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Asignatura: Teoria de la Comunicació i Teoria de la Informació, Profesor: , Carrera: Publicitat i Relacions Públiques, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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Presentación de las obligaciones
Para concebir de forma concreta la obligación hacia los seres humanos y subdividirla en varias obligaciones, basta con concebir las necesidades terrestres del cuerpo y del alma humana. Cada necesidad es el objeto de una obligación. Las necesidades de un ser humano son sagradas. Su satisfacción no puede ser subordinada ni a la razón de Estado ni a ninguna consideración sea ésta de dinero, de nacionalidad, de raza, de color, ni del valor moral u otro atributo de la persona en consideración, ni a ninguna condición cualquiera que sea. El único límite legítimo a la satisfacción de las necesidades de un ser humano determinado es el que establece las necesidades y carencias de otros seres humanos. El límite no es legítimo más que si las carencias de todos los seres humanos reciben el mismo grado de atención. Se trata solamente de las necesidades terrestres porque son las que el hombre puede satisfacer. Se trata de las necesidades tanto del alma como del cuerpo. El alma tiene sus necesidades y cuando no son satisfechas se encuentra en un estado análogo al de un cuerpo hambriento y mutilado. El cuerpo humano tiene sobre todo necesidad de alimento, de calor, de sueño, de higiene, de reposo, de ejercicio, de aire puro. Las necesidades del alma pueden en su mayor parte ser ordenadas por parejas que se hacen equilibrio y se completan. El alma humana tiene necesidad de igualdad y de jerarquía. La igualdad es el reconocimiento público, expresado eficazmente en las instituciones y las costumbres, del principio que establece que un grado de atención parejo es debido a las necesidades de todos los seres humanos. La jerarquía es la escala de las responsabilidades. Ya que la atención se inclina a dirigirse y demorarse en las alturas, disposiciones especiales se hacen necesarias para que la igualdad y la jerarquía resulten de hecho compatibles. El alma humana tiene necesidad de obediencia consentida y de libertad. La obediencia consentida es aquella que se le otorga a una autoridad porque uno estima que ella es legítima. No es posible en relación con un poder político establecido mediante conquista o mediante golpe de Estado, ni en relación con un poder económico fundado sobre el dinero. La libertad es el poder de escoger al interior del margen que permiten la constricción directa de las fuerzas de la naturaleza y la autoridad aceptada como
legítima. El margen debe ser lo suficientemente grande como para que la libertad no sea una ficción, pero extendido solamente a las cosas inocentes sin que jamás ciertas formas del crimen resulten lícitas. El alma humana tiene necesidad de verdad y de libertad de expresión. La necesidad de la verdad exige que todos tengan acceso a la cultura del espíritu sin tener que sufrir de un trasplante material ni moral. Exige que no se ejerza jamás en el ámbito del pensamiento ninguna presión material o moral que proceda de una intención ajena a la exclusiva preocupación por la verdad –lo cual implica la prohibición absoluta de toda propaganda sin excepción. Exige la protección contra el error y la mentira, lo cual transforma en falta reprensible toda falsedad material que pueda ser evitada de forma pública. Exige que se proteja la salud pública de los venenos en el campo del pensamiento. Pero la inteligencia tiene la necesidad, para ejercitarse, de poderse expresar sin que ninguna autoridad la limite. Se necesita, pues, un campo de investigación intelectual independiente pero accesible a todos y donde ninguna autoridad intervenga. El alma humana tiene necesidad, por un lado, de soledad e intimidad; por otro lado, de vida social .** El alma humana tiene necesidad de propiedad personal y colectiva. La propiedad personal nunca está constituida por la posesión de una suma de dinero, sino por la apropiación de objetos concretos tales como casa, campo, muebles, utensilios, que el alma contempla como una prolongación de sí misma y de su cuerpo. La justicia exige que la propiedad personal, de tal forma comprendida, sea inalienable como la libertad. La propiedad colectiva no se define por un título jurídico sino por el sentimiento de un medio humano que contempla ciertos objetos materiales como una prolongación o cristalización de sí mismo. Este sentimiento se hace posible mediante ciertas condiciones objetivas. La existencia de una clase social que se defina por la falta de propiedad personal y colectiva es tan bochornosa como la esclavitud. El alma humana tiene necesidad de castigo y de honor. Todo ser humano que mediante el crimen se ha colocado fuera del bien necesita ser reintegrado al bien por medio del dolor. El dolor debe ser infligido con vista a conducir al alma a reconocer un día, libremente, que ha sido infligido con justicia. Esta reintegración en el bien es el castigo. Todo ser humano inocente, o que ha terminado de expiar, necesita que su honorabilidad sea reconocida como igual a la de cualquier otro.