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Asignatura: Literatura española de los siglos XVIII y XIX, Profesor: , Carrera: Filología Hispánica, Universidad: USAL
Tipo: Apuntes
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El sí de las niñas es la obra teatral más importante escrita por Leandro Fernández de Moratín. Se trata de una comedia, escrita en prosa, cuya estructura consta de tres actos.
Esta obra representa, por primera vez, el tema de los matrimonio de conveniencia y de la sumisión de los hijos respecto a la autoridad ejercida por sus padres.
Moratín sentía una predilección por el género de la comedia, queriendo representar al género humano de una mejor forma, dibujando sus defectos e instruir moralmente a su público. Por ello, se dice que su obra tiene ciertos detalles que cumplen una función “pedagógica”.
En cuanto a contexto, tras el esplendor y la expresividad del teatro Barroco del siglo XVII se instala una nueva concepción artística, caracterizada por la contención. Se trata del Neoclasicismo del siglo XVIII. Así, el teatro Neoclásico, haciendo honor a su nombre, se ajusta a las normas clásicas. Una de éstas, muy relevante, es la observación de la regla de las tres unidades: de tiempo, de acción y de lugar. Además, busca moralizar y/o educar al público. Nos referimos a la época ilustrada, cuyo exponente literario es “El sí de las niñas”. En ésta, Leandro Fernández de Moratín transmite, a través de lo teatral, su crítica óptica acerca del amor por conveniencia. Al autor le debemos el haber sentado las bases del teatro español contemporáneo.
Su autor escribió la obra en 1801, y el 24 de enero de 1806 tuvo su primer estreno. El sí de las niñas fue la obra de mayor aceptación de la época y el mayor acontecimiento teatral del siglo. Su éxito también supuso el abandono de la escena por parte de Moratín.
Esta obra, como anteriormente se ha dicho, fue prohibida por la Inquisición de Fernando VII, debido al mensaje de la misma, inspirado en la Ilustración, en el cual se hacía un llamado a que la autoridad actuase conforme a los dictados racionalistas. En 1834, volvió a publicarse, pero con las censuras oportunas.
La joven Paquita ha recibido la formación de un convento de monjas de Guadalajara y no ha tenido la oportunidad, aún, de conocer el mundo. Es inocente e inexperta. Por parte de su madre, se encuentra destinada a un hombre mayor, don Diego. Pero Paquita está totalmente enamorada de don Carlos, un militar, sobrino del anciano. Todo esto sucede en una posada, a la que asiduamente acude don Carlos para evitar la boda de Paquita, sin conocer la verdad: que ésta está prometida con su propio tío. Pero cuando consigue enterarse de todo, don Carlos renuncia a su amor. No obstante, el anciano resulta ser un hombre de bien que acaba entendiendo a la joven pareja y entonces se acaba sacrificando por ello. Así, da su bendición a doña Francisca y a don Carlos, en contra de doña Irene y de su déspota voluntad.
La obra de Moratín se basa en las propias características que se le dan al teatro de la Ilustración, esto es, una unidad perfecta de tiempo, es decir, el tiempo de la acción coincide con el tiempo de la representación; y la unidad de lugar, en la que la acción sucede en una posada de Alcalá de Henares.
Es una obra escrita completamente en prosa.
El carácter de la obra es propio del teatro neoclásico, en el que se habla de un problema cotidiano que nos propone una nueva enseñanza respecto a los dictados de la razón, puesto que su fin en la crítica hacia la autoridad que ejercen los padres sobre sus hijas respecto al matrimonio, en el cual únicamente se centran en la economía del futuro marido para la hija.
Esta obra habla de la igualdad de la mujer en la sociedad, intentando renovar las costumbres y las tradiciones que tenía aquel tiempo, intentando evolucionar respecto al estado de la mujer.
En aquel tiempo se daban mucho los matrimonios por conveniencia entre mujeres jóvenes, algunas prácticamente niñas, y hombres de una cierta edad adulta. Esta costumbre que había no era aceptada por los pensadores ilustrados, entre ellos el autor de la obra expuesta, ya que esta tradición contradecía al amor verdadero entre dos personas, las cuales tienen que unirse por su amor, y no por el dinero o la apariencia. También rechazaban esta costumbre porque, el que una mujer joven se casase con un hombre ya maduro, suponía un decrecimiento de la población, debido a que, en muchas ocasiones, estas parejas solían tener poca descendencia o prácticamente no llegaban a tener ningún hijo/a. En la obra de El sí de las niñas se presenta un ejemplo de ello cuando Irene, casada en varias ocasiones con hombres de cierta edad, únicamente pudo tener una hija, ya que los 22 que tuvo anteriormente fallecieron al nacer.
Leandro Fernández de Moratín no era un revolucionario de su tiempo, sino más bien un reformista que lo que intentaba era cambiar una situación injusta por una justa de manera sutil y discreta, intentando evitar los problemas con la autoridad pero haciendo ver su pensamiento mediante sus obras. Por ellos, los dos protagonistas de su obra, don
Encontramos, en el mismo contexto, un tema secundario, al que el autor se refiere con la crítica hacia las uniones o matrimonios desiguales, concertados por motivos económicos, sin que intervenga ninguna querencia de pasión.
“El sí de las niñas” puede considerarse, en cierto modo, como una biografía del propio Moratín. Y es que a él mismo, cuando era un muchacho, le tocó vivir un caso muy parecido al relatado en el libro. Así, de joven se enamoró de Sabina Conti, la cual tuvo que contraer matrimonio con su primo hermano, el autor Gianbattistta Conti, que rondaba la cuarentena. Esta vivencia, que indudablemente marcó a Moratín está muy bien desarrollada en “El sí de las niñas” y en “La niña y el viejo”, obra muy similar de
la que hablo en este trabajo.
Respecto a mi opinión de esta obra, debo decir que me ha sacado la sonrisa más de una vez gracias al estilo y las escenas que son expone el autor. Me he sentido identificada, al ser mujer pienso, con doña Paquita respecto a la obra, y con las mujeres de esa época, ya que para una mujer es muy difícil tener que contraer matrimonio con una persona a la que no conoces de nada y con una gran diferencia de edad entre ambos. En ese aspecto tengo el mismo pensamiento que Moratín y que otros autores con esta mentalidad. No se debe prohibir a los jóvenes estar con la persona amada y expresar sus sentimientos, y mucho menos atarlos a otros individuos con los cuales, posiblemente, no podrán ser felices y, en muchas ocasiones, tener un futuro y agrandar la familia a causa de la diferencia de edad.
Por otra parte, debo decir, que los matrimonio por conveniencia no se han dado únicamente en ese tiempo, sino que también se dieron en un pasado y, en la actualidad, tristemente, se sigue dando, sobre todo en los países asiáticos y zonas cercanas a ellos, en los cuales la mujer sigue sin tener libertad de pensamiento y es manejada por el hombre, ya sea su padre, su hermano o su futuro marido, al cual, en muchas ocasiones, como ocurre en El sí de las niñas y como ha ocurrido en el mundo real en otros tiempo, apenas se conocen. Y esto es triste en la actualidad que vivimos, que las mujeres no tengamos, ni siquiera, el derecho a decidir cuáles son nuestros sentimientos y con quien queremos relacionarnos.