalizaciones en los beneficios tributarios de las esposas trabajadoras y de la pérdida del subsidio de desempleo del marido cuando la esposa trabaja. La codifi- cación es muy sencilla: O (si la penalización en cualquiera de los dos casos es significativa) y 1 (si no lo las fuentes de los datos, véase el capítulo 4. VARIEDADES DEL CAPITALISMO DEL BIENESTAR 127 subdivisiones cuando medimos el familiarismo como una variable continua, antes que categórica (como hicimos en el capítulo 4). No obstante, los signos de las correlaciones siguen siendo idénticos para ambos subregímenes.20 Conclusiones Las comparaciones realizadas en este capítulo no constituyen ciertamente la última palabra sobre el tema. La cuestión de cómo identificar y clasificar los regímenes del bienestar seguirá abierta, de- bido a que —como ya hemos señalado— los investigadores difieren en relación a qué atributos consideran vitales y a cómo medirlos. Los re- sultados aquí presentados sugieren que, en lo que se refiere a mi elec- ción personal de los atributos y mediciones, una simple tipología de «tres mundos» puede resultar suficiente para la mayoría de los objeti- vos del presente libro. Pero aún no se ha dicho la última palabra, y, de hecho, veremos que el carácter distintivo de los países de la Europa meridional deja su impronta en cuestiones tales como la adaptación del empleo postindustrial. De eso hablaremos a continuación. 20. Las correlaciones bivariantes (que aquí no se muestran) indican que el régimen de la Europa Meridional es considerablemente más familiarista que el de la Europa continental si excluimos el «Sur», y esto se pone de manifiesto también en las consecuencias, como en los niveles de empleo feme- hino,