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RESUMEN SIMONE DE BEAUVOIR, Apuntes de Historia de la Filosofía

RESUMEN DE SIMONE DE BEAUVOIR DE LA ASIGNATURA DE FILOSOFÍA DE 2º DE BACHILLERATO

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 01/06/2020

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4.8

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8 documentos

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Porblema principal
El problema principal que plantea Simone de Beauvoir es "¿qué es una mujer?". Pero ¿por qué llega
la autora a hacerse esta pregunta? La autora entiende que, socialmente, ser una mujer no es lo
mismo que ser un hombre. Esta desigualdad se manifiesta incluso en el hecho de que, para las
mujeres, parece necesario presentarse como mujeres antes que mediante cualquier otra
característica. Se suele considerar que ser mujer sitúa a estas en un punto de vista parcial. La
perspectiva del varón, sin embargo, se considera sin más como la perspectiva del ser humano en
general, objetiva, neutra, que no requiere justificación. Esta diferenciación supone, para la mujer,
ocupar un lugar de subordinación y dependencia dentro de la sociedad.
Además la autora constata que esta diferenciación del papel que ocupa la mujer en la sociedad trata
de explicarse a partir de una serie de supuestas cualidades que poseen las mujeres, unas cualidades
que se relacionan con un concepto denominado "feminidad". En contestar "¿qué es una mujer?" la
autora trata de describir el proceso histórico de construcción del mito de la "feminidad" y la manera
en que este marcará la situación de las mujeres en la sociedad. Por otro lado, la autora adoptará la
perspectiva filosófica de la moral existencialista para abordar esta cuestión.
1. Feminidad
Tradicionalmente se ha asociado "ser mujer" a realizar funciones vinculadas al cuidado de los
demás y se la ha excluido del ejercicio de otras funciones. Esta asociación se justificaba por la
atribución previa de características supuestamente naturales tanto a las mujeres como a los varones.
Este conglomerado de caraterísticas constituyen "lo femenino": pasividad, emotividad,
dependencia, sensibilidad, afectividad, debilidad, necesidad de protección, incapacidad técnica,
irracionalidad, frivolidad... y "lo masculino": autonomía, capacidad para la acción, racionalidad,
capacidad para ejercer el poder, control de la emotividad, valentía, gusto por el riesgo, seriedad,
rigor, dificultades para manifestar afectividad...
Para la autora la "feminidad" no es una cualidad que caracterice a las mujeres de manera natural;
entiende este concepto como un mito forjado a lo largo del tiempo, el resultado de un complejo
proceso de aprendizaje desde la infancia, de la socialización (y educación) diferenciada de niñas y
niños. La "feminidad" que se atribuye y se exige a las mujeres las sitúa en una posición de
inferioridad y dependencia respecto de los varones.
2. Existencialismo
La base filosófica de la autora es la de la moral existencialista. Todo sujeto humano es
constitutivamente libre y solo se realiza como ser humano cuando se trasciende, es decir, se supera
en proyectos vitales. Decidir y actuar es lo que define al ser humano, por ello es libertad. Los seres
humanos no pueden caracterizarse en virtud de una cierta naturaleza común a todos los individuos.
Los seres humanos son los únicos responsables del sentido de sus actos.
Pero el ser humano es también "mitsein", "ser-con-otros", existencia compartida: la elección de lo
que un indivduo hace respecto a su vida involucra a los demás. Cuando el sujeto no puede decidir o
actuar se cosifica. El mal moral consiste en obstaculizar la libertad de los demás o renunciar uno
mismo a ella. El bien moral consiste en facilitar la libertad de los otros y asumir la propia.
Todo ser humano se encuentra en una situación determinada y no todas favorecen su libertad. La
situación es el marco, el contexto en el que se actúa y se decide. "Caer en la inmanencia" siginifica
perder la autonomía que caracteriza al sujeto. Supone cosificarse, degradarse en un "en sí". Deja de
ser posible elegir y proyectarse hacia el futuro. "En sí" puede definirse porque está hecho, es
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Porblema principal El problema principal que plantea Simone de Beauvoir es "¿qué es una mujer?". Pero ¿por qué llega la autora a hacerse esta pregunta? La autora entiende que, socialmente, ser una mujer no es lo mismo que ser un hombre. Esta desigualdad se manifiesta incluso en el hecho de que, para las mujeres, parece necesario presentarse como mujeres antes que mediante cualquier otra característica. Se suele considerar que ser mujer sitúa a estas en un punto de vista parcial. La perspectiva del varón, sin embargo, se considera sin más como la perspectiva del ser humano en general, objetiva, neutra, que no requiere justificación. Esta diferenciación supone, para la mujer, ocupar un lugar de subordinación y dependencia dentro de la sociedad. Además la autora constata que esta diferenciación del papel que ocupa la mujer en la sociedad trata de explicarse a partir de una serie de supuestas cualidades que poseen las mujeres, unas cualidades que se relacionan con un concepto denominado "feminidad". En contestar "¿qué es una mujer?" la autora trata de describir el proceso histórico de construcción del mito de la "feminidad" y la manera en que este marcará la situación de las mujeres en la sociedad. Por otro lado, la autora adoptará la perspectiva filosófica de la moral existencialista para abordar esta cuestión.

1. Feminidad Tradicionalmente se ha asociado "ser mujer" a realizar funciones vinculadas al cuidado de los demás y se la ha excluido del ejercicio de otras funciones. Esta asociación se justificaba por la atribución previa de características supuestamente naturales tanto a las mujeres como a los varones. Este conglomerado de caraterísticas constituyen "lo femenino": pasividad, emotividad, dependencia, sensibilidad, afectividad, debilidad, necesidad de protección, incapacidad técnica, irracionalidad, frivolidad... y "lo masculino": autonomía, capacidad para la acción, racionalidad, capacidad para ejercer el poder, control de la emotividad, valentía, gusto por el riesgo, seriedad, rigor, dificultades para manifestar afectividad... Para la autora la "feminidad" no es una cualidad que caracterice a las mujeres de manera natural; entiende este concepto como un mito forjado a lo largo del tiempo, el resultado de un complejo proceso de aprendizaje desde la infancia, de la socialización (y educación) diferenciada de niñas y niños. La "feminidad" que se atribuye y se exige a las mujeres las sitúa en una posición de inferioridad y dependencia respecto de los varones. 2. Existencialismo La base filosófica de la autora es la de la moral existencialista. Todo sujeto humano es constitutivamente libre y solo se realiza como ser humano cuando se trasciende, es decir, se supera en proyectos vitales. Decidir y actuar es lo que define al ser humano, por ello es libertad. Los seres humanos no pueden caracterizarse en virtud de una cierta naturaleza común a todos los individuos. Los seres humanos son los únicos responsables del sentido de sus actos. Pero el ser humano es también "mitsein", "ser-con-otros", existencia compartida: la elección de lo que un indivduo hace respecto a su vida involucra a los demás. Cuando el sujeto no puede decidir o actuar se cosifica. El mal moral consiste en obstaculizar la libertad de los demás o renunciar uno mismo a ella. El bien moral consiste en facilitar la libertad de los otros y asumir la propia. Todo ser humano se encuentra en una situación determinada y no todas favorecen su libertad. La situación es el marco, el contexto en el que se actúa y se decide. "Caer en la inmanencia" siginifica perder la autonomía que caracteriza al sujeto. Supone cosificarse, degradarse en un "en sí". Deja de ser posible elegir y proyectarse hacia el futuro. "En sí" puede definirse porque está hecho, es

facticidad. Esta caída es una falta moral si es consentida por el sujeto; si se le inflige, se transforma en una frustración y una opresión. La trascendencia es "para sí", indeterminación, poder elegir y proyectarse hacia el futuro mediante proyectos vitales. La existencia permite a los seres humanos salir de su inmanencia. El ser humano es siempre sujeto situado: "sujeto" porque ha de decidir para ser, pero "situado" porque la decisión se efectúa en un contexto concreto.

3. La mujer como la Otra Todo ser humano es consciente de sí, se reconoce como conciencia particular, distinta a los demás. El reconocimiento de uno mismo requiere que cada sujeto se afirme como tal frente a otras conciencias, mediante las negación de ellas, que a su vez afirmarán el papel de sujetos para sí mismas. Entre seres humanos que mantienen entre sí relaciones igualitarias ha de ser posible el reconociemiento mutuo como conciencias. El problema se plantea cuando los varones se afirman como sujetos, "el Mismo", relegando a las mujeres el papel de "la Otra" y éstas no realizan la operación simétrica de afirmarse como sujetos y se someten a un punto de vista ajeno. La autora abordará desde la perspectiva existencialista qué circunstancias históricas y ontológicas se dieron para impedir que las mujeres reivindicasen su papel de sujetos. Cabe resaltar en primer lugar que la autora rechaza con rotundidad que la opresión de las mujeres esté determinada por sus características biológicas específicas vinculadas a la reproducción. Para la autora, la mera fisiología no permite evaluar las posibilidades de éxito individual para hombres y mujeres. Desde el existencialismo, el cuerpo humano es siempre cuerpo vivido, es decir, se encuentra revestido de los valores que le confiere cada uno. Y cada ser humano se sitúa en un contexto ontológico, económico, social y psicológico. Por todo ello, la respuesta a la pregunta de por qué la mujer es la Otra no puede venir de la biología. Simone de Beauvoir hace uso de la relación de dependencia recíproca, pero desigual y jerárquica, entre amo y esclavo, para explicar la dependencia que se ha establecido tradicionalmente entre hombres y mujeres. En la relación amo-esclavo, a pesar de la necesidad que el amo tiene del esclavo para identificarse como amo mediante el ejercico del poder, esta necesidad no es usada por el esclavo para exigir su liberación, para emanciparse. El esclavo reconoce el prestigio del amo y se sabe dependiente: ha interiorizado la necesidad que tiene del amo. Es decir, para explicar por qué la mujer acepta el papel de la Otra, Simone de Beauvoir se sitúa en la prehistoria. Su punto de partida es que en un primer momento los hombres asumieron las tareas de defensa, es decir, arriesgaban su vida mediante actos que trascienden la vida animal, lo que les permitió establecer sus fines libremente. Por otro lado, las mujeres no tenían ningún medio para controlar su maternidad, lo que la autora denomina "las servidumbres de la reproducción", y ello las alejaba de las funciones de caza y defensa dentro del grupo, que serían asumidas por los varones. Es decir, las mujeres, que no podían participar de las acciones libres de los hombres, otorgaron prestigio a aquello que hacían los hombres y que su situación biológica no les permitía hacer, ya que engendrar o amamantar no son actividades decididas por las mujeres que respondan a proyecto alguno y, por tanto, que contribuyeran a su trascendencia, a diferencia de las actividades que asumieron los varones. Por tanto, los varones obtuvieron prestigio ante las mujeres que, entonces, se conviertieron en la Otra para el hombre y por ello no fueron reconocidas como su igual. En consecuencia, los hombres sometieron a las mujeres aprovechando el prestigio del que disfrutaban y les brindaron protección para mantenerlo. "Las servidumbres de la reproducción" supusieron un fuerte lastre para el desarrollo existencial de las mujeres ya que estableció unas diferencias entre las posibilidades de desarrollo humano de unas

La independencia económica es clave para la mujer para emprender los proyectos que le permiten transcenderse, es decir, para poder ejercer su libertad concreta y afirmarse como sujeto. Depender económicamente de los hombres es un osbtáculo para conseguir su autonomía. Pero la situación de la mujer, y del ser humano en general, es un mitsein. Y por eso, hace falta, además de la independencia económica, y de la posibilidad de controlar su capacidad reproductiva, todo un clima social que no obstaculice el desarrollo de proyectos propios que realmente le permiten transcenderse. Además, hay que crear un ambiente cultural que no suponga para la mujer una acentuación de la angustia que supone asumir la propia libertad, es decir, se requiere una evolución colectiva. La conciliación del trabajo productivo con el reproductivo es uno de los elementos fundamentales para conseguir la autonomía de las mujeres. Esto solo es posible si el trabajo productivo cumple determinadas condiciones y el reproductivo no recae exclusivamente en las mujeres. La sociedad debe organizarse de modo que el sistema público se haga cargo en gran medida de las niñas y los niños, que han de recibir una educación igualitaria. Si bien solo la autonomía económica puede garantizar el desarrollo pleno de la mujer, no lo produce de manera inmediata. El factor primordial para la evolución de la condición de la mujer es, para Simone de Beauvoir, la transformación de su condición económica, pero se han de producir las consecuencias morales, sociales y culturales para que surja la mujer nueva. Para ello se requiere una evolución colectiva, llevada a cabo, sobre todo, a través de una educación realmente igualitaria para niños y niñas. Se trataría de una educación que no dotara de prestigio ciertos roles sociales en función del género que los ocupa. También se trataría de contrarrestar la cultura patriarcal donde se asocia la figura de hombre a roles de prestigio y visibilizar a la mujer que también desarrolla estos roles. Finalmente, se debe revertir cualquier situación en que la mujer acepta ser "la Otra" porque no tiene modelos femeninos que disfruten de prestigio, es decir, evitar que se dé la situación análoga que la autora utiliza para explicar el momento en que la mujer acepta ser "la Otra". Si la transformación de las costumbres no se realiza de manera generalizada, los modelos antiguos interferirán de manera negativa con los modelos igualitarios.