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Renta básica universal y su importancia en el mundo y las personas que habitan dentro de el
Tipo: Apuntes
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P U B L I C A D O P O R J O S E M I G U E L E N 1 0 : 5 3 A. M. E N V I A R P O R C O R R E O E L E C T R Ó N I C O E S C R I B E U N B L O G C O M P A R T I R C O N T W I T T E R C O M P A R T I R C O N F A C E B O O K C O M P A R T I R E N P I N T E R E S T 1 C O M E N T A R I O :
MrGaluel dijo... Hola! Soy Frances y les informo a los hombres de idioma espanol que se desarolla el proyecto de programa libre (GNU AGPL) uCoin : http://www.ucoin.io que propone desarollar un dinero P2P libre, donde todo el dinero creado sera simpre una renta basica para todos. La renta se calcula con un % de la masa monetaria por persona. Por ejemplo si hay 1000 miembros de una comunidad, con 100 000 000 de dinero total, es decir 100 0000 / persona, la renta basica sera de 10% x 100 000 = 10000 por cada uno cada ano (se puede calcular por Mes, por semana, como quiera. Pueden juntarse a los contribudores cualquier informatico interesado. Ahora tenemos franceses, y un aleman, no ingleses, no italianos, no espanoles... sábado, febrero 14, 2015 3:44:00 p. m. La renta básica supone garantizar a todas las personas residentes, de forma automática e incondicionada, un ingreso periódico de subsistencia. La novedad, respecto a los programas vigentes, es ese carácter automático e incondicional. Ello significa que no requiere de engorrosos trámites administrativos, ni solicitud del beneficiario, ni controles por parte de las administraciones públicas. La incondicionalidad implica también que resulta independiente de la situación laboral y que es por tanto compatible con cualquier otro ingreso. Los menores de edad también generarían un derecho adicional, que recibirían los mayores de
el 25 y el 30% de la cuantía de la renta básica de una persona adulta. Dada la grave situación de pobreza infantil en España, con uno de cada tres menores en situación de riesgo de pobreza, parecería deseable situarla en el 30%. El programa implicaría la desaparición de todas las prestaciones existentes de carácter asistencial no contributivas (pensiones asistenciales, complemento a mínimos, subsidio de paro no contributivo o extraordinario, previsiblemente rentas mínimas autonómicas…), porque la renta básica integra todo subsidio personal hasta la cuantía que se fije para ella. En el caso de que existiera alguna prestación asistencial reconocida de valor superior al fijado para la renta básica, debería mantenerse un complemento personal de forma que nadie resultara perjudicado. También quedarían absorbidas, con carácter general, las prestaciones familiares y los beneficios fiscales relacionados con mínimos personales y familiares. En cuanto a las pensiones contributivas, el sistema pasaría a tener un componente fijo (la renta básica) y un componente variable relacionado con las cotizaciones previas. En el momento de la implantación sería un simple cambio cosmético. Para el futuro, podría conllevar un
grandes olvidados de nuestro confuso y complejo sistema de garantía de rentas de carácter incompletamente universal. Esa aceptación general de que hay que evitar que haya personas en la miseria, se debe a muy diversas razones. Un mínimo de conciencia social y de vergüenza no permite admitir una vida general en el consumismo desaforado y un nivel de vida despilfarrador, junto a niños malnutridos, ancianos despojados, personas sin lo básico, hogares sin recursos... Y si el egoísmo predomina sobre el sentimiento de solidaridad o simple piedad, situaciones de exclusión social sabemos que muy frecuentemente implican mayor delincuencia, enfermedades que se transmiten, pérdida de talento, menor crecimiento general a largo plazo, estallidos sociales… En suma, una pérdida progresiva del bienestar colectivo. Y, como estos últimos años están demostrando, nadie puede considerarse inmune al peligro de caer en situaciones de pobreza y necesidad. Asegurar un nivel mínimo de rentas a todas las personas es, pues, no solo una exigencia de justicia y solidaridad, sino también un seguro personal y colectivo.
Siempre que se han hecho propuestas de reformas sociales, los sectores más conservadores han bombardeado a la opinión pública con amenazas apocalípticas y pronósticos negrísimos. El mundo se derrumbará, la gente dejará de trabajar y la pobreza se generalizará. Pasó cuando se implantaron las pensiones obligatorias, el salario mínimo o el subsidio de desempleo. Recuérdese, más recientemente, el debate en USA ante las intenciones del presidente Obama de poner en marcha su programa sanitario. Todas las negras profecías quedaron en nada.
Como se ha visto, ya existen diversos programas de aseguramiento de rentas. Por tanto, no puede esperarse un cambio muy radical cuando lo que se propone es una mejora notoria de lo actualmente vigente. Los estudios disponibles sobre los efectos desincentivadores sobre el trabajo de programas como, por ejemplo, el subsidio de desempleo, no son en absoluto concluyentes. Los estudiosos coinciden en que los principales problemas de los programas de sostenimiento de rentas, rentas mínimas y asimilados van ligados al hecho de que la prestación desaparece si se obtiene un empleo. Esa incompatibilidad provoca a menudo un desincentivo al empleo o/y un incentivo a trabajar en la economía sumergida. La creciente precarización y el deterioro del mercado de trabajo conlleva, a menudo, que aceptar un empleo y perder el subsidio suponga un menor ingreso para la persona afectada.
Como la renta básica es compatible con el empleo y otros ingresos, esa “trampa de la pobreza” desaparece. En otras palabras, el presunto desincentivo al esfuerzo sería, de existir, bastante menor que en la situación actual. Las experiencias que se conocen más o menos parecidas, más o menos de prueba, muestran unos resultados muy positivos y alejados de los presagios pesimistas. El argumento del desincentivo pierde bastante ante la constatación de la existencia persistente de horas extraordinarias que suponen mayor esfuerzo y mayor ingreso, con una extensión muy generalizada. ¿No sería la renta básica, para el desempleado, una retribución adicional en caso de trabajar semejante al plus que se ofrece por las horas extraordinarias? Recientemente, la Red de Renta Básica ha divulgado los resultados de una encuesta realizada
"La renta básica es un ingreso de 650 € mensuales que recibiría toda la población como derecho de ciudadanía, que sería financiada mediante una reforma fiscal que supondría una redistribución de la renta del 20% de la gente más rica al resto de la población. ¿Estaría más bien de acuerdo o más bien en desacuerdo que se implantara en nuestro país?" Un 72,3% está más bien de acuerdo, un 20,1% está más bien en desacuerdo y un 7,6% NS / NC. La opinión favorable es mayoritaria en todos los sectores socioeconómicos o demográficos, aunque los resultados más ajustados se dan en los sectores con más ingresos y políticamente a la derecha o centroderecha. En caso de cobrar la renta básica, seguiría trabajando igual que ahora un 86,2% de las personas encuestadas. Dentro de los que actualmente están en paro, un 84,4% "seguiría buscando trabajo como hasta ahora". Dejaría de trabajar el 2,9%. Y sólo un 2,2% de los parados dejarían de buscar trabajo. Entre los que opinaron que con la renta básica incondicional procurarían trabajar menos horas, un 52% contestó que dedicaría el tiempo que ganara a la familia, un 16,3% a actividades de ocio, un 11,5% a buscar un empleo mejor, un 11,3% a estudiar, un 4,7% a montar un negocio propio y un 4,1% a hacer tareas altruistas de voluntario. Según los resultados de la encuesta, casi un 20% de las personas inactivas optaría por hacer alguna otra actividad si dispusiese de una renta básica y sobre todo dicen que estudiarían, harían trabajos voluntarios o montarían un negocio. Esto último coincide con los estudios disponibles sobre algunas experiencias asimilables, donde el pequeño porcentaje de personas que dejarían de trabajar son, en muy alta proporción, casos de necesidades temporales de cuidado de niños o mayores, enfermedades, etc. Es decir, que buena parte de esos pocos “vagos” dejarían sólo temporalmente el mundo laboral por cuenta ajena. Por otra parte, si gracias a la renta básica algunas personas atienden necesidades perentorias que previamente no podían cuidar debidamente, ese abandono laboral debería ponerse en el haber y no en el debe de la propuesta. En todo caso, conviene recordar que estamos hablando de una economía como la española, con un paro estructural muy superior a esas cifras, incluso en los mejores momentos del ciclo.
sin preguntar, y ajustar cuentas periódicamente. Si le va bien, tendrá que devolver, si le fue mal, gracias a la renta previa pudo sobrevivir dignamente sin necesidad de más trámites. Veremos que es posible, e incluso necesario, hacer que los más ricos devuelvan la renta básica, que de forma gradual el beneficio recibido vaya resultando menor en función de la renta. Pero haciendo esa corrección a través del IRPF, la renta básica consigue el objetivo de centrarse en los más necesitados sin necesidad de burocracia ni controles específicos. ¿No implicaría tal carga financiera que resulta utópica e inviable? Sin duda, este temor es el que hace que muchas personas desechen la idea de una renta básica, ante el convencimiento de que solo fuertes subidas de impuestos permitirían el sueño de una renta básica de ciudadanía. Desde la Red de Renta Básica vienen proponiendo una reforma del IRPF que permitiría financiar una generosa renta básica perjudicando tan solo al 20% de la población con mayor renta y beneficiando claramente al 70% de los ciudadanos. Pero incluso desde posiciones más modestas, se puede defender la viabilidad de una renta básica de ciudadanía inmediata y sin grandes cambios tributarios. Supongamos que empezáramos con una renta básica de unos 400 euros mensuales por adulto residente ( por cada menor no emancipado). Ello supondría una renta básica de 1.040 € mensuales para una familia tipo de dos adultos y dos menores. Recordemos que la renta básica supondría absorber prestaciones existentes, parte de las pensiones, de los subsidios y de beneficios fiscales. Ello implica que tendríamos ya financiada la mitad aproximadamente de las necesidades totales para garantizar la renta mínima descrita. Si a eso le añadimos los ahorros en gestión que implica el programa y el aumento de 35 recaudación que conllevaría el incremento de la renta en los hogares con menos ingresos, es fácil estimar que, en total, sin más cambios que los descritos, tendríamos financiado el 55% del coste total del programa. Ante esa situación tendríamos diversas opciones que se resumen de forma esquemática en el cuadro posterior:
A | Otorgamos la renta básica a toda la población, sin exclusión, y reformamos en paralelo el sistema tributario para obtener el 45% que nos falta. Cada decila recibe su 10% íntegro del total de presupuesto de renta básica. De alguna forma, esta es la opción que sostienen los responsables de la Red de Renta Básica. En mi opinión, esta opción es ambiciosa y, quizás por ello, muy difícil de arbitrar políticamente. Por ello me inclino más a las opciones que no impliquen de inicio un coste adicional, como las que representan las siguientes opciones. B | En todas las alternativas suponemos que todo el mundo recibe su renta básica como en la opción A. Pero en esta y sucesivas opciones recuperamos el coste que supera a nuestra financiación automática a través, en principio, del IRPF. En esta opción B, se diría: tienen derecho a renta básica el 55% más necesitado de la población. El 45% con mayores ingresos tendría que devolver la renta básica percibida al suponerse que no tiene necesidad de ella. Esta opción tiene dos grandes problemas: en primer lugar, el tremendo error de salto que se produce en el límite. Si ordenamos de menor a mayor renta los potenciales perceptores de la renta básica, sobre 100, el que hace el número 55 la cobra en su integridad, el que hace el número 56 ha de devolverla y cobra cero. Un solo euro más de renta ganada provoca una pérdida de unos 5.000 euros. Además, parece difícil admitir que la primera parte de la sexta decila esté en situación de necesidad y la segunda parte esté en posición boyante. C | La mejor forma de articular la devolución sería a través de una tasa decreciente como la que, a modo de ejemplo simplificado, se ofrece en la tabla. El primer tercio de la población cobraría íntegramente la renta básica y a partir de ese nivel de renta, la cuantía percibida comenzaría a descender. En el ejemplo, los integrados en la cuarta decila cobrarían casi íntegramente la renta básica, los de la sexta decila deberían devolver como media el 50% y las dos últimas decilas no recibirían nada… para tranquilidad de quienes no soportan la idea de que los ricos también tuvieran acceso al programa. De hecho, esta fórmula supone que la implantación de la renta básica tenga un coste cero a costa de una redistribución de la carga impositiva. El cuarto de
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Acá me parece que hay una cuestión sobre la que no se ha reparado. La experiencia indica que esto genera, para decirlo coloquialmente, más dinero en la calle. Ese flujo de billetes en la calle hace que se incremente la demanda de bienes y servicios, ya que la gente (la que tiene sus necesidades básicas cubiertas) tiende a consumir más. Todo esto genera Inflación, de la cual los únicos que se benefician son los grandes banqueros (que en ese caso podrían inclinarse más a financiar el consumo y no la producción) y los empresarios (que aumentarían el precio de los bienes y/o servicios que ofertan). Acá entonces entramos en un escenario en el que los precios de bienes y servicios suben haciendo cada vez más insuficiente ese monto que se estima como Renta Básica y, en el caso de los estratos con menos recursos económicos, directamente no podrían asegurarse sus necesidades básicas. No es que no me parezca buena la idea de la Renta Básica. Me parece que está bárbaro. Lo que digo es que hay que nacionalizar los servicios básicos y, mínimamente, establecer parámetros claros de porcentajes mínimos y máximos de tasa de ganancia en cada eslabón de la cadena productiva, distribuidora y comercializadora. De lo contrario, no solamente va a ser otra transferencia de fondos desde el Estado hacia las élites burguesas, sino que no se va a resolver ningún problema. Saludos cordiales desde la Argentina. La desigualdad y los índices de pobreza vienen creciendo de forma alarmante, y muy especialmente en nuestro país por las políticas aplicadas bajo el pretexto del control del déficit presupuestario.
Los sistemas de rentas mínimas que intentan paliar las situaciones más angustiosas de necesidad son complejos, heterogéneos y escasamente eficaces. Buena parte de los posibles beneficiarios no acceden a las ayudas, los costes administrativos de gestión son muy altos, tanto para la administración pública correspondiente como para el propio sujeto beneficiario, sometido a farragosos controles y trámites administrativos. Es sangrante el importante retraso que se sufre desde el momento en que se inician los trámites de solicitud y el efectivo disfrute de la prestación, con el consiguiente efecto de desprotección temporal. El hecho de que las prestaciones estén condicionadas al cumplimiento de determinadas circunstancias y que sean habitualmente incompatibles con la obtención de empleo u otros ingresos, suponen un desincentivo al empleo y un estímulo a la economía sumergida (trampa de la pobreza). La mayor parte de las prestaciones implican el reconocimiento público de situaciones de marginación, con lo que ello supone de estigmatización social. La propuesta de una renta básica viene a ser una respuesta adecuada a todos estos inconvenientes, que se convierten así en sus grandes ventajas:
la renta básica absorbería la casi totalidad de las prestaciones asistenciales actuales y la parte correspondiente de las contributivas. se suprimirían deducciones y prestaciones familiares actualmente existentes. habría un pequeño ahorro de gestión. el aumento de renta que supondría para los niveles inferiores de renta propiciaría un relanzamiento del consumo y de la recaudación tributaria… estimamos que deberíamos recuperar en el IRPF poco más del 40% del programa. O lo que es lo mismo, que se autofinanciaría el 60% del coste total (v. cuadro). Ello permitiría una renta básica de 4.755,80 euros anuales (396,32 euros mensuales). Obsérvese que para una familia de dos adultos y dos menores, la renta básica supondría 12.365’18 euros al año, 1.030’43 al mes. Y la mayoría de las rentas mínimas actuales suponen, para situaciones familiares, importes menores al citado. En todo caso, la propuesta de una renta básica es viable y conveniente por lo que supondría de simplificación, automatismo, reducción de la pobreza y la economía sumergida, y mejora en la equidad de nuestro sistema de protección social.
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