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Asignatura: Antropología, Profesor: Miguel López Coira, Carrera: Psicología, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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QUÓRUM ACADÉMICO Vol. 8, Nº 15, enero-junio 2011, Pp. 78 - 94 Universidad del Zulia • ISSN 1690-
_Marta Rizo García_*
Resumen
En este artículo se presentan las principales aportaciones del sociólogo Erving Goffman a los estudios sobre comunicación. En un primer momento se ubica la obra de Goffman dentro de la corriente del interaccionismo simbólico, enfoque sociológico que tuvo como centro de reflexión a la interacción social entre el actor y el entorno. En un segundo momento, se presentan los conceptos básicos de la obra del sociólogo, con énfasis en el denominado enfoque dramatúrgico de la vida cotidiana y los conceptos de ritual, persona y máscara. Por último, se exponen algunas reflexiones en torno a las aportaciones del autor a los estudios sobre comunicación, especialmente sobre la comunicación interpersonal.
Palabras clave:
Comunicación interpersonal, Erving Goffman, Interacción, interaccionismo simbólico.
Abstract
This article presents the main contributions of sociologist Erving Goffman to communication studies. First, it locates Goffman’s work in the current of symbolic interactionism, a sociological approach that centers its reflection on social interaction between the actor and the surroundings. Second, it presents basic concepts of the sociologist’s work, emphasizing the so-called dramaturgical approach to daily life and concepts of ritual, person and mask. Finally, it offers some reflections on that author’s
contributions to communication studies, especially regarding interpersonal communication.
Key words:
Communication, Erving Goffman, interaction, symbolic interactionism.
La corriente del interaccionismo simbólico, bautizada con este nombre en 1938, parte de la importancia de la comunicación en el desarrollo de la sociedad, la personalidad y la cultura. Surgida en el marco de la Escuela de Chicago, que trató de responder al predominio de la investigación positivista empírica que predominaba en Estados Unidos durante el primer tercio del siglo XX, el interaccionismo simbólico tiene sus raíces históricas en el pragmatismo y el conductismo. El primero, por la importancia otorgada a la acción de los sujetos en los procesos de construcción de existencias reales; el segundo, por la preocupación por las conductas empíricamente observables de los individuos. Sin embargo, el interaccionismo simbólico, de la mano de George Herbert Mead, se desmarcará pronto de conductismo tradicional y se insertará en el denominado conductismo social, que pone mayor peso en el contexto social en el que los seres humanos desarrollan sus conductas cotidianas.
Sin poner en el centro a la comunicación, en sentido estricto, el interaccionismo simbólico es una corriente que aporta interesantes reflexiones en torno al fenómeno comunicativo, sobre todo vinculado con los procesos de interacción cotidiana. En este tenor, para este enfoque el individuo es a la vez sujeto y objeto de la comunicación, en tanto que la personalidad se forma en el proceso de socialización por la acción recíproca de elementos objetivos y subjetivos en la comunicación. Esta consideración convierte al interaccionismo simbólico en una corriente de pensamiento que se sitúa a caballo entre la psicología social, por el énfasis dado a la interacción, y la sociología fenomenológica, por la consideración de la interacción como base para la construcción de significaciones basadas en el sentido común en torno a las definiciones de la realidad social^1.
La importancia otorgada a la interacción por parte del interaccionismo simbólico puede sintetizarse en tres principios básicos: el primero refiere al valor dado a la alienación del sentido de la comunicación cotidiana y al importante papel que juega en la sociedad la empatía, esto es, la capacidad del sujeto para ponerse en el lugar del otro; el segundo principio hace hincapié en que la realidad social se explica -y se construye- a través de las interacciones de los individuos y los grupos sociales, consideración que desmarca a esta corriente del determinismo social; y el tercero tiene que ver con la estrategia metodológica, basada en el uso extendido de estudios de caso, el predominio absoluto de procedimientos inductivos y el abordaje de la realidad en términos microsociales y sincrónicos.
Así entonces, el interaccionismo simbólico pone énfasis en la interacción de los individuos y en la interpretación de estos procesos de comunicación en las situaciones inmediatas. Por el contrario, presta poca o nula atención a las estructuras sociales, a los sistemas ideológicos y a las relaciones funcionales. El centro de interés se halla en el mundo cotidiano de significados dentro del cual actúan e interactúan, y por tanto, se
este artículo, el siguiente apartado estará dedicado a los principales conceptos y juicios que el autor construyó a lo largo de su trayectoria como sociólogo.
Erving Goffman es considerado el fundador del orden de la interacción como legítimo dominio de estudio sociológico. El reconocido sociólogo, a quien no gustaba de ser etiquetado en ninguna corriente específica de pensamiento, pero que suele ser ubicado tanto en el interaccionismo simbólico como en la Escuela de Palo Alto, estudió sociología en la Universidad de Toronto. En Chicago asistió a cursos con Herbert Blumer y también trabajó con Lloyd W. Warner. Pero fue sobre todo Everett Hughes quien tuvo mayor influencia sobre Goffman. También en Chicago, se formó en la escuela de interaccionismo simbólico, y en sus estudios reconoció el valor de sociólogos clásicos que inauguraron el interés por la interacción, tales como George Simmel y George Herbert Mead. Su interés general fue examinar el impacto de las estructuras sociales en los niveles más locales (micro) de la vida cotidiana.
Entre las obras más importantes de Goffman destacan “La presentación de la persona en la vida cotidiana” (1959), “Internados” (1961), “ Encounters” (1961) y “Estigma: Notas sobre el manejo de la identidad deteriorada ” (1963), “ Interaction Ritual” (1967), “ Strategic Interaction” (1969), “Relaciones en público” (1971), “ Frame Analysis” (1974) y “ Forms of Talk” (1981). En todas ellas está presente la idea del carácter ritual de toda interacción cara a cara.
Goffman, más que analizar, describe situaciones, ya que no ofrece datos empíricos suficientes frente a los cuales contrastar sus afirmaciones. Lo anterior ha comportado que se hayan confundido sus minuciosas descripciones con construcción teórica en sentido estricto. A lo largo de los argumentos que el autor utiliza, es difícil distinguir entre las generalizaciones y los ejemplos, consideración que ha comportado que la propuesta del autor haya recibido numerosas críticas; críticas que muchas veces se ven superadas por la apreciación de la real intención del autor. Díaz (2000: 15), por ejemplo, afirma que “no se sabe bien si Goffman habla de situaciones inventadas, imaginadas, observadas o relatadas, pero en todo caso garantiza que resulten verosímiles y convincentes”.
Esta ambigüedad en la metodología utilizada por Goffman, como decimos, hizo que algunos sociólogos contemporáneos al autor se preguntaran por la validez descriptiva o analítica de sus consideraciones sobre la interacción. En general, las críticas apuntan a que es imposible identificar a qué datos se refieren las descripciones de Goffman (Schlegoff, 1988). Se le critica, por tanto, el limitarse a ilustrar conceptos y el recurrir a materiales demasiado diversos, tales como observaciones directas hechas por él mismo o por otras personas, citas de manuales de autoayuda, artículos de prensa e incluso situaciones totalmente inventadas, en sus análisis de situaciones de interacción cotidianas.
Las anteriores son críticas que, aunque legítimas, pueden perder algo de validez si nos detenemos a explorar la que fue la principal preocupación de Erving Goffman. A decir del propio autor, su interés básico fue “conseguir que se aceptase como analíticamente viable esta área ‘cara a cara’, que puede denominarse el orden de la interacción , por
ponerle un nombre cualquiera” (Goffman, 1983: 173-174). Para ello, el autor observó la interacción a partir de metáforas muy diversas, tales como el teatro, el rito, el juego y el cine. Ya desde su tesis de doctorado, “ Communication conduct in an island community” (1953), se planteó como objetivo “aislar y fijar las prácticas regulares de lo que se llama la interacción cara a cara” (Winkin, 1988: 54). Por lo tanto, más que la construcción teórica del propio concepto de interacción, a Goffman le preocupó describir algunas situaciones cara a cara que permitieran reconocer a este orden de comunicación, el de la interacción cotidiana, como un objeto de estudio legítimo en el campo del pensamiento sociológico.
Goffman vivió varios meses con sujetos enajenados, primero en una clínica experimental y luego en el gigantesco Saint Elizabeth’s Hospital, un hospital psiquiátrico. Este fue, después de su tesis de doctorado, su segundo trabajo de observación prolongada. A partir de esta observación, el autor publica “Internados” (1961), obra en la que muestra cómo el hospital psiquiátrico destruye la identidad de los reclusos. También de este periodo es su obra “Estigma” (1963), donde el autor trabajó a partir de las interacciones en un grupo en el que se encuentra un sujeto “estigmatizado”, social o históricamente.
La obra de Goffman destacó sobre todo en las décadas de los 60 y 70, y fue conocida por su extraordinaria minucia descriptiva, vertebrada por la idea de que la interacción social agota su significado social más importante en la producción de apariencias e impresiones de verosimilitud de la acción en curso. En Goffman (1956), la sociedad se muestra como una escenificación teatral en que la vieja acepción griega de “persona” recobra plenamente su significado.
Esta comparación entre el teatro y la vida social hizo que el modelo planteado por Erving Goffman recibiera el nombre de enfoque dramático o análisis dramatúrgico de la vida cotidiana. Este enfoque puede caracterizarse a partir de tres consideraciones básicas. La primera, que permite comprender tanto el nivel macro (institucional) como el micro (el de las percepciones, impresiones y actuaciones de los individuos) y, por lo tanto, el de las interacciones generadas y generadoras de la vida social; en este sentido, destaca el importante papel asignado a la interacción, a la comunicación, así pues, en la formación de la vida social. La segunda, su poder interpretativo, que no obstante a la minucia descriptiva, tiene como límites el de los mundos culturales análogos al de las sociedades anglosajonas. Y la tercera, el que el autor, con este enfoque metafórico, lleva su reflexión sobre la interpretación dramática hasta sus últimas consecuencias y retoma los elementos esenciales de su análisis para acercarse al problema del individuo. Es decir, lleva a la práctica el principio dialéctico que establece la relación y el enriquecimiento entre cada una de las fases de la investigación y, aplicando el conocimiento sobre los dos primeros niveles, logra explicar elementos de las actuaciones individuales inicialmente no definidos.
2.1. Ritual, teatro y juego. Las metáforas conceptuales en Goffman
En “La presentación de la persona en la vida cotidiana ” (1956), su primer libro publicado, y quizás el que goza de un mayor reconocimiento e importancia en el campo académico de la comunicación, Erving Goffman parte de las siguientes interrogantes: si se abordara la vida social como un escenario, con sus actores y su público, ¿qué juegos se observarían? ¿A qué apuntarían dichos juegos? ¿Qué artificios utilizarían?
Del concepto de ritual propuesto por Goffman se derivaron dos ideas importantes para la reflexión en torno a la comunicación. La primera es la propia relación entre los rituales y los procesos de comunicación, ya que los primeros se ubican en la categoría de actos humanos expresivos, en oposición a los instrumentales. Además de ser un código de conducta, el ritual es un complejo de símbolos, pues transmite información significativa para otros. La segunda idea consiste en relacionar a los rituales con los movimientos del cuerpo, con la kinésica, el ámbito de la gestualidad y los movimientos corporales, y la proxémica, el uso del espacio en la interacción, en el sentido de que la ritualización actúa sobre el cuerpo produciendo la obligatoriedad y asimilación de posturas corporales específicas en cada situación de interacción cara a cara específica.
Además de la metáfora teatral, y relacionada con ella, en Goffman encontramos también la metáfora del juego. En ésta, lo esencial es el control de la información, con todos los camuflajes, simulaciones y maniobras que ello implica. Aquí Goffman pone el acento en las impresiones, en las apariencias que resultan del juego de los actuantes, y pone entre paréntesis la cuestión de la realidad de la definición de la situación dada por los mismos actuantes. “El desapego con el cual el actuante desempeña su rol, manifestando al público que no se identifica con el yo al que ese rol está comúnmente asociado, demuestra que, detrás de la máscara del actuante, habría un yo real, personal, que haría posible esa distancia respecto del rol” (Nizet y Rigaux, 2006: 29-30).
Sirva una frase del propio Goffman para ejemplificar las ideas anteriores: “Los individuos se preocuparán por mantener la impresión de que actúan de conformidad con las numerosas normas por las cuales son juzgados ellos y sus productos. Debido a que estas normas son tan numerosas y tan profundas, los individuos que desempeñan el papel de actuantes hacen más hincapié que el que podríamos imaginar en el mundo moral (…) los individuos no están preocupados por el problema moral de cumplir con esas normas sino con el problema amoral de construir la impresión convincente de que satisfacen dichas normas” (Goffman, 1956: 267).
Las reflexiones e ideas más retomadas de Goffman han sido sus metáforas basadas en el teatro y en el juego, trasladadas a los encuentros sociales, por un lado, y su noción de ritual, por el otro. Estas aportaciones de Goffman se pueden enmarcar en su concepción de la interacción. Su unidad de análisis fueron los grupos y no los individuos considerados de forma independiente. Los grupos, o equipos como los llamó el autor, actúan de forma cooperativa en rutinas de representación. Interactúan confiando los unos en los otros y siendo conscientes de su participación en el acto “teatral”, en la situación de interacción.
Los cuatro principios de la interacción cara a cara que emergen de la propuesta de Goffman son, atendiendo al análisis de Manning (1992), los siguientes:
En otra de sus obras básicas, “ Frame Análisis” (1974), Goffman establece los principios del análisis estructural y se centra en el estudio de las pequeñas estructuras de la vida social. En esta obra, el autor fue más allá de las situaciones cotidianas e intentó encontrar estructuras invisibles. Estas estructuras son definidas como “esquemas de interpretación que permiten al individuo localizar, percibir, identificar y etiquetar ocurrencias en su espacio vital y en el mundo en general. Al dar significado a los eventos u ocurrencias, la estructura se pone en marcha para organizar la experiencia y guiar la acción, sea individual o colectiva” Snow (1986: 464). El término frame, marco en español, le permite a Goffman conceptualizar ese lugar desde el que actuamos, y del que no nos debemos salir si deseamos causar buena impresión en los otros con quienes interactuamos cotidianamente.
Las metáforas del teatro y el juego, así como el concepto de ritual y el propio concepto de interacción, permitieron a Goffman centrarse en situaciones de interacción cotidianas a menudo dejadas a un lado por la investigación sociológica, más centrada en asuntos macro-estructurales.
La reivindicación de Goffman de la interacción cara a cara como unidad de análisis legítima para la sociología hizo que se fijara, incluso, en detalles interactivos tan micro como el rubor, por citar sólo un ejemplo. En este tenor, en su ensayo “Rubor y organización social”, publicado originalmente en 1956 por la Universidad de Chicago en American Journal of Sociology , Goffman pone de manifiesto que lo importante en cualquier situación de interacción es la imagen que uno proyecta hacia los demás: “El rubor tiene que ver con la ilustración que el individuo hace de sí mismo ante otros que se consideran presentes en ese momento” (Goffman, 2000: 43). En relación con lo anterior, Goffman afirma que “durante la interacción se espera que el individuo posea ciertos atributos, capacidades e información, que tomados en su conjunto, encajen con un yo que sea a la vez coherentemente unificado y apropiado a la ocasión. A través de las implicaciones expresivas de este flujo de conducta, a través de la propia participación, el individuo proyecta efectivamente este yo aceptable en la interacción, aunque puede no ser consciente de ello y los otros pueden no ser conscientes de haber interpretado su conducta en este sentido” (Goffman, 2000: 50).
Toda la propuesta dramatúrgica de Goffman puede ser leída desde un lente comunicativo. El modelo del autor provee de categorías de análisis para abordar situaciones de interacción cotidianas. De ahí la importancia de Goffman para el estudio de la comunicación, tanto verbal como no verbal, en situaciones cotidianas.
Los trabajos del Grupo hacia una Comunicología Posible (GUCOM), realizados en México de 2003 a 2009, consideraron a la interacción como una de las dimensiones privilegiadas de la ciencia de la comunicación. La interacción es comprendida por Jesús Galindo (2004) como el “corazón de la comunicología”, afirmación que se aleja de lo reduccionista de considerar a la comunicación como sinónimo de los estudios sobre medios de difusión, el gran objeto de estudio de nuestro campo.
sociología fenomenológica y la cibernética, tres campos del saber que tienen en la interacción (nombrada de forma distinta, sí, pero con el intercambio de información en el centro) su eje básico de análisis y reflexión.
El ámbito de la comunicación interpersonal, cuyos trabajos, aunque abundantes, no parecen ser primordiales para el campo académico de la comunicación, puede nutrirse con algunos de los conceptos presentados en este texto. Hablar de comunicación interpersonal sólo en términos de comunicación verbal, no verbal (kinésica, proxémica y paralenguaje), situación comunicativa, puede resultar útil. Pero complejizar el esquema y hacer uso de conceptos y matrices analíticas provenientes de otros campos de conocimiento, como la sociología de las situaciones propuestas por Goffman, puede enriquecer sin duda los análisis que realicemos en este ámbito.
El propósito de este texto ha sido explorar algunas de las ideas básicas de Erving Goffman en torno a la interacción social. El descubrimiento cotidiano de los otros constituye la materia prima de la interacción. La interacción es comunicación con otro distinto a uno mismo, y es mediante este proceso o encuentro que los sujetos adquieren capacidad reflexiva para verse a sí mismos, para proyectar una imagen de sí mismos hacia los demás, acorde con la situación de interacción determinada, y para crearse imágenes de los demás y del entorno.
De la interacción entre los hombres se produce la comunicación en el sentido más pleno, de tal manera que la comunicación humana es la expresión más plena y rica de la comunicación, sobre todo en su sentido original de comunión, comunidad y puesta en común. Como afirma Cárdenas (2003), “de entre las cosas con que el hombre se enfrenta en el mundo, hay una singular que lo asombra y hasta lo confunde: los otros hombres, a quienes reconoce características similares a las suyas e idéntica capacidad de experimentarse a sí mismo y al mundo”.
Concluimos afirmando que la revisión de propuestas teóricas e investigativas de décadas atrás, que en algunas ocasiones parecen ya superadas, puede traer grandes beneficios a nuestro campo de conocimiento, la comunicación, pues ampliar su árbol de exploración, su espectro de posibilidades. En este texto hemos explorado únicamente un autor, Erving Goffman, enmarcado en una genealogía de pensamiento (Escuela de Chicago – interaccionismo simbólico) que bien puede recuperarse para complejizar el uso del término comunicación, polisémico donde los haya.
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