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Asignatura: Teoria de la Informacion, Profesor: Jorge Lozano, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Resúmenes
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Benjamin en su texto señala al inicio de su exposición que la obra de arte ha sido desde tiempos remotos, desde su mismo surgimiento podríamos decir, susceptible a ser reproducida: el hombre repite lo que otro hombre ha hecho.
Por eso mismo parece indiscutible que la obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica ha cambiado. Al tratar de copiarla, en busca de proximidad a lo originalmente creada, la obra se transforma. Deja de ser auténtica, ya no es única.
Y es que el hombre ha reproducido, primero con fines mágico- religiosos, y más tarde los alumnos de artistas para adquirir práctica. De esta forma, en su afán de tener todo accesible copió primero a mano los textos sagrados dentro de los monasterios durante la Edad Media y más tarde se dio el boom de la reproducción, que fue la aparición de la imprenta de tipos móviles hacia 1440.
Además, gracias a la litografía, creada a inicios del siglo XIX, la gráfica fue capaz de acompañar a la vida cotidiana. Comenzó a tener tanta importancia como la imprenta, aunque sería superada posteriormente por la fotografía.
Walter Benjamin nos plantea el concepto de lo que define como AURA , una “manifestación de lejanía irrepetible” provocada por algo, por cerca que se encuentre. El aura es aquello que nos hace levantar la mirada y contemplar la obra de arte, es el poder que tiene, por ejemplo, una creación artística de causar sensaciones inexplicables o según las propias palabras del autor: “descansar en un atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama”.
Las obras de arte copiadas a mano degradan, por así decirlo, un poco su aura; sin embargo son las máquinas las que opacan, hacen desaparecer ese sentimiento de irrepetible lejanía.
Benjamin denota a la nuestra como la sociedad donde se hace todo lo posible para eliminar lejanías, donde las masas quieren acercarlo todo, tener bajo su total dominio lo creado mediante la reproducción.
Las masas de hoy parece que necesiten que todo les sea más próximo. Parece, pues, según este punto de vista, que hacer las cosas más próximas sea “más humano”. Hoy día, todo puede ser copiado, y Benjamin ya hablaba acerca de cuan peligroso resultaba esto en el año 1936, cuando, ni siquiera Internet, donde cualquier cosa es 100% socializable y puede venir a mi posición a través de la copia.
Manifiesta que, si bien por un lado, el arte se encuentra al alcance de las masas, lo que se marchita de la obra en la época de su reproductibilidad técnica es su aura y aparejado a este concepto, nos dice que la organización de la percepción humana está condicionada tanto de manera natural como histórica.
“Día a día se hace vigente, de manera cada vez más irresistible, la necesidad de apoderarse del objeto en su más próxima cercanía, pero en imagen, y más aún en copia en reproducción”, dice.
Nos ejemplifica cómo la obra de arte cambia su papel, condicionado según el contexto en que se desarrolla. Tenemos el caso de la Venus, que si bien ubicada en las antigua Grecia y Roma constituye una figura de culto para la fertilidad y el amor, durante la oscura etapa medieval era
vista como representación satánica, y hoy día es observada, por ejemplo, en un espacio público —un museo— como una obra de culto en lo que al sentido artístico se refiere. O sea, la obra de arte, según Benjamin, adquiere su valor determinado por la ritualidad, aunque esté relacionada con el mero sentido estético.
El texto nos habla del carácter de la obra de arte. “El carácter único de la obra de arte es lo mismo que su imbricación en el conjunto de relaciones de la tradición. Y esta tradición por cierto, es ella misma algo plenamente vivo extraordinariamente cambiante”.
Tomemos al más común de los objetos. Con las nuevas tendencias del arte naif y el postmodernismo, un tenedor, por ejemplo, podría exhibirse en una galería bajo el título de “Sociedad” y en ese contexto, un instrumento simple de la vida cotidiana trasciende como arte, y adquiere su aura. Podemos afirmar, entonces, que el aura de las obras de arte está ligada a su aquí y ahora , tal como Benjamin plantea en su escrito, son estos los factores que la convierten en lo que son, y causan las sensaciones en el hombre.
La ruptura del aura, la industria de la reproducción.
Cuando el avance tecnológico hace su entrada rompe el aura, la destruye.
Walter Benjamin hace un recuento sobre esta irrupción: con la litografía, la técnica de la reproducción alcanza un grado fundamentalmente nuevo.
Con la aparición de la fotografía, la mano del artista ya no tiene que encargarse de plasmar las emociones, la luz, los colores. Es el primer método de reproducción verdaderamente revolucionario.
Luego se refiere al cine, medio en el que se acoplan sonido e imagen como si fueran uno. Sin embargo, precipitadamente, el cine fue declarado un arte, posición criticada por Benjamin.
para Benjamin, los actores de cine renuncian a su aura, a diferencia de los de teatro. No se perciben igual las emociones, no tiene un público que transmite sus sentimientos al actor y viceversa. Además, su actuación estará sometida a las técnicas productivas del medio, no a su voluntad y talento, al cómo querría interpretar el papel. Refiere Benjamin a otros autores como al psicólogo y filósofo berlinés Rudolph Arnheim, quien planteaba que en el cine mientras menos se actuaba era mayor el efecto conseguido y clasifica al actor como un accesorio de la industria. Además, influido por Pirandello y Brecht, asegura que el actor de cine cambia su público por el aparato que lo filma. Por eso, el aura queda suprimida al mismo actor y, también, al personaje que representa. El carácter del actor fílmico hace que el aura no pueda envolver su personaje y, de esto, el cine se ha dado cuenta. Para solucionarlo, se ha creado un aura artificial a la que han llamado personality y que consiste en el culto a la estrella promovido por el cine capitalista. Esta teoría del autor alemán se ha cumplido, e incluso superado su mismo sentido: hoy hasta se ha convertido en una industria la vida de las estrellas de cine: los medios los persiguen, los acosan, las figuras donan a instituciones benéficas y hasta se vuelven herramientas en campañas políticas.
De esta forma, el carácter artístico del cine se encuentra completamente determinado por su reproductibilidad. “El cine es la obra de arte con mayor capacidad de ser mejorada”. Así, tanto la música y la fotografía, por ejemplo, podrían ir a las masas en la época de reproductibilidad técnica y no viceversa. El hombre puede socializar el arte aunque no sea auténtica.