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recoleccion de aceituna, Apuntes de Ingeniería Agronómica

Asignatura: maquinaria agricola, Profesor: , Carrera: I.T.A. Explotaciones agropecuarias, Universidad: UCLM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 07/11/2013

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RECOLECCIÓN MECANIZADA DE ACEITUNA
Grupo de investigación TAPC
Porras Soriano, A.; Marcilla Goldaracena, I.; González S. de la Nieta, J. A.; Redondo García, A.; Porras Piedra, A.
Universidad de Castilla-La Mancha
1.- conceptos previos.
La mecanización de la recolección de aceituna es un trabajo que implica
fundamentalmente a los Ingenieros Agrónomos.
Inicialmente para mecanizar la recolección de aceituna se cambiaron muy poco
las técnicas de cultivo que se usaban para la recolección manual, pero, rápidamente, se
hizo patente la necesidad de buscar un sistema biomecánico integrado que permitiese
una razonable conjunción entre agronomía y mecanización. Esto significa que se tienen
que considerar, además de los principios de funcionamiento de las máquinas, las
condiciones que se le han de imponer al cultivo del olivar para adaptarlo a la
mecanización de la recolección.
En este sentido hay que adelantar que ha sido necesario cambiar las técnicas de
cultivo y desarrollar nuevos métodos de formación y conducción de plantaciones de
olivar y, aunque en la recolección de aceituna se han realizado notables progresos en el
diseño y desarrollo de máquinas, todavía se siguen buscando nuevos sistemas y nuevas
soluciones. En particular para las aceitunas que se recolectan para su elaboración en
verde al estilo sevillano, debido al excesivo daño que produce en los frutos la
recolección mecanizada, todavía no hay soluciones definitivas, pero el problema se
mantiene como uno de los máximos desafíos que tenemos por delante los Ingenieros
Agrónomos.
La recolección manual, durante un período de tiempo relativamente corto,
necesita abundante mano de obra que, además de costosa, de ella suele haber poca
disponibilidad y escasa especialización. La recolección mecanizada puede ser causa de
reducción de la demanda de mano de obra temporal, lo que puede suponer, como de
hecho ha sucedido en otros cultivos en los que se ha logrado mecanizar la recolección,
graves problemas sociales.
Ha habido periodos en los que se justificaba la recolección mecanizada por la
escasez de mano de obra. Con la crisis económica de estos años, los olivareros no tienen
este problema. En todo caso es preciso resolver los trastornos laborales que puede crear
mediante la oferta de nuevas oportunidades de empleo, lo que significa un claro desafío
para los gobiernos, ya que tienen que aplicar modelos económicos que tengan en cuenta
que, la reducción de los costes de producción que normalmente origina la mecanización
de la recolección, además de beneficiar a los consumidores porque permite una
alimentación relativamente más barata, necesita de mano de obra cualificada para el
manejo y mantenimiento de los equipos de recolección.
Los factores de mayor incidencia en la mecanización de la recolección son
genéticos y culturales. Genéticamente el olivar no ha experimentado cambios tan
espectaculares como los ocurridos en otros cultivos en los que la recolección
mecanizada ha estado asociada al desarrollo de nuevas variedades. Así ha sido en el
caso del manzano, del peral o del melocotonero. En estos cultivos se han utilizado
portainjertos enanizantes. Pero, en el olivo, al no disponer de dichos patrones, se ha
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RECOLECCIÓN MECANIZADA DE ACEITUNA

Grupo de investigación TAPC

Porras Soriano, A.; Marcilla Goldaracena, I.; González S. de la Nieta, J. A.; Redondo García, A.; Porras Piedra, A.

Universidad de Castilla-La Mancha

1.- conceptos previos.

La mecanización de la recolección de aceituna es un trabajo que implica fundamentalmente a los Ingenieros Agrónomos.

Inicialmente para mecanizar la recolección de aceituna se cambiaron muy poco las técnicas de cultivo que se usaban para la recolección manual, pero, rápidamente, se hizo patente la necesidad de buscar un sistema biomecánico integrado que permitiese una razonable conjunción entre agronomía y mecanización. Esto significa que se tienen que considerar, además de los principios de funcionamiento de las máquinas, las condiciones que se le han de imponer al cultivo del olivar para adaptarlo a la mecanización de la recolección.

En este sentido hay que adelantar que ha sido necesario cambiar las técnicas de cultivo y desarrollar nuevos métodos de formación y conducción de plantaciones de olivar y, aunque en la recolección de aceituna se han realizado notables progresos en el diseño y desarrollo de máquinas, todavía se siguen buscando nuevos sistemas y nuevas soluciones. En particular para las aceitunas que se recolectan para su elaboración en verde al estilo sevillano, debido al excesivo daño que produce en los frutos la recolección mecanizada, todavía no hay soluciones definitivas, pero el problema se mantiene como uno de los máximos desafíos que tenemos por delante los Ingenieros Agrónomos.

La recolección manual, durante un período de tiempo relativamente corto, necesita abundante mano de obra que, además de costosa, de ella suele haber poca disponibilidad y escasa especialización. La recolección mecanizada puede ser causa de reducción de la demanda de mano de obra temporal, lo que puede suponer, como de hecho ha sucedido en otros cultivos en los que se ha logrado mecanizar la recolección, graves problemas sociales.

Ha habido periodos en los que se justificaba la recolección mecanizada por la escasez de mano de obra. Con la crisis económica de estos años, los olivareros no tienen este problema. En todo caso es preciso resolver los trastornos laborales que puede crear mediante la oferta de nuevas oportunidades de empleo, lo que significa un claro desafío para los gobiernos, ya que tienen que aplicar modelos económicos que tengan en cuenta que, la reducción de los costes de producción que normalmente origina la mecanización de la recolección, además de beneficiar a los consumidores porque permite una alimentación relativamente más barata, necesita de mano de obra cualificada para el manejo y mantenimiento de los equipos de recolección.

Los factores de mayor incidencia en la mecanización de la recolección son genéticos y culturales. Genéticamente el olivar no ha experimentado cambios tan espectaculares como los ocurridos en otros cultivos en los que la recolección mecanizada ha estado asociada al desarrollo de nuevas variedades. Así ha sido en el caso del manzano, del peral o del melocotonero. En estos cultivos se han utilizado portainjertos enanizantes. Pero, en el olivo, al no disponer de dichos patrones, se ha

optado por la selección de variedades de reducido tamaño que ya se han empezado a comercializarse.

En el caso del olivar, el desarrollo de la mecanización de la recolección de aceituna ha pasado desde implementos para ayuda a la recolección manual, a máquinas que realizan alguna de las faenas en las que se puede dividir la recolección y, actualmente, se trabaja en máquinas que recogen la cosecha “a hecho”, o sea, de una sola pasada

Para ayudar a la recolección manual se han utilizado instrumentos cuyo objetivo no era otro que reducir el tiempo y el esfuerzo de los obreros. Además se desarrollaron los denominados “posicionadores”, tanto para reemplazar las escaleras como para ayudar a los operarios a moverse por las parcelas de cultivo.

Se ha realizado un gran esfuerzo, y ha habido grandes logros, en el desarrollo de máquinas capaces de realizar alguna de las distintas operaciones en las que se puede dividir la recolección. Estas máquinas constituyen, por ahora, la mejor forma de reducir costes de producción.

Un aspecto de gran importancia a la hora de practicar la recolección mecanizada es la duración de la temporada de recolección. Una temporada larga favorece la rentabilidad del capital invertido. En ciertas plantaciones de frutales es práctica común mezclar variedades para prolongar el periodo de recolección, ya que, el hecho de ofrecer más horas de uso a la maquinaria, puede reducir costes de utilización y mejorar la rentabilidad de los agricultores, pero, en el caso del olivo, aunque existe una cierta variabilidad en la maduración de la aceituna, tanto si se recoge para aceite como para mesa, esta técnica no se practica. En el caso de la aceituna de verdeo, porque se recoge cuando la aceituna, como dicen los olivareros, está en tamaño. En el caso de la aceituna para aceite es la caída natural el factor que más condiciona la recolección, aunque cada vez van teniendo menor importancia, debido a que los consumidores prefieren aceites verdosos y de aromas afrutados, la recolección se hace más tempranamente. A pesar de ello, en años climatológicamente adversos puede ocurrir que la caída natural represente un notable incremento de los costes de recolección y, por tanto, de los costes de producción.

Con respecto a la formación de árboles, hay que considerar que, al podar, el principal objetivo que se persigue es interceptar el máximo de radiación solar y conseguir que el árbol pueda realizar la función clorofílica o fotosíntesis utilizando la energía con la máxima eficiencia. En términos generales hay que tener en cuenta que la intensidad de la luz debe ser suficiente como para que las hojas funcionen a pleno rendimiento y que no sea tan excesiva como para que la temperatura no produzca daños en las ramas muy expuestas al sol.

En olivar se han estudiado diferentes sistemas de plantación, algunos de los cuales han guardado poca semejanza con los sistemas tradicionales. No hace muchos años 80 árboles de dos o tres pies cada uno por hectárea se consideraba una densidad normal de plantación. Eran las denominadas plantaciones tradicionales de olivar. Esta densidad se aumentó a 200-300 árboles de un solo pie. Son las denominadas plantaciones intensivas que, si se observa, su densidad de olivos por hectárea corresponde con el mismo número de olivos de las plantaciones tradicionales, pero racionalmente distribuidos, evitando la competencia por suelo, por luz y por agua. En la actualidad, se llegan a superar densidades de plantación de más de 1500 olivos/hectárea.

Los productos químicos que inducen la abscisión reducen la fuerza necesaria para el desprendimiento de los frutos, pero, dado que el mecanismo de la abscisión todavía no se conoce totalmente, el progreso en el desarrollo de estos productos está siendo lento. Además, la seguridad para la salud pública y para el medio ambiente debe ser comprobada.

Es importante destacar que la recolección mecanizada de aceituna puede tener un impacto importante sobre el número y el tamaño de las explotaciones. La experiencia indica que, a medida que aumenta la mecanización, el número de explotaciones disminuye y su tamaño crece.

Con respecto al precio de los alimentos hay que señalar que en los países tecnológicamente avanzados la alimentación es relativamente más barata, a pesar de que hasta llegar al consumidor, los productos pasan por unos cuantos intermediarios que realizan funciones tan importantes como la transformación, el almacenamiento, el transporte, la distribución y la venta, que, lógicamente, influyen en el precio que finalmente paga el consumidor. Lo que resulta alarmante es la notable diferencia entre el dinero que recibe el agricultor y el precio que paga el consumidor.

Los costes de recolección representan un alto porcentaje de los costes de producción y tienen además un gran impacto sobre el precio de producción. El cálculo de costes e ingresos que supone la adopción de la recolección mecanizada es considerablemente difícil, ya que hay que tener en cuenta, además de las inversiones en maquinaria y sus costes de utilización, los de implantación de nuevos cultivos o los de su adaptación, los precios de la aceituna y las diferencias de producciones por unidad de superficie. También hay que tener en cuenta el tiempo que debe transcurrir hasta que la nueva plantación alcanza la plena producción. En no pocas ocasiones el cambio no es asumible por los agricultores debido al tiempo que han de vivir con elevados gastos y sin ingresos. En ocasiones optan por adaptar las plantaciones tradicionales de forma progresiva. De esta forma, a la larga, aunque el resultado no es el mejor, los agricultores logran la mecanización de la recolección de forma menos traumática para su economía. Ni que decir tiene que los créditos y las ayudas pueden suponer un incentivo para que el agricultor se decida por la recolección mecanizada.

En cualquier caso hay que dejar claro que sólo las explotaciones con una dimensión adecuada, pueden optar por la recolección mecanizada. La gran inversión en maquinaria, en la que, como es sabido, un alto porcentaje de los costes son fijos, hace que cuando las plantaciones son de reducida dimensión se puede recolectar más económicamente haciendo la recolección manualmente. Una solución que puede evitar los costes de inversión para los pequeños agricultores es la de recurrir a la contratación de empresas especializadas. Una alternativa para disminuir los costes de recolección es utilizar máquinas polivalentes, pero, en este caso, es preciso considerar que la adaptación de la máquina a la recolección de diferentes cultivos no siempre es posible.

Una consideración que no se puede pasar por alto para tomar la decisión de aplicar la recolección mecanizada es la repercusión que puede tener la vida útil de la plantación.

2.- PERIODO ÓPTIMO DE RECOLECCIÓN.

En la recolección de aceituna es preciso establecer de forma racional el período óptimo para llevar a cabo la recolección de aceituna. Para ello se hace necesario, en

primer lugar, conocer la evolución del fruto hasta llegar a su maduración. La aceituna, desde el cuajado, aumenta paulatinamente de tamaño y, simultáneamente, pasa por la fase de endurecimiento del hueso y de un acusado aumento de peso. A principios de otoño, el color verde intenso se transforma en verde claro, después en verde amarillento, brillante, fruto enverado que llama el olivarero. A continuación empiezan a aparecer pequeñas manchas violáceas, principalmente en el ápice, que luego se extienden y terminan por ocupar todo el epicarpio, penetrando finalmente hasta el hueso. Mientras tanto, el epicarpio ha ido cambiando del color violáceo hasta el violeta oscuro brillante, recubriéndose de una capa blanquecina de pruina. Los colores finales, tanto en la pulpa o mesocarpio, como en la piel del fruto o epicarpio, adquieren las tonalidades características de cada variedad.

Se considera como período de maduración el tiempo transcurrido desde la aparición de las manchas violáceas hasta la coloración definitiva de la piel y de la pulpa. En la mayoría de las variedades, estas últimas transformaciones no tienen lugar en todos los frutos de una planta al mismo tiempo, alcanzándose la maduración de forma escalonada.

También se hace necesario estudiar las variables que tienen incidencia en el éxito de la operación de recolección. Estas variables son: la resistencia mecánica del pedúnculo de la aceituna, el contenido del fruto en aceite, la evolución de la calidad del aceite en el fruto, la caída natural de la aceituna y la influencia de la fecha de recolección tanto en la calidad del aceite como de la cosecha del año siguiente.

  • La resistencia al desprendimiento de la aceituna se define como la fuerza necesaria para separar el fruto de los brotes portadores de la cosecha. Dicha fuerza disminuye considerablemente a lo largo de la maduración. En los frutos aún verdes, alcanza valores próximos a los 8-10 newtons, bajando de manera acusada durante el período de maduración para, a partir de ella disminuir más lentamente. Si el fruto permanece aún en el árbol en el momento de reactivarse la vegetación, se observa un ligero aumento de la resistencia al desprendimiento. Aún cuando en la recolección manual la fuerza de desprendimiento incide de manera apreciable en el rendimiento de los operarios, en la recolección mecanizada con vibradores la relación a tener en cuenta sería la fuerza de desprendimiento y el peso de los frutos. Está claro que, a medida que disminuye esta relación la eficacia de la vibración es mayor. Se desprende que, considerando el factor resistencia a desprendimiento, retrasar la recogida del fruto del olivo podría ser interesante.
  • En cuanto al contenido de aceite de la aceituna hay que tener claro que aumenta a medida que avanza la maduración, alcanzando su máximo en el momento en que desaparecen los frutos verdes en el árbol. A partir de este momento el aceite en el fruto permanece prácticamente constante, o lo que es lo mismo, la producción de aceite por hectárea. Es importante aclarar que esta afirmación hace referencia al aceite total contenido en el fruto, y no al porcentaje sobre el peso del fruto. El porcentaje varía como consecuencia de la pérdida de humedad de la aceituna. Por tanto, atendiendo a esta variable, se puede interpretar que se puede realizar la recogida del fruto en el momento que desaparecen los frutos verdes del olivo.
  • En la calidad del aceite, en lo que se refiere a los índices físico-químicos que la determinan, se puede considerar que se mantiene constante en un largo período de tiempo después de la maduración, en tanto los frutos permanecen en el árbol. Por el contrario, es bien conocido que las características organolépticas del fruto desmejoran a medida que la recolección se retrasa, obteniéndose los aceites más afrutados y

colgado sobre el pecho, el cual, una vez lleno, lo vacía en un depósito o caja de unos 20-30 Kg. de capacidad, común para varios operarios.

  • El vareo es el método más extendido. El obrero, provisto de una vara, antes de madera y hoy de fibra de vidrio, mucho más ligera, cuya longitud llega hasta tres e incluso cuatro metros, golpea los ramones del árbol procurando, cuando lo hace correctamente que la vara incida tangencialmente a los brotes portadores de la cosecha con el fin de no causar daño en ellas. A veces, cuando no se varea adecuadamente, lo cual es demasiado frecuente, la cantidad de brotes del año, que deberían ser los portadores de frutos de la cosecha del año siguiente, queda tan reducida que ésta se puede ver seriamente afectada y se puede decir que, aunque el vareo no es causa fundamental, puede asegurarse que aumenta la tendencia a la vecería o alternancia de producción. El fruto derribado se recoge en lienzos o mallas extendidos bajo los olivos y que ocupan una superficie superior a la zona de goteo del árbol. Estas mallas, hay lugares en las que se arrastran de un olivo al siguiente y, cuando sobre ellas hay una cierta cantidad de aceituna se pliegan convenientemente y se vierte su contenido en cajas, sacos o espuertas. Hay zonas en los que el plegado y vaciado de las lonas se hace una vez derribada la aceituna de cada olivo.

Fig 2.- Vareo tradicional

4.- RECOLECCIÓN MECANIZADA.

El 80% del total de mano de obra necesaria en el cultivo tradicional del olivar corresponde a las faenas de recolección, siendo además esta operación, junto con la poda, las únicas donde el desarrollo tecnológico era muy bajo.

El desarrollo de la recolección mecanizada de aceituna ha tropezado con una serie de factores que lo han condicionado. Entre otros, además de la elevada longevidad de los olivos, las características inadecuadas del cultivo en lo referente a su bajo índice de conjunción agronomía-mecanización, las reducidas dimensiones de las explotaciones olivareras, la tendencia a considerar el olivar como un cultivo de interés social, la reducida atención económica a la investigación de la mecanización de la recogida de aceituna, el bajo nivel de desarrollo tecnológico de los países tradicionalmente olivareros, el excesivo coste de utilización de la maquinaria debido al relativamente corto período de tiempo disponible para la recolección, la alta potencia motriz y los elevados porcentajes de tiempos muertos.

La evidente necesidad de incrementar la rentabilidad de un cultivo de tanta raigambre como es el olivar y los avances en la conjunción agronomía-mecanización han permitido lograr notables avances.

Hasta llegar a la situación actual los intentos de mecanizar la recogida de aceituna han sido numerosos, aunque el hecho de encontrar una olivicultura con árboles de varios troncos, de uno solo, afrailados, en montaña o excesivamente grandes, ha impedido, hasta el momento, la consecución de una cosechadora integral de aceituna capaz de recoger a hecho, es decir, capaz de recoger el fruto de una sola pasada.

Se procedió, lógicamente, a realizar un análisis de los tiempos necesarios en las diferentes faenas en que normalmente se divide la recolección, para determinar sin equívocos las prioridades de mecanización que se debían establecer. Se determinaron las faenas en las que se puede separar el proceso de recolección y fueron las siguientes:

preparación de suelos, recogida del fruto caído naturalmente, del fruto del árbol, recepción del fruto derribado, limpieza, envasado y transporte.

  • Para hacer la preparación de suelos, las labores que se realizan son muy variables. Dependen de las características del suelo, de su profundidad y de su relieve. Varían según los hábitos de la comarca y, en ocasiones, están condicionadas por la presencia de otros cultivos. En general, las labores de preparación de suelos se realizan en invierno y primavera mediante labores cruzadas con cultivador seguidas de labores cruzadas de vibrocultivador. Cuando llega el verano se dan dos pases de grada de púas, muy superficiales y espaciadas unos 20-30 días, a los que sigue un pase de rulo para compactar el suelo. Entre la variedad de modelos comerciales de rulos, los de gran peso por unidad de longitud, de superficie lisa y provistos en su parte delantera de cuchilla niveladora, arrastrados lateralmente por un tractor, permiten preparar el ruedo de los olivos dejándolo apto para realizar un barrido manual o para el empleo de maquinaria de recolección. El rulado debe ejecutarse con terreno suelto y antes de que lleguen las primeras lluvias para que, cuando aparezcan, se produzca un apelmazamiento del suelo que facilite el movimiento tanto de obreros como de mallas y de máquinas, lo que, lógicamente, redunda en un mayor rendimiento y, por tanto, en una reducción de los costes de recolección. Todavía hay agricultores que para preparar el terreno para la recolección siguen empleando en verano la grada de discos. Su utilización es desaconsejable, no sólo por el exceso de rotura de raíces que provoca, también lo es porque favorece la erosión. En octubre, para dejar limpios los ruedos de los olivos se suele realizar una aplicación de herbicida.
  • Antes de dar comienzo la recolección se recoge manualmente la aceituna caída naturalmente sobre el ruedo de los olivos, que aunque normalmente se trata de poca cantidad, por el bajo rendimiento de la mano de obra, tiene una notable incidencia en el coste total de la recolección. La recolección del fruto caído sobre el terreno representa del 27-28% del tiempo total necesario en la cosecha manual. Este dato se ha calculado para una caída natural del 8% en árboles de 35 Kg. de cosecha. Evidentemente, en variedades con porcentaje de aceituna desprendida más elevado, el tiempo dedicado a esta faena es, en ciertos casos, mayor incluso que el necesario para el derribo. Para reducirlo se ha llegado a intentar el “enmoquetado” del ruedo de los olivos colocando redes de plástico bajo los árboles antes del comienzo de la caída. Pero, por numerosas razones, entre otras la desaparición de las mallas, no ha tenido aceptación.

Las máquinas hasta ahora desarrolladas para recoger la aceituna caída y/o derribada sobre el terreno natural no resuelven el problema satisfactoriamente. Cuando se trata de recoger la aceituna caída naturalmente ni las máquinas de tipo neumático ni las de tipo mecánico logran suficientes rendimientos a causa, no sólo de problemas de diseño, sino de la poca densidad de frutos por unidad de superficie. Derribar la aceituna sobre el terreno ni que decir tiene que es negativo para la calidad del aceite de oliva.

Todos los modelos hasta ahora desarrollados tienen como denominador común la exigencia de un suelo preparado; liso, compacto y libre de restos vegetales.

Las máquinas que se han desarrollado para recoger el fruto del suelo se pueden clasificar en cuatro modalidades diferentes: pinchadoras, barredoras, aspiradoras y sopladoras. De todas ellas, las más aceptadas han sido las que usan el principio de barrido, pues las neumáticas, además de tener bajos rendimientos requieren una elevada potencia y las pinchadoras dañan el fruto, lo que es incompatible con la obtención de un zumo de calidad.

favorecida por el hecho de que los frutos quedan agrupados en zonas localizadas de la copa a las que no llega la vibración o lo hace mal.

El tamaño de los árboles influye considerablemente en la eficacia de la vibración. Con árboles pequeños o medianos formados y podados adecuadamente se obtienen altos porcentajes de derribo, pero, a medida que el tamaño de los árboles aumenta, la eficacia de la vibración disminuye. Es decisivo el factor estructura de la planta. En árboles de porte erguido se consiguen mejores eficacias que en los de forma redondeada y péndula, ya que la vibración llega con mayor eficacia a las ramas erguidas que a las horizontales, a las péndulas y a las que, para llegar a ellas, hay que pasar por cambios bruscos de dirección. Hay que tener claro que los árboles de un solo tronco presentan ventajas sobre aquéllos formados en varios pies por su mayor facilidad para las maniobras de aproximación y agarre de los troncos. Es por lo que en árboles de varios pies se hace necesario reducir el número de ellos.

Para conseguir volúmenes de copa aceptables y de porte erguido se recurre a la poda. Los árboles se deben formar con un solo tronco, con las primeras ramificaciones a una altura que facilite la maniobra de agarre de la pinza vibradora. El número de ramas principales no deberá ser alto, pues con ello se ocasionaría una inclinación excesiva de las mismas. Las ramas de órdenes inferiores lo más rectas posible, sin cambios bruscos de dirección y cuya inserción en las ramas de orden inferior no formen ángulos muy abiertos. Se eliminarán las ramas péndulas y las horizontales de longitud excesiva deberán acortarse. Con ello se consigue mejorar la visión del tronco, lo que, además de facilitar el agarre del tronco con la pinza de la cabeza vibradora, aumentará tanto la eficacia de la vibración como el número de olivos vibrados por jornada de trabajo.

En cuanto a la densidad de las plantaciones y el tamaño de los árboles, se ha de tener presente que los potentes vibradores de tronco actuales necesitan amplios espacios de maniobra, y que su rendimiento horario en pies vibrados no estará prácticamente afectado por pequeñas diferencias de distancia entre árboles. En cualquier caso se obtendrá una recolección más económica con árboles de mayor tamaño y producción, con la lógica relación inversa entre el tamaño del árbol y la eficacia de derribo, dado que por cada actuación de la máquina se recogerá mayor cantidad de fruto. En este sentido serán aconsejables, dentro del elevado número de árboles de las nuevas plantaciones intensivas, densidades no muy altas, para que, sin pérdida apreciable de la producción por unidad de superficie, se disponga del tamaño de árboles y espacios de maniobra apropiados a una económica mecanización de la recogida. Hoy se cree que 200-300 plantas por hectárea pueden proporcionar las condiciones adecuadas. Ello supondría unas distancias entre plantas de 6-7 m. y un volumen de árbol de 40 a 50 m³.

Hace pocos años que se viene dedicando especial atención a las plantaciones superintensivas de olivar recogiendo en ellas la aceituna con cosechadoras de uva. Relatan los impulsores de las plantaciones superintensivas que, a muy corto plazo, se pueden lograr producciones abundantes, que se puede conseguir la mecanización integral de la recolección de aceituna, que permiten reducir el empleo de mano de obra, que minimizan costes de cultivo, que hay clones especialmente adaptados para este tipo de plantaciones y que hay incluso variedades enanas.

Hay que tener en cuenta que llegar a muy corto plazo a conseguir producciones abundantes no es algo característico de las plantaciones superintensivas de olivar. Esto ocurre siempre que los olivos se plantan con gran densidad. También hay que tener en cuenta que la cosechadora de uva es una máquina concebida, proyectada y construida

para viñedo, que derriba el fruto mediante un vareo ciego, que, como tal, puede romper los brotes portadores de la cosecha del año siguiente, producir daños en las ramas y provocar heridas que pueden ser la vía de entrada de patógenos. Además hay que considerar que la cosechadora de uva tiene un elevado coste horario de funcionamiento, que para poder aplicar dicha máquina a olivos adultos es necesario aplicarles una poda tan severa que les impide su normal vegetación, que no permite realizar la recolección integral, ya que ni derriba toda la fruta que está en el árbol, ni puede recoger la aceituna que se cae al suelo, que las plantaciones superintensivas exigen una mano de obra especializada, lo que hace incómodo cultivar esos olivos, ya que si el agricultor tiene dificultades para encontrar personas para la recolección, más difícil será que encuentre una mano de obra suficientemente especializada como para ser capaz de realizar una poda con los requerimientos específicos de estas plantaciones y que, al poco tiempo de haber sido plantados los olivos tienen troncos con diámetros tan grandes que pueden dañar o al menos reducir la estanqueidad del sistema de recepción y parte de las aceitunas caen al terreno.

Con respecto a que hay clones especialmente adaptados a las plantaciones superintensivas, hay que dejar claro que en España la propagación de olivo es, y ha sido siempre, clonal, ya que, los españoles, para propagar olivos utilizamos propagación vegetativa, con lo que se conservan los caracteres de la planta madre. Se puede tratar de olivos propagados a partir de una planta madre de calidad extraordinaria pero eso no significa que se trate de plantas especialmente adaptadas a las plantaciones superintensivas.

Por último, el hecho de que los investigadores hayan obtenido plantas enanas de olivos sin duda representa un avance, pero, para que merezca la pena utilizar plantas enanas en las plantaciones superintensivas deberían, además de ofrecer elevadas producciones por metro cuadrado de superficie que recibe radiación solar, no superar el tamaño del túnel de vareo de la cosechadora de uvas. Como estos detalles aún no están claros, hay que ser prudentes en su utilización porque las plantaciones superintensivas tienen unos elevadísimos costes de implantación, una vida efímera y, lo que es peor, de los factores limitantes fundamentales para cualquier planta, agua, suelo y luz, al cabo de algunos años, muy pocos si los olivos se riegan aportándoles sus necesidades hídricas y el medio de cultivo es adecuado, la luz y el suelo se convierten en especialmente limitantes. Además, condicionado por las dimensiones del túnel de vareo de la cosechadora, se hace necesario limitar el tamaño de los olivos, lo que hace que el potencial productivo se vea afectado negativamente. Hay que tener muy claro que, salvo modificaciones, una cosechadora de uva permite varear olivos cuya anchura no supere 1,25-1,35 m, cuya altura máxima no sobrepase 2,5 m y cuyo tronco, además de diáfano, debe tener, como mínimo, 0,5 m de altura. La anchura de calles necesaria para la maniobrabilidad de la máquina debe ser de 3,5 a 4 m.

Los autores de este trabajo hemos desarrollado un modelo matemático que tiene en cuenta las características del desarrollo y permite comparar el potencial de producción de las plantaciones intensivas y en seto de olivar. Según se desprende del mismo podemos indicar que, efectivamente es cierto que, las plantaciones superintensivas de olivar, al cabo de muy pocos años, alcanzan su máximo potencial productivo, lo cual es a todas luces positivo, pero el hecho de tener que limitar su tamaño al volumen que permite a la cosechadora de uva cabalgar sobre las hileras de olivos, hace que, transcurridos unos cuatro años después de realizar la plantación, se alcance el máximo potencial productivo, mientras que en las plantaciones intensivas sigue aumentando hasta sobrepasar sus producciones a las de las superintensivas de forma que, al cabo de unos 12-14 años, la cantidad total de aceituna recogida se iguala.

máquina, con estructura portificada, que cabalga sobre los olivos, realiza un vareo ciego mediante un sistema que recuerda a los túneles de lavado de automóviles, pero que, en vez de cerdas flexibles, utiliza cilindros dotados de finas varillas de fibra de vidrio, de mucha mayor rigidez que, al girar, golpean las ramas de los olivos y realizan un vareo ciego que hace caer la aceituna. Por su gran tamaño no exige, como las cosechadoras de uva, árboles formados en seto, y puede aplicarse a árboles formados a todo viento lo que es compatible con la vegetación natural del olivo. La experiencia acumulada en la utilización de esta máquina no nos permite, al menos por ahora, aconsejar su utilización.

  • Para la recepción del fruto derribado, la técnica tradicionalmente utilizada ha consistido en extender lienzos o mallas cubriendo la zona de goteo del olivo. Lógicamente la superficie cubierta por las lonas debe ser mayor que la de dicha zona de goteo para evitar que el fruto caiga fuera de las redes al ser derribado, lo que llevaría consigo una pérdida del mismo por abandono sobre el terreno, o un encarecimiento de la recolección en el caso de que no se deje perder la aceituna.

Existe un ingenioso modelo que permite recoger las mallas y que la aceituna se deposite en una tolva, consiste en dos ruedas con neumáticos que, situadas a una cierta altura giran presionando una sobre otra, y cuando entre las ruedas se introducen los extremos de las mallas, tiran de ellas elevándolas y haciendo que depositen las aceitunas en la base de la tolva.

Para mejorar la operación de extendido y recogida de mallas, aparecieron en el mercado, largos remolques de un solo eje, lo que facilita la conducción, con las mallas, recogidas en sendos ejes colocados longitudinalmente en el remolque, las cuales eran extendidas manualmente debajo del olivo. Una vez derribada la aceituna sobre ellas el tractorista acciona un embrague o un motor hidráulico que hace girar los ejes soporte de las lonas, recogiendo éstas y ayudándolas se eleva el fruto para que caiga al interior del remolque. Con este sistema es necesaria la actuación en cada malla de dos operarios que tienen que ayudar a la elevación final del fruto. Una sencilla modificación sirvió para perfeccionar estos remolques haciéndolos autocargadores. Sobre las mallas se colocaron barras transversales de material plástico forradas de lona y con dimensiones tales que, deslizando sobre un plano inclinado montado en los laterales de un remolque de muy baja altura, pueden subir sin ayuda hasta 120 Kg. de aceituna.

Esta modificación hizo más cómoda y eficiente la labor de los obreros, ya que evita el esfuerzo final que exigían los primeros remolques para cargar el fruto. Ordenado adecuadamente el trabajo un vibrador puede abastecer dos remolques.

Fig 3.- Remolque con mallas de extensión manual.

Posteriormente los remolques monoeje descritos se convirtieron en máquinas semisuspendidas al tractor que llevaban una cinta transportadora en toda su longitud. En dicha cinta, situada paralela y muy próxima al terreno natural, descargaban la fruta, al enrollarse sobre su eje las lonas que, previamente se habían situado bajo el árbol. Al final de la cinta transportadora una tolva recibía la cosecha que, antes de caer en ella, era sometida a una limpieza somera arrastrando las hojas y restos vegetales livianos con un ventilador. Con este nuevo sistema se fabricaron, y se siguen fabricando, incluso modelos que, mecánicamente y sin la ayuda de obreros logran extender y recoger las lonas bajo el árbol.

Fig 4.- Remolque utocargador con cintra transportadora.

Un gran avance en la recepción de la fruta derribada mecánicamente del árbol se consiguió utilizando dos máquinas que, circulando en las calles contiguas de una línea de árboles, forman una superficie cerrada sobre la que cae la aceituna que rueda y va a parar a una cinta transportadora que la lleva hasta un contenedor. Al caer desde la cinta un ventilador hace una primera limpieza de hojas y material ligero que, inevitablemente, cae durante el derribo. Una de las máquinas transporta un plano inclinado de forma rectangular y grandes dimensiones y un vibrador. El plano inclinado, en el lateral más bajo y próximo a la línea de frutales, lleva en toda su longitud una superficie, que articulada sobre el y movida hidráulicamente, se eleva y desciende para permitir el desplazamiento de un árbol al siguiente y que la aceituna caiga sobre la cinta transportadora que lleva la otra máquina que forma el conjunto. El vibrador, que no necesita los típicos movimientos que acompañan a los vibradores de serie (elevación general y descenso, volteo lateral e inclinación longitudinal), sólo tiene un movimiento de avance y retroceso que le permite recogerse debajo del plano inclinado durante el transporte y salir de él para agarrar el tronco una vez que la máquina se sitúa en la posición adecuada.

La otra máquina lleva la referida cinta transportadora y un plano inclinado que vierte en ella la fruta que rueda sobre el. Al final de la cinta transportadora un contenedor recibe el fruto que, antes de entrar en ella, se somete al aire que produce un ventilador que arrastra las hojas y elementos livianos que acompañan a la cosecha. Ni que decir tiene que, para que estas máquinas funcionen correctamente, la plantación tiene que haberse planteado con árboles de un solo píe, con pocas y erguidas ramas principales.

Fig 5.- Receptor de aceitunas con sistema de planos inclinados.

El avance más notable en la recepción del fruto derribado y que más aceptación ha tenido entre los olivareros ha sido el denominado paraguas invertido. Este sistema consiste en el montaje en los laterales del vehículo que soporta el vibrador una estructura, que recuerda a las varillas de un paraguas, cuyas barras, movidas hidráulicamente pivotan sobre un punto de apoyo y arrastran una lona que termina cerrándose alrededor del olivo. Un vibrador montado bajo la referida estructura hace caer la aceituna que rueda sobre la lona y cae en una tolva, la cual, cuando alcanza el nivel de llenado aconsejable el tractorista se encarga de vaciar. Hay modelos diseñados con tolvas de las que salen sendas cintas transportadoras que llevan el fruto a dos contenedores situados en los laterales del vehículo soporte.

Fig 6.- Vibrador con sistema de recepción de tipo paraguas invertido

  • Después de la recolección es necesario proceder a la limpieza de la aceituna. Tradicionalmente la limpieza se hacía en el propio lugar de trabajo mediante cribado con ayuda manual. Esta forma ha sido abandonada, ya que su costo resulta prohibitivo. Lo más conveniente es el centralizado de la limpia en la propia finca o en la almazara. Se debe hacer una limpieza muy grosera a la aceituna antes de pasarla a los remolques para su traslado hasta la limpiadora. Según el sistema de recolección de aceituna, se utilizan dos formas de limpieza: el cribado con aventado y el cribado, con aventado y lavado posterior. El primero se usa cuando la aceituna recogida sólo lleva impurezas de hojas y brotes. El segundo se utiliza cuando la aceituna además de hojas y brotes lleva otras impurezas tales como barro, piedra, etc., es decir, la suciedad que acompaña a la

el cable y, activando la excéntrica, conseguía un movimiento de gran amplitud y baja frecuencia que provocaba la caída del fruto. Debido a que el cable sólo puede ejercer fuerza de tracción, la velocidad a la que las ramas volvían a su posición de equilibro esta determinada por su frecuencia natural, lo que limita la eficacia de la vibración. Además, hay que tener gran cuidado con la tensión inicial del cable para evitar provocar roturas de ramas.

Fig 7.- Vibrador unidireccional de excéntrica y cable.

Basándose en que si con un mazo de grandes dimensiones, con una almohadilla de goma colocada en la parte de la cabeza que se utilizada para golpear, con lo que se evitarían daños en la corteza, al impactar sobre las ramas se puede conseguir, en algunas especies de árboles frutales, transmitir la energía necesaria para provocar el derribo de la fruta. La vibración que puede generar este sistema, sobre todo en árboles grandes, además de no ser eficaz, exige mucho esfuerzo a los trabajadores y les hace, para lograr mayor eficacia de derribo, tener que subirse a los árboles para golpear a las ramas pequeñas. Basándose en esta idea apareció un segundo tipo de vibrador, que, con un resorte comprimido, dejado súbitamente en libertad, por un cilindro metálico, lanzaba una maza que, al chocar sobre una almohadilla apoyada en el árbol, producía un choque que provocaba el derribo de la fruta. Se han ensayado modelos que, en vez de resorte, utilizaban aire comprimido.

Fig 8.- Vibrador unidireccional de impacto.

Más tarde, y no sólo por la reducción de costes que produce la eliminación del obrero que colocaba el garfio o la correa en las ramas del árbol, sino también para mejorar las características de la vibración producida, algunos constructores desarrollaron máquinas que sustituían el cable por un brazo rígido en cuyo extremo libre se colocaba una pinza de agarre del árbol provista de un sistema hidráulico de apertura y cierre. Gracias a este avance se podía aplicar una vibración con frecuencia y amplitud variables a voluntad del usuario.

Fig 9.- Vibrador unidireccional de excéntrica y brazo rígido.

A pesar de tener el nuevo sistema la ventaja de eliminar un operario y de provocar una vibración regulable en frecuencia y amplitud, su aceptación por los agricultores fue limitada, provocado fundamentalmente porque el vehículo de soporte recibía la reacción de la acción generada sobre el árbol lo que le causaba notables desperfectos.

Para evitar este problema surgieron a continuación los denominados vibradores de inercia unidireccionales. El principio de funcionamiento de los vibradores de inercia consiste en un mecanismo biela-manivela situado en el interior de una carcasa de peso variable, que acciona un brazo deslizante, el cual, mediante una pinza accionada hidráulicamente se fija al árbol y origina la necesaria vibración para derribar la aceituna. Por el principio de acción y reacción, al poner en marcha el giro de la manivela se produce el desplazamiento del árbol en sentido contrario a la de la carcasa, la cual, suspendida mediante cadenas o bloque de caucho de un brazo soporte, no transmite la vibración al tractor. Lógicamente el peso de la carcasa determina la amplitud de la vibración y la velocidad de giro de la manivela la frecuencia.

Fig 10.- Vibrador unidireccional de inercia.

Basándose en el principio de los vibradores de inercia se han desarrollado modelos manuales que se utilizan para sacudir las ramas. Los más extendidos son los que utilizan motores de dos tiempos de pequeña cilindra que hacen a su vez el mismo efecto que la carcasa en los vibradores unidireccionales de inercia. La mayor limitación que han tenido estas máquinas la produce el hecho de que son más lentos al poder vibrar sólo ramas y también en que, hasta cierto punto, son incómodos de manejar. No obstante, cuando las circunstancias no permiten el uso de los potentes vibradores multidireccionales de troncos y ramas, cada vez es más frecuente su utilización.

Se observó que cuando el vibrador de inercia unidireccional se aplicaba sobre el tronco en distintas direcciones mejoraba la eficacia de derribo. Esto dio lugar al desarrollo de máquinas que vibraban en varias direcciones. Fueron los llamados vibradores multidireccionales. El principio de funcionamiento de éstas máquinas consiste en que, en el interior de una carcasa, se hacen girar dos masas excéntricas con sentidos contrarios y con velocidades angulares diferentes en valor absoluto, aunque próximas, lo que hace que, de las fuerzas centrífugas que generan ambas masas al girar, surja una fuerza resultante variable en módulo, dirección y sentido que origina la vibración multidireccional deseada.

Fig 11.- Vibrador multidireccional de inercia.

Mecánicamente el accionamiento de los dos contrapesos de los vibradores multidireccionales para lograr que giren sincronizadamente con velocidades angulares opuestas y próximas en valor absoluto, ofrece problemas de difícil solución. Para evitarlos se ha desarrollado una solución que, por su simplicidad constructiva, ofrece a los usuarios menos problemas mecánicos que los vibradores multidireccionales que funcionan con la idea original y tiene tienen además una buena eficacia de derribo, lo que ha hecho que los agricultores, a sabiendas de la importancia de los costes de oportunidad que originan las averías en cualquier máquina agrícola, vienen, cada vez más, invirtiendo en estas máquinas. Son los denominados vibradores orbitales y utilizan una sólo masa excéntrica de gran tamaño que, al girar, produce una elevada fuerza centrífuga que, aplicada al tronco o a las ramas, origina un movimiento que recuerda las orbitas de los planetas, que hace caer el fruto.

Un elemento de gran importancia en los vibradores, tanto en la transmisión de la vibración desde la cabeza vibradora hasta el árbol, como desde el punto de vista de daños provocados en la corteza, es la pinza de agarre. Aunque en casi todos los modelos comerciales son muy parecidas, algunas firmas han utilizado un cilindro hueco relleno de material plástico (antiguamente era de hueso de aceituna). Este cilindro, además de adaptarse perfectamente al tronco, ya que las partículas de relleno fluyen y hacen que la superficie de contacto con el tronco o la rama sea más grande. De esta forma se reduce la presión específica ejercida por el vibrador, disminuye la amortiguación que producen los bloques de caucho que normalmente se utilizan, mejora la transmisión de la vibración y, consecuentemente, mejora la eficacia de derribo. El inconveniente de este tipo de almohadillas es su elevado precio y su reducida vida útil.

6.- COSECHADORAS DE UVA

La recolección mecanizada de aceituna con cosechadora de uva es un claro ejemplo en el que todo se le ha pedido al olivo y poco o casi nada a la máquina y, esta forma de proceder, la experiencia enseña que nos es la más adecuada.

posterior. El más utilizado para sacar la cosecha de la zona de recepción es el de cinta transportadora y, para elevarla hasta las tolvas, se usan cintas con barras transversales o con cangilones.

En algunas cosechadoras el fruto se evacúa de forma continua con una cinta de descarga que deja caer la cosecha en un remolque que circula paralelo a la cosechadora, pero como este sistema no es compatible con plantaciones de alta densidad, la mayoría de las máquinas llevan una o dos tolvas de capacidad variable con la envergadura de la máquina. Estos depósitos van accionados hidrostáticamente para su descarga.

Es de destacar el sistema de recepción y transporte a base de cadenas de cangilones de plástico deformable que utiliza la firma New Holland. Estas cadenas se desplazan con velocidad igual y opuesta a la de desplazamiento de la cosechadora sobre las cepas, con lo cual, la velocidad relativa de los cangilones respecto a los troncos es nula. Gracias a ello se consigue que el cierre del receptor alrededor de los troncos sea perfecto y prácticamente nula la pérdida de cosecha. Además, la forma de realizar el transporte de la cosecha hasta la tolva dentro de los cangilones, hace que el ataque a la integridad de la uva desaparezca por completo y, por la forma de estos, la succión que realiza el ventilador para la limpieza puede ser más enérgica, con lo que la eliminación de impurezas puede ser aún mayor.

  • El vareo de sarmientos desprende hojas, zarcillos, pecíolos, trozos de sarmientos y otros materiales. Es por lo que las cosechadoras de uva llevan incorporado un sistema de limpieza a base de ventiladores del tipo centrífugo o helicoidal, que se colocan en el sistema de transporte y succionan las impurezas de la cosecha.
  • Las regulaciones de la cosechadora mecánica de uva son importantes. El cabezal de vibrado debe ser ajustado para que sea todo lo estrecho que el sistema de conducción de las cepas permita. Demasiado a menudo, el contacto deficiente del sistema de derribo de la cosechadora con la planta y la frecuencia de la vibración, incrementan notablemente los daños a la planta y a la espaldera, además del contenido de impurezas de la cosecha.

Las regulaciones de las cosechadoras de uvas incluyen la frecuencia de vibración, la distancia entre las varas de una misma línea y entre las líneas de varas, la velocidad de desplazamiento, el centrado de la máquina en la línea y la velocidad de los ventiladores de separación de impurezas y deben ser controladas constantemente por el operario.

7.- RECOLECCIÓN MECANIZADA DE ACEITUNA DE VERDEO.

La mecanización de la recolección de aceituna de mesa para su aderezo en verde al estilo sevillano ha presentado desde su inicio tres problemas fundamentales: baja eficacia de derribo de fruto del árbol con los vibradores, alto porcentaje de aceituna dañada en comparación con la recogida manualmente y bajo rendimiento en árboles vibrados por jornada de trabajo.

Ante estos hechos y basándose en los trabajos realizados en aceituna de molino, se pensó en la utilización de productos favorecedores de la abscisión del fruto, de cuya utilización se esperaba un aumento de la eficacia de los vibradores y una disminución del tiempo de vibración necesario.

Se han utilizado diferentes productos comerciales y, aunque con algunos de ellos se llegó a obtener aumentos de eficacia del 10 al 15%, un acortamiento notable del

tiempo de vibración y se redujeron los daños en el fruto, cuando la dosis aplicada era suficientemente alta como para lograr las mejoras descritas, aparecía un desprendimiento tan elevado de hojas que llegaba en algunos casos a una defoliación casi total de los árboles.

Por todo ello, aunque en algunos casos la utilización de productos mejora la eficacia de los vibradores, para su empleo sería necesario el estudio de la presencia de restos de producto en frutos.

El molestado del fruto recogido mecánicamente, si se deja reposar la aceituna después de derribarla del olivo, produce un oscurecimiento por intensificación del color verde superficial que, pasado un cierto tiempo, que depende de la intensidad y características del golpe, se extiende profundizando en la pulpa hasta llegar al endocarpio y un gran número de frutos que, en un principio, no se veían afectados, al pasar 24 horas del momento de recogida mecanizada, aparecen porcentajes de frutos molestados próximos al 90%.

Para evitar la evolución del daño se efectuó el cocido de la aceituna transcurrido un breve tiempo desde la recolección, dejando al fruto seguir una fermentación normal. De esta forma, no sólo se obtiene una aceituna fermentada de calidad equiparable en cuanto a porcentaje de fruto molestado y de características organolépticas semejantes a las de la aceituna fermentada y recogida manualmente. Siempre con la condición de que el intervalo recolección-cocido no supere las seis horas. Si dicho tiempo no supera una hora, el resultado obtenido es a veces incluso mejor en la recolección mecanizada que en la aceituna recogida manualmente y procesada con el reposo tradicional.

El cocido inmediato a la recolección tendría que ser efectuado en campo, lo cual es prácticamente imposible porque sería precisa una profunda modificación en los sistemas de elaboración del aderezo. Se buscó una segunda solución consistente en utilizar un líquido de transporte en el que, inmediatamente después del derribo, se introdujo la aceituna, para que en él se evitase el progreso del molestado del fruto y a la vez hiciera posible el transporte a fábrica y, a continuación realizar un cocido y una fermentación de características muy semejantes a las que se realizan tradicionalmente. El líquido de transporte usado fue una lejía de baja concentración (0,8-1º Beaume), que impide el progreso del molestado y penetra tan poco en la pulpa, incluso teniendo en él la aceituna largos períodos de tiempo, que una vez en fábrica, se puede realizar un cocido prácticamente normal.

8.-EPÍLOGO

La experiencia indica que mecanizar un cultivo, en este caso la recolección de aceituna, exige una perfecta coordinación entre agronomía y mecanización y esto sólo pueden lograrlo profesionales con la suficiente formación agronómica y mecánica, como son los Ingenieros Agrónomos.

A pesar de los avances logrados, la recolección mecanizada de aceituna todavía no ha alcanzado el nivel de desarrollo que sería deseable. La importancia social y económica del cultivo del olivar y de sus derivados, invita a pensar que, en un tiempo que no debería ser muy prolongado, se debería alcanzar. Para ello sería necesario potenciar, además de la investigación, la formación de los estudiantes de las Escuelas de Ingenieros Agrónomos en las materias dedicadas al estudio de la Agronomía, de los Motores y de la Maquinaria Agrícola y evitar lo que de hecho está ocurriendo, que dichas disciplinas estén siendo desplazadas por otras que, al no ser específicas de un