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Orientación Universidad
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segundo tratado, Apuntes de Teoría del Derecho

Asignatura: teoria, Profesor: anonimo anonimo, Carrera: Derecho, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 22/05/2015

Luis_Moreno_123
Luis_Moreno_123 🇮🇹

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b) Segundo tratado sobre el gobierno civil:
En el Segundo Tratado, Locke despliega su teoría del Estado.
Para evitar las luchas por el poder, claudio intenta desterrar la idea del tiranicidio.
Considera que un rey constitucional que esté subordinado al poder civil (del Parlamento
) es más que suficiente. Para acallar las críticas llegará a decir que "Las demás formas
de poder pueden caer también en la tiranía".
John Locke desde un principio es consciente de que uno de los problemas del nuevo
sistema va a ser la corrupción política. Para evitarla propone dividir el poder del Estado
en:
Un Poder Legislativo (el principal para Locke).
Un Poder Ejecutivo
Un Poder Federativo
La primera ley fundamental del Poder Legislativo es que éste es "elegido y nombrado
por el pueblo". La soberanía nacional por tanto queda en manos de este Poder
Legislativo, elegido por el pueblo, y se traducirá en "el poder de legislar" (hacer leyes)
y de "elegir al Poder Ejecutivo".
Los capítulos que componen el segundo tratado son:
Capítulo I (único capítulo sin título, interpolado tardíamente por Locke para
resumir la principal conclusión del primer tratado)
Rechazadas las tesis del origen divino o hereditario del poder, así como el que pudiera
ser fruto de la fuerza o la violencia, John Locke se centra, en este segundo tratado, en la
búsqueda y formulación de una tercera teoría que explique, de modo más convincente,
el verdadero origen del gobierno y del poder político.
Según Locke, el poder político se fundamenta en la propia naturaleza humana,
siendo la libertad y la igualdad sus dos bases esenciales.
La razón y la equidad son las reglas básicas que deben regular las relaciones humanas,
y ellas son las que exigen que, de alguna manera, el infractor de la ley natural sea
castigado de forma adecuada, con la finalidad, siempre, de reparar el daño causado,
enmendar al propio infractor y disuadir a los demás.
Podríamos afirmar, con Locke, que existen tres estados fundamentales:
1º) El estado de naturaleza, es decir, un estado de paz, de buena voluntad, de asistencia
mutua y conservación, pues todos los hombres, por su propia esencia natural, son libres
e iguales unos a otros, no existiendo, desde este punto de vista, ninguna razón que
pudiera justificar el poder de un hombre sobre otro hombre, lo cual sería, por otra parte,
tremendamente peligros, dado que cada uno sería en sí mismo juez y ejecutor.
2º) El estado de guerra, es decir, un estado de enemistad, malicia, violencia y mutua
destrucción. El instinto natural de conservación llevaría, dado el egoísmo humano y sus
pasiones, al abuso de unos hombres sobre otros, según confirman, además, las
conocidas leyes de Darwin, aplicables también a la especie humana.
3º) El estado de sociedad, es decir, el estado intermedio entre el ideal natural y el
estado de guerra, el cual se produce cuando cesa el estado de guerra y las partes se
someten a una autoridad superior, la ley consensuada, que dirima las diferencias.
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b) Segundo tratado sobre el gobierno civil : En el Segundo Tratado, Locke despliega su teoría del Estado. Para evitar las luchas por el poder, claudio intenta desterrar la idea del tiranicidio. Considera que un rey constitucional que esté subordinado al poder civil (del Parlamento ) es más que suficiente. Para acallar las críticas llegará a decir que "Las demás formas de poder pueden caer también en la tiranía". John Locke desde un principio es consciente de que uno de los problemas del nuevo sistema va a ser la corrupción política. Para evitarla propone dividir el poder del Estado en:

  • Un Poder Legislativo (el principal para Locke).
  • Un Poder Ejecutivo
  • Un Poder Federativo La primera ley fundamental del Poder Legislativo es que éste es "elegido y nombrado por el pueblo". La soberanía nacional por tanto queda en manos de este Poder Legislativo, elegido por el pueblo, y se traducirá en "el poder de legislar" (hacer leyes) y de "elegir al Poder Ejecutivo". Los capítulos que componen el segundo tratado son: Capítulo I (único capítulo sin título, interpolado tardíamente por Locke para resumir la principal conclusión del primer tratado)

Rechazadas las tesis del origen divino o hereditario del poder, así como el que pudiera ser fruto de la fuerza o la violencia, John Locke se centra, en este segundo tratado, en la búsqueda y formulación de una tercera teoría que explique, de modo más convincente, el verdadero origen del gobierno y del poder político. Según Locke, el poder político se fundamenta en la propia naturaleza humana, siendo la libertad y la igualdad sus dos bases esenciales. La razón y la equidad son las reglas básicas que deben regular las relaciones humanas, y ellas son las que exigen que, de alguna manera, el infractor de la ley natural sea castigado de forma adecuada, con la finalidad, siempre, de reparar el daño causado, enmendar al propio infractor y disuadir a los demás. Podríamos afirmar, con Locke, que existen tres estados fundamentales: 1º) El estado de naturaleza , es decir, un estado de paz, de buena voluntad, de asistencia mutua y conservación, pues todos los hombres, por su propia esencia natural, son libres e iguales unos a otros, no existiendo, desde este punto de vista, ninguna razón que pudiera justificar el poder de un hombre sobre otro hombre, lo cual sería, por otra parte, tremendamente peligros, dado que cada uno sería en sí mismo juez y ejecutor. 2º) El estado de guerra , es decir, un estado de enemistad, malicia, violencia y mutua destrucción. El instinto natural de conservación llevaría, dado el egoísmo humano y sus pasiones, al abuso de unos hombres sobre otros, según confirman, además, las conocidas leyes de Darwin, aplicables también a la especie humana. 3º) El estado de sociedad , es decir, el estado intermedio entre el ideal natural y el estado de guerra, el cual se produce cuando cesa el estado de guerra y las partes se someten a una autoridad superior, la ley consensuada, que dirima las diferencias.

Evidentemente, el estado de naturaleza es utópico, acorde sólo con una concepción ideal del hombre, pero sirve de fundamento y de auténtica base moral para el estado de sociedad.

Locke distingue sabiamente entre libertad natural , que no admite más norma que la ley natural, y la libertad del hombre en sociedad , que no debe someterse a más normas que las dimanadas del poder legislativo constituido en el seno del Estado. El que desobedezca estas leyes se expone a un estado de esclavitud , es decir, de sometimiento al que aplica la ley, que puede, incluso, utilizarlo en su servicio, cosa hoy impensable.

Por otro lado, razón natural y ley natural son elementos absolutamente correlativos, y en ellos tiene su verdadero fundamento la libertad y su lógico corolario de respeto a sí mismo y a los demás. En estos elementos y en el instinto de autoconservación encuentra su fundamentación la propiedad privada , entendiendo por tal todo aquello que es fruto del esfuerzo y del trabajo personal, sin más límite que el bien de los demás, es decir, que la propiedad privada no implique perjuicio alguno para los otros. Sin duda, el hombres es dueño de su vida, de su trabajo y de sus propias acciones. El verdadero fundamento de la propiedad, y el más evidente, es el trabajo personal, capaz de producir bienes útiles para la vida del hombre. En los inicios, el hombre realiza trueque de bienes con sus vecinos para mejor organizar y satisfacer sus necesidades. Mientras ese trueque se realiza sólo entre bienes perecederos o corruptiles, precisamente los de mayor y más clara utilidad para la vida del hombre (alimnentos, vestidos, etc.), resulta injusta y deshonesta la acumulación innecesaria de dichos bienes, aparte de ilógica, ya que si no se utilizan se echan a perder. Pero la vida del hombre evoluciona y comienza también a intercambiar bienes perecederos por otros no perecederos, dando lugar al nacimiento del dinero, que permite la acumulación de bienes y la extensión de las propiedades, sin por ello causar perjuicio a los demás hombres. Y aquí está el origen de la sociedad capitalista, tan denigrada por determinados sectores del pensamiento, pero que, en los últimos tiempos, se ha quedado, tras la caída del muro de Berlín, como camino único para el desarrollo de las sociedades que quyieran progresar. Otra cosa será que el capitalismo deba ser controlado, a fin de soslayar sus aspectos más inhumanos y salvajes y potenciar aquellos otros que conduzcan a un crecimiento armónico, equilibrado y lo más justo posible.

En cuanto al poder paternal , la doctrina de Locke es de gran actualidad. El poder o derecho de los padres sobre los hijos, más bien un privilegio de los hijos, se refiere sobre todo al mantenimiento y a la educación de los hijos; es siempre un poder temporal, pues éste cesa cuando los hijos adquieren la mayoría de edad, salvo que éstos sufrieran algún tipo de deficiencia por el que no pudieran valerse por sí mismos. Y sobre todo es un poder natural, ya que resulta evidente que la naturaleza ha dotado a los padres de un sentimiento de ternura para con los hijos. No obstante, el poder de los padres está muy lejos de poder dictar leyes que puedan afectar la propiedad, la libertad, los miembros o la vida de los hijos.

Por el contrario, el deber de los hijos es permanente, una especie de gratitud como pago por los por los beneficios recibidos y, en este sentido, un privilegio de los padres. No obstante, el deber de gratitud y respeto de los hijos para con los padres, y el grado en

  • Y respetar la voluntad popular, no tranfiriendo a nadie el poder de hacer leyes ni depositarlo en otro lugar que en aquel que el pueblo haya elegido. Aunque el poder legislativo es el poder supremo del Estado, éste siempre es un poder fiduciario , es decir, delegado por el pueblo a sus representantes, pues el verdadero y supremo poder está siempre en el pueblo. La consecuencia lógica de ello es que todos los demás poderes, incluido el ejecutivo y el federativo, estarán siempre subordinados al legislativo. Y a pesar de que el ejecutivo suela tener la facultad de disolver y convocar al legislativo, no por ello es superior a él.

Como resulta prácticamente imposible que los legisladores puedan prever toda la casuística futura de la realidad, la cual casi siempre es cambiante, la razón natural y el sentido común aconsejan facultar al poder legislativo para que pueda ejercer el derecho de prerrogativa , siempre que el bien de la sociedad lo exija, el cual consiste en tomar ciertas decisiones por sí mismos allí donde la ley no ha prescrito nada, es decir, hacer un bien público, sin regla alguna, y hasta tanto el poder legislativo pueda dictar la ley adecuada al caso. El poder paternal y el poder político buscan el bien, el primero de la prole y el segundo de la sociedad en general, mientras que el despótico sólo busca el beneficio de quien lo ejerce, claro está, siempre a costa del prójimo, por lo cual resulta esencialmente perverso.

Señala Locke que la ambición de los hombres es, y ha sido, tanta, a través de la historia, que frecuentemente han confundido la fuerza de las armas con el consentimiento del pueblo. De ahí los distingos entre guerra por causa justa y guerra por causa injusta, conquista y derechos de conquista, poder despótico, etc. Esta filosofía, que ha tenido su vigencia en otras épocas históricas, está hoy totalmente desfasada, pues más bien se considera que toda guerra es injusta por esencia, y que no puede haber explicación alguna que justifique una guerra. La usurpación (tomar uno posesión de algo a lo que otro tiene derecho) y tiranía (hacer uso del poder que se tiene en beneficio propio, sin tener en cuenta el bien genaral), son abusos de poder que, lógicamente, quedan fuera de lo prescrito por ley. Por ello, en ambas situaciones, el perjudicado tiene derecho a oponerse y a resitir por la fuerza, pues fuerza es lo que se ha empleado contra él. En el último capítulo, Locke repasa las distintas causas de disolución del gobierno. De entre todas ellas, la que no ofrece dudas "es la intromisión de una fuerza extranjera" que llegue a dominar a un gobierno hasta su sustitución por otro. Pero además de esta causa, que podríamos llamar externa, existen otras posibles causas internas, como la descomposición del poder legislativo o cuando el poder lesgislativo, o el príncipe, actúan contrariamente a la misión que se les ha confiado. En todo caso, y siempre, es evidente que la soberanía radica en el pueblo, el cual la deposita en sus representantes legítimamente elegidos para que, en su nombre, ejerza el poder en nombre del bien de esa sociedad. Y siempre que, tanto el poder legislativo como el ejecutivo, cumplan con esa misión sagrada de velar por el bien general de la comunidad, será una rebelión tratar de alterar su naturaleza, impedir que puedan cumplir sus funciones, o sencillamente sustituirlo por otro gobierno. Señalar, finalmente, que me ha parecido un libro muy profundo. Su lectura no me ha parecido difícil, pero sí me he visto obligada a leerlo muy despacio, y en muchos casos releer, para poder enterarme bien. Su lectura también me ha sorprendido gratamente,

pues he aprendido muchos conceptos que desconocía y, en general, creo que me ha enseñado muchas cosas importantes para mi carrera.