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Asignatura: historia antigua, Profesor: X X, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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(Materiales para alumnos de Historia del Arte. Curso 2014-2015)
“No es enteramente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia” (María Zambrano, El hombre y lo divino , Madrid 1991, 25). “La escritura académica es capaz de abordarlo todo y de quitarle sentido a todo” (Juan Carlos Rodríguez, De qué hablamos cuando hablamos de Marxismo , Madrid 2013, 133).
1.1. La Historia como A ) patria del hombre (Ortega y Gasset) o memoria popular, sin o con escritura (García Calvo), B ) lucha de clases (Marx) y C ) discurso del poder (Foucault), escrito, cambiante y manipulable. El paradigma de las culturas mesopotámicas, egipcia y grecorromana. La historia como relato popular: el paradigma bíblico y evangélico. 1.2. Nacimiento y desarrollo de la historiografía. Los valores clasistas, políticos y patrióticos de la historiografía clásica greco-romana. Las historias nacionales: Beroso y Manetón. Las innovaciones de la historiografía cristiana. El declive de la historiografía clásica durante la Antigüedad Tardía. Crónicas y hagiografías. La reacción burguesa de la época renacentista e ilustrada. La revolución romántica y nacionalista: la historia de los pueblos. Historia Antigua e Historia Universal. El imperialismo occidental y el descubrimiento de las civilizaciones orientales. Crisis de las interpretaciones teológicas y de la Biblia como manual de historia. El clasicismo europeo y el menosprecio de Oriente (Frazer, Ortega…). 1.3. Periodización y ámbitos geográficos de la Historia Antigua.
2.1. Pueblos y escrituras del Próximo Oriente. Los testimonios literarios y arqueológicos de Mesopotamia y Egipto. Limitaciones documentales y cronológicas de nuestra información: la historia de Oriente, historia en construcción y renovación constante. Egiptología y asiriología. 2.2. Los condicionamientos geográficos: modo de producción asiático y despotismo oriental. 2.3. La religión domina y contamina todos los aspectos de la vida, y lo hará con una intensidad superior a las de otras civilizaciones antiguas, como la grecorromana. Como apunta Moscati (1963, 338), hay que esperar a la Edad Media para encontrar algo similar. Debe tenerse en cuenta, no obstante, que casi toda la información se refiere a las clases dirigentes, por lo que, en rigor, es poco lo que podemos asegurar sobre el pueblo, es decir, sobre la mayoría de la población. En este aspecto, y con estas reservas, podríamos subrayar que A) se trata, en esencia, de religiones naturalistas, basadas en el culto a las fuerzas cósmicas, si bien los dioses se conciben a imagen del hombre (con pasiones, matrimonios, hijo...), según vemos en sus diversos mitos. B) Los rituales y festividades suelen adaptarse al ciclo estacional, cuyos cambios conmemoran bajo la dirección de un clero especializado a cuya cabeza suele figurar el propio rey (en Mesopotamia, un rey humano, en Egipto un faraón divinizado). El objetivo principal es asegurar la fertilidad y la renovación de la vida, ante la cual el hombre mesopotámico parece un asunto menor, mientras que en Egipto la vida de los hombres y la naturaleza parecen integradas. C) En esta mentalidad se comprende la importancia singular de la magia y de la adivinación, para curar o prevenir males. D) El monoteísmo israelita y persa, a pesar de sus limitaciones, supone una revolución espiritual. El mundo divino y el humano se separan y el vínculo de la religión con el Estado se debilita, en tanto que un dios único debe ser universal, sin limitaciones étnicas o políticas. De ahí que este proceso no fuera impulsado por los Estados, sino que, por el contrario, llevó a un conflicto de la religión con el Estado, cuyo mejor ejemplo, aunque tardío, sería el Cristianismo.
2.4. La literatura y el arte, anónimos y casi inmutables, están en su mayor parte al servicio de la religión y del poder. De ahí la importancia y abundancia de relatos míticos o la preocupación por
la muerte, y el protagonismo de templos, pirámides o relieves. Sólo en Egipto encontramos estatuas de "simples" particulares, de modo que sólo aquí la escultura, además de narrativa, es representativa, en cuanto no pretende describir una acción sino también aislar un estado.
2.5. Las aportaciones de estas civilizaciones son inmensas (escritura, matemáticas, astrología, mitos, instituciones...). La suya fue una experiencia humana extraordinaria, de incalculable valor, una aventura intelectual sin parangón posible por su originalidad y por las condiciones en que se llevó a término. Es cierto, sin embargo, que no floreció un pensamiento filosófico, ni podía hacerlo con sus postulados epistemológicos de carácter mítico. Pero pusieron las bases para que este salto se diera, de modo que podemos hablar de continuidad y de evolución entre Oriente y Grecia. A fin de cuentas fue un griego (Pseudo Platón, Epinomia , 987 d) quien afirmó: "Lo que nosotros los griegos tomamos a los extranjeros lo transformamos para hacer algo más bello". En eso precisamente consistió, como señala Moscati (Ibid. 358) "el milagro griego".
Escritura cuneiforme (Mesopotamia) y jeroglífica (Egipto)
2.6. Otras similitudes y diferencias entre Egipto y Mesopotamia. A. La orografía de Mesopotamia es más variada, y menos protegida y autosuficiente. B. Las estructuras políticas de los Estados mesopotámicos fueron, por lo general, menos estables y unitarias (idea generalizada, pero discutible en mi opinión), y con más importancia de la ciudad. C. La ideología y creencias religiosas de las culturas mesopotámicas fueron posiblemente (pero también discutible) más tensas, dinámicas, humanas y “modernas”. Por otra parte, todos estos pueblos han superado o están en trance de superar la llamada Revolución urbana, cuyos rasgos principales pasamos a enumerar.
3.1. La revolución neolítica y sus consecuencias ecológicas (inicio del sedentarismo), económicas y mentales (control de la producción y de la reproducción). Posible reflejo en la espiritualidad: los inicios de la religión y de los conflictos armados. 3.2. Descubrimiento y difusión de la metalurgia, de la escritura (cf. Trigger, 83) y del calendario. Implicaciones históricas. Las grandes obras públicas, religiosas y de propaganda: aparición y consolidación del Estado y de las clases sociales. 3.3. Los primeros códigos. La formación del patriarcado y el sometimiento de la mujer.
MESOPOTAMIA EN EL MILENIO III: SUMERIOS Y ACADIOS Dada la diversidad de pueblos y culturas conocidas en Mesopotamia durante los más de tres milenios anteriores a nuestra era, es prácticamente imposible, si no improcedente, hacer un estudio detallado de cada una de ellas o tratar de agruparlas en menoscabo de sus peculiaridades individuales, temporales o locales. Moscati (1963) plantea distinguir entre A) "Los elementos" o civilizaciones fundamentales del Próximo Oriente (aquí se incluirían las culturas de sumerios,
a muchas de estas ciudades, que acabaron integrándose en el primer gran imperio conocido, el del semita Sargón de Acad, con el que se consolidó la idea de “monarquía universal” (se proclamó “rey de las cuatro partes”) frente a la ya inoperante poliarquía urbana sumeria.
4.1. Aspectos económicos, sociales y políticos A) Predominio de la agricultura, frente a los demás sectores productivos, lo que no impidió una intensa actividad comercial y un desarrollo notable de la artesanía y el arte. No se documentan esclavos a la manera del mundo grecorromano, pero la mayoría de la población (¿semilibres?) estaba obligada a trabajar en proyectos del templo y del palacio. Los abusos e injusticias debieron ser cada vez más frecuentes, como prueban las reformas de Urukagina en favor de los sectores marginados.
Fragmentos de la Estela de los buitres (Eannatum, ensi de Lagash). Louvre
B) Aunque originariamente las ciudades parecen gobernadas por asambleas populares y por consejos de ancianos, lo más destacable es la centralización en templos y palacios, cuyos jefes acaparaban singular poder y prestigio. Las riquezas de los templos han permitido hablar de ciudades-templos y de régimen “estatal social-religioso”, encabezado por el sumo sacerdote o “ ensi ”. El palacio (presidido frecuentemente por un personaje llamado “ lugal ”) desempeñaba un papel similar, pero nunca se cuestionó el lugar preponderante que debían ocupar los templos. No obstante, la realeza se fue imponiendo poco a poco, ejerciendo funciones variadas (militares, religiosas, jurídicas), orientadas todas a mantener la armonía con la naturaleza y el cosmos, es decir, asegurar el bienestar de la ciudad (fenómeno propio y capital de los Estados antiguos, incluso del Imperio cristiano). Así pues, los conflictos internos, entre sacerdotes y reyes, fueron tan inevitables como los conflictos externos, entre ciudades. Los reyes no llegaron a divinizarse ni a legitimar un poder dinástico, y de ahí sus diferencias con la realeza egipcia, su inestabilidad intrínseca y los frecuentes problemas sucesorios. No obstante, al ser representantes del dios protector de la ciudad, su mandato tenía una fuerte impronta teocrática. La abundancia, en todo caso, de textos económicos, lingüísticos, médicos, científicos y jurídicos hace pensar en una sociedad bien organizada, basada en un derecho básico. conocemos normas especificas y procesos sobre relaciones particulares (la reparación predomina sobre la ley del talión, propia de los semitas) y, sobre todo, acerca del matrimonio, donde la mujer ocupó una posición mejor que la detectable en la cultura semita.
4.2. Religión y cultura Las crónicas conservadas, sean de orden político, militar o religioso, recogen hechos y datos importantes (para ellos), pero rara vez juicios de valor o generalizaciones o discursos narrativos o teóricos, como gusta al hombre moderno. De esta documentación, y de los testimonios arqueológicos, podríamos destacar los siguientes aspectos:
A) Conocemos más de 500 divinidades, en su mayoría de ámbito ciudadano, pero a menudo asimiladas a potencias cósmicas o de la naturaleza (lo que a veces implica cierta jerarquía). Entre ellas destacaron Inanna y Dumuzi (fecundidad y reproducción), An (el cielo, que suele aparecer como padre de los dioses), Enlil (dios creador y del aire), Enki (dios de la sabiduría y del océano primordial). De voluntad impredecible (de ahí la importancia de la adivinación, siempre en manos del sacerdote, y la magia), la ira de los dioses provoca un desorden social o natural que el rey y los sacerdotes deben subsanar. Exigen sumisión, pero no siempre garantizan la justicia (de ahí el tópico del sufrimiento del justo, preludio del Job bíblico), posible reflejo de lo que ocurría en la vida real. B) Relieves e inscripciones representan a estos dioses con caracteres humanos: varones o hembras, con familia, movidos por la pasión o el odio... un poco a la manera homérica. C) Los numerosos seres sobrenaturales de carácter demoníaco, como los siete Udug y Lilit (Schmökel, 190), prueban la importancia que se daba al mal y que ya entonces cabía identificar a éste con la divinidad. D) Culto complejo, centrado en el templo (o templos), presidido por un clero numeroso que incluye personal femenino (hieródulas, cantantes, adivinadoras...) y estaba encabezado por el rey- sacerdote ( ensi ). Los sacrificios son el centro de las festividades, pero su naturaleza se nos escapa. Nos han llegado muchos exvotos (ofrendas) y entre las festividades destaca la de año nuevo, donde desempeñaban un papel relevante las hieródulas del templo. Su objetivo primordial era preservar la vida en esta tierra. E) Se cree en la existencia tras la muerte, como prueban mitos y ofrendas en sepulturas, pero la vida en el más allá parece débil y dominada por la tristeza. F) Primeros mitos cosmogónicos ( Enuma Elis ) y explicativos del origen y organización de la naturaleza y la sociedad. G) Literatura anónima y comunitaria, y de carácter principalmente político, religioso y sapiencial (crónicas, mitos, himnos...). No hay en ella pretensiones de originalidad y por eso apenas evoluciona en sus formas y temáticas, que se imitan constantemente a lo largo de los siglos. Entre los géneros literarios sobresalen los poemas mitológicos, como el citado Enuma Elis , y otros mitos de orígenes como el de Enki y Súmer, que explica cómo este dios puso orden en la tierra y organizó sus cultivos y producción (cf. Kramer), o el del descenso de Inanna, diosa de la tierra, a los infiernos, donde reina su hermana Ereskigal (mito que refleja del ciclo agrario). En el mito de Gilgamés el papel protagonista lo tiene este héroe legendario, especie de Hércules sumerio o personaje de la tragedia griega. También nos han llegado numerosos himnos religiosos (cf. Kramer), algunos de los cuales, como el de Inanna y Dumuzi, tendrán continuidad en otras culturas (Cantar de los Cantares). Y también lamentaciones por desgracias diversas, y textos didácticos o sapienciales, como el del justo sufriente. H) Arte anónimo y comunitario, vinculado al poder: palacios, templos, esculturas, relieves, sellos... Su fin era práctico, religioso sobre todo, si bien algunas obras estaban ocultas a la vista. La ausencia de innovación, como en la literatura, dificulta trazar su evolución
de unidad y grandeza al imperio (así se le ve en la “Estela de Naram-Sin”, supra , aunque la decadencia del reino era inevitable. C) Desde el punto de vista económico, lo más destacable del Imperio acadio es el desarrollo de la propiedad privada de la tierra, aunque, lógicamente, los templos y, sobre todo, los reyes eran los mayores propietarios. Se verificó, pues, una profunda reestructuración social basada en la riqueza. El rey controlaba desde la capital una intensa actividad comercial, que le garantizaba el suministro de bienes indispensables (madera, piedras, metales). De hecho no siempre es fácil diferenciar una expedición militar de una comercial. D) En conjunto, el imperio supuso la culminación de las contradicciones inherentes a la revolución urbana: propició el crecimiento (pues controlaba las materias primas necesarias), pero agudizó las diferencias sociales. De ahí lo progresista y lo retrógrado del nuevo sistema. A las contradicciones internas se sumaron las externas, encarnadas en los pueblos y ciudades sometidos, que no aceptaron esta situación y dieron lugar a un estado permanente de inestabilidad y guerra, es decir, de destrucción y de mayores diferencias entre regiones o ciudades. Las guerras (con frecuencia, simple expolio de pueblos vecinos), junto a la recaudación de tributos (con frecuencia, simple expolio del pueblo), pasaron a ser una actividad clave del poder y el principal estímulo del avance técnico.
El fin de Acad se debió a las invasiones de los pueblos Guti (apenas conocidos, se atestiguan en los años 2150-2050 aprox.), a largos periodos de guerras... y a la cólera de Enlil (cuyo templo de Nippur había sido saqueado por los soldados de Naram-Sin), según algunos coetáneos (Kramer, 322-324; Marco-Santos, vol. II, 14). Recobrada la paz, volvió la actividad comercial y la construcción de templos. En este periodo se ubica el reinado de uno de los soberanos más prestigiosos de Súmer, Gudea de Lagash (ca. 2050). La vuelta al régimen de ciudades-estado no impidió cierta hegemonía de Ur sobre muchas ciudades sumerias, que le pagaban tributos. Destacó el rey Urnammu (2111-2094), “rey de Súmer y Acad”, autor del primer código conocido (desconoce la ley del talión: Cf. Kramer, 106-107). Este renacimiento acabó con la llegada de los amorreos y otros pueblos. Sobre la derrota de su último rey, Ibbisim, a manos de los elamitas (c. 2004), nos ha llegado una elegía estremecedora ( Cf. Schmökel, 106-107).
Bibliografía
GUDEA DE LAGASH