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Severino Di GIovanni, Monografías, Ensayos de Historia

El anarquismo, el amor y la pena de muerte. El brazo ejecutor del Estado y la opinión pública.

Tipo: Monografías, Ensayos

2019/2020

Subido el 14/03/2020

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“El anarquismo, el amor y la pena de
muerte. El brazo ejecutor del Estado y la
opinión pública.”
Mariano Palena
Problemática Política, Jurídica y Ciudadana
Instituto Superior del Verbo Divino
Quilmes, 15 de Noviembre de 2018
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“El anarquismo, el amor y la pena de

muerte. El brazo ejecutor del Estado y la

opinión pública.”

Mariano Palena

Problemática Política, Jurídica y Ciudadana

Instituto Superior del Verbo Divino

Quilmes, 15 de Noviembre de 2018

Índice general

  • Prólogo…………………………………………………..……………………...Página
  • Introducción...……………………………..…………………………....………Página
  • …………………………....……….....Página El anarquismo y la pena de muerte en Argentina...……………………………..
  • Severino y América...……………………………..……………………….…..Página
  • El idealista de la violencia…………………………………………………..…Página
  • El rol de los medios……………………………………………………….......Página
  • Un final anunciado………………………………………………………….…Página
  • Conclusiones generales..………………………………………………….….Página
  • Bibliografía y recursos………………………………………………………...Página

Introducción Terminando los años veinte del siglo anterior, una crisis sacude al capitalismo y deriva en una gran crisis económica a nivel mundial. Gran Bretaña crea la Commonwealth (área preferencial con sus ex colonias), para asegurarse que no caiga su moneda y además poder competir con el mercado mundial de carnes. Esta competencia le trajo graves problemas a la Argentina. Un país golpeado por la crisis financiera y económica mundial, termina vislumbrando la caída de sus exportaciones, basadas en el agro, por ende, comienza a percibir muchas menos divisas que las necesarias para abastecerse. Pero su presidente, Hipólito Yrigoyen continúa con el pago de la deuda externa, lo cual genera un fuerte déficit del Estado. La industria busca entonces sustituir los productos importados, o sea fabricarlos aquí mismo, lo cual trae un crecimiento de los sectores alimenticios, mecánicos, químicos y textiles, por lo menos durante toda la década del ’30. Esto concluye en el movimiento de los capitales hacia la industria, dejando atrás la dedicación a las exportaciones. Comienzan a crecer los planteles obreros dado al éxodo que se produce en el campo; los trabajadores y productores rurales se mudan a la ciudad para trabajar en las recién creadas fábricas. Yrigoyen ya transita su segundo mandato y el apoyo de los sectores medios y populares comenzó a menguar. Las denuncias de corrupción en los medios de comunicación, sumado a la falta de apoyo de sus ministros que comienzan a renunciar, más el acuso de incapacidad de gobernar debido a sus dificultades físicas, colaboran para que se produzca el primer Golpe Militar, derrocando al presidente constitucional Ahora bien, hay dos propuestas para llevar adelante la gobernabilidad: por un lado los nacionalistas , atraídos por las ideas que se propagan a nivel mundial de regímenes de este tipo, encabezados por José Félix Uriburu, presiente de facto; por otro lado los conservadores dirigidos por Agustín P. Justo, que proponen una vuelta al modelo político previo a la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto masculino, universal, secreto y obligatorio. Dicho lo anterior y ubicándome ya en tiempo y espacio, y para no aburrir con un relato histórico referido a las Década Infame, realizaré un pequeño recorrido para explicar por qué ésta monografía trata de lo que resume su título: “El anarquismo, el amor y la Pena de Muerte. El brazo ejecutor del Estado y la opinión pública.” El objetivo principal de este trabajo es poder vislumbrar la relación que tuvo la militancia anarquista en nuestro país con la dura realidad que se vivía en ese

momento, en donde la persecución del Estado y la aplicación de la pena de muerte, según el caso, eran utilizadas para conservar el orden. Si bien no se pueden justificar los actos violentos llevados a cabo por el protagonista principal de esta monografía, es importante remarcar la influencia que tuvo la aplicación de la pena máxima en los Estados Unidos sobre Sacco y Vanzetti, dos inmigrantes italianos anarquistas, ejecutados por electrocución en ese país. La repercusión de estas muertes, cayeron plenamente sobre un militante italiano, anarquista y editor del periódico “Culmine”: Severino Di Giovanni. Lo que voy a incluir además en este trabajo, porque a mi criterio no puede quedar fuera de él, es su vínculo con América Scarfó, hermana de su amigo, socio y camarada militante, Paulino. ¿Por qué incluir una historia de amor cuando en realidad voy a escribir sobre la pena de muerte? Porque en base a esa historia y a las cartas escritas por América y Severino, que luego ella recuperó hace pocos años atrás, podemos ver hasta dónde puede llegar una persona que militaba en el anarquismo, qué es lo que pensaban, y poder llegar a la pregunta que a mi criterio es la más importante, que es la que se hace Osvaldo Bayer: ¿es lícita la violencia individual frente a la injusticia social? Concluyendo esta pequeña introducción, haré un recorrido por la vida de Severino Di Giovanni, utilizando una pequeña biografía publicada en “Esperanza Libertaria” y tomando algunas ideas de Osvaldo Bayer en “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia”. Incluiré el procedimiento de la pena de muerte utilizado en esas épocas y contaré el final anunciado, basándome en “He visto morir” de Roberto Arlt. Sumado a lo anterior, escribiré, dado el caso, sobre el rol del Estado y la construcción de la opinión, concurriendo a autores como Oscar Oszlak y Giovanni Sartori.

El presidente de facto Uriburu se nombró a si mismo presidente provisional y decretó la disolución del Congreso, asumiendo el poder de ambos poderes, el legislativo y el ejecutivo. Además intervino las provincias con excepción de San Luis y Entre Ríos, que eran gobernadas por conservadores. Uriburu fue muy poco resistido por algunos estudiantes y el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. El legislador Alfredo Palacios renunció a su cargo, pero los partidos Demócrata Progresista y Socialista Independiente, reconocieron al presidente de facto. El modelo pretendido por Uriburu se basaba en un nacionalismo católico neocorporativista, cuya Constitución promovía una cámara corporativa, con representación de los sindicatos y empresarios, y otra cámara con la representación política. Comienza entones la persecución a los dirigentes radicales, que fueron arrestados; se prohibió la manifestación pública y se decretó la ley marcial para cualquiera que fuera incurriendo a cualquier delito. También se prohibieron las huelgas, que pasaron a ser delitos graves. Queda claro entonces que además de perseguir opositores y establecer una especie de Estado de sitio, la forma de control sería por demás violenta. El control del Estado para conservar el orden, que es quien tiene el monopolio de la coerción y la violencia, fue legitimado entonces por la gran mayoría de los ciudadanos. Fueron muy pocos los que intentaron resistir y se opusieron abiertamente. “… existe monopolio del ejercicio legítimo de la violencia cuando ésta pasa a ser un recurso de última instancia, expresado en un aparato de coerción en reserva, que el estado sólo moviliza en circunstancias extremas, sirviendo en cambio como poder coactivo casi virtual, que garantiza el pacto de gobernabilidad que se ha dado una determinada sociedad. Ello no ocurre cuando otras expresiones de uso de la violencia, sostenidas en consignas políticas que también reclaman legitimidad o encarnadas en diversas formas de delincuencia, desatan cotidianamente la represión estatal, debilitando el consenso social. Tampoco existe monopolio de la violencia cuando una parte del territorio nacional se encuentra bajo el control de fuerzas irregulares, se trate de la guerrilla, el narcotráfico o cualquier movimiento contestario del poder legítimo del estado para ejercer tal monopolio.”^1 En este contexto es donde entra el anarquismo con su propaganda clandestina y la figura principal por esas épocas, que es la de Di Giovanni. Y es aquí también donde aparece la figura del Estado, que no sólo va a perseguir, sino que va a encarcelar, juzgar muy rápidamente y va a aplicar la pena de muerte por medio del fusilamiento. 1.- “El futuro del Estado”, Oscar Oszlak, Artículos de Prensa, Buenos Aires, 2003, pág. 2 y 3.

Severino y América Instalado en la Argentina, precisamente en la localidad de Morón, comienza su recorrido propagando las ideas anarquistas más radicales. Viajaba a la ciudad de Buenos Aires para trabajar de día como tipógrafo, y por las noches escribía los artículos que iba a publicar en “Culmine”. Algunas persecuciones y las necesidades económicas, llevaron a Severino a mudarse con su familia a una pequeña pieza que le alquilaba el padre de su camarada, también militante del anarquismo radical, Paulino Scarfó. Típica familia de trabajadores, los Scarfó llevaban una vida austera y con las típicas complicaciones de la clase media baja. Padre de familia autoritario y conservador, que jamás aceptaría que su hija América, abandone su hogar soltera y mucho menos con un hombre casado. El caso es que con el pasar del tiempo, América se enamoró de Severino; un amor imposible en un principio, puesto que la condena social de una historia de amor entre un hombre casado y diez años mayor, podía resultar insoportable. “El motivo de la presente es, principalmente, consultarlo. Tenemos que actuar, en todos los momentos de la vida, de acuerdo a nuestro modo de ver y de pensar, de manera que los reproches o las críticas de otra gente encuentren a nuestra individualidad protegida por los más sanos conceptos de responsabilidad y libertad en una muralla sólida que haga fracasar a esos ataques. Por eso debemos ser consecuentes con nuestras ideas.” Continúa América escribiendo a Émile Armand: “Mi caso, camarada, pertenece al orden amoroso. Soy una joven estudiante que cree en la vida nueva. Creo que, gracias a nuestra libre acción, individual o colectiva, podremos llegar a un futuro de amor, de fraternidad y de igualdad. Deseo para todos lo que deseo para mí: la libertad de actuar, de amar, de pensar. En el amor, por ejemplo, no aguardaremos la revolución. Y nos uniremos libremente, despreciando los prejuicios, las barreras, las innumerables mentiras que se nos oponen como obstáculos. He conocido a un hombre, un camarada de ideas. Según las leyes burguesas, él está ‘casado’. Se ha unido a una mujer como consecuencia de una circunstancia pueril, sin amor.”^2 El anarquista francés Armand le respondió a América por carta que lo que su opinión no importaba, que debía ignorar los insultos y los comentarios, y que debía continuar su camino: “Toda mujer unida a un anarquista (o viceversa) sabe muy bien que no deberá ejercer sobre él o sufrir de parte de él una dominación de cualquier orden”. 2.- Carta de América Scarfó para Émile Armand, publicada en periódico El Sol en el Ácrata.

que ha germinado lejos del vicio y del prejuicio es puro, y en su pureza no se puede contaminar. Y lo incontaminado pertenece a la eternidad. (…) Serás el ángel celestial que me acompañe en todas las horas tristes y alegres de esta mi vida de insumiso y rebelde. Contigo, ahora y siempre ”.^3 El rol de los medios La opinión pública es un conjunto de opiniones generalizadas que se distribuyen entre el público de manera interna, y que son, según Sartori, del público porque el sujeto real es el público. Tanto el interés general como el bien común y los problemas colectivos o el orden generalizado, son de naturaleza pública, son la cosa pública. Explica Sartori: “las opiniones son convicciones débiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y profundamente arraigadas, entonces se transforman en creencias (y el problema cambia).”^4 En la época que estoy abordando en esta monografía, eran los periódicos fundamentalmente los que plasmaban la opinión pública, dirigiendo las opiniones sosteniendo que la prensa era libre y de múltiples voces. Pero no fue tan así. El “Culmine” de Di Giovanni, era clandestino. No había libre prensa y las voces no se multiplicaban a plena luz del día. Y de tal forma operó la prensa en cuanto al caso Di Giovanni: Había expresado en párrafos anteriores la imposibilidad de justificar la violencia o la lucha de la violencia por medio de la misma. Lo que sí puedo sostener es que la opinión pública en relación a este caso, fue formada a partir de las necesidades y las órdenes del Gobierno de facto. La prensa no solo entretuvo a la población, sino que también formó una opinión legitimadora acerca del final que debía tener Di Giovanni, que fue aplicar la ley marcial. 3.- Severino Di Giovanni, “el idealista de la violencia”, Osvaldo Bayer, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1970, capitulo El anarquista, el amor y la mujer. Pág. 114. 4.- “La opinión teledirigida – Videopolítica”. Giovanni Sartori. 1993. Pág. 1, 2 y 3.

Un final anunciado “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas.” Así se expresaba Severino Di Giovanni en el último panfleto que publicó. Pocas horas después fue detenido y otras tantas luego se dictaminó su sentencia: sería fusilado al día siguiente. Desde 1906 estaba vigente el protocolo a seguir en estos casos, que era muy parecido al protocolo de fusilamiento para el personal militar o del ejército. El condenado a muerte debía ser fusilado en presencia de tropa, en el lugar y en el horario que designara el presidente de la Nación. Se ejecutaba de forma pública y no pasadas las 24 horas de la notificación al reo, controlándose todo por el fiscal de la causa. Se le notificaba al reo la sentencia leyéndola íntegramente, y una vez notificado era puesto en “capilla” y ahí podía recibir las visitas que quisiese. A la hora señalada se daba el cumplimiento de la sentencia, llegando el reo con ocho soldados de escolta y se lo vendaba y se lo sentaba en el banquillo. Se abría fuego y luego el sargento daba el tiro de gracia. El procedimiento era constatado por el fiscal y luego se inhumaba el cadáver del reo. El procedimiento y el final de Di Giovanni, no solo fue relatado por la prensa, sino que también tuvo un testigo presencial, muy conocido en este país: Roberto Arlt. Escribió Arlt un pequeño artículo, en donde relata los últimos instantes del anarquista. “Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir”. Y así fue. Continúa su relato: “… ‘artículo número…ley de estado de sitio… superior tribunal… visto… pásese al superior tribunal… de guerra, tropa y suboficiales…’ Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno.” “¡Viva la anarquía!” fueron las últimas palabras de Severino. Y Arlt concluye el artículo de una manera, a mi criterio, muy curiosa: “Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra. Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzáles Tuñón, de Crítica y Gómez, de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara: ‘Está prohibido reírse.’ ‘Está prohibido concurrir con zapatos de baile’.”^5 5.- “He visto morir. El fusilamiento de Severino Di Giovanni.” Roberto Arlt. 1 de febrero de 1931

Bibliografía Contexto y militancia, extraído de artículo disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Severino-Di-Giovanni “El futuro del Estado”, Oscar Oszlak, Artículos de Prensa, Buenos Aires, 2003, pág. 2 y

El Sol Ácrata, Periódico Anarquista. América Scarfó, carta a Emile Armand, 3 de diciembre de 1928. “He visto morir. El fusilamiento de Severino Di Giovanni.” Roberto Arlt. 1 de febrero de

“La opinión teledirigida – Videopolítica”. Giovanni Sartori. 1993. Pág. 1, 2 y 3. “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia.”, Osvaldo Bayer, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1970, capitulo El anarquista, el amor y la mujer. Paginas, 111 – 121. “Severino Di Giovanni, Pasión Anarquista_._ ”, Cristina Noble, Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2006.