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Reforma protestante, Exámenes de Historia del Arte

Asignatura: Historia e Cultura Moderna, Profesor: Sobrado Correa, Hortensio, Carrera: Historia del Arte, Universidad: USC

Tipo: Exámenes

2014/2015

Subido el 23/12/2015

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Práctica Interactiva Individual Nº 2: (La Reforma Protestante ).
-Texto 1: Capítulo IX. Es una abominación atribuir a Dios forma alguna visible, y todos cuantos erigen
imágenes o ídolos se apartan del verdadero Dios
12. Del arte de pintar y de hacer esculturas
Sin embargo, no llega mi escrúpulo a tanto que opine que no se puede permitir imagen alguna. Mas porque las artes
de esculpir y pintar son dones de Dios, pido el uso legítimo y puro de ambas artes, a fin de que lo que Dios ha concedido a
los hombres para gloria suya y provecho nuestro, no sólo no sea pervertido y mancillado abusando de ello, sino además
para que no se convierta en daño nuestro.
Nosotros creemos que es grande abominación representar a Dios en forma sensible, y ello porque Dios lo
prohibió, y porque no se puede hacer sin que su gloria quede menoscabada. Y para que no piensen que sólo nosotros
somos de esa opinión, los que leyeren los libros de los antiguos doctores verán que estamos de acuerdo con ellos, pues
condenaron todas las figuras que representaban a Dios. Así pues, si no es lícito representar a Dios en forma visible, mucho
menos lo será adorar tal imagen como si fuese Dios o adorar a Dios en ella. Según esto, solamente se puede pintar o
esculpir imágenes de aquellas cosas que se pueden ver con los ojos. Por tanto, la majestad de Dios, la cual el entendimiento
humano no puede comprender, no ser corrompida con fantasmas que en nada se le parecen.
En cuanto a las cosas que se pueden pintar o esculpir las hay de dos clases: unas son las historias o cosas que han
acontecido; las otras, figuras o represtaciones de las personas, animales, ciudades, regiones, etcétera, sin representar los
sucesos. Las de la primera clase sirven en cierto modo para enseñar y exhortar; las de la segunda, no comprendo para qué
sirven, a no ser de pasatiempo. No obstante, es notable advertir que casi todas las imágenes que había en los templos de los
papistas eran de esta clase. Por donde fácilmente se puede ver que fueron puestas allí, no según el juicioso dictado de la
razón, sino por un desconsiderado y desatinado apetito.
Omito aquí considerar cuan mal y deshonestamente las han pintado y formado en su mayoría, y cuánta licencia se
han tomado en esto los artistas, como antes comencé a decir. Ahora solamente afirmo que, aunque no hubiese defecto
alguno, no valen en absoluto para enseñar.
13. Las imágenes de los templos cristianos
Dejando a un lado esta distinción, consideremos de paso si es conveniente tener imágenes en los templos
cristianos, sean de a primera clase en las que se representa algún acontecimiento, sean de la segunda, en las que sólo hay
representaciones de un hombre, de una mujer, o de otro ser cualquiera.
Primeramente recordemos, si tiene alguna autoridad para nosotros la Iglesia antigua, que por espacio de quinientos años
más o menos, cuando la religión cristiana florecía mucho más que ahora y la doctrina era más pura, los templos cristianos
estuvieron exentos de tales impurezas. Y solamente las comenzaron a poner como ornato de los templos, cuando los
ministros comenzaron a degenerar, no enseñando al pueblo como debían. No discutiré cuáles fueron las causas que
movieron a ello a los primeros autores de esta invención; pero si comparamos una época con la otra, veremos que estos
inventores quedaron muy por debajo de la integridad de los que no tuvieron imágenes. ¿Cómo es posible que aquellos
bienaventurados Padres antiguos consintieran que al Iglesia carecieses durante tanto tiempo de una cosa que ellos creían útil
y provechosa? Precisamente, al contrario, porque veían que en ella no había provecho alguno, o muy poco, y sí daño y
peligro notables, la rechazaron prudente y juiciosamente, y no por descuido o negligencia.
(Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 1536).
-Texto 2: Y, en particular, he tratado en último lugar de las imágenes. He dicho que se las debería abolir. Si fueran objeto
de adoración; en caso contrario, se las puede tolerar. Desearía , sin embargo, que las imágenes fuesen abolidas en el mundo
entero a causa del deplorable abuso al que dan lugar, abuso que nadie puede negar. Pues el que hace colocar una imagen en
una iglesia piensa fácilmente que presta un servicio y causa gusto a Dios, y que realiza una buena obra, verdadera idolatría.
Tal es la primera y la principal razón por la que las imágenes deberían ser abolidas (...). De este abuso está lleno el mundo.
Pues, ¿alguno querría colocar una imagen de madera sin hablar ya de una de oro o de plata- en una iglesia, si no pensase
prestar un servicio a Dios?. Es que pensáis que si los príncipes, obispos y otros grandes personajes colocaron tantas
imágenes preciosas, de oro y plata, en las iglesias e hicieron tantas fundaciones no fue porque pensaban que esto tenía un
valor a los ojos de Dios. Si no fuese así, seguramente no o harían.
Todavía esta razón no sería suficiente para derribar y quemar todas las imágenes porque hay muchas gentes que no
profesan esta falsa opinión , sino que pueden y saben hacer un buen uso de las imágenes. Es por lo que no podemos
condenar y no debemos condenar tan rápidamente (...). Pero el buen método –como ya expuse con anterioridad- es
predicar que las imágenes son inútiles , que Dios no las pide, y que no le causan agrado, aunque se llenen todos los rincones
de imágenes de oro y plata, y que sería mejor acudir en ayuda de los pobres que erigir muchas imágenes conforme a esta
opinión. Si los príncipes, los obispos y demás hubieran entendido esto, las imágenes habrían caído y desaparecido por sí
mismas, sin necesidad de los alborotos y tumultos que se están sucediendo al presente. (Martín Lutero).
Comentario de los textos 1 y 2 (1-2 folios dos caras): Contextualizar los textos en el tiempo y el espacio,
relacionándolos con las influencias de la Reforma Protestante en el Arte, y comentando de forma detallada y explícita
las principales ideas expuestas, en relación a la línea de pensamiento de sus autores, incidiendo especialmente en
aquellas que subyacen de forma clara en los textos.
Bibliografía:
ATKINSON, J., Lutero y el nacimiento del protestantismo, Madrid, 1980
CROUZET, D., Calvino, Barcelona, Arial, 2001.
EGIDO, T., Las Reformas Protestantes, Madrid, Síntesis, 1992.

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Práctica Interactiva Individual Nº 2: (La Reforma Protestante ).

  • Texto 1: Capítulo IX. Es una abominación atribuir a Dios forma alguna visible, y todos cuantos erigen imágenes o ídolos se apartan del verdadero Dios
  1. Del arte de pintar y de hacer esculturas Sin embargo, no llega mi escrúpulo a tanto que opine que no se puede permitir imagen alguna. Mas porque las artes de esculpir y pintar son dones de Dios, pido el uso legítimo y puro de ambas artes, a fin de que lo que Dios ha concedido a los hombres para gloria suya y provecho nuestro, no sólo no sea pervertido y mancillado abusando de ello, sino además para que no se convierta en daño nuestro. Nosotros creemos que es grande abominación representar a Dios en forma sensible, y ello porque Dios lo prohibió, y porque no se puede hacer sin que su gloria quede menoscabada. Y para que no piensen que sólo nosotros somos de esa opinión, los que leyeren los libros de los antiguos doctores verán que estamos de acuerdo con ellos, pues condenaron todas las figuras que representaban a Dios. Así pues, si no es lícito representar a Dios en forma visible, mucho menos lo será adorar tal imagen como si fuese Dios o adorar a Dios en ella. Según esto, solamente se puede pintar o esculpir imágenes de aquellas cosas que se pueden ver con los ojos. Por tanto, la majestad de Dios, la cual el entendimiento humano no puede comprender, no ser corrompida con fantasmas que en nada se le parecen. En cuanto a las cosas que se pueden pintar o esculpir las hay de dos clases: unas son las historias o cosas que han acontecido; las otras, figuras o represtaciones de las personas, animales, ciudades, regiones, etcétera, sin representar los sucesos. Las de la primera clase sirven en cierto modo para enseñar y exhortar; las de la segunda, no comprendo para qué sirven, a no ser de pasatiempo. No obstante, es notable advertir que casi todas las imágenes que había en los templos de los papistas eran de esta clase. Por donde fácilmente se puede ver que fueron puestas allí, no según el juicioso dictado de la razón, sino por un desconsiderado y desatinado apetito. Omito aquí considerar cuan mal y deshonestamente las han pintado y formado en su mayoría, y cuánta licencia se han tomado en esto los artistas, como antes comencé a decir. Ahora solamente afirmo que, aunque no hubiese defecto alguno, no valen en absoluto para enseñar.
  2. Las imágenes de los templos cristianos Dejando a un lado esta distinción, consideremos de paso si es conveniente tener imágenes en los templos cristianos, sean de a primera clase en las que se representa algún acontecimiento, sean de la segunda, en las que sólo hay representaciones de un hombre, de una mujer, o de otro ser cualquiera. Primeramente recordemos, si tiene alguna autoridad para nosotros la Iglesia antigua, que por espacio de quinientos años más o menos, cuando la religión cristiana florecía mucho más que ahora y la doctrina era más pura, los templos cristianos estuvieron exentos de tales impurezas. Y solamente las comenzaron a poner como ornato de los templos, cuando los ministros comenzaron a degenerar, no enseñando al pueblo como debían. No discutiré cuáles fueron las causas que movieron a ello a los primeros autores de esta invención; pero si comparamos una época con la otra, veremos que estos inventores quedaron muy por debajo de la integridad de los que no tuvieron imágenes. ¿Cómo es posible que aquellos bienaventurados Padres antiguos consintieran que al Iglesia carecieses durante tanto tiempo de una cosa que ellos creían útil y provechosa? Precisamente, al contrario, porque veían que en ella no había provecho alguno, o muy poco, y sí daño y peligro notables, la rechazaron prudente y juiciosamente, y no por descuido o negligencia.

(Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 1536).

-Texto 2: Y, en particular, he tratado en último lugar de las imágenes. He dicho que se las debería abolir. Si fueran objeto de adoración; en caso contrario, se las puede tolerar. Desearía , sin embargo, que las imágenes fuesen abolidas en el mundo entero a causa del deplorable abuso al que dan lugar, abuso que nadie puede negar. Pues el que hace colocar una imagen en una iglesia piensa fácilmente que presta un servicio y causa gusto a Dios, y que realiza una buena obra, verdadera idolatría. Tal es la primera y la principal razón por la que las imágenes deberían ser abolidas (...). De este abuso está lleno el mundo. Pues, ¿alguno querría colocar una imagen de madera –sin hablar ya de una de oro o de plata- en una iglesia, si no pensase prestar un servicio a Dios?. Es que pensáis que si los príncipes, obispos y otros grandes personajes colocaron tantas imágenes preciosas, de oro y plata, en las iglesias e hicieron tantas fundaciones no fue porque pensaban que esto tenía un valor a los ojos de Dios. Si no fuese así, seguramente no o harían. Todavía esta razón no sería suficiente para derribar y quemar todas las imágenes porque hay muchas gentes que no profesan esta falsa opinión , sino que pueden y saben hacer un buen uso de las imágenes. Es por lo que no podemos condenar y no debemos condenar tan rápidamente (...). Pero el buen método –como ya expuse con anterioridad- es predicar que las imágenes son inútiles , que Dios no las pide, y que no le causan agrado, aunque se llenen todos los rincones de imágenes de oro y plata, y que sería mejor acudir en ayuda de los pobres que erigir muchas imágenes conforme a esta opinión. Si los príncipes, los obispos y demás hubieran entendido esto, las imágenes habrían caído y desaparecido por sí mismas, sin necesidad de los alborotos y tumultos que se están sucediendo al presente. (Martín Lutero).

Comentario de los textos 1 y 2 (1-2 folios dos caras): Contextualizar los textos en el tiempo y el espacio, relacionándolos con las influencias de la Reforma Protestante en el Arte, y comentando de forma detallada y explícita las principales ideas expuestas, en relación a la línea de pensamiento de sus autores, incidiendo especialmente en aquellas que subyacen de forma clara en los textos. Bibliografía: ATKINSON, J., Lutero y el nacimiento del protestantismo, Madrid, 1980 CROUZET, D., Calvino, Barcelona, Arial, 2001. EGIDO, T., Las Reformas Protestantes, Madrid, Síntesis, 1992.