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REVISTA DE COMO LA REV INDUSTRIAL AFECTO A LA SECCION OBRERA EN EUROPA
Tipo: Resúmenes
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El progreso de los hombres se cifra hoy, más que nunca, en la integración de sus valores ancestrales con las realizaciones de la ciencia y la técnica, las cuales pueden resultarle tan apremiantes como liberadoras. El progreso es, en gran medida, el resultado de un esfuerzo constante del hombre en busca de un equilibrio entre necesidades que, a menudo, se contra- ponen; entre el apremio por la seguridad y el compromiso que supone riesgo y libertad al mismo tiempo, y entre dependencia y autonomía.
Higiene mental e industrialización
La higiene es el conjunto de procedi- mientos y técnicas que favorecen el desa- rrollo del individuo, facilitando su adapta- ción al medio ambiente. Mientras que la higiene física atiende a 10s mecanismos corporales del individuo, Ia higiene mental se dirige a sus funciones nerviosas superiores, que rigen su medio interno y Ia constancia de su personalidad, favoreciendo el intercambio no sólo con el medio físico, sino también con el social mediante símbolos, conceptos, representaciones, imágenesy otros elementos que constituyen su “ambiente circundante”. Mediante la educación y la cultura, la hi- giene mental favorece el desarrollo armo- nioso de las funciones de adaptación de individuo a un mundo complejo y agitado y permite a Ia mayoría comprender los térmi- nos sociales de su ambiente. La industrialización implica una orga- nización socioeconómica dinámica que en etapas sucesivas ha modificado en los últi- mos cien años las condiciones laborales y sociales del individuo. La posición de la industria en la estructura social se basa en su capacidad de producción y distribución de bienes de consumo y el término indus- trialización comprende el conjunto de pro-
1 Director Clínico del Hospital La Verrière, París.
cesos técnicos, económicos y sociales con- temporáneos, así como un tipo de organi- zación apoyado en un criterio de evolución constante. EI análisis de algunos aspectos del pro- ceso de industrialización indica que esta tiene repercusiones en Ia vida social, las modalidades de trabajo y Ia salud mental del individuo, lo que debe llevar indefectible- mente a una conciencia más clara sobre la necesidad de Ia higiene mental en Ia era mo- derna.
Repercusiones de la industrialización En la vida social La evolución constante del hombre se refleja claramente en la historia de Ia hu- manidad, en cuyo curso, según sugiere la antropología, se produjeron tres grandes revoluciones tecnológicas. La primera se remonta al comienzo mismo de la especie humana, muchos miles de años atrás y con- siste en e1descubrimiento de1fuego y de 10s primeros utensilios y herramientas. Un acontecimiento posterior, ocurrido hace unos diez mil años, constituye la se- gunda de dichas revoIuciones y el principio de un nuevo período prehistórico que podría considerarse también comienzo de Ia civili- zación: el hombre aprende a cultivar la
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La tercera revolución tecnológica, que co- menzó en el siglo XVIII, a fines de la Edad Moderna, y se prolongó durante el siglo XIX cobrando una nueva forma en lo que va del presente, se ha denominado Revolu- ción Industrial. La historia muestra claramente también que el progreso se caracteriza por su irregu- laridad y que en el mundo anterior a la Revolución Industrial las posibilidades técni- cas no aumentaban al ritmo vertiginoso con que aumentan en nuestro tiempo. César, 1,800 años antes que Napoleón, no tardaba mucho más que este en trasladarse de París a Roma. Tampoco había mayor diferencia entre la proporción de población rural y urbana del mundo antiguo y la del mundo del siglo XVII, ni un burgués de la época de Luis XIV poseía recursos mucho mayores que un ciudadano de la Roma Imperial. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el modo de vivir del romano y el del ciudadano actual, y esto se explica por el progreso de la ciencia y la técnica que, si bien no modificó el carácter fundamental de la sociedad humana desde los tiempos del apogeo de Roma hasta los del Siglo de Oro francés, permitió un cambio en el modo de vivir. Si bien la ciencia y la técnica progresan en sí mismas y hacen progresar a la sociedad, la historia demuestra que el progreso ha sido desigual según las épocas. En términos generales, el desarrollo eco- nómico de un país o de una civilización de- pende directamente de la explotación de sus recursos naturales y fuentes de energía, de la cuantía y calidad de sus instrumentos de producción y del volumen y diversidad de esta. Louis Armand 2 ha utilizado tres catego- rías para clasificar lo que podría llamarse la dotación que requiere un país para su desa- rrollo: 1) energía, 2) materiales, y 3) medios de comunicación. Desde la antigüedad hasta el siglo XVIII 2 Plaidoyer pour I’avenir. París: Colmann-Levy Edit.,
cada una de estas categorías comprendía ele- mentos simples. Como energiu se entendió la que procedía del esfuerzo del hombre, los animales domésticos, el viento, el agua y combustibles como la madera. Los mate- riales fundamentales eran la madera, el hierro, algunos metales raros, el cuero y textiles naturales. Los medios de transporte se reducían a la cabalgadura, los vehículos de tracción animal y los barcos de vela. La situación varió al iniciarse la Revolu- ción Industrial, en cuya primera fase el car- bón desplazó como combustible a la madera y como fuente de energía al agua y al viento; a los materiales existentes se agregó el acero, que comenzó a utilizarse en gran es- cala en la industria; el ferrocarril y el buque de vapor, que suplantan a los antiguos me- dios de transporte; el telégrafo y más tarde el teléfono, que inician la etapa de las comu- nicaciones a distancia, y la imprenta se auto- matiza, haciendo posible la difusión de la palabra escrita en gran escala. En la actualidad, las aplicaciones de la electricidad, el petróleo y el gas se han multi- plicado dada la facilidad de su transporte y su poder energético. A ellos debe sumarse otra forma ilimitada de energía en pleno desarrollo: la atómica. Asimismo, han apa- recido materiales sintéticos que compiten y a menudo reemplazan con ventaja a nu- merosos productos naturales. El automóvil y el avión han revolucionado los sistemas de transporte. La velocidad de este último, cada vez mayor, acerca países, y en años recientes ha comenzado la con- quista del espacio sideral mediante vehículos que lo atraviesan a velocidades asombrosas. El cinematógrafo, la radio y la televisión constituyen medios modernos de comunica- ciún de masa y difusión que permiten al hombre un mayor conocimiento del mundo, informándolo día a día de los acontecimien- tos que afectan a este de un modo u otro. La evolución de la técnica y la ciencia es cada vez más rápida, lo que supone una reducción correspondiente del tiempo que
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Por otra parte, la empresa industrial su- pone acumulación de capital y un criterio progresista de la economía, así como un cálculo racional de las necesidadesdel traba- jador, el cual necesita un capital impor- tante. Ninguna sociedad industrial moderna puede sustraerse a lo que los economistas llaman “el cálculo económico”. Asimismo, la organización industrial in- troduce nociones técnicas, científicas y eco- nómicas en la relación del hombre y su función, y transforma el sistema tradicional de percepción. En su obra Trabajos y Trayectos, Nave expone elocuentemente la significación real del trabajo. El ejemplo de los cavadores, pintoresco gremio en vías de desaparecer- al menos en los grandes centros urbanos- demuestra la existencia de una auténtica ha- bilidad profesional, que a menudo escapa al observador profano, con respecto a activida- des que parecieran no exigir ninguna. Sin embargo, es muy difícil apuntalar zanjas profundas, reforzándolas para que no se derrumben y se necesita agilidad y coordi- nación de movimientos, así como atención, para llegar a manejar el azadón con des- treza. Los cavadores utilizan la pala con un mí- nimo de esfuerzo y, al hacerlo, se mueven con inteligencia y ponderación para evitar fatigarse demasiado y poder cumplir con su labor diaria. Podría decirse que el ca- vador experimenta una suerte de regocijo al levantar la pala para cavar una zanja, porque de la repetición de su esfuerzo surgen un ritmo y cadencia de los cuales su cuerpo obtiene el máximo alivio. Así es cómo en todos los oficios se afirma la presencia del cuerpo y las formas tan di- versas de la atención aplicada al trabajo, que constituyen lo que puede llamarse la inteligencia obrera. Pero este aspecto, que no se presenta en las actividades automáticas, llama a refle- xionar sobre la necesidad de no alterar la situación tradicional empleando técnicas me- canizadas o automáticas, sin tomar en
cuenta el efecto que causaría la alteración en la existencia de un trabajador. La modernización industrial implica el empleo de nuevas maquinarias que exigen un período de adaptación a los obreros acostum- brados al trabajo manual. La automatización del trabajo supone para los obreros reduc- ción de la actividad física, desarrollo de la percepción y contacto indirecto, menos con- creto, con los productos en cuya elaboración interviene, así como aumento de responsa- bilidades. Hasta el advenimiento de las máquinas automáticas, la mayoría de los trabajos industriales exigían un esfuerzo físico im- portante. Para gran parte de 10s trabaja- dores, su energía física era el factor esencia de toda actividad productiva. Es así cómo, en la mayoría de los trabajos industriales, su importancia se relacionaba con Ia energía muscular de quien estaba encargado de realizarlos. Pero los nuevos medios de pro- ducción hacen el esfuerzo físico cada vez menos necesario y, por esta razón, muchos obreros se sienten, más que individuos, sólo como una prolongación superflua de la máquina y, como consecuencia,no se sienten atraídos por su actividad. Pero estas observaciones no sólo son vá- lidas con respecto a la automatización de trabajos que antes eran manuales, sino también con respecto a trabajos administra- tivos a cuya realización se han aplicado computadoras electrónicas que, es intere- sante hacer notar, a menudo han despertado una violenta oposición en los empleados. Se debe señalar que la automatización demanda gran atención no sólo de los obre- ros sino también de los empleados y diri- gentes, a los que a menudo sitúa ante res- ponsabilidades que no estaban preparados para asumir. El trabajo en una cadena automatizada de producción requiere mucha atención, independientemente del grado de actividad motora que exija; es de carácter solitario y supone una responsabilidad específicay bien
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definida que demanda menos iniciativa de parte del obrero. Bergson dice que la máquina exige un su- plemento de alma. En efecto, es tradicional que el trabajador busque mediante su tarea una posibilidad de conversión afectiva y de materialización de un ideal que, como conse- cuencia de la automatización del trabajo y de su impersonaliiación, cada día se torna más difícil de alcanzar. Actualmente, la for- mación profesional se ha vulgarizado, esta- bleciéndose una barrera entre el hombre y su trabajo. El hombre y la máquina constituyen una estructura bipolar en la que se desarrolla un movimiento dialéctico apoyado en nociones importantes. Cuando el manejo de una má- quina es complejo, su conocimiento plan- teará al obrero problemas más difíciles de adaptación, pero tratándose de un individuo equilibrado su adaptación será más fácil. Si bien surgen de esta relación frecuentes con- flictos y tensiones, a veces también surgen satisfacciones; los resultados dependen di- rectamente de la complejidad del manejo de la máquina y de la capacidad de adapta- ción del individuo encargado de manejarla, capacidad que depende de su constitución psicológica, la que a su vez es resultante, entre otros factores, del grado de equilibrio o desequilibrio entre el individuo y el medio social o familiar en el que ha vivido. El carácter específico del trabajo automa- tizado puede conducir al hombre a la neutra- lidad afectiva, y su impersonalidad puede despojarlo de una posibilidad de conver- sión afectiva provocando la impresión de inutilidad y de monotonía que manifiestan muchos obreros. Además de las transformaciones técnicas indicadas ha habido otras, muy profundas, de las condiciones humanas del trabajo. Como ya se ha expuesto, el artesano tra- bajaba cerca de su hogar y podía integrar su vida familiar con su vida profesional. Pero, al ser sustituida la artesanía por la industria, el individuo perdió su indepen- dencia profesional y debió ajustarse a una
nueva forma de trabajo: el trabajo en equipo. El progreso le impuso la colaboración al ha- cer comunes los que antes eran intereses individuales. La evolución de la organización del tra- bajo se hace más patente en la empresa industrial que en cualquier otra. Los grupos de obreros que, con igual calificación, traba- jaban en los talleres al principio de la revolu- ción técnica actual, están siendo reemplaza- dos por equipos, integrados por especialistas, en cuya estructura se manifiesta la nueva división del trabajo. El comportamiento de los equipos de- pende en grado sumo de que la técnica de realización del trabajo sea rápida y, por otra parte, indica la posición de los mismos con respecto a las dependencias de la em- presa a que pertenecen (dirección, admi- nistración, etc.) e incluso con respecto a los sindicatos. La necesidad de obreros califi- cados para distintos trabajos se ha ido redu- ciendo con la especialización; sin embargo, han aumentado las posibilidades del obrero de desempeñar distintos puestos dentro de una empresa, en ocupaciones afines de su dominio profesional. Con las nuevas formas de división del tra- bajo, el obrero está sujeto a cambios cons- tantes que acentúan la diferencia entre estas formas y las antiguas, según las cuales el cargo era fijo y exclusivo del obrero que lo desempeñaba. Dichos cambios requieren la vigencia de una organización estricta en cuyo marco se puedan realizar sin dificultades, y para el obrero plantean tres cuestiones: 1) la dura- ción del período en que se desempeña en cada puesto; 2) la regularidad con que cambia de puesto, y 3) la medida en que los puestos que debe desempeñar difieren entre sí. La organización no se resiente cuando los obreros se turnan en el desempeño de dis- tintos puestos dentro de un mismo equipo o sección, pero cuando los cambios tienen lugar en un ámbito más amplio obligan a desplazamientos que pueden ser motivo de
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tales se ha decuplicado en los últimos cien años. Tomando en cuenta los resultados de estu- dios comparativos de epidemiología psi- quiátrica, la Organización Mundial de la Salud aconseja que, en los países industriali- zados, se reserven tres camas para pacientes psiquiátricos por cada 1,000 habitantes. En Francia se ha alcanzado la razón recomen- dada y actualmente se dispone de 90, camas para pacientes de esa clase. Sin em- bargo, los pacientes psiquiátricos hospitali- zados totalizan unos 120,000. Mientras tanto, en Suecia hay 5 camas por cada 1,000 habitantes, y en los Estados Unidos de América la relación es de 4.5 por 1,000. En países en vías de desarrollo, como Tur- quía y Venezuela, la relación es de 1 por 1,000 y 0.5 por 1,000, respectivamente. Existe una relación entre la disponibili- dad de servicios psiquiátricos y el grado de industrialización de un país, relación que re- sulta evidente al comparar la cantidad de camas reservadas para pacientes psiquiátri- cos en países con diverso grado de indus- trialización. Mientras que en los Estados Unidos la proporción de camas para tales pacientes es del 48% del total de camas, en Francia es del 33% y en el Brasil del 10 por ciento. En este caso, las cifras que se comparan no incluyen perturbaciones sociales, como la criminalidad o el alcoholismo, ni tampoco las perturbaciones leves como la neurosis que si bien no requiere hospitalización, afecta la capacidad productiva y el equili- brio social del individuo. Se ha establecido con precisión que en las ciudades y particularmente en sus su- burbios industriales adonde afluye la pobla- ción inmigrante atraída por las posibilidades del trabajo industrial, el número de enfermos mentales es mayor que en la zona rural. Las encuestas practicadas en medios in- dustriales revelan una incidencia conside- rable de enfermedades nerviosas o mentales en los obreros y empleados,habiéndose com- probado que de una quinta a una cuarta
parte del ausentismo total se debe a razones sociosanitarias. Uno de los primeros traba- jos importantes sobre este aspecto es el que realizaron Russel Fraser et ak Durante la Segunda Guerra Mundial, más de 3,000 trabajadores británicos pertene- cientes a la industria ligera y media fueron sometidos a un minucioso examen durante un período de seis meses, comprobándose que el 10% presentaba neurosis caracteri- zada y el 20% perturbaciones neuróticas leves. Más recientemente, Alphen de Veer, médico de la firma Philips en Eindhoven (Holanda) realizó un estudio en el personal de la misma y comprobó que de un 30 a 40% sufría de perturbaciones neuróticas. Estas conclusiones son muy semejantesa las que extrajo Erland Mindus de un estudio realizado en 1955. Debe hacerse notar que si bien en estos estudios (sobre todo en el de Alphen de Veer) se tiende a probar una calidad pató- gena de las condiciones de trabajo, no por eso se descuidan los factores personales en torno a cada individuo afectado, prestándose especial atención a sus carencias afectivas 0 frustraciones infantiles-más que a la he- rencia misma-que pudieran haberlo hecho más propenso a la alteración sufrida. Asimismo, se han hecho estudios sobre la repercusión de diversas tareas en la salud mental de quien las realiza y, si bien su carácter parcial no permite formular con- clusiones, es evidente que algunas de ellas son más patógenas que otras. Tampoco cabe duda de que la industriali- zación, considerada como un proceso eco- nómico, y su característica actual, la auto- matización, infiuyen en sentido adverso y en grado inquietante en la salud mental del individuo. Como se ha dicho, también es posible considerar los aspectos positivos de la in- dustrialización y examinar las ventajas que 8 The Incidence of Neurosis among Facfory Workers. Londres: British Medica1 Research Council. Industrial Health Board Report 90, 1947.
pueden reportar, comenzando por reconocer la evolución implfcita en el proceso de indus- trialización y por evitar toda resistencia a ultranza al progreso técnico. Una actitud inflexible puede producir enfrentamientos, ni gloriosos ni definitorios, con el consi- guiente riesgo de aumentar la confusión y conducir a la juventud a la indiferencia y la evasión. En cambio, una actitud optimista y cons- tructiva con relación a esta cuestión puede crear las mejores condiciones de adaptación del hombre a su mundo y a su tiempo. Esta actitud podría cifrarse en una comprensión de las exigencias del sistema nervioso, entendiendo que su satisfacción no es in- compatible con el progreso, puesto que la ductilidad de las funciones de adaptación es casi infinita. Sin embargo, para preservar las funciones mentales es necesario que exista un vínculo entre el trabajo y quien lo realiza, a través de una comprensión de su significación. S. L. Washburn realizó estudios paleonto- lógicos cuyos hallazgos han permitido formular una teoría que tiende a demostrar que, contrariamente a lo que se creía, el empleo de la herramienta ha precedido al desarrollo del cerebro humano. A pesar de su complejidad, la evolución económica y técnica actual crea condiciones de vida favorables y permite la participación amplia tanto del hombre como de la mujer. Parte y consecuencia de esa misma evolu- ción es la reducción constante de las jornadas de trabajo, la que Jean Fourastie pone de manifiesto mediante la comparación si- guiente:
aproximadamente de 35 años, mientras que hoy es de 70 años. Actualmente un obrero comienza a trabajar a los 14 años y se re- tira a los 64, pero como sus jornadas de trabajo son de ocho horas diarias, a razón de cinco días por semana y de cuarenta y nueve semanas por año, durante su vida trabajará sólo 96,000 horas. Además de la reducción de las jornadas de trabajo, también las condiciones en que este se realiza han mejorado, liberando al hombre del esfuerzo que antes le demanda- ba. Las grúas, tractores, topadoras y exca- vadoras sustituyen con ventaja la fuerza física del hombre, y las locomotoras actuales no necesitan maquinistas y fogoneros siem- pre sofocados por el calor y cubiertos de tizne, sudor y polvo, sino técnicos que vigi- len su marcha a través de modernos tableros de control. Hace al caso llamar la atención sobre la influencia del progreso en el ámbito agrícola, pudiéndose establecer una tendencia, muy evidente en los países escandinavos, de apli- car a la labor agrícola ciertos patrones de la organización industrial. Una vez que se ha- yan vencido ciertos convencionalismos de la vida campesina, el agricultor se convertirá en un empleado que trabaja al aire libre pero que, como en Dinamarca, al cabo de su jornada puede descansar en una vivienda moderna y cómoda.
En 1875, nos dice, un obrero empezaba a trabajar a los doce años y continuaba ha- ciéndolo hasta la muerte, a razón de seis jornadas semanales de 12 horas, durante todo el año. Considerando el término medio de vida de una persona de aquella época, ajustado a ese régimen, el obrero trabajaba un promedio de 222,000 horas durante toda su vida. Cabe anotar que en 1800 la ex-
Como consecuencia de una evohtción armónica que se oriente hacia el mejora- miento de las condiciones de trabajo y la reducción de la jornada laboral, los mo- mentos de ocio aumentarán y, en buena parte, podrán ser dedicados a actividades culturales e intelectuales, es decir que el hombre podrá informarse y cultivarse cada vez más. Actualmente, la población de los países industrializados puede satisfacer, a menudo con creces, sus necesidades básicas. Ahora puede mirar con confianza al porvenir y entregarse a ciertas actividades que van más allá de la mera lucha por la existencia. Tiene pectativa de vida media en Europa era acceso^ a lo que en nuestro tiempo se llaman
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mano es considerable y su capacidad de adaptación se amplfa bajo la iníluencia de la repetición. Cuando esta repetición se ejerce en una atmósfera de seguridad, pro- duce inmediatamente una especie de hábito que permite la organización y consolidación de las funciones nerviosas. Si por el con- trario el trabajador vive en una atmósfera de angustia o de inseguridad, en vez de un hábito se produce una sensibilización y, como consecuencia, en lugar de una atenua- ción de su fatiga experimenta intolerancia nerviosa. La evolución de las funciones nerviosas superiores ha conducido al individuo a una diferenciación funcional que le permite esta- blecer lfmites entre los diversos sectores de su actividad y equilibrar su personalidad, compensando las insatisfacciones profesiona- les con las satisfacciones familiares y vice- versa. Por el contrario, la adaptación a su tra- bajo de un individuo cuyas funciones ner- viosas no evolucionen en el sentido de per- mitirle tal diferenciación, dependerá de la medida de su adaptación al medio familiar y social. Es decir que en este caso, la calidad del individuo, su madurez y equilibrio y su situación familiar y social son los elementos preponderantes que le permitirán o no adap- tarse al trabajo industrial. Los resultados del estudio realizado por Russel Fraser indican que las neurosis son menos frecuentes si el trabajador reúne las siguientes condiciones : (^) a) tiene responsa- bilidades domésticas superiores al término medio (número de niños, cargas familiares, etc.), b) tiene más contactos sociales (tiene amigos, frecuenta^ clubes,^ y^ participa^ en actividades gremiales), y c) considera agra- dable sus condiciones de trabajo. El mismo estudio indica que, por el contrario, la alta frecuencia de neurosis en los trabajadores se relaciona con las si- guientes circunstancias : a) contactos so- ciales y distracciones reducidos, b) viudez o separación conyugal, c) sentimiento de fastidio en su trabaio. Y d) exigencia. en
su trabajo, de aptitudes que no guardan rela- ción con su inteligencia, por ser esta o de- masiado o insuficientemente desarrollada. Los trabajos dirigidos, patrocinados por el Consejo de Europa, han demostrado que la adaptación profesional de los trabajadores migrantes con particular fragilidad adapta- tiva es más fácil si antes se facilita su adap- tación al ámbito familiar. Al estudiar el trabajo en cadena, G. Friedmann lo define como un acontecimiento que tiene implicaciones técnicas, psicológi- cas y sociales. El estudio y análisis del individuo debe complementarse con el del medio ambiente donde este vive y, particularmente con el del lugar donde trabaja, pues el trabajo le ofrece posibilidad de enriquecimiento afec- tivo y de realización de un ideal. Asimismo, el examen de las condiciones de trabajo es necesario para un estudio sociológico que permita identificar el origen de bienes y, por consiguiente, el estado económico del trabajador y su familia, debiéndose anotar que en relación con estos elementos la inter- vención de la industrialización y la automa- tización no es muy significativa. La máquina se interpone como un telón entre el hombre y el trabajo; Otto Lippeman concluye que llega a restarle contenido espiritual al trabajo y, como consecuencia, también parcialmente a los momentos de ocio. La automatización reduce la necesidad de obreros con habilidades y calificaciones diversas, constituyendo una excepción los equipos de mantenimiento integrados por técnicos y los ingenieros que la industria tanto demanda. Es evidente que si la calificación de los obreros se reduce, sus salarios también tienden a reducirse, con las repercusiones previsibles en su nivel de vida. Sin embargo, siguiendo atentamente los paradójicos resultados del estudio realizado por A. Sauvy sobre el estado social de los artesanos y de los obreros, el problema surge en toda su comnleiidad. Dichos re-
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sultados indican que la demanda de artesa- nos es muy grande, y que a ello se debe que los mismos gocen de una seguridad econó- mica mayor y una vida más independiente que otros trabajadores. Así, les es posible trabajar los sábados o domingos sin que ningún impedimento legal se les interponga, o ausentarse durante un fin de semana, o también tomarse vacaciones cuando lo de- seen. Sólo las necesidades personales y familiares condicionan su trabajo. Por lo demás, su libertad profesional es total, con la ventaja de conocer con exactitud la finalidad y dimensión de su trabajo y, por lo tanto, paladear la satisfacción del creador. Sm embargo, y he aquí lo paradójico del mencionado estudio, este también muestra que esos oficios, con todas sus ventajas, se van abandonando y que la posibilidad de ejercerlos se cambia por la de trabajar en una fábrica o de peón. En el mismo estudio se incluye una encuesta que aclara las ra- zones de esta situación. Los individuos y miembros de su familia interrogados aduje- ron que su preferencia por la fábrica obede- cía a que las condiciones del trabajo que realizan en ella son más regulares, su res- ponsabilidad es menor y su seguridad so- cial mayor. Es evidente pues que estos hombres optaron por evadirse, y por evitar el compromiso que implica trabajar por cuenta propia y, sobre todo, el más difícil de los que surgen de tal situación: el dominio y la responsabilidad de sus propias acciones. Sm duda, los trabajadores que pudiendo ejercer oficios libres optan por incorporarse a una empresaen la que tienen que someterse a horarios fijos y a un sistema preestablecido de remuneración, suponen que de ese modo consiguen dar a su existencia un rumbo de- finido que les facilitará una mayor estabilidad y les pondrá a salvo de tensiones extremas. Si bien debe admitirse que este razona- miento no es del todo equivocado, debe tenerse en cuenta que el cambio de situación no significará la desaparición de amenazas a la salud mental de estos trabajadores, ya que también su nueva situación los expone
a tensiones y conflictos patógenos cuyas manifestaciones conviene descubrir con anti- cipación. Debe advertirse que las manifesta- ciones de las llamadas “neurosis del trabajo” son muy poco específicas. Sivadon considera que uno de los primeros síntomas es la fatiga; una fatiga peculiar que no cede al descanso y que va acompañada desde sus comienzos de perturbaciones del sueño, a menudo en forma de hiperinsomnio que luego se convierte en insomnio abierto. Con frecuencia aparecen signos que pueden inter- pretarse como de enfermedades orgánicas: cefalea, dolores en la nuca y la región lum- bar, desórdenes gástricos y, particularmente, úlcera del estómago. A menudo el individuo se defiende de estas manifestaciones mediante libaciones que al principio soporta sin padecer pero que por último no tolera, produciéndose trastor- nos del carácter y de la conducta. Asimismo, es frecuente la intolerancia al ruido y los contactos sociales, así como la irritabilidad y el cambio del carácter. El signo alarmante es la baja del rendi- miento profesional concomitante con un sentimiento de incapacidad para el esfuerzo físico e intelectual, con la evasión de res- ponsabilidades y con accidentes de trabajo incomprensibles. Este estado de evasión puede conducir a una neurosis cuyo síntoma más frecuente es una crisis de angustia, imprecisa o igno- rada como tal, que tiene la apariencia de un malestar, de un síncope, o de una crisis cardíaca, cuando no abdominal y, a menudo, acompañada de vómitos. Cuando se repite, no deja lugar a dudas en cuanto a su diag- nóstico, y sus trastornos concomitantes harán un inválido de quien la padezca si no se somete a un tratamiento rápido. El paciente sufre obsesiones hipocon- dríacas y lasitud que le hacen sentir las necesidad de consultar varios médicos y someterse a diversos exámenes. Esta ten- dencia no sólo corrobora la existencia de la neurosis que le aqueja, consecuencia de su falta de adaptación al trabajo, sino también
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examen y la comprensión de fenómenos pro- pios de la reIación constante entre dos polos: el hombre y el medio. La ductilidad del sistema nervioso huma- no es considerable y su capacidad de adapta- ción aumenta bajo la influencia de la repe- tición. Si el trabajador está sometido a repe- ticiones en una atmósfera de seguridad, estas lo conducirán a desarrollar una suerte de hábito que le permitirá la consolidación y organización de sus funciones nerviosas. Si, por el contrario, el trabajador vive en una atmósfera de angustia e inseguridad, la re- petición puede dar origen a intolerancia nerviosa. Algunos estudios muestran que las neuro- sis son menos frecuentes en los trabajadores que tienen responsabilidades domésticas su- periores al término medio y más contactos sociales, y que consideran agradable su tra- bajo. Por el contrario, los mismos estudios indican que los trabajadores más suscepti- bles a la neurosis son aquellos que tienen contactos sociales escasos, son viudos o divorciados y su trabajo les desagrada y les exige aptitudes que no guardan relación con su inteligencia, bien porque es demasiado simple o bien porque es demasiado compli- cado. No obstante, se ha visto que, si bien la capacidad de adaptación del individuo está en relación con su madurez, también lo está con el medio ambiente afectivo, familiar, so-
cial y profesional que conforma su circuns- tancia. Asimismo, se sabe que aun enfermos y débiles mentales son capaces de adaptarse al trabajo independientemente de las limita- ciones de su sistema nervioso, siempre que se le proponga una actividad que corres- ponda a las funciones más sólidas adquiri- das por la especie humana y que puedan realizar en condiciones adecuadas de segu- ridad afectiva. Sin embargo, aunque la ductilidad de las facultades de adaptación del individuo al trabajo industrial es muy amplia, es preciso que se defínan y respeten ciertas condiciones de orden físico (horario, ritmo de trabajo y períodos de descanso), así como ciertos esquemas de relaciones humanas que deben hacerse parte de la organización de las empresas. El fenómeno de difusión e intercambio cultural, surgido como consecuencia de la forma actual de la industrialización, aparte de todas sus implicaciones positivas, puede también poner en peligro la integridad de ciertos tipos de estructuras familiares, étni- cas y culturales. Sin embargo, la conse- cuencia más importante de la industrializa- ción es la facilidad creciente de la difusión de la cultura, característica, de la civilización de los “tiempos de ocio”-como ha dado en llamársele-que ofrece perspectivas sin pre- cedentes al hombre de nuestro tiempo y del porvenir. 0
Impact of Industrialization on Mental Health (Summary) As a consequence of industrialization, work- ing conditions have changed and have become closely linked to the social life of the individuaI; and both the one and the other have either followed a parallel development or have come into conflict, and confront workers with alter- native ways of adaptation. The prevention of human disorders which may be caused by the above-mentioned condi- tions should stem from a knowledge, examina- tion, and understanding of the phenomena pe- culiar to the constant relationship between two poles: man and his environment.
The ductility of the human nervous system is considerable and its capacity to adapt is in- creased by repetition. If a worker is submitted to repetitions in a secure environment, he will be led to develop a kind of habit which will enable him to strengthen and organize his nervous functions. If, on the other hand, he lives in an atmosphere of insecurity and con- cern, repetition may cause nervous intolerante. Studies demonstrate that neurosis are less fre- quent in workers who have above-average do- mestic responsibilities and more social contacts, and who find their work pleasant. On the other
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hand, the same studies show that the workers most susceptible to neurosis are those who have few social contacts or are widowers or di- vorced, or whose work displeases them and calls for attitudes which have no relation to their intelligence either because it is too simple or too complicated. Nevertheless, it appears that the capacity of the individual to adapt is related not only to his maturity but also to his emotional, family, social, and professional environment. In the same way, mental patients and mentally re- tarded people are known to be capable of adapting themselves to work regardless of the limitations of their nervous system, provided that they are given a task which is in accord- ante with the firmly acquired functions of the human species and which they can carry out in emotionally stable conditions.
However, although the ductility of the fac- ulty of the individual to adapt to industrial work is considerable, certain physical condi- tions (hours of work, rhythm of work, periods of rest) must be defined and respected, as must be certain systems of human relations which should form part of the organization of business undertakings. The phenomenon of cultural diffusion and exchange, resulting from the present form of industrialization, apart from its positive im- plications may also threaten the integrity of certain types of family, ethnic and cultural structures. (^) However, the most important con- sequence of industrialization is the increasing facility of cultural diffusion which typifies the “leisure world” civilization, as it has been called, which offers unparalleled possibilities to the man of our time and of the future.
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Repercussões da Industrializa@o na Saúde Mental (Resumo)
Em conseqüência da industrializacão as con- di@es de trabalho têm variado e se têm vin- culado estreitamente às da vida social do in- divíduo, e tanto urnas como outras ou evoluem paralelamente, ou se opóem e apresentam ao trabalhador alternativas de adaptacáo. A prevencáo das perturbacóes que podem causar ao homem as condicóes expostas deverá surgir do conhecimento, do exame e da com- preensáo de fenômenos próprios da relacáo constante entre dois polos: o homem e o meio. A ductilidade do sistema nervoso humano é considerável e sua capacidade de adaptacáo aumenta sob a influência da repeticáo. Se o trabalhador estiver submetido a repeticóes num clima de seguranca, as repeticóes levá-lo-áo a desenvolver urna espécie de hábito que lhe permitirá consolidar e organizar suas funcóes nervosas. Se, pelo contrário, o trabalhador viver num ambiente de angústia e de insegu- ranca, a repeti@o pode dar origem a intole- rância nervosa. Alguns estudos demonstram que as neuroses sáo menos freqüentes entre os trabalhadores que têm responsabilidades domésticas supe- riores à média e mais contactos sociais e que considerarn agradável seu trabalho. Contràri- amente, os mesmos estudos indicam que os trabalhadores mais suscetíveis a neuroses sáo os que têm contactos sociais escassos,sáo viú- vos ou divorciados e aos quais é desgaradável
o trabalho que exercem e dos quais &se tra- balho exige aptidóes que náo guardam relacáo com sua inteligencia, seja porque é demasi- adamente simples, seja porque é demasiada- mente complicado. Náo obstante, tem-se verificado que, se bem que a capacidade de adaptacáo do indivíduo esteja em rela@ com sua maturidade, tam- bém o está com o ambiente emocional, fami- liar, social e profissional que conforma sua condicáo. Sabe-se também que mesmo os doentes e débeis mentais sáo capazes de adaptar-se ao trabalho independentemente das limitacóes do seu sistema nervoso, desde que se lhes proporcione urna atividade que corres- ponda às funcóes mais sólidas adquiridas pela espécie humana e que possam êles exercer em condicóes adequadas de seguranla emocional. Entretanto, embora seja muito ampla a duc- tilidade das faculdades de adapta@0 do indi- víduo ao trabalho, é preciso que se definam e que se respeitem certas condi@es de ordem física (horário, ritmo de trabalho e períodos de repouso), bem como certos esquemas de re- la@es humanas que devem fazer parte da or- ganizacáo das emprêsas. 0 fenômeno da difusáo e do intercâmbio cultural, surgido como conseqüência da forma atual da industrializacáo, à parte tôdas as suas implica@es positivas, pode também pôr em perigo a integridade de certos tipos de estru- turas familiares, étnicas e culturais. Entretanto,