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Asignatura: Teoria de la Informacion, Profesor: Jorge Lozano, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Brenda: Texto 7
En un tiempo muy distinto al nuestro, fueron creadas nuestras Bellas Artes por hombres cuyo poder de acción sobre las cosas era insignificante comparado con el que ahora tenemos. Ya ni la materia, ni el tiempo ni el espacio son lo que eran hace 20 años , por lo que es preciso contar con que estos factores transformen toda la técnica de las artes y operen sobre la misma noción del arte.
Cuando Marx comenzó a estudiar la producción capitalista, estando ésta todavía en sus inicios, supo deducir lo que cabría esperar de ella: una creciente explotación de los proletarios y paradójicamente, un establecimiento de condiciones que posibilitan la propia abolición del capitalismo.
El cambio de la superestructura ha transformado en medio siglo las condiciones de producción en el campo cultural. A continuación hablaremos de algunos conceptos acerca de la teoría del arte que resultan inútiles para los fines fascistas, no así para la formación de exigencias revolucionarias en la política artística.
La obra de arte es desde sus inicios susceptible de reproducción: lo que los hombres hacen puede ser imitado por otros hombres. Los griegos sólo pudieron reproducir en masa algunos objetos como monedas. Luego técnicas como la xilografía y la imprenta permitieron reproducir técnicamente dibujos y textos, respectivamente. Con la llegada de la litografía, mejoró la calidad de la impresión de dibujos, aunque poco después de comenzar a usar este método, la fotografía tomó la posición protagonista en este campo. Por su parte, la reproducción técnica del sonido fue llevada a cabo a finales del siglo XX.
Hacia 1900, la reproducción técnica había comenzado a convertir en tema propio aquellas obras de arte heredadas y conquistaba un puesto específico entre los procedimientos artísticos. Aun así, incluso a la reproducción mejor acabada le falta algo. Lo que hace que una obra de arte sea irrepetible es la historia a la que ha sido sometida, las alteraciones que ha sufrido a lo largo del tiempo o las modificaciones que el propio autor quiera ejercer sobre ella. Por ello nunca encontraremos dos obras iguales totalmente.
Las circunstancias en que se ponga al producto de la reproducción de una obra de arte quizás dejen intacta la consistencia de ésta, pero deprecian su aquí y su ahora. Un espectador puede por tanto ver el Cañón del Colorado en cine pero no tendrá la esencia que tiene al verlo en persona, majestuoso y colosal ante los ojos del pequeño hombre. Así diremos que lo que se atrofia en la época de la reproducción técnica es el aura de la obra de arte. La técnica reproductiva tiene carácter masivo, lo que deja fuera la presencia irrepetible del aura. Además confiere actualidad a lo repetido. Ejemplo de ello es que las figuras de artistas como Shakespeare o Beethoven hagan cine en el siglo XXI, dándoles la cualidad de actuales. También los objetos naturales tienen aura, una sensación indescriptible de lejanía. Un ejemplo es descansar una tarde soleada mirando al horizonte mientras se pone el Sol. La sensación que se vive, esa esencia, ese es el aura de lo original, la magia de lo irrepetible, de lo que no se puede copiar.
Una posible definición de aura sería la de manifestación irrepetible de una lejanía (por muy cercana que pueda estar). Esta definición representa la formulación del valor cultural de la obra artística en categorías de percepción espacio-temporal. Lejanía es lo contrario que
cercanía, y lo lejano es lo inaproximable. Esto es una cualidad de la imagen cultural, ya que por su propia naturaleza sigue siendo lejana por muy cercana que pueda llegar a estar. Una vez aparecida conserva su lejanía, a la cual en nada perjudica la cercanía que pueda lograrse de su materia.
La obra de arte tiene dos valores: el cultural (ritual por el cual fue concebido, creencias acerca de ella…) y el exhibitivo (en tanto que esta obra puede ser vista por los demás). Hoy en dia nos parece que el valor culturar, empuja a la obra de arte a permanecer oculta. Así nos encontramos figuras cristianas escondidas en las iglesias para salir nada más el día del patrón del pueblo, o estatuas de dioses griegos escondidas en las “cellas”. A medida que las obras artísticas se desligan del regazo cultural, aumentan las ocasiones de exhibición de sus productos. Si bien la capacidad exhibitiva de una misa no es de por sí menor que la de una sinfonía, la sinfonía nació en un momento en el que su exhibición prometía ser mayor que el de una misa.
Es decisiva la importancia de que el modo aurático de existencia de la obra de arte jamás se desligue de la función ritual con la que fue concebida, o en otras palabras, que no pierda la obra de arte el valor único que le otorga el ritual en el que tuvo su primer y original valor. De esta manera, los griegos rendían culto a la estatua de Venus bajo unas determinadas creencias. Posteriormente en la Edad Media, los clérigos medievales la veían como a un ídolo maléfico. En cualquiera de los casos, el aura de la estatua reside en el tipo ritual que supuso en el momento de su génesis. Los años pasan y los habitantes medievales ya no tienen las mismas creencias que los griegos clásicos, pero el aura de la estatua, su esencia, siempre será la misma.
En la fotografía el valor exhibitivo reprime al valor cultural. Este último tiene ya su último refugio en la posibilidad que ofrece de rendir culto al recuerdo de seres queridos lejanos o desaparecidos. A lo largo del siglo XIX la fotografía y la pintura mantenían una disputa en cuanto al valor artístico de sus productos, pero aunque la fotografía modificó el concepto del arte, esta modificación fue mínima comparada a la modificación que sufrió el arte con la llegada del cine. Mago y cirujano se comportan uno con respecto del otro como el pintor y el cámara: mago y pintor observan desde una distancia natural determinado dato; el cirujano y el cámara sin embargo, se adentran en lo profundo, detalles, texturas, etc.
La fotografía sirve al arte y a la ciencia de igual modo que lo hizo en su día la pintura. Sus funciones son análogas por decirlo de otro modo, aunque en el caso de la pintura la calidad de los detalles no era comparable a la de la fotografía. Da Vinci es un claro ejemplo de que la pintura fue una herramienta para la ciencia (tengamos en cuenta sus estudios con el “hombre de Vitrubio”). También se estudiaron aspectos importantes como la perspectiva en el Renacimiento.
Un actor de teatro presenta en persona su ejecución artística, en carne y hueso delante de su público. El actor de cine sin embargo es presentado por medio de todo un mecanismo y bajo una serie de posiciones artificiales que luego el montador compone. El rodaje de una película representa un proceso en el que es imposible ordenar una sola perspectiva sin que todo el mecanismo que no pertenece a la escena filmada (focos, cuadro de ayudantes, etc.) interfiera en el campo visual del espectador. De esta manera el actor de cine tiene que contentarse con representar hacia la máquina, renunciando a su propio aura aun estando vivo. Al cine no le importa tanto que el actor haga un personaje, sino que se presente a si mismo delante de la cámara. Se trata a este actor como a un accesorio escogido que se coloca en un lugar adecuado para el interés del director de la película. El extrañamiento del actor frente al mecanismo cinematográfico es comparable a verse reflejado en un espejo, a diferencia de que el cine le