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Asignatura: Història contemporània universal, Profesor: encarna monerris, Carrera: Història, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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Con el objeto de dar una visión más secuencial de los aspectos económico-sociales, estos serán tratados más ampliamente en el apartado dedicado a el comunismo de guerra. Sin embargo, la revolución de octubre todavía no estaba consolidada. La base política sobre la que se sustentaba el Sovnsrkom era sumamente estrecha: no incluía a los mencheviques, ni a los socialistas revolucionarios (ni moderados ni de izquierda). Por añadidura existía un tema pendiente: el Gobierno provisional había convocado elecciones a la Asamblea Constituyente y en noviembre se realizaron los últimos arreglos del censo electoral y se utilizaron para celebrar las primeras elecciones más o menos parlamentarias de la historia del país (iban a ser la ultimas elecciones de ese tipo en Rusia hasta 1993). El resultado fue alrededor de una 25 % para los bolcheviques, mientras que la mayoría la obtuvo el partido socialista revolucionario con un 37 %. Este fue el fin de la Asamblea Constituyente. Otro de los grandes problemas, que atenazaba al proceso revolucionario era la Gran Guerra a la que siempre se habían opuesto los bolcheviques, pero en estos momentos la opinión mayoritaria se debatía entre continuar en la guerra para propiciar el estallido de revoluciones socialistas en Europa o en aras de la imposibilidad material firmar una paz, que en estos momentos no debía ser unilateral. El 14 de noviembre se iniciaron negociaciones en Brest-Litovsk, la ciudad más cercana a las trincheras en el sector norte del frente del este, a juicio de los bolcheviques se debía alargar la negociación y aprovechar la oportunidad para hacer llamamientos en favor de la revolución que tendría eco tanto e Berlín como en Petrogrado. Pero en enero de 1918 las potencias centrales plantearon un ultimátum según el cual, a menos que se firmara rápidamente una paz por separado en el frente oriental, invadirían Rusia. Las exigencias de las potencias centrales, que en principio se limitaba a pedir al gobierno soviético, que abandonara sus pretensiones de soberanía sobre el área ocupada por los ejércitos alemanes y austriacos, se fue ampliando ante la difícil situación de Rusia. Se exigía que renunciara a Ucrania, Bielorrusia y toda la región del sur del Báltico hasta la zona más oriental de estonia: el Sovnarkom perdería todos los territorios occidentales. El 3 de marzo se firmó el tratado de paz unilateral y con él se había separado a Rusia de Ucrania, Bielorrusia y la región del Báltico, con lo que la mitad del hierro, el carbón y la población del antiguo imperio ruso se perdió para los gobernadores de Petrogrado Guerra civil y comunismo de guerra. En mayo de 1918, los bolcheviques habían cerrado un frente, el que los enfrentaba a las potencias centrales, pero surgían otro en el interior del país se producían enfrentamientos militares contra el gobierno de Petrogrado. Por un lado los dirigentes socialistas revolucionarios se trasladaron a Samara, a orillas del rio Volga, para crear un Comité de Miembros de la Asamblea Constituyente (“Komuch”) que se declaró gobierno legítimo de Rusia. Un Volga socialista se enfrentaba a un Petrogrado y una Moscú socialista, por lo que la lucha no se podría eludir permanentemente, aunque el potencial militar de éste último era superior al de los primeros. Por otro lado, existían otros adversarios rusos cuyo capacidad militar era superior a la de los comunistas: los generales Alekseev y Kornilov se habían refugiado en el sur de Rusia donde estaban organizando un “ejército de voluntarios” para combatir a los bolcheviques; en la Siberia central se estaba formando un contingente de oficiales imperiales bajo el mando del almirante Kolchak; y en el noroeste el general Yudenich estaba reclutando a otros voluntarios. Son los que se
conocieron como los “ejércitos blancos” en oposición a los “ejércitos rojos” de los bolcheviques. Desde fuera de Rusia algunas potencias también se organizaron con el fin de frenar y sacar algún provecho de la desesperada situación comunista. Los británicos reaccionaron, tras la firma del tratado de Brest-Litovsk , ocupando algunas zonas del norte de Rusia, supuestamente para proteger el material militar de los aliados en el suelo ruso. Por su parte, los franceses desembarcaron una guarnición naval en Odesa, en el mar Negro; los turcos estaban movilizando a sus tropas en las fronteras con la Transcaucasia “rusa”; las fuerzas japonesas ocuparon territorios en el Extremo Oriente. Durante algún tiempo los bolcheviques sólo controlaron la Rusia central. El Sovnarkom acometió, por un lado, la resistencia militar al nombrar, en el mes de marzo de 1918, a Trotski comisario del pueblo para los Asuntos Militares; por otro lado, siguiendo las orientaciones de Lenín, se inicio una nueva reestructuración económica marcada por la excepcionalidad de la guerra, era el “comunismo de guerra”. Es necesario examinar los acontecimientos del periodo en cuestión y marcar las características generales: En primer lugar, había mucho de anarquía. De puso caos elemental, las ordenes eran con demasiada frecuencia confusas y contradictorias, a causa de una patente inexperiencia o debido al hecho de que la máquina administrativa del estado había sido auténticamente destruida. Se puede afirmar que mucho de lo que sucedió no fue debido en absoluto a órdenes del gobierno; y muchas de estas ordenes representaron esfuerzos desesperados por dominar la confusión y la anarquía. En segundo lugar, todos los acontecimientos de 1917-1921 estuvieron, naturalmente, dominados por la guerra exterior y la guerra civil, por la destrucción y la lucha, por la escasez de suministros y la parálisis del transporte, por las necesidades del frente y las prioridades de la guerra y, fundamentalmente, por la pérdida de zonas industriales y agrícolas vitales que pasaron a manos del enemigo. En tercer lugar, se ha de admitir la influencia de las ideas bolcheviques y la situación desesperada en que sus autores se encontraban, esto daba lugar a que disposiciones tomadas en circunstancias anormales por razones prácticas son adornadas a menudo con ropajes ideológicos y justificadas mediante elevados principios. El análisis económico-social de esta etapa histórica lo haremos arrancando de los primeros decretos bolcheviques tras el triunfo de octubre. En este sentido hay que señalar que la legislación de los primeros meses del régimen soviético trató de instrumentalizar el programa acorto plazo trazado por los bolcheviques antes de hacerse cargo del poder. El Decreto sobre la tierra, de 8 de octubre de 1917, aprobado por el Congreso de los Soviets e incorporado a una ley promulgada en febrero de 1918, seguía la línea del programa propio del ala radical de los socialistas revolucionarios (eseritas). Los comités locales y los soviets habían de supervisar la distribución de la tierra. La tierra quedaba nacionalizada y el derecho a utilizarla pertenecía a los campesinos. Nadie tendría más tierra que la que pudiera cultivar por si mismo, puesto que el trabajo asalariado quedaba prohibido.
Las autoridades centrales se alarmaron por la extensión de las nacionalizaciones y el 19 de enero de 1918 se decretó que no se llevaría a cabo ninguna expropiación sin autorización específica del Consejo Supremo (Vesenja). Todavía en junio de 1918 había sólo 487 empresas nacionalizadas. El gran salto hacia el comunismo de guerra debemos fecharlo a finales de junio de 1918, con la promulgación del decreto de nacionalización, que afectaba, en principio, a todas las fábricas. Para encontrar una explicación de este claro viraje (o fuerte acelerón) en la política es necesario examinar tres cuestiones significativas: la agricultura, el comercio y la situación militar: a) La agricultura: la fragmentación de las fincas tuvo un efecto desorganizador sobre la producción y provocó una lucha entre los propios campesinos acerca de lo que debía obtener cada uno. Todo esto tenía lugar en condiciones de un hambre creciente y de una inflación cada vez más desatada. Los campesinos trataban de obtener mejores precios para sus productos alimenticios. El racionamiento había sido implantado en la ciudad en 1916, pero los precios pagados a los campesinos iban muy por detrás del alza general de los precios de los bienes de consumo y la gran escasez de tales bienes desalentaba las ventas a través de los canales oficiales. Los campesinos tendían a eludir el monopolio estatal de compra de cereales, estimulando con ello el desarrollo de un floreciente mercado negro. El Gobierno provisional, surgido tras la revolución de febrero, trató, como hemos señalado, en vano de combatir esta situación. Los bolcheviques no tuvieron al principio más éxito, pero la crítica coyuntura del momento hacía inevitable el abordar el problema con la máxima eficacia. b) El comercio: (monopolio estatal del comercio) el deslizamiento hacia el comunismo de guerra se vio estimulado por la escasez de alimentos y por el fracaso de los esfuerzos para procurarse, a precios oficiales, artículos alimenticios, en especial, cereales de los campesinos. Lenin el 24 de mayo de 1918 habló de la cruzada del pan y desarrolló la llamada “dictadura alimenticia”, a través de los órganos locales y con la ayuda de destacamentos de obreros y de la policía secreta para incautarse de los stocks de los acaparadores. Esto coincidió con la campaña contra los llamados campesinos ricos o Kulaks. Paulatinamente fueron sistematizadas las entregas forzosas de cereales, lo que significaba una política en la que se ordenaba a cada explotación familiar campesina que entregara su excedente al estado. En algunos casos era una descarada confiscación; en otros una confiscación virtual, toda vez que los precios nominales pagados eran muy bajos y no había prácticamente nada que pudiera comprarse con dinero. El proceso de confiscación de grano marchaba paralelo al esfuerzo por fomentar la guerra de clase en las aldeas: se planteó así una lucha entre gobierno y campesinos y también entre los campesinos entre si mismos. Los campesinos se oponían a este monopolio estatal y organizaron motines. Algunas partes del país estaban en manos de los llamados “verdes” que eran enemigos en la guerra civil tanto de los “rojos” como de los “blancos” y que estaban a favor de los derechos de los campesinos. Algunos eran de ideas semianarquistas, sobre todo el poderoso movimiento campesino en Ucrania.
Sin embargo, en último extremo el temor al regreso de los terratenientes hizo que bastantes campesinos se mantuvieran leales a la causa de los bolcheviques, lo que aseguró a éste la victoria final en la guerra civil. Pero los campesinos encontraban poco sentido en la tarea de producir excedente agrícola que les serían arrebatadas después por las escuadras de requisa. Se redujo la superficie sembrada, aunque, según fuentes oficiales, las entregas de cereales al Estado aumentaron. No obstante, el gobierno no fue nunca capaz de impedir que funcionase el mercado negro, pero lo desorganizó en medida suficiente como para hacer que la escasez de alimentos se agravará aún más y el estraperlo no desapareciese. c) La situación militar: la circunstancia de estar implicados en una guerra civil, que agudizaba el caos, el hambre y la dificultad la gobernabilidad del país desembocó en un hundimiento del rublo. Los precios en el mercado libre subían mes a mes. Desde marzo de 1919 las empresas estatales se financiaban exclusivamente por el presupuesto, es decir, obtenían de él cuanto dinero necesitaban y entregaban sus ingresos a Hacienda. Casi todas las transacciones entre las empresas estatales eran sólo de carácter contable y no en dinero efectivo. Todo ello siguió un proceso gradual, que alcanzó su apogeo en 1920, se vio hondamente influido por la ideología que estuvo tan difundida en el partido durante el comunismo de guerra; el dinero perdió su función efectiva dentro del sector público de la economía y no jugaba prácticamente ningún papel. En 1919-20 los salarios de los obreros se pagaban casi íntegramente en especie y el exiguo racionamiento era gratuito. Conforme el dinero perdió todo su valor, el comercio privado fue declarado ilegal y se abordó la nacionalización de prácticamente todas las empresas industriales, esto fue interpretado por muchos comunistas como el inicio de la implantación de una verdadera economía socialista. Pero estas medidas no llegaban a solucionar la situación económica del país, en donde el caos crecía, la producción industrial descendía rápidamente, las comunicaciones se interrumpían, etc. Era la guerra civil la que desorganizaba las comunicaciones y hacía todavía más difícil la vida, al mismo tiempo que exigía de los restos de la industria que suministrase prácticamente todo para las necesidades del frente. Conclusión del comunismo de guerra.- Podemos resumirlo en:
No obstante, el Partido mantuvo firmemente su discurso de retener en manos del estado las palancas de mando de la economía: la banca, el comercio exterior, la gran industria. Sin embargo, se reconoció que el intentó de nacionalizar por completo la manufactura había sido un error. El 17 de mayo de 1921 se revocó formalmente el decreto de nacionalización de la pequeña industria. El 7 de julio todo ciudadano quedó autorizado a emprender libremente cualquier producción artesanal y a organizar cualquier pequeña empresa industrial. El arrendamiento de las empresas del Consejo Superior de Economía se reguló por un decreto de julio de 1921 y esta política continuo a lo largo de 1522. En octubre de 1923 el número de empresas arrendadas se había elevado a 5.698 empleando en termino medio a 16 obreros. La Nueva Política Económica era, pues, una forma de economía mixta, con una agricultura abrumadamente privada, un comercio privado legalizado y una pequeña manufactura también privada. Pero las autoridades no permitieron crear grandes empresas privadas, aunque, en 1924-25, un total de 18 empresas empleaban entre 200 y 1000 obreros. La inmensa mayoría de los ocupados en la industria y la minería trabajaban para el Estado. Dos principios esenciales dirigieron la N.P.E. : en primer lugar, una cierta descentralización de la orgánica de las empresas y, en segundo lugar, la gestión equilibrada. Por lo que respecta al primer aspecto en el mes de agosto de 1921 las fábricas suficientemente sólidas para poder vivir por si mismas podían trabajar de manera autónoma, aunque sometidas a las perspectivas generales del plan de desarrollo económico. Otras empresas de la misma rama serían reagrupadas en uniones (trust), que aún siendo organismos del Estado disponían de libertad de gestión, de acuerdo con los principios de una contabilidad comercial, que debía ser equilibrada y capaz de producir beneficio. En cuanto a los principios de la gestión equilibrada significaba, que las empresas ya no debían contar con el Estado para financiar sus actividades o para compensar sus comprar y ventas, excepto en algunos sectores de la industria pesada. Los ingresos debían y tenían que cubrir los gastos de explotación, las tasas e impuestos, sin olvidar descontar los fondos de amortización, de proveer las reservas y preparar las futuras inversiones. En otras palabras, aunque propiedad del Estado, las empresas industriales tenían que ser dirigidas, en lo sucesivo, de acuerdo con los métodos del capitalismo con el fin de hacerse sólidas y rentables. La aplicación de la NEP tuvo que superar una grave crisis, conocida como la crisis de las tijeras, iniciada en 1923. Si en la agricultura la aplicación de la NEP tuvo consecuencias inmediatas favorables, pues aumentó la producción agrícola y restableció el vínculo con el campesinado, para la industria y los trabajadores industriales las consecuencias no fueron, de momento, tan satisfactorias: Analizando las razones de este cambio tan rápido hay que señalar:
piezas de recambio, de obreros cualificados, de directores preparados, de combustible, de materias primas y de medios de transporte.